jueves, 13 de junio de 2013

Tu destino

Llegará un día en que me pidas permiso para llamarme “Señor,” para ofrecerme la formalidad de un título honorífico, como una muestra de las necesidades de tu  despertar como sumisa.

No te lo concederé.

Llegará un día en que anheles arrodillarte a mis pies, para separar tus rodillas en un reconocimiento impulsivo del poder de la energía emergente entre nosotros, de mi dominio sobre tu sumisión, que no habla todavía, pero que es tangible y real.

No te lo permitiré.

Llegará un día en el que me solicites que te ate, el deseo burlante de sentir las cuerdas  firmemente en tu cuerpo, haciendo cumplir mi voluntad sobre tu carne, manteniéndose lista para mi uso. Te imaginarás cautiva, un receptáculo esperando mi oscuridad, las cuerdas mordiéndote mientras te retuerces, un presagio del dolor de mi fusta o implementos más oscuros. La fantasía te obsesionará. Una suma de miedo y excitación.

Rechazaré tu petición.

Llegará un día en que me ofrezcas tu cuerpo para mi deleite y placer. Estarás ardiente y ansiosa para que te trate con brusquedad. La tensión de las libertades denegadas convertirán tu piel en un campo eléctrico de hambre y sexo radiante. Impulsos vibrantes y profundos viajarán desde tu coño hasta tu cerebro, marcando un ritmo primario e impidiéndote un pensamiento racional. Tu aroma impregnará la habitación y serás incapaz de controlar la rapidez de tu respiración. Tu mente y tu cuerpo se abrirán a mí y, silenciosamente, me rogarás que acepte tu invitación.

No la aceptaré.

Llegará un día en que te encontrarás a tí misma desnuda y vulnerable, yaciendo en el suelo, tus necesidades desbordándose, locas y fuera de control. Te arrastrarás lentamente por la distancia que nos separa, sollozando por la intensidad del momento, atrapada por una mordaza entre las garras de la sumisión y el miedo, incapaz de no hacer cosa que acercarte a mí. Tu vientre estará a mis pies y tus lágrimas caerán suavemente sobre mis zapatos.

Entonces, me rogarás.

Me pedirás ser mi sumisa y que te controle. Me declararás tu deseo, tus necesidades y tu excitación. Me ofrecerás todo lo que te pida, me permitirás que te use como yo quiera, de cualquier manera y en cualquier momento. Los gemidos de tu garganta expondrán tu miedo y desesperación interior. Temerosa de mi rechazo y, aún, desesperada por tus anhelos, me pedirás ser mi puta y me rogarás que te acepte como mi esclava. Una terrible tensión te invadirá a medida que tú permanezcas allí, rogándome para que te acepte, aterrorizada por las consecuencias.

Entonces, y sólo entonces, te concederé tu destino.

martes, 11 de junio de 2013

¿Qué entiendo por sumisa?

¿Qué entiendo por sumisa? Permítanme que lo exponga de la manera más sucinta que pueda. Para mí, si una mujer es sumisa, significa que puedo poner mi mano en su falda en el momento que yo quiera. Ella no va a decir: “Basta. Hay gente que está mirando.” Ella no va a decir: “No estoy de buen humor.” Ella no va a decir (lo peor de todo): “¿No puedes pensar en otra cosa?” Porque, al ser sumisa, tiene que estar siempre preparada para decir que sí.

¿Tienen las mujeres alguna idea del increíble sentido de libertad y poder que un hombre tiene sabiendo esto? Es tan increíble que me pregunto: ¿por qué no son dominantes casi todos los hombres? ¿Quién no quiere sentir de esta manera? Ocasionalmente, incluso he estado tentado a pensar que todos los hombres deben, de hecho, ser dominantes, sólo que algunos carecen de las agallas suficientes para demostrarlo. Y, entonces, recuerdo a las mujeres que me han hablado de su intento por explicar a sus parejas lo que ellas quieren, lo que realmente quieren. Y se encontraron con la sábana de la incomprensión e, incluso, con una abierta hostilidad y disgusto.

Por lo tanto, parece que hay muy pocos dominantes afortunados que  sienten así, que llegan a tener relaciones sexuales de la manera que ellos quieren, cuando lo quieren, que no tienen que negociar, no tienen que mendigar o engatusar, no tienen que pretender sentimientos que no tienen o ser amable de una manera deshonesta.

Lo importante acerca de la D/s es que el tema del sexo se resuelve. Usted no tiene que empezar de cero cada vez, presionando para ponerse en la posición más ventajosa para conseguir lo que quiere. No hay ninguna negociación ni regateo. El sexo no es un premio por un buen comportamiento o la negación de un castigo por mal comportamiento. Ella ya lo ha dicho, dime lo que quieres y lo haré. El sexo no está de pie por algo más. Está por sí y en sí mismo y cada uno de vosotros ha decidido que lo que funciona para ustedes es cuando una parte toma el control.

Pero que nadie se equivoque. Ser dominante no es tener una licencia para ser un imbécil. No veo que un dominante tenga menos obligaciones que un hombre vainilla para hacer todas las cosas que a las mujeres les gustan. Tratar y ser encantador, respetuoso y atento y un buen oyente, así como un buen conversador, alguien que no pierda la cabeza, como una válvula de escape, si ella empieza a llorar. Y sí, alguien que comparte también las labores de la casa (cocinar es algo dominante, ¿no crees?).


No estoy seguro de cuán relevante pueda ser esto, pero Jane Smiley tiene una interesante descripción de uno de sus personajes en  la novela “Vida privada.” “Él era uno de esos hombres del que las mujeres más inteligentes se mantenían alejadas,  hombres que tenían algún interés por las mujeres, y los observaba y sabía lo que ellos estaban pensando.” ¿Por qué las mujeres se tenían que mantener alejadas de esos hombres? Puede ser que ella lo explique más adelante en el libro; no he llegado allí todavía. Tal vez sea porque las mujeres pueden perder sus corazones con estos hombres. Y esto es siempre peligroso. Pero, yo creo que esto es lo que las mujeres realmente quieren; alguien que sepa lo que ellas están pensando. ¿No es verdad?

sábado, 8 de junio de 2013

¿Qué es el amor?

Una vez, le pregunté a una sumisa, y masoquista, con la cual tenía una relación desde hacía mucho tiempo, cuánto me amaba… ¿cómo podría cuantificar su amor por mí? Ella se puso a pensar sobre lo que es el amor de verdad. ¿Cómo explicarlo con palabras? Yo tenía toda la razón. No hay manera de expresar el amor con palabras.

El amor son muchas cosas y yo le había enseñado mucho acerca de ellas. La lujuria lo consume todo. Puede devastar tu cuerpo y torturar tu mente y, con demasiada frecuencia, la lujuria y el amor se confunden. Ella no estaba segura de que pudiera enamorarse de alguien sin la lujuria. Ella me quería muchísimo. No había duda sobre esto.

Yo era el sujeto de todas sus fantasías diurnas. Ella se daba cuenta de que su mente vagaba pensando en mi tacto, mi olor y se consumía en un deseo brutal. Algunas veces, me decía que no podía sentarse cómodamente por lo hinchada y húmeda que estaba y se preguntaba: “¿Es esto amor?” Yo no lo creo así. Sospecho que es carnal y primario, pero no…no es amor.

Por lo tanto, ¿cómo podía saber ella que me amaba? Lo sabía porque cuando pensaba en el dolor que yo le había causado, no podía evitar que sus lágrimas cayeran y no podía dejar de llorar con sólo pensar que no me pudiera tener.

Ella sabía que si me perdía, lo perdería todo. Este pensamiento la aterrorizaba. Sabía que no renunciaría a nada que yo la pidiera si ello me hiciera feliz, incluyéndome yo mismo. Ahí es donde está el amor. El amor está en saber que si ella estuviera fuera de mi vida, si fuera mejor para mí, se sentiría nueva por completo y, entonces, se alejaría de mí caminando sin mirar nunca para atrás…y ella se perdería para siempre. Esto es amor.

miércoles, 5 de junio de 2013

¿Soy una mujer sumisa?

Así pues, ¿quieres que te diga cómo puedes saber si eres una mujer sumisa o no? Preguntarle a alguna persona si eres sumisa es como preguntarle a un ciego de qué color es tu vestido. ¿Hay algún indicio mágico en Internet que pueda decir que eres sumisa o esclava? Lamentablemente, no y no creo que tampoco a algunas mujeres les gustara escuchar esos indicios sobre ellas, si existieran. La sumisión no es algo que se pueda encontrar en un libro de autoayuda o en un profesional de la psicología. La sumisión es una llamada, una vocación.

No, no es el mismo tipo de vocación de la que habla la religión, sino similar. Algunas personas encuentran la sumisión como una forma natural de vivir; algo que les llega a ellas de una manera fácil y sencilla. Ser una sumisa natural significa que tienes algo innato e inherente en ti misma que te predispone hacia la sumisión. Otras mujeres tienen que aprender sobre la sumisión paso a paso. Otras han escrito en sus propios blogs sobre su aprendizaje a ser sumisa a través de sus propias experiencias. Cuando sientes dentro de tí que eres más feliz cuando te sometes a un hombre, es cuando realmente te das cuenta que eres sumisa. No hay ningún secreto en ello.

Escuchar tu propia voz interior, tiende a ser la cosa más dura. Es probable que hayas llegado a este blog porque alguien te dijo que eres sumisa y quieres saber más sobre la sumisión (o Dominación y sumisión) o has escuchado esa voz interior y tienes esa curiosidad innata por saber lo que significa. Espero que estas palabras te puedan ayudar a salir de aquí con una cierta comprensión de la sumisión y cómo saber si eres sumisa o no.

Tu propia voz te llevará a reflexionar, no dudes sobre ello. Confía en mí, cuando digo que no  puedes ser sumisa si no tienes las inclinaciones básicas para servir y el placer emocional de estar disponible para servir. Una vez que tienes esto claro, estarás bien situada para saber que eres sumisa.

Vamos a echar un vistazo a los cuatro siguientes espacios para ayudarte a determinar si eres sumisa o no. Sin embargo, el aplicártelos, te ayudarán a trabajar en pro de tu propia situación personal.

Saber que eres sumisa, te crea un aspecto mental sobre ello. Cuando piensas en servir a los demás, ¿te sitúas en una posición pacífica? Si sientes que es como algo lógico hacerlo, probablemente, lo seas. Cuando una mujer descubre que es feliz siendo sumisa, normalmente, deja de luchar contra ello y acepta ser feliz.

También puedes tener una conexión espiritual con la sumisión. Muchas veces, algunas  sumisas describen la conexión con su dominante como si estuvieran orando. Sienten una especie de poder de conexión   cuando le agradan. Usted puede tener una sensación de felicidad muy completa y feliz al pensar o participar en servirle.

El conectar con la sumisa interior puede tener también una respuesta emocional. Puedes llorar sin control o sonreír tanto y tan a menudo que hasta tus mejillas te pueden llegar a doler. Hay una señal clara de que eres sumisa, cuando  puedes considerar que estás al servicio de otra persona y que tu corazón te duele por necesidad. Su respuesta emocional puede ser normalmente la respuesta más fuerte a los estímulos de sumisión que seas capaz de experimentar.

Por último, cuando eres sumisa, desarrollarás una respuesta física a la dominación ejercida sobre tí. Para muchas sumisas, esto es la excitación sexual, pero pudiera ser también la necesidad de obtener una respuesta física y hacer algo para acércate más hacia esa dominación. Muchas sumisas han  tenido momentos, en los cuales, se sentían perfectas cuando solamente escuchaban el impulso primario al arrodillarse o al besar la mano de su Dominante o hacer algo para servirle.


Sentir todas estas cosas en un momento u otro, normalmente significa que tienes una mentalidad sumisa. Puede suceder todo a la vez, pero, en los momentos que suceden, deberías intentar de alimentarlos. Desarrollar un servicio que puedas ofrecer a alguien más, como el voluntariado y, desde luego, si además, exploras una relación con la Dominación y la Sumisión en su núcleo. Puedes llegar a descubrir la vocación que estabas oyendo en tu interior, de una manera u otra… o todo lo anterior. Pero,  solamente, tú puedes saber si la sumisión es el camino correcto para tí.

lunes, 3 de junio de 2013

Mantener encendida la llama de la sumisa

Hace poco un lector que se identificaba simplemente como mujer, hizo la siguiente pregunta:

¿Cuál es el proceso que un hombre dominante suele emplear para mantener encendida la llama de la sumisa?

En primer lugar, creo que el mantenimiento de una relación D/s es una calle con dos direcciones. De la misma manera que el poder fluye entre el dominante y la sumisa, de igual modo, el conducto que transporta esa energía (por ejemplo, la relación) requiere un mantenimiento y renovación continuados.

Para el dominante, este puede tomar diferentes formas. En cuanto a mí, soy un gran creyente de la formalidad de una relación D/s. Aunque intento no estar demasiado abochornado con esto, siento que una de las maneras de que una mujer reconozca que está en una tipo de relación especial conmigo y de que yo no la veo como vería a otras mujeres, es debido a la manifiesta formalidad en la forma que interactúo con ella. Esto puede incluir tono de voz, la forma en que se aplican las disciplinas, una cuidadosa atención a las tareas que son realizadas por la sumisa, etc. Pienso que la formalidad es una buena idea, porque requiere que el dominante sea consciente de lo que está haciendo en todo momento.

Por supuesto, la formalidad no es la única opción. Hay otras muchas. Por ejemplo, una puede requerir que una sumisa desarrolle ciertos rituales o disciplinas de gratitud, no solamente cuando se les da una tarea, sino, incluso, cuando las asumen por sí mismas. Se le puede requerir a la sumisa que pida permiso para actos sencillos, tales como ir al baño, comer o, incluso, pedir permiso para masturbarse. Todas las exigencias actuarán como un refuerzo en curso para la sumisión de la mujer. Otra, pudiera ser también, el subir un punto la hebilla del collar al obligar a la sumisa a tener puesto el collar 24/7 días o, tenerla tatuada, etc. De esta manera, ella es mucho más consciente de a quién le pertenece.

Algunas mujeres me han dicho que, incluso, desarrollando tareas domésticas mundanas pueden reforzar su sentido de la sumisión. Hacer la colada, preparar la comida, limpiar su habitación, etc., todas estas tareas tienen un significado especial cuando deben ser realizadas de una cierta manera y ella sabe que él lo comprobará más tarde.

La clave está en la revisión. Como he dicho en otro momento, si el dominante no asume su responsabilidad en serio y no está dispuesto a comprobar el trabajo de ella, asegurándose que está hecho adecuadamente y a su satisfacción, entonces hay muchas posibilidades de que ella se sienta abandonada y la fiebre de la sumisa arderá con una intensidad más baja. En ciertos casos, se puede hasta apagar.

La sumisa también tiene un papel que jugar si ella quiere mantenerse caliente, marchosa y necesitada. Debe aplicarse en sus tareas y disciplinas. Ella debe colocarse enfrente de su dominante para su examen y aprobación. No debe tomar decisiones a largo plazo. Debe intentar y cultivar una mentalidad que la mantenga en un espacio de sumisión. Ella debe exponer sus problemas y preocupaciones a su dominante. Debe estar preparada para expresar tanto sus necesidades como también sus temores.

He escrito antes estas cosas. No hay una fórmula mágica y ninguna bala de plata. Una relación D/s se mantiene con trabajo duro por ambas partes, una honestidad valiente, una profunda confianza y un sentido de lo espiritual. Si una parte se siente como que pasa desapercibida, entonces, tiene la responsabilidad de abrir la boca y decírselo a la otra persona. De lo contrario, las cosas se desmoronan.

Felizmente, si bien se requiere un esfuerzo para mantener una relación D/s en marcha, el trabajo no es una carga onerosa. Después de todo, no debería ser un problema romper las normas de vez en cuando, ata a tu mujer a algo firme, expuesta, e impón tu estilo de actuar con ella, ¿podría ser?

Al igual que un animal doméstico, la sumisa necesita que la cuiden. Trátala bien y ella permanecerá fiel, ardiente y con muchos deseos de complacer.

sábado, 1 de junio de 2013

De pié contra la pared

Él la pone de pie contra la pared, las manos levantadas, la cabeza entre ellas. Él empuja sus pies hacia atrás para que su peso caiga hacia adelante.

“Abre más tus piernas,” dice él.

Ella está de pié tal como la policía hace si te buscara y encontrara; desequilibrada e indefensa. Él está muy cerca detrás de ella. Cuando él habla, ella puede sentir su aliento en su oreja.

“¿Has sido una mujer buena?” Pregunta él.

“Sí, Señor.”

Él agarra un puñado de su pelo y lo retuerce. “¿Seguro?”

“Sí, Señor.”

Retuerce su pelo con más fuerza. Ella corta su respiración. “¿Ningún hombre te ha follado mientras yo he estado fuera?”

“No, señor,” dice ella.

“¿Ni incluso te ha besado?”

“No, Señor. Quiero decir, no. Realmente, no.”

“¿Realmente, no?”

“Fui a una fiesta con una amiga. Bailé con un hombre. Intentó besarme, pero, más o menos, lo evité.”

“¿Más o menos?”

Ella duda. Sus labios rozaron mi boca.

“¿No ibas a decirme esto, verdad?”

Hubo un silencio.

“¿Qué voy a hacer contigo?”

“No lo sé, Señor. Lo siento.”

Le suelta los pelos. Con una mano levanta su falda, luego desliza la otra mano por la parte de atrás de sus bragas. Llega a su entrepierna. Luego, introduce un dedo en su coño. Él siente que ella está temblando.

“Ya estás mojada,” dice él.

Él puede ver el rubor en su mejilla. “¿Qué eres?” le pregunta.

Ella sabe que sería mejor dar una respuesta directa. “Una puta, señor.”

“¿Qué eres?” Él gira su dedo por el interior de su coño.

“Una puta sucia, Señor.”

“Eso está mejor,” dice él. “Por supuesto, no se trata solo de lo que haces, sino de lo está pasando por el interior de tu cabeza.”

Él mete un segundo dedo en su coño. Ella gime.

“Yo sé que en tu cabeza estás siendo follada por otros hombres, hombres extraños, ni incluso conoces sus nombres. Te están follando en callejones oscuros, en habitaciones de hoteles anónimos, sobre la mesa en su oficina, en el asiento trasero de los coches.”

Ella gime.

“Y, algunas veces, es más de un hombre. Otras veces, son dos o tres a la vez, ¿verdad?”

Ella asiente con la cabeza.

“Mala mujer,” dice él. “¿Sabes lo que le pasa a las mujeres malas?”

“Sí, Señor,” dice ella. “Pero, ¿puedo decir algo?”

“Bueno.”

“Parece que usted se excita con la idea de que yo esté con otros hombres. Por lo tanto, está claro que yo debería ser castigada por tales pensamientos.”

“¿Quién ha dicho algo sobre un castigo? Dice él.

Ella guarda silencio, un poco confundida.

“Creo que necesitas unos buenos azotes con el látigo, realmente, fuertes. Para poner tu cabeza en un sitio adecuado. Pero, yo no le llamaría a eso un castigo.”

“ No, señor,” dice ella, mucho más aliviada.

“Ve y arrodíllate en el filo de la cama,” dice él. “La falda subida, las bragas bajadas. Va a ser con el cinturón.”


Ella tiembla mientras espera. ¿Qué tiene el cinturón que le impresiona tanto a ella?  Oye el tintineo de la hebilla, escucha el deslizamiento mientras se lo saca del pantalón. Ella aprieta su cara entre las sábanas mientras espera el cruel beso del cuero. “¿Cómo será de fuerte?” Se pregunta ella.

viernes, 24 de mayo de 2013

La integración de la naturaleza y el fetichismo


Recientemente, me hicieron las siguientes preguntas:

Me estoy preguntando, ¿cómo los sádicos, que son también Dominantes, integran el lado sádico de su personalidad con su lado dominante?

¿Cómo el sádico se preocupa por su sumisa,  en el sentido de que ella necesita experimentar placer, al menos, ocasionalmente? O ¿no es una necesidad para algunos?

Yo pensaba que algunos de mis lectores pudieran estar interesados y, por lo tanto, las respondo públicamente.

Desde mi perspectiva, el sadismo y la dominación no están disociados. La dominación es un rasgo del carácter. Es un rasgo que se centra en el control del entorno de una persona. Si bien puede haber debate sobre cómo se desarrolla (vía genética, a través de la socialización o por medio de una combinación de ambas), sin duda, está claro que algunos individuos en nuestra sociedad, parecen estar motivados para arreglar sus asuntos de la manera que les convenga, más que sacrificando sus propios deseos en servicio de los demás.

Por supuesto, esto no es absoluto. La mayoría de nosotros tenemos algunos aspectos de estos dos rasgos en nuestra constitución, pero, los altamente dominantes tienden a poner su deseo de controlar muy por delante de su deseo de servir.

Por otro lado, el sadismo es una expresión de fetichismo sexual. Es algo que provoca la excitación. Ser sádico es conseguir la estimulación y la satisfacción sexual a través de la aplicación de sensaciones extremas en otra persona. Aunque, obviamente, esto requiere mucho control del entorno (de ahí la razón por la que creo que muchas personas dominantes son también sádicas) aunque no sea en realidad un requisito. De hecho, yo diría que la gran mayoría de los hombres dominantes es probable que sean bastantes vainillas sexualmente. Para la masoquista, el placer dentro de los límites de una sesión, puede ser definido como la que recibe y procesa sensaciones extremas.

Así que no veo ningún problema en integrar estas dos cosas juntas. Es posible que no se complementen, pero, apenas están opuestas. Una trata sobre el control del entorno de una persona para satisfacer los deseos de la otra. La otra, sobre la gratificación sexual.

En cuanto a la segunda pregunta, no está bien expresada. El sádico no se preocupa por la sumisa. El sádico se proyecta sobre la masoquista y en este contexto, tiene la responsabilidad de asegurarse que ella no esté en un peligro manifiesto, sus límites son respetados y por eso ésta, no está en peligro. Los sádicos y las masoquistas tienen sesiones. Durante estas sesiones se dedican a una variedad de actividades que involucran sensaciones extremas. Sin embargo, las sesiones empiezan y terminan. Son de una duración limitada.

El Dominante también tiene una responsabilidad sobre su sumisa. En las relaciones 24/7, no tratan de sesiones de juego, sino, más bien, de desarrollo continuo y la mejora de la sumisa. Es menos de gratificación sexual y más sobre la paz, el equilibrio y la felicidad. Esto no se logra con el látigo, sino más bien con la disciplina, los rituales, los diálogos, etc. Para la sumisa, el placer pudiera ser definido como la alegría que procede de servir a su pareja Dominante.

Por supuesto, esto implica que una sumisa no masoquista, junto con un sádico no Dominante, probablemente, no sea una relación equilibrada. O cualquier otro acoplamiento que no empareje al sádico con la masoquista o al dominante con la sumisa.

sábado, 18 de mayo de 2013

La Historia d'O


He estado releyendo la Historia d’O. Es uno de mis libros favoritos sobre los temas de la D/s. Como en España, este tipo de literatura estaba prohibida, lo compré en mi primer viaje a Londres, editado en inglés. Yo era muy joven y me causó una profunda impresión. La historia es bastante simple. O, una fotógrafa de moda en París, es llevada por su amante René a un castillo en el campo, donde es encarcelada. Con frecuencia,  azotada y forzada a servir las necesidades sexuales de otros hombres, una orden a la cual ella se somete voluntariamente. Al final, René se la presenta a un pariente lejano, Sir Stephen y, luego, se la entrega para su uso. Más tarde, Sir Stephen hace que O le procure una joven modelo, Jacqueline y, eventualmente, ofrece a O a una serie de otros hombres, sin dejar de hacer de ella cualquier uso sexual que a él le agrade, así como, azotarla cruelmente, las marcas dejadas por el látigo, proclamando “para que todo el mundo viera que todo estaba permitido en su relación.”

Me encanta el tono frío, admirablemente reflejado en su traducción inglesa, de cómo los acontecimientos más extremos son narrados detalladamente, de forma muy práctica. Me encantan las detalladas descripciones de las ropas d’O, las faldas, los vestidos, los corsés, todo diseñado para asegurar de que ella está de inmediato, disponible para ser usada sexualmente por los hombres que han tenido acceso a ella. (Esta constante disponibilidad, sobre la que se insiste constantemente en la narración, es una de las maneras, en las cuales la autora ilustra la naturaleza de la sumisión d’O: “O se había dado cuenta de que, cuando ella estaba cerca de él, le gustaba en cualquier momento, incluso cuando él no la deseaba y como si fuera impensable, mecánicamente, para apoderarse de su sexo y tirar de su ropa interior y hurgar con su mano dentro de ella”).

También, me encanta su limitación verbal. Tiene una línea agradable en circunloquios decorosos; hay un personaje cuya preferencia es la sodomía y que es descrito como “…el hombre que le gustaban las mujeres solamente por lo que ellas tenían en común con los hombres.”

Pero, sobre todo, me gusta la dinámica de las tres vías que se establecen en ella, entre la heroína O (cuyo nombre es claramente una referencia a su sexo y su ser como si fuera un espacio en el cual los hombres proyectan sus fantasías, así como las de sus pollas), su amante René y Sir Stephen, el aristócrata inglés con el cual, él la comparte. La dominación de René sobre O toma la forma particular de querer entregarla a los demás. Algunas mujeres sumisas encuentran en esto un concepto difícil de comprender; ¿por qué un hombre que ama a una mujer y luego quiere que otros hombres la tengan? Pues esto es precisamente lo que hace que René esté completamente realizado.

“Contra más la somete, más importante se convierte ella para él. El hecho de que él la entregara a otros hombres, era una prueba evidente, prueba ante sus ojos, que debería ser también una prueba ante los ojos de ella, de que ésta la pertenecía a él. La entregó para tenerla de vuelta en cuanto antes y recuperar su enriquecimiento multiplicado por cien ante sus ojos, ya que es un objeto ordinario que ha servido para algo divino y, por lo tanto, infundida con la santidad. Durante mucho tiempo, él había deseado prostituirla y, con mucho gusto, él descubrió ahora que el placer que él cosechó de ello fue más grande de lo que él se había atrevido a imaginar y aumentó su apego hacia ella como el de  ésta hacia él y que ese apego sería mucho más grande, contra mayor fuera su humillación al prostituirla, ensuciarla y arruinarla.”

Esto es algo apasionante y, quizás, demasiado oscuro y tortuoso para muchas personas, incluso, para aquellas bien versadas en los placeres de la D/s, pero, me parece una descripción muy convincente de otra forma de intercambio de poder.

Está claro que René idolatra a Sir Stephen, que es la vez mayor y tiene una cierta frialdad típica de las clases altas inglesas y que, aunque no tengan atractivo en la vida real, puede ser plausible ponerle aquí al servicio de la narrativa. Hay una frase diciendo que obliga a concretar, con precisión, la naturaleza de la relación: “En Sir Stephen, ha encontrado el maestro severo que él mismo no sabía cómo ser.” El placer de René aumenta no al usar él mismo a O (por ejemplo, él renuncia voluntariamente al placer del ano de ella, reservándolo para el uso exclusivo de Sir Stephen), sino al sentirse orgulloso en el placer que el cuerpo de ella ofrece a Sir Stephen:

“O siente que él la vigila de la misma manera que un domador de animales mantiene su ojo sobre el animal que ha entrenado, vigilante para ver que el animal,  sobre cuya actuación, su honor está en juego, se comporta bien; o más aún, de la misma manera que el guardaespaldas de un príncipe, o un hombre que es la mano derecha de un cabecilla de bandidos vigila a la prostituta que ha ido a buscar a la calle a su Amo…René humilde, admirable e, incluso, agradecidamente estaba endeudado con Sir Stephen, que fue el responsable de crear esa alegría y la felicidad de que Sir Stephen hubiera consentido en recibir el placer de algo que él le había dado.”

¿Y O? ¿Qué consiguió ella de todo esto? No nos queda la menor duda de que ella devotamente abrazó su destino:

“O gemía de felicidad y liberación. Las puntas de sus pechos se endurecieron bajo la mano de Sir Stephen. Él cogió con su otra mano tan bruscamente su vientre que ella pensaba que se podía desmayar. ¿Se atrevería ella a decirle alguna vez que no había placer, ni alegría ni nada que ella se pudiera incluso imaginar que se acercara a la felicidad que sentía antes de que su Amo hiciera uso de ella, antes de la idea de que él sabía que no había precauciones, sin límites que él tenía que observar en la forma en que el buscaba el placer en el cuerpo de ella? Su certeza de que cuando él la tocaba, ya fuera para acariciarla como para azotarla, que cuando él la ordenaba hacer algo, era únicamente porque él quería que ella lo hiciera y solo para el placer de él, la certeza de que él hizo las concesiones para nada, estaba preocupada nada más que por el deseo de él, tan abrumada estaba O que, cada vez que ella tenía pruebas de ello e, incluso con frecuencia, cuando ella sólo pensaba sobre ello, parecía que una faja de color rojo vivo se extendía sobre ella encorsetando su cuerpo desde los hombros hasta las rodillas.”

Está bastante claro. Creo que a ella le gusta, ella no está obligada a nada en contra de su voluntad. De hecho, lo que ella quiere por encima de todo, es saber que él hace lo que hace para su placer, no para el de ella. Sin embargo, la autora es lo suficientemente sutil para sugerir de que existe una cierta resistencia, ya que sin ésta, ¿cómo puede ser el placer de la sumisión? Por lo tanto:

“O nunca había comprendido, pero finalmente había llegado a reconocer como una verdad innegable y muy significativa, la maraña contradictoria y constante de sus sentimientos y las actitudes: a ella, le gustaba la idea de la tortura, cuando la sometieron a la misma, ella había visto subir a la tierra en fuego y humo para escapar de ella, cuando se terminó, ella era feliz  por haberlo sufrido y ser muy feliz por lo cuán cruel y prolongada que había sido.”

De todos modos, no es un libro perfecto para mí. Más bien, se desvanece al final, como si la autora no pudiera pensar en un final y, de hecho, ella ofrece dos, ninguno de los dos, quizás, satisfactorios. Pero, para entonces, ya se nos ha ofrecido una experiencia irresistible, casi alucinante, igualada por muy pocos obras de esta naturaleza. Repito, no creo que esta obra sea un modelo al cual todas las relaciones de la D/s deberían aspirar. Pero, algunos sabrán que me habla muy directamente.

miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Por qué admiro a las putas de la humillación?


Por ahí fuera, hay muchas clases de putas, pero, las que yo más admiro, son las putas de la humillación. Tal vez, esto suene un poco paradójico, por lo tanto, lo voy a explicar.

En el mundo de la D/s, el término puta es usado con frecuencia y, rara vez, en forma despectiva. Pero, en foros y chats de “Putas, Zorras, etc.,” el término se usa con orgullo por muchos de los participantes. Es como si se quisieran auto imponer una especie de medalla de honor. Por supuesto, existen putas y luego, hay putas. Creo que las putas se pueden clasificar en tres grupos: putas del placer, putas del dolor y putas de la humillación.

Las putas del placer, a menudo,  llamadas simplemente putas, son, quizás, el grupo más grande y mejor conocido. Éstas tienden a ser individuas que les gustan el sexo, abrazan el sexo y anhelan el sexo. A la vez  de que esto es algo que, con toda probabilidad, sea verdad para muchos en el mundo vainilla,  establece una diferencia entre las putas del placer con respecto a otras en disposición de mostrar sus necesidades y la aceptación de su naturaleza. Ella sabe quién es ella y a ella le gusta. Y mientras que ella no puede y anhela todas las formas posibles de sexo, lo que hace, lo hace con gusto. Las putas de placer son comunes en el mundo de la D/s, porque son un componente frecuente de sumisión, disciplina y ataduras.

Las putas del dolor son un grupo más pequeño, pero bastante mayor. La puta del dolor es una mujer que anhela las sensaciones extremas, aquellas de una naturaleza y un carácter que otras verían como dolorosas y algo a evitar. Por cualquier razón, las putas del dolor consiguen una rica satisfacción física al ser manejadas por un sádico. Y mientras todas las putas del dolor tienen sus límites (los cuales varían de puta a puta), lo que ellas tienen en común, es un deseo de ser físicamente manejadas de tal manera que evoque una respuesta de dolor que ellas luego procesarán como placer.

Me gustan las putillas del placer y las del dolor, más todavía. Esto no debería sorprender. Me gusta el sexo y soy un sádico. Tiene sentido que encuentre a estas mujeres interesantes y atractivas. Afortunadamente, hay muchas de ellas alrededor de todos nosotros.

Mientras soy respetuoso con las putas del dolor y del placer por tener el coraje de aceptar su naturaleza y mostrar sus necesidades, realmente, a las que admiro y aprecio de una manera especial, es a las putas de la humillación. Estas son personas que anhelan ser tratadas humillante y degradadamente o como, algunas veces, se dice: “puestas debajo.” Para las putas de la humillación, contra más humillante sea el trabajo, más degradante es el lenguaje usado para describirlas, más excitadas y orgullosa se ponen. ¿Por qué no lo he sabido antes? No lo sé. Sin embargo, me he encontrado con bastantes putas de la humillación y me han asegurado de que esta es la forma como ellas están conectadas.

La clase de tratamiento que una puta de la humillación anhela, puede ser de carácter físico, emocional o intelectual. Por ejemplo, podrían ser requeridas a arrastrarse  por la suciedad o hacerle limpiar el suelo con su lengua. Todas las maneras de vulgaridades podrían ser usadas para describirlas. Podrían ser enjauladas o ser usadas como muebles humanos. Y, al mismo tiempo, como una puta del dolor. La mayoría de las putas de la humillación tienen límites (por ejemplo, la escatología o los enemas, etc.) aun así, lo más importante que anhelan, es ser tratadas como objetos o cosas. Lo que las hacen diferentes de las putas del dolor y del placer, es que la “humillación” es principalmente el estado mental de un ataque contra su propia imagen, donde el dolor y el placer son mucho más físicos y no impactan tanto a la mente, sino más bien, al subespacio.

Desde mi pobreza, las putas del placer y el dolor comparten una comunidad en la que lo que ellas más anhelan son las sensaciones físicas. El dolor y el placer que reciben son del cuerpo. De hecho, pueden participar  en el juego del placer o del dolor mientras aún permanecen, más o menos, bajo el control de sus propios estados mentales. Son putas del cuerpo más que de la mente.

He aquí un extracto de un correo electrónico que recibí de una mujer que conozco bastante bien:

“Lo que hace a la humillación tan efectivamente excitante, es que es realmente una entrega total, probablemente más que cualquier otra clase de juego. En el sexo, el juego de las cuerdas o el dolor, es realmente, una entrega física, pero una vez que una se entrega físicamente y todavía mantiene una distancia emocional e intelectual, una desea hacerlo así. En la humillación, cuando está bien hecha, es imposible mantener la distancia y, por lo tanto, existe una entrega emocional e intelectual que corta más profundamente que una simple entrega física. Y no hace falta decir que la entrega física seguirá automáticamente a la entrega emocional e intelectual… por lo tanto, una entrega total. Si has conquistado  la mente de tu sumisa, has conseguido el cuerpo. Teniendo en cuenta que gran parte de la excitación y atracción sexual que existe entre las orejas en muchas, si no en la mayoría de las mujeres, se deduce que, una buena mente folladora tiene el potencial para ser mucho más poderosa (y alucinante) que un cuerpo para follar.”

Una puta de la humillación es, por tanto, un caso especial de la categoría general de las masoquistas. Como he dicho en otros artículos, una masoquista es cualquier persona que se excita a través de sensaciones extremas que otras generalmente clasificarían como dolor. Para la mayoría, esto siempre ha sido clasificado como dolor físico, azotes, marcas, cera, etc. Sin embargo, existen otras formas de dolor, intelectual y emocional. Lo que diferencia a la puta de la humillación, además, es su deseo por estas otras formas de dolor y su habilidad para procesarlo con eficacia.

Debería ser obvio que el proceso eficaz de la humillación es un factor crítico de éxito para las putas de la humillación. Obviamente, existen muchas mujeres fuera de aquí que son menospreciadas y degradadas como parte de su vida cotidiana. Algunas veces, llamamos a estas mujeres víctimas de abusos o de acoso sexual. Pero, las putas de la humillación no entran en estas categorías por dos razones principales:

1.- Lo hacen con su propio consentimiento.

2.- En lugar de sentirse decaídas y depresivas por este tipo de tratamiento, las excitan y le dan poder.

Sin embargo, uno debe maravillarse de la fuerza de carácter, el lecho de roca de la auto estima y la enorme cantidad de mujeres que merecen la pena y que deben mantenerse literalmente lúcidas para sobrellevar el intenso juego de la humillación. Si bien uno puede sentirse impresionado por el número de agujas que una mujer puede ser capaz de tolerar perforando su carne, me permito sugerir que uno debe estar incluso más impresionado por una mujer que pueda limpiar un inodoro con su lengua y salir sintiéndose bien consigo misma por el otro lado de la experiencia. Si bien, uno puede ser sorprendido por la habilidad de una mujer para tener sexo con muchas parejas en una sola noche o su deseo de tragar semen, uno puede sorprenderse mucho más con los orgasmos de orina potable o que pida ser tratada como un perro y sentirse crecida para hacer estas cosas.

De ahí, el motivo por el que admiro a la puta de la humillación. De hecho son una clase especial de masoquistas.

Por favor, observe que no estoy sugiriendo que estas mujeres son de mejor o peor calidad que otras. Ciertamente, he conocido a muchas grandes sumisas que no son putas de la humillación. También, es cierto, no tengo ninguna objeción a una sesión con una mujer que ha reconocido que ella es una puta del dolor, pero que marca un límite en el juego de la humillación. No juzgo a las personas por la naturaleza o intensidad de su “perversión.” Además, no hace falta decir que, una puta puede ser al mismo tiempo del placer,  del dolor y de la humillación. No es ni una cosa ni la otra. Por ejemplo, muchas de las putas del dolor que conozco, son también putas de la humillación, de una clase u otra. El hecho de que  a uno le guste un tipo de tratamiento, no se opone a otro deseo.

Sin embargo, aunque son bastante raras, la puta de la humillación requiere una mención especial. Esta forma de juego es en muchos sentidos la más peligrosa, ya que tiene el potencial de graves daños psicológicos a largo plazo. Hay que ser muy cuidadoso. Y, ciertamente, no para los débiles de corazón. Pero, si uno es el tipo de sádico que busca el placer teniendo a una mujer debajo, sin dudar, es hermoso encontrar a una mujer que desee este tipo de atención. Felizmente, he encontrado a una o dos en el curso de los años.

domingo, 12 de mayo de 2013

¿Cómo quieres que te acaricie?


Por lo general, no tengo paciencia para tocarme a mí mismo. Soy muy cariñoso y sensible, pero, sobre todo, tiendo a pensar más en términos de hacerlo, de que me lo hagan.

Siempre he pensado que mi control es caprichoso, pero, una mujer inteligente me indicó que tal vez fuera, porque no me gusta ser pasivo para recibir caricias y creo que ella, aquella inteligente y pequeña zorra, pudiera estar en lo cierto.

Por lo cual, he llegado a entender que mis pezones están muy lejos de ser tan sensibles como los de una mujer. También, he conocido pezones de mujer que eran insensibles a cualquier clase de placer. Mis pezones son sensibles, pero, no de una manera buena. En una ocasión, conseguí que me dieran un mordisco de amor en uno y dí un salto. Aquella mujer nunca más intentó nada en mis pezones.

Jugar con los pezones, soplar en los oídos y pasar una pluma por la piel puede estar muy bien, pero, aunque existen maneras de que una mujer pueda tocar a un hombre, no es nada comparado con lo que se puede hacer con ella, usar su feminidad y su cuerpo para hacerlo. Encontrar las maneras de contrastar su cuerpo contra el tuyo,  contra más pequeñas sean sus manos para él, más suave es su piel para él.

También, recuerda que él es un hombre y que piensa y reacciona diferente a ti. Su piel no es tan sensible como la tuya y él puede estar ligeramente más mentalizado para el acto de penetración. Usa eso para su provecho.

En lugar de pasar una pluma por su piel, usa tu cabello. Honestamente, ¿qué crees que le gusta más? Si tu pelo es largo, arrástralo como una cortina desde su pecho hasta sus muslos cruzando la entrepierna. Si su pene está relajado, es una sensación increíble al ser acariciado por la feminidad y si su pene está erecto, sentirá como si estuviera penetrando tu cabello. Puede ser una sensación increíble.

Si sus pezones no le producen placer, pasa tus pezones por el vello de su pecho. Acaricia sus pezones a través de sus labios y frota tus pechos contra sus hombros. Si te gusta, hazle saber de tu placer.

Si te estás deslizando hacia abajo rozando la piel de tu rostro con su entrepierna, ¿por qué no te pones a horcajadas sobre sus piernas y deja que tus pechos se pongan también a horcajadas sobre él? Puedes hacérselos sentir en ambos lados de sus muslos, por ejemplo, y  él se dará cuenta que los pechos son más pesados de lo que parecen.

Si estás a horcajadas sobre él, mientras que, por ejemplo, paseas tus pezones contra el vello de su pecho, en vez de a horcajadas sobre sus caderas, ponte sobre uno de sus muslos y frota tu coño contra el mismo. Si te gusta, es un juego increíble para él.

¿Sabes cuántas mujeres parecen tener una conexión directa entre sus pezones y sus clítoris? Bueno, pues, muchos hombres tienen una conexión similar entre sus dedos y sus pollas. Lame sus dedo mientras le miras fijamente a sus ojos.

No solo te limites a chuparlos, sino dale también la experiencia de una mamada completa, incluyendo una garganta profunda, si puedes. Y si estás frotando tu coño contra su muslo al mismo tiempo, le estás dando una buena experiencia de folleteo. Nunca mejor dicho.

Y si, él se está poniendo nervioso, como si estuviera impaciente por asumir el control y acaba de hacer algo, arréglalo tú misma, de tal manera, que puedas darle algo que hacer. Puede ser tan fácil conseguir que juegue con tu culo o incluso que dibuje tus curvas en general, de modo que él se venga abajo con más ministraciones. Nosotros los hombres podemos estar, a veces, muy poco orientados.

jueves, 9 de mayo de 2013

¿Quién está en el control?


La siguiente cita está sacada del libro “Las Benévolas,” de Jonathan Littell:

“…de repente, al comprender con una claridad aterradora que los hombres no controlan nada, no dominan nada, que solo son niños e incluso con juguetes, puestos ahí para el placer de las mujeres, un placer insaciable tan soberano que los hombres piensan que tienen el control, piensan que dominan a las mujeres, mientras en la realidad, las mujeres los absorben, haciendo naufragar su dominación y disolviendo su control, consiguiendo mucho más de ellos que lo que dan. Los hombres creen con toda honestidad que las mujeres son vulnerable y que, o bien, hay que tomar ventaja de esta vulnerabilidad o protegerla, mientras que las mujeres se ríen con tolerancia, amor o con desprecio, de su infantilismo, de la infinita vulnerabilidad de los hombres, en su fragilidad, de esta debilidad tan cercana a una pérdida aparente del control, de este colapso permanentemente amenazante, de esta vaciedad encarnada en una carne tan fuerte. Es por eso que, sin lugar a dudas, las mujeres raramente matan. Ellas sufren mucho más, pero ellos siempre tienen la última palabra.”

Es una novela brillante, pero no para los pusilánimes. Una novela escrita por un oficial imaginario de la SS, ubicada en los horrores del frente ruso y en los campos de concentración durante la Segunda Guerra mundial y que, como tal, tiene mucho que ver con la D/s, se podría pensar (aunque no estoy tan seguro); pero, de todos modos, es un paso sorprendente. Me hizo pensar acerca de si tales pensamientos pudieran aplicarse, mutantis mutantes a la D/s.

La visión convencional es que en una relación D/s, la sumisa renuncia al control. (Estoy hablando aquí sobre una relación hombre/mujer). Para una mujer/hombre o mujer/mujer puede ser diferente, pero no puedo hablar desde la experiencia). Es el dominante quien prevalece, cuya palabra es ley. En teoría. Sin embargo, está claro que es mucho más complicado que eso. La transferencia de poder del dominante a la sumisa se da libremente. Es una relación consensuada. No estamos hablando sobre la fuerza tal como existe en el mundo exterior, donde el más fuerte explota al débil, donde el rico explota al pobre o un país muy grande oprime a otro más pequeño o, incluso, los hombres abusan de las mujeres o de los niños. Hablamos en la D/s de un intercambio voluntario de poder, libremente concedido y recibido con gratitud. Así, la D/s es exactamente lo opuesto de la tan llamada ley de la jungla, la dominación del fuerte sobre el débil.

Pero, si el consentimiento es dado libremente, ¿cómo puede ser que el dominante esté en el control? ¿No es en realidad el dominante el único que concede o niega el consentimiento? Si le digo a mi sumisa, “voy a azotarte” y ella replica, “como usted quiera,” ¿es una evidencia de que tengo el poder? Se podría argumentar que, debido a que ya me ha dado el permiso para azotarla, ha renunciado voluntariamente a su derecho a decir que no, entonces, ha habido una transferencia real de poder y de que yo estoy realmente en el cargo. Pero, me pregunto si en la práctica nunca funciona de esta manera. Incluso si ella no tiene una palabra de seguridad, sabe que ella puede decir siempre no, si ella lo dice con la suficiente convicción. En una relación sana, en realidad, no puede ceder su derecho de elegir para someterse. Cada vez que ella inclina su rodilla, el contrato entre ella y su dominante se renueva. Implícitamente, está perpetuamente en negociación.

Y, sin embargo…la atracción de esta relación para la sumisa es porque, a su vez, ella ha cedido el poder. Ahí es donde está la emoción para ella. Él tiene el derecho a darle órdenes para que haga cosas, incluso cosas que ella no quiere hacer. Ella ha renunciado a su derecho a decir que no. Si no es así, entonces ¿no es solo un juego sin sentido que ninguno quiere jugar? Ella tiene que sentir que su poder sobre ella es real, no solo una convicción. La emoción que ella recibe al ser ordenada que se arrodille, de ser azotada o utilizada por placer, depende del conocimiento de que cualquier resistencia que ella hubiera podido tener, haya sido ya superado. Ella sólo puede hacer las cosas que le digan.

Claramente, aquí hay una paradoja. Él es libre de hacer con ella lo que quiera y, sin embargo, depende del consentimiento de ella. Voluntariamente, ella está de acuerdo en renunciar a su libertad de elección. ¿Cómo pueden ser ciertas estas aparentes contradicciones ser? Mi sensación es que deberíamos ver la relación D/s como una condición en constante negociación, un cambio en el equilibrio de poder en el cual cada parte está atento a la dinámica de la situación. No hay duda de que, cuando la sumisa se excita, tanto física como mentalmente, el dominante tiene un verdadero poder sobre ella. Él puede hacer que ella haga cosas que ordinariamente no haría, soportar cosas que pensaba insoportables, querer cosas que nunca se había imaginado. Este poder es real, no es algo que ella pretenda darle. En la agonía de la pasión, incluso puede parecer como si este poder fuera ilimitado. Ella puede desearle que la fuerce a lo que parece una capitulación total, donde ella puesto toda la resistencia. Pero, la realidad, en última instancia, se entromete, el flujo y el reflujo del poder volverá al punto de equilibrio de nuevo, al punto donde ella puede negociar libremente los límites que ella imponga.

Algunas personas podrían decir todavía, si este fuera el caso y, entonces, con seguridad, la D/s es un juego. Mi respuesta sería que, en realidad, es un juego, pero con reglas muy estrictas. Si no juegas de acuerdo con los reglas, el juego no tiene sentido. Y es un juego muy serio, como todos los juegos que merecen la pena jugar. O, acaso, ¿podemos decir que es como el estado de la mente que tú adoptas cuando lees una novela?  Usted sabe que la historia no es verdad, pero mientras está leyéndola, se permite creer que lo es, de lo contrario, la historia no se puede mantener bajo su hechizo. Los críticos llaman a esto “la suspensión voluntaria de la incredulidad.” Creo que la D/s puede ser similar. Ella sabe que podría pararle si llegado el caso tuviera que hacerlo, pero su sumisión es lo suficiente real en el ardor del momento. Ella quiere sentir que él puede hacer que ella quiera hacer lo que ella no quiere hacer, hacer que reciba más dolor o humillación de la que ella piensa que puede soportar. Para ella, existe la maravillosa libertad de renunciar al control. Y, para él, una sensación embriagadora de poder al asumirlo.

lunes, 6 de mayo de 2013

Una puta modesta


Ella no es una mojigata, ni mucho menos. Ella ha sido generosa y me ha enviado unas fotos suyas, unas casi desnuda y otras, completamente desnuda. También me envió fotos de su cara. La cara y la desnudez no aparecen en la misma foto. De acuerdo. Lo comprendo y estoy contento. La mayoría de los que integramos la D/s, estamos, al menos en cierta extensión, liderando una doble vida. No se puede ser demasiado cuidadoso.

Las fotos que me envió no son obras de arte. Tienen una cierta torpeza, una especie de impostura instantánea. Algunas veces, están completamente desenfocadas. Me gusta esa cualidad muchísimo. Odio las llamadas fotos glamurosas de estrellas del porno haciendo falsas sonrisas ante las cámaras. Esas fotos no me dicen nada. Su foto es auténtica. Puedo oírla decir algo como: “Esta soy yo ayer por la noche, no tuve mucho tiempo,  pero pensé lo mucho que le gustaría tener una foto mía.”

¿Disfruta ella enseñando sus propias fotos? Ella sabe que es guapa (se lo he dicho con muchísima frecuencia). Sabe que a los hombres le gustan mirarla y a este hombre más que a ninguno. A ella, le gusta agradar. Al mismo tiempo, puedes ver en la misma foto que ella es tímida. No es que sea una tomadura de pelo. Ella es demasiado abierta y honesta para eso. Creo que es muy modesta. Es una chica agradable. Me he enterado que también es una puta desvergonzada. Me ha hecho cosas muy traviesas y estoy seguro de que hay mucho más por venir. Por lo tanto, ¿se puede considerar que es una puta modesta?

De verdad, yo no lo creo. Poco a poco, voy trabajando, a mi manera, más profundamente en su mente y contra más oscuridad recibo, más excitantes son las fantasías que descubro. O provocadoras. Pero, las revelaciones visuales se están moviendo a un ritmo diferente desde lo que ella está dispuesta a poner en palabras. Estoy cómodo con esto. No quiero intimidarla o chantajearla a que me muestre más (“Si realmente quisiera complacerme, me enseñarías esto o aquello…”). Quiero que ella se tome su tiempo.

Es como si estuviera nerviosa la primera noche. Las mujeres sensibles e inteligentes piensan demasiado. Y puede ser que, ella no confíe todavía lo suficiente en mí. Necesitaré trabajar sobre esto. De lo que me he dado cuenta es que para ella, hay una gran diferencia entre enviar fotos estáticas a aparecer viva en su webcam. Ella se siente más vulnerable cuando sabe que la estoy mirando a tiempo real, incluso, si está a miles de kilómetros y con toda seguridad fuera de mi alcance. Parte de lo que ella teme, es a su propia respuesta. Ella es una mujer sumisa y, por lo tanto, altamente sexuada. Pienso que teme dejarse llevar y hacer cosas que no le gustarían después. Y eso conduce al problema del abandono de la sumisa. ¿Qué pasaría si yo consigo que ella haga cosas y luego después no puedo ayudarla a que se sienta bien con ellas? ¿Qué pasaría si yo no le doy la seguridad que ella necesita, que yo realmente quisiera y valorara lo que ella me da? Le he asegurado que el cuidado posterior es algo que yo reconozco por su necesidad. Pero, sospecho que ella no puede estar segura de esto hasta que lleguemos a ese punto.

El punto al que yo quiero llegar, es cuando ella quiera darme todo lo que quiero. No solo reconoce, sino que activamente quiere que yo desee todo lo de ella, esperanzas y deseos que le requeriré, incluso cosas que causan temor, puesto que ella puede dármelas libremente. Vamos a llegar a ellas. Pero, yo no lo quiero todo de una vez. Es mucho más satisfactorio conseguirlo poco a poco, con cuidado, preparando el terreno. Y creo que a la mujer le gusta sentir que haces un esfuerzo para conquistarla. Las mujeres sumisas, como cualquier otra mujer, necesitan sentir que estás lo suficientemente interesado como para tomarte la molestia.

¿Esto va contra el hecho de que yo sea su dominante y pueda hacer que ella haga lo que yo quiera? No lo creo así. Si yo le dijera la próxima vez que esté ante su webcam: “Desnúdate y abre tus piernas.” Si se lo dijera en un tono de voz autoritario, ella lo haría. Pero,  no se sentiría feliz con esto. Y, ni tampoco yo. Justo porque tenga el poder, no significa que deba nuclearla en cualquier momento que yo quiera.

He creado un pequeño juego. Nuestros chats online incluyen imagen y sonido, pero he prometido que no le pediré que se quite las ropas, al menos durante un mes. A su vez, la próxima vez que ella aparezca ante la cámara, llevará solamente una camisa y sin bragas. No le pediré que se levante la falda. De hecho, ni incluso mencionaré estas instrucciones. Hablaremos sobre esto y aquello, como si ella estuviera completamente vestida. Pero, sabré que no lleva nada bajo su falda y ella sabrá que yo lo sé. Y tendrá que confiar en mí, puesto que seré tan bueno como mi palabra y no haré que ella se exhiba. Cada uno de nosotros nos preguntaremos en nuestra propia mente lo que va a pasar, pero no diremos nada.