miércoles, 4 de septiembre de 2013

La intimidad, otra vez




Hace un mes, leí un artículo de la psiquiatra Dra. Brooks sobre la intimidad. Ya he escrito antes sobre este tema, pero ella me ha hecho volver al mismo asunto. Con mucha amabilidad, hace una distinción entre diferentes tipos de intimidad. Existe la intimidad emocional, mental y física. Aunque me parece que la intimidad emocional es algo que todos estamos buscando, tanto la gente perversa como la vainilla (Brooks sugiere que los hombres no quieren tanto como las mujeres, pero no creo que eso sea necesariamente cierto). Todo el mundo quiere estar cerca de alguien para decirle lo que sienten, ¿no? De acuerdo, no todo el mundo. O al menos, no todo el mundo lo ve tan fácil como parece. Algunas personas sienten la necesidad de protegerse y ocultar cosas. Pero, es ideal, ¿no?

Pero, cuando llegamos a los otros dos tipos de intimidad, la mental y la física, me parece que la D/s hace una inflexión diferente. Por la mental, Brooks se refiere a la sexual; haciéndola baja y sucia. Por supuesto, a la gente vainilla también le gusta follar con las luces encendidas (a algunas de ellas, claro). Aunque, no están más inhibidas que la gente perversa. Pero, cuando se introduce el poder y el control en el intercambio sexual, se convierte en algo diferente.

En una relación vainilla sexual, la mujer da lo que puede dar con comodidad y el hombre espera de que sea mucho y que ella no se contenga. Pero, con toda probabilidad, lo llevará a cabo a cambio de algo. Está en la naturaleza de la mujer hacer esto; es como ella ha sido educada. “No permitas que él te vea como realmente eres. Guarda un poco de misterio. Y no le permitas sospechar que, en el fondo, tú eres una pequeña y sucia puta.” Mientras, en la D/s, él no te permitirá tener nada a cambio. Él quiere saber y comprender absolutamente todo lo de ella, todos sus secretos y sus fantasías más perversas. Ella no tiene derecho a guardarse nada.

Toda la dinámica de la relación tiende a la exposición total. Puede llevarse un buen tiempo llegar hasta este punto y puede ser divertido intentarlo. Pero, en última instancia, el objetivo es el conocimiento completo y la total intimidad. El dominante no puede sentir que, de verdad, controla a su sumisa si hay todavía algo oculto en ella.

La intimidad física es la que sucede cuando se está en estrecha proximidad, compartiendo una habitación, una cama. Entre las parejas vainillas, me parece que hay siempre barreras… “no entres en el cuarto de baño mientras estoy…” El Dominante de Brooks la ha amenazado con algunos procedimientos físicos muy personales. Si eres una mujer vainilla, podrías retirarte perfectamente. “¡Ningún hombre me va a hacer eso a mí!” Pero, si eres una mujer sumisa, no tienes otra opción. Y Brooks describe de una manera muy interesante cómo hacerla sentir con exactitud, la manera precisa de sumisión engendrada por los pensamientos de esas cosas tabúes que va a hacer.

He tenido que hacer frente con resistencia a esta clase de intimidad física. “No, usted no puede verme hacer eso.” Ella piensa que puede negociar. Yo no voy a derribar la puerta a patadas. Yo espero mi momento. Avanzo furtivamente; dos pasos adelante y uno, atrás. Pero, sé cuál es mi objetivo final. Entrega total e incondicional. Si eres Dominante, al final, tienes que ser todo o nada. Tal como dice la canción en la película de Oklahoma: “Conmigo, es todo o nada. Si no me puedes dar todo, entonces, no me des nada. Y nada es lo que conseguirás de mí.” ¿Suena duro? Con esto, estoy intentando de explicar a dónde lleva la lógica de la D/s.

domingo, 1 de septiembre de 2013

El dominante maleducado




Anoche, ella no pudo haber estado más contenta con la deriva de su sueño, disfrutando de la quema caliente de sus pezones y de los palpitantes moratones en su trasero.

¡Qué día tuvieron! Ella se las arregló para darle una sorpresa por la noche. Le pidió los nuevos látigos y nueva lencería interior. Llegaron al hotel sobre la una de la madrugada y se hundieron en la inmensa cama. El relajarse juntos en aquella cama fue delicioso.

Él se acercó y empezó a besarla apasionadamente y ella sintió su mano deslizarse bajo sus legs y sus dedos encontraron muy rápidamente su clítoris. El día anterior se depiló con cera el pubis, al estilo brasileño, y, a él, le gustaba su coño bonito y limpio. Él se giró y empezó a jugar con ella y pudo sentir la hinchazón de su clítoris, doliéndole al relajarse. Ella pudo sentir su propio cuerpo y las sensaciones hormigueantes y sus piernas empezaron a temblar y, luego, finalmente, ella se corrió con mucha violencia.

Ella necesitaba su pene y cogerlo y sentir su latido fuerte y su dureza a través de sus vaqueros y, al desabrochar su cinturón y sus pantalones, en su interior,  lo juraba por Dios, que la sentía como si la hubiera sentido toda su vida. Finalmente, fue capaz de liberar su hermosa polla y envolverla con su boca.

Mientras ella se la llevaba a su boca, sintió el latido, el cual se hacía más insistente a la vez que le endurecía. Él empezó a gemir, a girarse en la cama y a gritar. Toda ella estaba chupando y lamiendo, lo cual probaba que eran unas sensaciones demasiado fuertes para él. No tenía paciencia para relajarse y disfrutar de las habilidades orales de ella, se sentía impaciente y quería una liberación inmediata. A veces, su necesidad, era urgente.

La agarró del pelo por detrás y la atrajo hacia él con firmeza y ella gritó. Y esta pensaba: “Este hombre me va a arrancar los pelos.” En absoluto, tenía piedad de ella cuando él estaba caliente, ninguna. Se sentía como el personaje de esas fotos de los hombres cavernarios arrastrando a su mujer de los pelos.

Sin embargo, ella se humedecía cuando pensaba de la manera que él la cogía cuando sabía lo que quería. En la vida cotidiana es amable, gentil y cariñoso, pero cuando su polla se pone dura, él es un show. Era un tema precioso para muchas sesiones de masturbación para ella.

Con los pelos cogidos firmemente por su mano, él la susurró al oído:

“Quítate los pantalones porque quiero usar tu coño.”

A ella, le encantaba cuando le decía eso, se ponía húmeda instantáneamente. Él se pone grosero y vulgar cuando está caliente, lo cual hace que sea mucho mejor. Ella no estaba segura de cómo se comportaría con un dominante sádico y cortés. Su manera es perfecta. Él es perfecto. Masculinidad primitiva, instintiva y primaria.

La sensación de que él la cogiera a su manera, satisfacía un anhelo muy profundo dentro de ella. El hambre de pertenecer a alguien, ser suya y saber que le necesitaba. Él se alimentaba de esa necesidad y la saciaba de su pasión.

Él se subió encima de ella y le dio una patada en las piernas para separarlas. A medida que se iba subiendo, a pesar de que hizo una pausa para mirar a su coño y se quedó mirando unos cinco segundos, pero que a ella, le parecieron unos minutos, mientras se retorcía de vergüenza. Ella creyó que lo hizo a propósito y la hizo saber que su coño era suyo para hacer lo que él quisiera, incluso, mirarlo, sin tratar de cubrírselo. Ella descubrió algo muy erótico en este tipo de humillación.

La penetró con fuerza, la agarró por la garganta, le pellizcó los pezones y cuando ella empezó a gritar, él se inclinó y le dijo: “Bésame.”

Mientras la agarraba, él la besaba, apretaba sus pezones y gemía y se quedaba sin aliento en su boca, mientras él aumentaba su presión. ¡Había algo tan íntimo en esto! Es imposible estar más cerca de un ser humano sin estar precisamente así. Ella vertió todo lo que tenía en su boca, gemidos de placer y gemidos de dolor. Él se estaba tragando la intensidad que la estaba infligiendo, dejando que recibiera más de él.

Esta intensidad se traducía en la fuerza con que la estaba follando. La penetraba hacia abajo con fuerza para que la sintiera más profundamente dentro de ella y esta la aceptaba como una invitación para ser follada y penetrada con más rapidez, con más fuerza y más profundidad. Él se estaba esforzando con mucho frenesí.

Él gruñía, tiraba y pellizcaba.

Ella le miraba en el ardor de la pasión y le gritó para que le abofeteara la cara. No tardó ni dos segundos para concederle esa petición y dos bofetadas le llegaron a su rostro con su verga.

Él estaba bañado en sudor y empezó gotear en su boca mientras ella estaba vocalizando su orgasmo y mientras lamía el sabor salado de sus labios. Él soltó un grito salvaje y llovió sobre ella. Esta sintió cómo él se había corrido.

Instantáneamente, ella se puso muy caliente con la idea que ambos orgasmos – el de él y el de ella – se habían cruzado en su coño, mientras él se estremecía y gemía de placer. Ella se puso boca arriba, sin aliento y él se quedó encima de ella. Alzó la cabeza, agarró su cara y la miró a los ojos diciéndole: “Ni siquiera he empezado a utilizarte. No obstante, prepárate, niña.”

viernes, 30 de agosto de 2013

Amor y dominación



He aquí lo que le escribí recientemente a una sumisa en respuesta a una pregunta sobre los problemas de ser dominante en una relación romántica de amor con su sumisa. Es otra variante sobre lo que he escrito anteriormente con respecto a este tópico.

En este artículo voy a tomar una posición diametralmente contraria.

Es mi creencia que la integración del amor romántico en una relación del estilo de la D/s es difícil y está plagada de peligros. Digo, en un estilo de vida tipo de la D/s en particular, porque no creo que hayan los mismos problemas para aquellos que tienen sesiones, ya sean de sadomasoquismo o para aquellos que exploran sólo la dominación.

Sin embargo, para el estilo de vida de la D/s y, en particular, para el dominante, la situación es más difícil. He observado con mucho interés que muchas de las mujeres que han respondido a este tópico, han hablado del amor por su Amo, incluso, de que no podrían llegar a ser su esclava si no le amaran. Si bien, hay ciertos aspectos, los cuales yo refutaría (si tuviera tiempo o inclinación), en general. Creo que todo esto es por el bien de ellos, pero, en realidad, hacen la situación mucho más compleja para el Dominante.

Consideremos el emparejamiento entre un hombre dominante y una mujer sumisa, donde la pareja está también profundamente enamorada. Tal vez, incluso, casados. La mujer comete un error que requiere un castigo. Con el fin de que el castigo sea efectivo, debe ser muy severo, pero el hombre ama a su mujer. ¿Cómo puede él hacer daño a la mujer que ama? Para el dominante, sin vínculos románticos, esto no es un problema. Pero, entre los amantes, habrá muchos conflictos potenciales de intereses.

Ahora, vamos a poner un ejemplo más difícil. La misma pareja, pero con un problema diferente. Una nueva mujer ha llamado la atención de nuestro hombre. Ella ha sido provocada por su poder y atrapada por el ardor de la fiebre virginal de la sumisa. la inclinación natural del dominante hace que este responda a este tipo de “llamadas.” Él disfrutaría mucho controlando, realizando y potenciando a esta nueva chica. Pero también, él puede haber hecho votos y juramentos a su esposa (y sumisa). O, incluso, si no los ha hecho, sabe y sospecha que hacer tal cosa sería herir a su amante. ¿Cómo se resuelve este problema ético? Una vez más, para el dominante que no está enamorado no  hay ningún problema. Lo más probable es que él le haya anticipado a su sumisa cuáles son sus intenciones con respecto a otras mujeres. Pero, para el marido, amante, amigo, dominante y Amo, las respuestas son mucho menos claras.

Sin embargo, no todo está perdido. Hay muchos casos de éxitos al combinar el amor con la D/s. En mi propia experiencia, la clave está en una honestidad valiente, una confianza inquebrantable en la integridad personal y la capacidad para mantener el equilibrio en el marco del control de la sumisa y centrar la felicidad de su amante que ahora se ha convertido en esencial para su propio sentido del bienestar.