martes, 18 de febrero de 2014

Los diez problemas de una mujer ardiente



1.     Es probable que convierta a su dominante en asexual debido a todo lo que le presiona en el sexo.
2.     No puede acostarse sin asaltar su cuerpo con un vibrador.
3.     De alguna manera, cada tema la lleva al sexo.
4.     En cualquier lugar. En todas partes. En cualquier momento. Ahora. ¿Ahora? Sí, ¡ahora!
5.  Orgasmos infinitos significan que, en realidad, son inacabables, a menos que ella esté tan complacida que apenas pueda moverse.
6.     Tener normas hace que todo su pensamiento de “conseguir algo” sea mucho más difícil.
7.    Trabajo, colegio, dormir, ser responsable,etc…todo se interpone en el camino de un pene entrando en su vagina.
8.     Mantener sus bragas secas. Nunca sucede.
9.     Su imaginaria pareja sexual no es real y no puede follarla.
10.  Rechazo. La sorprendente realidad por la persona con la que quiere tener sexo, no quiere tenerlo ahora.

domingo, 16 de febrero de 2014

Con la boca

La primera vez que nos conocimos, al mostrarme su deferencia, propia en una mujer sumisa, ella no chupó mi verga hasta que la invité. Luego, se puso a trabajar de la manera correcta, con una mezcla de entusiasmo, sensibilidad e imaginación. Ella parecía saber instintivamente que prefiero despacio y sensual, de rápido a furiosa. Le di un par de consejos sobre las cosas específicas que me gustaban, las formas particulares que yo las disfrutaba cuando me lo hacía. Pero, por lo general, le dejé una mano libre porque lo estaba haciendo muy bien. Le pedí que succionara mis testículos, uno por uno, y ella lo hizo. Fue estupendo, muy bien.

Ignoro si ella tiene un talento especial o si ha trabajado mucho su técnica con otros hombres. No me importa si la tiene, ni si soy el beneficiario. De cualquier manera, ella es una mujer que sabe cómo usar su boca. Lo que especialmente me gustó, fue la sensación de que ella quería, de verdad, darme el mayor placer posible. (Cuando le pregunté un par de semanas después, qué cosas en particular le gustaría que pasaran la próxima vez que nos viéramos, me dijo que le encantaría hacer más de eso).

Pero, hubo otra forma con la que consiguió chuparme el pene, una manera muy diferente. La última mañana que estuvimos juntos, hicimos lo que describí en un post que publiqué el mes pasado titulado “Profundo.”  Y después de eso, sentí un deseo terrible por ella. Me senté a horcajadas sobre su cuerpo en la cama y forcé mi polla en su boca, presionándola hasta la garganta, hasta que casi se ahogara. La saqué para dejarla respirar. Luego, la penetré de nuevo con fuerza. Follándola y usándola como si fuera su coño. Terminé corriéndome en su cara. Ella me dijo más tarde que se sentía muy bien y que era la primera vez que un hombre se había corrido en su cara. Me sorprendió. Ella era una mujer inexperta. Yo había sido su primer dominante.

A mí, me gusta la idea de ser el primero. No es que yo tenga una manía por la primera vez. Solamente he follado en mi vida a dos mujeres vírgenes y cuando lo hice, yo también era virgen. Hace de esto mucho tiempo. Pero, algunas veces, es bueno saber que usted la ha penetrado, algo que ella realmente disfruta. Ha habido varias otras cosas de esa naturaleza, cosas que ella no ha experimentado con nadie más. Esto hace que toda la relación sea especial.

jueves, 13 de febrero de 2014

Las palabras

Soy un amante de las palabras. Siempre lo he sido. Las personas que usan la palabra para expresarse por sí mismas, me parecen infinitamente fascinantes. La elección de las palabras a usar pueden decir mucho de la persona. De su estado de ánimo, su estado mental o incluso, de su nivel de familiaridad con usted o con otra persona.

Hay tantas maneras de decir algo y con sólo prestar atención a la forma que alguien las dice, las palabras exactas utilizadas pueden decirle volúmenes de cosas.

Por ejemplo:

Yo estaba hablando con una sumisa el otro día y me dijo: “Contra más tiempo, usted se mantenga en contacto conmigo, más escuchará sobre esto y lo otro.”

Esto me extrañó. El “mantenerse en contacto” me pareció algo fuera de lugar con respecto al estado de ánimo general de la conversación y de la etapa de nuestra amistad.

He aquí, otras opciones de decir la misma cosa: “Contra más tiempo estemos juntos…”, “A medida que nuestra amistad crezca…”, “vas a estar oyendo mucho sobre esto y lo otro.”

En mi opinión, cada uno da la impresión de seguridad en la amistad, incrementando el nivel de comodidad. La primera expresión podría ser la adecuada, cuando se habla de una nueva pareja. La segunda, de un nuevo amor. La tercera, por alguien seguro de que la relación va a durar.

Su declaración original la veo como algo que alguien le diría a una persona con la cual no estaba segura.

Por lo tanto, le pregunté si ella se encontraba bien. Y resulta que ese día había hablado con su ex, terminando con una gresca monumental, incluso reprendiéndola. Por lo tanto, le había rebajado la confianza en sí misma, creándole dudas en cuanto a su capacidad y solvencia para mantener una relación de la índole que sea.

Me encantan las vocales y las consonantes, los sustantivos, adjetivos, conjunciones y preposiciones y los adverbios, los verbos con sus conjugaciones, las comas, los puntos y las tildes, la gramática y la sintaxis porque me ayudan a trabar las oraciones y expresar lo que siento, anhelo y quiero…

En resumidas cuentas, me encantan las palabras.
Jueves, 13 de Febrero, 2014



martes, 11 de febrero de 2014

La masoquista interior

Ella se encuentra muy mal. Se ha estado masturbando tres veces al día durante las dos últimas semanas que él ha estado fuera. Los orgasmos auto infligidos temporalmente han saciado su necesidad y su hambre oscura. Pero nada de eso es comparable con lo que siente con él, hasta el punto  de convertirse después en una puta hambrienta y desesperada por el deseo de ser acariciada nuevamente por él.

 

Cada vez más, en los últimos días, ha estado experimentando fantasías masoquistas, particularmente, con secuelas macabras. Cuando piensa en la oscuridad, en la cual, él es capaz de envolverla, su sexo palpita con anticipación y gozo. Mientras piensa esto, un hormigueo caliente entre sus piernas se expande a través de su cuerpo, erotizando las emociones que penetran en su corazón. Tiene miedo a lo que es capaz de hacer su oscuridad, lo que su subconsciente y deseos necesitan de verdad y que siguen siendo desconocidos.

 

Inmediatamente, antes de llegar al orgasmo, su mente se dirige por sí misma a las grietas oscuras de lo que visualmente la excita durante sus interacciones con su Dominante: la fiera intensidad de sus ojos, cuando el sádico se expone por completo, acompañado por un ligero surco en su frente que la advierte de que es una masoquista muy obediente a sus normas y órdenes. Mientras, le recuerda más detalles de su dominación y la degradación de su ego, sus piernas empiezan a temblar y su mano se mueve con más rapidez entre sus muslos.

 

Mientras su dedo está frotando su sexo de puta, hinchado vigorosamente, y su respiración crece muy rápidamente, recuerda la transición desde el dolor al indescriptible placer cuando su Amo la sitúa lejos en el espacio y la dicha, en el cual, su mente trasciende el tiempo a otra dimensión de la realidad. Entonces, ella se libera.

domingo, 9 de febrero de 2014

Una cena inolvidable

Antes de salir, ella recibe unas instrucciones por parte de él. No le permite hablar, no sólo con él, sino con cualquier otra persona. Tampoco tiene autorización para mirarle a los ojos. Posteriormente, seguirán otras instrucciones.

La camarera les lleva a su mesa y les entrega la carta. Hay varios menús en la lista que a ella no le gustan. Tiene la sensación de que podría no disfrutar alguno de ellos. Sin duda, esta noche está a plan.

La camarera vuelve para tomar nota de los platos elegidos. Él elige una entrada tentadora, luego, un plato principal que era uno de los que ella pensaba elegir.

“¿Y para la señora?” pregunta la camarera.

“Ella no va a comer,” contesta él.

“¿Qué?” En absoluto. Piensa ella.

Ella mira hacia abajo de la mesa. ¿Piensa la camarera que ella tiene algún trastorno alimenticio o, de alguna manera, sospecha la verdad o algo por el estilo? Con sólo pensarlo, ella empieza a ruborizarse.

“¿Algo para beber?” pregunta la camarera.

“Una copa de vino para mí y un vaso de agua para la señora,” le dicta a la  camarera.

“¿Ni siquiera una bebida adecuada para ayudarla a salir de este trance? Esto es puro sadismo,” ella piensa.

Llega el primer plato. Ella lo mira mientras él empieza a comer. Nunca ha sentido tanta hambre en su vida. “Tal vez,” piensa ella, agarrándose a un clavo ardiendo, “que él la dará algo de su plato.” Pero, él continua claramente disfrutando de su cena. Charla con ella de esto y de lo otro. No es como si ella pensara que la ignoraba. Simplemente, no tiene ni voz ni voto sobre el tema.

Cuando ya, casi había acabado con su plato, puso un trozo de comida sobre el mantel.

“Cómetelo,” le dice a ella: “Sin las manos.”

Ella mira alrededor. El restaurante estaba completamente lleno. Es posible que alguien la mirase si hace esto. No es una conducta aceptable en un sitio público. Ellos han estado anteriormente en este restaurante y es posible que quieran volver otra vez. ¿Qué pensará la gente? Pero, ella está tan desesperada por comer algo que, rápidamente, inclina la cabeza y se apodera del bocado de comida. Él limpia la boca de ella con su servilleta y, luego, termina con el resto de su plato.

Él toma un sorbo de vino y luego comenta sobre su calidad. Es desagradable frotarle la copa, sabiendo con certeza que es justo el vino que ella hubiera elegido para sí misma. “Puedes beber un poco de agua,” le dice. “Y voy a ser muy amable. Puedes utilizar las manos.”

“Una gran cosa,” piensa ella. No hay la menor duda de que ella será obediente, pero ahí, también hay un poco de resentimiento, aunque, tal vez, esta sea una palabra demasiado fuerte. Una leve urgencia, hasta ahora contenida, insta a rebelarse. Sin duda, él piensa que esto es divertido, pero ella se está encontrando con una prueba dura y teme que lo peor está por venir. Ella tiene razón.

“Ahora,” dice él, “escucha con atención: Ve al aseo de mujeres. Quítate las bragas. Sécate las entrepiernas, porque sé que estás ya mojada. Te vienes a la mesa, vuelve las bragas del revés y las doblas para que la protección esté a la vista. Quiero ver si están manchadas. Las colocarás cuidadosamente sobre la mesa, al lado de mi plato. Luego, vuelve a tu asiento.

“De acuerdo,” piensa ella,  “no puedo hacer esto si pienso sobre ello.”

 Ella se levanta. No pierde el tiempo, centrándose en el trabajo de la mano. Esta es la parte más dura y difícil, ella piensa mientras vuelve. “¿Hay alguien mirando?” Pone las bragas junto al plato de él. La mancha de humedad en el centro es ampliamente visible. Por lo tanto, “que sea lo que sea,” piensa ella. “Él sabe que estoy mojada. Parece que siempre estoy mojada cuando estoy a su lado.”

Tan pronto como ella tomó su asiento en la mesa, la camarera se acercó con su plato principal. Ella debe ver las bragas sobre la mesa mientras le pone su plato. Son de satín negro con encaje púrpura en los ribetes. Son casi obscenamente visibles sobre el mantel blanco.

Él empieza a comer. La comida desprende un olor delicioso. Su estómago ruge. “Shhhh…,” dice él. Ella ríe con sofoco. ¿Lo contaría mientras habla, si ella lo hiciera?

¿”Quieres comer un poco?” le pregunta. Ella asiente con la cabeza. Él sigue comiendo como si no hubiera notado la respuesta de ella. Él casi ha terminado con el plato. “Por favor,” piensa ella, “solo unos bocaditos. Necesito mantenerme con fuerzas.”

Él coloca una pequeña porción de comida sobre el mantel. La comida se desparrama, pero es lo que menos le preocupa a ella.

“Come,” le dice a ella.

Esta vez, no se molesta en mirar alrededor, ella se burla de él. Este pone otro pequeño bocado sobre el mantel, el cual desaparece también con rapidez.

“¡Qué buena eres!” dice él. “¿Quieres un sorbito de vino?”

Ella mira otra vez alrededor. Aquella pareja, la de allí, ¿se habrán dado cuenta de lo que está pasando en nuestra mesa? Pero, sólo pensarlo, hace que el vino se convierta en agua en su boca. Ella inclina su cabeza, levanta la copa hasta sus labios, luego lo tira antes de que pueda aspirar en la medida que quiere.

La camarera vuelve, limpia su plato y le entrega el menú de los postres. Normalmente, él no come postre. Pero, ¿quizás esta vez? ¿Por favor?

Él pide algo tan delicioso que ella piensa que, si no lo prueba, llorará por la frustración. Justo cuando la camarera se está yendo, la llama por su espalda.

“Dos cucharas, por favor,” él dice. Aleluya.

El postre lo coloca enfrente de él. Ella nunca ha tenido un deseo tan intenso por el chocolate.

“Ahora” – dice él – “como te has portado muy bien, estoy dispuesto a darte una recompensa. Pero, mientras lo disfrutas, deberás tener en cuenta que cuando volvamos voy a usarte con dureza. Con mucha dureza. ¿Comprendes?”

Ella asiente entusiasmada. Como si no hubiera tenido una opción en estos temas.

“Voy a hacerte daño,” dice él. “Espero que me hayas entendido bien.”

Ella asiente de nuevo. Involuntariamente, se desplaza en su asiento, como si su trasero estuviera registrando lo que le va a suceder cuando salgan. Ella mira hacia el postre. Vale la pena la forma en que ella siente en este momento, quiere que le haga daño. Cuanto más, mejor. Mentalmente, ella está inmersa en el subespacio, donde el dolor se transmuta en placer.


“Coge tu cuchara y come,” le dice a ella. “Usted puede tenerlo todo, si quiere. Y primero, un sorbo de vino.“

jueves, 6 de febrero de 2014

Una tortura amable



Me encanta la forma que tiemblas bajo mi mano, la manera que tu cuerpo se mueve a un ritmo que no puedes controlar, cada vez que sientes mi azote.

Me encanta la manera que tu cabeza se echa hacia atrás, tus ojos se cierran y tratan desesperadamente por aferrarse a una cierta apariencia de control, mientras mi mano desciende hacia tu entrepierna.

Me encanta la forma en que gruñes, mientras hago todas esas cosas que odias, justo porque puedo.

Me encanta la forma que, a veces, tratas de detenerme, a pesar de que sabes que lo voy a hacer el doble de lo que pensabas.

Me encanta la forma en que sabes que serás castigada, pero no puedes resistirte a hurgar en lo que te haré.

Me gusta la forma que tratas de distraerme y, algunas veces, permitírtelo, porque es divertido.

Me encanta la forma que puedo torturarte, con un simple beso.

Me encanta oír esos gemidos que no puedes evitar que salgan de tus labios.

Me encanta cómo te estremeces con la mera sugerencia de lo que yo pueda hacerte, a pesar de que estoy en el lado opuesto de la habitación.

Me encanta cuando te esfuerzas tanto para provocarme y te mando sólo una sonrisa antes de golpearte tan rápidamente, que no tienes ni tiempo para pensar.

Me encanta la manera que te sientas allí y me dejas torturarte durante el tiempo que yo quiera, simplemente, porque sabes que me gusta.

Me gusta la manera en que tus ojos se iluminan anticipándote al dolor que te infligiré como recompensa por aceptar todas esas caricias mías, tortuosas y suaves, a través de tu piel.

Por encima de todo, me gusta el picor en mis manos mientras te doy el dolor que anhelas y la sensación en tu carne, cediendo bajo mis dientes, mientras te muerdo y dejo marcas frescas de mi propiedad en tu hombro.

lunes, 3 de febrero de 2014

El desconocido

Ellos lo han hablado y ella le ha asegurado que está de acuerdo. Es algo que está dispuesta a hacer por él. Ella admite que incluso podría disfrutarlo. Pero ahora, cuando el momento se acerca, ella está nerviosa. Su amante ha encontrado al hombre, lo ha investigado y lo ha declarado adecuado. Ella ha visto su foto. Pero, no es lo mismo que conocerlo.

Su amante la ha ofrecido una copa de vino para animarla y ella ha tomado un sorbo. Suena el timbre de la puerta. Su corazón lo tiene en la boca. Su amante abre la puerta y vuelve con el desconocido. Él es un poco mayor de lo que ella esperaba, no guapo, pero muy presentable. Viste bien y parece educado. Cuando le ofrece un asiento, en silencio, se siente a su lado. Su amante se sienta en el otro lado.

“Así pues, aquí está ella,” dice su amante. “¿Qué piensa usted?”

“Es muy hermosa,” dice el desconocido. Su voz es suave y agradable.

“¿Por qué no la besa?” dice su amante. “Creo que a ella le gustaría”

Ella está absolutamente segura de que es así. Pero, ¿qué opción tiene ella? El hombre se inclina sobre ella y la besa en la boca. Sus labios están calientes y secos y los presiona contra los de ella. Ésta no sabe si abrir su boca. No sabe con exactitud cuál es su papel. ¿Debería sentarse allí o ella suponía que iba a colaborar? Ella desea que discutan ahora un poco más los temas. El hombre contesta a la pregunta por ella, empujando su lengua entre sus labios. Ella lo acepta.

“¿Quiere usted que ella se quite un poco de ropa?” su amante pregunta.

El desconocido se separa de ella. “Eso sería bueno,” responde.

“Quítate la camisa,” le dice a su amante.

Ella la desabrocha despacio, se la saca por sus hombros y la pone a un lado. Ella es consciente de que el hombre está mirando a su pecho.

“Quítate el sujetador también,” dice su amante. “Él quiere ver también tus tetas.”

Sonrojándose un poco, ella desengancha el corchete, se lo quita y lo deja caer sobre su camisa.

“¿Te gustan?” Su amante pregunta al desconocido.

“Mucho.”

“Usted puede tocarlas.”

El desconocido coge con su mano el pecho más cercano a él, apretándolo suavemente. Y, luego, agarra el pezón entre el pulgar y el índice. Ella no puede mirar a ninguno de los hombres.

“Béselos, si lo desea,” su amante dice.

El desconocido se inclina y lame su pezón y luego, lo besa. Lo coge con su boca y lo succiona. Ella cierra sus ojos. Siente que su amante se apodera de su otro pecho. Siente que le pellizca su pezón muy fuerte. A ella, se le corta la respiración.

“¿Le gustaría que ella se quitara algo más?” su amante pregunta al desconocido. Éste saca su boca de su pezón. “Sí,” dice.

Su amante la coge por los hombros y tira de ella hacía él para que se ponga de espalda sobre su regazo.

“Súbete la falda para que el caballero pueda ver tus piernas.”

Ella tira de su falda hasta la mitad de sus muslos.

“Hasta arriba del todo,” dice su amante.

Sonrojándose de nuevo, se sube su falda hasta la cintura. El desconocido mira a sus bragas.

“El caballero ha venido para ver tu coño,” dice su amante. “Por lo tanto, muéstraselo.”

Mirando hacía el techo, sin mirar a nadie, ella se baja sus bragas hasta los tobillos y las echa a un lado.

“Abre las piernas para que él pueda ver bien,” dice su amante.

Ella obedece. Sabe que ahora no puede ocultar nada. El hombre la mira entre sus piernas.

“Tócalas,” le dice su amante.

El desconocido pone una mano y las acaricia, sus dedos jugando con los vellos de su pubis. Luego, introduce un dedo dentro de ella. Por alguna razón, no esperaba esto. Ella contiene el aliento. Es tan intrusivo.

“¿Está mojada?” pregunta su amante.

“Sí, lo está,” dice el hombre.

“De acuerdo,” su amante dice. “Ahora, puede follarla.”

El hombre se pone de rodillas y se baja los pantalones. Ella no mira. Oye el ruido al abrir el estuche de un preservativo. Luego, su amante se acerca y coge sus piernas con sus manos, justo por debajo de las rodillas, tirando de ellas hacia su pecho y abriéndolas de par en par, ofreciéndosela al desconocido. Él le ha dicho más de una vez que es de su propiedad y, ahora, ella siente que es así. Se la está ofreciendo a otro hombre para que haga con ella lo que quiera.

El hombre la penetra. Su amante se inclina sobre la cara de ella y le susurra, mientras el hombre la folla, palabras de aprobación y aliento. Ella se siente tan rara. Por un lado, su cuerpo está siendo usado, por otro, el vínculo con su amante está siendo tensado más fuerte que nunca.

El hombre la penetra, saca y mete su verga.

“Gracias,” dice el desconocido a ella. Es a él a quien debería agradecérselo, piensa ella. Su amante muestra al hombre la puerta y luego, regresa. Ella no se ha movido del sofá. Está intentando reconstruir sus pensamientos. Hay tantos.

Su amante la pone de pie y le coge su mano.


“Vamos, voy a bañarte,” le dice.

sábado, 1 de febrero de 2014

Una sumisa angustiada

Una lectora Anónima me ha hecho la siguiente consulta:

“Ben Alí, desde hace meses, soy una lectora asidua de su blog y, por su experiencia y sus escritos, tiene todos mis respetos. Acudo a usted para que me oriente en esta situación tan angustiosa que estoy sufriendo y en la que estoy causando tanto dolor. Soy una mujer de mediana edad, felizmente casada desde hace quince años con un hombre excepcional y al que amo con locura. “Las cincuenta sombras de Grey” despertaron todas mis inquietudes de mujer sumisa que sentía desde mi infancia y que nunca había logrado definir hasta que leí dicha trilogía.

Desde ese momento, busqué toda la literatura que trataba sobre la D/s y la devoraba en horas y horas de ávida lectura. Hace unos meses, conocí a un hombre Dominante que me cautivó por su inteligencia, cordura, experiencia y conocimiento del mundo de la D/s. Empezamos a escribirnos y comunicarnos. Lo cierto es que me sentía muy atraída por ese Dominante, hasta el punto que, aunque se lo disimulaba, mi afecto hacia él crecía  con la misma velocidad e ímpetu que mis deseos. En un momento determinado, decidimos conocernos.

El día acordado nos desplazamos a otra ciudad. Aquel día me entregué a mi Dominante. Me sometió, usó y, para mí, fueron las horas más maravillosa de mi vida. Me entregué como sumisa sin experiencia, aunque sabiendo lo que hacía, y salí convertida en sumisa. Lo más sorprendente es que descubrió mi masoquismo y me confirmó esa realidad desconocida por mí, hasta tal extremo que ha marcado un antes y un después en mi vida íntima. Desde entonces, mis sentimientos han dado un vuelco radical. Me siento su sumisa y quiero vivir sometida a Él.

El problema surge cuando mi marido descubre mi infidelidad. Después de pasar horas y horas dialogando para buscar una salida a nuestro problema de pareja, me propone que quiere ser mi Amo. De hecho, no tarda en provocar una sesión D/s. Con el fin de llevar la normalidad a la relación con mi marido, accedo. Lo que sufrí aquella noche, para mí se queda, puesto que no podía quitar a mi Dominante real de mi cabeza. Lo cierto es que el problema subsiste y no sé cómo resolverlo.

Estas frases podrían darle una idea de mi situación personal:

“Quiero a mi hombre, pero, no es mi Amo.
Amo a mi Dominante, pero no es mi hombre.”

Me siento perdida, por favor, aconséjeme.

Mi criterio sobre “Las cincuenta sombras de Grey” lo expuse no hace mucho tiempo en artículo anterior.

Hace dos años escribí un post titulado: “Sumisa de dos dominantes.” Uno de los últimos párrafos de dicho artículo decía: “…creo que la mayoría de los dominantes, finalmente, quieren comprometerse solamente con una sumisa y viceversa.” Mi experiencia personal y la de las personas de la D/s con las que he hablado de este tema, coinciden con mi criterio.

Si después de los años que llevas conviviendo con tu marido, éste no te ha mostrado ningún signo de su carácter dominante, será muy difícil que pueda cambiar y, además, impulsado por las circunstancias que me comentas, reconvertirse en hombre Dominante. Otro inconveniente importante, es la definición de los roles – marido y esposa - que tenéis asumidos desde que os conocisteis, no son fáciles de “derribar” y reconstruir otros nuevos – dominante y sumisa. Esta definición es muy difícil de cambiar o hacerla ambivalente en la realidad de una convivencia entre pareja.

De acuerdo con mi experiencia y los casos que me han comentado, la reacción de tu marido es la típica del hombre que descubre que su mujer ha sentido la llamada de la sumisión, se ha buscado a un dominante, su marido lo descubre y, de la noche a la mañana, se “hace” dominante y obliga su esposa para que se someta como si fuera una sumisa, para demostrarle que su machismo también llega hasta la D/s. Me es muy difícil vaticinar o predecir cuál será la solución. Especialmente, está en tus manos, en tu honestidad, capacidad de diálogo y confianza  entre vosotros.

Entiendo perfectamente tu tesitura y no es fácil. Tu egoísmo es otro factor a tener en cuenta. En el sentido de que, en tu interior, querrás a los dos hombres en tu vida. Esta es una madeja muy difícil de deshilvanar. Pero, por desgracia, sólo podrás servir dignamente a uno como sumisa. En esta situación que comentamos, tiene que haber un perdedor, porque intentarás salvar, por encima de todo, a tu matrimonio. Ese perdedor es posible que sea el “otro.” Casi siempre ocurre así cuando la pareja lleva unos años de convivencia y armonía y basándome en la frase que resume la exposición de tu problema.

Desgraciadamente, no estás sola. Hay muchísimas parejas viviendo en las mismas circunstancias que tú. Con esto, no te quiero decir que sigas adelante sin resolver tu problema. Por tu bien, el del “otro” y el de tu familia, lo debes solucionar. No solo debes hablar con tu marido, sino también con tu dominante y exponerle tu situación. Como percibo que eres una mujer decidida y con voluntad de solucionar vuestro problema, sabrás exponérselos y estoy seguro que te ayudarán y comprenderán la toma de tu decisión final.

Te insisto, no olvides que en este tipo de relación que me comentas, siempre hay dos vencedores y un perdedor y siempre dejan en los tres unas heridas que no se curarán en la vida. A pesar de que te despidas diciendo:

“Gracias a Dios, cierro los ojos y voy solo allí donde yo quiero.”

Estás ante un cruce de caminos muy importante en tu vida. Sólo conoces uno, el que has recorrido con tu marido. El hipotético camino con tu dominante lo desconoces, sería nuevo y, como todo lo desconocido, tiene su riesgo. Por la angustia amorosa que te expresas, te vaticino que no irás a dónde tú quieras, sino hacia dónde tu corazón te lleve: hacia tu marido.

Al “otro,” aunque lo ames, lo guardarás y lo amarás en los silencios de tu corazón el resto de tu vida, sin poder olvidarlo. Lo mismo que él no te olvidará porque ha salido dañado de su relación contigo. Es casi seguro que no haya podido superar la competencia de otro dominante.


Mucha suerte y espero que recuperes tu felicidad.