lunes, 6 de abril de 2015

Codiciosa

Las mujeres sumisas son aptas para ser codiciosas. No creo que nunca he oído que ella se queje de haber recibido demasiados azotes, ni tampoco que nadie se acaba de morir por haber recibido interminables golpes sobre su culo. Pero, he oído a un montón de ellas lamentarse del hecho de que no consiguen los suficientes, que no han sido azotadas en una semana, en un mes o en toda una vida. O que tienen un mal concepto de los azotes o, incluso, de un mal Spanker. Por supuesto, podría visitarlas a todas de improviso y decirles que no corresponde a la sumisa decidir cuándo o cómo ella va recibir unos azotes, a ella la azotarán cuando lo necesite, etc. Yo podría decir eso, pero no creo que me estuvieran escuchando. Sus anhelos por unos azotes son demasiado profundos.
Entonces, ¿qué va a hacer una mujer si no está haciendo los suficientes méritos? En primer lugar, permítanme decir, que estoy de acuerdo con Gordon Gekko sobre esto, “la codicia es buena,” aunque sólo sea en el ámbito de la D/s. Me gusta cuando las mujeres quieren más y más. Me gusta dárselos a ellas. Pero, ¿qué debería decirle, si ella no me pertenece, si su dominante es otro hombre? Un hombre que, sean cuales sean sus indudables cualidades, esté menos comprometido en el proceso de los azotes de lo que ella está.
No sé si tengo algunos consejos prácticos. Depende de las personas implicadas. Algunas mujeres provocan. Deliberadamente, hacen cosas que no deberían con la perspectiva de un castigo. Si esto funciona para tí, eso está bien. Personalmente,  prefiero que una mujer sea buena. Muy ocasionalmente, yo podría intentar el escenario de un castigo, aunque sólo sea por diversión (“por lo tanto, el perro se come tu trabajo casero, uhmmmm…”). Pero, esto no es realmente mi estilo. Supongo que podría llegar a serlo, si conociera a una chica que realmente estuviera en este tema. Soy un Dominante muy adaptable y hay algunas cosas que por las que no puedo ser seducido. Pero, como yo digo, la ingeniería de un castigo es algo de la que tiendo a tener muy mala opinión. Es la manipulación y si hay alguna manipulación que hacer, sé quién va a estar haciéndola.
Una mujer que está tratando de provocar a su dominante para que la azote, siempre corre el riesgo de que ella termine trepando desde su condición de sumisa. No soy un purista. Me doy cuenta de la cantidad de veces que esto ocurre en cualquier relación de la D/s. Después de todo, es una calle de doble sentido. Pero, al final del día, realmente ella no quiere ser la única que esté haciendo la carrera. Ella quiere triunfar y no ser obligada.
Aún así, una cosa que nunca hace daño es la comunicación. Si necesitas más azotes, simplemente, házselo saber. Esto no es trepar. Pero, ¿qué pasa si esto no funciona? Por difícil que pueda ser, lo tienes que intentar y explicar de qué exactamente se trata de los azotes que tanto te excitan. Y cuando consigues ser azotada, no tengas miedo de hacerle saber cómo te sientes. Creo que la mayoría de los dominantes disfrutamos si tenemos una respuesta. No es suficiente azotar, al dominante le gusta saber que los azotes han conseguido el efecto deseado. Necesariamente, no quiero decir que cada mujer debería ser una llorona. Pero sufrir de una manera pasiva corre el riesgo de que él esté pensando que ello no está teniendo mucho efecto sobre usted. Si él puede ver el efecto profundo, es mucho más probable que lo vuelva a repetir.
No puedo enseñarte lo que el lenguaje corporal o los sonidos inflamarán a tu dominante. Yo sé una cosa que funciona para mí. Es cuando veo que ella está un poco miedosa, más preocupada sobre lo que ella ha conseguido por sí misma, preguntándose si esto pudiera terminar yendo demasiado lejos. Por lo general, ella se va un poco más tranquila. Eso es muy excitante para mí. No me gusta que ella acepte unos azotes con demasiada celeridad. Un ligero grado de resistencia o, al menos, vacilación, hace que mi adrenalina fluya. Pero, por supuesto, que si el dominante es un azotador reacio, en primer lugar, corres el riesgo de emitir señales equivocadas.
Estos azotes de cabriolas son un tema difícil. Se podría pensar, ¡oh! a él le gusta azotar, a ella le gusta ser azotada. Lo hace y se divierte muchísimo. Pero con el tiempo, se aprende que azotar es algo más que eso. Aun así, las cosas que realmente merecen la pena hacer, nunca son fáciles, ¿verdad?

viernes, 3 de abril de 2015

La oscuridad

Deseas la oscuridad, ¿verdad?
Mis ojos brillan en la oscuridad de la noche y, ¿te atreves a entrar en mi círculo? Buscas mi mirada y te sumerges de cabeza en el abismo conmovedor de la discordia emocional. El dolor encuentra al placer cuando seduces a mi mirada. La angustia suaviza al éxtasis cuando reclamo tus deseos más oscuros.
Ten cuidado con los deseos que anhelas, pues existe un erotismo peligroso que usurpará tu espíritu, devastará tu cuerpo y consumirá tu mente.
En mis brazos, en mis ojos, raptaré sólo la fuerza más oscura de la verdad espiritual. Soy el cuervo lobo, portador de las tormentas y el alfa de las sombras. Encuentra mis ojos y saborea mi pecado y prepárate para la consumación carnal.
Una vez que detecte el olor de la lujuria, asegúrate de comprender la oscuridad desviada que buscas en mi mundo. La luz solamente viene del interior.
Cierra los ojos.
El lobo está cerca.
La tormenta viene.
¿Puedes controlar esto?

miércoles, 1 de abril de 2015

La necesidad de disciplina

Su falda levantada se ciñe en torno a su cintura. La mano de él forrajea entre sus bragas.
“Vamos a ver qué tipo de chica eres,” le dice, introduciendo un dedo en su vagina.
“¡Oh, querida!” él dice.
Lo saca y lo limpia en la mejilla de ella. “Ya estás mojado y goteando y apenas hemos empezado.”
Ella no puede mirarle. Sus ojos están arraigados en el suelo.
“Hay una palabra para las mujeres como tú,” le dice. “Y creo que la sabes.”
“Puede ser,” dice ella.
“Ser una puta no es un delito punible. De hecho, más bien lo admiro. Incluso, he sido reconocido por complacerla. Pero las putas necesitan orientación y control. Necesitan disciplina. ¿Lo entiendes?”
“Supongo que sí,” ella dice lentamente.
“Y creo que usted sabe lo que quiero decir por disciplina.”
“Sí, tengo alguna idea.”
En su rostro, hay una mirada un poco malhumorada. Su postura expresa algo, si no resistencia, sí un poco de renuencia a ceder con demasiada facilidad.
“Inclínate sobre la silla,” le dice.
Ella duda. “¿No cree usted” ella dice, “que mi humedad no es toda de mi propio hacer? ¿Qué, tal vez, eso no sea una falta mía?”
Sin decir una palabra, la agarra por los pelos, se los retuerce, forzándola hacia abajo, sobre la silla. Ella chilla. Mientras la mantiene en su sitio, él se quita su cinturón con su otra mano. Ella conoce el ruido del deslizamiento del cuero y el tintineo de la hebilla. Tiene un nudo en su estómago. Le parece que esto va en serio.


sábado, 28 de marzo de 2015

Lo que me gusta de azotar a una mujer

Me encanta mirar a los ojos de la mujer cuando le cojo la mano. La confianza que me transmite mientras hace su camino para ponerse sobre mi regazo que la está esperando. El entorno irresistible de su cuerpo vestido allí. Me encanta el suspiro de satisfacción mientras le acaricio su pelo de seda al inclinar su cuello hacia abajo y el arco de su espalda. No puedo resistir las curvas de sus caderas a medida que se levantan, invitándome a que las acaricie y el suspiro que se escapa de sus labios.
En los movimientos suaves de una mujer, puedo sentir su anticipación plagada de expectativas de placer de un acto tan sensual como este. Me encantan las reacciones sutiles de la forma que ella vuelve la cabeza al mirar hacia atrás para verme, exponiendo la sonrisa de sus labios.
Me encanta la ráfaga de aire que ella exhala cuando comienza la intensidad y el rubor de color que aparece en sendas nalgas elevadas. Mi corazón se acelera con el sonido de mi mano contra la suavidad de su piel satinada. El calor de la palma de mi mano transciende los efectos de mi atención y sentires.
Me encanta la manera en que me exhorta para que la azote más, justo subiendo sus caderas. Me encanta la manera en que ella se relaja sobre mi regazo diciéndome que no hay sitio en el mundo en el que preferiría estar en este momento.
Me encanta la manera en que ella descansa sobre mi pecho, mientras la consuelo bajo el resplandor de las secuelas…el sabor de la sal de sus lágrimas, mientras beso sus mejillas.
Pero, de todas las cosas que más me gustan al azotar a las mujeres, es la manera que yo siento. La alegría de conectar con ella de muchas maneras físicas. La comprensión de que compartimos una conexión especial que confirma que este estilo de vida que hemos elegido, es el correcto para nosotros y que compartimos de tal manera, que nos deja a los dos saciados y sintiéndonos queridos.




jueves, 26 de marzo de 2015

El sexo

Si quieres que el sexo se convierta en amor, lo primero es fundamental aceptar el sexo como un fenómeno absolutamente natural. No le acerques la metafísica, ni le traigas la religión. El sexo no tiene nada que ver con la religión ni con la metafísica, es un simple hecho de la vida. Es la manera de cómo la vida se produce a sí misma. Es tan simple como los árboles dando flores y frutos. Usted no condena a las flores. Las flores son sexo: Es a través de las flores como los árboles envían sus semillas y sus potencialidades a otros árboles.
Cuando un pavo real baila, usted no lo condena, porque la danza es el sexo para atraer a la hembra. Cuando el cuco llama, usted no lo condena, porque es el sexo. El cuco simplemente está proclamando: “Estoy preparado.” El cuco sólo está llamando a la hembra. El sonido, el bello sonido, es justo una seducción: Es el cortejo.
Si observas la vida, te sorprenderás. Toda la vida es a través del sexo. La vida se reproduce a sí misma a través del sexo. Es un fenómeno natural, no arrastres racionalizaciones innecesarias en ello.
Esto es lo primero que debe ser comprendido, si alguna vez quieres cualquier transformación de la energía sexual. Lo primero es no negarlo, no rechazarlo. No seas demasiado ambicioso al respecto, no pienses que esto es todo. Esto no es todo. Hay mucho más en la vida. Y el sexo es bello y sigue habiendo mucho más en la vida. El sexo es la base, no es todo el templo.
Reprimido se convierte en sexualidad. Fantaseado, se convierte en sexualidad. Una de ellas es la manera que Occidente transforma el sexo en patología. La otra, es una manera oriental. Pero nadie, nadie en el Este ni el Oeste, acepta que el sexo sea un simple fenómeno natural. Ni los santos ni los pecadores. Ambos están obsesionados con ello, por lo tanto, yo digo que ambos son diferentes. El sexo aceptado, respetado y vivido se convierte en amor.

domingo, 22 de marzo de 2015

La ropa

La ropa amontonada en el suelo. Los suaves gemidos femeninos fundidos con gruñidos salvajes, mientras mis manos acarician y amasan y descubren nuevos territorios. Mi cuerpo clavado encima del suyo, las inhibiciones desapareciendo de ella mientras le quito los últimos restos de encaje que quedan en su cuerpo. Ya era toda mía. Mente, cuerpo y alma.
Gruño suavemente contra su oído, ordenándola que se abra para mí. Ella asiente, sus piernas abiertas, permitiendo que explore y saquee  la calidez y humedad que evoco en su cuerpo destinado sólo para mí. Mis dedos se hunden y acarician, llevándola cerca de su punto de ruptura. Su cara hundida en la almohada resiste y golpea contra mi mano. Menguando, surgiendo, y dolorida por la liberación. Mi calor corporal, mi susurro sin aliento contra su cuello suena lejano, incorpóreo. “Córrete para mí, cielo, córrete para mí.”
Mi nombre viola su labio al gemir. Ella quiere obedecer, necesita obedecer, pero no antes de hacerme una demanda febril. Al echar un vistazo por encima de su hombro, me gruñe: “Tus labios, necesito tus labios.”
Y mientras mi boca cae sobre la de ella, y nuestras lenguas se alancean y se baten, la catapulto hacia el abismo, y mis besos, tragándose sus gritos.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Vuelta a la escuela

Al leer algunas historias de azotes en algunos libros ingleses sobre el tema, me llamó la atención la forma en que muchos de ellos se ubican en una escuela o una institución similar. Por supuesto que he leído la suficiente literatura sobre el spanking o los azotes como para no ser sorprendido. Está claro que los recuerdos (o recuerdos imaginarios) de los días escolares siguen ejerciendo una poderosa influencia en la mente de un adulto cuando el morbo está en cuestión. Y creo que las razones no son difíciles de encontrar. En primer lugar, los azotes es inevitablemente un proceso de arriba abajo. Es decir, dudo que alguien pudiera construir un escenario muy emocionante de azotes que no dependa de una de las partes que tiene todo el poder y la autoridad. Los azotes no son realmente una actividad de igualdad de oportunidades. (Por supuesto, conozco algunas personas como los switch, pero eso no altera mi visión de que en el desempeño real, siempre hay uno que es superior y otro es inferior, incluso, si no es siempre el mismo).
Probablemente, la escuela sea la única vez en nuestras vidas para la mayoría de nosotros (excepto, por supuesto, la vida familiar temprana) cuando alguien tiene el poder físico sobre nosotros. Es verdad que algunas historias de azotes se sitúan en una oficina, en la que una chica cuyo trabajo es insatisfactorio, se le ofrece la opción de ser despedida o azotada. Sin embargo, el jefe no tiene nada parecido a la autoridad y el poder que ejerce un profesor.
Incluso aquellas chicas que son demasiado jóvenes para haber experimentado un castigo corporal en la escuela actual, pueden imaginarse a ellas mismas en tal situación, sobre todo porque hay una gran cantidad de material, tanto perverso o no, situado en un entorno de este tipo. Por otra parte, un elemento poderoso en una sesión de azotes es esa sensación de humillación experimentada por quien está recibiendo los azotes. El mero hecho de inclinarte, ya te pone en una posición inferior; tener que desnudarse parcialmente y exponer tu ropa interior (y probablemente, también descubrir tu trasero desnudo) es calculado como para despojar mucha modestia y dignidad. A esto se suman otros rituales, por ejemplo, el tener que  contar los azotes y o decir gracias y, tal vez, tener que sufrir una reprimenda primero y el tiempo del rincón después. Todo diseñado para rematar la faena. En esos momentos, quien está siendo azotada vuelve a un estado de indefensión y vulnerabilidad como niñas.
Un aspecto del despacho del director pone todas estas cosas en juego (aunque, por supuesto, no son exclusivas de ese escenario en particular). Además, los instrumentos favoritos del director son, casi seguro, una tawse de cuero o una cane, las cuales son propicias para un buen azote. Prometen que lo que va a suceder no serán unos golpecitos en el trasero, ni unos azotes simbólicos que tan a menudo se ven en Internet, que ofrecen sin dolor ni magulladuras. La tawse o la cane prometen en gran medida.
Sin embargo, me pregunto si el aura de la escuela tendría exactamente el mismo efecto si usted fuera británico. Soy lo suficientemente mayor para tener que ir a un colegio donde los castigos corporales son rutinarios (por supuesto, hoy en día, están fuera de la ley). ¿Es el caso en otros países? Tengo que decir que la experiencia no tenía connotaciones sexuales para mí en ese momento o si las había, no estaba al tanto de ellas.
Las emociones eran una mezcla de miedo y vergüenza y no el tipo de vergüenza que es la estimulación sexual. Pero, tal vez, el paso de los años han proyectado una luz un poco de color rosa (¡ejem!) sobre la memoria y lo que antes era una experiencia de terror (en la parte receptora) ahora puede ser un escenario muy excitante para un dominante el llevarlo a cabo y, es de esperar, que la colegiala traviesa esté en el extremo receptor.

domingo, 15 de marzo de 2015

Mucho más

Para mí, el objetivo de las sesiones de la D/s es romper las barreras y límites que nuestra sociedad ha establecido sobre cómo comportarse en el dormitorio. Necesito algo que me envíe a una conexión más animalista, primaria y salvaje, que esté basado en la confianza que viene con el poder y la responsabilidad. Quiero borrar las nociones civilizadas del amor y crear algo más profundo y conseguir esa conexión, ese espacio, donde no hay piel, ni capas externas, sino simplemente la emoción primaria y salvaje de la ternura de ambos y el anhelo de hacer daño y ser dañada y cuidada en el sentido más profundo. Donde mi amor no es sólo amor. Ella es mi responsabilidad y me siento honrado de ser capaz de controlar su placer e influir en su forma de pensar emocional y llevarla al lugar más seguro y hermoso nunca creado. La D/s es mucho más que ser controlada o de controlar, es una libertad que se encuentra en una aceptación mutua de las necesidades que van más allá de las palabras y los deseos, una profunda necesidad de estar tan conectados entre sí, siendo uno quien conduce y la otra, conducida, en llegar a estar tan interconectados que no se vea dónde uno empieza y la otra se detiene.

viernes, 13 de marzo de 2015

Azotando con la fusta en frío

Él cierra la puerta detrás de ellos. Esta se dirige al centro de la habitación y se vuelve con una mirada expectante.
“Esta vez va a ser diferente,” le dice a ella.
“¿Diferente? ¿Cómo?”
“¿Sabes lo que se entiende como azotar con la cane en frío?”
Ella piensa. “¿Es cuando consigues ser “caneada” sin un calentamiento previo?”
“Correcto.”
“Eso parece cruel,” ella dice. “¿Por qué quieres hacer eso?”
“Porque puedo,” él dice. “Porque así es como lo siento ahora. Sin lujos y sin concesiones. Acabamos de llegar directamente a ello.”
Ella mira aprehensiva. “¿Tengo alguna opción?”
“Usted sabe la respuesta a eso,” él dice.
Ella no está segura con lo que hace. Siempre hay una manera de salirse del problema, es verdad. Pero ella odia tomar la opción fácil. Así no es como ha llegado a donde está ahora, y a ella, le gusta donde está. Resumiendo, justo ahora, en la otra parte…
De una bolsa, que está en la cama, él saca una cane. Es de medio metro de larga, hecha de bambú, muy fina y flexible. Él la blande de lado a lado en el aire, mientras ella la mira con recelo.
¡Bájate los vaqueros,” él dice.
Durante un momento, ella duda, pero sabe que la prevaricación no va a cambiar nada. Ella baja la cremallera y empuja los vaqueros por las caderas.
“Voy a tener que atarte por esto,” le dice.
Ella teme que eso signifique que vaya a ser muy malo. De nuevo, metió la mano en la bolsa y sacó un par de esposas de acero para pulgares. Las abre y asegura los pulgares de ella cuidadosamente y de manera eficiente.
“Inclínate sobre el sillón,” le dice.
Él baja sus bragas hasta sus rodillas.
“Van a ser doce, y fuertes,” le dice.
“¿Tengo que contarlos?” ella pregunta.
“Solamente para tí. Así sabrás cuántos quedan.”
Ella se prepara y aspira profundamente. Siente que la cane acaricia ligeramente su trasero desnudo. Mientras ella espera que el primer azote detone sobre sus nalgas al aire libre, las mariposas en su estómago se están volviendo locas.


sábado, 7 de marzo de 2015

Mantenimiento

A él, le gusta asegurarse de que ella haya conseguido unos buenos azotes a fondo todas las semanas. Él preferiría que siempre fuera a la misma hora. Por ejemplo, a las seis de la tarde los viernes por la noche. Pero sus vidas no son lo suficientemente regulares para eso. Aun así, cada semana él establece una hora e informa a ella con una o dos horas de antelación. A la hora asignada, ella llama a la puerta de su estudio y espera la llamada para entrar. A él, le gusta que haya una cierta formalidad sobre los procedimientos. Un poco de ritual ayuda a dar a la ocasión más importancia. Ella tiene que caminar hacia donde él está sentado en una silla de respaldo recto, y ponerse de pie en frente de él. Las piernas ligeramente separadas, las manos detrás en su espalda y esperar a que él hable.
En este punto, le preguntará si ella tiene algo que decirle con respecto a su relación sexual. Si tiene asuntos importantes que decir, él tomará nota y hablarán de ello más tarde. Para ella, también es una oportunidad para confesar si hay algo que ella necesite reconocer. La sesión de azotes semanales no pretende ser un castigo, pero si algún grado de corrección es necesario, él lo incorporará a los procedimientos.
Los azotes empiezan con él poniéndola sobre su rodilla. La falda es levantada (los pantalones no son admitidos en estas ocasiones) y las bragas bajadas. Empieza acariciando su trasero. Nunca se cansa de admirar su forma redonda, firme, suave y su blancura tentadora. Pero su blancura no durará mucho tiempo. Empieza a azotarla con su mano, alternando de una nalga a la otra,  deteniéndose de vez en cuando para calmar el picor de su piel y sentir su calor. Después de varias pausas, él la sentirá sobre sus piernas, que siempre es una guía confiable para su estado de ánimo.
Unos azotes de mantenimiento son para que ella tenga los pies en la tierra, centrada, para que se reencuentre con la sensación de su mano firme sobre ella. Su regazo bajo ella, ofreciendo apoyo y su mano impartiendo una estimulación vigorizante a su culo, proveyéndola con la seguridad de que todo está de acuerdo con el mundo. Pueden haber otros azotes a lo largo de la semana, unos espontáneos que nacen de la necesidad de una corrección instantánea o por mera gratificación, pero los azotes regulares son un punto del que ella pueda depender, lo que la ponga en el lugar donde ella debe estar.
A veces, los azotes no irán más allá de la utilización de la mano. Pero, a menudo, hay una progresión. En el cajón de la mesa de su despacho hay una selección de implementos: un flogger, una tawse, un cinturón de cuero pesado, una fusta, una paleta de madera y un látigo de cuero trenzado. Cualquiera (o en raras ocasiones, todos) de estos puede ser empleado como medio de proporcionar refuerzo al efecto beneficioso. Si él va a administrar cualquiera de ellos, le requerirá a ella que se incline sobre la mesa de su despacho y que se agarre a los lados con las manos.
De pie, en un rincón de la habitación, hay una cane de bambú larga y fina. Cada vez que ella entra en el estudio, la mira nerviosamente, incapaz de ignorar su presencia amenazante. No es habitual que la cane se utilice en unos azotes de mantenimiento. Sus efectos son tan pronunciados y tan garantizados, como para hacerla llorar. Provocarle una crisis emocional no es el objeto de este ejercicio. Al mismo tiempo, es duro para ella mantener sus ojos apartados de él, mientras se inclina sobre sus rodillas o sobre la mesa del despacho. Y ha habido una o dos ocasiones en las que la cane ha entrado en juego. Ocasiones que ella puede recordar muy bien, cuando a él le pareció que ella se llevara a su casa la lección que él siempre había deseado enseñarle, que es su autoridad suprema.

miércoles, 4 de marzo de 2015

"Echado a perder"

Hay una práctica que parece generalizada entre las Dóminas y los hombres que son sumisos a ellas, generalmente conocida como “el orgasmo echado a perder.” Ella manipula su pene hasta el punto donde él está desesperado por correrse. Ella puede hacerle una felación, pero generalmente, lo que hace es masturbarle sobre todo con la mano, para que ella pueda observar de cerca su rostro y también, cómo no, su polla. Ella quiere llevarlo hasta el punto en el que el orgasmo sea inminente. Entonces, justo en el momento que cree que ha llegado al punto de no retorno, ella se detiene, dejándole en el limbo sexual.
Cuando él se ha retirado un poco de la orilla, valga la expresión, ella reanudará una vez más el proceso, induciéndolo a un estado cercano a la eyaculación. De nuevo, esto le volverá a defraudar. Ella disfruta oyendo sus gemidos de frustración, sintiendo los espasmos de su polla entre sus dedos. Hablando estrictamente, (¿y existe otra manera cuando se trata de la D/s?) en absoluto, no es un orgasmo echado a perder. Pero, si ella es muy hábil, puede permitirle que unas pequeñas gotas de semen goteen debajo de su pene antes de que la estimulación cese otra vez; él sabe que pase lo que pase, toda la carga no se llegará a liberar. ¿O hay otras maneras de inhibir el orgasmo, bloqueando la salida con el dedo pulgar o distrayéndole en el último momento con una especie de shock, como con cubitos de hielo o con una fuerte bofetada?
Esta actividad de la excitación constante y rechazada puede proseguir durante mucho tiempo, hasta que ella se canse del juego. Al final del ejercicio, el sumiso revierte a su estado predeterminado bajo un control estricto del orgasmo o, incluso, con una negación total. Ella disfrutando y demostrando su total control de él; su placer está en la sumisión al poder de ella y, perversamente, sentir la satisfacción de su deleite en el desconcierto de él.
Mi pregunta es, ¿puede imaginarse una reversión, en la que una mujer sumisa es atormentada con el orgasmo que cuelga delante de ella, pero que nunca va a tener a su alcance? Creo que para esto, me gustaría atarla desnuda con las manos en su espalda; puesto que usted no querrá que ella intente ayudarse de alguna manera. Yo podría empezar con un poco de cunnilingus, para conseguir que sus jugos fluyeran. Entonces, tal vez, un poco de lubricante para hacer que su coño estuviera resbaladizo cuando le introdujera mis dedos en ella.
Trabajaría sobre su clítoris muy despacio, mucho más lento de lo que ella desea. Después de todo, es una tomadura de pelo. Pudiera ser agradable encontrar su punto G con mis dedos, mientras lamo su clítoris. Pero, la mayoría de las veces me gustaría estar prestando atención a su cara y observando el lenguaje de su cuerpo. Necesito saber cuándo ella está cerca. Por supuesto, que he dejado claro de antemano que ella no va a correrse sin mi permiso. Ella está todavía bajo la ilusión que si lo pide lo suficientemente bien, lo permitiré. (Esta decepción solamente funciona la primera vez) la llevo tan cerca como me atreva sin desencadenar una reacción imparable, y si puedo, me gustaría tenerla a punto, en el mismo límite. Mi dedo todavía tocando su clítoris, pero no moviéndolo, mientras que ella está suspendida entre correrse y no correrse.
Tendríamos que descansar un poco y empezar de nuevo. Hay algunas mujeres, que conozco, que pueden llegar a correrse sin tocarse (aunque, en realidad, nunca me he encontrado a ninguna). Pero, recuerda, el correrse le ha sido prohibido bajo pena de algo tan extremadamente severo que sería mejor no pensar sobre ello. Por lo tanto, si ella es el tipo de mujer que puede conseguirlo por sí misma, incluso una vez que la masturbación se ha detenido, sería mejor que lo pensara de nuevo y no hacerlo.
Después de hacer esto durante mucho, mucho tiempo, ella no sería la única desesperada por un orgasmo. Así que, tal vez, yo sólo tendría que mirar a mi reloj para hacerlo y la permitiría ver mi placer en erupción y chorreando sobre su vientre. Y entonces, la dejaría atada, mi semen secado en su piel, mientras yo me tomo una cerveza. Ser un buen tipo, no significa en lo más mínimo que, probablemente, la permitiera dar un sorbo.

domingo, 1 de marzo de 2015

Una fuente de interminable fascinación

“Quítate la falda,” le dice.
Ella no está preparada para esto, pues ya se había corrido antes y esperaba que la sacara a cenar. No obstante, ella obedece y, de todos modos, lo hace.
“Ahora, tus bragas.”
Ella las deja caer al suelo.
“Ven y siéntate frente a mí en el sofá,” él dice, acariciando el asiento. “Gírate hacia mí con las rodillas dobladas y las piernas abiertas.”
Ella lo hace, no sin una cierta timidez. Él se queda mirando su expuesta entrepierna.
“Te sientes incómoda, ¿verdad?” le pregunta.
Ella asiente con la cabeza.
“¿Por qué es eso?, me pregunto.” Él reflexiona. “Ya se lo he visto todo antes.”
De alguna manera, no parece que conseguirlo sea más fácil.
“Es porque no estás segura de tu coño, ¿verdad? No estás segura de que te guste. Tampoco estás segura de que me guste.”
Ella no puede mirarle. Sólo siente que está ruborizada.
“Pero, en gran medida, me gusta mucho,” le dice.
“Usted no cree,” ella dice, encontrando por fin su voz, “que podría ser un poco menos…”
“No,” él dice. “Es perfecto.”
Ella absorbe esto, tratando de creerle, no por primera vez.
“Para mí, es una fuente de interminable fascinación,” él dice. “Y una cosa de la belleza.” Se acerca y la acaricia un momento.
“Sé que te gusta tocártelo,” le dice. “Tócatelo.”
Ella pone su mano allí. Lo nota muy suave.
“¿Cuándo te masturbaste por primera vez?” le pregunta.
Ella empieza a ruborizarse de nuevo. Sabe que él esperará hasta que ella conteste.
“Esta mañana,” le responde.
“¿Mientras estabas tranquila en la cama?”
Ella asiente con la cabeza.
“¿Con tu mano?”
Ella asiente de nuevo.
“Demuéstramelo,” le dice. “Demuéstrame cómo lo hiciste.”
“No sé si puedo hacer eso,” ella piensa.
“Quiero verlo,” le ordena.
Ella sabe que no puede ganar y empieza a tocarse adrede ella misma. Sus dedos deslizándose sobre sus labios, tanteando, explorando e introduciéndolos hacia su interior. Ella cierra sus ojos para concentrarse, pero también porque no quiere ver cómo la observa.
“Muéstrame tu clítoris,” le dice. “Echa hacia atrás los labios y enséñamelo.”
Lo hace y puede sentir los ojos de él encima de ella.
“Parece un poco hinchado,” él dice. “Mímalo.”
Ella frota su dedo contra su clítoris, de la manera que a ella le gusta.
“Sigue tocándote y díme lo que piensas mientras lo haces,” le dice.
Le cuesta trabajo hablar. Ella tiene que esforzarse para que salgan las palabras. “Hay hombres, montones de hombres.”
“¿Follándote?”
“Todo. Todos encima de mí. Abusando de mí.”
“¿Eran brutos?”
“Un poco. Un poco.”
“¿Te cogieron el culo?”
“Sí.”
“¿Y tu boca?”
“Sí.”
“¿Se corrieron en ti?”
“Sí, muchos de ellos.”
“¿Te mancharon con su semen?”
“Sí,” ella dice susurrando.
“Córrete ahora,” le dice, “tan pronto como puedas.”
Cuando se ha acabado, le dice que se vista. Ahora, ella se siente ahora más audaz. “¿No vas a follar conmigo?” Ella pregunta.
“Después de la cena.”
“¿Promesa?”
Él la besa. “Puedes contar con ello.”

miércoles, 25 de febrero de 2015

Un toque suave

Hace mucho tiempo, en mis días de juventud, cuando yo era muy verde opinando, conocí a una chica. Ella era genial, el sexo era grande, pero yo no sabía entonces lo que sé ahora. Esto era en los días anteriores a que Internet llegara a ser la cornucopia de la información y estimulación (y, sí, también la desinformación) que es ahora. No había muchas maneras de averiguar sobre el mundo de la perversión y, aunque me interesaba de manera general y teórica, no tenía experiencia en ello.
Ella era una chica inteligente y sentía mi mezcla de interés e ignorancia. Una noche, junto a su cama, ví un libro. Fue “La reivindicación de la Bella Durmiente,” por A. N. Roquelaure. Empecé a leerlo. Si usted no lo sabe, es un cuento de la D/s, una serie situada en una especie de tierra medieval del nunca jamás y trata sobre una chica joven que es secuestrada y sometida a diversas vejaciones por una sucesión de hombres libidinosos. No es una historia tan dura como “La historia d’O,” pero se dice que es ingeniosa y que le interesaría a cualquier persona con predilección por los azotes.
Le pregunté a mi amiga si ésta era el tipo de cosas que le gustaba. Ella era más bien tímida o, tal vez, no lo era. Tal vez, era yo quien era lento en asimilarlo. Recuerdo que le pregunté si se identificaba con quienes los rechazaban o lo asumían. Creo que ella pensó que, más bien, era una pregunta tonta. Por fin, al darse cuenta de que yo lo necesitaba, ante mi ingenuidad, ella me dijo en la mitad de la noche: “Azótame.”
Ahí es donde empezó todo. Supongo que el tema de esta pequeña historia es que yo tenía instintos hacia la dominación, pero, al no comprenderlo, y no tener seguridad de que en caso de que los manifestara, no serían bien recibidos. Realmente, no me imaginaba que existieran chicas que en aquella época quisieran ser azotadas y que yo tuviera ya una licencia para hacerlo, si me sentía tan atraído. Así pues, tuve que ser introducido a este mundillo por una chica que me comprendía mejor de lo que yo mismo me comprendía. Huelga decir que siempre he sido agradecido por eso.
Y así, querido lectora, si tienes un hombre que crees que pueda tener algo de dominante en él, puedes ser capaz de sacárselo poniendo alguna lectura de este tipo en su camino. Sé que es difícil sentarle y decirle cara a cara exactamente lo que quieres que haga por tí. Entre otras cosas, porque si se presenta como algo que deseas, en lugar de algo que él quiere para sí mismo, no va a funcionar muy bien. La mujer sumisa quiere ser cogida, controlada y “forzada.” Ella no quiere ser obligada. Pero si dejas algo en su camino, algo que ponga ideas en su cabeza, él puede querer azotarte por sí mismo.
No puedo garantizarte que esto funcione. Como he dicho muchas  veces, si él no tiene una gota de dominante en su cabeza, tú no puedes ponérsela. Pero, puede ser que la fuente esté a la espera de ser explotada.


domingo, 22 de febrero de 2015

Una mujer sumisa

Una mujer sumisa es muy atractiva. Pero una mujer sumisa fuerte, potente y segura, es puro sexo para caminar. Sumisa, sí, felpudo, no. Una mujer inteligente, fuerte y poderosa tiene opiniones propias, sus propios puntos de vista y puede valerse por sí misma, sabe lo que ella quiere en la vida y, en un momento dado, aparecerá en este mundo de nosotros y conseguirla, es pura lujuria.
¿Necesita un hombre que sea más fuerte que ella? Compruébalo. ¿Necesita que él sea de una integridad excepcional y con valores humanos muy elevados? Un trozo de tarta. ¿Ella exige un compromiso pleno y sin reservas de él? Dálo por hecho. ¿Ella necesita estructura, unos límites, rendición de cuentas, una valla a su alrededor? Me voy a echar una siesta. ¿Ella necesita amor, cuidarla, dedicación, atención, adoración y ser tratada como el tesoro que es? Despiértame cuando hayas terminado.
Una buena mujer sumisa pide muy poco por la enormidad de lo que ella da a cambio. En honor a la verdad, es lo mejor que un hombre puede tener en esta vida.
Cógela por los pelos. “Las tonterías se terminan ahora, cariño.” Abofetea su cara. “Ahora, estás conmigo.”
Dios debió estar de muy buen humor el día que decidió crear a las mujeres sumisas.

jueves, 19 de febrero de 2015

Online

A menudo, ambos chatean, hablan durante horas sobre todo lo que existe bajo el sol, aunque mucho de ello es sexual. Algunas veces, es con la webcam; a él le encanta ver su cara bonita. Con frecuencia, ella está en un lugar público. Por lo tanto, sus palabras, dichas en voz baja, pueden ser sugerentes, incluso, lascivas. Su actitud es modesta. Por lo menos superficialmente, porque él tiene una regla: “Cada vez que aparezcas en la cámara ante mí,” él dijo, “no podrás contar con tus bragas y, a menudo, te exigiré una prueba.” Tímidamente, ella las sostiene para que él pueda verlas arrugadas en su mano para que nadie más pueda verlas.
Sin embargo, a veces, ella se las arregla para encontrar un lugar privado. Ella siempre se pone nerviosa cuando esto sucede. ¿A qué va a obligarla a hacer? Sea lo que sea, ella sabe que no tiene opción, puesto que ha renunciado a su libertad de rechazar. Pero, algunas veces, ella desea volver a tener esa opción. Es vergonzoso tener que mostrarle cosas, a tener que levantarse su falda o quitarse la parte superior. Ella nunca puede estar del todo convencida de que por ahí en el ciberespacio, alguien está espiándoles. E incluso, si es que él la esté mirando, las chicas buenas no hacen las cosas que ella hace. Excepto, que él no siempre tiene que querer que ella las haga. Algunas veces, él está contento de sentarse y hablar. Después, ella nunca está segura si está aliviada o decepcionada.
De vez en cuando, aunque no muy a menudo, ella recuerda bien esos tiempos, es muy consciente del poder que una mujer sumisa tiene. Ella tiene algo que el hombre desea. Él quiere mucho y ella lo sabe. Y por lo tanto, va a ser coqueta, va a seguirle con lo que él quiere que haga, pero muy despacio. Flirteando con la idea de que ella incluso pudiera decir que no, sólo por una vez, para ver lo que pasa. (La idea la asusta hasta casi para morirse).
Y una mañana, ella se siente tan fuerte y segura que quería que la viera, pero en sus términos. Ella se llevó su portátil al cuarto de baño y se desnudó delante del mismo. Luego, dio un paseo por la ducha. Ella se lavó cuidadosamente, se enjabonó los pechos, su vientre, entre sus piernas y girándose para lavarse su culo. Ella no miró a la cámara ni una vez, ni siquiera hubo una sonrisa provocativa. Fue como si yo estuviera haciendo una cosa ordinaria. Usted puede mirar, pero no estoy haciendo esto por usted, sólo para mí. Aunque, por supuesto, ella sabía exactamente lo que estaba haciendo y qué efecto tenía sobre él.
Cuando ella salió y se secó, echó una mirada a la cámara y apagó el ordenador. ¿Él la hace pagar por ello? ¿Qué pasó? Ni insolencia ni desafío, solo una breve declaración del hecho de que ella existe independientemente de él. Cualquier cosa que ella elija y que él la permite que haga.

domingo, 15 de febrero de 2015

Mía

Mi mano sobre tu pecho, firme y suave. Siento que se acelera. Te excito de una manera que apenas has soñado. Rozo mi mano por tu pezón erecto. Un jadeo sensual se escapa forzado por entre tus labios de rubíes rojos. Mi caricia te provoca una excitación contra la que no puedes luchar. No lo intentes. Eres mía.
Bromearé sobre tu carne con mis caricias, degustarás los delicados papirotazos de mi lengua, despertaré tus deseos con mis palabras y deleitaré tus sentidos, mientras mi voz dora tu espíritu. Pelando tus capas, desentraño el caos hermoso de tu alma, mientras descubro tu cuerpo desnudo y suave de una manera lenta, deliberada y sensual.
Ves mi palpitante deseo, pero no puedes tocarlo. Cuando digo cómo te lo permito, ni más ni menos, te rodeo.
Tirando de tus pelos con fuerza tempestuosa, tu humedad se desborda con anticipación. Tú me quieres. Quieres esto. No te negaré la verdad por más tiempo. Déjate llevar por mis pasiones más oscuras y revela tus secretos. Pellizcaré tus pezones, empuñaré tus pelos, mientras hago lo que deseo. Ríndete a mi hambre carnal, te lo exijo esta noche. Eres mía.
Tus labios húmedos con temblorosa intoxicación. Tu anhelo por liberarte, rogando mi permiso. Te llevaré al borde del acantilado del olvido, para excitar tu emoción y deseo. Entonces, te entraré con poder dominante hasta que la única realidad que sepas, sea la que te permito. Finalmente, comprenderás la libertad del control.
Al dejar tu brillante cuerpo, desnudo y acostado y sin aliento ante mí. Sin apenas ser capaz de pronunciar mi nombre, tu voz ronca de tanto gritar. Mi gusto persistirá en tu lengua durante mucho tiempo después de que te vayas a dormir. Conocerás un hambre que nunca has conocido, un anhelo que alimenta tu necesidad de abrazar, una vez más, la oscuridad desviada del cáliz de mi lujuria. En el momento que sientas tu creciente sed carnal, te darás cuenta de ello. Eres mía.
Una vez que hayas probado mi placer perverso, todo lo demás te dejará sin sentido. Sólo existe el sabor que tú deseas: El mío.
Te dolerán mis caricias, mi sabor y mis palabras. Sumérgete en mi fantasma erótico, pues ya, nunca volverás a ser la misma.


viernes, 13 de febrero de 2015

¿Tiene que ser tan fuerte?

Él desapalanca la hebilla de su cinturón, se desabrocha el botón superior de sus pantalones y desliza hacia abajo la cremallera. Hurgando en su interior, él la saca. La acuna en su mano y, luego, la acaricia con suavidad. Ella observa que se hincha. Lentamente, retira la piel de su prepucio para mostrar el bulbo de color rojo púrpura brillante. Ella lo mira con avidez.
“Sé lo que quieres,” él dice.
Ella asiente con la cabeza.
“Pero, de todos modos, dímelo.”
Ella duda. ¿Debe ella decírselo?
“O de lo contrario, te alejaré,” le dice.
“La quiero en mi boca,” ella dice.
“Eso no va a pasar,” él dice, sin dejar de acariciarla. Ahora, tiene el tamaño completo. “Por lo menos, no todavía.”
Ella emite un leve gemido.
“Sólo las mujeres buenas llegan a chupar la polla,” dice. “Primero, tengo que hacerte una buena chica.”
Ella puede prever hacia dónde está yendo esto. Por lo tanto, cuando la pregunta si ella sabe cómo se hacen buenas a las mujeres, tiene ya la respuesta preparada.
“Ellas son azotadas,” ella dice en voz baja.
“¿Estás preparada para eso?”
Ella asiente con la cabeza.
“Entonces, ¿sabes lo que tienes que hacer?”
Sin dejar de mirar a su polla, ella mete sus manos por debajo de su falda y se baja las bragas. Ella se revuelve en el sofá, las bragas alrededor de sus rodillas y se inclina hacia abajo, su falda levantada hasta su cintura. Ella oye el cinturón deslizándose fuera de sus pantalones. Oye el tintineo de la hebilla mientras él lo dobla.
“Yo puedo ser buena sin esto,” ella piensa. Pero tal vez, no pueda ser tan buena por mi cuenta, mientras que él puede hacerme. A medida que ella se prepara para el primero, el picor del azote, ella imagina su polla aún sobresaliendo rígida. “Valdrá la pena,” piensa ella. Luego el cinturón la golpea.
“Por Dios,” ella dice.
¿Tiene que ser tan fuerte? Ella sería buena con mucho menos que eso. El segundo golpe parece como si la cortara. Ella junta sus manos detrás para protegerse. El cinturón la azota de nuevo a través de su trasero. Ella jadea y salta de un pie al otro. Él pone su mano en la parte baja de su espalda para inmovilizarla, luego, la azota otra vez.
Una vez que él ha terminado, ella tiene todo el dolor que puede absorber, y también el placer. Pero justo ahora, él quiere realmente que le duela y quiere que ella sepa que eso es lo que él quiere. Él decidirá justo cuán buena chica quiere hacerla y decide cuándo ella es lo suficiente buena. Y hasta ese momento, el cinturón continuará haciendo su trabajo, despiadado, implacable y sin parar. Ella lo sabe y él sabe que ella lo sabe.

domingo, 8 de febrero de 2015

Sobre la tentación

No es ningún secreto que me encantan las mujeres inteligentes, bellas y con talento que constantemente llevan el control en sus horas de trabajo y vida normal. Cuando acepto a una mujer de este tipo para una relación D/s, hago todo lo posible para imponer respeto, protocolo y ritual en el camino que tenemos por delante. Después de muchas y sinceras discusiones y exploraciones, descubro sus deseos, necesidades, esperanzas, miedos, apetitos y consigo un buen conocimiento de por dónde ella necesita ir. Una vez que tengo esta visión interior de ella, actúo con convicción.
Una vez, le hice una sencilla pregunta a una sumisa particularmente hermosa cuando empezábamos nuestro viaje.
“¿Qué te apetece?”
Ella contestó sin vacilar:
“Me apetece que me cojas y me saques de aquí. Me lleves a un lugar donde estar bajo control, el poder y el tomar decisiones ya no sea una opción para mí. Hay libertad en eso y eso es lo que yo quiero de usted.”
Empezamos nuestro camino y pronto la introduje en mi exigencia de no tocarse sin permiso. Esta misma chica, que ansiaba abandonar el poder y el control, retrocedió y me respondió dijo bruscamente:
“¿Qué?”
Yo sonreí y le expliqué cómo ahora su placer procedía de mí, al igual que sus orgasmos. Ella protestó, diciendo que sería imposible para ella cumplirlo, pues su propio placer era una parte muy importante de ella.
Sonreí de nuevo y le conté cómo ella había caído en una vida solitaria de auto placer y le describí cómo eso se había convertido en un acto mecánico. Le dije que conocía el camino más eficiente para llevarla al climax, sentir como si hubiera llegado al borde. Su silencio era mi reconocimiento.
Me imploró que cediera y le permitiera algunas libertades. Me reivindicó que el tocarse era como un acto reflejo en los momentos de deseo, mientras yacía en la cama o duchándose. Me habló de su alta libido y su insaciable apetito  sexual. Yo escuchaba con atención cada punto cuidadosamente articulado y le dije:
“No te puedes tocar sin permiso.”
Mujeres como ésta no están acostumbradas a que le digan “no.” Con su belleza, ella podía tener a cualquier hombre que deseara. No había duda de que ella había hecho una mini carrera atrapando a los hombres alrededor de su dedo meñique. Me preguntó por qué yo estaba siendo tan cruel con cada parte de su encanto persuasivo que podía reunir.
Le respondí con sencillez:
“Usted necesita dejarse llevar con el fin de apreciar por completo la satisfacción con mi mano. Cada vez que usted se abstiene, aumentará su deseo por el placer que yo le doy. Si lo hace, experimentará conmigo unos orgasmos muy intensos, siempre que yo le permita que se toque u orgasme para mí. No hay alternativa, usted respetará mis deseos y conseguirá que me sienta orgulloso de su sacrificio.”
Ella replicó:
“¿Cómo sabe usted que puedo hacer esto? ¿Cómo sabe usted que no voy a darme placer cuando usted no esté aquí y yo no se lo diga?”
Y le contesté:
“Sencillamente, lo sé porque se lo he requerido. Yo te elegí. Confío en usted y sé que usted cumplirá.”
Ella se quedó en silencio, como un francotirador que acaba de quedarse sin munición.  No hablamos más del tema. Y nuestra relación floreció creciendo más rica y profunda con cada día que pasaba.
Una noche, después de que ella se hubiera corrido cuatro veces en el lapsus de dos minutos con escalofrío, temblores y gritos desgarradores, la acogí contra mi pecho. Escuché cómo su respiración disminuía, sentí los golpes de su pecho volviendo a la normalidad y le susurré al oído.
“¿Te acuerdas cuando te pregunté por qué tenías que resistir la tentación?”
Ella sonrió, se acurrucó más profundamente en mi pecho, y dijo:
“Sí, me acuerdo. Nunca he sentido un placer tan increíble como el que he sentido a su lado, para usted, sólo para usted.”
“Me encanta esta danza,” le contesté.