Eres peculiar,
contundente y cándida. Algunas veces, tus días son demasiado oscuros y tus
noches, a veces, son demasiado largas. A menudo, viajas sobre tus propias
inseguridades. Requieres atención, tiempo de pasión y deseo de ser deseada. Usas
la música para hablar cuando las palabras te fallan, a pesar de, que las palabras son tan
importantes para tí como el aire que respiras. Te encanta que lo haga dureza y
con todo lo que tienes e, incluso, con tus propios defectos. Eres digna de ser
amada.
La exploración erótica de una relación Dominante/sumisa desde la perspectiva de un dominante
sábado, 25 de abril de 2015
viernes, 24 de abril de 2015
Acto de exhibicionismo
Aquí hay
una paradoja. Todavía no la he visto desnuda en sus propias carnes, pero sé que
cuando lo tenga que hacer, no voy a tener problemas para que se quite sus
ropas. Cuando chateamos online, ella es tímida y reacia a mostrarme algo de su
cuerpo. Debería ser al revés, ¿no? Cuando la veo por la pantalla del ordenador,
ella está a medio mundo de distancia. Puedo verla, pero no tocarla. Ella no se
expone a ningún peligro de que al quitarse algunas prendas, la vayan a llevar a
alguna parte donde ella no quiera ir.
Creo
que la mayoría de las mujeres tienen un lado exhibicionista. Saben lo mucho que
a los hombres les gustan mirar y conocen y disfrutan de la cantidad de poder
que esto les da. Incluso las mujeres sumisas pueden sentirse de esta manera. A ellas,
les gustan bromear, les gustan excitar. Y sin embargo, ella es tímida, casi
virginal en la forma que se sonroja y ríe nerviosamente y se aleja si aleja si
hay sólo una pizca de que yo pudiera pedirla que me mostrara algo. Tal vez,
haya montones de mujeres sumisas que no son de esta manera. Tal vez, esperan
impacientemente a que su dominante les vaya a hacer cosas malas. Y tal vez, en
el fondo, en un lugar de su mente no accesible para mí, ella es la misma. Pero,
no es obvio. Todavía, no.
No digo
que en la carne no exista también la timidez. Creo que ella no es alguien que
alardee de sí misma. Pues sabría que yo intentaría follarla y que no habría un
punto interminable en retrasar que se mostrara por sí misma. Ya que, en la
pantalla del ordenador, no hay un resultado final. Solamente existe el baile.
¿Estaría
ella vacilando en la pantalla porque teme que yo no pueda estar solo buscando,
sino grabando y guardando imágenes de ella sin saber para qué fin? Creo que
ella confía en mí, que yo nunca haría mal uso de cualquier imagen que yo
tuviera. Por lo tanto, no creo que esa sea la razón.
Creo que
parte de esto es vanidad. No es tanto que yo pueda verla. Es que ella puede
verse a sí misma en ese pequeño marco cuadrado de la pantalla que te dan en el
chat. Ahora bien, es admitido de una manera general, que las mujeres proclives
a la vanidad. Se preocupan por cómo las ven los demás, a otras mujeres y a los
hombres. Ellas quieren parecer lo mejor posible.
Si usted
está presente físicamente con un hombre, ciertamente, espero que le guste lo
que ve. Pero, la inmediatez y la excitación de la situación son aptas para
superar sus pensamientos híper críticos sobre su apariencia y, de todos modos,
no puedes verte a tú mismo (a menos te avisen de un vistazo en el espejo, lo
cual es bien sabido).
Mientras
que en online, existe esa foto tuya todo el tiempo. ¿Está manchado tu
maquillaje? ¿Es tu peinado el más adecuado? Seguramente, ese no esté mostrando
las raíces. Esa luz favorece tan poco a la sombra de tu nariz. Sin duda, ¿tus
ojos son un azul más intenso en la vida real? Entonces, si no fueras a quitarte
algo, ¿cuánto más crítica sería usted con su apariencia? ¿Le gusta mis tetas?
¿Son demasiado grandes? ¿Demasiadas pequeñas? ¿No tienen del todo la forma
correcta? ¿No son tan firmes como deberían ser? ¿Cómo solían ser? Etc.
Lo cierto
es – lo sé – y creo que ella sabe demasiado y que, con el tiempo, tendré mis
maneras o mi estilo. Eventualmente, el último vestigio de la modestia será
desnudado. De lo que tarde en llegar, es una cuestión de tiempo. Soy muy
paciente. Y es porque no quiero que ella haga las cosas bajo presión. No quiero
que ella se exhiba siempre porque ella pueda pensar que me decepcionará si no
lo hace o porque tenga miedo de que me enfade por su timidez. Sin importar el
tiempo que haga falta, quiero llevarla al punto cuando ella esté preparada para
ofrecerse por sí misma. Cuando ella quiera complacerme tanto que hará cualquier
cosa que yo le pida.
Incluso
más que eso. Quiero que ella desee que yo la vea desnuda. Quiero que lo anhele.
Quiero que ella desee ofrecerse online, que sea tan impaciente de modo que yo
le pida cosas y que me lo enseñe todo, que no haga nada mientras la miro. El mayor
placer para mí, no está en verla. Está en saber que ella quiere que yo la mire.
A pesar de todos sus instintos hacia la modestia, saber que quiere que yo me
entregue a ella. Y entonces, habrá un placer exquisito extra para mí. Cuando
oiga su petición:
“¿Por
favor, señor, puedo desnudarme para usted?”
Tal vez,
le responderé:
“Ahora,
no, chica. Tal vez, más tarde.”
martes, 21 de abril de 2015
La seducción de la inocencia
Era
una noche cálida y suave. Pesada por el aroma de los jazmines y las orquídeas.
La brisa fresca revoloteaba sobre su piel desnuda, acariciándola suavemente. Un
escalofrío de sensación recorrió su cuerpo y, “¡ojalá! hubiera pensado en
llevarme un chal,” pensó ella.
Pero,
no. Él la había dicho cómo deseaba esta ocasión trascendental. La camiseta sin
mangas del vestido de seda blanco abrazaba suavemente su pecho, levantándolo y
empujándolo hacia fuera. Tal como la había dicho. Sin sujetador, sus pezones
estaban duros por el roce de la seda suave, haciéndola sentirse muy consciente
de sí misma y estar al corriente.
Los ligueros blanco, de encaje, sosteniendo las medias blancas la hacía
incómodamente consciente de su estado sin bragas y podía sentir cómo se
humedecía con la simple excitación de pensar en él.
Las
sandalias de tacón alto resonaban en las escaleras de piedra que la llevaban a
la alcoba aislada de la terraza, donde ella se había citado con él. Cuanto más
se acercaba, más preocupada se sentía.
Su respiración se aceleraba bombeando sangre con adrenalina.
Pero
esta noche, ella se iba a encontrar con él por primera vez. Aceptado, habían
pasado mucho tiempo intentando conocerse el uno al otro a través de incontables
horas de comunicación por teléfono y mail. Pero esta noche, la fantasía se iba
a hacer realidad. Mientras ella se acercaba a la terraza, de pronto, sintió el
impulso de salir corriendo, asustada. Sus miedos y sus propias dudas inundaron
su mente. “¿Y si él no me encuentra agradable y atractiva? ¿Y si no aparece?”
pensaba ella.
Admonitoriamente,
recordó que éste hombre no era aquel a quien ella había amado durante toda su
vida. Prometiéndole no sólo su cuerpo, sino también su corazón y su alma. Este
hombre era aquel con el ella había descubierto todo y no sólo se había
comprometido, sino que aceptó a la niña interior que había dentro de ella. En
el borde de la sexualidad y la feminidad y aún, en el borde de la inocencia.
Atrapada por los miedos y las dudas.
Se
acercó a la mesa y él se levantó para recibirla. Incapaz de mirarle a los ojos,
ella bajó la mirada y balbuceó suavemente:
“Hola,
señor.”
Él
cogió con amabilidad su barbilla con una mano, levantó su cara y con
delicadeza, le ordenó:
“Mírame.”
Al
levantar ella sus ojos, se sintió hipnotizada, perdida en todo lo que había
leído en su mirada profunda e hipnótica.
Y
aunque, ella sabía que él había encargado la comida para los dos, no recordaba
el haberla compartido con él. De repente, se encontró en sus brazos, sus
cuerpos meciéndose en una música que sólo sus corazones podía oír. Mientras
ella le miraba tímidamente, la besó con suavidad. Plumas, ternuras, besos de
mariposas. Arrancando un suspiro de entrega de todo su ser.
La
comprensión, saber que ella, de hecho, sólo tenía que entregarse por completo a
él, éste profundizó los besos. Moviéndose por su propia voluntad, sus brazos
alrededor del cuello de él y las manos ligeramente detrás de su cabello. Las
pasiones ocultas comenzaron a emerger y se podía oler el aroma almizclado de la
excitación de ella en el aire.
Gimiendo
suavemente, ella se arqueó hacia él, necesitándole más cerca. De repente, y de
algún modo, su vestido era un charco de seda a sus pies. Los labios de él bajaron
por su cuello, succionando, lamiendo, mordiendo y provocando jadeos suaves de
pasión en los labios de ella. Cuando él cogió primero un pezón y luego el otro,
duro y dolorido con su boca, ella empezó a gemir de placer.
La
mano de él encontró el punto interior de ella que estaba palpitando por la
pasión y el deseo…
Con
sus débiles piernas convertidas en gelatina, ella se encontró agarrándose para
apoyarse.
De
repente, él la giró, la inclinó sobre el balcón y la entró desde atrás.
El
cuerpo de ella convertido en fuego, empezó a arquearse hacia él, aceptándole y
abriéndose a él por completo. Ahora, era suya.
Cuando
la ordenó que se corriera para él, su cuerpo, sacudido por los espasmos y
lavando uno sobre otros en las ondas, sus lágrimas empezaron a correr por sus
mejillas.
“¿Por
qué estás llorando?” la preguntó con amabilidad.
Incapaz
de pronunciar una palabra, ella movía su cabeza. Cobijándola entre sus brazos,
la estuvo confortando y consolándola. Y, mientras lo hacía, ella supo que había
llegado a la casa que tanto había deseado en su vida.
domingo, 19 de abril de 2015
Amable
“Esto te va a doler un poco,” le dice a ella. “Tal vez, algo más que
un poco.”
Hay un aliento brusco y profundo. “Voy a hacerlo de nuevo,” él dice.
Esta vez, ella gime.
“Pobre chica,” dice. Él lo hace otra vez. “Duele. Sé que duele. Pero
es bueno para tí.” Su voz es suave y relajada.
Él lo hace un poco más. “Buena chica,” dice. Entonces, lo vuelve a
hacer. Ella retiene su respiración.
Él espera un momento, luego le dice a ella: “Esto va a ser malo esta
vez.”
Ella gime. Es realmente malo, tal como ha dicho: “¿Por favor?” ella dice.
¿Es una súplica de piedad o una simple petición? Tal vez, no lo sepa ni ella
misma. Esta se retuerce nuevamente.
“Oh, Dios,” ella dice entre dientes.
“Sé que es malo, mi mujercita,” le dice. “Pero no se ha terminado
todavía.”
Él lo vuelve a hacer y mira cómo ella escribe en vano contra sus
ataduras. Hay una película de sudor en su frente. Ella nunca ha estado tan
deseable como ahora.
Una vez más, él lo vuelve a hacer y luego la besa.
“Sabes lo mucho que me gusta hacerte daño,” él dice. “Por lo tanto,
ahora un poco más, aunque sea por mí.”
Él lo hace una vez más, más fuerte que nunca, aunque no tan fuerte
como puede. Ella grita.
“Da las gracias,” dice. “Es un regalo para tí.”
Él se pregunta por qué está terminando en este preciso momento. ¿Podría
ella haber recibido un poco más? La próxima vez no va a ser tan amable.
jueves, 16 de abril de 2015
La sumisa de carácter e independiente
Es
tan fácil como difícil explicar lo que es una sumisa de carácter o Alfa, como
la suelo definir o denominar. Ellas no son como usted podría esperar, la líder
de un grupo de sumisas, pues no pueden serlo.
Lo
que son, está en el primer plano. Están fuera. Se hacen notar. Son testarudas,
de cabeza dura, independientes, pero necesitan un control firme.
No
les gustan las decisiones, pero las imponen. Desafían y esperan que les den o
impongan los retos. No tienen reparo en afirmar su opinión, tanto si alguien
está de acuerdo como si no. Incluso, si no es el criterio de su Amo.
Pero,
obedecerán. Son inteligentes, siempre con ganas de aprender, explorar,
presionar sus límites en todo. Su entusiasmo por la vida no tiene fin. Tienen
altas expectativas consigo mismas y demandan y se esfuerzan por vivir también
de acuerdo como ellas son y sienten.
Saben
lo que quieren (bueno, la mayoría) y van tras ello. No son de las que dicen
“espera.” Al mismo tiempo, han aprendido también lo que no quieren y rechazan a
conformarse con menos.
Son
como cualquier sumisa: aman, anhelan servir, dan su lealtad y confianza a su
Amo. Pero, son difíciles de manejar. Yo diría que, de alto mantenimiento en
todos los aspectos.
El
dominante necesita mantenerla sobre la punta de los dedos de sus pies y, a la
inversa, piensan que también necesitan mantener a su Dominante sobre los dedos
de sus pies.
Al
igual que otras sumisas, tienen sus gustos, disgustos, fallos y puntos buenos.
No son perfectas. Llegan al estilo de vida de la sumisión al igual que la
mayoría de las sumisas, buscando su sitio y con una visión muy clara y definida
de sus necesidades íntimas. La diferencia es que no se las pueden poner en un
molde.
Ellas
tienen que hacer su propio camino y necesitan un Dominante fuerte para que las
controlen y las guíen.
Las
sumisas Alfa están convencidas de que el respeto y la confianza se ganan, pero
los buenos modales son una necesidad, al igual que su formación como sumisa. El
protocolo es su honor. Se suelen someter a un solo Dominante y nunca a varios.
Por
lo tanto, dejarán pasar a cualquier otro Dominante que les digan lo que hacer,
que lo ignoren o, francamente, le digan “no.” Y esto es más que cierto, tanto si
le han impuesto el collar como si no.
La
sumisa Alfa es coqueta y exhibicionista. Suele fastidiar y es juguetona incluso
en las sesiones. Se ríen y viven la vida con alegría y la siente, como una
necesidad. No son celosas, pero pueden ser envidiosas. Creo que se puede decir
de ellas que se toman todo con mucha profundidad.
El
Dominante que pueda encontrar la clave para su comunicación, tendrá sus manos
llenas, pues recibirán una sumisión total, leal, amorosa y respetuosa, entre
otras cosas.
Retarán
insistentemente a su Dominante y esperan a que éste sea “Dominante” y le
tendrán una estima alta sobre todos los demás. Y, a cambio, ellas obedecerán,
no sin cuestionarle, pero obedecerán, dado que su sumisión a Él es total y
completa.
El
corazón de la sumisa Alfa llevará el nombre de su Dominante protegiéndolo con
amor, mitigando sus necesidades y deseos. El cuerpo de ella será reclamado para
el placer de su Dominante y su alma, una vez entregada, es un tesoro hecho para
él que tiene el espíritu de ella y la llama que la impulsa.
domingo, 12 de abril de 2015
El amor y el sexo
Nunca he sido capaz de
distinguir emocionalmente entre el sexo y el amor. Suelo bromear diciendo que
soy una chica que necesita una conexión emocional sin la cual, una persona
física simplemente no me satisface. Ha habido momentos en los que, ojalá,
hubiera podido separar el sexo y el amor. Pero, al final, soy el que soy y me
he acostumbrado.
Cada vez que entro de
nuevo en mi amante, me enamoro de ella. Tal vez, yo sea un romántico bobo, pero
el ser invitado y acogido en su propio cuerpo es mágico para mí y, en sí mismo,
es una expresión de amor. ¿Existe, por casualidad, un gesto de mayor
aceptación?
Cada momento de la
interacción entre un hombre y una mujer en una relación es sexual. La pasión
puede fluir y refluir y usted no puede estar pensando en la penetración y los
orgasmos, pues todavía no somos seres abstractos y andróginos cuando estamos
fuera del dormitorio. Todavía seguimos siendo machos y hembras primarios.
Siempre estaré al tanto de su esencia, de su forma, de cómo su cuerpo se abre
para mí, de cómo ella se hace tan deliciosamente diferente a mí.
El amor y el sexo están
inextricablemente ligados para mí. Mientras paseaba por la puerta de los jardines
colgantes de Babilonia, me enamoré de su belleza sin fin y me reía por haber
llegado, por fin, a casa. Y todavía, seguía hundiendo mis dedos en la
tierra, todavía comía las frutas carnosas
y maduras que me ofrecía. Mientras los jugos corrían por mi mandíbula, yo
todavía seguía enterrando mi nariz en los pliegues fragantes que se abrían
para mí en cada amanecer.
Yo no necesito sexo más
que amor. No necesito amor más que sexo. Los necesito por igual porque, para
mí, son lo mismo.
viernes, 10 de abril de 2015
Nuevos descubrimientos
Ella siempre había pensado que no
le gustaba el dolor. Estaba segura que podía y toleraría una cierta cantidad de
dolor como un acto de sumisión, sólo para complacer a su pareja.
Resulta que, mientras su umbral
puede estar todavía bajo, no sólo para tolerar el dolor, le gusta. Unos cuantos
azotes cuidadosamente ubicados con la fusta le dan un billete de ida y vuelta
al subespacio.
Incluso le gusta el hecho de que
no pueda sentarse cómodamente al día siguiente o durante unos días, ya que le
recuerda una sesión maravillosa.
lunes, 6 de abril de 2015
Codiciosa
Las mujeres sumisas son aptas para
ser codiciosas. No creo que nunca he oído que ella se queje de haber recibido
demasiados azotes, ni tampoco que nadie se acaba de morir por haber recibido
interminables golpes sobre su culo. Pero, he oído a un montón de ellas
lamentarse del hecho de que no consiguen los suficientes, que no han sido
azotadas en una semana, en un mes o en toda una vida. O que tienen un mal
concepto de los azotes o, incluso, de un mal Spanker. Por supuesto, podría
visitarlas a todas de improviso y decirles que no corresponde a la sumisa
decidir cuándo o cómo ella va recibir unos azotes, a ella la azotarán cuando lo
necesite, etc. Yo podría decir eso, pero no creo que me estuvieran escuchando.
Sus anhelos por unos azotes son demasiado profundos.
Entonces, ¿qué va a hacer una mujer
si no está haciendo los suficientes méritos? En primer lugar, permítanme decir,
que estoy de acuerdo con Gordon Gekko sobre esto, “la codicia es buena,” aunque
sólo sea en el ámbito de la D/s. Me gusta cuando las mujeres quieren más y más.
Me gusta dárselos a ellas. Pero, ¿qué debería decirle, si ella no me pertenece,
si su dominante es otro hombre? Un hombre que, sean cuales sean sus indudables
cualidades, esté menos comprometido en el proceso de los azotes de lo que ella
está.
No sé si tengo algunos consejos
prácticos. Depende de las personas implicadas. Algunas mujeres provocan.
Deliberadamente, hacen cosas que no deberían con la perspectiva de un castigo.
Si esto funciona para tí, eso está bien. Personalmente, prefiero que una mujer sea buena. Muy
ocasionalmente, yo podría intentar el escenario de un castigo, aunque sólo sea
por diversión (“por lo tanto, el perro se come tu trabajo casero, uhmmmm…”).
Pero, esto no es realmente mi estilo. Supongo que podría llegar a serlo, si
conociera a una chica que realmente estuviera en este tema. Soy un Dominante
muy adaptable y hay algunas cosas que por las que no puedo ser seducido. Pero,
como yo digo, la ingeniería de un castigo es algo de la que tiendo a tener muy
mala opinión. Es la manipulación y si hay alguna manipulación que hacer, sé
quién va a estar haciéndola.
Una mujer que está tratando de
provocar a su dominante para que la azote, siempre corre el riesgo de que ella
termine trepando desde su condición de sumisa. No soy un purista. Me doy cuenta
de la cantidad de veces que esto ocurre en cualquier relación de la D/s.
Después de todo, es una calle de doble sentido. Pero, al final del día,
realmente ella no quiere ser la única que esté haciendo la carrera. Ella quiere
triunfar y no ser obligada.
Aún así, una cosa que nunca hace
daño es la comunicación. Si necesitas más azotes, simplemente, házselo saber.
Esto no es trepar. Pero, ¿qué pasa si esto no funciona? Por difícil que pueda
ser, lo tienes que intentar y explicar de qué exactamente se trata de los
azotes que tanto te excitan. Y cuando consigues ser azotada, no tengas miedo de
hacerle saber cómo te sientes. Creo que la mayoría de los dominantes
disfrutamos si tenemos una respuesta. No es suficiente azotar, al dominante le
gusta saber que los azotes han conseguido el efecto deseado. Necesariamente, no
quiero decir que cada mujer debería ser una llorona. Pero sufrir de una manera
pasiva corre el riesgo de que él esté pensando que ello no está teniendo mucho
efecto sobre usted. Si él puede ver el efecto profundo, es mucho más probable
que lo vuelva a repetir.
No puedo enseñarte lo que el
lenguaje corporal o los sonidos inflamarán a tu dominante. Yo sé una cosa que
funciona para mí. Es cuando veo que ella está un poco miedosa, más preocupada
sobre lo que ella ha conseguido por sí misma, preguntándose si esto pudiera
terminar yendo demasiado lejos. Por lo general, ella se va un poco más tranquila.
Eso es muy excitante para mí. No me gusta que ella acepte unos azotes con
demasiada celeridad. Un ligero grado de resistencia o, al menos, vacilación,
hace que mi adrenalina fluya. Pero, por supuesto, que si el dominante es un
azotador reacio, en primer lugar, corres el riesgo de emitir señales
equivocadas.
Estos azotes de cabriolas son un
tema difícil. Se podría pensar, ¡oh! a él le gusta azotar, a ella le gusta ser
azotada. Lo hace y se divierte muchísimo. Pero con el tiempo, se aprende que
azotar es algo más que eso. Aun así, las cosas que realmente merecen la pena
hacer, nunca son fáciles, ¿verdad?
viernes, 3 de abril de 2015
La oscuridad
Deseas la oscuridad,
¿verdad?
Mis ojos brillan en la
oscuridad de la noche y, ¿te atreves a entrar en mi círculo? Buscas mi mirada y
te sumerges de cabeza en el abismo conmovedor de la discordia emocional. El
dolor encuentra al placer cuando seduces a mi mirada. La angustia suaviza al
éxtasis cuando reclamo tus deseos más oscuros.
Ten cuidado con los deseos que
anhelas, pues existe un erotismo peligroso que usurpará tu espíritu, devastará
tu cuerpo y consumirá tu mente.
En mis brazos, en mis ojos,
raptaré sólo la fuerza más oscura de la verdad espiritual. Soy el cuervo lobo,
portador de las tormentas y el alfa de las sombras. Encuentra mis ojos y
saborea mi pecado y prepárate para la consumación carnal.
Una vez que detecte el olor de
la lujuria, asegúrate de comprender la oscuridad desviada que buscas en mi
mundo. La luz solamente viene del interior.
Cierra los
ojos.
El lobo está cerca.
La
tormenta viene.
¿Puedes controlar esto?
miércoles, 1 de abril de 2015
La necesidad de disciplina
Su falda levantada se ciñe en torno a su cintura. La
mano de él forrajea entre sus bragas.
“Vamos a ver qué tipo de chica eres,” le dice,
introduciendo un dedo en su vagina.
“¡Oh, querida!” él dice.
Lo saca y lo limpia en la mejilla de ella. “Ya estás
mojado y goteando y apenas hemos empezado.”
Ella no puede mirarle. Sus ojos están arraigados en
el suelo.
“Hay una palabra para las mujeres como tú,” le dice.
“Y creo que la sabes.”
“Puede ser,” dice ella.
“Ser una puta no es un delito punible. De hecho, más
bien lo admiro. Incluso, he sido reconocido por complacerla. Pero las putas
necesitan orientación y control. Necesitan disciplina. ¿Lo entiendes?”
“Supongo que sí,” ella dice lentamente.
“Y creo que usted sabe lo que quiero decir por
disciplina.”
“Sí, tengo alguna idea.”
En su rostro, hay una mirada un poco malhumorada. Su
postura expresa algo, si no resistencia, sí un poco de renuencia a ceder con
demasiada facilidad.
“Inclínate sobre la silla,” le dice.
Ella duda. “¿No cree usted” ella dice, “que mi
humedad no es toda de mi propio hacer? ¿Qué,
tal vez, eso no sea una falta mía?”
Sin decir una palabra, la agarra por los pelos, se
los retuerce, forzándola hacia abajo, sobre la silla. Ella chilla. Mientras la
mantiene en su sitio, él se quita su cinturón con su otra mano. Ella conoce el
ruido del deslizamiento del cuero y el tintineo de la hebilla. Tiene un nudo en
su estómago. Le parece que esto va en serio.
sábado, 28 de marzo de 2015
Lo que me gusta de azotar a una mujer
Me encanta mirar a los ojos de la mujer cuando le
cojo la mano. La confianza que me transmite mientras hace su camino para
ponerse sobre mi regazo que la está esperando. El entorno irresistible de su
cuerpo vestido allí. Me encanta el suspiro de satisfacción mientras le acaricio
su pelo de seda al inclinar su cuello hacia abajo y el arco de su espalda. No
puedo resistir las curvas de sus caderas a medida que se levantan, invitándome
a que las acaricie y el suspiro que se escapa de sus labios.
En los movimientos suaves de una mujer, puedo sentir su anticipación
plagada de expectativas de placer de un acto tan sensual como este. Me encantan
las reacciones sutiles de la forma que ella vuelve la cabeza al mirar hacia
atrás para verme, exponiendo la sonrisa de sus labios.
Me encanta la ráfaga de aire que ella exhala cuando comienza la
intensidad y el rubor de color que aparece en sendas nalgas elevadas. Mi
corazón se acelera con el sonido de mi mano contra la suavidad de su piel
satinada. El calor de la palma de mi mano transciende los efectos de mi
atención y sentires.
Me encanta la manera en que me exhorta para que la azote más, justo
subiendo sus caderas. Me encanta la manera en que ella se relaja sobre mi regazo
diciéndome que no hay sitio en el mundo en el que preferiría estar en este
momento.
Me encanta la manera en que ella descansa sobre mi pecho, mientras la
consuelo bajo el resplandor de las secuelas…el sabor de la sal de sus lágrimas,
mientras beso sus mejillas.
Pero, de todas las cosas que más me gustan al azotar a las mujeres, es
la manera que yo siento. La alegría de conectar con ella de muchas maneras
físicas. La comprensión de que compartimos una conexión especial que confirma
que este estilo de vida que hemos elegido, es el correcto para nosotros y que
compartimos de tal manera, que nos deja a los dos saciados y sintiéndonos
queridos.
jueves, 26 de marzo de 2015
El sexo
Si
quieres que el sexo se convierta en amor, lo primero es fundamental aceptar el
sexo como un fenómeno absolutamente natural. No le acerques la metafísica, ni
le traigas la religión. El sexo no tiene nada que ver con la religión ni con la
metafísica, es un simple hecho de la vida. Es la manera de cómo la vida se
produce a sí misma. Es tan simple como los árboles dando flores y frutos. Usted
no condena a las flores. Las flores son sexo: Es a través de las flores como
los árboles envían sus semillas y sus potencialidades a otros árboles.
Cuando
un pavo real baila, usted no lo condena, porque la danza es el sexo para atraer
a la hembra. Cuando el cuco llama, usted no lo condena, porque es el sexo. El
cuco simplemente está proclamando: “Estoy preparado.” El cuco sólo está
llamando a la hembra. El sonido, el bello sonido, es justo una seducción: Es el
cortejo.
Si
observas la vida, te sorprenderás. Toda la vida es a través del sexo. La vida
se reproduce a sí misma a través del sexo. Es un fenómeno natural, no arrastres
racionalizaciones innecesarias en ello.
Esto
es lo primero que debe ser comprendido, si alguna vez quieres cualquier
transformación de la energía sexual. Lo primero es no negarlo, no rechazarlo.
No seas demasiado ambicioso al respecto, no pienses que esto es todo. Esto no
es todo. Hay mucho más en la vida. Y el sexo es bello y sigue habiendo mucho
más en la vida. El sexo es la base, no es todo el templo.
Reprimido
se convierte en sexualidad. Fantaseado, se convierte en sexualidad. Una de
ellas es la manera que Occidente transforma el sexo en patología. La otra, es
una manera oriental. Pero nadie, nadie en el Este ni el Oeste, acepta que el
sexo sea un simple fenómeno natural. Ni los santos ni los pecadores. Ambos
están obsesionados con ello, por lo tanto, yo digo que ambos son diferentes. El
sexo aceptado, respetado y vivido se convierte en amor.
domingo, 22 de marzo de 2015
La ropa
La
ropa amontonada en el suelo. Los suaves gemidos femeninos fundidos con gruñidos
salvajes, mientras mis manos acarician y amasan y descubren nuevos territorios.
Mi cuerpo clavado encima del suyo, las inhibiciones desapareciendo de ella
mientras le quito los últimos restos de encaje que quedan en su cuerpo. Ya era
toda mía. Mente, cuerpo y alma.
Gruño
suavemente contra su oído, ordenándola que se abra para mí. Ella asiente, sus
piernas abiertas, permitiendo que explore y saquee la calidez y humedad
que evoco en su cuerpo destinado sólo para mí. Mis dedos se hunden y acarician,
llevándola cerca de su punto de ruptura. Su cara hundida en la almohada resiste
y golpea contra mi mano. Menguando, surgiendo, y dolorida por la liberación. Mi
calor corporal, mi susurro sin aliento contra su cuello suena lejano,
incorpóreo. “Córrete para mí, cielo, córrete para mí.”
Mi
nombre viola su labio al gemir. Ella quiere obedecer, necesita obedecer, pero
no antes de hacerme una demanda febril. Al echar un vistazo por encima de su
hombro, me gruñe: “Tus labios, necesito tus labios.”
Y
mientras mi boca cae sobre la de ella, y nuestras lenguas se alancean y se
baten, la catapulto hacia el abismo, y mis besos, tragándose sus gritos.
miércoles, 18 de marzo de 2015
Vuelta a la escuela
Al leer algunas historias de azotes en algunos
libros ingleses sobre el tema, me llamó la atención la forma en que muchos de
ellos se ubican en una escuela o una institución similar. Por supuesto que he
leído la suficiente literatura sobre el spanking o los azotes como para no ser
sorprendido. Está claro que los recuerdos (o recuerdos imaginarios) de los días
escolares siguen ejerciendo una poderosa influencia en la mente de un adulto
cuando el morbo está en cuestión. Y creo que las razones no son difíciles de
encontrar. En primer lugar, los azotes es inevitablemente un proceso de arriba
abajo. Es decir, dudo que alguien pudiera construir un escenario muy emocionante
de azotes que no dependa de una de las partes que tiene todo el poder y la
autoridad. Los azotes no son realmente una actividad de igualdad de oportunidades.
(Por supuesto, conozco algunas personas como los switch, pero eso no altera mi
visión de que en el desempeño real, siempre hay uno que es superior y otro es
inferior, incluso, si no es siempre el mismo).
Probablemente, la escuela sea la única vez en
nuestras vidas para la mayoría de nosotros (excepto, por supuesto, la vida
familiar temprana) cuando alguien tiene el poder físico sobre nosotros. Es
verdad que algunas historias de azotes se sitúan en una oficina, en la que una
chica cuyo trabajo es insatisfactorio, se le ofrece la opción de ser despedida
o azotada. Sin embargo, el jefe no tiene nada parecido a la autoridad y el
poder que ejerce un profesor.
Incluso aquellas chicas que son demasiado jóvenes
para haber experimentado un castigo corporal en la escuela actual, pueden
imaginarse a ellas mismas en tal situación, sobre todo porque hay una gran
cantidad de material, tanto perverso o no, situado en un entorno de este tipo.
Por otra parte, un elemento poderoso en una sesión de azotes es esa sensación
de humillación experimentada por quien está recibiendo los azotes. El mero
hecho de inclinarte, ya te pone en una posición inferior; tener que desnudarse
parcialmente y exponer tu ropa interior (y probablemente, también descubrir tu
trasero desnudo) es calculado como para despojar mucha modestia y dignidad. A
esto se suman otros rituales, por ejemplo, el tener que contar los azotes y o decir gracias y, tal
vez, tener que sufrir una reprimenda primero y el tiempo del rincón después. Todo
diseñado para rematar la faena. En esos momentos, quien está siendo azotada
vuelve a un estado de indefensión y vulnerabilidad como niñas.
Un aspecto del despacho del director pone todas
estas cosas en juego (aunque, por supuesto, no son exclusivas de ese escenario
en particular). Además, los instrumentos favoritos del director son, casi
seguro, una tawse de cuero o una cane, las cuales son propicias para un buen
azote. Prometen que lo que va a suceder no serán unos golpecitos en el trasero,
ni unos azotes simbólicos que tan a menudo se ven en Internet, que ofrecen sin
dolor ni magulladuras. La tawse o la cane prometen en gran medida.
Sin embargo, me pregunto si el aura de la escuela
tendría exactamente el mismo efecto si usted fuera británico. Soy lo
suficientemente mayor para tener que ir a un colegio donde los castigos
corporales son rutinarios (por supuesto, hoy en día, están fuera de la ley).
¿Es el caso en otros países? Tengo que decir que la experiencia no tenía
connotaciones sexuales para mí en ese momento o si las había, no estaba al
tanto de ellas.
Las emociones eran una mezcla de miedo y vergüenza y
no el tipo de vergüenza que es la estimulación sexual. Pero, tal vez, el paso
de los años han proyectado una luz un poco de color rosa (¡ejem!) sobre la
memoria y lo que antes era una experiencia de terror (en la parte receptora)
ahora puede ser un escenario muy excitante para un dominante el llevarlo a cabo
y, es de esperar, que la colegiala traviesa esté en el extremo receptor.
domingo, 15 de marzo de 2015
Mucho más
Para mí, el objetivo de las sesiones de la D/s es
romper las barreras y límites que nuestra sociedad ha establecido sobre cómo
comportarse en el dormitorio. Necesito algo que me envíe a una conexión más animalista,
primaria y salvaje, que esté basado en la confianza que viene con el poder y la
responsabilidad. Quiero borrar las nociones civilizadas del amor y crear algo
más profundo y conseguir esa conexión, ese espacio, donde no hay piel, ni capas
externas, sino simplemente la emoción primaria y salvaje de la ternura de ambos
y el anhelo de hacer daño y ser dañada y cuidada en el sentido más profundo.
Donde mi amor no es sólo amor. Ella es mi responsabilidad y me siento honrado
de ser capaz de controlar su placer e influir en su forma de pensar emocional y
llevarla al lugar más seguro y hermoso nunca creado. La D/s es mucho más que
ser controlada o de controlar, es una libertad que se encuentra en una
aceptación mutua de las necesidades que van más allá de las palabras y los
deseos, una profunda necesidad de estar tan conectados entre sí, siendo uno
quien conduce y la otra, conducida, en llegar a estar tan interconectados que
no se vea dónde uno empieza y la otra se detiene.
viernes, 13 de marzo de 2015
Azotando con la fusta en frío
Él cierra la puerta detrás de ellos. Esta se dirige al centro de la
habitación y se vuelve con una mirada expectante.
“Esta vez va a ser diferente,” le dice a ella.
“¿Diferente? ¿Cómo?”
“¿Sabes lo que se entiende como azotar con la cane en frío?”
Ella piensa. “¿Es cuando consigues ser “caneada” sin un calentamiento
previo?”
“Correcto.”
“Eso parece cruel,” ella dice. “¿Por qué quieres hacer eso?”
“Porque puedo,” él dice. “Porque así es como lo siento ahora. Sin
lujos y sin concesiones. Acabamos de llegar directamente a ello.”
Ella mira aprehensiva. “¿Tengo alguna opción?”
“Usted sabe la respuesta a eso,” él dice.
Ella no está segura con lo que hace. Siempre hay una manera de salirse
del problema, es verdad. Pero ella odia tomar la opción fácil. Así no es como
ha llegado a donde está ahora, y a ella, le gusta donde está. Resumiendo, justo
ahora, en la otra parte…
De una bolsa, que está en la cama, él saca una cane. Es de medio metro
de larga, hecha de bambú, muy fina y flexible. Él la blande de lado a lado en
el aire, mientras ella la mira con recelo.
¡Bájate los vaqueros,” él dice.
Durante un momento, ella duda, pero sabe que la prevaricación no va a
cambiar nada. Ella baja la cremallera y empuja los vaqueros por las caderas.
“Voy a tener que atarte por esto,” le dice.
Ella teme que eso signifique que vaya a ser muy malo. De nuevo, metió
la mano en la bolsa y sacó un par de esposas de acero para pulgares. Las abre y
asegura los pulgares de ella cuidadosamente y de manera eficiente.
“Inclínate
sobre el sillón,” le dice.
Él baja sus bragas hasta sus
rodillas.
“Van a ser doce, y fuertes,” le
dice.
“¿Tengo que contarlos?” ella pregunta.
“Solamente para tí. Así sabrás cuántos quedan.”
Ella se prepara y aspira profundamente.
Siente que la cane acaricia ligeramente su trasero desnudo. Mientras ella
espera que el primer azote detone sobre sus nalgas al aire libre, las mariposas
en su estómago se están volviendo locas.
sábado, 7 de marzo de 2015
Mantenimiento
A él,
le gusta asegurarse de que ella haya conseguido unos buenos azotes a fondo
todas las semanas. Él preferiría que siempre fuera a la misma hora. Por
ejemplo, a las seis de la tarde los viernes por la noche. Pero sus vidas no son
lo suficientemente regulares para eso. Aun así, cada semana él establece una
hora e informa a ella con una o dos horas de antelación. A la hora asignada,
ella llama a la puerta de su estudio y espera la llamada para entrar. A él, le
gusta que haya una cierta formalidad sobre los procedimientos. Un poco de
ritual ayuda a dar a la ocasión más importancia. Ella tiene que caminar hacia
donde él está sentado en una silla de respaldo recto, y ponerse de pie en
frente de él. Las piernas ligeramente separadas, las manos detrás en su espalda
y esperar a que él hable.
En
este punto, le preguntará si ella tiene algo que decirle con respecto a su
relación sexual. Si tiene asuntos importantes que decir, él tomará nota y
hablarán de ello más tarde. Para ella, también es una oportunidad para confesar
si hay algo que ella necesite reconocer. La sesión de azotes semanales no
pretende ser un castigo, pero si algún grado de corrección es necesario, él lo
incorporará a los procedimientos.
Los
azotes empiezan con él poniéndola sobre su rodilla. La falda es levantada (los
pantalones no son admitidos en estas ocasiones) y las bragas bajadas. Empieza
acariciando su trasero. Nunca se cansa de admirar su forma redonda, firme,
suave y su blancura tentadora. Pero su blancura no durará mucho tiempo. Empieza
a azotarla con su mano, alternando de una nalga a la otra, deteniéndose de vez en cuando para calmar el
picor de su piel y sentir su calor. Después de varias pausas, él la sentirá
sobre sus piernas, que siempre es una guía confiable para su estado de ánimo.
Unos
azotes de mantenimiento son para que ella tenga los pies en la tierra,
centrada, para que se reencuentre con la sensación de su mano firme sobre ella.
Su regazo bajo ella, ofreciendo apoyo y su mano impartiendo una estimulación
vigorizante a su culo, proveyéndola con la seguridad de que todo está de
acuerdo con el mundo. Pueden haber otros azotes a lo largo de la semana, unos
espontáneos que nacen de la necesidad de una corrección instantánea o por mera
gratificación, pero los azotes regulares son un punto del que ella pueda
depender, lo que la ponga en el lugar donde ella debe estar.
A
veces, los azotes no irán más allá de la utilización de la mano. Pero, a
menudo, hay una progresión. En el cajón de la mesa de su despacho hay una
selección de implementos: un flogger, una tawse, un cinturón de cuero pesado,
una fusta, una paleta de madera y un látigo de cuero trenzado. Cualquiera (o en
raras ocasiones, todos) de estos puede ser empleado como medio de proporcionar
refuerzo al efecto beneficioso. Si él va a administrar cualquiera de ellos, le
requerirá a ella que se incline sobre la mesa de su despacho y que se agarre a
los lados con las manos.
De pie,
en un rincón de la habitación, hay una cane de bambú larga y fina. Cada vez que
ella entra en el estudio, la mira nerviosamente, incapaz de ignorar su
presencia amenazante. No es habitual que la cane se utilice en unos azotes de
mantenimiento. Sus efectos son tan pronunciados y tan garantizados, como para
hacerla llorar. Provocarle una crisis emocional no es el objeto de este
ejercicio. Al mismo tiempo, es duro para ella mantener sus ojos apartados de él,
mientras se inclina sobre sus rodillas o sobre la mesa del despacho. Y ha
habido una o dos ocasiones en las que la cane ha entrado en juego. Ocasiones
que ella puede recordar muy bien, cuando a él le pareció que ella se llevara a
su casa la lección que él siempre había deseado enseñarle, que es su autoridad
suprema.
miércoles, 4 de marzo de 2015
"Echado a perder"
Hay una práctica que parece generalizada entre las Dóminas y los
hombres que son sumisos a ellas, generalmente conocida como “el orgasmo echado
a perder.” Ella manipula su pene hasta el punto donde él está desesperado por
correrse. Ella puede hacerle una felación, pero generalmente, lo que hace es
masturbarle sobre todo con la mano, para que ella pueda observar de cerca su
rostro y también, cómo no, su polla. Ella quiere llevarlo hasta el punto en el
que el orgasmo sea inminente. Entonces, justo en el momento que cree que ha
llegado al punto de no retorno, ella se detiene, dejándole en el limbo sexual.
Cuando él se ha retirado un poco de la orilla, valga la expresión,
ella reanudará una vez más el proceso, induciéndolo a un estado cercano a la
eyaculación. De nuevo, esto le volverá a defraudar. Ella disfruta oyendo sus
gemidos de frustración, sintiendo los espasmos de su polla entre sus dedos.
Hablando estrictamente, (¿y existe otra manera cuando se trata de la D/s?) en
absoluto, no es un orgasmo echado a perder. Pero, si ella es muy hábil, puede
permitirle que unas pequeñas gotas de semen goteen debajo de su pene antes de
que la estimulación cese otra vez; él sabe que pase lo que pase, toda la carga
no se llegará a liberar. ¿O hay otras maneras de inhibir el orgasmo, bloqueando
la salida con el dedo pulgar o distrayéndole en el último momento con una
especie de shock, como con cubitos de hielo o con una fuerte bofetada?
Esta actividad de la excitación constante y rechazada puede proseguir
durante mucho tiempo, hasta que ella se canse del juego. Al final del
ejercicio, el sumiso revierte a su estado predeterminado bajo un control
estricto del orgasmo o, incluso, con una negación total. Ella disfrutando y
demostrando su total control de él; su placer está en la sumisión al poder de
ella y, perversamente, sentir la satisfacción de su deleite en el desconcierto
de él.
Mi pregunta es, ¿puede imaginarse una reversión, en la que una mujer
sumisa es atormentada con el orgasmo que cuelga delante de ella, pero que nunca
va a tener a su alcance? Creo que para esto, me gustaría atarla desnuda con las
manos en su espalda; puesto que usted no querrá que ella intente ayudarse de
alguna manera. Yo podría empezar con un poco de cunnilingus, para conseguir que
sus jugos fluyeran. Entonces, tal vez, un poco de lubricante para hacer que su
coño estuviera resbaladizo cuando le introdujera mis dedos en ella.
Trabajaría sobre su clítoris muy despacio, mucho más lento de lo que
ella desea. Después de todo, es una tomadura de pelo. Pudiera ser agradable
encontrar su punto G con mis dedos, mientras lamo su clítoris. Pero, la mayoría
de las veces me gustaría estar prestando atención a su cara y observando el
lenguaje de su cuerpo. Necesito saber cuándo ella está cerca. Por supuesto, que
he dejado claro de antemano que ella no va a correrse sin mi permiso. Ella está
todavía bajo la ilusión que si lo pide lo suficientemente bien, lo permitiré.
(Esta decepción solamente funciona la primera vez) la llevo tan cerca como me
atreva sin desencadenar una reacción imparable, y si puedo, me gustaría tenerla
a punto, en el mismo límite. Mi dedo todavía tocando su clítoris, pero no
moviéndolo, mientras que ella está suspendida entre correrse y no correrse.
Tendríamos que descansar un poco y empezar de nuevo. Hay algunas
mujeres, que conozco, que pueden llegar a correrse sin tocarse (aunque, en
realidad, nunca me he encontrado a ninguna). Pero, recuerda, el correrse le ha
sido prohibido bajo pena de algo tan extremadamente severo que sería mejor no
pensar sobre ello. Por lo tanto, si ella es el tipo de mujer que puede
conseguirlo por sí misma, incluso una vez que la masturbación se ha detenido,
sería mejor que lo pensara de nuevo y no hacerlo.
Después de hacer esto durante mucho, mucho tiempo, ella no sería la
única desesperada por un orgasmo. Así que, tal vez, yo sólo tendría que mirar a
mi reloj para hacerlo y la permitiría ver mi placer en erupción y chorreando
sobre su vientre. Y entonces, la dejaría atada, mi semen secado en su piel,
mientras yo me tomo una cerveza. Ser un buen tipo, no significa en lo más
mínimo que, probablemente, la permitiera dar un sorbo.
domingo, 1 de marzo de 2015
Una fuente de interminable fascinación
“Quítate
la falda,” le dice.
Ella
no está preparada para esto, pues ya se había corrido antes y esperaba que la
sacara a cenar. No obstante, ella obedece y, de todos modos, lo hace.
“Ahora,
tus bragas.”
Ella
las deja caer al suelo.
“Ven
y siéntate frente a mí en el sofá,” él dice, acariciando el asiento. “Gírate
hacia mí con las rodillas dobladas y las piernas abiertas.”
Ella
lo hace, no sin una cierta timidez. Él se queda mirando su expuesta
entrepierna.
“Te
sientes incómoda, ¿verdad?” le pregunta.
Ella
asiente con la cabeza.
“¿Por
qué es eso?, me pregunto.” Él reflexiona. “Ya se lo he visto todo antes.”
De
alguna manera, no parece que conseguirlo sea más fácil.
“Es
porque no estás segura de tu coño, ¿verdad? No estás segura de que te guste.
Tampoco estás segura de que me guste.”
Ella
no puede mirarle. Sólo siente que está ruborizada.
“Pero,
en gran medida, me gusta mucho,” le dice.
“Usted
no cree,” ella dice, encontrando por fin su voz, “que podría ser un poco
menos…”
“No,”
él dice. “Es perfecto.”
Ella
absorbe esto, tratando de creerle, no por primera vez.
“Para
mí, es una fuente de interminable fascinación,” él dice. “Y una cosa de la
belleza.” Se acerca y la acaricia un momento.
“Sé
que te gusta tocártelo,” le dice. “Tócatelo.”
Ella
pone su mano allí. Lo nota muy suave.
“¿Cuándo
te masturbaste por primera vez?” le pregunta.
Ella
empieza a ruborizarse de nuevo. Sabe que él esperará hasta que ella conteste.
“Esta
mañana,” le responde.
“¿Mientras
estabas tranquila en la cama?”
Ella
asiente con la cabeza.
“¿Con
tu mano?”
Ella
asiente de nuevo.
“Demuéstramelo,”
le dice. “Demuéstrame cómo lo hiciste.”
“No
sé si puedo hacer eso,” ella piensa.
“Quiero
verlo,” le ordena.
Ella
sabe que no puede ganar y empieza a tocarse adrede ella misma. Sus dedos
deslizándose sobre sus labios, tanteando, explorando e introduciéndolos hacia
su interior. Ella cierra sus ojos para concentrarse, pero también porque no quiere
ver cómo la observa.
“Muéstrame
tu clítoris,” le dice. “Echa hacia atrás los labios y enséñamelo.”
Lo
hace y puede sentir los ojos de él encima de ella.
“Parece
un poco hinchado,” él dice. “Mímalo.”
Ella
frota su dedo contra su clítoris, de la manera que a ella le gusta.
“Sigue
tocándote y díme lo que piensas mientras lo haces,” le dice.
Le cuesta
trabajo hablar. Ella tiene que esforzarse para que salgan las palabras. “Hay
hombres, montones de hombres.”
“¿Follándote?”
“Todo.
Todos encima de mí. Abusando de mí.”
“¿Eran
brutos?”
“Un
poco. Un poco.”
“¿Te
cogieron el culo?”
“Sí.”
“¿Y
tu boca?”
“Sí.”
“¿Se
corrieron en ti?”
“Sí,
muchos de ellos.”
“¿Te
mancharon con su semen?”
“Sí,”
ella dice susurrando.
“Córrete
ahora,” le dice, “tan pronto como puedas.”
Cuando
se ha acabado, le dice que se vista. Ahora, ella se siente ahora más audaz.
“¿No vas a follar conmigo?” Ella pregunta.
“Después
de la cena.”
“¿Promesa?”
Él la
besa. “Puedes contar con ello.”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)