lunes, 24 de octubre de 2016

Ella llevaba sus cicatrices como su lencería


Pasé mi mano con suavidad por encima de su estómago, dejando que las puntas de mis dedos trazaran cicatrices, como si estuvieran siguiendo un camino hacia su redención. Cada cicatriz contaba una historia, pues llevaban historias que ella guardaba cerca de su corazón. Ella las guardaba, y pasaría mucho tiempo antes de que alguien pudiera tener el privilegio de escuchar las historias de su perseverancia.

Ella llevaba sus cicatrices como si fueran su lencería. Ellas se deberían sentir como inadecuadas, porque la sociedad siempre está diciéndole a la mujer que su cuerpo tiene que ser perfecto, y por ello, tener cicatrices significa que ella nunca lo tendría. Pero, ella abrazaba sus cicatrices como los amantes perdidos se buscan el uno al otro después de que hayan pasado muchas lunas. Las cicatrices son una parte de ella y no solo una parte de su cuerpo. Indican que ella ganó, dicen que se había curado y que puede sobrevivir a cualquier cosa, incluso a algo que fuera tan malo como él. 

Cuando yo besaba y acariciaba sus cicatrices, no lo hacía para llamar su atención, sino para abrazarlas con mucho cuidado, porque hay algunas cicatrices por debajo que necesitan sanar y cuando beso su cuerpo, estoy tratando de alcanzar esas cicatrices que descansan debajo de su piel.
 
Ella portaba sus cicatrices como si las hubiera comprado recientemente para llevarlas. Ella se quería a sí misma, desde su belleza a su autoestima, a su inteligencia y a todo lo demás de ella. Sus cicatrices eran imperfectas, eran un testimonio a su capacidad de abrazar nuestras imperfecciones, lo cual es mucho más perfecto que eso.

domingo, 23 de octubre de 2016

El Príncipe Azul es una falacia

Olvida al Príncipe Azul y ve en busca del lobo.    
Él puede verte mejor.  
Él puede oírte mejor.  
Él puede comerte mejor.





 

sábado, 22 de octubre de 2016

Un hombre bien definido


No soy una metáfora o una sonrisa. Soy la puta definición de un hombre. Mis ojos son del color del Destino. La presión de mi sangre está siempre baja y mi corazón está hecho de oro. Hablo con confianza y ella siempre me escucha. Soy el sol de tu mañana y el tacto suave que se arropa contra tí con el confort de tu manta favorita. Soy tu momento preferido. No soy ni un sueño o un pensamiento, pero siempre soñarás y pensarás en mí. Soy la realización de un constante y continuo movimiento de amabilidad. Soy calidez y compasión. En mi presencia, encontrarás refugio, protección y una sensación de seguridad. No soy una metáfora o una sonrisa. Soy la puta definición de un hombre.

viernes, 21 de octubre de 2016

¡Hola!

“Adiós” es una palabra que usamos muy a menudo para concluir algo, cerrar un ciclo, un momento. Un período de fases de nuestras vidas. Algunos adioses son temporales, otros son para siempre. Cuando el amor está involucrado, no siempre es fácil. Siempre es complicado. Siempre es difícil dejarlo ir. ¿Por qué siempre tenemos que dejarlo ir? Vivimos en un ciclo de despedidas perpetuas. 

Me gustan los “Holas.” Son un saludo y una forma sencilla de iniciar un nuevo comienzo.  Porque los “Holas” llevan a cabo una bienvenida y transforman a su debido tiempo a ese terrible Adiós. Son enemigos de ese arco que tiene que coexistir constantemente. El Hola está lleno de maravillas y tiene planes por encima de todos los planes. El Adiós ha vivido a través de esos planes y no importa qué, no importa cuán increíbles sean, cómo la vida vaya cambiando y cuánto de tu vida se haya incrustrado en esos momentos, el Adiós siempre se quiere desligar de esos momentos. Una lucha constante de Holas y Adioses, un ciclo siniestro de una montaña rusa emocional sin fin.

 ¿Qué pasa si nos deshacemos de los Adioses y, en su lugar, vivimos dentro de los Holas? Conocer el futuro es inevitable, pero no lo es. Es una variable loca con planes propios, por lo que, en su día, se convertirá en un Adiós nunca dicho, pero que ha estado viviendo, a su vez, continuamente en su lugar. 

Vete al cuerno “Adiós,” te diría adiós, pero sé que me encontrarás más pronto o más tarde. Pues vas a hacer a todos los que quiero y a todo lo que me importa, que les diga Adiós en algún momento. No me gustan las despedidas, vamos a ver más adelante lo que usted dice en su lugar y ver si no podemos mantener la ilusión por todo un día más. Le diré “Hola” a la ilusión y Adiós a las tonterías. Por eso, vuelvo.