sábado, 3 de diciembre de 2016

Mi romance con las palabras

Estoy enamorado de las palabras. Absolutamente, las amo. Me encanta leer las palabras de otras personas. Conseguir ese fugaz vistazo de sus hermosos pensamientos. Es adictivo. Me siento como un voyeur echando una ojeada a sus mentes a través de esa ventana.

También me gusta compartir partes de mí. 
Mi cerebro.
Mis ideas. 
Mis palabras. 
Mis pulsaciones del teclado. 
Mis perversidades.

Todos mis sentimientos los vuelco para que alguien más los vea. Mi imaginación se exhibe. Puede ser un lugar humilde y frágil. Cada carta (e-mail) me lleva por un camino hacia una nueva aventura. Una que no he descubierto antes. Me encanta verlas reunidas para mostrar una imagen. Al verlas, su pura euforia me hace guiñar un ojo.

Sé preciosa con tus palabras. No hay nada más gratificante que mirar algo que has creado y sentirte feliz con ello. El romance con las palabras puede ser, a veces, una relación tumultuosa. Pero, es una relación que merece la pena tener.


viernes, 2 de diciembre de 2016

El hacer de una puta

Uno de sus momentos de intercambio de poder preferidos, vino sin cuerdas, sin juguetes y sin ninguna otra cosa maldita que tuviera reminiscencia del BDSM. Éramos sólo ella, yo, y el poder que estuve sacando de su voluntad durante horas y horas. La hice hacer cosas que estaban en contra de sus principios, y le impedí hacer cualquier cosa que fuera natural para ella.

Cogí su sexualidad, que la conocía desde un tiempo atrás, hacia adelante y a la inversa y la puse en la direccion contraria.

A ella, siempre le ha encantado la sutileza de la D/s, tanto o más que los momentos grandes y perversos. Le gustaba el intercambio de poder sin sadomasoquismo. Cuando decidí alejar los implementos y juguetes y todos los elementos, asociados por naturaleza al BDSM, ella se quedó en el esqueleto del intercambio de poder, y su atención se centraba, por completo, en eso. Es sensual, dura y sorprendentemente carnal.

Su primer dominante sabía cómo jugar por sí sólo con el intercambio de poder. Le encantaba atar a una mujer en las poses más accesibles. Disfrutaba con sus restricciones y juguetes, pero, no los necesitaba. Eran el brillo sobre la superficie de las cosas. Eran la dominación y sumision las que guiaban la relación, y era exquisita. Fue el mejor sexo que ella tuvo nunca. Fue tan intenso que llegó a pensar que se había convertido en una adicta al sexo. Ella no podía pasar ni un minuto sin desearme, y la razón de ello era, que eso era lo que yo quería.

“Siempre conseguía lo que él quería, pues lo hacía de una manera tan misteriosa que todavía no la puedo definir. Inclinaba mi sexualidad fuera de la forma, pero usted la ha transformado por completo. Usted tenía un control total sobre mí. Aparentemente, me hizo suya sin esfuerzo. Es cierto que, en absoluto, hubo fuerza física alguna involucrada. Pero, la habilidad con que usted lo hizo, me desvaneció,”me escribió en su momento.

Ella tenía sus juguetes favoritos. No la malinterpretemos. Los cinturones hacían que se derritiera. Lo mismo ocurría con las pinzas, pero hay algo en el intercambio de poder, que hacia que ella no tuviera necesidad de los juguetes, a los cuales adoraba más que cualquier cosa. Es puro, es hermoso, y es tan potente como follar.

Un dominante que no comprenda esos matices, en absoluto, será  capaz de ser dominante de una mujer inteligente y de carácter. El problema aquí es, que esa marca de dominación viene con principios lo suficientemente rígidos como para empalar a un hombre inferior. La integridad, la honestidad…, que suenan aburridas, pero que en una posición dominante, son los tipos de rasgos que convierten a una sumisa, en una puta total.

No hay manera de que un dominante cualquiera pueda conseguir ese nivel de control sobre este tipo de mujer, si no la  conoce a fondo, no sabe todo acerca de ella, incluso, aquellas cosas que más la avergüenzan y, ahí, está el problema. Ella no puede exponerse a una persona poco fiable. Es por eso, por lo que la cambié por completo: Saqué la vergüenza de cada uno de sus secretos y la dejé de esa manera de por vida.