domingo, 5 de febrero de 2017

La dominación es mucho más que un acto de placer sexual

Es la habilidad de ser capaz de conectar con una persona tan íntimamente, tan de cerca, tan completa y, de tal manera que, su mente, su cuerpo y su alma se entrelazan con la tuya. El control de su espíritu, su mente y su libre albedrío es impresionante. El tacto de la piel sobre la piel es increíblemente electrizante. La conexión se hace ruda, pura y primitiva.

 

Las necesidades, deseos, anhelos y apetitos se encuentran, creando un flujo de pasión tan intenso, un deseo tan íntimo del uno por el otro, que nada puede romper la conexión con la mano, que se hace durante la sesión. Un crescendo de la pasión, compartida entre dos personas, los sentidos potenciados hasta el punto de estallar. En ese momento, en el tiempo, te conviertes en una parte de ellos. Nada en esta tierra, ni en esta vida, se compara con la realización de una dominación auténtica de una sumisa, totalmente dispuesta.

sábado, 4 de febrero de 2017

Pulpo y dulce Tako to ama

Ella se sentó sobre la arena húmeda, frente a una ola creciente que, rítmicamente, engullía sus piernas.

Cerrando sus ojos, se inclinó hacia atrás tarareando su llamada de apareamiento.  

Succionando con suavidad, y caricias resbaladizas, las olas se apoderaron de los dedos de sus pies, progresando con firmeza hasta sus pantorrillas y muslos.

Su espalda arqueada hacia atrás, mientras los tentáculos se deslizaban por su cuerpo, envolviéndose alrededor de su cintura, pechos y cuello. Ella gimió, cuando sus extremidades invadieron su boca.

Instintivamente, abrió sus piernas, de par en par, dejando que la ola siguiente se estrellara contra su sexo ya empapado.

La resaca se derritió en una succión deliciosa que la hizo deslizarse por una espiral resbaladiza y suave de placer.

Las mujeres dominantes no son unicornios

“Yo no voy a darte todo lo que quieras en un plato de plata,” le dijo precisamente un dominante hace un tiempo.

“Lo sé. Eso es lo que me parece excitante,” ella le respondió.

Ella es una sumisa con una personalidad dominante. No habla en voz alta. Es introvertida, un poco tímida, si está cansada, y, por lo general, bastante confidente, cuando no lo está. No es sumisa con la mayoría de los hombres. Sólo con algunos de ellos. Incluso, entonces, procura no ser sumisa antes de empezar a tener una relación D/s.

En los días anteriores al informe Kinsey, la sexualidad era vista como binaria. Se era 100 % heterosexual o 100 % gay. En estos días, sabemos que la sexualidad ha caído en una especie de espectro y que está evolucionando constantemente de día en día y de año en año. Tú puedes haber sido heteroflexible ayer, pero mañana, pudieras estar más cerca de ser homosexual o heterosexual. Luego, usted podría estar cambiando todo su camino hacia otro lado.

Ella es sumisa con una personalidad dominante. Su sexualidad no es binaria. No está hecha de unos y ceros como un ordenador, pero es una persona orgánica. Ha llenado toda una vida de experiencias en los 25 años que ha sido sexualmente activa, pero nunca ha dominado a nadie y no tiene ningún deseo de hacerlo.

Su personalidad no es dominar y no es tímida. Está matizada y evolucionando constantemente. Su relación D/s ha sido orgánica y ha tenido los colores suficientes para hacer un arco iris envidiable.

Hay una diferencia entre sumisa, subordinada y complaciente. La sumisión es una acción, una opción activa para aceptar o entregarse. Esto la obliga a comprender lo que está sometiendo y considerarlo cuidadosamente. El servilismo es tímido, pero sigue activo.

La obediencia es pasiva y obliga a la sumisa a ser un felpudo. No solamente le da a un dominante un juego de intercambio de poder bastante aburrido, puesto que no hay un poder dado que sea correcto, por ejemplo, con respecto a los cuchillos, dado que la pone en riesgo de ser dañada o herida. Su consentimiento sería violado si no se auto conociera bien, porque diría sí a casi todo.

No hay intercambio de poder, si el poder no se intercambia. El intercambio de poder es el punto siempre amoroso de este trato completo de la D/s.

Puedes tener una sesión sadomasoquista. Tal vez, te guste esa dinámica, pero eso no quiere decir que otras dinámicas sean un problema. Solamente te lo crean. Podrías ser un Maestro, pero no un dominante. Es posible que pudieras querer a una esclava, pero no a una sumisa.

La sumisa es un organismo que respira, no un recorte de carbono. El hombre con el que quiere estar no está hecho de unos y ceros. Él es también orgánico. Su sexualidad es espectral y nunca la escogerá porque sea sumisa. La elegirá porque es ella.

Ella es única y, por lo tanto, tú también. Aunque la sumisa pueda estar cerca de los cuarenta o cincuenta años, nunca renunciará al amor. Primero buscará una relación y, en segundo lugar, una estructura sexual. Por lo general, nunca estará dispuesta a tener una relación vainilla, pero tampoco una que dependa exclusivamente del BDSM o la D/s. Ella querrá primero a un hombre y, luego, a un dominante.

Así pues, ella querrá a un hombre que esté buscando primero a una mujer, y a una sumisa, en segundo lugar. La querrá porque sea tímida cuando esté cansada. La querrá porque sea fuerte a las tres de la madrugada y tranquila, a las seis de la tarde. La querrá porque le encanten las palabras, porque crea, porque se ría hasta llorar y porque llorará hasta que se ría. La querrá por su intelecto y, porque, a veces, sea una loca. Él la querrá. Simplemente, a ella y porque es ella.

Y ese no es tu problema. No es su problema. No es el problema del mundo, porque, en absoluto, ella es un problema.

viernes, 3 de febrero de 2017

Anacronismo

Ella estaba tendida en la cama, el hombre robusto, a su lado. Su brazo cubriendo perezosamente sus pechos. Ella observaba el ventilador del techo girando en un ritmo cómodo, sometiéndose al agotamiento de su cuerpo. Las fibras musculares, a través del cuerpo de ella, se relajaban en la flacidez, gastado, gimiente, inútil. El incidente fue casual. Un capricho. Una frontera. Las palabras del hombre nunca sugirieron o exigieron el congreso de carne que acababan de celebrar. Pero, sus ojos azules de acero, una mandíbula aparentemente grabada de granito, la convencieron de lo contrario.

Ella aún podía sentir que él entraba en su cuerpo, despacio, lentamente, progresando, casi enmascarada por su humedad persistente, pero aferrándose a sus sentidos en este estado relajado. El hombre, cuyo nombre nunca había preguntado, era un anacronismo vivo. Su tacto hablaba de elegante caballerosidad, más considerada de su feminidad que cualquier hombre que llegó antes que él. Cuando la cogió, cerrando sus manos alrededor de sus hombros, mientras abusaba brutalmente de su tímido coño, sus acciones se burlaban de cualquier sentido de liberación femenina.

La historia de ella estaba llena de momentos escritos por amantes pasivos y asustados. Esto no era lo que ella necesitaba.

Su baño, en un recuerdo reciente, terminó con empuje de movimiento. El hombre levantó sus brazos de ella, sacó las piernas de la cama y se puso de pie con un movimiento gracioso, el cual traicionaba la rigidez feroz que se mostraba en su físico musculoso. Ella sonrió, observando cómo se vestía, disfrutándole de nuevo, mientras las cuerdas ondulaban por todo su cuerpo. Tenía que terminar en cualquier momento.

“Lo siento, pero tengo que irme,” susurró, abrochándose los vaqueros deshilachados y sin etiqueta. Incluso, su camisa parecía existir fuera de tiempo: áspera, ajustada, vistiendo las cicatrices de los años y de trabajo. La simple masculinidad arcaica en él hacía que su estómago se estremeciera.

Poniéndose su sombrero de paja, le hizo una inclinación de cabeza y sonrió: “Gracias.”

Ella sonrió, encogiéndose en una posición fetal, como si estuviera atrapando el éxtasis dentro de ella. “Gracias,” ella dijo en respuesta, suavemente,  sus ojos grises encendidos con fuego frío. “Espero que lo hayas disfrutado.”

La sonrisa del hombre sin nombre se desvaneció cuando él cruzó la habitación, su intención estaba ahora en otra parte. Un parpadeo de algo – algo que no existía – se registró en su visión. La puerta se abrió con un chasquido. Ella miró directamente al espejo frente a la cama. Ella se fijó. Al pasar, el hombre no había mostrado ninguna reflexión.

“Señora, fuiste el momento más grande que nunca tuve,” él dijo, cantando con una tristeza profunda, los ecos del anhelo flotando en el espacio muerto.

Luego, se fue.

jueves, 2 de febrero de 2017

La perversión es una fuerza curativa

La D/s crea más intimidad de la que una mujer pueda encontrar en una relación vainilla. Sólo tiene un requisito. La exige poner toda su alma al desnudo. Le exige ser lo más instintiva posible.

Requiere que revele todo sobre ella, porque esa es la única manera con la que se puede construir la confianza, y el intercambio de poder exige una confianza desgarradora de las partes que están a ambos lados de la barra. Generalmente, la mayoría de las sumisas lo saben, pero a menudo, dos pequeñas palabras las acosan: La vergüenza y la timidez.

La sumisión de la mujer viene con cientos de etiquetas. Pueden ser una sumisa de servicio, una sumisa sexual, una masoquista y, por supuesto, la mayoría, inteligentes. Pero también, muchas, condenadamente tímidas. Por lo general, se conocen por dentro y por fuera, pero, les cuestan articular lo que quieren y necesitan. Suelen un tipo de persona que se toman un respiro antes de decir una frase, sólo para dejar todas esas palabras no dichas. Son lo suficientemente brillantes, pero estarán condenadas, si, a veces, no ven a su dominante, y le esperan para que lea su mente.

La sumisión es algo rara. La sumisa no puede hacerse totalmente impotente porque, entonces, no tendría poder para intercambiarlo. Eso viene con un efecto extraño secundario, aunque: Contra más poder le entregue a su dominante, más poderosa se convierte en su vida vainilla. La D/s es intensamente liberadora, pero es imposible tener una dinámica consistente y sólida, si la timidez y la vergüenza están obstruyendo las aguas.

Aquí es donde la perversión se convierte en una fuerza curativa: A pesar de lo mucho que la sumisa suele despreciar el intercambio de poder como terapia, no puede negar lo que añade a su confianza cada día. Si pudiera embotellarlo y venderlo como una droga, ganaría el suficiente dinero como para comprar esa cabaña en medio de la nada con la conexión perfecta a Internet. Lo perverso es terapéutico y tanto como suelen negarse a ir al psiquiatra o al psicólogo, cada día borra un poco más su timidez.

Si excusas el cliché, los secretos te mantienen enferma y si eres capaz de tener una relación D/s segura y profunda sin compartir todos tus secretos, te comerás tu teclado con un buen potaje y un buen vino. Simplemente, no creo que sea posible.

Sólo cuando compartes tus secretos, es cuando encuentras aceptación, y esa es la única cura que conozco para la vergüenza. Elimina la vergüenza, y la timidez empezará a disiparse. Si un dominante te hubiera dicho al principio de tu relación que la D/s era tan poderosa, le hubieras dicho que era un idiota, pero, con el Dominante adecuado en tu vida, lo es. La intimidad y la confianza valen una década de terapia.

Todo esto significa la idea que tienes de un dominante auténtico, no es alguien que está frunciendo el ceño durante todo el día y, además, coma vidrio en la cena. Una sumisa nunca podrá mantener una dinámica sonora de la D/s con un tonto del culo y con los ojos acerados, porque no revele todo lo que es a una persona no fiable. El Dominante, con D mayúscula, es un oso gigante de peluche y tiene que ser capaz de acceder a tus necesidades. Él es alguien que llora con las películas y duerme con su perro.


miércoles, 1 de febrero de 2017

Ella no quiere...

Ella no quiere elegir. Ella quiere amar lo único que vas a hacer por ella. Ella no quiere una salida, quiere el lugar que vas a crear para ella, para estar exactamente donde quiere estar. Ella no quiere decir no, quiere que siempre le des una razón para no tener que hacerlo. No quiere decidir, ella quiere ser capaz de respetar tus decisiones.

Ella no quiere dejarte, pero que lo hará, si continúas dándole una razón para hacerlo. Ella quiere ser propiedad de alguien, reclamada y conquistada, pero lo más importante, quiere que comprendas lo que ella quiere, sin tener que decir siempre lo que desea. Por lo tanto, escucha, aprende y observa, porque incluso, si no tú no lo quieres hacer, ella quiere que lo hagas.