jueves, 4 de junio de 2020

El poder erótico de la sumisión

Me pregunto si muchas sumisas comprenden el poder que ellas mismas emanan en el mismo acto de la sumisión. Es un poder erótico.


A menudo, al leer un correo electrónico, me ha sucedido. Por lo general, un mail, sin tener un contenido salaz, pero, de una mujer sometiéndose a mi deseo, me ha excitado de una manera  muy especial y particular. Sólo por saber que se somete a mí.


Este no es el poder de una mujer en particular. Me ha sucedido innumerables veces con más de una mujer que me ha dado el privilegio o posibilidad de ser su Dominante o ser azotada.

miércoles, 3 de junio de 2020

La intimidad en su mente

La intimidad ha estado esta noche en su mente. Hoy se trataba de un tema breve de conversación con un dominante amigo de ella. La primera vez que él habló de este asunto, ella se dio cuenta que la intimidad es lo que realmente se pierde en la mayoría de estos días. Echaba de menos la intimidad que viene de ser una sumisa comprometida con alguien que realmente lo consigue. No todos los dominantes la consiguen. Pero, sí unos pocos, muy pocos.

Desde hace varias semanas, ella ha sentido intensamente algo. Como si algo faltara. Realmente, no podía saber qué y, en sus momentos más sombríos y excitantes, lo atribuía a relaciones sexuales plenas y acompañadas de un intenso azote previo. Pero, quizás, esto no lo fuera.

Tal vez, le estuviera faltando lo familiar. Ella había tenido una enorme cantidad de cambios en su vida durante los últimos doce meses. Recientemente, se ha mudado de la casa donde ha vivido durante veinte años de amor bueno, malo, maravilloso y triste. Más amor que cualquier otra cosa. Un montón de amor, pero era la hora de mudarse a otra fase de su vida. Por lo tanto, empaquetó su vida y se plantó por sí misma en un lugar nuevo y maravilloso. Nuevo y desconocido. Pero maravilloso. Durante un tiempo, estuvo felizmente involucrada en una relación D/s. Luego, de repente, ya no lo estaba. Un nuevo trabajo, una nueva casa, un nuevo estatus. Montones de cambios en un espacio de tiempo muy corto.

Ella siempre ha sabido que necesitaba ser la sumisa de alguien. Durante una buena parte de su “carrera sumisa,” ha tenido la suerte de ser la sumisa de alguien, para mejor o peor. Normalmente, para mejor, pero ya sabes lo que pasa. Cada relación tiene sus altos y bajos. Ha sido muy afortunada al tener más altos que bajos, aunque admitía que sus bajos han sido patadas reales en el culo.

Pero, volvamos a la intimidad que la D/s trae a la vida. La intensidad inherente que una relación de este tipo aporta a la intimidad, carece en el sexo vainilla. Es mucho más que una cercanía. Es casi espiritual. La intimidad real se desarrolla con el tiempo, que es una de las razones por las que generalmente ella evita las relaciones por las noches, son un mero juego. Pasaba de entregar su sumisión a alguien que está hoy aquí y mañana se ha ido. Esto siempre la dejaba con un sentimiento de vacío muy triste.

Había descubierto que la D/s acortaba el camino hacia la intimidad. A menudo, no es un largo viaje de negocios personales de sumisión. Pero, uno de los mayores problemas con esta clase de intimidad es la vulnerabilidad que la acompaña. Tiene miedo de ello. Pero, no puede conseguir intimidad sin ponerse ella misma en primera línea. Y, si se pone en primera línea, entonces se vuelve vulnerable. Un círculo perverso.

Una relación D/s es una cosa poderosa. Cuando ella está inmersa en una relación, pone su total atención y concentración. Pero, a veces, es difícil disfrutar la relación sin permitir que el miedo fluya. Ella puede pensar que esta clase de miedo la hará volver atrás y da un 95 % en vez de un 110 %. Pero, no. Ella, no. Lo da todo.

Todos tenemos equipaje. Siempre nos divertimos un poco leyendo anuncios personales, insistiendo en que cualquier persona con bagaje, no debe involucrarse. Nadie vive sin recibir un pequeño bagaje a lo largo del camino. El truco está en aprender a guardar el bagaje en un armario y no permitirle que se siente en la acera o en el camino donde puedas pasar por encima del mismo.

Para ella, las relaciones más íntimas y emocionalmente satisfactorias en su vida han sido las que han tenido el color de la D/s. No las vainillas. Y después de experimentar esa clase de unión e intimidad, ¿Quién quiere conformarse con menos?

Ella, no.


martes, 2 de junio de 2020

El amor no es tan simple

Hace años se casaron. Ella era joven, preciosa y delicada. Él era mayor, un hombre guapo, atlético y carismático. Comenzaron una familia, compraron una casa, trabajaron, jugaron, hicieron las cosas que la gente hace. Entonces, sucedió y él nunca volvería a caminar. Ni a trabajar, ni a jugar, y ni hacer las cosas que la gente hace.

Ahora, ella trabajaba y cuidaba de los niños pequeños, cuidaba de la casa y cuidaba de él. Cuidar a su marido era un trabajo duro y físico, un trabajo exigente, personal, íntimo, y nunca dejar de trabajar, y lo más frecuente, un trabajo ingrato.

Le habían robado su vitalidad, su movimiento, su libertad, su vida, su orgullo, su independencia, sus roles, ante sus ojos, todo. Él era dependiente, y estaba deprimido, afligido y, especialmente, enojado. No hay manera correcta de lidiar con este tipo de realidad y estas emociones, pues hay muchas formas hirientes. Bebió y arremetió, se echó la culpa y derribó a sus seres queridos. Luego, se arrepentiría de todo, se esforzaría más por ser el esposo y el padre que quería ser. Luego, se desesperaría y caería en una depresión más profunda. El ciclo seguía interactuando.

Ella se quedó con todo eso, sin siquiera salir de la habitación para lo peor. Es cierto, nunca lo dejó al cuidado de nadie. Ella protegió a sus hijos tanto como pudo. Ella renunció a su libertad, sus deseos y necesidades. Estaba asustada y muy sola. Ella no tenía la fuerza para irse o exigirle que controlara lo que podía controlar, que encontrara una manera de detener el abuso. Pero necesitó una fuerza increíble para vivir su vida, como ella lo hizo.

Los niños crecieron y su nido vacío quedó marcado por una serie de tragedias y crisis médicas. Su salud se volvió más débil y sus necesidades aún mayores. Ella ya no era físicamente capaz de brindarle una atención, aunque ella misma corría al hospital para intentarlo.

Este día, la encuentra junto a su cama en la UCI, con el respirador que le proporciona la respiración después de una crisis que casi tuvo un resultado muy diferente. El personal de la sala de emergencias le había preguntado unas horas antes, si deseaba que se tomaran medidas extraordinarias o no, si tenía una orden DNR vigente. Ahora que puede procesarlo todo, se desmorona: “No sé lo que haría sin él, lo necesito, lo amo mucho.”

lunes, 1 de junio de 2020

La tentación molesta vino a Sevilla

En sí misma, ella era un enigma. En un estado de profunda agitación interna y cambio, las sombras de sus pensamientos confusos, que ella llevaba como perfume, encapsulaban cada pensamiento de confusión hurgando en su mente. Simplemente, ella era intoxicante porque era fácil perderse en su vórtice de palabras porno, así como en su encanto mortal de cuentos engañosos.

Nuestra comunicación no era la de una personalidad dominante danzando con una mocosa de golf. Era más compleja que eso. Eran dos artífices de la palabra retandose, tratando de obviar a la otra parte en un juego de damas. Sí, de damas, y no de ajedrez, porque ella quería jugar, pero tambien quería, a veces, perder y sufrir por ello.

Estaba claro, ella no estaba impresionada por mí. Ella no coqueteaba, era más como una tentadora fría, sabiendo qué botones apretar, para incordiar a mis deseos. Jolínes, yo quería domar a esta elusiva mocosa más que cualquier deseo en particular que actualmente tuviera. Yo no la quería someter, así pues, podría usar su carne deliciosa para mis sádicos deseos, sino más bien, lo que yo quería era hacer lo imposible. Quería tener un momento tan rico en honestidad, que cuando ella estuviera arrodillada y nuestras miradas colisionaran,  me viera alcanzar su alma y así, yo poseería su verdad. En ese momento de estar completamente expuesta por lo que ella es, amablemente acariciaría su alma, la besaría y le susurraría: “Te conozco, te veo y sí, eres hermosa.” Esa perra malcriada sería conocida por ser quien ella realmente era, sin la cortina de la lengua plateada de ilusiones y cuentos fantásticos para esconderse detrás.

Si usted le decía que era hermosa, ella se burlaba y decía que no había tenido mano en la creación de lo que usted veía. Si le decía que era lista, se reía y menospreciaba el cumplido, diciendo que su inteligencia no era más significante que el color arbitrario de sus ojos, simplemente algo que heredó y no creó, por lo tanto, ¿por qué debería ser alabada por ellos? Bueno, cuando yo derribe sus paredes, cuando sea forzada a revelarse a sí misma ante mí, voy a exponer su cuerpo y azotarla con bondad y admiración. Ella será poseída con un aviso al notificarle la importancia del momento.

A pesar de que tenía poco interés en verme,  fui capaz de conseguir que viniera a Sevilla, porque había masturbado su diccionario y se sentía inspirada, anhelaba la palabra porno que le estaba ofreciendo. Pero, yo tenía algo más planificado para esta tentadora del dictado.

Ella llegó y después de registrarse en su hotel, la acompañé de visita por la ciudad. Un día de sabor vainilla catando vinos, viajes en coches de caballos observando a los patos jugar en la Plaza de España y una cena consistente en sabrosas cervezas y deliciosas tapas mezcladas en el vórtice de sus palabras.

Terminamos en su hotel de la Plaza Nueva con vistas a la ciudad que, previamente había reservado para ella. Daba por hecho de que yo no iba a pasar la noche, pero después de dos bebidas en el bar del hotel, me preguntó si me gustaría subir a su habitación. Lo dijo con una sinceridad tan amable que nunca antes había estado presente.

Cuando llegamos a su habitación, se puso agresiva, presionándome contra la puerta, mientras yo la cerraba, apretando sus labios contra los míos, como si quisiera succionarme el alma.

La agarré por el cuello y le pregunté qué coño estaba pensando hacer. Me dijo que se sentía muy excitada, inteligente y que al estar expuesta a esa combinación durante todo el día, le había dejado un deseo muy profundo y que ella quería apagarlo. Me rogó que la follara con mis palabras.

En cambio, la llevé al borde de la cama y la besé en la frente. Le dije que no sería follada, azotada ni cogida. Que se iba a sentar a mi lado y que íbamos a hablar.

Eso es lo que hicimos aquella noche. Durante muchas horas, intercambiando pensamientos, risas, vulnerabilidades y todos los otros dispositivos de los juegos de palabras que pudimos conjurar. A veces, la abrazaba, y ella se reía por lo demás.

En el momento en que la conversación se estaba desvaneciendo y la noche avanzaba hacia su fin, le cogí la mano para levantarla de la cama, la puse de pie y la miré a los ojos. Ella estaba feliz, expuesta y conocida.

Me apoyé en su oído y le susurré: “No siempre tienes que esconderte, eres hermosa cuando estás fuera.” Le cogí su mano y la besé, besando a su alma en el proceso. Me abrazó muy fuerte y besó mi mejilla, entonces, nos dirigimos hacia la puerta. Ella sonrió, yo sonreí y nos separamos por la noche.

Yo había decidido, cuando estuve todo el día con ella, que no era un avatar o el pensamiento de una persona, sino alguien real a quien yo debería tratarla como tal. Por otra parte, ella no era una mocosa que necesitara ser domada y poseída, al menos, no por mí aquella noche. Ella era una mujer joven muy bella y yo sólo quería escuchar sus palabras en mis oídos.

Puede que la hubiera conquistado, pero conseguí lo que yo quería, saber quién era ella en realidad y fue mucho mejor tener esa rara visión de una persona tan impresionante.