La exploración erótica de una relación Dominante/sumisa desde la perspectiva de un dominante
Aunque le encantaría, ella es incapaz de ver, sentir, oler o saborear la polla de su Señor todos los días. A pesar de que han pasado un par de semanas desde la última vez que lo vió, ella puede visualizar y recordar completamente, mientras está acostada en la cama una mañana, o una noche. Le encanta imaginar que está tocando su verga suave y que su mano la abraza con firmeza, mientras abre la boca para recibirla en su interior. Su Amo tiene un pene grande, que es mucho más que un bocado, lo cual significa que, cuando ella la tiene en su boca, se ve obligada a prestarle toda su atención.
Flujo y reflujo de la dominación. El ir y venir. Ida y vuelta. Desde aquí para allá y, de nuevo, vuelta. La mente y nuestras personalidades son algo graciosas. Un día podemos estar en un espacio concreto para la cabeza, y al día siguiente, ser totalmente diferente. Para algunas personas, esto no ocurre de un día para otro, sino que quizás, de una hora a otra o de un minuto a otro. No, no me refiero al estado de ánimo de las mujeres y cómo cambian sin previo aviso. Estoy hablando de la mentalidad y necesidades del dominante.
Todos tenemos estados de ánimo que recorremos dependiendo de lo que esté sucediendo en nuestras vidas. No soy una excepción, y las necesidades de mi dominación también cambian. Hay días, en que me siento muy sensual y apasionado. Quiero ser más amable y cariñoso. Quiero besar y acariciar suavemente la mejilla de una sumisa. Quiero disfrutar la elegancia y sensualidad de sus curvas, que hacen que mi sumisa sea la mujer que es y recorrer parte de ella con la yema de mis dedos. Quiero explorarla y disfrutar de todo lo que es. Quiero provocar y aumentar sus sentidos al tacto y hacer que quiera más. Quiero que se sienta amada y cuidada y que sienta ese lado de mí. Saber que está ahí, y que es parte, de lo que ella recibe de mí.
Por el contrario, hay días en que me siento muy dominante y siento la necesidad de exponer y mostrar ese lado de mí mismo. Siento la necesidad de ser rudo y contundente para mostrar mi dominio en su máxima expresión. Quiero puñados de pelo. Quiero hundir mis dedos en ella. Quiero dejar marcas sobre su carne. Quiero atarla y hacer mi camino con ella. Quiero tomar lo que es mío y recordarle a quién pertenece. Incluso, puedo hacerlo, solo porque puedo. Quiero hacerla gritar y jadear en una combinación de dolor y placer, y sentir que se somete a lo que siento necesidad de hacerle. Necesito que sienta mi dominio y no tenga dudas sobre quién tiene el control y está a su cargo.
La belleza de tener una relación D/s o BDSM con la pareja adecuada, es que ella comprende este lado mío. Comprenda las múltiples capas de necesidades que residen dentro de mí. Que ella comprenda y necesite para sí misma los diferentes niveles y formas en que expreso mi dominio. Necesita mi lado amable y gentil, así como mi lado contundente y controlador. Incluso creo, que ambos necesitamos el flujo y reflujo de ambos lados de la dominación y sumisión. Nos sentiríamos un poco incompletos teniendo una dominación constante y contundente, y sin el cuidado y el amor. Nos sentimos menos completos, al tener solo las caricias suaves y el cuidado, y ningún control y dominio abiertos.
Cada uno necesitamos los flujos y reflujos de lo que tenemos en nuestra relación. Es lo que nos da la oportunidad de tener una relación completa que contiene todos estos aspectos de la D/s, que cada uno de nosotros necesita. No son las mujeres quienes tienen esos cambios de humor y mutaciones. Los hombres también los tenemos y en el dominante, se pueden manifestar en nuestras necesidades y deseos con nuestra sumisa. La clave es comprender estos cambios naturales y hacerlos encajar dentro de su relación y lo que tanto el dominante y la sumisa necesitan el uno del otro. La clave es suavidad y el curso de la relación puede hacer que lo que tienen sea más completo y mejor para cada uno de vosotros y así, fortalecer los lazos que juntos tienen.
Pensamientos y sentimientos. Parece que su vida se ha convertido en un camino de giros y curvas. Siente que ha emprendido un viaje sabiendo realmente el destino. Es como si un día, ella se levantara y pensara: “¿Sabes qué? Tengo algo de tiempo libre, por lo tanto, me voy de viaje y veré dónde termino.” En su mayor parte, está siendo divertido. Pues, es cierto, que ha estado lleno de descubrimientos y aventuras. Pero, desde hace poco, se acerca a lugares más peligrosos que sacian su curiosidad sensual. Algunas veces, el camino parece estrecharse y ella tiene la sensación de que está a punto de desaparecer en un agujero muy profundo. En otras ocasiones, parece que se encuentra en un callejón sin salida. Lo que, es más, a pesar de que pensaba que había recorrido kilómetros y kilómetros, se dio cuenta de que sólo estaba a la vista del punto de partida y todavía no sabía dónde estaba su destino.
Hace algo más de dos años que tuvo su primera conversación con un Dominante. Intercambiaron mails y, casi de inmediato, ella supo que había encontrado a alguien que quería conocer. Hablaron los días siguientes online y por teléfono, y en unas semanas, se conocieron en persona. Cuando se despidieron en aquel encuentro, ella se preguntaba si había valido la pena y si volvería a hacerlo, y tuvo claro que no lo haría. Sin embargo, ella seguía sus escritos a diario. Algo le transmitían. Una parte de él, una parte de su manera de entender la dominación y sumisión, de sentir y comprender a la mujer sumisa.
Conocer a aquel Dominante, ha tenido importancia en su vida. Sin Él, sin sus escritos, nunca habría explorado este nuevo mundo de la manera que lo está descubriendo. Es muy probable que no hubiera descubierto cuán satisfactorio puede ser el sexo o algunas de las cosas que ahora encuentra que ama y desea (y algunas veces, odia y añora). Sin Él, sin sus escritos, no habría explorado una parte de sí misma que ni siquiera ella misma sabía que tenía oculta. De otra dimensión de la dominación y sumisión. Sin Él, no se habría dado cuenta de que dominar no significa ser tratada como una especie de alfombra en la puerta. No habría descubierto que la sumisión puede ser satisfactoria y puede liberarla de las presiones de la vida real.
En realidad, hace algún tiempo, ni siquiera sabía que era sumisa, o se sentía sumisa con un componente vainilla. Posiblemente, pensaría que era una persona bastante aterradora para las personas que no la conozcan bien. Pero, en realidad, últimamente ha sido un tiempo de autodescubrimiento masivo. Cuando empezó este viaje, pensaba que las cosas sumisas eran justo someterse en el dormitorio. Pensaba que el BDSM trataba del dolor, ataduras, humillación, etc., hasta cierto punto, tenía razón, pero ha descubierto que se trata de mucho más.
Es muy posible que ella haya hecho amistades online y en la vida real relacionadas con la D/s. Desea expresarse aquí y en la vida también. Me parece que puede escribir pensamientos y sentimientos, pero también desea hablar de ella y sus necesidades oscuras con ese Dominante.
Ignoro si está inhibida con su pareja o no. No puedo hablar de lo que no sé ni entiendo. No creo que tenga intención de hacer daño a nadie, pero, a veces, es moralmente inevitable. Me encantaría escribir sobre las grandes cosas que ella y su Dominante podrían hacer juntos, pues me parece terapéutico escribir sobre los aspectos más oscuros de las personas. De todos modos, como escribo principalmente para mí, hablaré del pecado, pero nunca del pecador.
En una charla reciente en una red social, aquél Dominante le dijo: “…también contemplo hablar en su momento de nuestros lados oscuros.”
“Bueno, bueno ... como cualquier persona también tengo mi lado oscuro.” Le respondió como vanagloriandose de su vena perversa.
“Además, como forma parte de tu personalidad, también me seduce. Lado oscuro, lado perverso.” Añadió el Dominante.
“Cuando quieras, claro que sí.” Ella le escribió al día siguiente.
“Pues, cuando quieras y puedas, busca los momentos de complicidad. ¿Te acuerdas cuando le hablaste en aquella madrugada temprana que le buscabas y le encontraste sin esperártelo? Recuerda que estuvistéis hablando hasta rayar el alba. No estabas en tu mejor momento.”
Aún así, Él la escuchó, ya la esperaba…
Dos caras de una misma moneda. ¿Eres una mujer sumisa?
De acuerdo con mi experiencia, la mujer alfa y la sumisa zorra son a menudo dos lados de una misma mujer fuerte: Un lado público, un lado privado. He descubierto que muchas mujeres alfas profesionales durante el día (ejecutivas, doctoras, abogadas, emprendedoras, supermamas) que, a menudo, anhelan escapar de su entorno para ser una zorra sumisa en el dormitorio sin control ni tomas de decisiones.
¡Qué buena mujer!
Para ser claro, no estoy diciendo que todas las mujeres Alfas sean también sumisas. Estoy diciendo que parece haber un perfil psicológico específico, que hace de la mujer Alfa sumisa un arquetipo común entre las mujeres. Me refiero a estas mujeres como “contradicciones feministas.” Mujeres exitosas, fuertes e independientes, anhelando en público ser muy femeninas y sexualmente muy sumisas en privado. Las describo como “contradicciones feministas” porque la mayoría de los hombres las ven como una contradicción confusa entre la persona y su sexualidad, que no pueden comprender ni descifrar. En realidad, son hembras Alfa sumisas o sumisas Alfa, una mujer sumisa a un solo macho Alfa, a la vez que es dominante sobre todos los demás.
Muchas mujeres son sumisas por elección o por un anhelo natural. Las sumisas Alfa anhelan ceder el control a un Dominante fuerte y seguro por naturaleza, como parte de su necesidad de escapar mental y sexualmente de su personalidad cotidiana en el control. No tener el control es un alivio ante la constante toma de decisiones y estar al frente durante sus ocupadas y estresantes vidas diarias. Creo que la mayoría de la gente no entiende que la sumisión es, en parte, un acto de escapismo de sus propias personalidades públicas.
Las mujeres alfas son, por naturaleza, un paquete increíble de cualidades y habilidades: Mucha confianza en sí mismas, inteligentes, exitosas, sanas, y con estilo. La mayoría de los hombres no pueden soportar estar con una mujer así. O se sienten inadecuados como hombre o se sienten incómodos sin poder ser el centro de atención. Se necesita mucha confianza como hombre, y en sí mismo, para estar con una mujer alfa.
También es la razón por la que estas sumisas alfas solo pueden ser atraídas por un macho alfa fuerte, poderoso y seguro. Los hombres débiles y mansos no les atraen. A menudo, los hombres sumisos malinterpretan la personalidad pública de la mujer alfa, así como la personalidad sexual de estas mujeres sumisas alfa. Los hombres malinterpretan a estas mujeres, porque quieren que estas sumisas alfas los dominen sexualmente en privado: Incompatibilidad total. Un hombre fuerte, decidido y seguro de sí mismo, despierta de verdad, el sentido femenino de estas mujeres. Una sumisa alfa sólo puede someterse a un hombre, que ella perciba y sienta, que es aún más seguro que su personalidad pública: El respeto y la confianza son requisitos clave.
Desafortunadamente, la sumisa alfa, a menudo, no puede discernir entre los hombres dominantes y los hombres controladores.
Lo que confunde a la mayoría de los hombres, es que existe una contradicción en el comportamiento que estas mujeres quieren de sus parejas masculinas: Caballeros en lo público y cavernícolas en el dormitorio. En realidad, los hombres somos criaturas bastante simples. La mayoría de ellos piensan que, si las mujeres quieren un caballero cortés y considerado en público, también deben querer un caballero cortés, y también considerado en el dormitorio. En segundo lugar, la sociedad y el feminismo les han robado a muchos hombres sus instintos naturales más básicos. Ser un buen esposo/padre, según los estándares de la sociedad, ha feminizado a muchos hombres en su comportamiento social. Luego, para una sumisa alfa, encontrar un hombre que sea seguro de sí mismo y que aliente y apoye su carrera profesional, a la vez que sea sexualmente dominante en el dormitorio, no es una tarea sencilla ni fácil.
Una de las formas más consistentes que he encontrado para identificar a las mujeres alfa sumisas públicamente, o en una cita, es que, a menudo, suelen decir: “Intimido a la mayoría de los hombres que conozco.” Para confirmar mis sospechas iniciales, una vez hice una declaración atrevida y coqueta, durante una conversación con una mujer alfa sumisa, para luego evaluar su reacción.
Le dije serenamente: “Sí, pero, incluso, las chicas buenas, en ocasiones, necesitan unos buenos azotes.”
Naturalmente, su zorra interior se reveló. Al ser audaz y apoderarse de lo que desea sexualmente en privado este tipo de mujer alfa, es una receta infalible para convertirla en su alter ego travieso y sumiso. Instantáneamente se encenderá cada resorte de su personalidad alfa sumisa.
Hablando una vez de este tema con un colega dominante, me expuso una experiencia suya vivida hacía poco tiempo. De vez en cuando, salía con una abogada, especializada en divorcios, muy sexy, menuda y muy exitosa, la cual le dijo en su primer encuentro, tomando una copa, que “ella intimidaba a la mayoría de los hombres que conozco.” Esta expresión fue la pista para darse cuenta de quién era ella. Él se rió abiertamente de lo que acababa de decir, y ella se molestó un poco. Sonriendo, le dijo: “Mides 1,75 y pesas 60 kgs. Estás húmeda hasta el extremo de que puedes ahogarte, ¿qué te da tanto miedo?”
Entre ellos existía una química sexual intensa cada vez que se reunían para cenar. Sus besos, increíblemente sensuales y apasionados, dejaron pocas dudas en su mente sobre las verdaderas emociones por él, pues había acordado de ir despacio para conocerse primero antes de intimidar entre ellos. En una palabra, no tener sexo hasta después de cinco citas. Este era su plan.
En su cuarta cita, fueron a una fiesta de Navidad y después regresaron a la casa de ella. Mientras se besaban apasionadamente en el vestíbulo, lentamente, él deslizó su mano izquierda por su garganta. Besó el camino hacia su cuello, luego, le susurró a su oído lo que pensaba hacerle a su cuerpo. Él sintió que todo el cuerpo de ella se aflojaba entre sus brazos. Le dijo que supo instantáneamente quién era ella sexualmente y luego, sus ojos se abrieron de par en par. Inmediatamente, ella cogió su mano y le condujo al dormitorio. Él desabrochó lentamente el vestido y acarició despacio su cuerpo expuesto, lo que le puso la piel de gallina por todas partes. Ella se veía absolutamente impresionante con sólo el sujetador y sus bragas negros de encaje, puestos.
“Sí, quiero,” ella respondió. Después de eso, todos los sistemas se fueron por una noche salvaje de pasión juntos.
Lo que él le hizo en el dormitorio, la dejó completamente alucinada. Estaba tan increíblemente excitada por ser cogida sin previo aviso y sin que se lo pidieran. No podía dejar de hablar debido a lo excitada que estaba por la experiencia. Ella había anhelado ser dominada durante años, pero la mayoría de los hombres están demasiado intimidados por ella como una mujer alfa, demasiado alfa o caballerosa y educada para hacer un movimiento tan audaz en privado.
Con experiencia y madurez, se puede ver tanto el bosque como los árboles en la vida, y todo se vuelve mucho más claro. La mujer sumisa alfa quiere un caballero elegante en público, que la haga sentirse hermosa, sexy y apreciada, pero también, quiere un macho alfa fuerte, seguro, decisivo y sexualmente dominante, de modo que la devore en privado como ser sexual femenino…
Dominantes débiles y machos vainilla:
Sospecho que te has dado cuenta de que muchos machos vainilla quieren que los domines sexualmente y muchos dominantes te dicen que no eres realmente sumisa, debido a tu energía fuerte y segura que no se deja intimidar por la simple fanfarronería machista. Ninguno de estos grupos de hombres te reconoce como una contradicción de dos mujeres diferentes en una. Tampoco son lo suficientemente fuertes y confiados para ti. Necesitas un macho alfa, que sea más fuerte que tú y que esté dispuesto a seguir y someterte a su liderazgo.