jueves, 11 de febrero de 2021

Haré que te duela

¿Conoces ese tipo de sexo, donde al día siguiente, te duele todo el cuerpo? ¿Donde puedes sentirlo en tus abdominales, debido a la frecuencia que te mantuviste en una postura determinada, y el dolor en tus caderas, te recuerda cómo separaste las piernas una y otra vez para que él enterrara su falo en tu cuerpo? ¿Que los músculos de tu espalda baja los sientas tensos, debido a cómo arqueaste la columna para que él te embistiera rudamente y penetrara en tu profundidad?

 

El tipo de sexo que te deja marcada. Moratones en tu cuello y en tu pecho, dejados atrás por una mezcla de mordiscos y dedos ásperos que te sujetan y las picaduras al rojo vivo de la palma de su mano al conectar con la carne de tu trasero. Un golpe intenso, haciendo que la respiración salga de tu cuerpo siseando y, al día siguiente, cuando te mires al espejo, puedas ver las líneas rojas, dejadas en ese momento por sus dedos. Pasas las yemas de tus dedos por la sombra de sus golpes para descubrir, que no solo puedes ver dónde te hizo arder, sino que también puedes sentirlo. La piel, un poco en carne viva, un poco sensible. ¡Ah! Duele tan bien.


“Quiero eso. Quiero que me vuelvas a hacer daño. Quiero que seas rudo y bruto, para arrastrarme, sujetarme, bajarme a rastra de la cama y ponerme de rodillas, magullar mis labios con la intensidad de tu beso, mirar mis ojos, mientras me llenas la boca con tu gruesa polla y tejer mi cabello con tus dedos, puedes follarme la cara como quieras…”

 

Sólo pensar en esto, hace que a la sumisa le duela, porque éste es un tipo de dolor diferente. Este dolor se encuentra entre sus muslos, un pulso caliente de necesidad que se anida en su vagina y hace que se mueva en el asiento. Pensar en su Dominante, hace que se introduzca la mano entre sus bragas, hunda sus dedos en sus pliegues, deslizarlos dentro de ella y sentir su coño apretarse alrededor de ellos, mientras recuerda todas las formas en que le provocó el dolor.


martes, 9 de febrero de 2021

La historia de O

Creo recordar que he escrito un par de veces sobre La historia de O en este blog. Pero es tan excepcional, que siempre es una fuente de inspiración muy socorrida, para escribir en los momentos en los que la inspiración se esconde o se aleja de mí. No sé cuántas veces la he leído y comentado. Una vez más, he tenido que recurrir a ella. 

¿Por dónde empiezo? Quiero decir, ¿sobre qué se puede escribir de este libro que no se haya dicho ya? Después de todo, es una de las novelas eróticas más famosas de todos los tiempos, muy leída, analizada y discutida. Allanó el camino para una futura generación de escritores eróticos y, hasta el día de hoy, sigue siendo uno de los pocos libros que retrata una relación Dominante/sumisa con una profundidad y comprensión tan asombrosas. Aunque no sea una obra maestra literariamente, es honesta, real, abierta, cruda, oscura, convincente, amorosa, apasionada y mucho más. De hecho, al igual que la relación de O y Sir Stephen. Por lo tanto, no hay mucho más que decir aquí. Pero, hay…necesito contarte sobre O y ella, su persona.

¿Qué ves cuando piensas en O? ¿Una mujer impulsada por el amor a someterse a los deseos más oscuros de su hombre, un depredador sexual de otras mujeres? ¿Una mujer valiente? ¿Una mujer que se conoce a sí misma tan increíblemente bien, que conoce sus capacidades, sus deseos, sus fuerzas y sus debilidades? ¿Una esclava sumisa? Quizás veas todas esas cosas o, tal vez, veas algo completamente diferente, pero ella sólo se ve a sí misma. Cuanto más leía, más entendía, más se veía a sí misma. No en las cosas físicas que le pasaron. No le gustaba que la llevaran a Roissy, que la compartieran o incluso, que la regalaran. De hecho, esto último sería su destrucción, puesto que, al cederla, sin él, ella no era ella. 

No, lo que sospecho es que algunas sumisas se ven a sí mismas en O, en la persona, no en el auto conocimiento que ella tiene, el orgullo de quién ella es y lo que ella es, su habilidad para perseverar por amor, su fuerza de carácter para ser de quién es y lo que ella es, incluso cuando se enfrenta con otras incomprensiones. O sabe que está en un viaje, sabe que ella puede sobrevivir a cualquier cosa, mientras sea amada por él, y está preparada para demostrarlo, pero, también sabe que ella necesita un hombre que la lidere. Esto no es sumisión para complacerlo, es sumisión porque la completa.

Cuando ella es azotada, lucha, llora y suplica para que se detenga. Cada golpe es agónico, cada azote la aleja de sí misma, ella odia cada momento de esos azotes, pero una vez que termina, lo anhela de nuevo. Pues ella sabe que, con el dolor también encontrará el placer, que fue creada para ser usada, pero, también fue creada para ser amada por quién y lo que ella es, y amada por Sir Stephen. Porque en mi opinión, René es el “gran pretendiente” de esta historia. El verdadero Dominante y O es el verdadero amor, y el verdadero Maestro es, sin duda, Sir Stephen. Una mujer como O sólo puede someterse, de verdad y por completo, a un hombre que pueda azotarla él mismo, y sujetarla cuando otros hombres la azoten. Esto hace que René sea finalmente débil a los ojos de O, como a los míos. 

Por eso, no me extraña que muchas mujeres hayan leído a O con el corazón acelerado, que algunos capítulos las hayan hecho jadear, otras muchas se habrán humedecido, habrán palpitado, y otras se habrán asustado. Porque verse a sí mismas, su “oscuridad” reflejada en él, puede ser algo aterrador. Cuando algunas mujeres leen a O, no pueden esconderse de quiénes son, no es que quieran, sino que O las hacen preguntarse hasta dónde las llevará su propia oscuridad, cuánto la anhelan, cuánto pueden soportar y tolerar, cuánto quieren, y a qué profundidad las llevará su sumisión. Son estas preguntas las que las asustan, porque saben que, sin emprender su propio viaje hacia la sumisión, nunca encontrarán las respuestas a esas preguntas. Se tienen que enfrentar a sus miedos o quedarse incompletas para siempre, sus límites desconocidos, sus preguntas sin respuestas, su sumisión sin explorar y su verdadero yo, sin descubrir.

 

domingo, 7 de febrero de 2021

"Quiero que folles mi culo"

Ella se inclinó. Él cogió el lubricante. El clic del tapón, cuando abrió el bote, seguido de la frialdad del líquido pegajoso, goteando por su trasero. Al extender el lubricante por la zona, sus dedos se acercan, sumergiéndolos brevemente en el calor de su vagina, y luego, deslizando otro por la rigidez de su trasero. El suspiro suave de ella es seguido por un gemido más profundo.

 

“Quiero que folles mi culo,” le dice ella.

 

El sonido de la cremallera de sus pantalones, ella mirando hacia atrás por encima de su hombro para ver, cómo él vierte más líquido transparente en la palma de su mano y luego, lo extiende despacio por la superficie de su vástago, ya duro y erecto. Ver cómo él se toca de esa manera, cubriendo delicadamente su pene con el líquido grasiento para poder penetrarla por atrás, hace que el interior de ella se derrita. Su coño y su clítoris palpitando con anticipación.

 

“Quiero que folles mi culo,” insiste ella.

 

Él seca el exceso de lubricante de sus dedos contra la espalda baja de ella, y luego, con una mano, alcanza sus caderas y la jala hacia él. Ella no necesita mirar para saber que su otra mano todavía está envuelta alrededor de su hermosa polla. Él la guía más hacia atrás para posicionarla, a medida que se acerca, y ahora, ella puede sentir su dureza presionando firmemente contra su ano. Su coño palpita entre sus muslos en un ataque, casi celoso de anhelo. La presión dentro de ella es leve, empujando contra la abertura resbaladiza, y deja escapar un leve gemido, cuando esa sensación y la anticipación de lo que viene después, nubla sus pensamientos.

 

“Qué deseas?” le pregunta a la vez que la aprieta contra él.

 

“Quiero que me folles por el culo,” ella responde.

jueves, 4 de febrero de 2021

El deber del dominante

Según las apariencias, la relación entre una sumisa y un Dominante puede parecer que se trata de que la sumisa satisfaga todos los deseos del Amo, mientras que los suyos son sublimados y negados. Brindar placer al Dominante, mientras que la sumisa sufre la indignidad y el dolor, sufriendo por el deseo y el entretenimiento de su Amo. Ciertamente, no quiero minimizar ese aspecto. La sumisa sufre tanto el dolor como la negación, mientras que el Dominante se complace de acuerdo con sus deseos. 

Pero, es el deber del Dominante asegurarse de que se satisfagan las necesidades de su sumisa. Y que sus deseos íntimos y profundos se cumplan. Antes de encontrar a su primer Dominante dedicado a su placer, yo trabajé duro (un trabajo literal de amor) para asegurarme de que mi primera sumisa recibiera muchos placeres múltiples por cada prueba de dolor y tortura. Es un gran placer verla transportada por el gozo, embelesada y eufórica. Ya sea que estemos haciendo el amor en un sofá o que ella esté destinada para mi uso en la cama, cuando ella se estremece de éxtasis, es el triunfo de su Amo.

Mi propósito, cuando la tengo indefensa, sujeta a mi voluntad y capricho, es que se sienta querida. La reclamo, porque la quiero. Ella es preciosa para mí. La ato y la atormento, porque la excita. Y porque me excita. Quiero que sepa que merece la pena todo el esfuerzo que implica su cautiverio. Cuando está arrodillada con las manos atadas a la espalda, sus pechos indefensos, contra mis dedos crueles. Mi instinto, como debe ser el de cualquier hombre, es cogerla, hundir mi verga en ella y satisfacerme. 

Pero, demoro mi propio placer, postergo mi propio derecho, un derecho que hemos acordado juntos y que es mío, para satisfacerme de esta manera. Pospongo mi placer para poder aumentar el placer de mi sumisa, a través de un tormento lento, concentrado y un servicio prolongado. Aumento su excitación a niveles que ella nunca ha conocido, y finalmente, después de que me haya rogado que lo haga, satisfago los dos juntos, el de ella, y el mío. Este es el deber del Dominante.

El deber del Amo es para con su sumisa. Que sea apreciada, adorada y amada. Que su entrega y sacrificio sean recompensados. Que ella sea copiosamente recompensada con lo que necesita de su sumisión. Por supuesto, esto debe variar de una sumisa a otra. Lo que mi sumisa necesite de mi, puede ser muy diferente de lo que el premio de otro Dominante desee de su sumisa. Pero, mi sumisa es mía y no deseo otra. 

Mi deber para con mi sumisa es simplemente esto: Debe saber que es preciosa. Debe saber que su sufrimiento me place. Que mi deseo no es el juego, sino la forma en que nutre nuestras almas. Que la confianza que deposita en mis manos, cuando ella está indefensa y yo desenfrenado, es una confianza sagrada e inviolable. Ella sabe que es mía, propiedad mía. Y solo adquiero posesiones de gran valor.

lunes, 1 de febrero de 2021

Ollas de cocción lenta versus hornos microondas

 Comprender las ollas de cocción lenta versus hornos microondas del sexo:

Recientemente, una amiga se quejaba de que el sexo con sus citas online era bastante insatisfactorio. Ella me decía: “Los hombres se corren demasiado rápido, y luego, tengo que “cuidarme.” Le dije que no valia la pena quedarse con cualquier amante egoísta, el cual no estuviera interesado en sus orgasmos. Esta situación también ilustra el problema común de muchas parejas: la satisfacción mutua. 

¿Quién es mi chica traviesa?   

Los aparatos de cocina del sexo: 

 

Metafóricamente, describo que las mujeres son como ollas de “cocción lenta” y los hombres son como “hornos microondas.” Un hombre puede excitarse y estar listo para el sexo en tan solo unos momentos con sólo ver los senos o las piernas de una mujer, mientras que ésta necesita horas, días de anticipación, preparación y romance para conseguir la excitación mental con el fin de estar sexualmente excitada. Los hombres tienden a estar excitados visual y sexualmente y las mujeres tienden a estar muy excitadas mental, emocional y sexualmente.

Servir todo caliente en la mesa:    

Existe una solución sencilla para este problema sexual común: Primero, haga que la olla de cocción lenta se sobrecaliente y luego, encienda el microondas. Parece tan obvio – ambos están increíblemente excitados al unísono y ambos tienen un sexo increíble juntos -. Al centrarse primero en la excitación de la pareja femenina, experimentan mucho mejor el sexo juntos. ¡Magnífico! Una solución realmente beneficiosa para todos.

La mayoría de las mujeres son capaces de tener entre 2 y 10 orgasmos y algunas afortunadas, más de 10 orgasmos durante una noche. Sin embargo, el 95 % de las mujeres no tienen idea de que su cuerpo tiene esta poderosa capacidad sexual. Dada la excitación mental, el entorno y la técnica sexual adecuados, el cielo es el límite.

La clave es saber que el mejor momento para darle un orgasmo a una mujer es justo después de que ella haya tenido un orgasmo:

Una vez que la mujer ha conseguido su primer orgasmo, es más fácil y rápido hacer que se corra, una y otra vez. Simplemente, no te detengas cuando cojas el ritmo. El siguiente orgasmo está sólo a unos segundos de distancia.

Tristemente, es la razón por la que muchas mujeres solamente experimentan 0-2 orgasmos en su vida sexual. Las mujeres son mucho más mentales y emocionales que físicas. Considerando que los hombres están más obsesionados con los aspectos físicos del tamaño del pene, el desempeño y la técnica sexual, la mayoría de las mujeres necesitan más tiempo y estimulación mental para “calentarse” sexualmente, mientras que su pareja masculina no se centra en las necesidades mentales y emocionales de la mujer.

Pero la excitación sexual es sólo el 10 % del problema de las mujeres. Ellas necesitan despertar sus mentes y satisfacer sus necesidades emocionales también, antes de que puedan ser excitadas sexualmente.

El romance, los juegos previos y los orgasmos femeninos tienen un problema de marketing para los hombres:

Para comprender a los hombres, primero se debe comprender lo que pensamos (o no pensamos). La mayoría de los hombres se concentran egoístamente en sus propios orgasmos y todas las cosas que apoyan ese fin. Están atrapados en la rutina sexual que experimentaron por primera vez, cuando eran hombres jóvenes: el sexo adolescente. La mayoría de los hombres no ven “lo que hay para ellos,” para centrarse en el placer o la excitación de la mujer: La propuesta de valor. Por lo tanto, realmente no ven la “propuesta de valor” o una imagen más amplia o los mayores beneficios para ellos de las cosas, tales como el romance, el coqueteo y muchos juegos previos. Sin embargo, saben que necesitan hacer todo lo posible para obtener sexo de las mujeres, pero, en realidad, no ven el valor heredado que existe al centrarse en las necesidades emocionales, mentales y físicas de las mujeres.

La mayoría de los hombres pueden ver tácticamente los “árboles” de las necesidades femeninas (estar limpios, oler bien, vestirse mejor, comprar flores, llegar a tiempo, elegir un lugar romántico, estar atentos, besos sensuales, etc.) que ellos necesitan hacer, pero no pueden ver el panorama más amplio del “bosque” de la excitación mental y de las necesidades emocionales. Los hombres saben que deben comprar flores, vestirse bien y salir a cenar para echar un polvo… y de eso trata la profundidad de nuestra comprensión de las mujeres. Con honestidad, la mayoría de los hombres realmente no consiguen lo que las mujeres quieren más allá de esto.

Un nuevo discurso de marketing para los juegos previos y los orgasmos femeninos:

 

Sin embargo, si le dijéramos a los hombres: “Romance y orgasmos múltiples: convierte a tu esposa, novia o pareja en una zorra salvaje en la cama,” captarían su atención de inmediato. La propuesta de valor o el beneficio sería muy claro para los hombres en ese momento. Hay un viejo refrán, que dice: “Aprecia y valora a la dama en público para llevarte a la zorra al dormitorio.” Jamás se han dicho palabras más auténticas sobre cómo las mujeres están realmente conectadas.