La exploración erótica de una relación Dominante/sumisa desde la perspectiva de un dominante
viernes, 9 de septiembre de 2011
martes, 6 de septiembre de 2011
Relaciones vainilla versus relaciones D/s
No
creo que yo pudiera volver ahora a tener una relación sexual del tipo vainilla.
Una vez que has probado las delicias de la D/s, la relación vainilla parece
distinta – bueno, le falta sabor. Si, por casualidad, una mujer hermosa se
echará en mis brazos, yo no tardaría mucho tiempo en preguntarle si le gustaría recibir unos buenos azotes,
pues esto es algo tan improbable que no me molestaría para nada en especular
sobre el resultado.
Descubriría
que mis hábitos han cambiado. En los viejos tiempos, si yo iba a una fiesta o
asistía a una conferencia o exposición y me cruzaba con una mujer interesante,
trataba de conocerla. Pero, ahora son muy diferentes. No puedo caer en una
conversación informal con un cuestionario rápido sobre sus preferencias
sexuales. No hay manera de poder determinar si a ella le gusta que la aten, o
lo que sea. Es probable que recibas una buena bofetada en tu cara si lo
intentas. Por lo tanto, si estás interesado en mujeres con unas ciertas inclinaciones,
debes centrar tus esfuerzos en lugares donde
las reuniones de amigos sean explícitamente “atrevidas.” Principalmente,
estamos hablando de Internet. (Alguien podría preguntarse cómo la gente de la
D/s se podía encontrar unos a otros antes de que la red existiera). Así que, en
estos días, mis encuentros son exclusivamente con mujeres que tienen ciertas
inclinaciones. Las vainillas ni me las planteo como una opción.
Por
otra parte, no suscribo la opinión de que uno es una cosa u la otra, exclusivamente
vainilla o atrevido. Veo la sexualidad como un continuo. En un extremo, están
aquellos que son totalmente vainilla, en el otro, quienes son lo opuesto. La
mayoría de nosotros estamos en un punto intermedio, un poco más o menos. Y no
necesariamente permanecemos igual. Creo que la gente puede cambiar, estar menos
interesada en los juegos de poder o, tal vez, menos sumisa, tendiendo más hacia
la dominación. Y, por supuesto, todo depende de nuestro estado de ánimo. Un día
quiero ser cruel, el próximo quiero recompensarla por su devoción. Todo depende
también de la persona. Algunas mujeres quieren ser muy crueles. Otras son más
de negociar hacia qué cosas ir exactamente. Necesariamente, yo no muestro la
misma cara a todo el mundo.
Freud
decía lo mismo sobre la homosexualidad, que muy pocas personas son totalmente
homosexuales o heterosexuales. La mayoría de nosotros tenemos una inclinación
definida tanto hacia nuestro sexo como hacia el otro, pero también tenemos
inclinaciones en ambos sentidos, incluso si elegimos no hacer nada sobre ellas,
incluso si las reprimimos. Es interesante que estos días, las mujeres parecen
más y más capaces de aceptar que su sexualidad es fluida, mientras que muchos
hombres todavía luchan con la idea de ser atraídos por otros hombres y que
parece ser tan cierto en el mundo de la D/s como fuera de él.
Uno
puede ir tan lejos como quiera para argumentar que los actos sexuales
realizados por la gente de la D/s y vainilla, con frecuencia, no difieren mucho
entre sí. Todo el mundo besa y acaricia y a todos nos gusta apretar y
mordisquear, empujar o ser penetrada. De acuerdo, la gente vainilla no se atan
unos a otros o se azotan (Ahora, eso sería realmente muy perverso), pero hay
toda una zona de sexo duro donde lo vainilla se hace perverso. En cualquier
caso, creo que no existe ningún acto sexual que no contenga alguna clase de
intercambio de poder. Siempre hay uno que está encima y otro, debajo, incluso
sin que les sea aparente a ellos quién es quién.
Alguien
tiene que liderar la carrera. Tal vez, la diferencia clave con la D/s es que
ambas partes aceptan que esto es así y, de hecho, le dan la bienvenida. Ellos
han elegido conscientemente el reconocer que uno tiene el control y la otra
parte quiere que él (o ella) lo ejercite y ellos direccionan sus impulsos
sexuales.
sábado, 3 de septiembre de 2011
¿Cómo nos ven los demás?
Cuando ves
prácticas de D/s descritas o representadas en los medios, es bastante común que
se equivoquen, que no coincidan con tus propias experiencias de azotes,
disciplinas y similares. La gente vainilla parece tener dificultades para
entender qué es lo que nosotros hacemos y por qué queremos hacerlo. Me acordé
de esto recientemente viendo un episodio de “Californication” en la televisión
inglesa. Es un espectáculo que admiro, divertido, elegante, inteligente,
obsceno y que rompe algunos tabúes. Supongo que la gente que no lo comprende,
pensará que ellos son muy fríos al ver un poco de una relación D/s.
En el caso
que estés familiarizado con el show, el personaje central es un escritor de
Holywood y de series, que está separado de la madre de su hija. Su agente tiene
una secretaria joven, cachonda, aspecto que provoca a su jefe para que la azote
en la oficina cuando ella deliberadamente derrama el café. En escenas
posteriores, ella se muestra incitándole a dominarla aún más. En un momento
determinado, el agente le dice a ella: “¿Qué pasa si tú no quieres hacer lo que
yo te diga que hagas?” La secretaria, que está muy confortable con su
morbosidad, replica: “Creo que estás perdiendo el norte.” Es una buena
respuesta, el tema es, por supuesto, que no son las cosas por sí mismas el
problema. No es importante si a ella le gustan esas cosas o no, es el hecho de
ordenarle que las haga, tanto si le gusta como si no. Ahí está lo emocionante.
Hasta aquí
todo bien. Desafortunadamente, hay una escena posterior que no parece
auténtica. Cuando el escritor se entera de la relación de su secretaria con el
agente y lo dice en una conferencia, cuyo tema es “No engañar a tu mujer”, etc.
(Apreciamos la ironía de esto, viniendo del escritor de la serie antes mencionada).
Entonces, el agente comenta: “Bueno, mi esposa no está interesada en esta clase
de chisme.” Y el escritor dice:
“Oh,
apuesto a que si usted lo probase investigando, ella estaría dispuesta a esta
clase de trapos sucios. Así que existe la suposición de que sólo hay que cavar
un poco más profundamente y descubrirás que cualquier mujer puede ser
persuadida a disfrutar del spanking. Lo cual, por supuesto, es un sin sentido.
Simplemente, no es el caso de que cualquier mujer pueda ser inducida a los
juegos de la D/s si solamente usted sabe cómo encontrar a la “puta” que hay en
el interior de ella.”
De nuevo,
más tarde, la esposa en cuestión resulta no tener un lado sucio. Ella trata de
meter un dedo en el culo de su marido mientras están follando (ya dije que era
un espectáculo obsceno). Así que, ahora, hay esperanza de que el agente pueda
tener su pastel y comérselo también y pueda salvar su matrimonio azotando a su
esposa. Una vez más, parece que se han equivocado. La idea parece ser que todo
lo morboso es más de lo mismo y si te gusta otra cosa morbosa, también
disfrutarás azotando. Mientras que si usted tiene experiencia en estos asuntos,
sabrá que las personas morbosas suelen ser muy específicas en sus gustos. No
quiero decir que una mujer que le mete
el dedo en el culo a su marido no le guste los azotes. Es posible que le
gusten. Pero, no puedes asumir solo un tipo de morbo para todos.
jueves, 1 de septiembre de 2011
El dominante adulado
“Ven aquí,” le
dice. Él está tumbado perezosamente en el sillón. Su bragueta abierta de par en
par. Sus dedos enroscados como cobras acariciando la gruesa columna de su pene.
Y ella se
acerca.
Porque, cuando
él está así. Descarado, con una ligera sonrisa en sus labios, es imposible no
adular a la criatura erótica en que se ha convertido.
Ella va hacia
él despacio, se sube la falda lo suficiente para ponerse a horcajadas sobre sus
rodillas. Siente la aspereza de sus pantalones vaqueros contra sus muslos
desnudos, sus rodillas un poco huesudas contra su culo, pero, a ella le gusta.
Ella mira
mientras lo acaricia. En el silencio de la habitación, ella puede sentir el
movimiento de su piel – los dedos sobre la suavidad aterciopelada de su
vástago, el suave sonido lamedor mientras oculta la humedad de su prepucio,
luego lo descubre, luego, lo oculta nuevamente.
“Lo quiero con
una necesidad tan fuerte que me pone los dientes de punta y me inunda la boca
de saliva. Entre mis labios, en mi coño, en mi culo…lo quiero con tanta
ansiedad y ferocidad que no puedo decidir por dónde.” Piensa ella
Pero, la
cuestión es discutible, ya que no es para lo que están tratando allí.
Él se detiene,
le coge sus manos y hace que abrace la erección salvaje entre sus dedos y los
cubre con la suya. Como si ella no hubiera tocado nunca a un hombre. Nunca le
tocó.
De repente, se
siente virginal y nerviosa. Como cuando tenía dieciséis años y su corazón se
aceleraba en aquel primer encuentro con la geografía desconocida del deseo. Hay
un vuelo sutil o una reacción de lucha acumulándose dentro de ella, mientras él
guía su puño con su mano hacia arriba y hacia abajo.
Ella observa
todos los matices de su rostro. Casi con más rapidez que el ojo pueda
registrar, él moja su labio superior con su lengua y la insinuación de una
sonrisa crece un poco más. El ritmo no cambia, pero su vástago, sí. Ha crecido
y sus venas envían señales filiformes hacia la palma de su mano.
Él no emite
ningún ruido, ella sí. Un gemido involuntario revolotea en su garganta como la
escapada de un pájaro atrapado, dispuesto a posarse sobre su hombro y ver cómo
sus pupilas se dilatan.
Él asiente con
la cabeza. Sus muslos tensos debajo de las nalgas de ella, y él “camina,” ciego
temporalmente. Sus ojos siguen fijos en los de ella, pero sin ver, un reguero
de esperma caliente entra en erupción entre los dedos de ella, y luego otro y
otro. En ese momento, ella podría jurar que le está quemando la piel.
Pasado unos
minutos, él libera la mano de ella. Pero, la adulación no ha terminado. Acerca
su mano hacia la cara de ella y la frota sobre su piel. Olor puro y fuerte.
Sabor agridulce y débil, ella chupa y lame cada dedo y lo hace también con la
palma de su mano.
Después de
todo, es un arte diferente de adular a su Dominante.
lunes, 29 de agosto de 2011
Bruto
Yo no tenía la
intención de acercarme a ella, pero cuando abrí la puerta, tenía una pierna
sobre el apoyabrazos del sillón y una mano en el interior de sus bragas. Ella la
retiró rápidamente y empezó a sonrojarse. Yo la miré sin decir una palabra.
“¿Qué?” Dijo por último.
“Ven aquí,” le dije.
Ella me miraba nerviosa
mientras se acercaba a mí. La agarré por los pelos y le eché con fuerza su
cabeza hacia atrás. Le dí dos bofetadas en su cara.
“Te mostraré lo que hago
con las putas,” le dije.
La arrastré hasta el sofá
y la forcé a ponerse de rodillas. Me puse detrás de ella, retorciéndole aún más
el pelo. Con mi mano libre, le levanté la falda y tiré hacia bajo de sus
bragas. Saqué mi pene y lo metí dentro de ella. No podía haber estado tocándose
mucho tiempo porque apenas estaba húmeda, pero, de alguna manera, forcé mi
polla. Su resistencia me excitaba todavía más. La penetré profundamente,
empujando tan fuerte como podía. Ahora, yo tenía una mano en cada una de sus
caderas, atrayéndola hacia mí con cada golpe, mi vientre latía con fuerza
contra ella. Yo no estaba pensando en darle ningún tipo de placer, yo sólo la
estaba “cogiendo.” Le azotaba en el muslo con mi mano, tan fuerte como podía y
ella chillaba. Aun así, la follé, me chupé mi dedo y se lo introduje por el
culo, entonces, me corrí.
Cuando terminé, me di
media vuelta y la puse contra mí. Ella presionaba contra mi ingle, como una
cuchara, retorciendo su culo.
“Bruto,” susurró.
viernes, 26 de agosto de 2011
El castigo
La naturaleza
humana, siendo lo que es, más tarde o más temprano, te va a defraudar. Por
consiguiente, cualquier sumisa siempre hará algo que no tenía que hacer o
dejará de hacer algo que debería haber hecho. Y, por lo tanto, tendrás que
castigárla. No existe nada para evitar esto, por mucho que un dominante tenga
un corazón blando. Ella lo espera, lo necesita. Sí tú no la castigas,
interpretará esto como una negligencia, que no te preocupas lo suficiente para
llevarla de la mano. Las mujeres sumisas necesitan ser confrontadas con sus
ofensas, necesitan hacerlas comprender dónde lo han hecho mal y, sobre todo,
necesitan ser capaces de expiar sus pecados. Si no pueden pagar la penitencia,
no sentirán que son perdonadas y no serán capaces de seguir adelante. Esto
puede parecer casi como una experiencia religiosa. Creo que la Iglesia Católica
sabe bastante sobre la culpa, la confesión y la absolución.
El problema
es, ¿cuál es el tipo de castigo más apropiado? El castigo corporal y el
tradicional recurso de los disciplinarios, obviamente, no es una solución. El
spanking está asociado con la sumisa y probable e indeleblemente con el placer
y la excitación. Si tú la azotas como castigo, le estás dando, simplemente, lo
que ella ansía y corres el riesgo de que estará tentada a desobedecerte,
simplemente, con el fin de recibir el castigo. Tal vez, pienses que podrías
administrárselo de tal manera que el placer de la experiencia esté poco menos
que eliminado. Si usted lo hace más difícil, entonces, corre el riesgo de
retroceder a los límites anteriores. Si lo administra de una manera diferente,
con frialdad, sin interferencia de caricias o palabras amables, ella lo podría
seguir disfrutando.
Quizás, en vez
de infligir dolor, usted puede decidir privarla del placer. Los orgasmos están
prohibidos. Tocarse a si misma, esta prohibido. Pero, muchas sumisas encuentran
esa negación en si misma eróticamente estimulantes. Contra más sabe que no
puede tener algo, más lo quiere.
Para algunos
dominantes es tentador castigarlas con la ausencia del placer. Las prohíben o
condenan a guardar silencio. Pero no puedo decir que estoy a favor de esto.
Creo que cuando una sumisa sabe que ha hecho algo malo, lo que más le molesta
es que ella ha fracasado, que le ha causado un disgusto a su Amo. Y lo que
ella anhela y desea, es que se le permita corregir el mal, para ser
de nuevo una mujer nueva lo más pronto posible. Darle la espalda es cruel, esto
agravaría su angustia.
Entonces, ¿qué
hay que hacer? Creo que uno necesita encontrar algún castigo que sea
activamente desagradable, que no sea demasiado largo, corto y penetrante, que
una vez terminado, el perdón y la curación puedan comenzar. ¿Quiere ejemplos
reales? Bien, Hice una vez que una mujer se arrodillara sobre una bolsa de
guisantes congelados durante un buen rato. Ella lo odiaba y lo encontraba bastante
difícil para convertirlo en una experiencia sensual satisfactoria (aunque,
nadie debería subestimar la habilidad de las sumisas para dotar de una carga
sexual a cualquier acto). También he descubierto que hacer que se duche con
agua fría tiene un efecto saludable. Tienes que insistir que ella esté bajo un
chorro de agua helada, al menos cinco minutos, y que consiga mojarse bien su
pelo. U ordenarle realizar tediosas labores de casa. Bien, usted ha conseguido
el objetivo. Pero, recuerde, las sumisas son putillas ingeniosas. Si le das la
mitad de una oportunidad, harán algo sexual de cualquier cosa. La vigilancia
constante es esencial.
lunes, 22 de agosto de 2011
Masturbación
Los hombres, con
frecuencia, se sorprenden al descubrir lo mucho que las mujeres se masturban.
Por alguna razón, todavía tienen la idea de que no es propio de una “dama” o
que las mujeres no están tan interesadas en el sexo genital como los hombres. Y
algunas veces, un hombre puede estar incómodo con ese pensamiento, incluso si
una mujer vive con él y por ello (al menos en teoría), tiene el sexo disponible
para ella en cualquier momento que ella lo quiera. Sin embargo, ella continúa
masturbándose. Él se siente amenazado al saber que ella insiste en hacérselo a
sí misma a pesar de sus mejores esfuerzos para satisfacerla. Los hombres creen
que la masturbación es un sustituto del coito, pero para muchas mujeres que no
saben cómo funciona, el auto satisfacerse es una clase de actividad diferente
del coito y que, sin embargo, algunas persisten con esa práctica en su
matrimonio.
Los hombres pueden
sentirse aún más amenazados al saber que ellas emplean una pequeña máquina como
ayuda. Si una mujer puede tener una experiencia sexual plenamente satisfactoria
con un objeto inanimado, ¿esto hace que el pene de un hombre esté de más?
Personalmente, dudo que muchas mujeres heterosexuales quieran contestar que
“sí”.
(Por supuesto, los hombres
casados continúan masturbándose también, pero creo que, para ellos, esto es un sustituto del coito.
Por cualquier motivo, no consiguen que sea como un coito, tal como ellos
quieren, así pues, lo priorizan al hacérselo ellos mismos).
Según mi experiencia, las
mujeres sumisas generalmente suelen tener un impulso sexual bastante alto.
Piensan en el sexo más que la media y lo quieren hacer más. En particular,
ellas se masturban mucho más. En una ocasión, como un experimento, alenté a una
mujer a ver cuántas veces podía hacerlo en un período de 24 horas. Yo la
incitaba activamente “alimentándola” de pensamientos obscenos, historias, etc.,
y se las arregló para llegar a cifras de dos dígitos, lo cual me impresionó
poderosamente (y estos eran actos separados, no orgasmos múltiples colocados en
serie). Cuando los hombres se masturban, el pozo del deseo, hoy por hoy, se
deseca. Necesitan tiempo para reponerse. Pero, para las mujeres, algunas veces,
parece que contra más lo hacen, más lo quieren.
Por supuesto, tengo una
evidencia anecdótica, basada en un ejemplo muy limitado, por mi creencia de que
las sumisas lo hacen más. Ya sea que ellas son más sexuales debido a que son
sumisas (de alguna manera, la sumisión se pone en contacto con el núcleo de su
sexualidad y se excitan, por así decirlo), o ya sea que su alta sexualidad las
conduce a la necesidad o la confianza de expresarse sexualmente de unas maneras
no convencionales, o ya sea porque la relación requiere mucho sexo y ser sumisa
tiene otra explicación conjunta. Es un motivo para una discusión futura.
Quizás, mis lectoras puedan arrojar alguna luz sobre esto.
Todo esto es una manera de
volver a la cuestión o al control del orgasmo, del que he hablado previamente.
Cuando un dominante se hace cargo de la sexualidad de una mujer, cuando ella
acuerda someterse, es bastante frecuente que él quiera establecer alguna
especie de control sobre las prácticas de su masturbación. Él calcula que en
adelante sus orgasmos no le pertenecen a ella, sino a él. Si ella se corre, se
corre no por su propio placer, sino por el de él. Por supuesto, es una de las
muchas paradojas de la D/s de que ella no pueda correrse para él sin placer
para ella misma. Pero, el dominante puede buscar el control de su masturbación
de manera que tener su placer no sea algo sencillo, se trata de que ella no
consiga lo que ella quiere.
El control de cómo y
cuándo ella se corra es un recurso particularmente útil para aquellos
dominantes que están trabajando en la distancia o, quizás, incluso
completamente online, cuyas sumisas no están disponibles para ellos cara a
cara. Por supuesto, tienes que confiar que cuando dices no, no te puedes correr
hasta pasado mañana, ella obedecerá. No existe otra manera, si usted está
físicamente separado y no puede
controlarla. Pero, si ella no va a jugar limpio y hacer lo que usted diga,
¿cuál es el punto de todo esto? Pretender ser solamente sumisa es seguramente
una pérdida de tiempo de cada uno.
El control de la
masturbación es capaz de una casi infinita elaboración. Los clímax pueden estar
estrictamente regulados, para que sean permitidos menos frecuentemente de lo
que a ella le gustaría. Pueden ser denegados por completo, por períodos
prolongados o, tal vez, incluso indefinidamente (lástima por la pobre mujer
cuyo dominante sea tan cruel).
Cuando es permitido, un
orgasmo puede ser necesario en un momento determinado (ella debe correrse
siempre los jueves o que sea la última cosa que haga por la noche). Se le puede
conceder un horario estricto (solamente tiene diez minutos desde el momento que
empiezas a tocarte hasta el tiempo que te corres, después de ese tiempo tienes
que parar, tanto si has llegado o como si no). Las necesidades adicionales
pueden ser forzadas. Ella puede ser autorizada a hacerlo solamente en una
cierta posición (algunas mujeres lo encuentran difícil correrse de pié, por
ejemplo), o en un cierto espacio, como en su coche, aparcado en un lugar
solitario.
Tal vez, ella tiene que insertarse un plug
primero o un dildo. O se tiene que poner pinzas de la ropa en sus pezones
mientras lo hace (a los Amos normalmente les gustan asociar dolor con placer).
Puede ser que él le quiera decir lo que ella debe pensar, alentándola a
disfrutar de pensamientos obscenos. Los dominantes con frecuencia se auto
divierten poniendo dificultades en el camino. Ella pudiera ser forzada a
hacerlo con su mano izquierda (es interesante porque pocas mujeres parecen ser
ambidiestras masturbadoras) o sin las manos, forzadas a encontrar algo contra
lo que frotarse ellas mismas, como un picaporte o un poste de la cama. Una cosa
que me gusta hacer es llevarla hasta el borde del climax, entones hacer que se
detenga, luego reanudarlo más tarde, de nuevo parar antes de correrse y
continuar de esta manera hasta que esté medio loca con el deseo.
Cuando no lo esté
haciendo, puede prohibírsele que se toque. Las mujeres con frecuencia
encuentran esto especialmente difícil de cumplir. Muchas de ellas les gustan
tocarse a sí mismas mucho durante el transcurso del día, no necesariamente con
vista a inducir el orgasmo, sino solo como un gesto reconfortante. Una sumisa
me dijo que ella nunca se daba cuenta de lo mucho que le gustaba hacer esto
hasta que se lo prohibieron. He conocido a más de una mujer que no podía
dormirse, a menos que no tuviera su mano entre sus piernas.
Para algunas sumisas, el
control del orgasmo no funciona. No están preparadas para ceder el control de
esa parte de su sexualidad, especialmente en la distancia. La masturbación es
algo que ha llegado a depender de su bienestar psicológico. En los primeros
días, a veces, me golpeaba la cabeza contra una pared, intentando imponer la
disciplina orgásmica cuando claramente no estaba funcionando. Para algunas
mujeres, si se les denegaba el orgasmo, perdían el interés por el mismo. Se
obtiene más de ellas al avivar su deseo, no intentando regularlo. Es una dura
lección para un Amo, esa flexibilidad es esencial. Su instinto natural es
insistir en su poder para dictar. Solamente con la experiencia, se aprende que existen
otras maneras de imponerte.
viernes, 19 de agosto de 2011
¿Qué quiere de mí?
Capítulo 2: La respuesta
Yo había decidido escribir un blog intentando dar sentido a las
relaciones entre sexo y poder, entre Dominante y sumisa, de acuerdo con mis
experiencias personales como Dominante, mis fantasías, los comentarios de otros
Amos y sumisas y la literatura que yo
había consumido al respecto a lo largo de mi vida. En resumidas cuentas,
aportar luz, criterios y principios que ayudaran a enriquecer a otras parejas
involucradas en este estilo de vida de la D/s.
Empecé a escribirlo de una manera muy discreta, con un estilo
literario muy personal, sincero y abordando temas que se salían de la
estandarización de este tipo de blog.
Por otra parte, sólo una persona de mi entorno muy cercano estaba al
corriente de mi nueva iniciativa. Nadie más lo sabía ni lo saben. Especialmente
por la temática de este blog. Conforme pasaban los días, observé que no
entraban visitantes. Estas circunstancias, a un blogger novato como yo, me
pusieron impaciente porque necesitaba pulsar la aceptación de lo que escribía.
No porque la necesitara, sino más bien por ese ego interior vanidoso que llevo
dentro.
Entonces, se me ocurrió la idea de escribir algunos mails a algunas
sumisas y Dominantes invitándoles a que lo visitaran. A la primera que escribí
fue a Eva, la elegí al azar, visitando su blog. Con un mail, me agradeció mi
ofrecimiento de una manera tan delicada que me impactó. Hacía mucho tiempo que
no me había encontrado con una mujer con tanta dulzura y sensibilidad.
El Destino quiso que nos encontráramos en un chat como dos desconocidos.
Ambos nos hablamos a grandes rasgos de nuestras vidas recientes. Me dijo que
había terminado la relación con su Amo, lo había pasado mal, que estaba
recuperándose y que no perdía las esperanzas de rehacer su vida como sumisa. Yo
no tenía sumisa, pero lo cierto es que ambos nos sentíamos fascinados el uno
por el otro. Yo, como su posible Dominante y ella, como mi posible sumisa.
No quiero entrar en los detalles que me obligaron – o la obligaron – a
no hablar con ella en los días previos a este encuentro. Me quiero ceñir a la
realidad de este momento.
Eva estaba con sus manos apoyadas sobre el colchón. Su torso arqueado,
sus piernas juntas, su melena ocultando su cara. Sus nalgas, ligeramente
enrojecidas por los cachetes que le acababa de dar.
“¿Te imaginas lo que te va a pasar ahora, verdad?” le pregunto.
“Lo siento,” dice ella rápidamente. “No volverá a pasar. Se lo
prometo.”
“Eso es lo que responden casi todas las sumisas cuando se ven con el
castigo en su puerta,” le digo.
“Separa tus piernas todo lo más que puedas,” le ordeno.
Cojo una silla, la pongo detrás de ella, me siento tranquilamente y
observo su trasero con marcas rojas de dedos. Separo sus nalgas con mis dedos y
observo su sexo sin rasurar. Sin prisas, en silencio, solo se oye su respiración
acelerada y mi respirar normal. Así unos minutos.
Me pongo de pie, pongo la silla en su sitio habitual. Me desabrocho el
cinturón, lo saco de las trabillas de mis vaqueros y lo enrollo en mi mano con
un par de vueltas.
“No, por favor,” dice ella rompiendo el silencio y apuradamente. “Le
prometo que nos vamos a seguir viendo y siempre seré buena, por favor. Soy una
sumisa obediente y buena.”
“No voy a decírtelo otra vez,” digo. “Abre más tus piernas y mantenlas
bien separadas hasta que haya terminado.”
Ella me mira implorante. Muy lentamente, abre sus piernas. Luego,
cierra sus ojos con fuerza. Puedo ver que ella está temblando.
Una lluvia implacable de incontables azotes cae sobre sus nalgas. En
diez minutos, el color de sus nalgas pasó del rojo vivo al rojo mate burdeos.
Me alejo unos pasos de ella y me quedo observándola durante diez
minutos en silencio, el cual lo rompe con esta pregunta:
“¿Qué quiere de mí, señor?”
“Mi respuesta está escrita en tu culo. Piensa,
reflexiona y dime algo pronto.”
“Buena chica.”
martes, 16 de agosto de 2011
Rogando el castigo
Pedir es un tópico propio de
la sumisa. Lo puede realizar en muchas ocasiones y no está estrictamente reservado
para castigar. Sin embargo, ninguna discusión sobre este tema sería completa
sin, al menos, un examen superficial de la “mendicidad.”
Es un tema confuso. Como dije
en otro artículo, una sumisa masoquista pide con frecuencia ser castigada.
Pero, esto es realmente una invitación, algunas veces, pedir no es más que la
gratificación del ego por parte del dominante. Por ejemplo, a la mujer sumisa, a
menudo, se le dice que pida las cosas así: “Mi Amo, le pido que quiero tragarme
su semen cuando se corra,” o la más popular, “por favor, mi Amo, le ruego que
me penetre por el culo”. Algunas veces, se usa para comunicar el deseo. A las
mujeres se les dicen que tienen que pedirlo antes de tener un orgasmo. Sin
embargo, en este papel, yo centraría el acto de la “petición” como una parte del proceso de
castigar y perdonar.
Más que confusión, el tema es
la enorme variedad de actividades asociadas con el acto de rogar o pedir. El
número de rituales conocidos y posturas para rogar son incontables. Muy
rápidamente, uno aprende que no hay un solo camino para que una sumisa pida
algo. Sin embargo, mientras las técnicas de pedir son tan variadas como el
número de dominantes y sumisas, el valor de este proceso para la relación D/s
es universal.
Pero, ¿por qué nadie, ni siquiera
una sumisa, pide ser castigada, de que se le inflija un sufrimiento? Superficialmente,
tal acción parece ridícula. Se podría aceptar su castigo y estar agradecida por
el perdón, pero, ¿por qué realmente piden ser castigadas? ¿No es ni más ni
menos que una gratificación de su ego por parte del dominante?
Creo que el valor de rogar o
pedir es significativo y no debería ser pasado por alto. El proceso refleja
muchos valores en la relación del dominante con su sumisa.
Claramente, se establece la
primera y segunda naturaleza de la relación:
- El pedir no se requiere en
una relación de igual a igual. Además, cuando un dominante comete un error (y
lo cometemos) nunca pedirán el perdón de la sumisa. Como tal, el acto de pedir
afirma la base de la naturaleza de la relación D/s.
- Proporciona un método para
que la sumisa exprese su malestar por no servir de una forma que sea aceptable
para todas las partes.
- Mi propia experiencia me ha
enseñado que las mujeres sumisas sienten un estrés y dolor profundamente
intensos cuando han fallado a su pareja dominante. A menos que, ellas tengan
alguna manera de expresar este estrés, tendrá un impacto sobre otras parcelas
de su vida. Pedir ser castigada facilita un desahogo natural.
- El acto de pedir es una
barrera psicológica para muchas sumisas. Ser capaz de solicitarlo representa un
logro muy significativo.
- Este es un tema muy importante.
Mientras se realiza como sumisa, tendrá que tropezar con una variedad de
barreras psicológicas que debe superar. Una de estas es el pedir. Solicitar un
castigo puede ser humillante. Sin embargo, solamente su dominante puede
perdonarla cuando ella haya fallado. Por eso, necesita pedir perdón. La manera
que ella pide es una medida de la intensidad de sus sentimientos internos. Pedirlo
es, por eso, un marcador útil.
Es una gratificación para
muchos dominantes.
Es verdad que muchos
dominantes, incluyéndome yo mismo, descubren que es una satisfacción personal
ver a su sumisa pidiendo. Cuando ellas piden, te pertenecen por completo. Los
dominantes buscan este nivel de control.
Por supuesto, ninguna sumisa
debe pedir si no tienen motivos para ello. Por lo tanto, se puede ver
fácilmente que cuando una sumisa natural pide, es un claro indicador de su
necesidad de castigo.
Algunas veces, el mero hecho
de “pedir” es un castigo suficiente. En
otras ocasiones, se necesitará más. Depende mucho del dominante y de las
expectativas de la sumisa. Por ejemplo, una sumisa bien entrenada puede estar a
la expectativa para realizar ciertas tareas sin fallar, mientras que una sumisa
principiante no puede todavía conocerlas. Yo espero mucho más de las sumisas
experimentadas y, por ello, su castigo será más duro si fallan.
Cuando he entrenado a una
sumisa, me ha parecido conveniente desarrollar un número apropiado de estilos y
posiciones. Estos pueden ser usados por la sumisa para indicar la severidad de
la infracción y la intensidad de la culpa que sienten.
Pueden variar desde
arrastrarse con el vientre con un látigo entre sus dientes, hasta arrodillarse
con solo un ajuste sutil en la posición del cuello para indicar que algo anda
mal. Con frecuencia, cuando las parejas dominantes/sumisas están ante el
público no siempre es posible para la sumisa posicionarse como lo podría hacer
en privado. En esos momentos, resulta fácil tener otras alternativas
disponibles para pedir.
Los dominantes pueden
intentar forzar a una mujer a pedir o incluso requerirla a ello. Sin embargo,
hasta el momento en que lo hacen por sí misma, llevada por su necesidad de ser
perdonada, el valor de pedir un castigo es dudoso.
En resumen, hay que reconocer
que el acto de castigar constituye un mecanismo de resolución de conflictos
entre el dominante y la sumisa. No debería ser confundido con el juego del sadomasoquismo.
Más bien, es un acercamiento legítimo e intenso para el dominante y la sumisa
con el fin de mantener la estructura y la integridad de su relación. Este
acercamiento formal puede tener el “pedir” como un componente del protocolo.
Cuando se usa adecuadamente, el castigo no solamente resuelve un conflicto,
sino que también gratifica el poder y el servicio de las partes.
domingo, 14 de agosto de 2011
Usada
Estoy sobre mi espalda y ella
se mueve encima de mí, abriéndose a horcajadas, dispuesta a montarme. Después
de algunas bromas, al final, se hunde dentro de mí, profundamente y doy un
grito fuerte. Ella empieza a moverse arriba y abajo sobre mi pene, mientras que
yo juego con sus pezones y pellizco sus nalgas.
Ella se inclina para besarme y
nuestras lenguas bailan. Mi mano izquierda agarra su pelo por la nuca, para
presionar fuertemente sus labios contra los míos. Mi mano derecha azota
juguetonamente sus nalgas unas pocas de veces, luego empieza a explorar entre
ellas. Mi dedo se empapa con algunas manchas de su humedad, decido “molestar”
su pequeño y apretado ano. Lo froto con círculos lentos a medida que ella
oprime su coño contra mi pene con mayor vigor.
Ella rompe el beso para
acusarme: “Eres un Dominante terriblemente malo.”
Pero, hay un atisbo de sonrisa
en la acusación y sus acciones me dicen más que sus palabras. Ella levanta su
cuerpo ligeramente permitiéndome un mejor acceso para jugar con su culo. Y
continúo jugando…acariciándolo…sin presionar a mi dedo para que entre, pero
flirteando con su orificio…dándole una sensación añadida mientras continúa
cabalgando sobre mi pene.
Sé que la intensidad, al estar
encima de mí, se hace agotadora, así que no me sorprende cuando se baja de mí y
me dice que lo prefiere desde atrás. Estoy más que feliz por hacerlo. Me recibe
a cuatro patas y me muevo por detrás de ella. Ahora, me empiezo a sentir carnal,
como un animal, y ella sabe que voy a follarla violentamente.
Su coño está absolutamente
empapado y la penetro de un golpe largo. Empiezo a moverme a ritmo lento y
constante, porque quiero que esto dure. Bajo mi mano derecha y compruebo que mi
pene entra y sale de ella. Empapo mi dedo corazón de su humedad, asegurándome
de que está bien y resbaladizo, luego, lentamente lo introduzco por su apretado
anillo. Su lamento se hace más profundo y gutural conforme mi dedo se desliza
hacia su interior.
Cuando mi dedo está introducido
en su ano hasta el primer nudillo, hago una pausa. Aunque no debería ser, estoy
aún sorprendido por el grado de presión que soporta. Empiezo a empujar mi dedo
más hacia dentro, manteniendo el ritmo lento mientras la follo por su coño.
Cuando mi dedo está completamente introducido en su ano, lo saco poco a poco.
Ahora, ya ha sido usada por mí
y puedo empezar una doble penetración con cada embestida. Mi polla y mi dedo se
mueven al unísono – entrando… saliendo. Sus gemidos de placer son ahora gemidos
de orgasmos y no tengo ninguna compasión. Penetro su coño con más ímpetu y
rapidez, sintiendo que mi propio clímax se está acercando…y mi dedo se
introduce más profundamente en su culo con cada movimiento.
Mi orgasmo llega antes de lo
esperado. Con un salvaje impulso, me introduzco en su culo lo más profundamente
que puedo, intentando llenarlo por completo. Doy un grito enorme mientras me
libero…luego, estoy dentro de ella durante un rato mientras, poco a poco, me
vengo abajo. Finalmente, me retiro de ella, mi polla y mi dedo se salen al
mismo tiempo. Nos derrumbamos en la cama, completamente agotados.
“Eres más que malo,” dice ella.
“Me
gusta…” contesta él, socarronamente.
jueves, 11 de agosto de 2011
¿Es una masoquista una puta del dolor?
Vi esta pregunta en un foro y me
pareció muy interesante.
Al principio, los dos términos
parecen casi sinónimos, uno de ellos por ser más técnico (medicina), mientras
que el otro es mucho más común en la lengua vernácula. Pero, contra más pienso
sobre ello, más me doy cuenta de que es más posible una mujer sea masoquista y
no una puta del dolor.
De acuerdo con el diccionario del
Sadomasoquismo (DSM), el masoquismo sexual puede definirse como:
“Un
trastorno caracterizado por cualquier fantasía sexualmente excitante, impulsivo
o una conducta en la que, el individuo
es humillado, azotado, atado o, de alguna manera, el hecho de sufrir.”
Aunque no siempre estoy de
acuerdo con el DSM, esta parece ser una definición bastante buena, con la única
excepción de que no considero que sea un desorden en sí mismo. Dejando eso de
lado, creo que aquí, la palabra clave es “sufrir.” Sin importar si la fuente
del malestar sea unos azotes físicos, una inmovilización con cuerdas,
humillación, etc., que siempre termina en la masoquista para excitarse a través
de algún nivel de sufrimiento.
Pero, ¿qué pasa si no hay
sufrimiento?
Por ejemplo, me gusta azotar a mi
chica y, azotarla durante mucho tiempo, en particular, cuando está atada. En
estos casos, tampoco soy muy amable. Más bien, raras veces la oigo gritar con
una expresión de dolor. Ya que parece estar, de alguna manera, más tranquila
con el gemido ocasional del placer, con frecuencia, al alcanzar el orgasmo.
Cuando le pregunto sobre el dolor, ella siempre está confundida. Dice que no siente dolor, sólo placer. Ahora
bien, he azotado a otras mujeres de la misma manera y muchas de ellas me han
dicho lo doloroso que fue.
Por lo tanto, dado que mi chica
obviamente no sufre, entonces, supongo que no puede ser clasificada como
masoquista. Sin embargo, desde que ella se excita claramente con la aplicación
de un estímulo que muchas otras lo encontrarían doloroso, tal vez, se requieran
otros términos para definirla…tal vez pudiera ser, ¿una puta del dolor?
Al final del día, lo que he aprendido
es que diferentes mujeres tienen diferentes tolerancias a la estimulación. El
placer de una será el dolor de otra. Esto tiene algún sentido para mí. Algunas
mujeres realmente disfrutan sintiendo el dolor, la fuerte mordedura del látigo,
el flash ardiente del goteo de la cera o el confinamiento de las cuerdas.
Como sádico, puedo disfrutar de
ambas clases de mujeres, ya sean masoquistas o con cualquier otra etiqueta que
quieras darles.
La diversidad es divertida
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