viernes, 9 de septiembre de 2011

La fase del deseo

¿Qué fase deseas?

 

¿Es la estrofa inicial de la danza del coqueteo cuando tus ojos se encuentran por primera vez con tu pareja? ¿Es la primera vez que ves la sonrisa de tu pareja o la haces reírse? La parte donde tus ojos se encuentran por primera vez y esa chispa brilla como un rayo, disparando entre tú y ella, contando la historia de lo que va a venir. Contemplando el café o el vino. Disfrutando de los toques accidentales como un cepillo de manos inconsciente. La boca regando los pensamientos donde estos momentos nos puedan llevar. El pensamiento de cada palabra hablada es como la boca de la pareja se sentirá cuando sea usada para besar o chupar.

 

Tal vez, el deseo proviene de la estrofa intermedia. A medida que poco a poco, tu pareja te desnuda, pieza a pieza, prenda a prenda, sacándola de su cuerpo mientras la excitación crece hasta que todo lo que ves es su piel. La anticipación de sentir su carne aplastada contra la tuya…fundiéndose en una forma de sudor, piel y músculos…pero, no ha llegado todavía. Los calcetines y zapatos quitados…el vestido y la camisa arrugados… ¿cómo llegarán a casa? Las manos se buscan, exploran, se tocan y estimulan hasta que encuentran los placeres de la carne de cada uno. Los ojos bailan sobre la desnudez que aparece, estudiando a su presa y a su futura amante. Las acciones que cortan el aliento y aceleran el corazón.

 

Podría ser la fase del acoplamiento. La fase donde las cinturas se acoplan juntas por primera vez y el calor se siente desde el toque inicial. Las piernas de ella se abren y sus labios se dilatan y la penetración se ha completado con esa primera sensación del cuerpo de la pareja. Ofreciéndose el cuerpo del uno al otro para la consumación, la penetración y la exploración que traen las voces, incluso, del sueño operístico. El corazón se acelera aún más desde la pereza del flirteo hasta golpear en el pecho presionando la sangre, desde forzar al cuello y a los músculos del pie hasta  la erección del pene y la dilatación de los labios de ella.

 

¿Cuál es la fase final? La fase donde  uno ve la cara de su pareja retorcerse al final del placer… el pináculo del acoplamiento… la pequeña muerte a la que tú has ayudado para que llegara. Visualizando una gota de semen encima de otra, dentro de la otra, o alguna variación que hay en todas las partes del clímax. Escuchando sus pulmones al explotar en una canción mientras ella grita y vibra a su manera a través de la torpeza de esta gloria. Un subconjunto de esta fase… el subconjunto final… es cuando la pareja puede cantar junta los placeres del uno y del otro.

 

La fase final…el desacoplo… cuando ve cómo su pareja duerme, poco a poco ordena la ropa que está por los suelos y, en silencio, se vuelve a acostar al lado de él, le mira con amor y gratitud, le vigila y esboza una sonrisa y no puede dejar escapar: “…es mi Dominante.”

martes, 6 de septiembre de 2011

Relaciones vainilla versus relaciones D/s

No creo que yo pudiera volver ahora a tener una relación sexual del tipo vainilla. Una vez que has probado las delicias de la D/s, la relación vainilla parece distinta – bueno, le falta sabor. Si, por casualidad, una mujer hermosa se echará en mis brazos, yo no tardaría mucho tiempo en preguntarle  si le gustaría recibir unos buenos azotes, pues esto es algo tan improbable que no me molestaría para nada en especular sobre el resultado.
Descubriría que mis hábitos han cambiado. En los viejos tiempos, si yo iba a una fiesta o asistía a una conferencia o exposición y me cruzaba con una mujer interesante, trataba de conocerla. Pero, ahora son muy diferentes. No puedo caer en una conversación informal con un cuestionario rápido sobre sus preferencias sexuales. No hay manera de poder determinar si a ella le gusta que la aten, o lo que sea. Es probable que recibas una buena bofetada en tu cara si lo intentas. Por lo tanto, si estás interesado en mujeres con unas ciertas inclinaciones, debes centrar tus esfuerzos en lugares donde  las reuniones de amigos sean explícitamente “atrevidas.” Principalmente, estamos hablando de Internet. (Alguien podría preguntarse cómo la gente de la D/s se podía encontrar unos a otros antes de que la red existiera). Así que, en estos días, mis encuentros son exclusivamente con mujeres que tienen ciertas inclinaciones. Las vainillas ni me las planteo como una opción.
Por otra parte, no suscribo la opinión de que uno es una cosa u la otra, exclusivamente vainilla o atrevido. Veo la sexualidad como un continuo. En un extremo, están aquellos que son totalmente vainilla, en el otro, quienes son lo opuesto. La mayoría de nosotros estamos en un punto intermedio, un poco más o menos. Y no necesariamente permanecemos igual. Creo que la gente puede cambiar, estar menos interesada en los juegos de poder o, tal vez, menos sumisa, tendiendo más hacia la dominación. Y, por supuesto, todo depende de nuestro estado de ánimo. Un día quiero ser cruel, el próximo quiero recompensarla por su devoción. Todo depende también de la persona. Algunas mujeres quieren ser muy crueles. Otras son más de negociar hacia qué cosas ir exactamente. Necesariamente, yo no muestro la misma cara a todo el mundo.
Freud decía lo mismo sobre la homosexualidad, que muy pocas personas son totalmente homosexuales o heterosexuales. La mayoría de nosotros tenemos una inclinación definida tanto hacia nuestro sexo como hacia el otro, pero también tenemos inclinaciones en ambos sentidos, incluso si elegimos no hacer nada sobre ellas, incluso si las reprimimos. Es interesante que estos días, las mujeres parecen más y más capaces de aceptar que su sexualidad es fluida, mientras que muchos hombres todavía luchan con la idea de ser atraídos por otros hombres y que parece ser tan cierto en el mundo de la D/s como fuera de él.
Uno puede ir tan lejos como quiera para argumentar que los actos sexuales realizados por la gente de la D/s y vainilla, con frecuencia, no difieren mucho entre sí. Todo el mundo besa y acaricia y a todos nos gusta apretar y mordisquear, empujar o ser penetrada. De acuerdo, la gente vainilla no se atan unos a otros o se azotan (Ahora, eso sería realmente muy perverso), pero hay toda una zona de sexo duro donde lo vainilla se hace perverso. En cualquier caso, creo que no existe ningún acto sexual que no contenga alguna clase de intercambio de poder. Siempre hay uno que está encima y otro, debajo, incluso sin que les sea aparente a ellos quién es quién.
Alguien tiene que liderar la carrera. Tal vez, la diferencia clave con la D/s es que ambas partes aceptan que esto es así y, de hecho, le dan la bienvenida. Ellos han elegido conscientemente el reconocer que uno tiene el control y la otra parte quiere que él (o ella) lo ejercite y ellos direccionan sus impulsos sexuales.

sábado, 3 de septiembre de 2011

¿Cómo nos ven los demás?

Cuando ves prácticas de D/s descritas o representadas en los medios, es bastante común que se equivoquen, que no coincidan con tus propias experiencias de azotes, disciplinas y similares. La gente vainilla parece tener dificultades para entender qué es lo que nosotros hacemos y por qué queremos hacerlo. Me acordé de esto recientemente viendo un episodio de “Californication” en la televisión inglesa. Es un espectáculo que admiro, divertido, elegante, inteligente, obsceno y que rompe algunos tabúes. Supongo que la gente que no lo comprende, pensará que ellos son muy fríos al ver un poco de una relación D/s.
En el caso que estés familiarizado con el show, el personaje central es un escritor de Holywood y de series, que está separado de la madre de su hija. Su agente tiene una secretaria joven, cachonda, aspecto que provoca a su jefe para que la azote en la oficina cuando ella deliberadamente derrama el café. En escenas posteriores, ella se muestra incitándole a dominarla aún más. En un momento determinado, el agente le dice a ella: “¿Qué pasa si tú no quieres hacer lo que yo te diga que hagas?” La secretaria, que está muy confortable con su morbosidad, replica: “Creo que estás perdiendo el norte.” Es una buena respuesta, el tema es, por supuesto, que no son las cosas por sí mismas el problema. No es importante si a ella le gustan esas cosas o no, es el hecho de ordenarle que las haga, tanto si le gusta como si no.  Ahí está lo emocionante.
Hasta aquí todo bien. Desafortunadamente, hay una escena posterior que no parece auténtica. Cuando el escritor se entera de la relación de su secretaria con el agente y lo dice en una conferencia, cuyo tema es “No engañar a tu mujer”, etc. (Apreciamos la ironía de esto, viniendo del escritor de la serie antes mencionada). Entonces, el agente comenta: “Bueno, mi esposa no está interesada en esta clase de chisme.” Y el escritor dice:
“Oh, apuesto a que si usted lo probase investigando, ella estaría dispuesta a esta clase de trapos sucios. Así que existe la suposición de que sólo hay que cavar un poco más profundamente y descubrirás que cualquier mujer puede ser persuadida a disfrutar del spanking. Lo cual, por supuesto, es un sin sentido. Simplemente, no es el caso de que cualquier mujer pueda ser inducida a los juegos de la D/s si solamente usted sabe cómo encontrar a la “puta” que hay en el interior de ella.”
De nuevo, más tarde, la esposa en cuestión resulta no tener un lado sucio. Ella trata de meter un dedo en el culo de su marido mientras están follando (ya dije que era un espectáculo obsceno). Así que, ahora, hay esperanza de que el agente pueda tener su pastel y comérselo también y pueda salvar su matrimonio azotando a su esposa. Una vez más, parece que se han equivocado. La idea parece ser que todo lo morboso es más de lo mismo y si te gusta otra cosa morbosa, también disfrutarás azotando. Mientras que si usted tiene experiencia en estos asuntos, sabrá que las personas morbosas suelen ser muy específicas en sus gustos. No quiero decir que  una mujer que le mete el dedo en el culo a su marido no le guste los azotes. Es posible que le gusten. Pero, no puedes asumir solo un tipo de morbo para todos.

jueves, 1 de septiembre de 2011

El dominante adulado

“Ven aquí,” le dice. Él está tumbado perezosamente en el sillón. Su bragueta abierta de par en par. Sus dedos enroscados como cobras acariciando la gruesa columna de su pene.
Y ella se acerca.
Porque, cuando él está así. Descarado, con una ligera sonrisa en sus labios, es imposible no adular a la criatura erótica en que se ha convertido.
Ella va hacia él despacio, se sube la falda lo suficiente para ponerse a horcajadas sobre sus rodillas. Siente la aspereza de sus pantalones vaqueros contra sus muslos desnudos, sus rodillas un poco huesudas contra su culo, pero, a ella le gusta.
Ella mira mientras lo acaricia. En el silencio de la habitación, ella puede sentir el movimiento de su piel – los dedos sobre la suavidad aterciopelada de su vástago, el suave sonido lamedor mientras oculta la humedad de su prepucio, luego lo descubre, luego, lo oculta nuevamente.
“Lo quiero con una necesidad tan fuerte que me pone los dientes de punta y me inunda la boca de saliva. Entre mis labios, en mi coño, en mi culo…lo quiero con tanta ansiedad y ferocidad que no puedo decidir por dónde.” Piensa ella
Pero, la cuestión es discutible, ya que no es para lo que están tratando allí.
Él se detiene, le coge sus manos y hace que abrace la erección salvaje entre sus dedos y los cubre con la suya. Como si ella no hubiera tocado nunca a un hombre. Nunca le tocó.
De repente, se siente virginal y nerviosa. Como cuando tenía dieciséis años y su corazón se aceleraba en aquel primer encuentro con la geografía desconocida del deseo. Hay un vuelo sutil o una reacción de lucha acumulándose dentro de ella, mientras él guía su puño con su mano hacia arriba y hacia abajo.
Ella observa todos los matices de su rostro. Casi con más rapidez que el ojo pueda registrar, él moja su labio superior con su lengua y la insinuación de una sonrisa crece un poco más. El ritmo no cambia, pero su vástago, sí. Ha crecido y sus venas envían señales filiformes hacia la palma de su mano.
Él no emite ningún ruido, ella sí. Un gemido involuntario revolotea en su garganta como la escapada de un pájaro atrapado, dispuesto a posarse sobre su hombro y ver cómo sus pupilas se dilatan.
Él asiente con la cabeza. Sus muslos tensos debajo de las nalgas de ella, y él “camina,” ciego temporalmente. Sus ojos siguen fijos en los de ella, pero sin ver, un reguero de esperma caliente entra en erupción entre los dedos de ella, y luego otro y otro. En ese momento, ella podría jurar que le está quemando la piel.
Pasado unos minutos, él libera la mano de ella. Pero, la adulación no ha terminado. Acerca su mano hacia la cara de ella y la frota sobre su piel. Olor puro y fuerte. Sabor agridulce y débil, ella chupa y lame cada dedo y lo hace también con la palma de su mano.
Después de todo, es un arte diferente de adular a su Dominante.

lunes, 29 de agosto de 2011

Bruto

Yo no tenía la intención de acercarme a ella, pero cuando abrí la puerta, tenía una pierna sobre el apoyabrazos del sillón y una mano en el interior de sus bragas. Ella la retiró rápidamente y empezó a sonrojarse. Yo la miré sin decir una palabra.
“¿Qué?” Dijo por último.
“Ven aquí,” le dije.
Ella me miraba nerviosa mientras se acercaba a mí. La agarré por los pelos y le eché con fuerza su cabeza hacia atrás. Le dí dos bofetadas en su cara.
“Te mostraré lo que hago con las putas,” le dije.
La arrastré hasta el sofá y la forcé a ponerse de rodillas. Me puse detrás de ella, retorciéndole aún más el pelo. Con mi mano libre, le levanté la falda y tiré hacia bajo de sus bragas. Saqué mi pene y lo metí dentro de ella. No podía haber estado tocándose mucho tiempo porque apenas estaba húmeda, pero, de alguna manera, forcé mi polla. Su resistencia me excitaba todavía más. La penetré profundamente, empujando tan fuerte como podía. Ahora, yo tenía una mano en cada una de sus caderas, atrayéndola hacia mí con cada golpe, mi vientre latía con fuerza contra ella. Yo no estaba pensando en darle ningún tipo de placer, yo sólo la estaba “cogiendo.” Le azotaba en el muslo con mi mano, tan fuerte como podía y ella chillaba. Aun así, la follé, me chupé mi dedo y se lo introduje por el culo, entonces, me corrí.
Cuando terminé, me di media vuelta y la puse contra mí. Ella presionaba contra mi ingle, como una cuchara, retorciendo su culo.
“Bruto,” susurró.

viernes, 26 de agosto de 2011

El castigo

La naturaleza humana, siendo lo que es, más tarde o más temprano, te va a defraudar. Por consiguiente, cualquier sumisa siempre hará algo que no tenía que hacer o dejará de hacer algo que debería haber hecho. Y, por lo tanto, tendrás que castigárla. No existe nada para evitar esto, por mucho que un dominante tenga un corazón blando. Ella lo espera, lo necesita. Sí tú no la castigas, interpretará esto como una negligencia, que no te preocupas lo suficiente para llevarla de la mano. Las mujeres sumisas necesitan ser confrontadas con sus ofensas, necesitan hacerlas comprender dónde lo han hecho mal y, sobre todo, necesitan ser capaces de expiar sus pecados. Si no pueden pagar la penitencia, no sentirán que son perdonadas y no serán capaces de seguir adelante. Esto puede parecer casi como una experiencia religiosa. Creo que la Iglesia Católica sabe bastante sobre la culpa, la confesión y la absolución.
El problema es, ¿cuál es el tipo de castigo más apropiado? El castigo corporal y el tradicional recurso de los disciplinarios, obviamente, no es una solución. El spanking está asociado con la sumisa y probable e indeleblemente con el placer y la excitación. Si tú la azotas como castigo, le estás dando, simplemente, lo que ella ansía y corres el riesgo de que estará tentada a desobedecerte, simplemente, con el fin de recibir el castigo. Tal vez, pienses que podrías administrárselo de tal manera que el placer de la experiencia esté poco menos que eliminado. Si usted lo hace más difícil, entonces, corre el riesgo de retroceder a los límites anteriores. Si lo administra de una manera diferente, con frialdad, sin interferencia de caricias o palabras amables, ella lo podría seguir disfrutando.
Quizás, en vez de infligir dolor, usted puede decidir privarla del placer. Los orgasmos están prohibidos. Tocarse a si misma, esta prohibido. Pero, muchas sumisas encuentran esa negación en si misma eróticamente estimulantes. Contra más sabe que no puede tener algo, más lo quiere.
Para algunos dominantes es tentador castigarlas con la ausencia del placer. Las prohíben o condenan a guardar silencio. Pero no puedo decir que estoy a favor de esto. Creo que cuando una sumisa sabe que ha hecho algo malo, lo que más le molesta es que ella ha fracasado, que le ha causado un disgusto a su Amo. Y lo que ella  anhela y desea,  es que se le permita corregir el mal, para ser de nuevo una mujer nueva lo más pronto posible. Darle la espalda es cruel, esto agravaría su angustia.
Entonces, ¿qué hay que hacer? Creo que uno necesita encontrar algún castigo que sea activamente desagradable, que no sea demasiado largo, corto y penetrante, que una vez terminado, el perdón y la curación puedan comenzar. ¿Quiere ejemplos reales? Bien, Hice una vez que una mujer se arrodillara sobre una bolsa de guisantes congelados durante un buen rato. Ella lo odiaba y lo encontraba bastante difícil para convertirlo en una experiencia sensual satisfactoria (aunque, nadie debería subestimar la habilidad de las sumisas para dotar de una carga sexual a cualquier acto). También he descubierto que hacer que se duche con agua fría tiene un efecto saludable. Tienes que insistir que ella esté bajo un chorro de agua helada, al menos cinco minutos, y que consiga mojarse bien su pelo. U ordenarle realizar tediosas labores de casa. Bien, usted ha conseguido el objetivo. Pero, recuerde, las sumisas son putillas ingeniosas. Si le das la mitad de una oportunidad, harán algo sexual de cualquier cosa. La vigilancia constante es esencial.

lunes, 22 de agosto de 2011

Masturbación

Los hombres, con frecuencia, se sorprenden al descubrir lo mucho que las mujeres se masturban. Por alguna razón, todavía tienen la idea de que no es propio de una “dama” o que las mujeres no están tan interesadas en el sexo genital como los hombres. Y algunas veces, un hombre puede estar incómodo con ese pensamiento, incluso si una mujer vive con él y por ello (al menos en teoría), tiene el sexo disponible para ella en cualquier momento que ella lo quiera. Sin embargo, ella continúa masturbándose. Él se siente amenazado al saber que ella insiste en hacérselo a sí misma a pesar de sus mejores esfuerzos para satisfacerla. Los hombres creen que la masturbación es un sustituto del coito, pero para muchas mujeres que no saben cómo funciona, el auto satisfacerse es una clase de actividad diferente del coito y que, sin embargo, algunas persisten con esa práctica en su matrimonio.
Los hombres pueden sentirse aún más amenazados al saber que ellas emplean una pequeña máquina como ayuda. Si una mujer puede tener una experiencia sexual plenamente satisfactoria con un objeto inanimado, ¿esto hace que el pene de un hombre esté de más? Personalmente, dudo que muchas mujeres heterosexuales quieran contestar que “sí”.
(Por supuesto, los hombres casados continúan masturbándose también, pero creo que,  para ellos, esto es un sustituto del coito. Por cualquier motivo, no consiguen que sea como un coito, tal como ellos quieren, así pues, lo priorizan al hacérselo ellos mismos).
Según mi experiencia, las mujeres sumisas generalmente suelen tener un impulso sexual bastante alto. Piensan en el sexo más que la media y lo quieren hacer más. En particular, ellas se masturban mucho más. En una ocasión, como un experimento, alenté a una mujer a ver cuántas veces podía hacerlo en un período de 24 horas. Yo la incitaba activamente “alimentándola” de pensamientos obscenos, historias, etc., y se las arregló para llegar a cifras de dos dígitos, lo cual me impresionó poderosamente (y estos eran actos separados, no orgasmos múltiples colocados en serie). Cuando los hombres se masturban, el pozo del deseo, hoy por hoy, se deseca. Necesitan tiempo para reponerse. Pero, para las mujeres, algunas veces, parece que contra más lo hacen, más lo quieren.
Por supuesto, tengo una evidencia anecdótica, basada en un ejemplo muy limitado, por mi creencia de que las sumisas lo hacen más. Ya sea que ellas son más sexuales debido a que son sumisas (de alguna manera, la sumisión se pone en contacto con el núcleo de su sexualidad y se excitan, por así decirlo), o ya sea que su alta sexualidad las conduce a la necesidad o la confianza de expresarse sexualmente de unas maneras no convencionales, o ya sea porque la relación requiere mucho sexo y ser sumisa tiene otra explicación conjunta. Es un motivo para una discusión futura. Quizás, mis lectoras puedan arrojar alguna luz sobre esto.
Todo esto es una manera de volver a la cuestión o al control del orgasmo, del que he hablado previamente. Cuando un dominante se hace cargo de la sexualidad de una mujer, cuando ella acuerda someterse, es bastante frecuente que él quiera establecer alguna especie de control sobre las prácticas de su masturbación. Él calcula que en adelante sus orgasmos no le pertenecen a ella, sino a él. Si ella se corre, se corre no por su propio placer, sino por el de él. Por supuesto, es una de las muchas paradojas de la D/s de que ella no pueda correrse para él sin placer para ella misma. Pero, el dominante puede buscar el control de su masturbación de manera que tener su placer no sea algo sencillo, se trata de que ella no consiga lo que ella quiere.
El control de cómo y cuándo ella se corra es un recurso particularmente útil para aquellos dominantes que están trabajando en la distancia o, quizás, incluso completamente online, cuyas sumisas no están disponibles para ellos cara a cara. Por supuesto, tienes que confiar que cuando dices no, no te puedes correr hasta pasado mañana, ella obedecerá. No existe otra manera, si usted está físicamente separado y  no puede controlarla. Pero, si ella no va a jugar limpio y hacer lo que usted diga, ¿cuál es el punto de todo esto? Pretender ser solamente sumisa es seguramente una pérdida de tiempo de cada uno.
El control de la masturbación es capaz de una casi infinita elaboración. Los clímax pueden estar estrictamente regulados, para que sean permitidos menos frecuentemente de lo que a ella le gustaría. Pueden ser denegados por completo, por períodos prolongados o, tal vez, incluso indefinidamente (lástima por la pobre mujer cuyo dominante sea tan cruel).
Cuando es permitido, un orgasmo puede ser necesario en un momento determinado (ella debe correrse siempre los jueves o que sea la última cosa que haga por la noche). Se le puede conceder un horario estricto (solamente tiene diez minutos desde el momento que empiezas a tocarte hasta el tiempo que te corres, después de ese tiempo tienes que parar, tanto si has llegado o como si no). Las necesidades adicionales pueden ser forzadas. Ella puede ser autorizada a hacerlo solamente en una cierta posición (algunas mujeres lo encuentran difícil correrse de pié, por ejemplo), o en un cierto espacio, como en su coche, aparcado en un lugar solitario.
Tal vez, ella tiene que insertarse un plug primero o un dildo. O se tiene que poner pinzas de la ropa en sus pezones mientras lo hace (a los Amos normalmente les gustan asociar dolor con placer). Puede ser que él le quiera decir lo que ella debe pensar, alentándola a disfrutar de pensamientos obscenos. Los dominantes con frecuencia se auto divierten poniendo dificultades en el camino. Ella pudiera ser forzada a hacerlo con su mano izquierda (es interesante porque pocas mujeres parecen ser ambidiestras masturbadoras) o sin las manos, forzadas a encontrar algo contra lo que frotarse ellas mismas, como un picaporte o un poste de la cama. Una cosa que me gusta hacer es llevarla hasta el borde del climax, entones hacer que se detenga, luego reanudarlo más tarde, de nuevo parar antes de correrse y continuar de esta manera hasta que esté medio loca con el deseo.
Cuando no lo esté haciendo, puede prohibírsele que se toque. Las mujeres con frecuencia encuentran esto especialmente difícil de cumplir. Muchas de ellas les gustan tocarse a sí mismas mucho durante el transcurso del día, no necesariamente con vista a inducir el orgasmo, sino solo como un gesto reconfortante. Una sumisa me dijo que ella nunca se daba cuenta de lo mucho que le gustaba hacer esto hasta que se lo prohibieron. He conocido a más de una mujer que no podía dormirse, a menos que no tuviera su mano entre sus piernas.
Para algunas sumisas, el control del orgasmo no funciona. No están preparadas para ceder el control de esa parte de su sexualidad, especialmente en la distancia. La masturbación es algo que ha llegado a depender de su bienestar psicológico. En los primeros días, a veces, me golpeaba la cabeza contra una pared, intentando imponer la disciplina orgásmica cuando claramente no estaba funcionando. Para algunas mujeres, si se les denegaba el orgasmo, perdían el interés por el mismo. Se obtiene más de ellas al avivar su deseo, no intentando regularlo. Es una dura lección para un Amo, esa flexibilidad es esencial. Su instinto natural es insistir en su poder para dictar. Solamente con la experiencia, se aprende que existen otras maneras de imponerte.

viernes, 19 de agosto de 2011

¿Qué quiere de mí?

Capítulo 2: La respuesta
Yo había decidido escribir un blog intentando dar sentido a las relaciones entre sexo y poder, entre Dominante y sumisa, de acuerdo con mis experiencias personales como Dominante, mis fantasías, los comentarios de otros Amos y sumisas y la literatura  que yo había consumido al respecto a lo largo de mi vida. En resumidas cuentas, aportar luz, criterios y principios que ayudaran a enriquecer a otras parejas involucradas en este estilo de vida de la D/s.
Empecé a escribirlo de una manera muy discreta, con un estilo literario muy personal, sincero y abordando temas que se salían de la estandarización de este tipo de blog.
Por otra parte, sólo una persona de mi entorno muy cercano estaba al corriente de mi nueva iniciativa. Nadie más lo sabía ni lo saben. Especialmente por la temática de este blog. Conforme pasaban los días, observé que no entraban visitantes. Estas circunstancias, a un blogger novato como yo, me pusieron impaciente porque necesitaba pulsar la aceptación de lo que escribía. No porque la necesitara, sino más bien por ese ego interior vanidoso que llevo dentro.
Entonces, se me ocurrió la idea de escribir algunos mails a algunas sumisas y Dominantes invitándoles a que lo visitaran. A la primera que escribí fue a Eva, la elegí al azar, visitando su blog. Con un mail, me agradeció mi ofrecimiento de una manera tan delicada que me impactó. Hacía mucho tiempo que no me había encontrado con una mujer con tanta dulzura y sensibilidad.
El Destino quiso que nos encontráramos en un chat como dos desconocidos. Ambos nos hablamos a grandes rasgos de nuestras vidas recientes. Me dijo que había terminado la relación con su Amo, lo había pasado mal, que estaba recuperándose y que no perdía las esperanzas de rehacer su vida como sumisa. Yo no tenía sumisa, pero lo cierto es que ambos nos sentíamos fascinados el uno por el otro. Yo, como su posible Dominante y ella, como mi posible sumisa.
No quiero entrar en los detalles que me obligaron – o la obligaron – a no hablar con ella en los días previos a este encuentro. Me quiero ceñir a la realidad de este momento.
Eva estaba con sus manos apoyadas sobre el colchón. Su torso arqueado, sus piernas juntas, su melena ocultando su cara. Sus nalgas, ligeramente enrojecidas por los cachetes que le acababa de dar.
“¿Te imaginas lo que te va a pasar ahora, verdad?” le pregunto.
“Lo siento,” dice ella rápidamente. “No volverá a pasar. Se lo prometo.”
“Eso es lo que responden casi todas las sumisas cuando se ven con el castigo en su puerta,” le digo.
“Separa tus piernas todo lo más que puedas,” le ordeno.
Cojo una silla, la pongo detrás de ella, me siento tranquilamente y observo su trasero con marcas rojas de dedos. Separo sus nalgas con mis dedos y observo su sexo sin rasurar. Sin prisas, en silencio, solo se oye su respiración acelerada y mi respirar normal. Así unos minutos.
Me pongo de pie, pongo la silla en su sitio habitual. Me desabrocho el cinturón, lo saco de las trabillas de mis vaqueros y lo enrollo en mi mano con un par de vueltas.
“No, por favor,” dice ella rompiendo el silencio y apuradamente. “Le prometo que nos vamos a seguir viendo y siempre seré buena, por favor. Soy una sumisa obediente y buena.”
“No voy a decírtelo otra vez,” digo. “Abre más tus piernas y mantenlas bien separadas hasta que haya terminado.”
Ella me mira implorante. Muy lentamente, abre sus piernas. Luego, cierra sus ojos con fuerza. Puedo ver que ella está temblando.
Una lluvia implacable de incontables azotes cae sobre sus nalgas. En diez minutos, el color de sus nalgas pasó del rojo vivo al rojo mate burdeos.
Me alejo unos pasos de ella y me quedo observándola durante diez minutos en silencio, el cual lo rompe con esta pregunta:
“¿Qué quiere de mí, señor?”
“Mi respuesta está escrita en tu culo. Piensa, reflexiona y dime algo pronto.”
“Buena chica.”


martes, 16 de agosto de 2011

Rogando el castigo

Pedir es un tópico propio de la sumisa. Lo puede realizar en muchas ocasiones y no está estrictamente reservado para castigar. Sin embargo, ninguna discusión sobre este tema sería completa sin, al menos, un examen superficial de la “mendicidad.”
Es un tema confuso. Como dije en otro artículo, una sumisa masoquista pide con frecuencia ser castigada. Pero, esto es realmente una invitación, algunas veces, pedir no es más que la gratificación del ego por parte del dominante. Por ejemplo, a la mujer sumisa, a menudo, se le dice que pida las cosas así: “Mi Amo, le pido que quiero tragarme su semen cuando se corra,” o la más popular, “por favor, mi Amo, le ruego que me penetre por el culo”. Algunas veces, se usa para comunicar el deseo. A las mujeres se les dicen que tienen que pedirlo antes de tener un orgasmo. Sin embargo, en este papel, yo centraría el acto de la  “petición” como una parte del proceso de castigar y perdonar.
Más que confusión, el tema es la enorme variedad de actividades asociadas con el acto de rogar o pedir. El número de rituales conocidos y posturas para rogar son incontables. Muy rápidamente, uno aprende que no hay un solo camino para que una sumisa pida algo. Sin embargo, mientras las técnicas de pedir son tan variadas como el número de dominantes y sumisas, el valor de este proceso para la relación D/s es universal.
Pero, ¿por qué nadie, ni siquiera una sumisa, pide ser castigada, de que se le inflija un sufrimiento? Superficialmente, tal acción parece ridícula. Se podría aceptar su castigo y estar agradecida por el perdón, pero, ¿por qué realmente piden ser castigadas? ¿No es ni más ni menos que una gratificación de su ego por parte del dominante?
Creo que el valor de rogar o pedir es significativo y no debería ser pasado por alto. El proceso refleja muchos valores en la relación del dominante con su sumisa.
Claramente, se establece la primera y segunda naturaleza de la relación:
- El pedir no se requiere en una relación de igual a igual. Además, cuando un dominante comete un error (y lo cometemos) nunca pedirán el perdón de la sumisa. Como tal, el acto de pedir afirma la base de la naturaleza de la relación D/s.
- Proporciona un método para que la sumisa exprese su malestar por no servir de una forma que sea aceptable para todas las partes.
- Mi propia experiencia me ha enseñado que las mujeres sumisas sienten un estrés y dolor profundamente intensos cuando han fallado a su pareja dominante. A menos que, ellas tengan alguna manera de expresar este estrés, tendrá un impacto sobre otras parcelas de su vida. Pedir ser castigada facilita un desahogo natural.
- El acto de pedir es una barrera psicológica para muchas sumisas. Ser capaz de solicitarlo representa un logro muy significativo.
- Este es un tema muy importante. Mientras se realiza como sumisa, tendrá que tropezar con una variedad de barreras psicológicas que debe superar. Una de estas es el pedir. Solicitar un castigo puede ser humillante. Sin embargo, solamente su dominante puede perdonarla cuando ella haya fallado. Por eso, necesita pedir perdón. La manera que ella pide es una medida de la intensidad de sus sentimientos internos. Pedirlo es, por eso, un marcador útil.
Es una gratificación para muchos dominantes.
Es verdad que muchos dominantes, incluyéndome yo mismo, descubren que es una satisfacción personal ver a su sumisa pidiendo. Cuando ellas piden, te pertenecen por completo. Los dominantes buscan este nivel de control.
Por supuesto, ninguna sumisa debe pedir si no tienen motivos para ello. Por lo tanto, se puede ver fácilmente que cuando una sumisa natural pide, es un claro indicador de su necesidad de castigo.
Algunas veces, el mero hecho de  “pedir” es un castigo suficiente. En otras ocasiones, se necesitará más. Depende mucho del dominante y de las expectativas de la sumisa. Por ejemplo, una sumisa bien entrenada puede estar a la expectativa para realizar ciertas tareas sin fallar, mientras que una sumisa principiante no puede todavía conocerlas. Yo espero mucho más de las sumisas experimentadas y, por ello, su castigo será más duro si fallan.
Cuando he entrenado a una sumisa, me ha parecido conveniente desarrollar un número apropiado de estilos y posiciones. Estos pueden ser usados por la sumisa para indicar la severidad de la infracción y la intensidad de la culpa que sienten.
Pueden variar desde arrastrarse con el vientre con un látigo entre sus dientes, hasta arrodillarse con solo un ajuste sutil en la posición del cuello para indicar que algo anda mal. Con frecuencia, cuando las parejas dominantes/sumisas están ante el público no siempre es posible para la sumisa posicionarse como lo podría hacer en privado. En esos momentos, resulta fácil tener otras alternativas disponibles para pedir.
Los dominantes pueden intentar forzar a una mujer a pedir o incluso requerirla a ello. Sin embargo, hasta el momento en que lo hacen por sí misma, llevada por su necesidad de ser perdonada, el valor de pedir un castigo es dudoso.
En resumen, hay que reconocer que el acto de castigar constituye un mecanismo de resolución de conflictos entre el dominante y la sumisa. No debería ser confundido con el juego del sadomasoquismo. Más bien, es un acercamiento legítimo e intenso para el dominante y la sumisa con el fin de mantener la estructura y la integridad de su relación. Este acercamiento formal puede tener el “pedir” como un componente del protocolo. Cuando se usa adecuadamente, el castigo no solamente resuelve un conflicto, sino que también gratifica el poder y el servicio de las partes.

domingo, 14 de agosto de 2011

Usada

Estoy sobre mi espalda y ella se mueve encima de mí, abriéndose a horcajadas, dispuesta a montarme. Después de algunas bromas, al final, se hunde dentro de mí, profundamente y doy un grito fuerte. Ella empieza a moverse arriba y abajo sobre mi pene, mientras que yo juego con sus pezones y pellizco sus nalgas.
Ella se inclina para besarme y nuestras lenguas bailan. Mi mano izquierda agarra su pelo por la nuca, para presionar fuertemente sus labios contra los míos. Mi mano derecha azota juguetonamente sus nalgas unas pocas de veces, luego empieza a explorar entre ellas. Mi dedo se empapa con algunas manchas de su humedad, decido “molestar” su pequeño y apretado ano. Lo froto con círculos lentos a medida que ella oprime su coño contra mi pene con mayor vigor.
Ella rompe el beso para acusarme: “Eres un Dominante terriblemente malo.”
Pero, hay un atisbo de sonrisa en la acusación y sus acciones me dicen más que sus palabras. Ella levanta su cuerpo ligeramente permitiéndome un mejor acceso para jugar con su culo. Y continúo jugando…acariciándolo…sin presionar a mi dedo para que entre, pero flirteando con su orificio…dándole una sensación añadida mientras continúa cabalgando sobre mi pene.
Sé que la intensidad, al estar encima de mí, se hace agotadora, así que no me sorprende cuando se baja de mí y me dice que lo prefiere desde atrás. Estoy más que feliz por hacerlo. Me recibe a cuatro patas y me muevo por detrás de ella. Ahora, me empiezo a sentir carnal, como un animal, y ella sabe que voy a follarla violentamente.
Su coño está absolutamente empapado y la penetro de un golpe largo. Empiezo a moverme a ritmo lento y constante, porque quiero que esto dure. Bajo mi mano derecha y compruebo que mi pene entra y sale de ella. Empapo mi dedo corazón de su humedad, asegurándome de que está bien y resbaladizo, luego, lentamente lo introduzco por su apretado anillo. Su lamento se hace más profundo y gutural conforme mi dedo se desliza hacia su interior.
Cuando mi dedo está introducido en su ano hasta el primer nudillo, hago una pausa. Aunque no debería ser, estoy aún sorprendido por el grado de presión que soporta. Empiezo a empujar mi dedo más hacia dentro, manteniendo el ritmo lento mientras la follo por su coño. Cuando mi dedo está completamente introducido en su ano, lo saco poco a poco.
Ahora, ya ha sido usada por mí y puedo empezar una doble penetración con cada embestida. Mi polla y mi dedo se mueven al unísono – entrando… saliendo. Sus gemidos de placer son ahora gemidos de orgasmos y no tengo ninguna compasión. Penetro su coño con más ímpetu y rapidez, sintiendo que mi propio clímax se está acercando…y mi dedo se introduce más profundamente en su culo con cada movimiento.
Mi orgasmo llega antes de lo esperado. Con un salvaje impulso, me introduzco en su culo lo más profundamente que puedo, intentando llenarlo por completo. Doy un grito enorme mientras me libero…luego, estoy dentro de ella durante un rato mientras, poco a poco, me vengo abajo. Finalmente, me retiro de ella, mi polla y mi dedo se salen al mismo tiempo. Nos derrumbamos en la cama, completamente agotados.
“Eres más que malo,” dice ella.
“Me gusta…” contesta él, socarronamente.

jueves, 11 de agosto de 2011

¿Es una masoquista una puta del dolor?

Vi esta pregunta en un foro y me pareció muy interesante.
Al principio, los dos términos parecen casi sinónimos, uno de ellos por ser más técnico (medicina), mientras que el otro es mucho más común en la lengua vernácula. Pero, contra más pienso sobre ello, más me doy cuenta de que es más posible una mujer sea masoquista y no una puta del dolor.
De acuerdo con el diccionario del Sadomasoquismo (DSM), el masoquismo sexual puede definirse como:
“Un trastorno caracterizado por cualquier fantasía sexualmente excitante, impulsivo o una  conducta en la que, el individuo es humillado, azotado, atado o, de alguna manera, el hecho de sufrir.”
Aunque no siempre estoy de acuerdo con el DSM, esta parece ser una definición bastante buena, con la única excepción de que no considero que sea un desorden en sí mismo. Dejando eso de lado, creo que aquí, la palabra clave es “sufrir.” Sin importar si la fuente del malestar sea unos azotes físicos, una inmovilización con cuerdas, humillación, etc., que siempre termina en la masoquista para excitarse a través de algún nivel de sufrimiento.
Pero, ¿qué pasa si no hay sufrimiento?
Por ejemplo, me gusta azotar a mi chica y, azotarla durante mucho tiempo, en particular, cuando está atada. En estos casos, tampoco soy muy amable. Más bien, raras veces la oigo gritar con una expresión de dolor. Ya que parece estar, de alguna manera, más tranquila con el gemido ocasional del placer, con frecuencia, al alcanzar el orgasmo. Cuando le pregunto sobre el dolor, ella siempre está confundida.  Dice que no siente dolor, sólo placer. Ahora bien, he azotado a otras mujeres de la misma manera y muchas de ellas me han dicho lo doloroso que fue.
Por lo tanto, dado que mi chica obviamente no sufre, entonces, supongo que no puede ser clasificada como masoquista. Sin embargo, desde que ella se excita claramente con la aplicación de un estímulo que muchas otras lo encontrarían doloroso, tal vez, se requieran otros términos para definirla…tal vez pudiera ser, ¿una puta del dolor?
Al final del día, lo que he aprendido es que diferentes mujeres tienen diferentes tolerancias a la estimulación. El placer de una será el dolor de otra. Esto tiene algún sentido para mí. Algunas mujeres realmente disfrutan sintiendo el dolor, la fuerte mordedura del látigo, el flash ardiente del goteo de la cera o el confinamiento de las cuerdas.
Como sádico, puedo disfrutar de ambas clases de mujeres, ya sean masoquistas o con cualquier otra etiqueta que quieras darles.
La diversidad es divertida