jueves, 27 de octubre de 2011

Los hombres dominantes

Dicen que los hombres Dominantes somos unos hombres muy interesantes y, generalmente, muy inteligentes y generosos. Tendemos a ser muy complejos y algo enigmáticos. Tendemos a ser, no solamente hombres diferentes en diferentes días, sino hombres diferentes de un minuto a otro. Las pequeñas cosas nos hacen felices o tristes, contentos o explosivos. Nos gusta que las cosas vayan a su manera. Nos  gusta el mundo para operar como si fuera orquestado por nosotros mismos. Tenemos dificultades para comprender por qué hay tanta gente estúpida en el mundo y que no piensen con la misma claridad que nosotros pensamos. Tendemos a querer compartir ese punto de vista con nuestra mujer.
“Mi hombre – pensaba ella - nunca ha carecido de opinión y algunas de sus opiniones las compartió esta mañana conmigo en el coche.”
“El ayuntamiento ha cometido un error al reordenar nuevamente la circulación por el centro de la ciudad,” me decía él.
“Estoy de acuerdo, por supuesto.” Le respondió ella.
“Pero, ¿qué es esto? ¿El pedal del freno suave en mi coche? ¿Cómo es que no lo has notado?” le preguntó a ella.
“Bueno, me adapto a mis circunstancias…tal vez, hubiera una compensación por la “suavidad” del pedal y no darme cuenta,” le respondió ella.
“Necesitas ser más consciente de cómo funciona mi coche,” le dijo.
Cuando ella se siente insegura por algo, necesita acercarse a él. Le aseguró que lo haría en adelante. Pero, todavía estaba sorprendido de que ella no se diera cuenta que era anormal esa suavidad tan palpable.
“Mira esto,” dijo, mientras él pisaba el freno en medio del tráfico y aparcaba el coche. “Mira como el pié llega hasta el fondo. Esto es por lo blando del pedal. Lo llevaré mañana al taller,” dijo él.
“De acuerdo. Entiendo,” dice ella
“¿Y no lo notaste antes?” pregunta él
“No, no puedo decir que me diera cuenta,” le explicó.
Ya estaban cerca de su casa. Lo llevó hasta el garaje.
“Me sorprende bastante que no te des cuenta de estas cosas,” dijo él
Interiormente, ella suspiró. Por fuera, era el modelo de paciencia angelical.
“Realmente, no me di cuenta de la suavidad del freno. Lo siento.”
“¿No te vas a poner más alegre?”
“No, cariño. No.”
“Sería mejor.”
“No, no puedo estar contenta.”
“Por dentro, te veo muy descarada. Me gustaría controlarte también esta faceta. No tengo humor para estar con una mujer descarada.”
“Sí, señor.”
Salió del coche y ella se encaminó hacia las escaleras. Sabía lo que estaba pasando.
Ayer, fue azotada con la fusta. Un castigo atrasado. Uno de los enigmas del hombre dominante es que, apenas ha azotado a su mujer y guarda la fusta, siente una intensa excitación. Sin embargo, las circunstancias pueden privarle de la intimidad con su mujer en ese momento. Esta es una situación profundamente insatisfactoria, tanto para él como para ella, que puede convertirse en el germen de su confusión interior.
Lectora sumisa, puedo verte asintiendo con tu cabeza de mujer. Veo que estás siguiendo con atención esta lectura y quiero ayudarte. ¿Qué debería hacer una mujer en tales circunstancias?
Como Nicole Kidman le dijo a Tom Cruise en “Ojos libertinos” al final de la película, cuando él le habla a ella de su noche libertina: “Sólo hay que hacer una cosa: FOLLAR.”

domingo, 23 de octubre de 2011

La inspección

Estamos acostados en la cama por la mañana.
“Quiero que hoy seas una buena chica para mí,” digo. “Cuando te hayas duchado, voy a llevar a cabo una inspección de tu cuerpo, antes de que te pongas cualquier ropa.”
Me ducho y afeito primero, me visto y preparo el café. Estoy sentado leyendo el periódico hasta que ella sale del cuarto de baño. Tiene una toalla retorcida alrededor de su cabello húmedo y otra alrededor de todo su cuerpo.
“Ven aquí,” le digo señalando un punto enfrente, justo de donde estoy sentado.
Miro hacia ella. Alargo mi mano y tiro de la toalla más baja. Instintivamente, mueve sus manos para tratar de cubrir su desnudez.
“Las manos a los lados,” le digo.
Me pongo de pie y camino lentamente alrededor de ella. “¿Has completado tu aseo?”
“Sí, señor,” dice ella.
“¿Te has lavado por detrás de las orejas?”
“Sí, señor.”
“Abre tu boca,” digo.
Miro por dentro, me aseguro que sus dientes han sido cepillados. Miro en sus oídos, poniendo mi dedo meñique en cada uno para ver si están todavía mojados.
“Levanta tus brazos,” digo.
Acaricio sus axilas para comprobar si se ha rasurado. Su piel está suave.
“Enséñame las uñas,” le digo.
Extiende sus manos. Las uñas están cuidadas y limpias y pintadas.
“¿Están tus piernas suaves?”
Ella pone una mano en mi hombro para sostenerse, luego levanta una pierna. La acaricio con mi mano arriba y abajo. Luego levanta la otra y hago lo mismo. Todo es satisfactorio.
“Abre tus piernas,” digo.
Ella baja sus ojos mientras hace lo que le he dicho. Pongo mi mano entre sus muslos para ver si su coño afeitado está suave, puesto que se lo requerí. Introduzco un dedo dentro. Está húmedo pero no con ese mojado resbaladizo.
“Gírate y tócate las puntas de tus pies,” le digo.
Ella lo hace. Separo sus nalgas y le hecho una vistazo al pequeño agujero entre ellas. Pongo mi dedo contra el mismo. Está muy limpio, pero todavía humedecido por la ducha. Cojo una toallita de papel y lo seco.
“De acuerdo,” digo, “sécate tu pelo y vuelves luego.”
“Sí, señor,” dice ella, y se va de inmediato. Reanudo la lectura del periódico. Cuando volvió, me encantó ver que no había cubierto su cuerpo con una toalla. Está todavía desnuda.
Acércame tres juegos de ropa interior para elegir,” digo.El primer par que me muestra es blanco, satén con encaje, elegante y casto. El segundo conjunto es rojo rosa, semi diáfano, con una cinta roja más oscura por los filos. Las bragas eran muy pequeñas aunque no llegaban a ser una tanga. El tercer conjunto era de algodón blanco, de un corte modesto, con pequeños corazones estampados. Me decido por este último conjunto. Le extiendo las bragas para que introduzca los pies por ella, luego las subo hasta sus caderas. Giro alrededor de ella, meto sus brazos a través de las tirantas del sujetador y las copas del sostén contra sus pechos. Abrocho las presillas por detrás.
“Búscame una falda,” le digo.
Rechazo la primera que me trae, que es negra, estrecha y alargada. La segunda me gusta más. Es más corta, acampanada, de color rosa. Elijo una camiseta blanca en juego con ella.
“Vamos a mirar los zapatos,” digo.
Selecciono un par de sandalias blancas. Miramos en su joyero y elijo unos pequeños pendientes azules para sus orejas. Abrocho su collar alrededor de su cuello, que tiene una pequeña etiqueta de plata. Hay un número en la etiqueta. Solamente ella y yo sabemos lo que significa.
Le digo que se haga una cola de caballo con su pelo. “Luego, te maquillas. No mucho.”
Ya que ella ha terminado, he llegado al final del periódico. Hago que se gire hacia mí.
“Perfecto,” digo. ¡Qué mujer más buena eres!
Ella sonríe.

miércoles, 19 de octubre de 2011

No hay dolor y luego, hay dolor

Por lo que yo veo, hay tres tipos de dolor, dos de los cuales, caen en el ámbito del Sm (sadomasoquismo).
El otro es el dolor normal, el viejo dolor: te golpeas el dedo de tu pie, o tienes un dolor de cabeza, o sufres la pérdida de alguien querido. Eso duele y no hay nada realmente eficaz contra esto: es un dolor que no tiene respuesta, desagradable, poco atractivo y no consensuado. No importa lo masoquista que seas, siempre habrá algunos dolores que caen en esta categoría, tales como la sensación de úlcera en la boca que produce un cosquilleo agradable cuando se come algo ácido, o en el otro extremo del espectro, la experiencia de crecimiento espiritual a través de un periodo doloroso en la vida. Estos beneficios accidentales son un tema interesante por sí mismos, pero no son el objetivo de mi artículo. Voy a aparcar este tipo de dolor a un lado, por el momento, y centrarme en los otros dos.
El dolor bueno
A mi modo de ver, hay dos campos distintos de dolor dentro del Sm. Existe el: “Oh, Dios, sí, por favor, no dejes de hacer esto,” dolor y el “Oh, Dios, no por favor, deja de hacer esto, haré lo que sea,” dolor.
¡Oh, Dios, sí, por favor, no se te ocurra de parar esto!
Las masoquistas: “No des marcha atrás en esto, ¿vale?” Este es el tipo de dolor que le hace sentir que está volando. Las endorfinas están corriendo, la están poniendo toda caliente, excitada y es su felicidad. Es una mujer poco codiciosa cuando consigue este tipo de dolor. No quiere que termine. Sólo quiere continuar flotando en el interior de las hermosas sensaciones que su pareja está creando en ella. Algunas veces, siente que puede ver las chispas o cómo brillan las cosas. Los sonidos son diferentes y, por lo tanto, son de colores. Siente cómo sus palabras tocan su piel cuando le habla. Está conectada a la tierra a través de él: nuestra conexión es una correa de sujeción segura.
¡Oh, Dios, no, por favor! Deje de hacer esto. ¡Haré cualquier cosa!
La sumisa: estoy seguro que todos ustedes estarán de acuerdo que esto es una sensación de bienvenida, pero sospecho que algunas sabrán de dónde vengo a esto. La sumisa odia este tipo de dolor. Pero, lo anhela de vez en cuando. Tal vez, parte de la atracción sea el psicodrama que se le ofrece con las sensaciones físicas. Negociado de una manera segura, la sumisa está realmente dispuesta a dar rienda suelta. Este tipo de dolor no la excita (o, más específicamente, por el momento, no lo está experimentando). Cualquier excitación previa que se haya acumulado, se ha ido en un instante, tan eficaz como un balde de agua fría. Ya no tiene coño. No existe en su mente tal cosa como el sexo. Todo lo que le importa es el dolor y lo único que la importa es la distancia entre ella y lo que tenga que conseguir para que él se detenga, justo para que no la folle en este preciso momento. Hay algo en ella que florece con esta experiencia. Crece mucho en el miedo y en el drama y después se siente emocionalmente limpia. Es una catarsis pura.
Pero, hay otro tipo de razón por el que ella distingue el primer tipo de dolor del segundo y es como ella ve a la persona que está distribuyéndole el dolor. Por supuesto, esto está dentro de los límites del consenso y no le gustaría ir ahí con alguien que no respetara la palabra de seguridad y los límites que acordados. Pero, hay una gran parte de ella que no quiere el segundo tipo de dolor, que le rogaría, engatusaría y negociaría para salir del mismo. Parte de lo que anhela y disfruta y goza en el segundo tipo de dolor, es el sadismo egoísta de su pareja que, a pesar de sus súplicas, continúa.
Lo hace porque le excita y ella lo soportará porque lo hace por él. Su dominante no está ignorando las lágrimas y el dolor de ella – se las está bebiendo. Las lágrimas y el dolor de ella hacen que su polla se ponga dura. En verdad, la injusticia de esto, la excita. No la excita en ese preciso momento, puesto que es algo que ella lleva consigo en el resto de sus interacciones y la pone más excitada para él, incluso sabiendo que él tiene eso dentro de sí mismo, no importa cuánto afecto y amor él tenga por ella. También esconde el deseo de que realmente le duele, más de lo que ella le ama. Por supuesto, le quiere de verdad – sólo necesita que él sea un poco convincente con sus azotes.
Usted puede haber notado que atribuyo el primer tipo de sensación al ámbito de las masoquistas y el segundo a la esfera de las sumisas. Reconozco que estos términos son una herramienta muy contundente para analizar esta distinción, pero creo que se pueden extraer algunas generalizaciones muy útiles.
Con la primera “¡Oh, sí!” dolor, esto está muy cerca de cómo funciona el sexo – el dominante lo suele utilizar directamente para darle sensación de placer. Es recíproco – ambos están haciendo algo que los dos disfrutan – pero, esto no es follar. Todo el mundo tiene claro que esto es una buena cosa. Yo asocio esto más con el masoquismo, porque, de alguna manera, esto es más una actividad de rellenos que una actividad dominante. Exactamente, ella está consiguiendo lo que quiere y él está sudando la gota gorda para dárselo. Con la segunda “¡Oh, no!” dolor, hay más en juego a nivel psicológico: se trata del poder, es sobre el sacrificio y juega con su consentimiento. No es la sensación de que ella está saliendo adelante y, no está claro, que esto sea realmente para uno de los dos, ella o él (por supuesto, es para los dos, pero me parece que la línea es muy borrosa hasta que ella llega al otro lado de la sesión).
¿Por qué estoy ponderando los diferentes tipos de dolor en este momento?
Recientemente, ella – me comentó – que tuvo su primer orgasmo con el dolor. Fue absolutamente increíble. Eso, y… bien… su Dominante la estaba amenazando con algo bastante horrible en ese momento. Se encuentra tan excitada por él cuando lo hace, que se retuerce. Sin embargo, ella sigue desesperada para hablarle de todo esto. Sus emociones están muy mezcladas al respecto. Espera que, por Dios, no sean una broma.
Como final, parte de lo que ella anhela en el segundo tipo de dolor, es el sadismo egoísta de su pareja que continúa a pesar de sus plegarias. Él lo hace porque le excita, y lo hace porque ella lo soportará por él. El dominante no está solamente haciendo caso omiso de sus lágrimas y su dolor, sino que lo está disfrutando.
Me parece genial y estoy de acuerdo con la distinción, así como el hecho de que “ella hará cualquier cosa para que él se detenga.” Este tipo de dolor es solamente posible en el contexto de una relación en el que el Dominante (amorosamente) presiona a su sumisa más allá de sus límites.

sábado, 15 de octubre de 2011

Unos azotes

¿Existe relación entre creatividad y excitación?
Creo que, superficialmente, habrá que decir sí, sobre todo, una vinculación. Después de todo, los amantes, los poetas, los músicos, los artistas, etc., han estado creando obras de arte durante mucho tiempo mientras han estado enamorados (lo cual es bastante tiempo). Cuando se les preguntan que les inspiran, todos se refieren a la musa de su amante como la fuente de su motivación.
¿Fin de la historia?
Bueno, tal vez no. Puesto que este blog está principalmente interesado en la D/s como opuesto a las formas mundanas de las relaciones, parece justo que yo examine la cuestión desde la perspectiva de aquellos que puedan estar involucrados en una relación D/s o, quizás, intenten estarlo.
Como dominante, puedo afirmar categóricamente que, más o menos, mi creatividad ha sido impulsada por aquellas mujeres que me han dado la oportunidad de compartir algún tiempo con ellas, bien en una relación formal o, incluso en una sesión ocasionalmente informal. Me doy cuenta que siempre intento llegar con nuevas ideas en todas las facetas de mi vida y, como pueden comprobar también en este blog, para mantener las cosas frescas y excitantes. Curiosamente, las mujeres diferentes me afectan de diferentes maneras. Con esto quiero decir que raramente usaré las técnicas que desarrollo para una sumisa, en otra. Claro, hay ciertas cosas estándar que tiendo a probar en todas ellas, pero una vez que comprendo mejor sus necesidades, intento adaptar un sistema más personalizado. Una misma talla no sirve para todas.
También, he notado que los vídeos de Webs sádicas famosas muestran bastante originalidad. El hombre ha trabajado con cientos de modelos y, sin embargo, siempre ha encontrado algo nuevo por hacer en cada uno de ellas. Claramente, su creatividad fue provocada por su excitación al colocar a estas mujeres bajo su mano.
Pero, ¿qué pasa con la mujer sumisa? ¿Se aplica el mismo sistema  a ella? Después de todo, ella no es la única que diseña las sesiones, forma el equipo, los implementos o decide lo que le va a suceder. ¿Cómo puede ella ser creativa?
Yo diría que su excitación puede provocar su gran creatividad. Puede parecer como una actividad artística, como, por ejemplo, escribir o pintar. Pero también puede encontrar nuevas maneras de complacer a su pareja dominante. Una vez que ella aprende y conoce lo suficiente sobre él para juzgar cómo reacciona, el buen desarrollo de la sumisa busca nuevas formas de ser complaciente. Ella puede modificar su comportamiento de la manera que espera que la vaya a encontrar más atractiva. Ella puede desarrollar ciertas tareas domésticas, incluso antes que él se las haya pedido, en un intento de crear un entorno más agradable para él. Ella puede empezar a buscar nuevas maneras de comportarse por sí misma, para presentarse ante él, en su ropa, su maquillaje, etc. He conocido a mujeres pasando horas delante de un espejo, intentando diferentes looks, viendo los que funcionan y no funcionan. ¿Vanidad? No, en absoluto. Más bien, un intento legítimo de ser más creativa y al hacerlo así, ser más agradable.
Por supuesto, algunas veces, ella comete un error. Otras, hacen algo con la mejor intención, solamente para descubrir (demasiado tarde) que no le gustó en absoluto, todo lo contrario. Así que, existe siempre un peligro de cometer algún fallo y la posibilidad también de un castigo. Pero, la sumisa bien entrenada acepta esto como parte del proceso en curso de estar mejor preparada para satisfacer las necesidades de su Dominante. No hay nada de malo con errores ocasionales. No aprender de estos errores es un problema.
Así que, sí, creo que existe una relación entre la excitación y la creatividad y, además, creo que tiene un significado especial en el estilo de vida de las relaciones D/s.
Ahora, salga y sea creativa.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Creatividad y excitación

¿Existe relación entre creatividad y excitación?
Creo que, superficialmente, habrá que decir sí, sobre todo, una vinculación. Después de todo, los amantes, los poetas, los músicos, los artistas, etc., han estado creando obras de arte durante mucho tiempo mientras han estado enamorados (lo cual es bastante tiempo). Cuando se les preguntan que les inspiran, todos se refieren a la musa de su amante como la fuente de su motivación.
¿Fin de la historia?
Bueno, tal vez no. Puesto que este blog está principalmente interesado en la D/s como opuesto a las formas mundanas de las relaciones, parece justo que yo examine la cuestión desde la perspectiva de aquellos que puedan estar involucrados en una relación D/s o, quizás, intenten estarlo.
Como dominante, puedo afirmar categóricamente que, más o menos, mi creatividad ha sido impulsada por aquellas mujeres que me han dado la oportunidad de compartir algún tiempo con ellas, bien en una relación formal o, incluso en una sesión ocasionalmente informal. Me doy cuenta que siempre intento llegar con nuevas ideas en todas las facetas de mi vida y, como pueden comprobar también en este blog, para mantener las cosas frescas y excitantes. Curiosamente, las mujeres diferentes me afectan de diferentes maneras. Con esto quiero decir que raramente usaré las técnicas que desarrollo para una sumisa, en otra. Claro, hay ciertas cosas estándar que tiendo a probar en todas ellas, pero una vez que comprendo mejor sus necesidades, intento adaptar un sistema más personalizado. Una misma talla no sirve para todas.
También, he notado que los vídeos de Webs sádicas famosas muestran bastante originalidad. El hombre ha trabajado con cientos de modelos y, sin embargo, siempre ha encontrado algo nuevo por hacer en cada uno de ellas. Claramente, su creatividad fue provocada por su excitación al colocar a estas mujeres bajo su mano.
Pero, ¿qué pasa con la mujer sumisa? ¿Se aplica el mismo sistema  a ella? Después de todo, ella no es la única que diseña las sesiones, forma el equipo, los implementos o decide lo que le va a suceder. ¿Cómo puede ella ser creativa?
Yo diría que su excitación puede provocar su gran creatividad. Puede parecer como una actividad artística, como, por ejemplo, escribir o pintar. Pero también puede encontrar nuevas maneras de complacer a su pareja dominante. Una vez que ella aprende y conoce lo suficiente sobre él para juzgar cómo reacciona, el buen desarrollo de la sumisa busca nuevas formas de ser complaciente. Ella puede modificar su comportamiento de la manera que espera que la vaya a encontrar más atractiva. Ella puede desarrollar ciertas tareas domésticas, incluso antes que él se las haya pedido, en un intento de crear un entorno más agradable para él. Ella puede empezar a buscar nuevas maneras de comportarse por sí misma, para presentarse ante él, en su ropa, su maquillaje, etc. He conocido a mujeres pasando horas delante de un espejo, intentando diferentes looks, viendo los que funcionan y no funcionan. ¿Vanidad? No, en absoluto. Más bien, un intento legítimo de ser más creativa y al hacerlo así, ser más agradable.
Por supuesto, algunas veces, ella comete un error. Otras, hacen algo con la mejor intención, solamente para descubrir (demasiado tarde) que no le gustó en absoluto, todo lo contrario. Así que, existe siempre un peligro de cometer algún fallo y la posibilidad también de un castigo. Pero, la sumisa bien entrenada acepta esto como parte del proceso en curso de estar mejor preparada para satisfacer las necesidades de su Dominante. No hay nada de malo con errores ocasionales. No aprender de estos errores es un problema.
Así que, sí, creo que existe una relación entre la excitación y la creatividad y, además, creo que tiene un significado especial en el estilo de vida de las relaciones D/s.
Ahora, salga y sea creativa.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿Quién sirve a quién?

Traigo a colación este tema porque me parece que es un asunto poco tratado en los blogs de D/s o si lo es, se habla casi siempre desde la perspectiva de la sumisa. En una relación D/s, la oportunidad de servir existe para ambas partes, para sacar lo mejor el uno del otro. Es un tema importante. En una situación ideal, no solamente es la parte dominante quien modifica y transforma que la sumisa sea la mejor persona posible, ambos dentro de la relación y como individuos, sino que la sumisa tiene la oportunidad de modificar y transformar al dominante para que sea un tipo de dominante que sirva lo mejor que pueda a las necesidades de los dos.
Quiero subrayar este último punto. Una y otra vez, he leído que el rol de la sumisa es servir al dominante. Yo nunca me he sentido realmente cómodo leyendo esa declaración. Me parece que ambas partes están para servirse el uno al otro, no uno más que el otro.
Es muy importante que la sumisa tenga un dominante en el cual ella pueda confíar. Ella le busca para su dirección. Él es su brújula y sin que la guie, ella puede estar bastante perdida. No se trata de que ella se sienta sin esperanzas, inútil o incompetente. Lejos de esto. Las mujeres sumisas que yo conozco son orgullosas, brillantes y con un fuerte sentido de sí mismas; competentes, cumplidoras y más que capaces. Sin embargo, también son amables, sensibles y confiadas con su dominante por su sentido del bienestar. El que estas mujeres capaces e inteligentes requieran un líder o un jefe, es una de las contradicciones de la D/s; de hecho, lo demandan.
Ellas necesitan un dominante para que sirvan a sus intereses; no un dominante cualquiera, sino un gran dominante que funcione para confiarle todas las cualidades deseadas: sabiduría, comprensión, resolución, paciencia, pensamiento estratégico y mano firme. Es inaceptable que él tenga que ajustarse a su sumisa, independientemente de que ella esté loca por él. Su conducta debe estar más allá de su acercamiento a ella para que esta entienda que es su comportamiento lo que está en cuestión. Si él puede mantener el control de sí mismo, le está demostrando a ella que el comportamiento civil y controlado siempre es esperado y alcanzable.
Por supuesto, tanto el dominante como la sumisa son meros mortales y ambos cometerán errores. Pero, una mujer sumisa no gana nada de un dominante que es incapaz de controlar sus emociones, al igual que las de ella. Él tiene el poder para ponerla de rodillas, mandarla callar o corregirla cuando su conducta esté descontrolada. Ella no tiene tal poder. Sin embargo, ella tiene el poder de votar con sus pies. Ella demanda que su dominante sea creíble, controle y exhiba una conducta ejemplar. Ella tiene que creer en sus huesos para que el mismo hombre pueda elegir la fusta para azotarla, para recordarle cuál es su sitio, es el hombre que la protegerá hasta el fin de la tierra; que quiere que ella sea completamente feliz; que será la primera persona en animarla en sus victorias o abrazarla y consolarla cuando el mundo la haya hecho daño o le haya dado la espalda. Él es su padre, su hermano, su amante, su mejor amigo. Él la sirve bien.
Llegar a ser la mejor sumisa, una sumisa feliz y contenta, no es solo un tema de suerte. La sumisa más capaz y cumplidora es tal porque tiene un dominante con mano firme, pensamiento noble y mente fuerte. Cuando su dominante es la esencia de la fuerza, la sabiduría y humanidad con sus mejores intereses en su corazón, no es coincidencia de que ella sea capaz de servirle con humildad, honor y virtud femenina. Su placer es servir con orgullo al hombre que exige más de sí mismo de lo que jamás le exigirá a ella.

viernes, 7 de octubre de 2011

La necesidad básica de ser penetrada

La luz del cuarto de baño cercano brillaba fuera del alcance de mi pene húmedo y resbaladizo, cuando ella sacó su cuerpo del mío.
“¡Ufff!” gimió mientras ella se ponía a mi lado y comenzaba a contar una historia sobre la idea de abandonarse el uno en el otro.
Ella había estado montada sobre mi pene durante bastante tiempo, corriéndose una y otra vez. Ella es increíblemente multiorgásmica. Fui capaz de mantenerme  fuerte todo el tiempo, presionando mis caderas hacia arriba y hacia abajo a la vez que ella empujaba las suyas hacia adelante y hacia atrás, mientras montaba mi cuerpo que estaba dejado del suyo. Cerraba los ojos, giraba su cabeza a derecha e izquierda y la sujetaba con mis brazos extendidos como si ella estuviera bailando una danza sexual.
Yo había llegado hasta sus hombros, empujando su torso tenso hacia abajo contra mis caderas y presionándolas hacia arriba contra las de ella y manteniéndola penetrada con mi pene. Ella no iba a ninguna parte.
Sus gemidos la hacían vencedora, los cuales luego se tornaban en llanto. Podía sentir el calor de su coño y sus muslos aumentaban la temperatura mientras su orgasmo estallaba. Su boca se abrió, su respiración se detuvo y su cuerpo entero se convulsionó hasta que finalmente, ella pudo respirar, abrir sus ojos y luego el colapso de su cuerpo sobre el mío.
Fue la cosa más hermosa que yo había visto nunca.
Ella se entregó por completo a mí, me abrió su alma por completo y se sometió ella misma por completo a mí.
Yo no estaba follando su coño, yo no estaba follando su cuerpo, sino que yo estaba follando su alma.
Lo que ella sentía en ese momento, sinceramente, no lo sé.
Pero, después de que hubiera orgasmado varias veces de esta manera, una detrás de otra, ella me recitó, bastante entregada, su compromiso. El tono de su voz derrotada, declarándose a sí misma de mi propiedad, prometiendo hacer cualquier cosa que yo quisiera, entregándose por completo a mí.
Yo no tuve que inmovilizarla, esposarla ni azotarla o amordazarla. Sólo hizo falta mi presencia dominante, mi polla, varios orgasmos poderosos uno detrás de otro y ella, finalmente, cedió.
Al tiempo que estaba acostada a mi lado, después admitió sentirse asustada y vulnerable, al abrirse tanto a mí y entregarse de esta manera.
Ciertamente, yo no tenía deseos de hacerle daño, atarla, humillarla avergonzarla o sonrojarla. Yo sólo quería hacer que se corriera. ¡Qué orgasmara!
En última instancia, eso es a lo que se reduce. Es lo que todas las mujeres necesitan.
A pesar de los logros de una mujer, su sofisticación, su refinamiento, su elegancia, encanto, inteligencia, madurez y todo la que la convierte en un miembro muy respetado y querido de la sociedad, ella necesita ser follada y correrse.

martes, 4 de octubre de 2011

Más sobre el castigo...

Según tengo entendido, la pregunta de la Anónima dos en el artículo anterior, es esta: “Cuando un dominante está administrando un castigo a su sumisa por alguna ofensa cometida, ¿es posible que él pueda llevar a cabo la sentencia derivándose algún placer al ejecutarla? Y si es así, ¿debería hacerlo? O ¿no debería castigar, de una manera “judicial”, motivada solamente por su deber principal, centrándose solamente en la lección que él está buscando para impactar a la mujer desobediente?”
Mi propio sentimiento es que si el dominante escoge un medio de castigo que tiene similitudes con las prácticas llevadas a cabo durante la interacción placentera con su sumisa, es casi imposible para él aislarse para no  llegar a excitarse. Si disfruta azotando a su mujer con el cinturón o con una paleta o con una cane o con una fusta, entonces, por mucho que intente hacer el castigo diferente, si también emplea tales medios para corregirla, entonces está limitado para conseguir algo de placer de todo esto. La asociación en su mente de la cane o lo que sea con los placeres de la D/s, con seguridad, anulará cualquier intento de provocar solamente un castigo.
Y me parece que hay un peligro al difuminar la distinción entre el dolor placentero y el dolor disuasivo. Porque si las experiencias del dominante excitan mientras la castiga, ¿no podría  diseñar situaciones en las cuales ella esté casi condenada a cometer una ofensa punible? ¿Puede que él no establezca las tareas en las que sabe que ella va fracasar, negarle cosas que él sabe que ella es incapaz de hacer, solo por tener la oportunidad de tener una buena razón para castigarla? Y, ¿si el dominante no examina sus motivos cuidadosamente bien y se engaña a si mismo sobre sus verdaderas intenciones, entonces, no es él culpable de buena fe?
Otro peligro es que la mujer sumisa llegue a reconocer que a su dominante le produce  placer  aplicarle el dolor como castigo. Las sumisas son muy inteligentes al intuir tales cosas. Puede que no tanto, ya que después de todo, su motivo principal en la relación es agradarle y ella misma, deliberadamente, decide incumplir las órdenes dadas, solo para que pueda tener por si misma el placer de entregarle el placer de azotarla. Y, ¿qué es esto si es una desobediencia u ofensa imperdonable que siempre debe ser vigilada por el dominante de la sumisa? Si ella es sutil, su dominante pudiera no darse cuenta de que le está manipulando, lo cual hace que las cosas empeoren.
Por lo tanto, con estas razones, estoy a favor de una completa separación entre los métodos de castigo y los métodos de impartir el dolor de placer. Mejor elegir las formas de castigo que no se puedan convertir en una experiencia excitante, tanto por el dominante como por la sumisa. Y, sin embargo, la pregunta de Og se produjo en el contexto de una entrada al blog sobre lo que parecía ser un castigo (para algunas ofensas no especificadas) que comparten muchas características del dolor o placer del intercambio de poder dentro de la D/s. ¿No estoy contradiciéndome a mi mismo?
Posiblemente. Yo no pido que sea infalible. Sin embargo, ¿no está claro que la desgraciada sumisa que, está a punto de ser azotada enfáticamente con el cinturón en las zonas más sensibles de su cuerpo, no le dé la bienvenida? De hecho, ella teme y hace lo imposible para evitarlo. Creo que el dominante todavía podría hacer caso, a pesar de todo lo que he dicho anteriormente, de administrarle el castigo de tal manera que no pudiera posiblemente equivocarse por placer, a pesar de las semejanzas superficiales con los escenarios llenos de placer. Si el dominante  ve que es implacable con su determinación, a pesar de las protestas y los ruegos, si está convencido que tiene motivos impecables, si su comportamiento es severo y grave, por encima de cualquier sospecha de que está disfrutando secretamente de los azotes que va a impartir, entonces, quizás, puede dejar escapar la posibilidad de que está motivado por otra cosa diferente a su deber. Y creo que, en este caso en particular, está claro que el castigo puede ser visto para adaptarse a la ofensa, como idealmente debería ser. Es evidente que lo que ella ha hecho está bien, por participar en el “autoabuso”, de una manera contraria a las normas y al establecer castigarla corporalmente en la misma parte de su cuerpo donde el castigo físico se hace más ostensible, el dominante puede ser visto como justo al aplicar una justicia ejemplar. Solamente él puede saber si su conciencia está tranquila.
Si algunas de mis lectoras persisten en ver un mensaje mezclado en mi texto y consiguen humedecerse al leer el castigo tan manifiestamente desinteresado, no es mi problema, ¿vale?

viernes, 30 de septiembre de 2011

¿Riguroso o sádico?

“Quítate el top,” le digo.
Ella me mira nerviosa. Desde que la sorprendí esta mañana, estaba esperando algo como esto.
“El sujetador, también,” digo.
Me siento un momento admirando sus pechos. Ella se mantiene mirándome y con la vista lejana, siendo incapaz de aguantar mi mirada. Su culpabilidad la hace una cobarde.
Me levanto y rebusco en un cajón hasta que encuentro unas esposas de cuero para las  muñecas. Se las pongo y le abrocho la hebilla en el cabecero de la cama. Ahora parece un poco más nerviosa.
Desabrocho sus vaqueros, luego bajo sus bragas. Pongo la palma de mi mano contra su coño. Ella tiembla un poco.
“Ahora,” digo. “Usted ya sabe lo que va a pasar esta mañana.”
“Lo siento,” dice ella rápidamente. “No volverá a pasar más. Se lo prometo.”
“Eso es lo que usted me dijo la última vez.”
Ella no dice nada. Realmente, no tiene una respuesta a esto.
“¿Te lo advertí la última vez. ¿No es así?”
“Sí,” dice ella. “Sí, me lo advirtió.”
Dije que la próxima vez iba a ser muy severo. ¿No es así?”
“Sí, señor, es verdad,” dice ella. Esta saca ahora su mirada de chica joven, la única que transmite que es un poco traviesa, pero que seguramente piensa que la perdonaré porque es muy linda.
No creo que ella realmente piense que esto va a funcionar como imagina o que pueda evitar lo que va venir, pero le daré la máxima puntuación por intentarlo.
Poco a poco, empiezo a apretar su coño, cada vez más fuerte. “Tu coño me pertenece y, sin embargo, parece tener una mente propia. Es rebelde y sin sentido.”
“Sí, señor, lo siento mucho.”
“¿Qué te dije que yo necesitaba hacer con tu coño?
Ella piensa un momento. “Usted me dijo que tenía que reprimirlo.”
“Correcto. Y es justo lo que voy a hacer.”
Le aprieto con más y más fuerza. Corta su respiración. La dejo y me pongo de pie. Lentamente, me desabrocho mi cinturón y lo saco de mis pantalones. El silencio es absoluto. Sólo se oye el sordo deslizamiento del cinturón por las trabillas de mi pantalón. Ahora se da cuenta de lo que está a punto de pasar.
“¡Oh, Dios mío, no! Por favor.”
Cojo el cinturón por la hebilla y lo enrollo en mi mano con un par de vueltas.
“Abre tus piernas todo lo más que quedas,” digo.
“No, por favor, por favor,” dice ella apuradamente. “No, es que... Le prometo que siempre seré buena. Por favor.”
“No voy a decirlo otra vez,” digo. “Abre tus piernas y mantenlas abiertas hasta que haya terminado.
Ella me mira implorante. Muy lentamente abre sus piernas, luego cierra sus ojos con fuerza. Puedo ver que ella está temblando…

martes, 27 de septiembre de 2011

Un lugar tranquilo

Le pregunto a ella cómo se siente al estar atada, con los ojos vendados e inclinada a mi voluntad en cuerpo y alma.
Le pregunto de una manera provocadora, casi gruñendo, buscando despertar la memoria de lo que ha pasado y para empezar algo similar de nuevo.
“¿Cómo te sientes? ¿Qué pasa por tu cabeza cuando la sientes dura, áspera, exigente, indefensa y sometiéndote a mí con los labios temblando?”
“Me siento tranquila y en calma,” contesta ella.
Esta no es la respuesta que él esperaba.
Ella está normal…ummm…y no habla en el dormitorio. Ha sido entrenada por su Dominante para hacerle saber si le gusta lo que ella están haciéndome – y, por lo tanto, lo hace (temprano y con frecuencia…justo como votar) Es un ejemplo de cómo al acomodarse al deseo de su Dominante, puede fácilmente deslizarse a la parte de su propio repertorio sexual. Gime. Grita.
Cuando el antifaz se asienta sobre sus ojos, bien podría ser como una mordaza en la boca. Está callada.
No hablando verbalmente, sino con la mente.
No va a callarse intencionadamente o a propósito; es solamente un reflejo de la profunda quietud – una suave quietud de los pensamientos  violentamente rabiosos del día, de la vida, del trabajo, del hogar y de la casa.
Ella puede tener miedo – miedo realmente de lo que yo voy a hacerle a continuación o cómo pueda picarle cuando la azote – pero, sólo se escapan suaves jadeos de sus labios.
Su cuerpo es agua en su corriente, fluye donde yo quiero. Algunas veces rápidamente, otras veces es un goteo lento.
Es el sexo. Es mi dominación. Es su sumisión. Es profundamente perverso y frecuentemente violento. Pero, también es meditación. Es mental y la mente tranquiliza al alma.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El deseo de ser perfecta

Hay una tendencia en algunas mujeres sumisas a ser “perfectas.” Aunque esto pueda ser un objetivo admirable, a menudo, puede ser llevado a los extremos y eso es algo a tener en cuenta. Ahora estoy hablando sobre el deseo de esforzarse para ser mejor, hacer un esfuerzo para hacer el trabajo lo mejor posible, y como todas las sumisas saben, para esto se requiere muchísima energía.
He aquí una cita que ilustra este tema: “Empecé pensando sobre el por qué el castigo me atraía y yo no estaba segura si era justo probar de otra manera los límites…otra manera o el lujo de tener otra idea para “hacerme” hacer las cosas que realmente quieres hacer de todos modos… pero, en cambio, permito que la vida (el trabajo, la fatiga) lo consiga en el camino. Tengo expectativas muy altas para mí misma… soy afortunada por el hecho de que soy inteligente y hermosa… pero, pienso que estos “regalos” dados se deben utilizar en toda su extensión.”
Una mujer sumisa como ella, quiere ser “presionada” a hacer un esfuerzo mayor sobre sí misma. Ella sabe que es capaz de conseguirlo y quiere ayuda para hacerlo realidad. Para mí, este es uno de los aspectos positivos de los azotes tratados como castigo. Como su Dominante, su responsabilidad es tener cuidado de ella y ver que ella hace lo mejor para sí misma. Usted necesita trabajar con ella para asegurarse que sus normas y límites son en beneficio de ella y ayudarla a conseguir sus propias metas personales. Si es estructurado de esta manera, el enfoque del spanking no es porque ella sea “mala”, sino más bien, porque está siendo azotada para ayudarla a mejorarse a sí misma. De esta manera, cuando usted la disciplina es otra manera de mostrarle que la ama y la cuida.
He aquí una frase de una mujer que ama la idea de ser castigada por no cumplir con sus propias normas de conducta para ella.
“Una de mis fantasías es tener a alguien en mi vida sólo con el fin de corregir mis faltas. Él me haría tener una lista de todos mis malos comportamientos. Ser perezosa en el trabajo, o lenta. Comer comida basura o no ir al gimnasio. Ser innecesariamente grosera con la gente. Tendría que llevar una lista, y una vez a la semana, vendría él y la leería. O más. Y me obligaría describir cada incidente, y me hablaría al respecto, establecería un castigo separado para cada falta de la lista. Y me diría una y otra vez por qué voy a ser castigada, o me pediría que se lo recitase.”
Doce azotes con el cinturón por esto. Seis golpes con la fusta por aquello, usted sabe. Le  leería la lista con un orden aleatorio, la sacaría del rincón en cualquier momento para recibir su próxima tunda, la enviaría de nuevo al rincón.
Esa es una de sus citas favoritas porque ilustra con bastante claridad la conexión entre la conducta y los castigos de su dominante. No hay duda en su mente del por qué ella va a ser castigada y ella acepta su castigo sabiendo lo mucho que la ayudará a mejorar su conducta en el futuro.
Para una sumisa, es todo un lujo tener una persona disciplinaria en su vida y no tener que confiar únicamente en su propia fuerza de voluntad. Todas saben que tienen que hacer las tareas que no son agradables y si las dejan sin hacer, pesan sobre sus conciencias y se convierten en una carga. Como su Dominante puede proporcionarle el “incentivo” que ella necesita para conseguir lo que hay que hacer,  no termine fuera del camino, no cuelgue sobre ella y se disipe su energía.
El pensamiento y la anticipación de ser castigada por no hacer algo son, con frecuencia, extremadamente excitante y esto permite a la sumisa aprovechar su energía sexual para completar sus tareas. Por ejemplo, fregar el suelo de la cocina no es muy divertido, pero el saber que recibirá un buen azote si no lo hace, puede añadir una energía sexual tremenda a su trabajo.
También el Dominante la puede ayudar en esto diciéndole que su trabajo será “inspeccionado” y si no lo encuentra bien hecho, será disciplinada. Por cierto, la palabra “inspección” es un disparador muy excitante para la mayoría de las sumisas. Al saber que su trabajo será revisado, la ayuda a centrarse en el mismo y hacerlo bien, con la calidad que ella realmente quiere hacerlo, pero tiene que luchar para conseguir la energía suficiente.
El castigo como una manera de absolución y perdón
Otro aspecto de ser “castigada” es que ello la permite dejar de lado cualquier otro auto culpabilidad impuesta sobre su conducta. Esto es especialmente importante para aquellas mujeres que se esfuercen por ser perfectas y tienen tendencia a ser auto críticas. Esto puede agravarse si ella se crió en un entorno donde los errores pasados nunca se olvidaban sino que continuamente  se les recordaban.
Cuando ella es castigada, puede encarar su error, aceptar su castigo como una motivación para mejorar (no por ser “mala”), ser perdonada completamente y luego moverse felizmente.
Algunas precauciones sobre los castigos con azotes
Dar un azote de castigo es mucho más difícil que ella lo soporte que otro dado por placer. El Dominante tiene que asegurarse que ella tenga su espacio mental adecuado en su cabeza para recibirlo. En otras palabras, ella debe estar convencida de que el azote es merecido. Así pues, mi consejo es que nunca la castigue por algo que no esté claro. Dicta tus normas con mucha claridad y específica para que ella las sepa exactamente cuando las incumpla. Si ello favorece, establezca los plazos de tiempo para que ella no pueda afirmar que “justo lo iba a hacer.”
Otra precaución es la consistencia. Si la castigaste una semana por romper una norma y le permitiste la misma infracción la siguiente, le estás dando unas señales mezcladas y confusas que la dificultarán para que ella se tome tu control con seriedad, y esto traerá consecuencias muy negativas para ambos roles. Ella necesitará probarte hasta que sienta con certeza que vas a seguir siendo consistente – esto es extremadamente importante.
Preparándola para el castigo
Un spanking de castigo está con frecuencia lleno de rituales como en la mayoría de cualquier otra sesión y se basa, en gran medida, en la anticipación de un evento que ella sabe que será una prueba y un reto para.
Enviarla a su habitación para que te espere, la excitará mucho incluso aunque ella sepa que el spanking no va a ser tan agradable. Mandarla a buscar el implemento a usar en su corrección, es una vergüenza erótica añadida. Puedes querer que ella se desnude de antemano y se vaya a una esquina para reflexionar sobre su infracción y qué pasos va a dar ella para evitar un fallo similar en el futuro. O, puedes querer que ella se ponga en la cama de cúbito supino, con una almohada bajo sus caderas y azotarla con la paleta que está a su lado. Si quieres ver cuán excitante puede ser la anticipación de un castigo, hazla que espere diez minutos antes de que tú entres en la habitación y luego comprueba su humedad.
Si lo deseas, puedes hablarle sobre su conducta, haciendo hincapié exactamente sobre lo que ella hizo para ganarse esta corrección, y durante los azotes, haz una pausa varias veces y dale la oportunidad de prometer un mejor comportamiento en el futuro. Esto es importante puesto que mantiene el énfasis en el castigo como motivo para mejorar su conducta y no porque ella haya sido mala o te ha desagradado por no haber conseguido que se ejecutara.
El enfoque del spanking de castigo no debe ser sobre su placer (a pesar de que al principio sea muy excitante), porque puedes darle menos calentamiento de lo habitual antes de incrementar la intensidad de los azotes. Decirle de antemano cuantos azotes le vas a dar, puede ayudarla soportar el spanking sabiendo cuándo terminará. Si este es el segundo spanking por la misma ofensa, asegúrate de incrementar el número de cachetes para que se haga a la idea de que en el próximo lapsus, se encontrará con más severidad.
Como confirmación de vuestros roles, después del spanking, ella deberá agradecértelo por dedicarle tiempo y esfuerzo en disciplinarla, y luego, le toca a usted violarla o enviarla a una pared. El tema que estoy tratando aquí es que, a pesar de que se trata de un castigo, no hay motivo de que no pueda terminar en placer para ella. Después de todo, ella ha sido castigada y todo está perdonado.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Sobre el dolor

Una mujer dominante me escribió un comentario a un post que decía “…el dolor es, generalmente, percibido por la población para dar a entender que algo debería ser evitado. Incluso, acoplando la palabra “exquisito” con el “dolor” no parece llegar el mensaje: El dolor es una sensación extrema y no tiene que ser necesariamente malo o ser evitado.”
No me gusta sentir el dolor. Soy realmente un cobarde. Por lo tanto, tengo una gran admiración por las sumisas que se someten al dolor como parte de una sesión. Deliberadamente, no suelo causar dolor a nadie. Pero, dentro de una dinámica de la D/s,  el dolor puede ser una parte esencial y plena. Tuve una sumisa que pedía un dolor más intenso – más golpes. Ella necesitaba, dentro del contexto de la sesión, satisfacer sus deseos y necesidades.
Puede ser interesante investigar las sensaciones, intentar encontrar el punto donde una sensación placentera se convierte en molesta y dónde el malestar se convierte en dolor. Puede ser fascinante investigar dónde el dolor puede ser agradable y dónde el dolor puede ser doloroso.
Las endorfinas creadas por el dolor pueden producir mucho placer – es similar a los atletas al esforzarse de una manera  dolorosa y conseguir un subidón de endorfinas que le ayuden a un rendimiento extremo. A muchas sumisas les gusta esforzarse a sí mismas de la misma forma, ayudadas por la misma subida de las endorfinas.
Dentro de una relación D/s, el dolor puede ser también una parte del establecimiento de una relación de control – la administración y recepción de un spanking, digamos, establece toda la estructura de la relación.
Para algunas, el spanking o ser azotada puede ser el aspecto total de una relación D/s. Son como los azotes.
Aquí, estoy seguro que lo he tocado de una manera superficial y pueden haber muchas sumisas que disfruten del spanking o de dolor más extremo en una relación D/s, que puedan ser capaces de explicarlo mucho mejor.
También es la responsabilidad del Dominante asegurar que el contexto de la administración del dolor sea tal, que permita a la sumisa conseguir la satisfacción, realización - y sí, incluso placer – de la sesión.
Como la mujer dominante decía, “el dolor es una sensación extrema. Tal vez, más que ser necesariamente evitado, pueden haber circunstancias en las que ha de ser abrazado.”

sábado, 17 de septiembre de 2011

Bromeando

La digo que se desnude y se siente en la cama. Estoy sentado en el sitio opuesto, todavía vestido.
“Abre tus piernas,” digo. “Quiero verte.”
Ella extiende sus muslos, pero no me mira.
“Tócate tú misma,” digo.
La miro mientras sus dedos recorren sus piernas. Abro mi cremallera y saco mi pene. Ya está grueso. Lo cojo con mi mano y lo acaricio suavemente
“¿Te gustaría tocarlo?” pregunto.
Ella asiente con la cabeza.
“¿Te gustaría sentir lo duro, suave y caliente que está?”
Ella asiente nuevamente con la cabeza.
“¿Te gustaría besarlo? Echo para atrás el prepucio para que ella pueda ver el capullo brillante.”
“Sí,” murmulla.
“¿Y te gustaría tenerlo en tu boca y chuparlo?”
Ella me mira a los ojos. “Sí,”, dice. “Me gustaría”.
“Dáte la vuelta y arrodíllate en el borde de la cama,” le digo.
Me sitúo detrás de ella y toco su coño ligeramente con mi pene.
“No te muevas,” digo.
Froto mi polla ligeramente contra ella. La presiono hacia delante para que se deslice sobre los labios de su coño, sin meterla. La alcanzo y pongo mi mano entre sus piernas y presiono mi polla contra ella. Sé que puede sentirla dura en su clítoris. La muevo de lado a lado. Oigo que recobra su aliento.
Retiro mi mano y sostengo mi polla, la inserto cuidadosamente entre los labios de su coño presionándola un poco hacia dentro.
“No te atrevas a empujar hacia atrás para que te entre más,” le digo.
“No, señor,” dice ella.
Sosteniendo la polla con mi mano, la muevo en círculos alrededor de la entrada de su coño, sin llegar a meterla.
“¿Te gustaría un poco más?” pregunto.
“Sí, por favor,” murmura ella.
De un golpe, introduzco mi polla profundamente. Cuando está a medio camino, la vuelvo a sacar, muy despacio. Ella hace un pequeño ruido en la parte posterior de su garganta, una expresión de pesar, quizás. Empiezo a traerla hacia atrás. Muy suavemente, la deslizo más y más hasta que está completamente dentro de ella. No me muevo durante uno o dos minutos. Entonces, tenso los músculos entre mis piernas, haciendo que mi polla se contraiga en el interior de su coño. Ella gruñe. Poco a poco, la saco de nuevo hasta que el prepucio de mi pene está anidado una vez más entre sus labios. La dejo ahí. Ella está respirando profundamente.
De pronto, sin avisar, la penetro lo más fuerte que puedo. Ella jadea. Una vez más, la saco poco a poco, y la mantengo a la entrada de su coño. Esta vez, ella no sabe si voy a ir despacio o rápido, ella solo espera correrse de nuevo. Pero, yo lo sé. Ahora, va a ser todo muy lento. La voy a follar lo más despacio que ella lo haya hecho en su vida.