miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sí y no

Hoy, alguien me ha recordado algo que yo había escrito anteriormente en otro artículo:
“La esencia de la sumisa es decir: sí. La esencia del dominante es decir: no.”
¿Qué es lo que quiero decir?
El poder y la energía de la sumisa son usados al servicio de otro. La sumisa nunca rechaza una petición o una orden. Su respuesta es siempre “sí.” “Sí, haré tal como se me diga.” “Sí, voy a confiar en usted para que me cuide.” “Sí, seré honesta en todas nuestras interacciones.”
El dominante expresa su poder y energía a través del control y responsabilidad sobre sí mismo y otra persona. La implicación aquí es decir “no”. “No, no perderé el control de mí mismo.” “No, harás lo que yo te diga.” “No, usted no tiene mi permiso.”
Aunque estoy seguro que es posible reorganizar estas frases para adaptarlas a sus sentidos semánticos, creo que el sentimiento subyacente es correcto. Por definición, la sumisa está bajo el control del dominante. Ella le ofrece sus servicios y su acuerdo completo con todas las cosas. Sin importa cuán fuerte la presione, ella hará tal como le diga. Por supuesto, si alguna vez, ella siente que la relación ha migrado a una zona de abuso y que sus peticiones son imposibles para ella, esta puede elegir el terminar la relación, a sabiendas que será el final. Pero, bajo condiciones normales, ella siempre dirá “sí”. Esto puede ser incómodo, puede herir, puede ser desagradable, pero ella no tiene otra opción.
Ella hace esto, porque confía en su pareja para que la controle de una manera responsable y para desarrollarla de forma inteligente.
El dominante encuentra una satisfacción enriquecedora en el ejercicio del poder de control y en el desarrollo de su pareja. Se enorgullece de sus logros, siente una cierta vanidad en mostrar a su “bebè” y encantado por los servicios que ella le ofrece. Él disfruta de su responsabilidad al cuidarla, desarrollándola y protegiéndola. Hay una emoción íntima al saber cómo  la controla y cómo ella ha puesto todo, incluso su propia vida, en sus manos.
Por lo tanto, ambas partes ganan. Sin embargo, ambas partes deben dar su opinión sobre la relación. Lo que ofrecen es muy diferente, no están en la misma línea. Pero,  si ambas partes no se preocupan de lo que la otra necesita, la relación está condenada al fracaso.
Por supuesto, esto trae a colación la pregunta de la sumisión individual. ¿Qué es lo que una sumisa hace, cuando no tiene un dominante que la controle, la facilite un marco y una estructura y regule su conducta?
Esto, creo que será el tema de mi próximo comentario en este blog.


domingo, 27 de noviembre de 2011

En el bar

Empezamos a hablar con él mientras estábamos sentados en el bar. La conversación fluía con facilidad y, finalmente, nos trasladamos a unos asientos más cómodos en la parte posterior del salón. Bebimos mucho más y pronto estuvimos hablando sobre sexo. Él podía ver que yo era mayor que ella y un buen negocio y esto despertó mi curiosidad. Contesté a unas pocas preguntas suyas y se dio cuenta de que ella era sumisa.
“¿Qué significa eso exactamente?” preguntó él.
“Significa,” repliqué, “que ella hace sexualmente lo que yo digo. Exactamente.”

“¿Realmente?” Sus ojos se abrieron de par en par. “Sospecho que es duro creer en esto actualmente y con esta edad. Usted sabe, cuando las mujeres están destinadas a ser liberadas, etc.”

“Ella está tan liberada como nadie,” digo. “Ella ha elegido libremente no negármelo.”

Él parecía no estar convencido. Miré a mi alrededor. Las luces estaban bajas y no había nadie cerca de nosotros. Ella y yo estábamos sentados en un sofá opuesto al de él, con una mesa baja entre él y nosotros.

“Enséñale tus bragas,” le dije a ella.
Ella le miró fijamente. Llevaba una falda que me gustaba mucho, corta, pero completa, no ajustada. Ella se la subió hasta la cintura y la mantuvo ahí mientras él miraba. Luego, la dejó caer.
“Por Dios,” dijo él. Pensó durante un momento. “Por cierto, ¿qué consigue usted al hacer que ella haga esto?”
“No voy a darle a usted una lista de explicaciones,” dije. “Pero, algunas veces, la pongo sobre mis rodillas y la azoto. Me gusta hacer eso.”
“Lo apuesto,” dijo él. “Porque, seguramente, ella no hará cualquier cosa.”
Pude ver cómo su mente estaba dando vueltas. Él había empezado a preguntarse si llegaría a tener suerte. No pude resistir el burlarme de él un poco.
“Ve al cuarto de aseo señoras,” le dije. “Quítate las bragas y me las traes.”
Sin decir ni una palabra, ella se puso de pie y se marchó. Cuando se fue, él me acribillaba a preguntas. “¿Existían límites a lo que ella debería hacer?”  Por supuesto, le expliqué que sí. Nunca la ordenaría hacer algo que le hiciera daño. Pero, por lo demás, todo era posible.
Ella volvió y se sentó de nuevo. Me entregó sus bragas y las guardé en mi bolsillo.
Enséñale lo que él quiere ver,” le ordené.
Ella levantó su falda otra vez y, lentamente, separó sus piernas. Dejó que los ojos de él festejaran la visión y, luego, su falda volvió a su posición.
“Ya es tarde,” dije. “Será mejor que nos vayamos a dormir.”
La decepción estaba a la vista en su cara. Ella se levantó para irse. Mientras se giraba para marcharse, levantó su falda por la parte posterior, mostrándole su culo desnudo, antes de alejarse rápidamente.
Subiendo las escaleras hacia nuestra habitación del hotel, ella sonrió. “Me estaba preguntando lo lejos que habías llegado.”
“Yo también,” dije. “Si te hubiera dicho que lo llevaras fuera y le chuparas la polla, ¿lo habrías hecho?”
“Probablemente,” dijo ella. “Pero, me sentí muy aliviada de que no me lo dijera.”
“Quizás, la próxima vez,” dije.
Ella tenía esa mirada mendicante en sus ojos. “Fólleme, por favor,” dijo ella.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Someterse físicamente

Habían hecho planes para reunirse en la casa de ella, bloqueando todo para estar toda la tarde juntos. Los dos sabían lo que estaban planeando, pero ella no tenía ni idea de lo que pudiera pasar.
Una vez que estuvieron en el dormitorio y con las ropas quitadas, ella se quedó asombrada de la belleza del cuerpo de su dominante. Delgado, fuerte y tonificado, la forma de su cuerpo era la cosa más agradable y hermosa que ella hubiera visto jamás. El color de su piel tostada, tan bella como la arena de la playa, suave y lisa al tacto de la yema de sus dedos. Por lo general, ella era bastante tímida, según su apariencia, puesto que había tenido sobrepeso un tiempo atrás. Tenía miedo de que él pudiera sentirse incómodo con lo que viera, pero, a su vez, él estaba contento. Su placer la hizo llevarla al cielo con el deseo, mientras él acariciaba su piel y hundía su lengua en la boca de ella.
Las cinco horas se desdibujaron orgasmo tras orgasmo, con su pene profundamente mentido dentro de ella y su lengua y dedos sumergiéndose en cada orificio, sondeando y buscando. La penetró por todas partes, a voluntad, y ella cedió voluntariamente, la sorprendió. Su placer era insoportable. Cuando él agarró las piernas de ella, las puso sobre su cabeza y su cara se incrustó en su coño, ella no podía respirar. Ella gritaba de placer, una y otra vez, faltándole el aliento entre los orgasmos. Ella quería más y más, ser cogida, ser lamida, ser penetrada y sometida a su propio éxtasis.
Él sabía lo que ella necesitaba, incluso cuando ella misma no lo sabía. Él sabía lo que le gustaba, incluso aunque él no lo hiciera por esta razón. Él cogía el cuerpo entero de ella para su propio placer. Lo probaba, lo penetraba, lo follaba, lo lamía, lo hacía correrse repetidamente, todo para su propio placer. Ella era su orquesta y él estaba escribiendo la sinfonía. Cada nota que ella golpeaba con sus lamentos, cada gemido que emanaba de su garganta, cada bocanada de aire, todo era música para sus oídos. Ella era el instrumento, él era el compositor y el músico.
Ser complacida de tal manera era totalmente nuevo para ella, descubrió que una vez que alguien entra en la Tierra Prometida, no hay manera de que la deje por voluntad propia. Ahora, ella era esclava de sus deseos. Ver su sonrisa, saber que, de alguna manera, le había complacido, consolarle, apoyarle, protegerle, ser de su propiedad, ceder ante él, ser dirigida por él, ser entrenada por él, trabajar para él, ser derribada y reconstruida por él, ser tocada por él, tanto física, emocional y espiritualmente, todas estas cosas constituían la razón de su ser. Esto es todo lo que ella anhelaba, todo lo que deseaba. A este reino es donde ella pertenece.
Una vez, érase una mujer que luchaba contra todos y contra todo. Una yegua salvaje que era inquebrantable. No podía encontrar lo que había estado buscando toda su vida, porque no sabía lo que era. Al viajar por la carretera equivocada después de un mal camino, sólo llegó a callejones sin salida. Hasta que le conoció. Ser derribada era su gran deseo. Ella no podía ser derribada hasta que pudiera confíar. Toda su ternura, su amor, su bondad le enseñó a confíar. Entonces, su dominación la derribó. Nunca había sido más feliz.




domingo, 20 de noviembre de 2011

Soy una nave

Ella llevaba pensando en esto desde hacía mucho tiempo:
“Ser el barco para la semilla de mi Dominante… me satisface algo muy profundo y, a la  vez, a la sumisa que hay dentro de mí.” Le dijo a su Dominante.
Por motivo de sus horarios y disponibilidades personales, habían limitado el tiempo para estar juntos físicamente. Por lo tanto, sus sesiones o encuentros tendían a ser bastante intensos.  Él la poseía por completo con el toque de su mano, sus mordiscos y pellizcos cortándole el aliento de camino hacia su dormitorio. Cada golpe con la mano, el cepillo o el cinturón la llevaba al subespacio, complaciéndose ambos mutuamente con el uso del cuerpo de ella y su sumisión hacia él. Después de usarla, después del dolor y del placer, después de los interminables orgasmos regalados por él y que, gentilmente, le devolvía ella…Cuando él está a punto de correrse, tanto si lo quiere en su boca o en cualquier otro de los orificios de ella…cualquier sitio que él elija…
En ese momento tan íntimo, tan excitante y explosivo, siente que todo su cuerpo resplandece, es como si todo su ser se estuviera corriendo con él… le habla, recordándole lo que es y para quién es…su puta, su zorra, su esclava…simplemente suya. Y, en ese perfecto momento, en que puede sentirle explotar dentro de ella…su alma canta de felicidad…
Porque ella es una criatura muy curiosa, le preguntó a su Dominante sobre este sentimiento tan abrumador.
“Me hace sentirme orgulloso y feliz,” le contestó.
“Yo también,” le replicó ella.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El seguimiento de la mujer masoquista

En respuesta a mi anterior artículo “¿Placeres sádicos?” sobre la mujer masoquista, una mujer anónima dejó un comentario. He aquí un extracto y mi respuesta.
“En cualquier caso, pareces caracterizar a las mujeres que disfrutan de los cachetes en el culo durante el sexo o incluso en el sexo duro como que tienen una inclinación masoquista leve o latente. ¿Cuál es su punto de vista sobre las mujeres que disfrutan o anhelan ser atadas? ¿Qué piensa de aquellas que tienen necesidad de ceder el control incluso hasta el punto de someterse a los castigos y humillaciones que no anhelan, que no las disfrutan y que nunca lo han considerado posible? ¿Qué hay de esas mujeres, Sr. Ben Alí? ¿Las considera que son masoquistas también?”
Gracias por su comentario. 
Mi entrada en el blog se ha centrado en la mujer masoquista, deliberadamente he evitado hablar sobre la sumisa. Tiene usted razón, sé un poco sobre la naturaleza de la mujer sumisa.
Sin embargo, su pregunta es bien recibida. ¿Una mujer que se somete al dolor y al castigo, no porque le dé placer a ella, sino más bien porque le da placer a su pareja, es masoquista? ¿Una mujer que sufre humillación, no porque la excite, sino más bien porque le dará satisfacción a su pareja, está siendo maltratada? Ciertamente, estas mujeres existen y he conocido a algunas de ellas. Estas son profundamente sumisas y, por eso, ven el servicio como su camino hacia la satisfacción personal. Al entregarse a su pareja, sin importar lo que pudieran ser, cumplen con su naturaleza o inclinación o deseo. Como tales, no ven el dolor como  placer, no ven la humillación como el empoderamiento y no ven estas cosas como actos de sumisión a través de los cuales pueden satisfacer su naturaleza.
No llego a ver cómo estas mujeres pueden ser descritas como masoquistas. Estas no procesan las intensas estimulaciones como placer, (por ejemplo, el dolor), ni ven la humillación y la degradación como que sea agradable. Más bien, aceptan estos actos como parte de su servicio, de la misma manera que pudiera ver la limpieza del baño de sus dominantes – un acto que ellas no disfrutan, pero que lo hacen de buena gana.
Sin embargo, esto abre la puerta a un conjunto de escaleras muy resbaladizas. ¿Dónde está la línea entre la sumisión y el maltrato en esta especie de situación? ¿Si una mujer  desea y debe soportar algo desagradable con el fin de mantener la relación es que están abusando de ella? Si no consigue ningún placer de los actos cuando su pareja la visita, ¿es que se está aprovechando de ella? ¿En qué momento se cruza la raya entre las conductas aceptables y no aceptables? Estas no son preguntas fáciles. Al final, todo lo que yo puedo decir es que le corresponde a cada sumisa evaluar constantemente su situación y determinar si ella está todavía donde necesita y quiere estar.
También, debe ser recordado que otro aspecto de la BDSM es el “bondage y la disciplina.” No he escrito mucho sobre estos temas, pero su comentario me trae esto a mi mente. El B&D se refiere a varias formas de restricción que pueden tener lugar, y que muchas mujeres descubren lo que se llama “la libertad de las cuerdas.” Una pérdida del control de la libertad. ¿Es el masoquismo querer ser atada con cuerdas o cadenas? No lo creo así, aunque el bondage es con frecuencia el precursor para el juego del S&M. ¿Es ser obediente a una disciplina una forma de masoquismo? De nuevo, no lo creo así. Las disciplinas son otras formas en las que la sumisa renuncia al control, permitiendo que otra persona estructure su vida.
¿Cómo se diferencia el B&D de la D/s? Me gustaría pensar que el B&D están más orientados hacia actividades actuales (ataduras, rituales, etc.) mientras que la D/s trata más sobre el estado mental de ser.
Pero creo, que tendré que hablar más de esto en el futuro.
Espero que estas respuestas contesten a tu pregunta.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mendigando

Por fin, después de muchos días de privaciones, llega el motivo lastimero:
“¿Por favor, Señor, puedo correrme? Lo necesito por necesidad.”
Algunas veces, cuando están prohibidos, también le niego el derecho a pedirlo. Mejor  que ella se resigne a su suerte, aceptando que no habrá alivio hasta que yo se lo conceda y que ella no tenga nada que decir, sin ninguna expresión de necesidad. Sin embargo, desesperada, eso me moverá a permitirle la relajación que tanto  anhela. Es más amable si no le permito albergar ilusiones a que me pueda persuadir. Pero, otras veces, permito sus peticiones. Le ofrezco una débil esperanza. Tal vez, sea el sádico que hay en mí quien la ofrece. Ella sabe que las posibilidades de éxito son escasas, a pesar de sus fervientes súplicas. No tiene sentido ordenar una privación de los orgasmos si vas a permitir que se rompa a la primera señal de peligro. Esta clase de entrenamiento en la disciplina y la obediencia tiene que ser llevada a cabo con resolución, incluso con una cierta brusquedad, si se quiere que tenga una cierta eficacia. Nunca la permito que piense que, con sólo mover un párpado o inyectar un tono conmovedor en su voz, le tenga lástima.
“Sé sangriento, atrevido y decidido,” le dice la bruja a Macbeth. Bueno, esperemos que no tengamos que ser sangrientos, ni, tal vez, tampoco sanguinarios.
En ocasiones, prohíbo no solamente los orgasmos sino también cualquier tocamiento por placer. Ella, como muchas mujeres, al parecer, le encanta deslizar una mano entre sus piernas de vez en cuando, incluso introducir un par de dedos entre su ropa interior y jugar con ellos distraídamente, con la conciencia a medias de lo que está haciendo. Dice que es por comodidad más que por estimulación sexual. (¡Oh! ¿De verdad?) Y ella dice que es más cruel ser privada de esta satisfacción que denegarle los orgasmos. Bueno, bueno… al dominante, siempre le gusta tener otra arma en su arsenal.
Mientras ella está bajo tales restricciones, no obstante, puedo ordenarle que se toque de una manera más focalizada. Disfruto haciéndola que se masturbe hasta el mismo borde del orgasmo y hacerla que se detenga. Pienso que no existe mejor forma de disciplina que trinquetearla desde el nivel del deseo hasta un nivel casi insoportable, solamente para negarle la liberación. Al mendigarlo, es probable que lo consiga después de que tal ejercicio pueda ser sincero:
“Por favor, por favor, por favor…”
Ella es una mujer inteligente y sabia por los caminos de la D/s. Debe ser consciente que denegar tal petición me da aleatoriamente una poderosa carga de placer. Al enviar este simple mensaje: “Tu petición es denegada,” hace que mi polla se estire y endurezca. La sangre empiece a fluir. Contra más desesperadamente llora, más grande se me pone. Tal vez, ella sea más inteligente que yo y lo sabe y, al ser la buena gente que es, deliberadamente hace que las peticiones que conoce, fracasen solamente por darme el placer de denegarlas.
Pero, soy demasiado inteligente y sé que, por mucho que le guste realmente correrse, una mujer sumisa recibe una fuerte patada de su dominante, insistiendo implacablemente con una determinación inquebrantable sobre su obediencia. Claro, es agradable sentir el repentino deseo al hincharse y el pulso a través de su ingle en oleadas de sensaciones indescriptiblemente hermosas. Pero, este no es el caso, para que no exista para la mujer sumisa un placer tan intenso como la sensación, aunque solo sea simbólicamente, de la bota de su dominante presionando con fuerza en la parte posterior de su cuello.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Frases sueltas

A falta de un tema en concreto, me siento para escribir algo con la intención de publicarlo, pero he cambiado de opinión y prefiero reescribir algunos de los comentarios más recientes y no tan recientes que me parecen interesantes.
Una de las dificultades de ser una sumisa casada y querer tener una relación D/s fuera del matrimonio, incluso con el permiso del marido:
“…el problema de estar casada y tener una relación D/s fuera del matrimonio es que, algunas veces, los deseos del marido entran en conflicto con los deseos del dominante. Esto coloca a la mujer en una situación muy difícil, porque, al agradar a uno, ella desagrada al otro.”
Con respecto a las formas, una sumisa puede servir más allá de lo sexual:
“Arrodillarse o acostarse a sus pies. Masajear las partes de su cuerpo. Leer para él. Ten en cuenta las formas de la geisha. ¿Cuáles eran las cosas no sexuales que hacían para sus clientes? Piensa fuera de la caja. ¿Qué le gusta a él? ¿Con qué disfruta él? ¿Podría estar más tiempo a solas con él? ¿Le gustaría a él probar otra mujer?”
Sobre cómo agradar a una nueva pareja dominante:
“La lección más importante es que cada dominante es diferente y que cada uno te entrenará según sus exigencias. Por eso, la cosa más importante que una sumisa puede aprender es cómo aprender rápidamente y adaptarse a un nuevo dominante. Ella hace esto no asumiendo nada, aceptando que cometerá errores y que ella puede no agradarle hasta que él la haya enseñado lo que ella necesita saber.”
“Por supuesto, ella llega a él para comprender las bases que todas las sumisas bien entrenadas deben saber: Honestidad, confianza, obediencia, conducta respetuosa, movimientos agradables, etc. Estos son los fundamentos sobre los que se construirán el marco de trabajo y la estructura para ella.”
“Ella también viene con un buen conocimiento de la diferencia entre una relación D/s y el abuso. Ella debe saber cómo mantenerse segura.”
Así mismo, quiero transcribir algunas de las citas y extractos de algunas cosas sobre la D/s que he publicado en el pasado.
“El desarrollo de la sumisión no trata de hacer lo que te haga ser menos. Se trata de hacer lo que te haga ser más.”
“Una de las cosas más maravillosas de la D/s es la dinámica de poder que sucede cuando una mujer de carácter fuerte y sólida autoestima se arrodilla ante un hombre y se somete. Recibir la sumisión de una mujer débil es una cosa trivial (y un poco inmoral) según mi opinión.”
“La confianza está expuesta a la vulnerabilidad. Significa ofrecer a alguien la oportunidad de dañar o herir o ganar poder. La razón por la que se hace, es como un indicador de la fuerza de la relación y su madurez, y el hecho de exponerse uno mismo al riesgo, conlleva la recompensa potencial de la intimidad y el compromiso.”
“El dolor y el placer son las dos caras de la misma monedad. Hay muy poca diferencia entre las dos, más allá de la reacción de los cuerpos.”
“Puedes someterte por completo y no ser amada. Puedes someterte por completo y no amar. Y algunas veces, si eres afortunada, puedes someterte, amar y ser amada.”
“El acto de violación no es sobre el sexo, es sobre el estado de la mente. Lo mismo ocurre con la excitación. No es lo que se hace, sino cómo se está preparada.”

martes, 1 de noviembre de 2011

¿Placeres sádicos?

Hace un tiempo, una mujer anónima dejó la siguiente pregunta en mi correo electrónico:
“…Pero, he divagado. La razón por la que estoy escribiendo esto es para preguntar con respecto a un artículo suyo sobre la mujer masoquista. Usted habla de una sumisa, sin una tendencia masoquista para soportar el dolor con el fin de complacer a su dominante. Esto lo puedo entender. Lo que me interesa es el punto de vista. ¿Cómo siente un dominante el infligir dolor a una sumisa sabiendo él que ella no lo disfruta? Me imagino que será una sensación increíble de su entrega y de su conexión.”
“Pero, vamos a considerar a un dominante con una vena sádica. ¿Sería él capaz de hacerlo una y otra vez con el tiempo? O, ¿pudiera ser que se empezara a sentir incómodo, sabiendo que ella no está consiguiendo ningún placer físico y poner un freno en ello eventualmente? Los dominantes, después de todo, son humanos.”
Antes de contestar, creo que es importante clarificar la frase “¿Cómo siente un dominante al infligir dolor a una sumisa sabiendo él que ella no lo disfruta? Como ya he mencionado, hay sumisas que soportan mucho con tal de agradar a su dominante. Estas aceptan tratamientos duros puesto que ello agrada a su dominante y al hacerlo así, satisfacen a su propia naturaleza. Sin embargo, esto sigue siendo una relación consensuada. Quiero asegurarme de que seamos claros en este asunto.
También, quiero dejar bien claro que el infligir dolor no siempre es un rasgo del dominante. Ese es el dominio del sádico. Y mientras es verdad que, muchos dominantes son también sádicos, esto está lejos de ser una verdad universal. Por lo tanto, sería más apropiado para usted preguntar: “¿Cómo se siente un sádico haciendo estas cosas?”
En una palabra, se siente muy bien.
Está en la naturaleza del sádico, el excitarse a través de la imposición del dolor. Mientras la mujer lo acepte, él sádico lo disfrutará (aunque, por desgracia, es verdad que hay personas que disfrutan al infligir dolor sin consentimiento, pero esta es otra clase de persona). Es cierto, que hay un algo muy especial cuando se trata de una masoquista de calidad, pero también hay un placer único que procede al saber que la mujer está sufriendo este tratamiento simplemente por su necesidad de servir.
Recuerdo bien la primera vez que azoté a una mujer en el culo sabiendo que ella no lo disfrutaría y que sería la causa de su sufrimiento. Fue muy emocionante. Yo la azoté fuertemente y con poca piedad. Después, ella me dijo que, mientras le hacía daño, también había sido muy estimulante para ella. No de una manera erótica, sino más bien una forma de satisfacción mental y emocional al ser utilizada sin tener en cuenta sus propios sentimientos. Ella estaba encantada solamente con la idea de ser utilizada para el placer de otra persona.
Esto es algo un poco diferente que usar a una masoquista que se excita con el dolor. La dinámica de la interacción sadomasoquista es un poco diferente a la de una sumisa que anhela servir. Ambas tienen lugar ahí. No tengo ninguna preferencia entre las dos, ya que son muy diferentes en el placer particular que me dan.
Por lo tanto, como sádico, ¿seguiría haciendo algo a sabiendas de que sé que ella lo disfruta? Sí, lo haría. Sin embargo, al llevar mi sombrero de dominante, podría ver como un desafío hacerle cosas a una mujer que sé que ella no lo disfrutará. El castigo es una cosa que se me viene ahora a la mente como un ejemplo.
En cuanto al placer (o su ausencia) que se derivaría de la experiencia de esto, es secundario. Considero que mi propio placer es prioritario. Una vez que la mujer da su consentimiento, hago cosas para satisfacer mi placer. Sé que ella será satisfecha siempre y cuando no tenga ningún compromiso en que la utilice.

jueves, 27 de octubre de 2011

Los hombres dominantes

Dicen que los hombres Dominantes somos unos hombres muy interesantes y, generalmente, muy inteligentes y generosos. Tendemos a ser muy complejos y algo enigmáticos. Tendemos a ser, no solamente hombres diferentes en diferentes días, sino hombres diferentes de un minuto a otro. Las pequeñas cosas nos hacen felices o tristes, contentos o explosivos. Nos gusta que las cosas vayan a su manera. Nos  gusta el mundo para operar como si fuera orquestado por nosotros mismos. Tenemos dificultades para comprender por qué hay tanta gente estúpida en el mundo y que no piensen con la misma claridad que nosotros pensamos. Tendemos a querer compartir ese punto de vista con nuestra mujer.
“Mi hombre – pensaba ella - nunca ha carecido de opinión y algunas de sus opiniones las compartió esta mañana conmigo en el coche.”
“El ayuntamiento ha cometido un error al reordenar nuevamente la circulación por el centro de la ciudad,” me decía él.
“Estoy de acuerdo, por supuesto.” Le respondió ella.
“Pero, ¿qué es esto? ¿El pedal del freno suave en mi coche? ¿Cómo es que no lo has notado?” le preguntó a ella.
“Bueno, me adapto a mis circunstancias…tal vez, hubiera una compensación por la “suavidad” del pedal y no darme cuenta,” le respondió ella.
“Necesitas ser más consciente de cómo funciona mi coche,” le dijo.
Cuando ella se siente insegura por algo, necesita acercarse a él. Le aseguró que lo haría en adelante. Pero, todavía estaba sorprendido de que ella no se diera cuenta que era anormal esa suavidad tan palpable.
“Mira esto,” dijo, mientras él pisaba el freno en medio del tráfico y aparcaba el coche. “Mira como el pié llega hasta el fondo. Esto es por lo blando del pedal. Lo llevaré mañana al taller,” dijo él.
“De acuerdo. Entiendo,” dice ella
“¿Y no lo notaste antes?” pregunta él
“No, no puedo decir que me diera cuenta,” le explicó.
Ya estaban cerca de su casa. Lo llevó hasta el garaje.
“Me sorprende bastante que no te des cuenta de estas cosas,” dijo él
Interiormente, ella suspiró. Por fuera, era el modelo de paciencia angelical.
“Realmente, no me di cuenta de la suavidad del freno. Lo siento.”
“¿No te vas a poner más alegre?”
“No, cariño. No.”
“Sería mejor.”
“No, no puedo estar contenta.”
“Por dentro, te veo muy descarada. Me gustaría controlarte también esta faceta. No tengo humor para estar con una mujer descarada.”
“Sí, señor.”
Salió del coche y ella se encaminó hacia las escaleras. Sabía lo que estaba pasando.
Ayer, fue azotada con la fusta. Un castigo atrasado. Uno de los enigmas del hombre dominante es que, apenas ha azotado a su mujer y guarda la fusta, siente una intensa excitación. Sin embargo, las circunstancias pueden privarle de la intimidad con su mujer en ese momento. Esta es una situación profundamente insatisfactoria, tanto para él como para ella, que puede convertirse en el germen de su confusión interior.
Lectora sumisa, puedo verte asintiendo con tu cabeza de mujer. Veo que estás siguiendo con atención esta lectura y quiero ayudarte. ¿Qué debería hacer una mujer en tales circunstancias?
Como Nicole Kidman le dijo a Tom Cruise en “Ojos libertinos” al final de la película, cuando él le habla a ella de su noche libertina: “Sólo hay que hacer una cosa: FOLLAR.”

domingo, 23 de octubre de 2011

La inspección

Estamos acostados en la cama por la mañana.
“Quiero que hoy seas una buena chica para mí,” digo. “Cuando te hayas duchado, voy a llevar a cabo una inspección de tu cuerpo, antes de que te pongas cualquier ropa.”
Me ducho y afeito primero, me visto y preparo el café. Estoy sentado leyendo el periódico hasta que ella sale del cuarto de baño. Tiene una toalla retorcida alrededor de su cabello húmedo y otra alrededor de todo su cuerpo.
“Ven aquí,” le digo señalando un punto enfrente, justo de donde estoy sentado.
Miro hacia ella. Alargo mi mano y tiro de la toalla más baja. Instintivamente, mueve sus manos para tratar de cubrir su desnudez.
“Las manos a los lados,” le digo.
Me pongo de pie y camino lentamente alrededor de ella. “¿Has completado tu aseo?”
“Sí, señor,” dice ella.
“¿Te has lavado por detrás de las orejas?”
“Sí, señor.”
“Abre tu boca,” digo.
Miro por dentro, me aseguro que sus dientes han sido cepillados. Miro en sus oídos, poniendo mi dedo meñique en cada uno para ver si están todavía mojados.
“Levanta tus brazos,” digo.
Acaricio sus axilas para comprobar si se ha rasurado. Su piel está suave.
“Enséñame las uñas,” le digo.
Extiende sus manos. Las uñas están cuidadas y limpias y pintadas.
“¿Están tus piernas suaves?”
Ella pone una mano en mi hombro para sostenerse, luego levanta una pierna. La acaricio con mi mano arriba y abajo. Luego levanta la otra y hago lo mismo. Todo es satisfactorio.
“Abre tus piernas,” digo.
Ella baja sus ojos mientras hace lo que le he dicho. Pongo mi mano entre sus muslos para ver si su coño afeitado está suave, puesto que se lo requerí. Introduzco un dedo dentro. Está húmedo pero no con ese mojado resbaladizo.
“Gírate y tócate las puntas de tus pies,” le digo.
Ella lo hace. Separo sus nalgas y le hecho una vistazo al pequeño agujero entre ellas. Pongo mi dedo contra el mismo. Está muy limpio, pero todavía humedecido por la ducha. Cojo una toallita de papel y lo seco.
“De acuerdo,” digo, “sécate tu pelo y vuelves luego.”
“Sí, señor,” dice ella, y se va de inmediato. Reanudo la lectura del periódico. Cuando volvió, me encantó ver que no había cubierto su cuerpo con una toalla. Está todavía desnuda.
Acércame tres juegos de ropa interior para elegir,” digo.El primer par que me muestra es blanco, satén con encaje, elegante y casto. El segundo conjunto es rojo rosa, semi diáfano, con una cinta roja más oscura por los filos. Las bragas eran muy pequeñas aunque no llegaban a ser una tanga. El tercer conjunto era de algodón blanco, de un corte modesto, con pequeños corazones estampados. Me decido por este último conjunto. Le extiendo las bragas para que introduzca los pies por ella, luego las subo hasta sus caderas. Giro alrededor de ella, meto sus brazos a través de las tirantas del sujetador y las copas del sostén contra sus pechos. Abrocho las presillas por detrás.
“Búscame una falda,” le digo.
Rechazo la primera que me trae, que es negra, estrecha y alargada. La segunda me gusta más. Es más corta, acampanada, de color rosa. Elijo una camiseta blanca en juego con ella.
“Vamos a mirar los zapatos,” digo.
Selecciono un par de sandalias blancas. Miramos en su joyero y elijo unos pequeños pendientes azules para sus orejas. Abrocho su collar alrededor de su cuello, que tiene una pequeña etiqueta de plata. Hay un número en la etiqueta. Solamente ella y yo sabemos lo que significa.
Le digo que se haga una cola de caballo con su pelo. “Luego, te maquillas. No mucho.”
Ya que ella ha terminado, he llegado al final del periódico. Hago que se gire hacia mí.
“Perfecto,” digo. ¡Qué mujer más buena eres!
Ella sonríe.

miércoles, 19 de octubre de 2011

No hay dolor y luego, hay dolor

Por lo que yo veo, hay tres tipos de dolor, dos de los cuales, caen en el ámbito del Sm (sadomasoquismo).
El otro es el dolor normal, el viejo dolor: te golpeas el dedo de tu pie, o tienes un dolor de cabeza, o sufres la pérdida de alguien querido. Eso duele y no hay nada realmente eficaz contra esto: es un dolor que no tiene respuesta, desagradable, poco atractivo y no consensuado. No importa lo masoquista que seas, siempre habrá algunos dolores que caen en esta categoría, tales como la sensación de úlcera en la boca que produce un cosquilleo agradable cuando se come algo ácido, o en el otro extremo del espectro, la experiencia de crecimiento espiritual a través de un periodo doloroso en la vida. Estos beneficios accidentales son un tema interesante por sí mismos, pero no son el objetivo de mi artículo. Voy a aparcar este tipo de dolor a un lado, por el momento, y centrarme en los otros dos.
El dolor bueno
A mi modo de ver, hay dos campos distintos de dolor dentro del Sm. Existe el: “Oh, Dios, sí, por favor, no dejes de hacer esto,” dolor y el “Oh, Dios, no por favor, deja de hacer esto, haré lo que sea,” dolor.
¡Oh, Dios, sí, por favor, no se te ocurra de parar esto!
Las masoquistas: “No des marcha atrás en esto, ¿vale?” Este es el tipo de dolor que le hace sentir que está volando. Las endorfinas están corriendo, la están poniendo toda caliente, excitada y es su felicidad. Es una mujer poco codiciosa cuando consigue este tipo de dolor. No quiere que termine. Sólo quiere continuar flotando en el interior de las hermosas sensaciones que su pareja está creando en ella. Algunas veces, siente que puede ver las chispas o cómo brillan las cosas. Los sonidos son diferentes y, por lo tanto, son de colores. Siente cómo sus palabras tocan su piel cuando le habla. Está conectada a la tierra a través de él: nuestra conexión es una correa de sujeción segura.
¡Oh, Dios, no, por favor! Deje de hacer esto. ¡Haré cualquier cosa!
La sumisa: estoy seguro que todos ustedes estarán de acuerdo que esto es una sensación de bienvenida, pero sospecho que algunas sabrán de dónde vengo a esto. La sumisa odia este tipo de dolor. Pero, lo anhela de vez en cuando. Tal vez, parte de la atracción sea el psicodrama que se le ofrece con las sensaciones físicas. Negociado de una manera segura, la sumisa está realmente dispuesta a dar rienda suelta. Este tipo de dolor no la excita (o, más específicamente, por el momento, no lo está experimentando). Cualquier excitación previa que se haya acumulado, se ha ido en un instante, tan eficaz como un balde de agua fría. Ya no tiene coño. No existe en su mente tal cosa como el sexo. Todo lo que le importa es el dolor y lo único que la importa es la distancia entre ella y lo que tenga que conseguir para que él se detenga, justo para que no la folle en este preciso momento. Hay algo en ella que florece con esta experiencia. Crece mucho en el miedo y en el drama y después se siente emocionalmente limpia. Es una catarsis pura.
Pero, hay otro tipo de razón por el que ella distingue el primer tipo de dolor del segundo y es como ella ve a la persona que está distribuyéndole el dolor. Por supuesto, esto está dentro de los límites del consenso y no le gustaría ir ahí con alguien que no respetara la palabra de seguridad y los límites que acordados. Pero, hay una gran parte de ella que no quiere el segundo tipo de dolor, que le rogaría, engatusaría y negociaría para salir del mismo. Parte de lo que anhela y disfruta y goza en el segundo tipo de dolor, es el sadismo egoísta de su pareja que, a pesar de sus súplicas, continúa.
Lo hace porque le excita y ella lo soportará porque lo hace por él. Su dominante no está ignorando las lágrimas y el dolor de ella – se las está bebiendo. Las lágrimas y el dolor de ella hacen que su polla se ponga dura. En verdad, la injusticia de esto, la excita. No la excita en ese preciso momento, puesto que es algo que ella lleva consigo en el resto de sus interacciones y la pone más excitada para él, incluso sabiendo que él tiene eso dentro de sí mismo, no importa cuánto afecto y amor él tenga por ella. También esconde el deseo de que realmente le duele, más de lo que ella le ama. Por supuesto, le quiere de verdad – sólo necesita que él sea un poco convincente con sus azotes.
Usted puede haber notado que atribuyo el primer tipo de sensación al ámbito de las masoquistas y el segundo a la esfera de las sumisas. Reconozco que estos términos son una herramienta muy contundente para analizar esta distinción, pero creo que se pueden extraer algunas generalizaciones muy útiles.
Con la primera “¡Oh, sí!” dolor, esto está muy cerca de cómo funciona el sexo – el dominante lo suele utilizar directamente para darle sensación de placer. Es recíproco – ambos están haciendo algo que los dos disfrutan – pero, esto no es follar. Todo el mundo tiene claro que esto es una buena cosa. Yo asocio esto más con el masoquismo, porque, de alguna manera, esto es más una actividad de rellenos que una actividad dominante. Exactamente, ella está consiguiendo lo que quiere y él está sudando la gota gorda para dárselo. Con la segunda “¡Oh, no!” dolor, hay más en juego a nivel psicológico: se trata del poder, es sobre el sacrificio y juega con su consentimiento. No es la sensación de que ella está saliendo adelante y, no está claro, que esto sea realmente para uno de los dos, ella o él (por supuesto, es para los dos, pero me parece que la línea es muy borrosa hasta que ella llega al otro lado de la sesión).
¿Por qué estoy ponderando los diferentes tipos de dolor en este momento?
Recientemente, ella – me comentó – que tuvo su primer orgasmo con el dolor. Fue absolutamente increíble. Eso, y… bien… su Dominante la estaba amenazando con algo bastante horrible en ese momento. Se encuentra tan excitada por él cuando lo hace, que se retuerce. Sin embargo, ella sigue desesperada para hablarle de todo esto. Sus emociones están muy mezcladas al respecto. Espera que, por Dios, no sean una broma.
Como final, parte de lo que ella anhela en el segundo tipo de dolor, es el sadismo egoísta de su pareja que continúa a pesar de sus plegarias. Él lo hace porque le excita, y lo hace porque ella lo soportará por él. El dominante no está solamente haciendo caso omiso de sus lágrimas y su dolor, sino que lo está disfrutando.
Me parece genial y estoy de acuerdo con la distinción, así como el hecho de que “ella hará cualquier cosa para que él se detenga.” Este tipo de dolor es solamente posible en el contexto de una relación en el que el Dominante (amorosamente) presiona a su sumisa más allá de sus límites.

sábado, 15 de octubre de 2011

Unos azotes

¿Existe relación entre creatividad y excitación?
Creo que, superficialmente, habrá que decir sí, sobre todo, una vinculación. Después de todo, los amantes, los poetas, los músicos, los artistas, etc., han estado creando obras de arte durante mucho tiempo mientras han estado enamorados (lo cual es bastante tiempo). Cuando se les preguntan que les inspiran, todos se refieren a la musa de su amante como la fuente de su motivación.
¿Fin de la historia?
Bueno, tal vez no. Puesto que este blog está principalmente interesado en la D/s como opuesto a las formas mundanas de las relaciones, parece justo que yo examine la cuestión desde la perspectiva de aquellos que puedan estar involucrados en una relación D/s o, quizás, intenten estarlo.
Como dominante, puedo afirmar categóricamente que, más o menos, mi creatividad ha sido impulsada por aquellas mujeres que me han dado la oportunidad de compartir algún tiempo con ellas, bien en una relación formal o, incluso en una sesión ocasionalmente informal. Me doy cuenta que siempre intento llegar con nuevas ideas en todas las facetas de mi vida y, como pueden comprobar también en este blog, para mantener las cosas frescas y excitantes. Curiosamente, las mujeres diferentes me afectan de diferentes maneras. Con esto quiero decir que raramente usaré las técnicas que desarrollo para una sumisa, en otra. Claro, hay ciertas cosas estándar que tiendo a probar en todas ellas, pero una vez que comprendo mejor sus necesidades, intento adaptar un sistema más personalizado. Una misma talla no sirve para todas.
También, he notado que los vídeos de Webs sádicas famosas muestran bastante originalidad. El hombre ha trabajado con cientos de modelos y, sin embargo, siempre ha encontrado algo nuevo por hacer en cada uno de ellas. Claramente, su creatividad fue provocada por su excitación al colocar a estas mujeres bajo su mano.
Pero, ¿qué pasa con la mujer sumisa? ¿Se aplica el mismo sistema  a ella? Después de todo, ella no es la única que diseña las sesiones, forma el equipo, los implementos o decide lo que le va a suceder. ¿Cómo puede ella ser creativa?
Yo diría que su excitación puede provocar su gran creatividad. Puede parecer como una actividad artística, como, por ejemplo, escribir o pintar. Pero también puede encontrar nuevas maneras de complacer a su pareja dominante. Una vez que ella aprende y conoce lo suficiente sobre él para juzgar cómo reacciona, el buen desarrollo de la sumisa busca nuevas formas de ser complaciente. Ella puede modificar su comportamiento de la manera que espera que la vaya a encontrar más atractiva. Ella puede desarrollar ciertas tareas domésticas, incluso antes que él se las haya pedido, en un intento de crear un entorno más agradable para él. Ella puede empezar a buscar nuevas maneras de comportarse por sí misma, para presentarse ante él, en su ropa, su maquillaje, etc. He conocido a mujeres pasando horas delante de un espejo, intentando diferentes looks, viendo los que funcionan y no funcionan. ¿Vanidad? No, en absoluto. Más bien, un intento legítimo de ser más creativa y al hacerlo así, ser más agradable.
Por supuesto, algunas veces, ella comete un error. Otras, hacen algo con la mejor intención, solamente para descubrir (demasiado tarde) que no le gustó en absoluto, todo lo contrario. Así que, existe siempre un peligro de cometer algún fallo y la posibilidad también de un castigo. Pero, la sumisa bien entrenada acepta esto como parte del proceso en curso de estar mejor preparada para satisfacer las necesidades de su Dominante. No hay nada de malo con errores ocasionales. No aprender de estos errores es un problema.
Así que, sí, creo que existe una relación entre la excitación y la creatividad y, además, creo que tiene un significado especial en el estilo de vida de las relaciones D/s.
Ahora, salga y sea creativa.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Creatividad y excitación

¿Existe relación entre creatividad y excitación?
Creo que, superficialmente, habrá que decir sí, sobre todo, una vinculación. Después de todo, los amantes, los poetas, los músicos, los artistas, etc., han estado creando obras de arte durante mucho tiempo mientras han estado enamorados (lo cual es bastante tiempo). Cuando se les preguntan que les inspiran, todos se refieren a la musa de su amante como la fuente de su motivación.
¿Fin de la historia?
Bueno, tal vez no. Puesto que este blog está principalmente interesado en la D/s como opuesto a las formas mundanas de las relaciones, parece justo que yo examine la cuestión desde la perspectiva de aquellos que puedan estar involucrados en una relación D/s o, quizás, intenten estarlo.
Como dominante, puedo afirmar categóricamente que, más o menos, mi creatividad ha sido impulsada por aquellas mujeres que me han dado la oportunidad de compartir algún tiempo con ellas, bien en una relación formal o, incluso en una sesión ocasionalmente informal. Me doy cuenta que siempre intento llegar con nuevas ideas en todas las facetas de mi vida y, como pueden comprobar también en este blog, para mantener las cosas frescas y excitantes. Curiosamente, las mujeres diferentes me afectan de diferentes maneras. Con esto quiero decir que raramente usaré las técnicas que desarrollo para una sumisa, en otra. Claro, hay ciertas cosas estándar que tiendo a probar en todas ellas, pero una vez que comprendo mejor sus necesidades, intento adaptar un sistema más personalizado. Una misma talla no sirve para todas.
También, he notado que los vídeos de Webs sádicas famosas muestran bastante originalidad. El hombre ha trabajado con cientos de modelos y, sin embargo, siempre ha encontrado algo nuevo por hacer en cada uno de ellas. Claramente, su creatividad fue provocada por su excitación al colocar a estas mujeres bajo su mano.
Pero, ¿qué pasa con la mujer sumisa? ¿Se aplica el mismo sistema  a ella? Después de todo, ella no es la única que diseña las sesiones, forma el equipo, los implementos o decide lo que le va a suceder. ¿Cómo puede ella ser creativa?
Yo diría que su excitación puede provocar su gran creatividad. Puede parecer como una actividad artística, como, por ejemplo, escribir o pintar. Pero también puede encontrar nuevas maneras de complacer a su pareja dominante. Una vez que ella aprende y conoce lo suficiente sobre él para juzgar cómo reacciona, el buen desarrollo de la sumisa busca nuevas formas de ser complaciente. Ella puede modificar su comportamiento de la manera que espera que la vaya a encontrar más atractiva. Ella puede desarrollar ciertas tareas domésticas, incluso antes que él se las haya pedido, en un intento de crear un entorno más agradable para él. Ella puede empezar a buscar nuevas maneras de comportarse por sí misma, para presentarse ante él, en su ropa, su maquillaje, etc. He conocido a mujeres pasando horas delante de un espejo, intentando diferentes looks, viendo los que funcionan y no funcionan. ¿Vanidad? No, en absoluto. Más bien, un intento legítimo de ser más creativa y al hacerlo así, ser más agradable.
Por supuesto, algunas veces, ella comete un error. Otras, hacen algo con la mejor intención, solamente para descubrir (demasiado tarde) que no le gustó en absoluto, todo lo contrario. Así que, existe siempre un peligro de cometer algún fallo y la posibilidad también de un castigo. Pero, la sumisa bien entrenada acepta esto como parte del proceso en curso de estar mejor preparada para satisfacer las necesidades de su Dominante. No hay nada de malo con errores ocasionales. No aprender de estos errores es un problema.
Así que, sí, creo que existe una relación entre la excitación y la creatividad y, además, creo que tiene un significado especial en el estilo de vida de las relaciones D/s.
Ahora, salga y sea creativa.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿Quién sirve a quién?

Traigo a colación este tema porque me parece que es un asunto poco tratado en los blogs de D/s o si lo es, se habla casi siempre desde la perspectiva de la sumisa. En una relación D/s, la oportunidad de servir existe para ambas partes, para sacar lo mejor el uno del otro. Es un tema importante. En una situación ideal, no solamente es la parte dominante quien modifica y transforma que la sumisa sea la mejor persona posible, ambos dentro de la relación y como individuos, sino que la sumisa tiene la oportunidad de modificar y transformar al dominante para que sea un tipo de dominante que sirva lo mejor que pueda a las necesidades de los dos.
Quiero subrayar este último punto. Una y otra vez, he leído que el rol de la sumisa es servir al dominante. Yo nunca me he sentido realmente cómodo leyendo esa declaración. Me parece que ambas partes están para servirse el uno al otro, no uno más que el otro.
Es muy importante que la sumisa tenga un dominante en el cual ella pueda confíar. Ella le busca para su dirección. Él es su brújula y sin que la guie, ella puede estar bastante perdida. No se trata de que ella se sienta sin esperanzas, inútil o incompetente. Lejos de esto. Las mujeres sumisas que yo conozco son orgullosas, brillantes y con un fuerte sentido de sí mismas; competentes, cumplidoras y más que capaces. Sin embargo, también son amables, sensibles y confiadas con su dominante por su sentido del bienestar. El que estas mujeres capaces e inteligentes requieran un líder o un jefe, es una de las contradicciones de la D/s; de hecho, lo demandan.
Ellas necesitan un dominante para que sirvan a sus intereses; no un dominante cualquiera, sino un gran dominante que funcione para confiarle todas las cualidades deseadas: sabiduría, comprensión, resolución, paciencia, pensamiento estratégico y mano firme. Es inaceptable que él tenga que ajustarse a su sumisa, independientemente de que ella esté loca por él. Su conducta debe estar más allá de su acercamiento a ella para que esta entienda que es su comportamiento lo que está en cuestión. Si él puede mantener el control de sí mismo, le está demostrando a ella que el comportamiento civil y controlado siempre es esperado y alcanzable.
Por supuesto, tanto el dominante como la sumisa son meros mortales y ambos cometerán errores. Pero, una mujer sumisa no gana nada de un dominante que es incapaz de controlar sus emociones, al igual que las de ella. Él tiene el poder para ponerla de rodillas, mandarla callar o corregirla cuando su conducta esté descontrolada. Ella no tiene tal poder. Sin embargo, ella tiene el poder de votar con sus pies. Ella demanda que su dominante sea creíble, controle y exhiba una conducta ejemplar. Ella tiene que creer en sus huesos para que el mismo hombre pueda elegir la fusta para azotarla, para recordarle cuál es su sitio, es el hombre que la protegerá hasta el fin de la tierra; que quiere que ella sea completamente feliz; que será la primera persona en animarla en sus victorias o abrazarla y consolarla cuando el mundo la haya hecho daño o le haya dado la espalda. Él es su padre, su hermano, su amante, su mejor amigo. Él la sirve bien.
Llegar a ser la mejor sumisa, una sumisa feliz y contenta, no es solo un tema de suerte. La sumisa más capaz y cumplidora es tal porque tiene un dominante con mano firme, pensamiento noble y mente fuerte. Cuando su dominante es la esencia de la fuerza, la sabiduría y humanidad con sus mejores intereses en su corazón, no es coincidencia de que ella sea capaz de servirle con humildad, honor y virtud femenina. Su placer es servir con orgullo al hombre que exige más de sí mismo de lo que jamás le exigirá a ella.

viernes, 7 de octubre de 2011

La necesidad básica de ser penetrada

La luz del cuarto de baño cercano brillaba fuera del alcance de mi pene húmedo y resbaladizo, cuando ella sacó su cuerpo del mío.
“¡Ufff!” gimió mientras ella se ponía a mi lado y comenzaba a contar una historia sobre la idea de abandonarse el uno en el otro.
Ella había estado montada sobre mi pene durante bastante tiempo, corriéndose una y otra vez. Ella es increíblemente multiorgásmica. Fui capaz de mantenerme  fuerte todo el tiempo, presionando mis caderas hacia arriba y hacia abajo a la vez que ella empujaba las suyas hacia adelante y hacia atrás, mientras montaba mi cuerpo que estaba dejado del suyo. Cerraba los ojos, giraba su cabeza a derecha e izquierda y la sujetaba con mis brazos extendidos como si ella estuviera bailando una danza sexual.
Yo había llegado hasta sus hombros, empujando su torso tenso hacia abajo contra mis caderas y presionándolas hacia arriba contra las de ella y manteniéndola penetrada con mi pene. Ella no iba a ninguna parte.
Sus gemidos la hacían vencedora, los cuales luego se tornaban en llanto. Podía sentir el calor de su coño y sus muslos aumentaban la temperatura mientras su orgasmo estallaba. Su boca se abrió, su respiración se detuvo y su cuerpo entero se convulsionó hasta que finalmente, ella pudo respirar, abrir sus ojos y luego el colapso de su cuerpo sobre el mío.
Fue la cosa más hermosa que yo había visto nunca.
Ella se entregó por completo a mí, me abrió su alma por completo y se sometió ella misma por completo a mí.
Yo no estaba follando su coño, yo no estaba follando su cuerpo, sino que yo estaba follando su alma.
Lo que ella sentía en ese momento, sinceramente, no lo sé.
Pero, después de que hubiera orgasmado varias veces de esta manera, una detrás de otra, ella me recitó, bastante entregada, su compromiso. El tono de su voz derrotada, declarándose a sí misma de mi propiedad, prometiendo hacer cualquier cosa que yo quisiera, entregándose por completo a mí.
Yo no tuve que inmovilizarla, esposarla ni azotarla o amordazarla. Sólo hizo falta mi presencia dominante, mi polla, varios orgasmos poderosos uno detrás de otro y ella, finalmente, cedió.
Al tiempo que estaba acostada a mi lado, después admitió sentirse asustada y vulnerable, al abrirse tanto a mí y entregarse de esta manera.
Ciertamente, yo no tenía deseos de hacerle daño, atarla, humillarla avergonzarla o sonrojarla. Yo sólo quería hacer que se corriera. ¡Qué orgasmara!
En última instancia, eso es a lo que se reduce. Es lo que todas las mujeres necesitan.
A pesar de los logros de una mujer, su sofisticación, su refinamiento, su elegancia, encanto, inteligencia, madurez y todo la que la convierte en un miembro muy respetado y querido de la sociedad, ella necesita ser follada y correrse.

martes, 4 de octubre de 2011

Más sobre el castigo...

Según tengo entendido, la pregunta de la Anónima dos en el artículo anterior, es esta: “Cuando un dominante está administrando un castigo a su sumisa por alguna ofensa cometida, ¿es posible que él pueda llevar a cabo la sentencia derivándose algún placer al ejecutarla? Y si es así, ¿debería hacerlo? O ¿no debería castigar, de una manera “judicial”, motivada solamente por su deber principal, centrándose solamente en la lección que él está buscando para impactar a la mujer desobediente?”
Mi propio sentimiento es que si el dominante escoge un medio de castigo que tiene similitudes con las prácticas llevadas a cabo durante la interacción placentera con su sumisa, es casi imposible para él aislarse para no  llegar a excitarse. Si disfruta azotando a su mujer con el cinturón o con una paleta o con una cane o con una fusta, entonces, por mucho que intente hacer el castigo diferente, si también emplea tales medios para corregirla, entonces está limitado para conseguir algo de placer de todo esto. La asociación en su mente de la cane o lo que sea con los placeres de la D/s, con seguridad, anulará cualquier intento de provocar solamente un castigo.
Y me parece que hay un peligro al difuminar la distinción entre el dolor placentero y el dolor disuasivo. Porque si las experiencias del dominante excitan mientras la castiga, ¿no podría  diseñar situaciones en las cuales ella esté casi condenada a cometer una ofensa punible? ¿Puede que él no establezca las tareas en las que sabe que ella va fracasar, negarle cosas que él sabe que ella es incapaz de hacer, solo por tener la oportunidad de tener una buena razón para castigarla? Y, ¿si el dominante no examina sus motivos cuidadosamente bien y se engaña a si mismo sobre sus verdaderas intenciones, entonces, no es él culpable de buena fe?
Otro peligro es que la mujer sumisa llegue a reconocer que a su dominante le produce  placer  aplicarle el dolor como castigo. Las sumisas son muy inteligentes al intuir tales cosas. Puede que no tanto, ya que después de todo, su motivo principal en la relación es agradarle y ella misma, deliberadamente, decide incumplir las órdenes dadas, solo para que pueda tener por si misma el placer de entregarle el placer de azotarla. Y, ¿qué es esto si es una desobediencia u ofensa imperdonable que siempre debe ser vigilada por el dominante de la sumisa? Si ella es sutil, su dominante pudiera no darse cuenta de que le está manipulando, lo cual hace que las cosas empeoren.
Por lo tanto, con estas razones, estoy a favor de una completa separación entre los métodos de castigo y los métodos de impartir el dolor de placer. Mejor elegir las formas de castigo que no se puedan convertir en una experiencia excitante, tanto por el dominante como por la sumisa. Y, sin embargo, la pregunta de Og se produjo en el contexto de una entrada al blog sobre lo que parecía ser un castigo (para algunas ofensas no especificadas) que comparten muchas características del dolor o placer del intercambio de poder dentro de la D/s. ¿No estoy contradiciéndome a mi mismo?
Posiblemente. Yo no pido que sea infalible. Sin embargo, ¿no está claro que la desgraciada sumisa que, está a punto de ser azotada enfáticamente con el cinturón en las zonas más sensibles de su cuerpo, no le dé la bienvenida? De hecho, ella teme y hace lo imposible para evitarlo. Creo que el dominante todavía podría hacer caso, a pesar de todo lo que he dicho anteriormente, de administrarle el castigo de tal manera que no pudiera posiblemente equivocarse por placer, a pesar de las semejanzas superficiales con los escenarios llenos de placer. Si el dominante  ve que es implacable con su determinación, a pesar de las protestas y los ruegos, si está convencido que tiene motivos impecables, si su comportamiento es severo y grave, por encima de cualquier sospecha de que está disfrutando secretamente de los azotes que va a impartir, entonces, quizás, puede dejar escapar la posibilidad de que está motivado por otra cosa diferente a su deber. Y creo que, en este caso en particular, está claro que el castigo puede ser visto para adaptarse a la ofensa, como idealmente debería ser. Es evidente que lo que ella ha hecho está bien, por participar en el “autoabuso”, de una manera contraria a las normas y al establecer castigarla corporalmente en la misma parte de su cuerpo donde el castigo físico se hace más ostensible, el dominante puede ser visto como justo al aplicar una justicia ejemplar. Solamente él puede saber si su conciencia está tranquila.
Si algunas de mis lectoras persisten en ver un mensaje mezclado en mi texto y consiguen humedecerse al leer el castigo tan manifiestamente desinteresado, no es mi problema, ¿vale?

viernes, 30 de septiembre de 2011

¿Riguroso o sádico?

“Quítate el top,” le digo.
Ella me mira nerviosa. Desde que la sorprendí esta mañana, estaba esperando algo como esto.
“El sujetador, también,” digo.
Me siento un momento admirando sus pechos. Ella se mantiene mirándome y con la vista lejana, siendo incapaz de aguantar mi mirada. Su culpabilidad la hace una cobarde.
Me levanto y rebusco en un cajón hasta que encuentro unas esposas de cuero para las  muñecas. Se las pongo y le abrocho la hebilla en el cabecero de la cama. Ahora parece un poco más nerviosa.
Desabrocho sus vaqueros, luego bajo sus bragas. Pongo la palma de mi mano contra su coño. Ella tiembla un poco.
“Ahora,” digo. “Usted ya sabe lo que va a pasar esta mañana.”
“Lo siento,” dice ella rápidamente. “No volverá a pasar más. Se lo prometo.”
“Eso es lo que usted me dijo la última vez.”
Ella no dice nada. Realmente, no tiene una respuesta a esto.
“¿Te lo advertí la última vez. ¿No es así?”
“Sí,” dice ella. “Sí, me lo advirtió.”
Dije que la próxima vez iba a ser muy severo. ¿No es así?”
“Sí, señor, es verdad,” dice ella. Esta saca ahora su mirada de chica joven, la única que transmite que es un poco traviesa, pero que seguramente piensa que la perdonaré porque es muy linda.
No creo que ella realmente piense que esto va a funcionar como imagina o que pueda evitar lo que va venir, pero le daré la máxima puntuación por intentarlo.
Poco a poco, empiezo a apretar su coño, cada vez más fuerte. “Tu coño me pertenece y, sin embargo, parece tener una mente propia. Es rebelde y sin sentido.”
“Sí, señor, lo siento mucho.”
“¿Qué te dije que yo necesitaba hacer con tu coño?
Ella piensa un momento. “Usted me dijo que tenía que reprimirlo.”
“Correcto. Y es justo lo que voy a hacer.”
Le aprieto con más y más fuerza. Corta su respiración. La dejo y me pongo de pie. Lentamente, me desabrocho mi cinturón y lo saco de mis pantalones. El silencio es absoluto. Sólo se oye el sordo deslizamiento del cinturón por las trabillas de mi pantalón. Ahora se da cuenta de lo que está a punto de pasar.
“¡Oh, Dios mío, no! Por favor.”
Cojo el cinturón por la hebilla y lo enrollo en mi mano con un par de vueltas.
“Abre tus piernas todo lo más que quedas,” digo.
“No, por favor, por favor,” dice ella apuradamente. “No, es que... Le prometo que siempre seré buena. Por favor.”
“No voy a decirlo otra vez,” digo. “Abre tus piernas y mantenlas abiertas hasta que haya terminado.
Ella me mira implorante. Muy lentamente abre sus piernas, luego cierra sus ojos con fuerza. Puedo ver que ella está temblando…