lunes, 27 de febrero de 2012

Objeto de deseo

Ella está acostada en su cama de matrimonio sobre la sábana de algodón blanco. Estaba en una posición fetal, profundamente dormida. No era consciente de que él había llegado a su casa y estaba en la habitación y que se había quitado la chaqueta. Se acercó hacia ella. Se detuvo a su lado y luego, empezó a acariciarla suavemente y, poco a poco, se despertó.

Ella había estado profundamente dormida y, en su estado de somnolencia, empezó a comprender que él había llegado, la estaba tocando y acariciando. Era un día muy caluroso. El ventilador estaba conectado y sentía una ligera brisa en su piel. Se encontraba muy cómoda. Fue delicioso para ella haber dormido de esta manera. Le invitó para que le hiciera lo que quisiera porque estaba muy tranquila.

Ella podía sentir cómo le tiraba de su vestido de algodón negro, echándolo al suelo y, luego, quitándole sus bragas. Sus movimientos eran imperceptibles y, sin embargo, estaba cooperando plenamente. Ahora, le desabrochó el corpiño negro y también lo tiró fuera. Luego, deshizo el lazo de la cinta en la parte superior de su cuello para aflojar su vestido. Mientras él levantaba el vestido sobre su cabeza, su cuerpo se movía al unísono de su necesidad de moverse. Fue bastante fácil.

Ahora, él tenía acceso a todas las partes de ella y sus manos se desviaron hacia las zonas más íntimas de su cuerpo. A ella, le encantaba sentir su toque por todas partes y sólo anhelaba permanecer en este estado de somnolencia el mayor tiempo posible. Ella sintió sus dedos en su culo y luego algo frío, algo como lubricante. Segundos más tarde, sintió que le insertaba un dildo y reconoció que era el más largo que usaba para jugar con ella. La inserción fue fácil, pero las sensaciones que crearon en ella, complejas e intensas. Ella permanecía totalmente inmóvil.

Ella era vagamente consciente de que él se había alejado brevemente, pero no fue hasta que sintió el peso de su cuerpo sobre el de ella cuando se dio cuenta que se había desnudado. Él le dio la vuelta sobre su estómago y se puso encima de ella. Sin decir una palabra, puso su pene duro en la entrada de su vagina. Finalmente, ella ya era consciente de su propio pensamiento. Estaba ardiendo. Su coño estaba a punto de explotar. Cualquier pensamiento que hubiera tenido mientras dormía, su mente y su cuerpo estaban preparados para ser invadidos.

Apenas la hubo penetrado, solo con el más ligero de los movimientos, gimió profundamente. Un pequeño e imperceptible movimiento había enviado su cuerpo al placer orgásmico. Todavía no la había penetrado de lleno. De haberlo hecho, la habría llevado al límite y al abismo. En su lugar, él movía su polla muy ligeramente. De vez en cuando y durante todo el tiempo, ella explotaba en erupciones de liberación divina.

Eventualmente, él quería más y la empujaba hacia su interior. Sus gemidos eran profundos, casi como si estuviera en un intenso dolor. Ella se mordía sus nudillos, chupaba la piel de sus propias manos con la lengua. Estaba desesperada por exteriorizar, de alguna manera, lo que su cuerpo estaba experimentando. Muy pronto, llegó el punto donde estaba más allá de su propio sentido del control o capacidad para mantenerse remotamente tranquila y él la dejó unos instantes para volver con su pene de mordaza. Le dijo que lo chupara.

Era justo lo que ella necesitaba. Ahora estaba liberada para usar su lengua sobre el miembro deseado y expresar la profundidad de las sensaciones que la estaban abrumando. Él estaba encima de ella y en lo más profundo de ella. El plug llenaba todo su ano de una manera nueva y más extrema. Ella era el objeto de su deseo y un objeto de deseo. Ella era un recipiente para su hambre y un buque de hambre.

Ella no era una mujer acostada en la cama. Ella era el juguete para follar de su dueño. Ser usada, usada y usada. Esto era primordial. Esta era la razón.

Una hora más tarde, completamente saciada, el objeto fue enviado a la ducha y su cuerpo fue lavado. Se vistió ligeramente y su comportamiento fue brillante. Ella era fuerte, feliz y se sentía completa. Su verdadero estado pronto se ocultaría a la vista de las necesidades de los demás en su vida, pero los recuerdos la mantendrían durante los próximos días. Ella caminaba, hablaba, cocinaba y planificaba. Por debajo de ese exterior, no era más que un objeto, el juguete de follar de su dueño. Por debajo de ese exterior, era simplemente, ella misma.

viernes, 24 de febrero de 2012

¿Cuándo una sumisa ha recibido suficiente?

Se me ha preguntado alguna vez, “¿Cuándo  sabe usted que una sumisa ha recibido lo suficiente en una sesión?”
Bueno, hay muchas variables a tener en cuenta cuando se está teniendo una sesión con una sumisa. El lenguaje corporal nunca miente. Permítame exponerle un par de ejemplos. Si tengo a una sumisa sobre mis rodillas y le estoy dando unos azotes con la mano sobre su trasero desnudo, variaré las zonas sobres las que azoto. Intentaré evitar los mismos sitios con azotes consecutivos, siempre que su cuerpo se tense, relaje, se mueva, etc.
Si la sumisa está apretando sus nalgas con fuerza, eso es una buena señal. Significa que todavía puede sentirlos. Está esperando un cachete fuerte. Mi consejo es que compruebes muy a menudo el calor radiante de su piel. Cuanto más caliente esté, más le está picando. Si la piel está fría, no hay circulación de la sangre. Y no estoy hablando de que esté fría porque haya estado sentada sobre hielo o que la habitación esté fría. Toque suavemente su piel.
Estoy constantemente chequeando las ronchas. Mirando la piel lesionada. Si veo una moratón que está de color morado, entonces, lo evito. Hay sangre bajo su piel. Si una sumisa puede estar recibiendo hasta que le haya puesto todo su culo lleno de moratones, entonces, me detengo. No tiene sentido causarle más daño. Y sí, he terminado una sesión o dos por ese motivo. Observe y sienta el lenguaje corporal. Si su sumisa está amordazada, no puede usar una palabra de seguridad. Si su cuerpo se torna fláccido, típicamente, se ha dividido en zonas o ha entrado en el subespacio. Preste atención a los sollozos. Preste atención a los estornudos.
Si tengo a una sumisa atada a una cama, silla o a algún otro objeto, la chequearé  con más frecuencia y, más aún, cuando esté sobre mis rodillas. Soy incapaz de sentir los espasmos en su cuerpo o en su piel. Ver es siempre creer. Ver sus reacciones es siempre una buena señal de dar más o menos. Pero, algunas veces, tienes que tocarlas físicamente. Tal vez susurrarle en su oído. Si se utiliza un látigo, asegúrate de no envolverla con el mismo y golpearla en alguna parte que no te guste, como su cara o los ojos. Si es posible, evita la zona de los riñones. Un azote aquí y otro allí están bien, pero no los concentres todos en el mismo sitio. Si alguno falla usa el sentido común.
Por supuesto, todo esto depende de lo que haya hablado con tu sumisa. Algunas veces, pueden ser unos azotes rápidos que duran 20 – 30 minutos o un intenso azote con una paleta que te deja chorreando de sudor. Generalmente, las sumisas pueden tener palabra de seguridad o no. Depende de la relación y la mutua confianza con su dominante. Por lo general, a menos que la sumisa sea masoquista, si llega el momento de los azotes y, por puro límite de resistencia, la sumisa no dudará en emplear un gesto o una palabra para detener los azotes. El dominante parará al momento.
Mi punto de vista es que hay que estar constantemente analizando observando y analizando la sesión, los gestos y expresiones de la sumisa, a sí mismo y al entorno. Si se está presenciando una sesión  de azotes en un lugar público no se debe molestar para no perturbar la concentración tanto de la sumisa como del dominante. Es mejor esperar hasta el final callado y quieto.
Estas son algunas de las pequeñas cosas que yo siempre busco. Si no estás ejerciendo el sentido común, entonces, deberías estar de acuerdo. Si estás actuando de una manera descarrilada, alguien podría ser herido.
Mi última reflexión es la siguiente. Siempre seré consciente de lo que esté pasando. Ni un paso adelante ni un cachete demás por el gusto de hacerlo. Sé lo que está haciendo o lo que estás recibiendo. Sé cuáles son sus límites. Si no sabes cómo captar el lenguaje corporal, sea paciente. Tómese su tiempo y observe. No sea abusivo. Si no está seguro, entonces, pregunte. Pida consejo o ayuda. La única pregunta estúpida es la que usted no hace.
Voy a inflingirte dolor, pero besaré tus lágrimas.

domingo, 19 de febrero de 2012

Ser un Dominante

Si tú, realmente quieres ser un Dominante, harás todo lo que esté en tu poder para permitir que tu mujer sea quien realmente es, y que es una mujer llena de amor y sensualidad y pasión y que no quiere más que ser libre y estar lo suficientemente segura para mostrártelo en  toda su magnitud.
Pocos hombres merecen el título de Dominante y, parte de lo que se necesita, es un amor verdadero de las mujeres y un aprecio de su inteligencia, sensualidad y pasión por la vida y luego tener la fuerza y la confianza para sacar lo mejor de ella. Por favor, si tú la quieres, haz de su vida una sumisa tan completa y tan real como sea posible.
Ella no puede ser sumisa si tú no eres dominante
Una cosa de importancia primordial es que tu sumisa sienta que está siendo realmente controlada y está actuando bajo “tus” órdenes, y está sujeta a “tus” deseos. Si siente que tus acciones son para ella sola, se sentirá en el control de la actuación y esto es precisamente lo que ella no quiere sentir. Para que ella sea sumisa, tú debes estar al frente de ella de una manera muy real y definitiva.
Recuerda que este artículo lo estoy escribiendo para la sumisa que quiere que su sumisión sea una parte cotidiana de su vida y cuanto más ella sienta que está bajo tu control y protección, será una sumisa mucho más feliz. Sería  muy confuso para ella que su control estuviera sólo dentro del contexto de una sesión y no se transfiera al resto de su relación. Servirá de ayuda si usted piensa que su control es una parte integral de su relación en lugar de una “imposición” sobre ella. Cuanto más se vea su entusiasmo y gratitud como respuesta a sus acciones, más fácil llegará a ser para ti.
Nunca olvide que su deseo por agradar a su Amo es un elemento esencial de su sumisión. Aunque ambos sabéis que a ella le gusta tener las experiencias que le estás dando, ella debe sentir que es igualmente para tu placer, si no más que por el suyo propio. Ser sumisa es su regalo para ti, una manera de agradarte tanto como sea posible. Si ella piensa que el control de ella es solamente por “ella,” simplemente no funciona. Ella quiere ser tu sumisa, sentir que no tiene otra opción a lo que ella está sometida y esta realidad con respecto a su sumisión es tremendamente emocionante para ella.
Reconociendo sus esfuerzos para agradar
Cuando me he sentido más “protegida y cuidada”, fue cuando mi dominante me llamó “princesa” (me preguntaba si esto se remontaba a mi infancia…),” me comentó una vez una sumisa. Si hay una sola frase, la más favorita que una mujer sumisa quiere oír, es “buena chica.” Ella quiere y necesita que sus esfuerzos por agradar a su dominante sean reconocidos. Es muy difícil para los hombres comprender que agradar al  hombre al que ella ama, es el único de los grandes placeres en su vida. Es una realización emocional tan profunda que va mucho más allá de cualquier expresión sexual. Dándole su alabanza tan frecuente como sea posible, estás confirmando que la reconoces y aprecias por lo que es y por el amor que ella te da.
Dificultad para pedir
Tú, Dominante, debes tomar la iniciativa. Si ella tiene que “pedirte” que  la controles, una vez más, la pones al cargo y no le permites que se sienta sumisa. Como Amo, puedes complacerla en lo que tú quieras. Desde el permiso para actuar según tu deseo del momento. Créeme, para una sumisa, así es cuando todo se vuelve muy real y significativo para ella. No habrá ninguna duda en su mente de que tú la quieres para ti y si le gusta o no, es secundario. Solamente de esta manera, puede ella sentir que realmente te pertenece y está ahí para servirte.
Si usted va a experimentar con la asunción de la responsabilidad, yerre por el lado de más control que por el de menos. No puedo decirte cuántas mujeres se han quejado de que sus dominantes no las controlan ni las supervisan de la manera que ellas anhelan. Recuerda, tu control es una demostración de que cuidas de ella y tu disciplina es una prueba de que estás prestándole atención e insistirás que haga lo que es mejor para ella.
El deseo de la estructura
Con mucha frecuencia, la mujer sumisa anhela más “estructura” en su vida y puede haber muchas razones para esto. Si los padres de una niña actúan inconsistentemente con ella, a menudo, pueden crear el deseo de saber dónde está ella en relación con ellos y lo que se espera de ella. Sin saber nunca lo que es aceptable y lo que no puede ser una situación muy confusa para una niña. Al dar a tu sumisa unos límites y normas muy claras sobre su conducta, empiezas a crearle un entorno donde puede relajarse y estar segura, sabiendo lo que se espera de ella y cómo ella puede complacerte mejor.
Probando los límites
Establecer las normas y límites para tu sumisa es extremadamente importante puesto que es dentro de estos límites donde ella se encuentra más protegida. Como parte de su sentimiento de seguridad dentro de la relación, ella necesita – incluso inconscientemente – probar sus límites. Este es un punto extremadamente importante. Si ella incumple una regla y la dejas pasar sin llamarle la atención, no estás permitiendo que se sienta segura dentro de tu protección. No puede sentirse segura dentro de tus límites, si estos no existen o son inconcretos.
Este proceso de prueba es algo que ella, al principio, realmente sentirá la necesidad de probar con frecuencia hasta que se convenza que tú seguirás adelante. Contra más pronto hagas esto, más rápido sentirá la realidad de tu preocupación por ella.
Una mujer sumisa “quiere” un Dominante fuerte, uno que establezca las líneas maestras sobre su comportamiento, que son por su propio bien y luego que tenga la fuerza y autoridad para estar seguro que serán cumplidas. Es casi imposible para mí, enfatizar sobre lo importante de este punto. La queja más común y más grande que me dicen las mujeres sumisas es que sus Dominantes no son lo suficientemente “estrictos.” La inconsistencia por parte de ellos es vista por ellas como un signo de debilidad, y ella no puede sentirse sumisa ante un hombre débil.
Sé consistente
Recuerda que su deseo más grande es sentir que ella ha perdido el control tuyo y debe hacer tal como se la ha dicho. Si ella no lo hace exactamente como se le ha instruido, ella quiere saber que tendrá consecuencias, porque si no las hay, no siente que el control sobre ella sea real.
Si le permites que ella se salga con la suya rompiendo las normas, sentirá que tu control sobre ella no es real. Es como decir que no te preocupas por ella lo suficiente para vigilarla y ella sentirá una falta de atención por tu parte.
Algunos ejemplos de normas y límites
Los tipos de normas y reglas establecidos para tu sumisa dependen de tus deseos y visión en cuanto lo que sientes que es mejor para ella, teniendo muy cuenta sus metas por si misma.
Yo sugeriría que al principio, contra menos normas fijes para ella, mejor. De esta manera, puede tener muy claro lo que se espera de ella y también será más fácil para usted el hacerlas cumplir. Siéntate con ella y discutes las reglas que creas que ella necesita. Creo que usted encontrará fácilmente las que son y dará la bienvenida a su ayuda para llevarlas a cabo.
Las tareas del hogar son un buen punto de partida. Ordénele una de las tareas diarias y vea que son hechas, tales como, hacer la cama, todos los platos de la cocina guardados, etc. Inspeccione con frecuencia. Recuerde, ella necesitará un periodo de prueba al principio y solamente cuando se sienta segura, será disciplinada por no hacerlas, al ser capaz de hacerlas y sabiendo que no tiene otra opción – lo cual será un tremendo alivio para ella.
He aquí una cita que muestra el deseo de la sumisa por tener reglas: “Me siento muy bien con las reglas… me gusta sentir cómo el hombre tiene el control de muchas maneras. No en mi vida laboral o, que puedo hablar y tal, sino también en nuestra relación personal. Como las pequeñas cosas que voy a usar con él… o ciertos comportamientos que se supone que tengo que seguir… mis dominantes acostumbraban a tenerme de rodillas tan pronto como estábamos solos, y al subir al coche, yo tenía siempre que subirme mi falda hacia arriba, etc…” me han comentado algunas sumisas.
Azotes y disciplinas
Es muy emocionante para tu sumisa saber que ella es objeto de tu disciplina. Ella quiere normas y límites establecidos para ella y sabe que habrá consecuencias por no obedecerlas. Si no hubiera consecuencias, entonces, ella no podría sentir el control que quiere. Aceptar un spanking donde la atención se centra en corregir un comportamiento, más que  por su propio placer, es una prueba de su sumisión a ti.  Esto hace tu control sobre ella bastante real.
Hay una gran diferencia entre unos azotes dados por puro placer y uno dado como un castigo. Aunque muchos azotes de placer se dan bajo la apariencia de un castigo por mala conducta, está claro que el foco está en el erotismo y el “castigo,” es solo un pretexto.
Algunas mujeres sumisas nunca querrán unos azotes pensando que son dados como castigo. Para ellas, es una experiencia completamente placentera y no quieren que esté asociada de ninguna manera, con un “castigo”.
Sin embargo, existen algunas mujeres sumisas que “aman” ser azotadas como castigo y hay varias razones para ello. Casi todas crecieron sabiendo que los azotes se daban como un castigo y aunque ahora, como adultas los encuentran placenteros, la conexión entre los azotes y el castigo todavía permanece y pueden ser un disparador erótico muy caliente para la sumisa. Si ella comenzó a tener fantasías de azotes a una temprana edad, cuando teniendo su trasero azotado con una paleta y siendo castigada son una misma cosa, con frecuencia les rondará la idea de ser castigada por alguna razón, ya sea real o imaginaria.
Debido a la sociedad, generalmente con una visión negativa de la D/s y el s/m, muchas mujeres que anhelan un spanking o un azote con látigo, a menudo, tienen grandes conflictos sobre esto, preguntándose cómo ellas podían ser posiblemente tan “extrañas” y tan “raras.” Con frecuencia, no es una cuestión fácil de hacer, así que es mucho más fácil racionalizar el deseo por un azote conectándolo a una mala acción, con el fin de “ganar” un azote más, que tener la libertad de pedirle a su amante que le dé sólo uno.

martes, 14 de febrero de 2012

Sin bragas

Después de que yo abriera la puerta del coche para que ella entrara, acerqué mi mano a su vestido y frote mis dedos entre sus labios vaginales.
Sorprendida, hizo un ruido y, luego, gimió.
“¡Qué hermosa eres!” contesté, premiando la pausa que me concedió.
Aparté mis dedos y ella se introdujo en el coche
“No he llevado bragas desde que empecé a quedarme en tu apartamento, hace ahora unas pocas de semanas.” Mientras yo conducía, ella hablaba: “Me siento ahora mucho más libre y tengo menos ropa que lavar.”
Le he dado instrucciones para que siempre tenga su coño fácilmente accesible para mí, lo cual ha cumplido la mayor parte del tiempo, aunque cuando lleva pantalones, el propósito se va por la borda. Sin embargo, ir sin bragas bajo los pantalones todavía me agrada más, al saber que ella ha tomado una decisión más libre.
Aunque, por razones obvias, sigo prefiriendo que ella lleve vestido o falda.
Ese sentimiento de liberación para romper los lazos que nos confinan, desafiando lo que la sociedad espera de nosotros, es lo que distingue al alma libre.

jueves, 9 de febrero de 2012

En el rincón.- 1

Yo nunca la aviso. Empiezo a quitarle las ropas, de hecho, de una manera rápida. Girándola sobre sí misma y, de esta manera, corro las cremalleras, botones y corchetes. Me encanta desnudarla mientras todavía estoy vestido. Creo que a ella también le gusta. Es su pasaporte instantáneo hacia la tierra del subespacio. Estar desnuda en frente de alguien, más que estando vestida, es muy difícil no sentirse sexualmente subordinada a su merced.
Le digo que permanezca de pie en el rincón de la habitación mientras voy y busco los tres implementos que necesito. El primero es un par de esposas para los dedos. Me gustan muchísimo. Son pulcras y elegantes. Tengo también un par de esposas para las muñecas y, algunas veces, son el elemento correcto, pero, siendo honesto, son un poco bastas. También tengo algunas esposas de cuero, que son mucho más estéticas. Son también mejores para trabajos de larga duración, especialmente para atarla como una cerda. Las esposas pueden irritar después de un tiempo, mientras que las esposas de cuero son bastante cómodas. (Siempre siento que es un error causar daño o molestias por accidente. Si a ella le va a doler, tienes que procurar que sea el tipo de dolor que la excita, no el dolor persistente y torpe de las esposas que están demasiado apretadas).
Por lo tanto, yo le pongo las manos a su espalda y la pequeña esposa de acero se la pongo alrededor de su pulgar y así la tengo asegurada. Luego viene la mordaza. Realmente, a ella, esto no le gusta en absoluto y no hay duda que su disgusto me provoca. No creo que esto sea una contradicción con el párrafo anterior. Algunas veces, es bueno insistir en algo que te gusta mucho, por mucho que a ella no le guste.  Dice que, después de un tiempo, su mandíbula le duele. Tal vez, la mordaza sea un poco grande. Pero, sin duda, hace el trabajo. Es una pelota de caucho negro sujeta en su sitio por una correa de cuero alrededor de su cabeza. Me gusta el aspecto. Me gusta incluso más de lo que parece. Sé que es humillante. Algunas veces cuando la lleva, deliberadamente, le pregunto algo y en vez de responderme  con un movimiento de cabeza, lo que sale de su boca es un murmullo inarticulado. Es difícil para una mujer estar de pie y mantener su dignidad en una situación como esa. Ella dice que no le gusta porque la hace babear. Esto es por lo que me resulta tan emocionante, ver la saliva chorreando por su barbilla. De nuevo, más humillación. Y, por supuesto, sé que ella me está contando toda la historia. Porque, no es solo que esté babeando por la boca. Como un obsequio para mí, su coño también está babeando en abundancia.
En tercer lugar, viene su collar. Es grande y pesado, de cuero negro, con tachones de acero. Me ha rogado que nunca la obligue a llevarlo en público, pero tengo la intención de que sea eventualmente. Y aunque, dice que le teme, le fascina.
Le abrocho la hebilla y ahora, ya está lista. ¿Para qué? Todavía estoy en ese delicioso estado de no ordenar mi mente. ¿Soy hoy el Sr. Elegante o el Sr. Repugnante? Estoy justo detrás de ella, hacia un lado, muy cerca.
“¿Vas a ser una buena chica?” Pregunto. No es que ella tenga ahora muchas opciones.
Ella asiente con la cabeza.                
Poco a poco, acaricio la parte posterior de su cuello. Deslizo suavemente las uñas de mis dedos por su espalda, por la hendidura de sus nalgas y por su espalda de nuevo. Paseo mi mano alrededor de su pezón y pellizco con suavidad su pezón derecho.
“La última vez fue cruel, ¿verdad?”
Lo afirma con su cabeza.
“¡Qué moratones! Pobre mujer.” Miro hacia abajo. “Pero, ahora han desaparecido,” digo.
Pongo mi mano en su culo y lo pellizco.
“Tal vez, sea hora de algo más,” digo.
Ella mira hacia la pared.
Me inclino hacia adelante y le susurro al oído: “Creo que piensas que la última vez llegué a tu límite. Pero, no estoy seguro que sea verdad.”
Ella tiembla ligeramente.
“Me agradaría llevarte más allá de tus límites,” le digo. “Quieres agradarme, ¿verdad?”
Ella vacila, luego lentamente asiente con la cabeza.
“Cuando te he marcado, siempre parecías deliciosa,” digo. “La próxima vez será peor. Y puedo prometerte que habrá una próxima vez.”
Ella mira a su alrededor, echándome una mirada sincera, implorando.
“Ponte de cara a la pared,” le digo.
He decidido ir suave en este momento. Bueno, en cierto modo. Pongo mi mano entre sus piernas. Acaricio su sexo, apretando los labios, tirando de ellos, presionándolos, y luego, insidiosamente, deslizando un dedo entre ellos hacia su interior. Ella gruñe.
“Estás ya demasiado húmeda,” digo, apretando su sexo duro. “¡Esta pequeña puta!”
Extiendo un poco de sus copiosos flujos en su clítoris y poco a poco lo rodeo con mi dedo.
“Creo que la lección de hoy será sobre la paciencia,” digo.
Continúo deslizando mi dedo sobre su clítoris. Ella se retuerce un poco.
“No te muevas,” le digo.
Mi otra mano trabaja durante un tiempo en sus pechos, apretando, pellizcando, primero en uno, luego en otro. Clavo mi uña en el pequeño botón de su pezón. Ella corta su respiración.
“Shhh,” digo.
Todavía estoy acariciando su clítoris con mi mano derecha. Muevo mi otra mano hasta su culo, lo aprieto con fuerza y luego, deslizo mi mano entre sus piernas una vez más. Empujo un dedo hacia el interior de su coño, a continuación, tiro del mismo, mojado y resbaladizo. Cuidadosamente, lo deslizo hacia el interior de su culo.
“¡Qué buena mujer eres!” digo.
Inclino mi cabeza y beso su oído. Sé que ella no puede mantenerse quieta cuando hago esto. Quito mi mano de su clítoris y la agarro sus pelos, se los retuerzo fuertemente para que no pueda mover su cabeza. Introduzco mi lengua en su oído. Un murmullo incoherente sale por detrás de la mordaza. Empiezo a murmurarle cosas al oído, palabras groseras, medio dirigidas a sus fantasías más secretas, fragmentos de cosas que le he hecho en el pasado. La estoy llamando por sus nombres. “Puta” es el menos significativo de ellos. Ahora tengo metido dos dedos en su culo.
“Voy a poner de nuevo mi dedo en tu pequeño y codicioso clítoris,” le susurro. “Si eres muy, muy buena, podría seguir hasta que te corras. Pero, si oigo el más leve sonido o si te retuerces, me detendré. Y luego, no conseguirás correrte durante mucho tiempo. ¿Comprendes?”
Ella asiente con la cabeza. No estoy seguro de que realmente crea que seré tan bueno como mis palabras, pero seré tan estricto como digo. Tal vez, ella piense que cuando llegue a estar a punto y esté al borde del orgasmo y deje escapar un simple gemido y empiece a temblar, no seré lo suficientemente cruel para pararme. Pero, ella debe conocerme muy bien, por ahora.


viernes, 3 de febrero de 2012

Sumisa sumisa

“Ahora, desnúdate, mi gatita. Desnúdate y sube las escaleras gateando. Quiero ver cómo gateas.” Le dice.
Ella se desnuda, quitándoselo casi todo, excepto la cadena de esclava que, a veces, lleva y el bonito collar de cuero, grabado con nudos célticos que le regaló su Dominante para usarlo en privado. El tono de su voz era severo y frío. Ella sabía que él había tenido un día muy duro. Sabía que el final del plazo sería difícil. Que lo que se avecinaba no sería agradable. Ella sabía que no tenía importancia.
Ella subió las escaleras gateando, sintiendo que él la seguía detrás. De vez en cuando, él le daba un cachete en su culo duro. Más fuerte de lo necesario, para calentarlo. Sin embargo, esto no era agradable.
Ella se detuvo al final de la escalera, aunque sabía lo que sería lo siguiente.
“Gatea, gatita. Gatea hasta la cama y te pones boca abajo sobre ella,” le dijo.
Ella gateó. Se acostó boca abajo. Una por una, él agarró cada muñeca y cada tobillo y los ató forzadamente a las cuatro esquinas de la cama. Ella le oyó remover una serie de artilugios en su maleta de juguetes eróticos. Sintió como él agarraba su cabeza por los pelos, tiró de ellos hacia arriba y los giró para poder ver su cara.
“No se trata de tí, gatita. Debes recordar esto. No se trata de tí, incluso no necesito hacerlo.” Le comentaba él.
Suavemente, él echó la cabeza de ella había abajo, lo cual la sorprendió y confortó a su vez. Y, luego, la amordazó, cosa que ella odiaba.
“No se trata de tí, mi gatita. Por lo tanto, no quiero oírte gritar. No quiero oír tu dolor.” Él insistió.
A continuación, la vendó los ojos. Y ella se sentía ausente. Una ausencia profundamente interior, donde ella se escondería hasta que todo hubiera terminado.
Él empezó a azotarla con la parte posterior del cepillo de pelo. Incluso no quería ni tocarle la piel. No se trataba de ella. Los azotes con el cepillo eran como un precalentamiento de su trasero. Incluso ahora, mientras él usaba su cuerpo puramente como una salida de su propia ira, no podía dejar de ser reflexivo. Esto también quería decir mucho de él, realmente, no podía bloquearla en su conciencia. Él sabía que debería preparar sus nalgas para lo que iba a venir.
Su culo estaba ligeramente rosado. Su respuesta había sido estoica. Era hora de seguir adelante.
Ella oyó el cinturón de cuero que se deslizaba a través de las trabillas de sus pantalones vaqueros. Lo oyó y ella se preparó.
El primer golpe fue muy fuerte. Hubo una pausa. El siguiente, más fuerte. Otra pausa. Y, luego, se dejó ir azotándola furiosamente, lloviéndole un golpe tras otro sobre su indefenso cuerpo. Ella estaba sobre una almohada para amortiguar el golpe, pero, en estos momentos, él tenía el culo de su gatita a su disposición y lo estaba usando.
Y, ¿la gatita? Ella estaba inmersa en el subespacio, abrumada por el dolor, sorprendida por su furia, sin pensar. Era la única manera de conseguirlo a través de estos azotes.
Finalmente, él se detuvo. Paró, solamente, porque no había más que hacer. El silbido de la cane en el aire penetraba en su conciencia adormecida. Ella gemía tras la mordaza. Gemía y él la oía.
“Solamente seis de ella, mi gatita. Te lo prometo. Sólo seis,” le dijo. Él estaba casi suplicándole que los aceptara. Por supuesto, ella no tenía otra opción. Pero, al menos, sabía que casi había terminado.
Él azotó con fuerza y apuntó los golpes con precisión. El dolor era vicioso. Pero, él no había mentido. Sólo eran seis.
Él había terminado. Estaba allí de pie, mirándola, observando su trasero brillante y rojo, respirando con dificultad. Repuso la cane y el cepillo en su maleta de juguetes.
Cogió el tubo de lubricante y se sentó en la cama al lado de sus piernas. Con precaución, insertó un dedo en su coño. Estaba húmedo. Él estaba excitado. Pero, no tenía nada que ver con el sexo. Puso un poco de lubricante en su dedo y, con unos toques suaves, masajeó el interior de su culo. Al principio, ella se descartó la caricia, le dolía demasiado. Pero, eventualmente, la loción le calmaba el dolor de su carne, aunque no el dolor de su corazón.
Él se levantó. Desato cada extremidad metódica y deliberadamente. Se sentó nuevamente al borde de la cama. Estaba vez, cerca de su muñeca. Finalmente, le quitó la mordaza y la venda de sus ojos. A continuación la cogió entre sus brazos, procurando cuidadosamente no apoyarse sobre sus doloridas y azotadas nalgas.
Sólo entonces, ella empezó a llorar. Sollozaba. Ella sollozaba tan fuerte que él pensaba que su cuerpo iba a explotar. Gemía y él la abrazaba, la mecía, la tenía cerca de él y acariciaba su cabeza. La balanceaba y le susurraba una y otra vez:
“Lo siento mucho, mi gatita. Lo siento muchísimo. No tenía nada que ver contigo. Por favor, créeme.”
“Lo siento muchísimo…,” le decía él.

viernes, 27 de enero de 2012

Castigo y disciplina

Me preguntaron hace poco sobre la diferencia entre el castigo y la disciplina. Observo que este tema siempre suscita mucha confusión. En el lenguaje cotidiano, la disciplina se usa con frecuencia como sinónimo de castigo. Pero creo que, dentro de la D/s, existen dos conceptos diferenciados. El castigo, como yo lo entiendo, es un acto que se realiza cuando la sumisa ha hecho algo mal. Esta ha hecho, deliberada o negligentemente, algo que no debería haber hecho. Ha prometido obediencia y luego ha fallado. Su dominante la perdonará, pero mientras tanto se siente culpable. Castigarla permite que expíe su culpabilidad. Ella necesita alguna especie de acto físico que tenga un gran simbolismo, de modo que pueda someterse a una forma de penitencia. El peso de la culpa no puede ser levantado a menos que ella sienta que tiene el derecho a ser nuevamente una mujer buena y que solamente puede lograrlo si paga el precio de su desobediencia. Por eso, creo que es esencial que la sumisa nunca sea castigada, al menos y hasta que haya admitido su ofensa y esté plenamente persuadida de que merece un castigo. Si no está convencida, el castigo no servirá para nada. Incluso, puede hacer daño alimentando un resentimiento que no puede ser reconducido a la sumisión voluntaria de sus deseos. 

Por el contrario, la disciplina es parte de un proceso continuo. La disciplina es, hablando correctamente, solamente otro nombre para el proceso de dominación y sumisión. Es lo que el dominante practica cada día. Una sumisa está siempre bajo disciplina. Existen normas, procedimientos y cosas que ella debe hacer o no hacer. La sumisa necesita sentir la presión constante del deseo de su dominante por obedecerle. Esto no significa que ella deba estar continuamente gimiendo bajo el yugo (aunque es un sonido que a cualquier dominante nos gusta oír de vez en cuando). Con frecuencia, él puede controlar con un ligero toque. La disciplina no es un conjunto de procedimientos específicos, es un estado mental. Repito: la buena sumisa está siempre sometida a la disciplina.

Sin embargo, algunas veces, el dominante siente la necesidad de apretar la tuerca. Es, en ese momento, cuando él puede optar por iniciar la negación del orgasmo u obligarla a realizar ciertos rituales impuestos o actos simbólicos o simplemente darle un buen spanking. Unos azotes disciplinarios son la expresión más directa de su dominación. “Voy a azotarte porque me da la gana. Voy a azotarte porque lo necesitas. Si lo quieres realmente en este momento, no es algo que me preocupe. ¿Te preocupa a ti?”

Lo que el dominante quiere por encima de todo, es que su sumisa realmente quiera agradarle. No se trata de si le gusta el dolor o la humillación o cualquiera de las otras cosas que él pudiera infligirle. Para él, es fundamental que en el mismo corazón de su ser sexual exista un profundo deseo de complacer.

La disciplina es solamente un medio por el cual, ella está capacitada para expresar su deseo de agradar. El castigo es lo que sucede cuando ella olvida que quiere, por encima de todo, agradarle y, a su vez, agradarse a sí misma. El ritual del castigo levanta la culpabilidad de ella y hace que se ajuste al proceso de disciplina para ser reintegrada.

lunes, 16 de enero de 2012

Flotando por encima del dolor

Admito que ella estaba nerviosa por el dolor que iba a sufrir. Le dije que serían unos azotes muy fuertes. Justo en cuanto yo llegara. Esta era la parte más difícil para ella. Por experiencia, ella sabía que las cosas siempre dolían más después de que yo llego.
La gente habla sobre el precalentamiento. Empezar despacio, con cuidado, para llegar a la parte más dura del dolor. Pero, mis calentamientos no son físicos. La llevo a ese lugar con mis besos, mis caricias y mis palabras. Y luego, cuando la azoto, justo con dos o tres buenos cachetes en cada una de sus pálidas nalgas, de modo que ella pueda sentir la fuerza del impacto. Pero, no llega el suficiente dolor que pretendo a su trasero.
Aunque hoy, no habrá preparación. Me sentaré en una silla y la inclinaré para que se ponga atravesada sobre mis piernas. Admiraré sus nalgas, suaves, redondas y pálidas y vulnerables. Y luego, empezaré a azotarla con la mano. Un largo, duro y deliberado azote, por la única razón de mi placer.
Pero entonces, mientras iba para su casa, donde ella me esperaba para recibir mis azotes, empecé a enviarle SMS sobre cómo servir mejor a mi polla con su mano. Mis mensajes volaban hacia ella. Como consecuencia de los juegos previos que inicié ayer,  se sentía asustada y excitada a la vez.
“Entonces, ¿estás preparada?” Le escribí.
Sospecho que está frase la provocó y la envió a ese estado de excitación y temor.
“Sí, Señor,” me respondió. A ella, le constaba que esto iba a ser como yo quiero que sea.
Temblor y nostalgia.
“Mi boca se hace agua, Señor. La boca de mi coño y mi boca que también es coño.”
“Soy sensible, Señor. Sensible, caliente y vulnerable.” Me escribió.
Ella sabe que así es como yo la quiero.
“Así es como soy, Señor. Así es como era. Usted me puso en esta situación con tres frases cortas.” Ella le escribió.
Y, cuando yo llegué, ella estaba en esa posición de entrega tan profunda que, incluso, ese primer golpe fuerte con la palma de mi mano sobre la tierna carne de su culo, no acusó el dolor que debería haber llegado con ese primer golpe. La azoté una y otra vez. Tal vez, cinco, seis o siete veces sobre una de sus nalgas antes de cambiar a la otra. Luego, una pausa para unas palabras de admiración y los azotes continuaron con un solo grito ocasional de: “Señor, me está haciendo daño.”
Sin intentos automáticos para retorcerse, sin patadas inconscientes para desviar su dolor…este último llegó más tarde, cuando la puse sobre el colchón que era de cuando yo la azotaba con la hebilla de mi cinturón o con la palmeta de madera o cuando yo usaba la fusta. No creo que los azotes con la fusta llegaran mucho después, aunque no con muchos azotes, mientras ella me chupaba la polla. Los detalles se han difuminados.
El cinturón le dolía. Aunque no tanto como yo sospechaba. Y la fusta… aunque me esforzaba bastante para auto controlarme. No tenía mucha intención por usarla. Me sentía como una bestia cuando la cogía con mi mano, aunque era capaz de controlar mi brazo, a ella le dolía lo suficiente. Sólo lo suficiente.
Pero, la mayor parte del tiempo, lo pasaba besándola. Me ofrecía su boca suave, húmeda y receptiva para que yo me regocijara de placer. Y la cadena apretada alrededor de su cuello y ella se sentía totalmente adueñada y poseída por mí. Y ella era consciente de que yo era su dueño y ella estaba flotando y sirviendo y todavía sintiéndose muy excitada, excepto ahora que, realmente, puede decir que su culo le duele muchísimo y marcado con franjas de ronchas de la desagradable palmeta de madera y del cinturón.
Y cada golpe era un beso. Y horas después, todavía se sentía en ese estado de excitación.
“¡Qué suerte tengo, Señor!” me dijo.

lunes, 9 de enero de 2012

Las emociones de la sumisa y el Dominante.- Parte II

Mujeres… emociones… mujeres… emociones…mujeres… así te haces una idea. Las dos parecen ir de la mano y ser sinónimos. Yo no diría que este sea siempre el caso, puesto que cada una es diferente. Sin embargo, la mayor parte de las mujeres son criaturas muy emocionales. Mucho más que los hombres. O, al menos, la mayoría de los hombres. Hay excepciones en la regla. Pero, creo que, en general, todos estamos de acuerdo que las mujeres son emocionales y los hombres no lo son tanto.
Si esto lo llevamos un poco más lejos y al ámbito sexual, esto parece ser cierto también. Cuando se trata del sexo, para las mujeres es una experiencia emocional. Ellas necesitan sentir una conexión y es algo más que un acto físico. Una vez más, siempre hay excepciones a esto. Hay montones de mujer que disfrutan el sexo solo por el sexo. Sin embargo, para las mujeres, puede ser una experiencia muy emocional. Se acercan al mismo desde un lado mucho más mental y emocional que sus homólogos masculinos. Ellas no solo buscan tener sexo por el placer de tener sexo, sino que piensan mucho más profundamente al considerar que es un acto íntimo con otra persona.
Para los hombres, bueno…nos gusta el sexo. Miramos a la mujer en términos de si la encontramos atractiva y tenemos sexo con ella. Así es como nosotros somos. Así es como nosotros pensamos. El sexo para los hombres es muy físico. Eventualmente, puede llegar a ser emocional, pero nosotros disfrutamos del placer físico del sexo. No hay otra manera alrededor de este tema. Así es como es, así es como somos. Pensamos por debajo de nuestro cinturón muchísimas veces y todos sabemos la cantidad de problemas que nos puede causar. Esto es algo que muchas mujeres realmente no comprenden, puesto que  piensan emocionalmente.
Para muchos hombres, podemos tener una gran novia o esposa que amamos muchísimo, tener una buena vida en casa y un gran trabajo y todavía querer tener sexo con otras mujeres,  arruinando potencialmente todo lo grande que hay en nuestra vida. ¿Por qué? Porque somos atraídos por otras mujeres y queremos tener esa experiencia con ellas. Es un deseo puramente físico. No tiene ninguna relación con nuestra vida familiar o ser querido. Esto no quiere decir que la queramos menos. Es sólo nuestra manera de pensar. Esto no es así para las mujeres. Puesto que ellas actúan y piensan bajo el influjo de las emociones. Si ellas quisieran o tuvieran relaciones sexuales con otras personas, podrían sentirse potencialmente muy angustiadas. Podrían causarles estragos en sus sentimientos al descubrir fuera la manera de tratar lo que tienen en casa con respecto a lo que ellos han hecho con otra persona. Mientras tratan de averiguar lo que ambos han estado sintiendo, esto puede convertirse en una batalla interna entre ellos
Por lo tanto, en este punto usted se está preguntando… ¿qué tiene esto que ver con ser Dominante o sumisa? Bueno… usted tiene que ser consciente que todo lo que he mencionado, tanto si está de acuerdo o no, puede estar involucrado en una relación del tipo de la D/s. ¿Por qué lo preguntas? Porque una sumisa, como ya he hablado en el post, puede tener una amplia gama de emociones que son muy intensas cuando ella empieza a moverse en la D/s y encara su alma sumisa. Este puede ser para ella un momento mental y emocional muy difícil, cuando empieza a aceptar quién es ella y lo que necesita ser. Ahora, usted echa problemas sexuales en la cesta, sabiendo que ella es muy sensible sobre las actividades sexuales también y al combinarlas con las otras emociones, ella se está enfrentando, tratando  e intentando justificar en su mente y usted tiene un cóctel tan completo de emociones que están por todo el mapa.
Las probabilidades son, como la mayoría de las sumisas con las que he hablado y leído, junto con su sumisión, que tengan un despertar sexual muy intenso. Están descubriendo que no solamente están esperando ser un ser sexual abierto, sino que es perfecto ser de esta manera. No hay nadie allí mirándolas por estar abiertas sexualmente. No hay ninguna razón para que ellas se sientan presionadas para mantenerlo y ocultar quiénes ellas quieren y necesitan ser. Esperan expresar libremente su sexualidad. Su libido está ahora a toda velocidad. Esto se suma a la mezcla de cosas que están pasando por su mente y su cuerpo. Ella está sintiendo sensaciones  que, de alguna manera, nunca antes había sentido. Maneras que ella desconocía que pudieran sentirse con esa intensidad. Maneras que, ni incluso, sabía que fueran posibles.
Como Dominante, es mejor que seas plenamente consciente de todo lo que está pasando en el interior de tu sumisa. Es mejor que seas capaz de comprender de dónde viene y lo que puede estar pasando por su mente. Esto puede ser muy difícil para muchos dominantes, puesto que no piensan de esta manera. Los Dominantes nos acercamos a las cosas de manera diferente a ellas. Sin embargo, usted tiene que ser capaz de pensar como ella, hasta cierto punto, para ser capaz de comprenderla. Es su trabajo entenderla. Ella está ahí, en un charco de  emociones, sentimientos, liberación sexual, etc y está buscándote para que la lideres, la guíes y le muestres el camino. ¿Cómo puede usted hacer esto si no comprende y no tiene una idea de lo que está pasando en el interior de ella? ¡Usted no puede! Existe el inconveniente de que como hombre, un dominante no es emocional. Él no puede tener en cuenta mucho de lo que está pasando, piense en las cosas con lógica y tome una decisión informada sobre cómo proceder. Con esto no quiero decir que un Dominante no debiera preocuparse, sentir, mostrar afecto y un lado más amable y tener también emociones. Absolutamente, él puede y debería. Sin embargo, no es tan frecuente como en su sumisa. Él tiene que mantener la cabeza fría para poder liderarla por la senda de su viaje.
Usted puede atarla, azotarla, tener sexo salvaje con ella y exigirle que haga las cosas que usted crea conveniente. Sin embargo, ¿puede usted hacer frente a sus emociones y a lo que ella está sintiendo después de que usted haya hecho esto? Es mejor que encuentre otra forma, porque este será un momento crucial. Ella tiene emociones sobre su propia sumisión, sobre los actos sexuales que usted acaba de obligarla que  haga y sobre usted, su Dominante. Usted necesita ser capaz de comprender esto, hablar de esto con ella, guiarla a través de todo esto y cuidarla. Sea capaz de hablar y discutir abiertamente estas cosas con ella para ayudarla a comprender lo que ella está sintiendo y por qué ella lo está sintiendo. Este es un tiempo importante para fortalecerla y cuidarla. Esto la reafirmará en todo lo que has estado diciéndole y lo que ella está sintiendo, si la nutres de la manera correcta. Si no lo haces, estará en condiciones de sentirse presionada, hacer que se retire y cause problemas para los dos. Los problemas se pueden evitar fácilmente con la atención y el cariño adecuado. Si se hace correctamente, ella se acercará mucho más a usted, se someterá más e, incluso, será más tuya de lo que ha sido antes. Y esto, amigo mío, es una cosa muy hermosa.
Es muy importante ser capaz, al menos, de tratar de ver y comprender todo lo que hay que saber sobre tu sumisa. Desde sus necesidades mentales y emocionales hasta las físicas. Saber todo lo que pasa por ella para que puedas ayudarla lo mejor posible. Sin saber estas cosas y sin estar dispuesto a aprender y conocer, es como el ciego que guía a otro ciego. Merece la pena el tiempo y el esfuerzo que dediques a aprender y conocer todo lo que puedas. Ambos os beneficiaréis a lo largo del tiempo. Asumiendo que lleguéis a disfrutar de una relación larga y no corta, porque no la comprendías y la relación se hizo pedazos. En la mayoría de los casos, por todo lo que he escrito anteriormente, es el dominante quien trocea la relación, por desgracia.

domingo, 8 de enero de 2012

Dolor en el horizonte

“Ha sido prometido. Ha sido decretado. Mañana, él llegará. Entrará en mi casa. Subirá a mi habitación. Se sentará en mi cama con su espalda apoyada contra el cabecero.
Me cogerá, me pondrá sobre sus piernas, mi vientre desnudo, apretado contra su regazo complemente vestido.
Y luego, para su placer, porque él lo quiere así. Porque me quiere, me azotará. Fuerte. Muy fuerte, fortísimo…
Algunas veces, un azote es otra forma de abrazar.”
Pensaba ella…



miércoles, 4 de enero de 2012

Las emociones de la sumisa y el Dominante.- Parte I

“¡Te avisé! Te dije cómo sería esto. Ya te dije lo intenso que podría ser y probablemente llegaría a ser. Ya te dije lo emocional que sería todo esto para tí. Te dije que esto no sería como ninguna otra relación que hubieras tenido anteriormente. Ya te dije que sería muy difícil volver atrás, una vez que yo te hubiera llevado allí. ¿Me crees? ¿Pensabas que te estaba mintiendo? ¿Realmente estabas pensando que yo te decía cosas para atraerte? Tal vez, si… tal vez, no. Tú no tenías forma de saberlo. No tenías un punto de referencia. Nunca has estado aquí antes para ser capaz de entenderlo. Pero… ahora ya ves. Ahora lo has conseguido. Ahora comprendes. Ahora… ¡lo has probado y vivido y no quieres volver atrás!” Le decía a ella,
He leído bastante sobre muchas mujeres que decidieron abrazar y realizar su naturaleza sumisa. Ella sale del armario y se vuelve más abierta acerca de quién ella es y qué necesita ser. Pero, ¿sabe ella, realmente, para lo que es? ¿Realmente, sabe ella qué cambio emocional y mental va a tener? ¿Incluso, sabe ella realmente lo que quiere y está dispuesta a hacer? ¡No! No existe ninguna manera de que lo pueda saber.
En este sentido, hay varios aspectos que podemos observar. Hoy, solo quiero centrarme en las emociones. Más específicamente, en las emociones que surgen y comienzan a evolucionar una vez que ella da los primeros pasos y se pone en marcha en este estilo de vida. Una vez que una mujer sumisa se enfrenta a sus necesidades y deseos, y encuentra al Dominante adecuado para liderarla por este camino, es cuando las cosas se hacen mucho más profundas de lo que ella las hubiera podido imaginar.
Desde mi experiencia personal, puedo decir que ninguna mujer, no importa qué o cómo trates de explicárselo, puede comprender cómo sus emociones evolucionarán. Cómo sus necesidades crecerán. Cómo esto llegará a ser una “hermosa y única adicción” para ella. Esta no tiene manera de saberlo. A partir de ahora, ella no tiene un punto de referencia. El dominante puede penetrar en el alma de una sumisa con una cierta intensidad. ¿Cuán emocional llegará a ser? Hasta que realmente esté allí y sentirlo, en verdad, no puede saberlo ni comprenderlo.
De todos modos, conmigo, siempre sería requerida a estar abierta y ser honesta. Sería requerida a abrirse a sí misma y hacerme partícipe de sus pensamientos interiores  como ella nunca lo ha llegado hacer en su vida. Se enfrentaría a ser vulnerable como nunca antes lo ha estado en su vida. A muchas mujeres, esto les infunde miedo. Temor a tener que ser tan transparente. Miedo a tener que compartir su lado oscuro recién descubierto por ella misma. Temor a que le hagan daño por ser tan comunicativa. No hay nada que esconder ni vuelta atrás. Muchas veces, en el pasado, le han hecho daño, se ha retirado y le han puesto tantas barreras que necesita toda una cuadrilla de demolición para derribar esos muros. Este puede ser un momento muy emotivo para ella. Quiere esto y lo necesita, pero, al mismo tiempo, tiene miedo, conforme se va introduciendo más y más en este estilo de vida por conversaciones, fotos, tareas, etc.
Aquí es, donde tener el Dominante adecuado es tan importante. Es en este preciso  momento, cuando toda su sumisión se pone en equilibrio. Esto puede llegar a ser lo mejor del mundo para ella o, puede convertirse en la pesadilla que  tanto teme. ¿Quién tiene la llave para controlar en qué dirección se moverá? Su Dominante. Le corresponde el guiarla a través de esta jungla de emociones. Le toca apoyarla, hacer todo lo que pueda para que se sienta segura y demostrarle que la cuida. Él no está ahí solo para usarla, hacerle todas estas cosas duras y tratarla como una basura. Aunque esto puede ser lo que ella cree por todo lo que ha visto y leído en Internet. Está ahí para ayudarla, apoyarla y sostenerla. Está ahí para liderarla por este camino, ayudarla a enfrentarse a sus miedos y ver que le explica lo que dice y es lo que él dice que es. Que no está ahí para ponerla por los suelos, sino para mantenerla levantada. Es a través de este apoyo y cuidado cuando ella empezará a creer que su Dominante está ahí por ella. Que, realmente, quiere ayudarla a ser lo que ella necesita ser de una manera cariñosa y amorosa. Que no quiere cambiarla, sino que quiere abrirla y ayudarla a extender sus alas para ser lo que ya es de una manera definitiva.
En la sociedad, hay montones de dominantes o, pseudo dominantes. Harán todo tipo de afirmaciones. Muchos piensan que se trata de tener a una mujer inclinada ante ellos, puesta de rodillas, succionándole su pene cada vez que ellos quieran, etc. Piensan que sería bueno tener una mujer para hacer cualquier cosa que ellos digan. Lo que ellos no saben y no se dan cuenta, es que se va mucho tiempo y esfuerzo en una sumisa al apoyarla y cuidarla. No se dan cuenta que, en términos contradictorios, que contra más se den a ella, más recibirán de ella. Hay muchísimo trabajo por la parte mental y emocional de una relación D/s, antes de que realmente puedas apreciar y aceptar la parte física del mismo. No es de extrañar que muchas de las sumisas que he tenido conocimiento, hayan tenido problemas con este estilo de vida de la D/s. Afortunadamente para nosotros, los buenos Dominantes (sí, me estoy sobrevalorando a mí mismo), tiramos y seguimos delante de una sumisa manteniendo su curso y búsqueda, incluso después de una o dos malas experiencias.
Mi punto de vista es este... a veces, hay momentos muy emotivos en una sumisa al enfrentarnos con lo que ella es. Se requiere mucho trabajo y esfuerzo para ser capaz de guiarla y conseguir que se sienta cómoda con su nueva realidad. Ella necesita un Dominante detallista y fuerte que sea capaz de trabajar a través de este proceso con ella y que también quiera trabajar a través de todo esto con ella. Si te tomas el tiempo para construir esta base, mostrarle su camino, mostrarle lo grandioso que esto puede ser, cuidarla, quererla y apoyarla, entonces, estás construyendo unos fuertes cimientos para su futuro y, también, el tuyo. Ella va a ser mucho más leal y ella misma se entregará por completo, si ve y sabe que estás dispuesto a darte también. Si su base es débil, bueno… no se sorprenda cuando la casa empiece a venirse abajo. No es culpa de nadie, sino de usted mismo como su Dominante. Ella no tiene manera de saberlo de otra manera y está contando con usted para aprender y liderarla.
¿Puedes hacer esto? ¿Puedes construir una base sólida para que ella tenga sus pies en suelo firme? ¿Puedes trabajar con ella de la manera que necesita y se merece? ¿Puedes entregarte a ella, para  que, en reciprocidad, pueda entregarse a tí? ¿Puedes? ¡Estupendo! O ¿es mejor no actuar cuando tienes montones de problemas que no se pueden resolver? Ella se merece lo mejor y todo lo que tú tienes. Si no puedes darle eso, entonces, es mejor que te quedes en la piscina infantil hasta que hayas crecido lo suficiente para nadar con las personas adultas.


domingo, 1 de enero de 2012

Crecimiento

Uno de los aspectos del intercambio de poder en una relación D/s y que la sumisa genuina valora muchísimo es la habilidad de crecer como persona, así como mujer. No solamente aprende a ser una buena sumisa, sino también aprende a ser ella misma; con lo cual hace bien y puede hacerlo mejor.
Una de las cosas que una sumisa no suele llevar bien, es el lidiar con el estrés. Tiende a preocuparse mucho y, algunas veces, pone demasiada energía en la preocupación y no la suficiente energía en solventar el problema, si puede o no puede preocuparse tanto.
En cierto sentido, esto va al corazón de la dinámica del intercambio de poder con su Dominante puesto que su pareja toma decisiones en su nombre. Aunque, él le explique lo que ha hecho o va hacer. Ciertamente, habrá momentos en que ella no esté de acuerdo con sus decisiones. Algunas veces, hará bien en no estar de acuerdo. Otras, podía haber sido mejor si ella hubiera ido a su manera. La conciliación no suele ser fácil.
Sin embargo, cuando ella está reconciliada con el hecho de que él es su Dominante, hace lo que él cree correcto para ella y su familia, si fuera el caso. Si el Dominante es coherente consigo mismo aceptará sus opiniones y escuchará con atención todo lo que ella le diga. Al final del día, él tomará la decisión por sí mismo y se hará responsable de la misma. El trabajo de la sumisa es apoyarle en tomar esas decisiones. Tal vez, para la sumisa que esté leyendo este artículo, sus palabras pueden ser una enorme curva de aprendizaje. Pueden ayudar a la sumisa a desarrollar su atención.
Si nos encarrilamos en contra de lo que pasa entre la pareja, será peor.
Una sumisa me dijo hace poco que su Dominante y ella habían usado con frecuencia la frase: “Los árboles no le dejaban ver el bosque.” Por lo tanto, ella prestaba mucha atención cuando leía esta frase.
Si estás perdida en el bosque, esto no significa que no hagas algo. Acepta que estás perdida y presta atención en conseguir salir de allí. La respuesta requerida es que necesitas mucha atención, pero en nuestra mente, a menudo amplificamos enormemente el estrés y la carga asociada a las cosas o los aconteceres.”
Sí, culpable de los cargos.
Pero, lo que es maravilloso al ser sumisa, es que el hombre dominante y correcto puede enseñarte mucho sobre tí misma. Como sumisa, tu sitio no es servir, sino crecer; florecer bajo su cuidado atento e inteligente.Entonces, el poder de la D/s se magnifica.


jueves, 29 de diciembre de 2011

¿Sumisa de dos dominantes?

¿Puede una mujer sumisa doblar la rodilla a dos Dominantes a la vez? ¿Puede ella servir a dos Amos? Mi conjetura es que la mayoría de las sumisas dirían que no. La sumisión no es algo que ellas se tomen a la ligera. La verdadera sumisa no se entrega fácilmente, no sin mucho corazón – buscando y con la debida consideración si es el hombre adecuado para ella. Pero, una vez que  deciden entregarse, las sumisas ponen todo su corazón en su compromiso. Al menos, de acuerdo con mi experiencia.
Y, sin embargo, esto no siempre es así. Especialmente, si ella es nueva en todo esto y todavía está buscando su camino, insegura en cuanto a la profundidad de su sumisión, dudando hasta dónde podría o debería dejar que un dominante la llevara. Entonces, podría no querer comprometerse tan profundamente. De hecho, si me pidiera un consejo, le diría que es mejor probar primero el agua. Una especie de encuentro limitado le enseñará mucho sobre ella misma y qué clase de sumisa es y le ayudará a tomar la decisión correcta cuando llegue el momento de comprometerse. Por eso, no escribo  mucho en este blog  sobre el someterse a más de un hombre a la vez, sino de una serie de encuentros que estén a la altura de aceptar a alguien como su Dominante.
Por supuesto, una situación en la cual, su dominante la preste a otro para jugar, no cuenta como servir a dos dominantes a la vez. Ella permanece sumisa solamente para uno; su motivo es jugar con otro principalmente, porque su dominante lo quiere. Le agrada prestarla, que ella sepa que él está contento y que le gusta.
Permítame hacerle una pregunta relacionada con esto: ¿Puede un dominante aceptar la sumisión de más de una sumisa? O, más bien ¿debería? No es difícil, si esa es la manera que él es, puesto que un dominante hace trampas, especialmente, si sus relaciones son en gran parte online. No me importa discutir aquí si eso es una buena cosa o no. A este respecto, las reglas que rigen en las relaciones D/s me parece que no son diferentes de las del mundo vainilla. Honesto e íntegros deberían ser nuestros objetivos. Pero, ¿es posible para un dominante comprometerse abiertamente con más de una sumisa, siempre y cuando cada una de las partes sea consciente de las otras? Supongo que aquí estoy extraviado con el tema del polyamor. Existen montones de escritos sobre eso y no tengo nada que añadir en este tema al debate en general. Pero, en cuanto al tema de la D/s, pienso decir que más de una sumisa por dominante pudiera ser posible, si las relaciones están todas a un nivel menor de un compromiso total. Pero, creo que sería difícil hacer malabarismos con que estuviera más de una totalmente dedicada a él. Tal como he comentado antes, las sumisas pueden ser terriblemente exigentes con su tiempo y energías. Ellas esperan mucho, con razón, porque dan mucho. De hecho, con frecuencia, ellas lo dan todo.
No es solo un punto de vista práctico, de cuánto tiempo y energía están disponibles. La mayoría de la gente quiere ser una persona especial, tanto si son vainillas o de la D/s. Ellas quieren sentirse valoradas por encima de todas las demás que él ha elegido. Soy consciente de que las generalizaciones son peligrosas, en cuanto a las relaciones se refieren. No hay ningún tipo de combinación, no hay manera de arreglar las relaciones sexuales que usted posiblemente concibiera, que alguien en algún lugar no esté viviendo en un estado de feliz plenitud. Al mismo tiempo, creo que la mayoría de los dominantes, finalmente, quieren comprometerse solamente con una sumisa y viceversa. Tal vez, termino diciendo que, en este aspecto, todas son como tantas otras.  La gente de la D/s no somos muy diferentes de las demás. Después de todo, si nos pinchan, ¿no sangramos?