La exploración erótica de una relación Dominante/sumisa desde la perspectiva de un dominante
domingo, 30 de septiembre de 2012
Sumisión...
¿Qué significa ser sumisa? ¿Es algo que eres, como persona, algo que
capturas y cómo reaccionar ante determinados hechos y situaciones? O, ¿es una
reacción a una situación determinada ante la que eres pasiva y te sometes a dicha
situación, siendo activa y dominante, a la vez, en otra? Creo en esta última
definición.
Cuando eres activa o pasiva, extrovertida o introvertida, existen muchísimos
modelos que se vinculan con esto. Cuando alguien te ordena en el trabajo, por
ejemplo, y dices, sí. ¿No te estás sometiéndote a alguien? Cuando un hombre
mantiene una puerta abierta a una mujer o la invita pagando en el restaurante,
él es, hasta cierto punto, dominante y ella, que lo acepta un poco sumisa al
aceptar su oferta y sugerencias.
Hay situaciones en las que la sumisión se llama y, generalmente, se
acepta; como en el ejército y, tal vez, en la vida religiosa (en muchos casos).
No creo que nadie llame a un soldado sumiso.
Ser soldado es algo muy varonil, al menos, en un sentido tradicional.
Otras clases de sumisión están más asociadas con el ser mujer. Cualquiera que
sea el punto de vista que se pueda tener con respecto a la igualdad entre los
sexos, hay un patrón, al menos, en la sociedad occidental, la sumisión de la
mujer y la dominación masculina. Incluso si sólo se expresa en la forma que nos
citamos y nos tratamos con los demás públicamente. Y solo en ciertas
situaciones, parece más aceptable que la mujer sea algo pasiva, un poco más
sumisa que el hombre. Además, por lo general, al hombre se le exige que sea
activo y dominante, en vez de pasivo o sumiso.
De ahí que, muchas mujeres se pregunten a sí mismas: ¿Qué soy yo? ¿Soy
una persona sumisa o una persona dominante? Al leer mi blog, usted
probablemente pensará que todas las mujeres de las que hablo sean sumisas, pero
no olvide que esta faceta puede sólo una parte de ellas. En realidad, también
son otras personas. Pudiendo ser activas y decididas en ciertas situaciones,
como a lo que concierne a su trabajo. Y, a continuación, por ejemplo, pueden
llegar a ser muy dóciles y pasivas, incluso, un poco sumisas. Todos sabemos
que, incluso, disfrutan con las fantasías sobre la sumisión.
Supongo que, a la hora de la verdad, hay un poco de ambas cosas en todas
las mujeres sumisas, al igual que existe un Ying Yang y viceversa.
viernes, 28 de septiembre de 2012
Libertad para dejarme caer
Recuerdo un día, cuando yo
apenas tenía siete años, que había subido a un árbol y no podía bajarme. Me las
ingenié para hacerlo por mí mismo hasta la mitad, pero, al final, me encontré
colgando de mis manos con todo un camino para subir. No tenía fuerzas ni para
mover mis pies y mis brazos temblaban por el esfuerzo.
Finalmente, decidí tirarme
y solté mis manos de la rama en la que estaba colgado. Nunca olvidaré la
sensación de libertad y dejarme ir mientras sentía cómo la rama se escapaba de
mis manos. Tomé la decisión de dejarme caer y, a pesar de que al toparme el
suelo, me golpeé y me lastimé el coxis, todavía recuerdo la inmensa sensación
de libertad de los latidos de mi corazón mientras me estaba cayendo.
Yo me había soltado y no
tenía nada más que hacer. No tenía ningún sentido que me preocupara por lo que
sucediera, ya que iba a pasar al margen de lo que yo pensara. Ha habido muy
pocas veces en mi vida en las que me haya sentido tan libre.
Desde tu interior más
profundo, siento el deseo de la misma sensación de libertad; donde las
preocupaciones prometen ser vencidas, donde los propósitos y las metas son
palabras vacías, donde tu alma, como una hoja en la tormenta, gira hacia la
salvación al final del túnel.
Permíteme acariciar la
hoja en mis manos. Permíteme soplar suavemente sobre ella y reír de alegría a medida
que gira alrededor de mi cabeza. Permíteme ser lo suficientemente fuerte,
vigilante, confiado para mantenerla a salvo.
Sí, recuerdo la sensación
de libertad que vislumbré cuando yo era un crío.
Recuerdo.
Y, sin embargo…
Y, sin embargo, elijo en
permanecer erguido en medio de la tormenta, enfrentándome a los truenos
ensordecedores y a la nieve cayendo como agua nieve. Elijo coger tu mano con la
mía y mantenerte caliente.
Porque, cada vez que me
sonríes, vislumbro esa misma libertad en tus ojos.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Un trabajo arduo
Ella está desnuda encima de la cama, sus labios curvados alrededor de
su pene mientras él está sentado trabajando ante su ordenador. A ella, no le
está permitido chupar activamente o, de alguna manera, estimularle. Su trabajo
se centra solo en confortar a su verga mientras él trabaja. Se lo ha dicho con
claridad, si su polla se pone dura, le distraerá e interferirá en su trabajo,
lo cual ella debe asegurarse de que no suceda. Justo, en este momento, su pene está
pesado y un poco hinchado, pero no tumescente.
Él sigue trabajando. De vez en cuando, le acaricia la parte posterior
de su cuello, pero distraídamente, sin apenas darse cuenta de lo que está
haciendo, mientras lee las palabras de la pantalla. Es de noche y él se está
tomando una copa de vino. Ella, al contrario, sorbiendo cualquier jugo que se
salga del glande de su pene.
Él prolonga su trabajo durante una hora o más. Ella está muy bien
entrenada como “chica buena” y le gusta complacer. Siente que está contribuyendo,
al estar bajo la mesa y ayudándole a sentirse bien mientras trabaja. Más tarde,
ella quiere leer lo que ha escrito y puede, pero nunca mientras él esté
escribiendo. Odia que la gente mire por encima de su hombro.
Lo que a él le gusta de esta posición es que es erótica, pero en un
tono muy light. Como Dominante, la belleza de la D/s es que puedes tener a tu
sumisa de la manera que quieras y para él, no siempre significa caliente y excitada.
Pero, al menos, él se toma un relax para sus trabajos. Él la pone de pie y la
gira presionándola hacia adelante para que se ponga sobre la mesa. Todavía
sentado, se inclina hacia adelante y separa las dos nalgas de su trasero con
sus manos, luego le planta un beso justo en la mitad de sus nalgas. Bordea su
apretado y pequeño agujero con su lengua, vueltas y más vueltas, bordeándolo
lentamente. Después de un rato, puede apreciar que su ano está relajado y
dilatado. En el cajón de la mesa, hay un tubo de lubricante. Pone un poco en su
dedo y lo introduce en el culo de ella. La gira hacia él y la empuja hacia
abajo para que se arrodille otra vez.
“Ahora, puedes hacer chupármela,” dice él
No se toma mucho tiempo para empezar a hacerlo. Ella sabe cuánto le
gusta que se lo hagan. Una vez más, la acerca hacia sus piernas y le da la
vuelta. Esta vez, le inclina su espalda hacia abajo sobre su regazo. Cuidadosamente,
ubica su pene en su culo y lo empuja hacia arriba, introduciéndosela un par de
centímetros de una vez, hasta que le llena su agujero por completo. La folla
con suavidad pero insistentemente, sin pausa hasta que la profundiza por
completo. La saca y se sube la cremallera de su pantalón, luego, la besa
cariñosamente en su nalga.
“Me
acostaré contigo en unos quince minutos,” le dice.
Arriba en la cama, ella puede oír el golpeteo del teclado. Siente que
su semen rezuma lentamente desde su culo. Su mano está entre sus piernas. Se
pregunta si ella podría conseguir que él se acostara más pronto. Pero, lo que
ella quiere más, es estar despierta hasta que él llegue. Luego, intentará si
puede hacer que se le ponga dura nuevamente. Quiere ser follada un poco más por
el otro agujero.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Las fantasías de las mujeres sumisas
No creo que me sorprendiera demasiado porque algunas mujeres sumisas me
hablaran de sus deseos y fantasías. Pero, me llevaría un tiempo para darme
cuenta de cuán perversas y retorcidas ellas pueden ser. Por supuesto, de la
mejor manera posible. A menudo, estas fantasías no son consensuadas. Uno debe
esperar esto. Una mujer que quiere ceder el control, que quiere que le digan lo
que tiene que hacer, es probable que tenga fantasías de ser forzada para
realizar actos sexuales, incluso si, en la vida real el que la “forzaran,” fuera
consensuado.
De ahí que, las mujeres sumisas piensen con frecuencia en ser
secuestradas, encarceladas y esclavizadas. Les divierten estar en el poder con
los hombres malos, que las sometan a azotes severos y castigos crueles. Ser
usadas, humilladas y violadas. Ya sea ser humilladas en un ritual público, como
ser paseadas desnudas por las calles o sometidas a exámenes médicos íntimos
bajo la mirada de los espectadores. Piensan en las señales corporales al ser
forzadas: los piercings, tanto permanentes (aros en sus labios vaginales como
en sus pezones) o temporales (agujas presionadas en su carne trémula, pinzas,
etc.), o en la escarificación o la marca. Algunas sueñan con la lactancia o la
fecundación forzada.
No pretendo sugerir que todas las mujeres sumisas tienen estas
fantasías o pensamientos, solamente que muchas de ellas parecen tenerlas. Y
creo que si sueñas durante el día con tales cosas, es probable que tengas
fuertes inclinaciones sumisas, incluso, si no actúas sobre ellas.
El dominante quiere conocer a su sumisa. Quiere conocer su cuerpo, a
lo que responde, de lo que es capaz y qué placeres anhela ofrecerle. Y quiere
conocer su mente. Si él está para controlarla, entrenarla y hacerla una buena
mujer para él, este necesita saber qué pensamientos oscuros guarda ella. Pero, la
sumisa puede ser reacia a desvelar sus secretos. Reconozco que una mujer pueda
guardar estas cosas para sí, encerrándose en sí misma, en su mundo interior. Y
las mujeres pueden ser tímidas a la hora de revelar sus anhelos sexuales más
íntimos. “Las chicas elegantes” no piensan en esas cosas. Las mujeres que se
respetan a sí misma no piensan sobre tales cosas. Las mujeres que se creen
iguales que los hombres, no están seguras de que deben excitarse con los
pensamientos de ser meros objetos de la lujuria.
Pero, de todos modos, el dominante necesita saber. Tiene que conseguir
su confianza y convencerla de que ella necesita dejarle entrar, por su bien y
por el de ella. Esta tiene que convencerse de que no importa cuán vulnerable
sus fantasías pudieran hacerla. Sin embargo, por muy degradantes que pudiera
ser admitirlas, él nunca pensará mal de ella. Al contrario, la admirará por su
honestidad y por su excitación cuando fantasea en su imaginación. Y él estará encantado
cuando ella se lo diga todo. Porque entonces, puede trabajar con este material
en beneficio mutuo, buscando las maneras de usarlo en su mutua excitación,
incluso, haciendo realidad esas fantasías.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Las necesidades de la masoquista
Esta es una idea que, durante
los dos últimos años, ella ha estado intentando definir y comprender, de cómo
se la aplica a sí misma como mujer y sumisa.
Como mujer masoquista, más
novata que algunas otras y, quizás, mucho más inexperta de lo que la mayoría
cree, al principio, ha luchado para llegar a admitir tal necesidad. Era hasta
casi vergonzoso, ¿quién, en su sano juicio, puede sentir una satisfacción
placentera al recibir algo tan simple como unos azotes con una fusta o un látigo?
Sin embargo, ella sentía tal satisfacción. También le parecía de sumo interés
cualquier tipo de implemento que fuera diseñado para tal fin e, incluso, algún
otro que no lo fuera. En raras ocasiones, se encontraba a sí misa mirando un
objeto e imaginando en su mente cómo podría ser utilizado para administrar
dolor y la búsqueda de uno o dos momentos para esa indulgencia. Algunos
instrumentos que ella había experimentado funcionaron y encontraron su camino
en su cajón privado, otros, no y, pronto, fueron descartados.
Sexualmente, sus fantasías
estaban llenas de actos de depravación y dolor, se masturbaba furiosamente ante
muchas de ellas y luego, mucho más tarde, se cuestionaba su propia salud. Ella
era una mujer que no disfrutaba con el dolor o, por lo menos, no estaba
dispuesta a admitirlo. Pasados estaban los recuerdos de cómo se sentía cuando,
involuntariamente, se cortaba un dedo y veía la sangre burbujeante delante su
piel. Pasados estaban los momentos de placer total y absoluto, mientras una
oleada de calor intenso recorría su cuerpo e infundía en su mente unos
profundos deseos eróticos. Pasados estaban los momentos después, cuando se dió
cuenta de que estaba bien saciada. Usted debe entender que la enseñaron que
tales tipos de cosas estaban equivocadas y que ella necesitaba una cura. En
aquel entonces, ella era una mujer joven y adulta y tenía poca o nula
tolerancia y comprensión hacia alguien fuera
como ella.
En esta situación, estaba
cuando su primer Dominante le dijo que tenía interiormente una necesidad masoquista
muy fuerte. Se rebeló y decidió luchar a la vez. Ella creía, a su propia
manera, no solamente de que intentaría luchar por esa misma realización, sino
también, iba a intentar presionar lo más posible a su Dominante. Los
pensamientos que la asediaban y el deseo que las palabras de su Dominante le
estaban provocando, le causaban también miedo y asco a la vez. Sin embargo, a
pesar de ello, hubo un movimiento de comprensión dentro de su propio corazón.
De cualquier modo, ¿esta nueva inquietud era normal y saludable? ¿No era ella
la misma mujer que aceptaba y hablaba de cada persona, independientemente del
género y la cultura, de la sociedad o entorno, teniendo intereses únicos y
diversos que no fueran menos normales y saludables que los de otras personas?
Aunque, pudiera ser que la búsqueda de ciertas expresiones fueran, por
cualquier razón, menos aceptadas que otras, no eran de menos importancia para
personas que buscan una manera de disfrutar de ellas activamente.
Empezó a darse cuenta que,
dentro de ella, estaban el hambre y la sed y que no pueden ser saciadas por una
simple interacción sexual. De hecho, el sexo estaba empezando a aburrirla. Era
necesario contar con un elemento añadido de dolor y placer, equilibrado y
controlado por la mano de un hombre capaz de mantenerlo de esta manera. Su
Dominante llegó a ser ese hombre para ella. Ésta le cedió su control para
estimular y producir respuestas de ella misma que ya estaban chisporroteando a
fuego lento bajo su piel, solamente bloqueadas por las dudas y la incredulidad.
A través de sus interacciones, él exploraba y dirigía su mente y su cuerpo para
aceptar eso que ella no podía, liberando al animal sensual y cálido de una
mujer que se nutre de una mezcla deliciosa y retorcida de un severo dolor y placer.
La necesidad empezó a crecer y
desarrollarse. Muchas veces, ella le rogaba más dolor y, cada vez, encontraba y
descubría que ese dulce alivio era mejor para su crecimiento. Sí, existía algo
increíblemente seductor en ese dolor puro y erótico. Algo que, incluso, hace
que la vagina más seca empiece a humedecerse y filtrar su flujo como una fuente
desbordante.
Ella necesitaba encontrar más
oportunidades para disfrutar y expresar esta necesidad en las manos de su
Dominante. Empezó a leer, informarse y hablar con dominantes sádicos. Al ser
una mujer masoquista novata, liberada recientemente, le fue muy fácil mostrar
su necesidad interior. Ella era una atracción para que cualquier sádico le
hablara, porque, como ya he descrito, había algo dentro de esta masoquista que
atraía poderosamente a aquellos que eran su contraparte, los sádicos.
Por mucho que ella empezara a
frenar su respuesta sumisa dentro de ella, por la falta de comprensión de su
Dominante, descubrió su propia frustración que, aún la unía más profundamente y
con más fuerza, a quien y lo que ella era como mujer. Aunque pudiera realizarse
con cada hombre, no lo sentiría. No todos los hombres Dominantes son sádicos.
¿Cómo podría ella luchar contra la naturaleza? No podría, no podría luchar más
contra su naturaleza de mujer masoquista, no podría ignorar el placer de ser
mandada y realizada por un Dominante fuerte, sádico e inteligente.
Su necesidad interior está ahora
abiertamente expuesta por ella misma y reconocida o comprendida por aquellos
que la atestiguan. Tiene unos deseos muy fuertes e intensos, a los cuales, ella
se somete. Y más aún, a los que todavía tiene que someterse. Sin embargo, tiene
una cierta responsabilidad en esto. Como mujer masoquista, todavía es
responsable y consciente de los riesgos que asume. Demasiados, al usar su
juicio y discernimiento para elegir – hipotéticamente – a esos hombres a los
que en el transcurso de su participación, inevitablemente, les tenga que
entregar su control. Su propia necesidad no puede, por sí misma, permitirse el
invadir o controlar su realidad. Deberá y permanecerá consciente de quién es y
qué es ella y de los peligros que ha aceptado.
Por una buena y lógica razón,
la necesidad no invalida ni niega esa necesidad.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Azotes y ser azotada
Una cosa buena de las fantasías es que puedes ser lo que tú quieras ser. Si yo quiero ser un hombre azotando a una mujer, puedo serlo y si quiero ser la mujer que está siendo azotada, puedo elegirlo también. Al igual que, puedo ser un alienígena o un aeroplano.
Tengo que admitir que el spanking es interesante desde ambas perspectivas. El azotar a una mujer es una idea irresistible, tenerla sobre mi regazo y dejar caer una lluvia de azotes directamente sobre su trasero desnudo.
No sé cuánto tiempo la estuve azotando, pero fue durante un buen rato y ella se resistía y retorcía en mis manos, mientras el cepillo del pelo, de madera, golpeaba su piel desnuda. Me sentía feliz, excitado y lo disfrutaba. No sabía ni me imaginaba que azotar a una mujer en su culo, fuera tan divertido. Dejé de pensar que yo debería ser indulgente con ella. Quería ver y oír el golpe del cepillo sobre su piel sensible y sentir su dolor. Ella estaba allí para mí y yo disfrutaba azotándola y sólo me preocupaba de su satisfacción por ser azotada. Su dolor era una parte de ello, pero no existía ninguna sensación de querer hacerla daño. No había rabia ni odio, solo alegría y júbilo. Su dolor era mi deseo, pues lo hacía por mi lujuria, la de ella, por el ruido de los azotes y por su visión.
Me dí cuenta que ella había dejado de luchar y se quedó quieta en mi regazo para seguir siendo azotada. Su cuerpo se retorcía cuando el cepillo golpeaba su culo, pero ella parecía aceptar el dolor y se lo llevó consigo por mucho que intentara evitarlo. Continué durante un rato más sin querer parar, pero después de algún tiempo, me sentí cansado y pensé que, en realidad, ya había recibido bastante.
Al mismo tiempo de ser azotada, el someterse a la crueldad de ser azotada es muy excitante también, tal vez, aún más. La idea de entregarse al castigo, sin controlar el poder proyectado sobre su persona, con alguien que usa ese poder para hacerla sufrir, es algo terrible – terrible, pero bueno.
“¡Levanta tus caderas!” Le dije. Ella sabía para qué era esto, lo cual era mucho más degradante. Hizo lo que la dije y sintió mis dedos entre la cinturilla de sus bragas. Con cuidado, las deslicé hacia sus rodillas y, de pronto, estaba casi desnuda. Este ritual lo había conocido antes una vez y ahora, que estaba medio desnuda, bocabajo sobre mi regazo. Yo estaba, por supuesto, completamente vestido y ella sentía la tela de mis pantalones contra su piel desnuda. Esto la hacía sentirse aún más vulnerable que antes. Ella era simplemente una mujer medio desnuda en el regazo de un hombre, a punto de ser azotada y el desequilibrio, entre el estar yo vestido y ella semidesnuda, la hacía sentirse aún más humillada. Por extraño que parezca, ella encontró este sentimiento de humillación muy adecuado. Iba a ser castigada y la humillación era, también, parte de su castigo.
Yo no dije nada cuando cogí el cepillo que estaba junto a mí sobre una mesa pequeña. Pero ella, al verlo, sintió un escalofrío que recorrió su cuerpo y, por ello, se sintió traicionada, disimulando lo avergonzada que estaba.
Esto es una diatriba y para ser honesto, no estoy seguro de lo que estoy tratando de decir, tal vez, que he encontrado la idea de dar unos azotes a alguien que quiere y no puede…Es el milagro de las fantasías
viernes, 14 de septiembre de 2012
En su rostro
Ella sabe exactamente lo que quiere. Yo también lo sé y, al menos, lo
quiero tanto como ella. Quiere que yo me ponga a horcajadas sobe ella, mientras
está boca arriba en la cama y que ponga
mi verga en su boca, la folle violentamente, luego la saque y me corra en su
cara.
Para mí, hay pocas cosas más eróticas e, incluso en movimiento, que la
vista de la cara de una mujer chorreando con mi semen. Pero, ¿qué es lo que me
atrae tanto? Supongo que existe una especie de tabú sobre ello. El hombre está
destinado a eyacular en el interior del cuerpo de la mujer. Existe una larga
tradición en la ortodoxia judeo – cristiana en contra del derrame de la semilla
del hombre. Esto es, porque se supone que el sexo está predestinado para la
procreación. La masturbación, la sodomía y el sexo oral están proscritos porque
hace imposible la concepción. Por lo tanto, uno de los placeres de correrse en
la cara de una mujer es un pecado. Pero, para mí, que solamente tengo vestigios
de sentimientos religiosos, se trata de algo más que eso. Creo que nadie sea
más atraído por un coño que yo, pero un coño no tiene poderes expresivos.
Mientras que cuando te corres en la cara de una mujer, esta puede ver lo que
haces, sentirlo también y su cara registra sus emociones.
He visto una especie de sonrisa beatífica en la cara de una mujer
sobre la que acababa de eyacular, una expresión de profundo placer y
satisfacción, incluso de asombro. Es como si el semen brotara de ella, es una
especie de tributo a sus fuertes deseos, una especie de ofrenda y que ella se
siente complacida y honrada al recibirlo. Es una prueba tangible, muy visual y
táctil de que el hombre lo deseaba tanto que perdió el control de si mismo en
el momento del clímax. Creo que las mujeres disfrutan mucho de esa sensación,
que pueden excitar a un hombre hasta el punto de que no puede evitar eyacular
sin que él pueda controlarse. Sí, como ya sabemos, él puede correrse en el
interior de su vagina y eso es muy hermoso. Pero, no tiene esa sensación de la
inmediatez, no es tan palpable y plástico. No como en su cara, por acuñar un
término.
Algunas veces, es agradable jugar con ello después, limpiando las
gotas de su mejilla con su dedo y hacer que lo limpie chupándoselo o untándolo
por su cara, para que ella pueda sentirlo seco en su piel, como si fuera un
recuerdo. En ocasiones, incluso he lamido un poco de él, ya fuera de mi mismo.
Todo hombre debe conocer el sabor de su semen antes de que vaya a salpicar la
cara de otra persona.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
¿Es una cierta crueldad?
Este artículo
es un breve extracto de algo que escribí hace un tiempo. Doy por hecho que escribo más sobre lo que sucede en la mente
de ella que en su cuerpo.
Y tengo que decir, que me
parecen muy interesantes sus interpretaciones de los artículos que he escrito
sobre los azotes. Pensé que había dejado algunas cosas sin decir, por lo tanto,
diferentes tipos de interpretación son posibles.
“Esto
es una locura," pensaba ella. "El día fastidiado. Mi mente confusa, no puedo
concentrarme. Necesito centrarme, necesito tener mis facultades despejadas.
Tengo trabajo que hacer y necesito estar aquí.”
Él le hizo perder el día
de ayer. Ella no durmió bien. ¿Cómo iba
a poder dormir? Él es un hombre malo. Sabía que su día sería horrible.
Todo porque le envió un
SMS. Muy moderno. Ella es igual que él. Una combinación de extremos: mente
medieval y conocimiento de las tecnologías del siglo XXI.
“Mañana, a las 8, está
preparada.” Este conciso mensaje fue lo que le envió. Ella intuía que algo
tenía que venir, que no era una sorpresa. Más bien, una sorpresa intuida. Aún
así, su corazón empezó a latir y, en realidad, no dejó de hacerlo desde
entonces. Estas dos palabras: “…está preparada,” marcan la diferencia.
Significan que será muy severo.
Su día laboral se había ido a
pique, no podía concentrarse en su trabajo, sus colegas creían que estaba
triste o enfadada y no podía hablar con nadie sobre esto, ni incluso con sus
mejores amigas en la oficina. Es muy probable que se cayeran de las sillas si
les dijera que estaba nerviosa por un castigo.
Después del trabajo va a salir con
ellas. Sabe que le preguntarán cómo está, qué le pasa, etc. No puede hablarles.
No la comprenderían. ¿Cómo podrían ellas comprenderla?
“Ya
ves, estoy con este hombre que me castiga cuando hago algo mal.” ¿Cómo podrían ellas reaccionar ante esto? Llamarían
a la policía, la obligarían que fuera a declarar.
En realidad, debería pagar su Amo por
enviarle un SMS como ese. Ella no era todavía muy eficiente en su trabajo. No
podía quitárselo de la cabeza. No podía dejar de pensar en este castigo.
Él sabe lo que está haciendo. Sabe
exactamente cómo reaccionará, sabe muy bien que le quitará el sueño y le
fastidiará el día. Él busca eso. Quiere que ella se sienta así. Ella quería que
fuera en cuanto antes, mejor esa misma noche. Quería realizarlo y solucionarlo
de una vez.
“La
espera de un castigo es como esperar al dentista. No, es peor. El dentista, al
menos, intenta minimizar tu sufrimiento. Un castigo es lo opuesto. Él quiere
que yo lo sufra. Quiere que sea duro.”
Pensaba ella.
Para ella, “Está preparada,” significa
que será muy severo, con mucho sufrimiento para ella, un castigo muy duro. No
puede dejar de preguntarse: “¿Qué será?
¿Cómo será?”
“Severo” puede significar que sea muy
largo o muy doloroso. O ambas cosas a la vez. Él tiene una paleta de madera
pesada, como la suele llamar. Esto es lo que quiere decir. El peso de la misma
significa dolor. En verdad, duele muchísimo.
No quiere pensar en ello. Está en el
trabajo y sus colegas se preguntarían en que estará pensando. Sin embargo, no
puede dejar de pensar en la temida paleta.
También, alguna vez ha usado una caña
de bambú, que no tiene nada de agradable. Se supone que es peligrosa, puede
partirse y cortar o, mejor dicho, podía cortarla. Pero, él es muy cuidadoso con
estas cosas. Confiaba en él. La vara de bambú es muy, muy dolorosa. Su núcleo
es bastante duro y flexible.
“Pero,
duele muchísimo. Suponía que es para causar dolor. Después de todo, es un
castigo. No me gusta, ni creo que me llegue a gustar nunca,” reflexionaba ella.
Todo es una contradicción. Sentada en
esa oficina, ser una profesional, ser buena en casi todo, estar entre sus
compañeros siendo cortés y agradable a la vez y de un comportamiento correcto.
Y sabiendo que esta noche, estará tumbada boca abajo sobre sus rodillas o en
alguna otra parte y mostrando una cierta desnudez. No sabe exactamente cómo
estará vestida, pero está muy segura que no tendrá puestas sus bragas. Ella
misma se desnudará y recibirá el castigo sobre su cuerpo.
“Es una locura. Sé que es
una locura dejar que alguien me castigue, dejar que alguien decida esas cosas,
dejar que alguien elija infligirme dolor. Es una locura, especialmente, si no
estás tan asustada como yo lo estoy. Sé que estoy loca.”
“Estimadas colegas,
vuestra compañera de trabajo, que está sentada entre vosotras, esta noche irá
al apartamento de su compañero y ella misma será sometida a este cruel y
doloroso castigo para el cual, ella desnudará su cuerpo con el fin de hacerlo
más doloroso. Posiblemente,
no pueda decirles por qué estoy tan nerviosa. Me encerrarían si lo
hiciera.”
“Porque no puedo hacerles
comprender que yo quiero esto. ¿Cómo podrían ellas comprender que existe una
mutua comprensión entre él y yo en esto? ¿Cómo podrían comprender que le he
dado este derecho, este derecho a controlarme a mí y a mi cuerpo, entregándome
yo misma a él? ¿Cómo podría yo explicar que, aunque tenga miedo nada más que al
pensar en mi castigo, lo haré, porque realmente quiero tener ese poder sobre mí
y darle ese poder significa que lo usará? No tendría sentido si no lo hiciera.
¿Cómo podría yo decirles
que lo quiero? Insistía ella en sus reflexiones.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Comercializando el sexo
Una lectora me pregunta si puedo sugerirle algunos juguetes eróticos para cada día y, así, poder usarlos cuando esté con su Dominante. Es curioso que algunos objetos puedan tener una simple utilidad en gente respetable y sean pervertidos en la gente atrevida que los usa con más imaginación.
No creo que alguien que esté leyendo este blog, necesite que le programe lo que pueda hacer con unas pocas pinzas de la ropa. Con toda seguridad, me he divertido mucho cuando las he usado en una temblorosa mujer sumisa. Así mismo, los cepillos del pelo son muy manejables, no solo como herramientas para azotar, ya que el mango tiene también sus aplicaciones. Las cucharas y espátulas de madera son las más obvias candidatas para divertirse y jugar. Normalmente, casi siempre existe una cadenilla en un cajón y anudándolas en las pinzas que aprietan los pezones dan mucho juego. ¿Has tratado de utilizar alguna vez esos pequeños artilugios que absorben el aire de las botellas de vino antes de ponerles el tapón? Yo no los he utilizado, pero algunas personas le sacan mucho partido.
Siento la tentación de relacionar esta clase de artilugios con lo que los analistas culturales se refieren como bricolaje, en los que la gente recoge objetos de una actividad y los utiliza en otra diferente. En un principio, todos los de la actividad de la D/s se basan en esto. De vuelta a los viejos tiempo (cuando lo eran), esto era todo lo que había, cosas como utensilios de cocina y uso doméstico que se prestaban a adaptarse como juguetes eróticos. Es relativamente reciente, cuando el mercado ha desarrollado los juguetes sexuales a medida. Tal vez, algunos de ustedes tengan la edad suficiente para recordar los tiempos anteriores a los vibradores, cuando las mujeres jóvenes utilizaban engorrosos artilugios de masaje, descubrían ingeniosas aplicaciones sexuales con las aspiradoras o, incluso, se subían a las lavadoras cuando necesitaban una estimulación sexual.
Pero, el capitalismo actual es muy “diligente” para buscar nuevos nichos de mercado y diseñar nuevos productos o ampliar aplicaciones de otros ya tradicionales. Los teóricos del marketing llaman a esto “comercialización.” Actividades que empiezan como áreas de ocio humano fuera de la economía de mercado que, llevadas a cabo por puro placer, llegan a transformarse en campos de explotación comercial. Lo que antes estaba disponible de forma gratuita, está ahora envasado y se vende. Tanto la actividad por sí misma como el mecanismo para llevarlo a cabo. Por tanto, actualmente existe un negocio multimillonario fabricando juguetes sexuales de todas las clases, sin mencionar todas las otras actividades sexuales que son explotadas por emprendedores: como la pornografía, sex clubs, agencias de encuentros, etc.
Esta es la cultura en la cual vivimos actualmente. Se nos presenta como un gran manjar a elegir, si tenemos dinero, claro. Así pues, ¿quién se queja?
Por eso, algunas veces me pregunto, si uno no puede tener algo tan divertido como una cuerda larga, un cinturón de cuero o una bufanda. Ninguno de estos artículos ha sido comprado para fines atrevidos o sexuales. Por otra parte, me gustaría encontrarme con una mujer que, habiendo probado un vibrador, me dijera: “No, gracias, me quedo con mi mano derecha, no quiero que mis orgasmos estén comercializados.”
Con esto, no quiero decir que ella abandone por completo su método manual. Sino que es buen saber que la mecánica tradicional está ahí. Algunas veces, un vibrador se puede parar.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Gracias, mi Señor...
…tenía la punta de mi clítoris muy inflamada y, apenas apoyé la yema de mi dedo sobre la misma, lenta y muy pausadamente, dejé correr como agua tibia el primer flujo sobre la cama… de este modo, continué hasta dejarme caer, como si usted me observara y controlara mis impulsos…la sincronización perfecta de mis contracciones y los paulatinos orgasmos derramándose entre mis dedos, llevándolos a mi boca, beberlos, lamerlos, saborearlos, tragándomelo todo, sabiendo que Usted estaba aquí, mirándome…
Gracias, mi Señor, por los dos orgasmos permitidos… Espero haberle complacido…
Le decía una sumisa desconocida a su Amo…
lunes, 3 de septiembre de 2012
¿Me arrodillo por obediencia o sumisión?
La sumisión generalmente puede generar poder: al darte cuenta que tienes algo que dar y que eres capaz de dominar tu propia voluntad para entregarte de la manera que tu Amo quiere, en vez de la manera que tú piensas. Ella o él debería quererlo, puede inspirar orgullo: no el falso orgullo de un ego inflado, sino el orgullo verdadero que, como la humildad, procede del conocimiento más profundo que la sumisa tiene de sí misma.
Creo que la sumisión plena requiere una fe tan ciega como la de un niño. Esto no es una cosa fácil para una mujer que creció forzada a ser completamente independiente y a cargo de todo lo que la rodeaba. Tener que ser una persona adulta antes de que haya crecido, significa aprender a cuestionarlo todo y poca confianza. Aprender a reprimir los sentimientos y esconder las emociones. Una mujer que crece de esta manera puede ser vista como “madura para su edad,” responsable, inteligente, sensata y, sí, esto puede significar cosas muy buenas en muchas parcelas de su vida. Por ejemplo, puede conseguir el éxito profesional, académico, social, etc. Pero, esa misma chica también puede convertirse en una mujer cabezona, desconfiada, consciente de una imagen recelosa, muy mujer. No es fácil para que esa mujer pueda ser sumisa.
“Ben Alí, mi naturaleza es ser sumisa, pero, aprendí a rechazar esa parte de mí. A veces, mi relación con él ha tenido consecuencias negativas por esta negación de mí misma. Hace un año, tomé la decisión de respetarle, honrarle y someterme a él. Tomé la decisión de estar sexualmente disponible. Tomé la decisión de no aplazarla. Tomé las decisiones de renunciar al control que se extiende a todos los aspectos de mi vida. Renovamos nuestros votos el uno con el otro antes de que la familia y los amigos que se sentaran con una incredulidad silenciosa para oír palabras tales como “obedecer” y “esposas que se someten a sus maridos.” Estoy comprometida con él y con estas promesas, pero la sumisión no es todavía fácil.”
“Es muy difícil someterme cuando no estoy conectada con él emocionalmente. La vida y mi profesión me obligan a estar demasiado tiempo bajo control, dirigida, demasiado perfecta. El ser feliz es para mí muy difícil con esta vida tan agitada que llevo. Los dos estamos muy ocupados. Siempre voy corriendo en busca de aeropuertos y trenes. Al correr hacia donde él está, no me hace sentirme temerosa, sola, miserable o descentrada. No podemos conectar. No puedo encontrar ese sitio donde yo me sienta centrada y capaz en vez de someterme. Necesito que venga a mí y me diga: “¡Basta!” Cuando no puedo encontrar mi sumisión, necesito que me exija obediencia.” Me confiaba ella.
Hay una diferencia entre obediencia y sumisión. Es posible obedecer sin someterse. La obediencia es una acción externa, mientras que la sumisión es una actitud interior. Con otras palabras, él puede instruirte para que te arrodilles delante de él y, entonces, tú puedes obedientemente caer de rodillas ante él, pero, eso necesariamente no significa que estés de rodillas mentalmente. Te puede decir que te arrodilles y le presentes tus nalgas para que sean azotadas y la mujer, en la habitación puede físicamente hacerlo, pero, en su mente, “su niña interior” todavía puede estar de pie o, incluso, pateando y gritando o tirándose al suelo.
Al exigir obediencia, no significa que no haya ningún valor en él. Mediante la práctica de la obediencia, la mujer que no es sumisa puede aprender sumisión. Contra más obediente sea, con más frecuencia, a su rebelde niña interior se le presenta la oportunidad para sentir la belleza de la sumisión, la calma del cumplimiento, la paz que procede al centrare en las necesidades de él.
Una mujer puede arrodillarse solo por obediencia, pero cuando se arrodilla, se ve obligada a mirar hacia él. Su posición sobre ella es reforzada. Ella siente que sus rodillas presionan sobre el suelo y la hacen consciente de su cuerpo, cómo está posicionada y cómo la mira él. Es duro para esa niña interior que patalea y grita cuando está arrodillada. La propia posición es un símbolo de humildad, de súplica, de admiración, de deferencia, de aceptación – todo lo que la sumisión requiere.
Al obedecer la orden de que se arrodille para ser azotada, puede superar su insumisión más rápidamente que siendo azotada en cualquier otra postura. Exponer su trasero sobre las manos y rodillas es innegablemente una postura de sumisión. A diferencia de cuando él la pone sobre sus rodillas, arrodillarse para recibir un azote, priva a la desafiante insumisa de la comodidad de estar cerca de él y la seguridad de tener su regazo debajo de ella. También es una postura muy exigente físicamente, es difícil permanecer enojada y agresiva cuando tiene que centrarse en mantener su posición.
“Él me dice que le traiga la paleta de cuero escondida en su cajón de la mesilla de noche y luego, esperar a que se arrodille en nuestra cama, yo con las bragas sobre mis rodillas dobladas. Su dirección me hace sonrojar en la humillación y de dudar un momento, considerando brevemente cómo puedo desafiarle. Pero, he prometido y, aunque no me pueda sentir sumisa, honraré mi promesa y obediencia. Porque me dijo que lo hiciera, lo haré. Cuando llegue el momento, después de que los azotes hayan terminado, él con una voz firme y tranquila, al verme sollozar, me hará señas desde la cama. Hará un gesto para que me arrodille ante él, donde sentado en un sillón en el rincón de la habitación, mi resistencia se ha ido, azotada por completo con los golpes duros y picantes de la paleta de cuero, al anochecer, me llevaron hacia él.”
“Arrodillarme ante sus pies, mientras está sentado en su sillón, mi trasero desnudo se cierne justo por encima de mis rodillas – la quemazón de los azotes es todavía demasiado intensa para que haya cualquier contacto. Me siento pequeña, humillada y tranquila, pero también me siento querida y amada. Obedecí cuando dijo que me arrodillara y fuí azotada. Me sentí expuesta e incapaz de esconderme. Él vió todo mi cuerpo, inclusive esas partes íntimas que no puedo desnudar para mirarlas en el espejo, pero él no dejó de amarme. La mujer que no confía fácilmente, que le desafía en todo, le obedeció. Ella optó por confiar, optó por no desafiar. Ella se arrodilló sobre la cama y esperó, porque la dijo que lo hiciera. Ella hizo caso omiso de la mujer que toma sus propias decisiones y controla su propio universo.”
Al arrodillarse, la mujer sumisa encuentra la humildad y la dignidad. Muestra su gracia y feminidad – la sumisión expresa cada una de estas cualidades.
“Sigo manteniendo mi trasero desnudo justo fuera de la alfombra, debajo mis rodillas, mientras me inclino hacia adelante y le muestro la profundidad de la sumisión que he encontrado. Siento sus ojos mirando hacia mí, siento sus dedos enredarse en mi pelo que está todavía húmedo por las lágrimas, siento su cuerpo temblar de placer. Estoy centrada de nuevo, estamos conectados.”
Algunas personas podrían sacudir sus cabezas en señal de desaprobación, decir que es una mujer débil, que está preocupada, decir que su Dominante es un abusador o, por lo menos, muy manipulador si ha podido convencerla para que le obedezca de esta manera.
Pero ambos, dentro de su relación, Amo y sumisa, piensan de un modo diferente.
“Ben Alí, él es un hombre fuerte, bueno, cariñoso e inteligente. Sólo porque yo me arrodille y espere, no significa que él no reconozca que yo sea su digno igual para estar a su lado. Que él me azote no significa que no se merezca mi sumisión. La reconoce como un regalo que yo le entrego. La sumisión requiere la confianza y la fuerza que la mera obediencia no tiene. Al exigir obediencia, ha allanado el camino para que yo reclame mi sumisión, pero él no me ha forzado a someterme. He elegido libremente darle este regalo. Al saber que tengo la fuerza para arrodillarme ante él voluntariamente, me hace más confiada y segura. Al saber que es el deseo de mi corazón someterme a este hombre, confirma la pasión y el amor que existe entre nosotros.”
“Gracias por escucharme, leerme y darme sus opiniones.”
Una sumisa desconocida
viernes, 31 de agosto de 2012
Las necesidades del sádico
Tengo una profunda y oscura
desesperación cociéndose dentro de mí. La controlo. Yo siempre la controlo. Y
el efecto secundario y lamentable de
tanto control es que mi corazón se vuelve frío y entumecido.
Nunca pregunté por qué soy de esta
manera. Esto, para mí, ha sido una fuente de mucha búsqueda del alma y una agonía
espiritual y moral. No soy budista, pero recibí una visión intermitente sobre
el Karma de todas las cosas, antes de que yo despejara mi alma. Y esto fue
después de que hiciera las paces con el diablo. Estoy lejos de terminar
agonizando sobre aspectos de mí mismo, pero ahora, estoy en el camino de la
integración. Estoy en el camino de casa.
A través de mi interminable
auto análisis, sé que mi poder motivador es una frenética búsqueda de la
intimidad. Que se manifiesta cuando más cerca me siento de una mujer, más
fuerte siento por ella… más fuerte es mi deseo por… deshonrar y abusar no son
las palabras correctas; la violencia o el dolor nunca son el punto, no son más
que herramientas para forzar su mente, para que retroceda hacia el interior de
ella, para que yo pueda seguir hacia su interior, donde hace calor. Algunas
veces, estoy tan desesperado por ese nivel de intimidad que, pienso que podría
rasgar su piel y su carne, solo para llegar al centro de su corazón.
Necesito a alguien lo suficientemente
fuerte para que pueda alimentarme de ella y con ella. Necesito alguien para que
rompa las costuras, de modo que ella no pueda pensar en nada, sino sólo ser
cogida y consumida, alguien que se esforzara en darme lo que yo tan
desesperadamente necesito. No puedo soñar en recibir de alguien que no tiene
nada, en alguien que se viera disminuida por estar conmigo.
Necesito una relación
simbiótica, una, en la cual, ella sienta que sus pechos están demasiado
congestionados con la leche y yo la esté salvando al drenarla, mientras me
muero de hambre y ella se ahorra el cuidarme. La necesito para que se sienta
como agradecida por mi presencia, como yo lo estoy por la de ella. Necesito a
alguien que me sorprenda con las necesidades de su propia fuerza y me atraiga
más y más profundamente hacia su propia oscuridad.
Al igual que Gollum, necesito
un tesoro para cuidarlo, alguien para centrar, para cuidar. Necesito a alguien
que comprenda mi necesidad, para tranquilamente acariciar su pelo mientras me
abraza viendo la televisión y necesito alguien que comprenda cuando me despierto en medio de la noche, me ponga
encima de ella y la penetre, la uso como un juguete sin mente. De hecho, a
alguien que me comprenda, necesito a alguien que suspire por ello.
Necesito a alguien que sea una
cómplice ansiosa en su propio libertinaje y consunción, alguien que sea una
víctima dispuesta en el altar de mi deseo y que pueda esperar a volver a ser
sacrificada una y otra vez.
Es una meta increíblemente
alta. Lo reconozco. Sin embargo, soy paciente. Tengo tiempo.
viernes, 24 de agosto de 2012
¿Soy dominante?
El camino de la mujer sumisa para aceptar su naturaleza puede ser un reto, pero, al menos, es conseguible. Lo que quiero decir es que, incluso si es completamente ajena a su naturaleza, existen muchas señales que hacen fácil descifrar tanto su inclinación como su intensidad. Y así, aunque su desarrollo no sea fácil, al menos, es posible. La mujer sumisa despliega su naturaleza en una amplia variedad de formas bastantes obvias. En particular, el intenso estado mental conocido como “fiebre de la sumisa.” Un estado de una excitación elevada que no puede ser apagada solamente a través de las interacciones sexuales. Lo interesante del deseo de la sumisa es que es innegable. Incluso, para una sumisa no “despertada,” una vez que lo percibe, lo reconoce, aunque no llegue a entenderlo.
Muchas mujeres me han escrito sobre su primera experiencia sobre la fiebre de la sumisa – llamo “fiebre de la sumisa” a ese deseo intenso, abrasador e irresistible por entregarse -, cómo no lo llegaban a entender e, incluso, fueron muy temerosas, a veces, sobre esa sensación. Pero no podían ignorarlo. La fiebre de la sumisa no es solo estar en celo. Si así fuera, una sesión rápida, de entrar y salir, serían más que suficiente para satisfacer su anhelo, pero, el hecho es que el sexo no es lo es todo.
Por lo tanto, hay más indicadores que permiten a una sumisa ser identificada, tanto por ella misma como por los demás. Pero, ¿qué pasa con el dominante? ¿Cómo un hombre sabe si su naturaleza es dominante? ¿Cómo puede descubrirlo? ¿Cómo puede alguien reconocerlo? Quizás, lo más importante, ¿cómo puede un dominante desarrollar su naturaleza? A diferencia de las sumisas que, generalmente parecen responder bien al entrenamiento, la mayoría de los dominantes tienen poco deseo de ser entrenados y, ciertamente, no por otros dominantes. Es una cuestión de estatus.
Este problema parece dividirse en dos áreas típicas diferenciadas. Una, identificar los rasgos dominantes de alguien y dos, desarrollar esos rasgos. De los dos, creo que el primero es algo más que un reto.
Antes de continuar, debo decirles que mi opinión personal es que la mayoría de los hombres son dominantes por naturaleza, aunque algunos son más intensamente dominantes que otros. Esto es natural, ya que el hombre está genéticamente codificado para ser dominante, pero algunos hombres (como el macho alfa), evidentemente, son más asertivos en la expresión de su dominio.
¿Por qué, entonces, parece tan difícil para muchas mujeres sumisas encontrar una pareja dominante? En pocas palabras, a la mayoría de los hombres, les resulta difícil expresar su dominio natural. Ellos han sido socialmente condicionados a creer que es malo e inmoral ser así. Han sido décadas, generaciones, de activas campañas de las legiones de lo políticamente correcto, promocionar la idea de que los hombres y las mujeres son intercambiables con respecto a su sexualidad y modelos de interacción. Y así, los machos han suprimido sus tendencias naturales y, en su lugar, las han sublimado en otras áreas como los deportes, hobbies y conductas desadaptativas, etc.
¿Qué señales existen para identificar si un hombre es dominante? ¿Un deseo de controlar su entorno? ¿Opiniones mantenidas con firmeza? ¿Una capacidad (o deseo) para imponerse y salirse con la suya? ¿Un grado de confort manteniendo las riendas del control? ¿Un deseo de liderar más que de seguir? Todas estas cosas son legítimas, pero creo que lo que hace al hombre dominante es mantener el control con un alto sentido de la satisfacción. Es obvio que algunos pueden estar motivados para el control debido al miedo. El temor a perder el control hace que las consecuencias sean negativas. Por lo tanto, ellos intentarán controlarlo todo (también conocido como la micro-gestión).
Pero, el dominante de verdad no teme perder el control, para esto no lo buscan. Más bien, para llevar el control como una salida a su naturaleza. En pocas palabras, se siente bien. Él no necesita controlar cada pequeño detalle de una situación, le es suficiente saber que puede hacerlo en caso de que lo decida.
Aquí creo que está la base para entender la diferencia fundamental entre los que abusan y aquellos que dominan. Los maltratadores usan el control como arma contra las personas de las que abusa. El dominante usa el control como una herramienta para mejorar y desarrollar el entorno que le rodea. El maltratador teme la pérdida del control, el dominante, en absoluto, lo teme.
Es curioso, pero mi descubrimiento ha sido que un montón de mujeres muy sumisas, a menudo, son etiquetadas como “fanáticas del control” antes de que hayan sido despertadas por su naturaleza. Reflexionando sobre esto, es fácil de entenderlo y explicarlo. Una mujer sumisa, no despertada, usa el control como una manera de crear una barrera entre ella misma y su naturaleza. Al controlar a aquellos a quienes la rodean, ella nunca tiene que lidiar con su propia pérdida de control, que es la inevitable consecuencia de admitir su naturaleza. Muchas (si no la mayoría) de las mujeres están aterrorizadas por la pérdida de control que viene cuando se entregan a un dominante. Hablan de un abismo, un precipicio, una grieta de una negrura enorme. Lo comprendo. Ellas han tenido que controlar a todo el mundo que las rodean como una manera de sentirse seguras, de que nadie las controla. Lo cual anhelan en lo más secreto de sus corazones. Han sido hechas para temer por su condicionamiento social. Que extraño y triste.
Pero, volvamos al dominante, ¿cómo puede un hombre saber su naturaleza? Tal vez, la manera más fácil sea tener una experiencia sumisa que le sirva y observarle cómo se comporta. He visto esto con frecuencia. Algunos hombres no tienen ni idea de lo que hacer cuando una mujer hermosa se arrodilla a sus pies y se ofrece para servirle. Su reacción es, con frecuencia, levantar a la mujer del suelo e intentar hablarle del “por qué es degradante y malo arrodillarse delante de un hombre.” Estos hombres, probablemente, no sean dominantes por naturaleza. Otros, quizás la mayoría, se aprovecharían sexualmente de la situación. Y, ¿por qué no? El uso sexual es la manera más fácil de expresar la dominación o sumisión y pocos hombres resistirán la tentación de un servicio sexual ofertado libremente. Tales hombres son, creo, entrenables. Pero, hay una categoría más, la de aquellos que, siendo hombres, al ver a una mujer arrodillarse, tienen un sentido de lo correcto sobre la situación y tratan de entenderla. Si bien, pueden usar a la mujer de una manera sexual, buscarán una valoración más profunda de la situación. Tales hombres son obvios candidatos a ser enseñados sobre las maneras de dominar y someter.
¿Qué pasas si una sumisa no experimentada está disponible? Entonces, lamentablemente, resultará mucho más que un reto para el dominante no realizado, el aprender de su naturaleza. Por supuesto, siempre hay libros (tantos de ficción como de no ficción), y ayudarán hasta cierto punto. Pero, lo que realmente se necesita, es una manera para que el hombre exprese su dominación y que simplemente no pueda ser hecha a través de un libro.
martes, 21 de agosto de 2012
El corsé
Él sabía con exactitud qué tipo quería para ella. Algo completamente pasado
de moda, como los que se pudieran ver en una vieja película en el París de la
belle époque. Con toda probabilidad, negro o posiblemente, rojo o, tal vez, rosa,
con toda certeza, de raso, con unos adornos de encaje. La blusa de corte muy
bajo, casi hasta los pezones y las cintas laterales, estilo halcón, para que no
impidan la vista de la soberbia carnosidad producida por la presión del corsé.
Por supuesto, muchos corsés victorianos se prolongan hacia abajo para cubrir el
trasero, pero él no está a favor de esto. Quiere que su trasero quede expuesto. Llevará
una tanga a juego y en cada lado del corsé, dos ligas para las medias. Las
ligas y el corsé van de la mano como el pan con la mantequilla.
Buscan juntos por Internet y encuentran el artículo correcto. Cuando se
lo entregan, ella le invita a más de lo que puede a posar para él. Se despoja
de sus ropas. Luego, mantiene fuera el corsé para que se lo ajuste alrededor de
sus pechos. Él se lo abrocha por la parte posterior con los corchetes, pero
también hay algunos cordones para asegurarse de que realmente está abrochado.
Mientras él se los aprieta, ella se siente cómoda e, incluso, segura.
Y, maravillosamente, mimada. Ella no piensa que sea incompatible con
su sumisión, puesto que también siente una especie de autonomía. El corsé
moldea y esculpe su cuerpo y la hace sentirse bien. Puede ver fácilmente el
efecto que está causando en él.
¿Es la única prenda que se usa solamente para fines eróticos? Un corsé
no tiene otra función que hacer hincapié sobre las zonas erógenas:
especialmente, el busto, la cintura, las caderas y el trasero. Al presionar los
pechos hacia arriba y hacia el exterior los expone, no solamente a la vista,
sino también al tacto. Literalmente, él no puede apartar sus ojos de ellos, a
menos que sea para bajarlos desde los pezones a la cintura y luego a la curva
de las caderas. La vista trasera es igualmente fina, la cintura estrecha,
acentuando la redondez de sus nalgas, por encima de la carne contenida en
contraste con la desnudez exuberante de su culo, la fina cadenilla de su tanga
era un mero gesto hacia la modestia.
“¿Te gusta?,” dice ella, pavoneándose, dando la vuelta y luego andando
con una mano en su cadera y la ingle empujando hacia delante.
Él le hace señas para que se acerque.
“¿Quieres que me lo quite?” con coquetería, le pregunta ella.
“Voy a follarte con él puesto,” él la contesta.
jueves, 16 de agosto de 2012
Producto de tu imaginación
Soñé que estaba dentro de una fantasía en tu mente. Yo era un producto de tu imaginación y tu fantasía era hacer el amor conmigo.
Con cada gemido tuyo, podía escuchar la música de tu canción, incluso podía sentir tu aliento contra mi oreja. Con cada estremecimiento de tu respiración, podía sentir el latido de tu corazón contra la yema de mis dedos.
Yo podía ver tu silueta, tus curvas en la penumbra. Tu aroma allanando el camino, hablando en la antigua lengua, sin palabras: Mujer. Yo podía sentir la hinchazón de tus pezones, a la vez que tus senos se endurecían contra las palmas de mis manos a través de la tela de tu vestido. Podía sentir la piel flexible de tus pechos contra mi mejilla, mientras te los chupaba, la piel resiliente de tus pezones, mientras te mordía con más fuerza de lo que, quizás, yo debería.
Por encima de todo, literalmente, podía sentir mis dedos deslizándose dentro de ti. Podía sentir el calor radiante de tus labios exteriores. Podía sentir pastoreando con mis dedos los tenues filamentos de tu vello, justo antes de que tu cuerpo se abriera para aceptarme dentro de tí. Podía sentir tus músculos aterciopelados aprisionar mis dedos en respuesta a cada movimiento suave que hago. Sé que yo pondría mi otra mano encima de tu cadera para decirte silenciosamente que eres mía, que me perteneces ahora y que no puedes escapar. Lucharía duro para controlarme, para darme tiempo a explorar tu hermoso cuerpo, cercano a mí, por su interior. Acariciar, suavemente tus satinadas nalgas, sin presionarlas, con ternura por las crestas delanteras, para explorar la misma puerta de los cielos. El sabor, el olor, el aspecto de tu néctar en mis dedos es intoxicante, hacen que mi cabeza nade.
Podía sentir que me llevas a tu boca. Podía sentir el fondo de tu garganta, indicándome la completa aceptación de mi cuerpo por el tuyo. Podía oírme a mi mismo rogándote que te corrieras, mientras deseo que nunca termine. Podía sentir tu lengua pequeña y traviesa sinuosamente burlándose de mí, dando vueltas y vueltas, haciéndome sentir como si yo estuviera perdido en un torbellino de suave y húmeda carne femenina.
Y, sí, sin lugar a dudas, podía sentir tus manos pequeñas apretando por detrás de mi cuello, mi cuerpo y mi fuerza siendo tu ancla, un marcado contraste con tu gracia y feminidad. A su vez, podía sentirme a mi mismo perdido dentro de tu cuerpo, siendo devorado vivo por ti.
domingo, 12 de agosto de 2012
La exploración sexual
El sexo es una parte significativa de una relación de intercambio de poder. En esencia, un intercambio de poder es una expresión de la sexualidad de una persona con respecto a la naturaleza de otra persona. Una sumisa busca someterse sexualmente y un Dominante busca dominar sexualmente. Sin embargo, la necesidad de la mujer sumisa de satisfacer el sexo con su Dominante, no sólo trata de mantener la conexión con él, sino también de satisfacerla con la fuerza de una vida no conseguida de otra manera. Toda sumisa que se precie, es plenamente consciente de sí misma como un ente sexual y tiene un deseo fortísimo de que su cuerpo sea servido, así como estar al servicio de su Dominante.
Algunas veces, he escrito en este blog sobre las respuestas de una sumisa a la lectura de “La historia de O.” Era como si alguien hubiera apostado por un fuego apagado y luego, muy pronto, el calor fuera sofocante. Las imágenes de esa historia, descritas con palabras, evocaron y evocan numerosas escenas en la mente de muchas sumisas, trayendo a la vida una parte de ellas mismas sin que ellas supieran que existían. Durante años y años, incluso ahora, muchas sumisas sólo necesitan leer un pasaje de ese libro para sentir un deseo por el sexo que procede desde lo más hondo de su alma.
La alteración de su ropero, tal como O creía que resultaba más disponible para Sir Stephen, el uso de todo su cuerpo para su placer (y para el de ella), la aceptación de sus órdenes sin rechistar, su disposición a aceptar las correcciones físicas, son todas las características de su entrenamiento que dejan su cuerpo listo y deseando un encuentro sexual con su propio cuerpo. En esos momentos de la lectura, las palabras (o más tarde, sólo pensar en ellas) la convierten en mujer y revelan su propia caída.
Comparo esa respuesta con el subespacio de la sumisa (que puede durar meses o incluso años), cuando una mujer descubre su lado de mujer sumisa. En ese preciso momento, ante tal descubrimiento personal, la mujer sumisa no debe sentirse sola al desenterrar ese aspecto de su naturaleza, al crear un deseo sexual que parece no tener fin. Un clímax que simplemente lleva al deseo de la culminación del siguiente clímax. Traigo a colación el comentario que me hizo una sumisa: “Recuerdo que mi apetito sexual era voraz y hubo, eventualmente, un tiempo en que mi Dominante, disfrutando de un delirio de felicidad enorme, rechazaba mi último avance citando el agotamiento total y una desesperada necesidad de dormir un poco más.”
Por supuesto, hay etapas que se consiguen con el tiempo, pero, muchas sumisas nunca se sienten completamente feliz en su piel, a menos, que su deseo sexual sea alto y sean conscientes de su cuerpo como un objeto sexual. Quieren ser conscientes de su deseo primario y su necesidad de sexo de una manera lujuriosa. No es algo que su Dominante pueda descubrir, sino que lo tiene en la superficie de su cuerpo. Son conscientes de que están destinadas a prestar un servicio y deben estar preparadas para ser usadas, pero, francamente, no son las únicas que necesitan el servicio.
Les gusta ser violadas, presionadas, saqueadas sin darse cuenta. Cuando sus cuerpos han sentido la relajación que sólo puede venir de una intensa experiencia sexual y un profundo orgasmo, experimentan un placer tan intenso al vivirlo que sobrepasa todas otras experiencias. Si todo transcurre bien en su realización íntima y personal, como mujer sumisa con relación a su Dominante, se sentirá felizmente satisfecha a pesar del hecho de que nada haya cambiado en sus vidas, excepto el buen sexo. Ellas ven la vida a través de otros ojos diferentes. Su apetito sexual está (temporalmente) repleto y su cuerpo enjuagado con las endorfinas.
Una mujer no puede ser entrenada como sumisa en términos de conseguir una relación de intercambio de poder exitosa sin atender su sexualidad. Aunque ellas hayan disfrutado siempre del sexo, el entrenamiento que sufran les debe proporcionar una nueva manera de percibir su cuerpo. En realidad, la sumisa diligente aprenderá las lecciones que le imparta su Dominante y disfrutará de la oportunidad que les den para acercarse a su sexualidad con una nueva mirada. La sociedad nos exige a todos que debemos aceptar el código de conducta establecido, pero no nos exige que escondamos nuestra sexualidad de nosotros mismos o de ellas mismas. Las mujeres que son conscientes de su condición sumisa aceptan de buen grado todos los recordatorios que la forzaban a reconocer que son un objeto de deseo, un objeto deseable. ¿Quién no disfruta con el propio esfuerzo al tener nociones de que el sexo es bueno, que la sexualidad de la mujer debería estar constantemente presente o, al menos, debajo de la su piel?
Por una parte y como caso curioso, muchas sumisas son tradicionalistas, y no están interesadas en el sexo con otras personas y solamente le atraen los hombres. Curiosamente y, por otra parte, a pesar de su tracionalismo, están totalmente abiertas a sugerencias con respecto a su propia sexualidad en la búsqueda de la realización y la luz. Por supuesto, no podrían aprender las lecciones de sus entrenamientos si no fueran una mujer sumisa y, para ellas, es el regalo por haber nacido con este tipo de naturaleza.
No solo aprenden a estar en su sitio, sino que, dentro de sus mentes, permiten explorar de esta manera con tal convicción y aplomo. Así, de este modo, creo que una mujer sumisa puede considerarse a sí misma afortunada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)