miércoles, 25 de febrero de 2015

Un toque suave

Hace mucho tiempo, en mis días de juventud, cuando yo era muy verde opinando, conocí a una chica. Ella era genial, el sexo era grande, pero yo no sabía entonces lo que sé ahora. Esto era en los días anteriores a que Internet llegara a ser la cornucopia de la información y estimulación (y, sí, también la desinformación) que es ahora. No había muchas maneras de averiguar sobre el mundo de la perversión y, aunque me interesaba de manera general y teórica, no tenía experiencia en ello.
Ella era una chica inteligente y sentía mi mezcla de interés e ignorancia. Una noche, junto a su cama, ví un libro. Fue “La reivindicación de la Bella Durmiente,” por A. N. Roquelaure. Empecé a leerlo. Si usted no lo sabe, es un cuento de la D/s, una serie situada en una especie de tierra medieval del nunca jamás y trata sobre una chica joven que es secuestrada y sometida a diversas vejaciones por una sucesión de hombres libidinosos. No es una historia tan dura como “La historia d’O,” pero se dice que es ingeniosa y que le interesaría a cualquier persona con predilección por los azotes.
Le pregunté a mi amiga si ésta era el tipo de cosas que le gustaba. Ella era más bien tímida o, tal vez, no lo era. Tal vez, era yo quien era lento en asimilarlo. Recuerdo que le pregunté si se identificaba con quienes los rechazaban o lo asumían. Creo que ella pensó que, más bien, era una pregunta tonta. Por fin, al darse cuenta de que yo lo necesitaba, ante mi ingenuidad, ella me dijo en la mitad de la noche: “Azótame.”
Ahí es donde empezó todo. Supongo que el tema de esta pequeña historia es que yo tenía instintos hacia la dominación, pero, al no comprenderlo, y no tener seguridad de que en caso de que los manifestara, no serían bien recibidos. Realmente, no me imaginaba que existieran chicas que en aquella época quisieran ser azotadas y que yo tuviera ya una licencia para hacerlo, si me sentía tan atraído. Así pues, tuve que ser introducido a este mundillo por una chica que me comprendía mejor de lo que yo mismo me comprendía. Huelga decir que siempre he sido agradecido por eso.
Y así, querido lectora, si tienes un hombre que crees que pueda tener algo de dominante en él, puedes ser capaz de sacárselo poniendo alguna lectura de este tipo en su camino. Sé que es difícil sentarle y decirle cara a cara exactamente lo que quieres que haga por tí. Entre otras cosas, porque si se presenta como algo que deseas, en lugar de algo que él quiere para sí mismo, no va a funcionar muy bien. La mujer sumisa quiere ser cogida, controlada y “forzada.” Ella no quiere ser obligada. Pero si dejas algo en su camino, algo que ponga ideas en su cabeza, él puede querer azotarte por sí mismo.
No puedo garantizarte que esto funcione. Como he dicho muchas  veces, si él no tiene una gota de dominante en su cabeza, tú no puedes ponérsela. Pero, puede ser que la fuente esté a la espera de ser explotada.


domingo, 22 de febrero de 2015

Una mujer sumisa

Una mujer sumisa es muy atractiva. Pero una mujer sumisa fuerte, potente y segura, es puro sexo para caminar. Sumisa, sí, felpudo, no. Una mujer inteligente, fuerte y poderosa tiene opiniones propias, sus propios puntos de vista y puede valerse por sí misma, sabe lo que ella quiere en la vida y, en un momento dado, aparecerá en este mundo de nosotros y conseguirla, es pura lujuria.
¿Necesita un hombre que sea más fuerte que ella? Compruébalo. ¿Necesita que él sea de una integridad excepcional y con valores humanos muy elevados? Un trozo de tarta. ¿Ella exige un compromiso pleno y sin reservas de él? Dálo por hecho. ¿Ella necesita estructura, unos límites, rendición de cuentas, una valla a su alrededor? Me voy a echar una siesta. ¿Ella necesita amor, cuidarla, dedicación, atención, adoración y ser tratada como el tesoro que es? Despiértame cuando hayas terminado.
Una buena mujer sumisa pide muy poco por la enormidad de lo que ella da a cambio. En honor a la verdad, es lo mejor que un hombre puede tener en esta vida.
Cógela por los pelos. “Las tonterías se terminan ahora, cariño.” Abofetea su cara. “Ahora, estás conmigo.”
Dios debió estar de muy buen humor el día que decidió crear a las mujeres sumisas.

jueves, 19 de febrero de 2015

Online

A menudo, ambos chatean, hablan durante horas sobre todo lo que existe bajo el sol, aunque mucho de ello es sexual. Algunas veces, es con la webcam; a él le encanta ver su cara bonita. Con frecuencia, ella está en un lugar público. Por lo tanto, sus palabras, dichas en voz baja, pueden ser sugerentes, incluso, lascivas. Su actitud es modesta. Por lo menos superficialmente, porque él tiene una regla: “Cada vez que aparezcas en la cámara ante mí,” él dijo, “no podrás contar con tus bragas y, a menudo, te exigiré una prueba.” Tímidamente, ella las sostiene para que él pueda verlas arrugadas en su mano para que nadie más pueda verlas.
Sin embargo, a veces, ella se las arregla para encontrar un lugar privado. Ella siempre se pone nerviosa cuando esto sucede. ¿A qué va a obligarla a hacer? Sea lo que sea, ella sabe que no tiene opción, puesto que ha renunciado a su libertad de rechazar. Pero, algunas veces, ella desea volver a tener esa opción. Es vergonzoso tener que mostrarle cosas, a tener que levantarse su falda o quitarse la parte superior. Ella nunca puede estar del todo convencida de que por ahí en el ciberespacio, alguien está espiándoles. E incluso, si es que él la esté mirando, las chicas buenas no hacen las cosas que ella hace. Excepto, que él no siempre tiene que querer que ella las haga. Algunas veces, él está contento de sentarse y hablar. Después, ella nunca está segura si está aliviada o decepcionada.
De vez en cuando, aunque no muy a menudo, ella recuerda bien esos tiempos, es muy consciente del poder que una mujer sumisa tiene. Ella tiene algo que el hombre desea. Él quiere mucho y ella lo sabe. Y por lo tanto, va a ser coqueta, va a seguirle con lo que él quiere que haga, pero muy despacio. Flirteando con la idea de que ella incluso pudiera decir que no, sólo por una vez, para ver lo que pasa. (La idea la asusta hasta casi para morirse).
Y una mañana, ella se siente tan fuerte y segura que quería que la viera, pero en sus términos. Ella se llevó su portátil al cuarto de baño y se desnudó delante del mismo. Luego, dio un paseo por la ducha. Ella se lavó cuidadosamente, se enjabonó los pechos, su vientre, entre sus piernas y girándose para lavarse su culo. Ella no miró a la cámara ni una vez, ni siquiera hubo una sonrisa provocativa. Fue como si yo estuviera haciendo una cosa ordinaria. Usted puede mirar, pero no estoy haciendo esto por usted, sólo para mí. Aunque, por supuesto, ella sabía exactamente lo que estaba haciendo y qué efecto tenía sobre él.
Cuando ella salió y se secó, echó una mirada a la cámara y apagó el ordenador. ¿Él la hace pagar por ello? ¿Qué pasó? Ni insolencia ni desafío, solo una breve declaración del hecho de que ella existe independientemente de él. Cualquier cosa que ella elija y que él la permite que haga.

domingo, 15 de febrero de 2015

Mía

Mi mano sobre tu pecho, firme y suave. Siento que se acelera. Te excito de una manera que apenas has soñado. Rozo mi mano por tu pezón erecto. Un jadeo sensual se escapa forzado por entre tus labios de rubíes rojos. Mi caricia te provoca una excitación contra la que no puedes luchar. No lo intentes. Eres mía.
Bromearé sobre tu carne con mis caricias, degustarás los delicados papirotazos de mi lengua, despertaré tus deseos con mis palabras y deleitaré tus sentidos, mientras mi voz dora tu espíritu. Pelando tus capas, desentraño el caos hermoso de tu alma, mientras descubro tu cuerpo desnudo y suave de una manera lenta, deliberada y sensual.
Ves mi palpitante deseo, pero no puedes tocarlo. Cuando digo cómo te lo permito, ni más ni menos, te rodeo.
Tirando de tus pelos con fuerza tempestuosa, tu humedad se desborda con anticipación. Tú me quieres. Quieres esto. No te negaré la verdad por más tiempo. Déjate llevar por mis pasiones más oscuras y revela tus secretos. Pellizcaré tus pezones, empuñaré tus pelos, mientras hago lo que deseo. Ríndete a mi hambre carnal, te lo exijo esta noche. Eres mía.
Tus labios húmedos con temblorosa intoxicación. Tu anhelo por liberarte, rogando mi permiso. Te llevaré al borde del acantilado del olvido, para excitar tu emoción y deseo. Entonces, te entraré con poder dominante hasta que la única realidad que sepas, sea la que te permito. Finalmente, comprenderás la libertad del control.
Al dejar tu brillante cuerpo, desnudo y acostado y sin aliento ante mí. Sin apenas ser capaz de pronunciar mi nombre, tu voz ronca de tanto gritar. Mi gusto persistirá en tu lengua durante mucho tiempo después de que te vayas a dormir. Conocerás un hambre que nunca has conocido, un anhelo que alimenta tu necesidad de abrazar, una vez más, la oscuridad desviada del cáliz de mi lujuria. En el momento que sientas tu creciente sed carnal, te darás cuenta de ello. Eres mía.
Una vez que hayas probado mi placer perverso, todo lo demás te dejará sin sentido. Sólo existe el sabor que tú deseas: El mío.
Te dolerán mis caricias, mi sabor y mis palabras. Sumérgete en mi fantasma erótico, pues ya, nunca volverás a ser la misma.


viernes, 13 de febrero de 2015

¿Tiene que ser tan fuerte?

Él desapalanca la hebilla de su cinturón, se desabrocha el botón superior de sus pantalones y desliza hacia abajo la cremallera. Hurgando en su interior, él la saca. La acuna en su mano y, luego, la acaricia con suavidad. Ella observa que se hincha. Lentamente, retira la piel de su prepucio para mostrar el bulbo de color rojo púrpura brillante. Ella lo mira con avidez.
“Sé lo que quieres,” él dice.
Ella asiente con la cabeza.
“Pero, de todos modos, dímelo.”
Ella duda. ¿Debe ella decírselo?
“O de lo contrario, te alejaré,” le dice.
“La quiero en mi boca,” ella dice.
“Eso no va a pasar,” él dice, sin dejar de acariciarla. Ahora, tiene el tamaño completo. “Por lo menos, no todavía.”
Ella emite un leve gemido.
“Sólo las mujeres buenas llegan a chupar la polla,” dice. “Primero, tengo que hacerte una buena chica.”
Ella puede prever hacia dónde está yendo esto. Por lo tanto, cuando la pregunta si ella sabe cómo se hacen buenas a las mujeres, tiene ya la respuesta preparada.
“Ellas son azotadas,” ella dice en voz baja.
“¿Estás preparada para eso?”
Ella asiente con la cabeza.
“Entonces, ¿sabes lo que tienes que hacer?”
Sin dejar de mirar a su polla, ella mete sus manos por debajo de su falda y se baja las bragas. Ella se revuelve en el sofá, las bragas alrededor de sus rodillas y se inclina hacia abajo, su falda levantada hasta su cintura. Ella oye el cinturón deslizándose fuera de sus pantalones. Oye el tintineo de la hebilla mientras él lo dobla.
“Yo puedo ser buena sin esto,” ella piensa. Pero tal vez, no pueda ser tan buena por mi cuenta, mientras que él puede hacerme. A medida que ella se prepara para el primero, el picor del azote, ella imagina su polla aún sobresaliendo rígida. “Valdrá la pena,” piensa ella. Luego el cinturón la golpea.
“Por Dios,” ella dice.
¿Tiene que ser tan fuerte? Ella sería buena con mucho menos que eso. El segundo golpe parece como si la cortara. Ella junta sus manos detrás para protegerse. El cinturón la azota de nuevo a través de su trasero. Ella jadea y salta de un pie al otro. Él pone su mano en la parte baja de su espalda para inmovilizarla, luego, la azota otra vez.
Una vez que él ha terminado, ella tiene todo el dolor que puede absorber, y también el placer. Pero justo ahora, él quiere realmente que le duela y quiere que ella sepa que eso es lo que él quiere. Él decidirá justo cuán buena chica quiere hacerla y decide cuándo ella es lo suficiente buena. Y hasta ese momento, el cinturón continuará haciendo su trabajo, despiadado, implacable y sin parar. Ella lo sabe y él sabe que ella lo sabe.

domingo, 8 de febrero de 2015

Sobre la tentación

No es ningún secreto que me encantan las mujeres inteligentes, bellas y con talento que constantemente llevan el control en sus horas de trabajo y vida normal. Cuando acepto a una mujer de este tipo para una relación D/s, hago todo lo posible para imponer respeto, protocolo y ritual en el camino que tenemos por delante. Después de muchas y sinceras discusiones y exploraciones, descubro sus deseos, necesidades, esperanzas, miedos, apetitos y consigo un buen conocimiento de por dónde ella necesita ir. Una vez que tengo esta visión interior de ella, actúo con convicción.
Una vez, le hice una sencilla pregunta a una sumisa particularmente hermosa cuando empezábamos nuestro viaje.
“¿Qué te apetece?”
Ella contestó sin vacilar:
“Me apetece que me cojas y me saques de aquí. Me lleves a un lugar donde estar bajo control, el poder y el tomar decisiones ya no sea una opción para mí. Hay libertad en eso y eso es lo que yo quiero de usted.”
Empezamos nuestro camino y pronto la introduje en mi exigencia de no tocarse sin permiso. Esta misma chica, que ansiaba abandonar el poder y el control, retrocedió y me respondió dijo bruscamente:
“¿Qué?”
Yo sonreí y le expliqué cómo ahora su placer procedía de mí, al igual que sus orgasmos. Ella protestó, diciendo que sería imposible para ella cumplirlo, pues su propio placer era una parte muy importante de ella.
Sonreí de nuevo y le conté cómo ella había caído en una vida solitaria de auto placer y le describí cómo eso se había convertido en un acto mecánico. Le dije que conocía el camino más eficiente para llevarla al climax, sentir como si hubiera llegado al borde. Su silencio era mi reconocimiento.
Me imploró que cediera y le permitiera algunas libertades. Me reivindicó que el tocarse era como un acto reflejo en los momentos de deseo, mientras yacía en la cama o duchándose. Me habló de su alta libido y su insaciable apetito  sexual. Yo escuchaba con atención cada punto cuidadosamente articulado y le dije:
“No te puedes tocar sin permiso.”
Mujeres como ésta no están acostumbradas a que le digan “no.” Con su belleza, ella podía tener a cualquier hombre que deseara. No había duda de que ella había hecho una mini carrera atrapando a los hombres alrededor de su dedo meñique. Me preguntó por qué yo estaba siendo tan cruel con cada parte de su encanto persuasivo que podía reunir.
Le respondí con sencillez:
“Usted necesita dejarse llevar con el fin de apreciar por completo la satisfacción con mi mano. Cada vez que usted se abstiene, aumentará su deseo por el placer que yo le doy. Si lo hace, experimentará conmigo unos orgasmos muy intensos, siempre que yo le permita que se toque u orgasme para mí. No hay alternativa, usted respetará mis deseos y conseguirá que me sienta orgulloso de su sacrificio.”
Ella replicó:
“¿Cómo sabe usted que puedo hacer esto? ¿Cómo sabe usted que no voy a darme placer cuando usted no esté aquí y yo no se lo diga?”
Y le contesté:
“Sencillamente, lo sé porque se lo he requerido. Yo te elegí. Confío en usted y sé que usted cumplirá.”
Ella se quedó en silencio, como un francotirador que acaba de quedarse sin munición.  No hablamos más del tema. Y nuestra relación floreció creciendo más rica y profunda con cada día que pasaba.
Una noche, después de que ella se hubiera corrido cuatro veces en el lapsus de dos minutos con escalofrío, temblores y gritos desgarradores, la acogí contra mi pecho. Escuché cómo su respiración disminuía, sentí los golpes de su pecho volviendo a la normalidad y le susurré al oído.
“¿Te acuerdas cuando te pregunté por qué tenías que resistir la tentación?”
Ella sonrió, se acurrucó más profundamente en mi pecho, y dijo:
“Sí, me acuerdo. Nunca he sentido un placer tan increíble como el que he sentido a su lado, para usted, sólo para usted.”
“Me encanta esta danza,” le contesté.


jueves, 5 de febrero de 2015

El impacto de las palabras

Estoy profundamente interesado en las intricadas formas del lenguaje.  Me encantan las sutilezas y el mensaje perpetuo escondido entre líneas.
Me encanta el tono, el dialecto, la expresión, la articulación e, incluso, las vulgaridades. Un improperio procreativo bien situado me llena de profunda satisfacción.
Lo que comunicamos, no sólo nos define, sino que cada palabra que decimos y cada reacción que tenemos, impactan en quienes nos rodean. Las personas que amamos más profundamente, y a quien nos ama, son exponencialmente afectados por cada palabra que pronunciamos.
Para complicar las cosas, cada palabra que escuchamos es filtrada por nuestros propios temores y experiencias. Por lo tanto, muchos de nosotros somos supervivientes de abusos o traumas. Llevamos cicatrices y huellas somáticas (memorias corporales, incluso, si nuestra mente ya no las recuerda). Hay disparadores terribles y ocultos en palabras y frases inocuas.
Así pues, hacemos todo lo posible para comunicarnos con nuestras amantes y, sin embargo, nos olvidamos que cada uno hablamos nuestra propia y viva lengua de la experiencia.
Nosotros tratamos de seguir un código comunicativo de la decencia e integridad. Tratar es el verbo clave aquí, pues queremos escuchar a nuestros seres queridos. Queremos escucharlos de verdad. Queremos que ellos nos escuchen de verdad. Queremos sumergirnos en las aguas de los demás. Queremos aprender a ser sabios en el lenguaje particular de nuestro amor y queremos crear idealmente un lenguaje de “nosotros.”
Seamos realistas, a veces, todos somos tontos y sangrientos testarudos. Somos estúpidos, sarcásticos, irritables o simplemente cascarrabias. Arremetemos con nuestras palabras y nos causan dolor. Cuando nos sorprendemos, ya es demasiado tarde. Podemos ver el dolor sordo en sus ojos y lo único que podemos hacer entonces, es admitir que hemos sido unos idiotas. Sólo podemos decir que lo sentimos y, en serio, tratar de hacerlo mejor.
Sin embargo, a veces, causamos daño sin intención. Realmente, no siempre sabemos qué palabras son minas en la psique de nuestros seres queridos.
En nuestra  vida, no podemos entender por qué nuestras amantes de repente parecen atornillar las ventanas con sus ojos. Encierran a las personas y vuelan a millones de kilómetros en su cabeza. Es importante comprender lo que ha pasado aquí. Hay palabras o frases inocuas que no significan nada para nosotros, pero que son factores desencadenantes profundos y difíciles.
Las provocaciones son tremendamente frustrantes.
El trastorno del estrés postraumático es a menudo una carga terrible. Cuando usted o su pareja viaja, está conectado a bombas emocionales. La metralla puede ser bastante intimidante. Nuestros recuerdos, las experiencias de ambos y lo que hemos superado y optado por llevar con nosotros nos definen. Nuestros recuerdos también nos impiden muchas alegrías y amores.
Necesitamos hablar sobre las provocaciones que producimos. Barriendo hacia debajo de la alfombra, hacemos que la alfombra esté llena de bultos.
Necesitamos saber cómo manejar juntos las situaciones difíciles para que podamos seguir hacia adelante. ¿Cómo podemos hacer esto de una manera efectiva?
Imagine a un niño que, de alguna manera, ha conseguido apoderarse de un cuchillo de sierra de cocina. Está felizmente sentado en la alfombra, la hoja de cortar agarrada por su puño.
El peligro inmediato para él no está en el filo afilado de la hoja, sino en cómo se lo quitamos y lo manejamos.
Si nos entra el pánico y tiramos del cuchillo apretado con su mano, sería seriamente dañado. El niño será herido. El peligro se habrá ido, pero la herida tiene que sanar y habrá otras cicatrices a las que hacer frente.
Ese niño es la relación. El cuchillo es el gatillo. Si somos impulsivos y ásperos con nuestras palabras, haremos daño a nuestras amantes y a la relación sin necesidad. El problema o el peligro pudieran ser tratados, pero es que el daño ahora necesita ser curado.
Si usted está tranquila, si estás enamorada, si eres amable, pero firme, puedes coaxionar a un puño abierto. Incluso el niño puede entregarte el cuchillo mientras controlas su respiración y solo a unos centímetros. Por supuesto, el niño podría intentar cortar tus dedos, pero eventualmente suelen responsables y devuelven el cuchillo ilícito.
Hay un montón de dolor e indefensión cuando transcienden los desencadenantes. Un amante responsable y compasivo (con mucha negociación y discusiones difíciles entre ustedes dos) puede desafiar a  estos disparadores y ustedes serán capaces de superarlos en parte totalmente juntos. Aunque va a ser difícil, porque las asociaciones en la mente se imprimen profundamente.
No podemos borrar el pasado, pero podemos amortiguarlo tal como la arena suaviza los filos de los cuchillos. No olvidando, sino haciéndolo menos significantes aquí y ahora, menos relevantes para tu presente y futuro. Todavía podemos existir sin restricciones.

lunes, 2 de febrero de 2015

Hambre de polla

Ella piensa mucho en la polla, muchas veces en el transcurso del día, y también por la noche. Ella piensa en cogerla. Al principio, es tan inerte y vulnerable, pero luego, se hincha y endurece en su mano. Ella se maravilla de lo dura que se pone y, sin embargo, cuán cálida y suave es su piel. La examina de cerca, mirando a las venas que bombean la sangre. Poco a poco, pela el prepucio, ve la piel estirada y el bulbo de púrpura muy apretado y brillante.
Ella piensa en ese primer beso, sus labios rozando apenas la punta. Luego pequeños besos casi de pluma a lo largo de todo su vástago, justo hasta sus testículos y vuelta a empezar. Besa el glande, luego lo lame, y su lengua se desliza a través de su superficie vidriosa. Ella lo envuelve con sus labios en todo su alrededor, sosteniéndolo justo por debajo del borde, sin chuparlo todavía, pero sí lamiéndolo, su lengua bailando a su alrededor, presionando sobre la pequeña ranura. Luego, ella se imagina que lo tiene toda dentro, centímetro a centímetro, succionándolo en profundidad.
A veces, el pene es suave, con ganas de los placeres más sensuales y caricias lentas. Otras veces, está caliente y áspero, para follar su cara con golpes repetidos. Otras, se abre camino, derecho hacia la parte posterior de su garganta, bloqueando su respiración hasta que la amordaza y ahoga y se retira para balbucear aire y la saliva babeando por su barbilla.
Ella piensa en la polla borboteando el semen cremoso, profuso y viscoso en su cara o, tal vez, la polla descansando en su labio inferior mientras la ordeña, eyaculando porciones enormes y saladas, golpeando el cielo de su boca; ella la mantiene en su lengua ahuecada, deslizándose por sus alrededores antes de tragarlo, hasta la última gota y lamer hasta la última perla mientras se filtra desde el diminuto agujero.
¿Alguna vez se la ha entregado para jugar? Para que ella pudiera darle la vuelta de esta manera y la otra, tocar el violín con ella, acariciarla, exprimirla, mordisquearla y pellizcar el prepucio con los dientes. ¿Se atrevería ella a darle una bofetada o dos? O tal vez, ¿ella llegaría  a decorarla? ¿Escribiría una palabra a lo largo del vástago, por ejemplo, su nombre o tal vez, haría un dibujo con su pintalabios? ¿Qué aspecto tendría con una cinta alrededor de ella, una especie de lazo rojo en la base? ¿O la ataría con una cuerda? o ¿le pondría una cadena?
A ella, le gusta frotarse la polla contra su cara, contra sus mejillas y la nariz, los párpados y los labios. A ella, le gusta frotarse la polla con sus pezones o acunarla entre sus pechos. Y si él la deja, ella se acuesta encima de él y abre sus piernas y frota su coño arriba y debajo de la verga. Bromea consigo misma, aplastando su clítoris con la dureza.
Algunas veces, ella sólo desea tener la polla dentro de ella. Es un arma, es un ariete golpeando contra la puerta de su vientre o una daga mortal y aguda, perforando su coño o una estaca enraizada en el suelo sobre el que ella misma se empala. A veces, también la quiere para penetrar su culo
O, ella la quiere para penetrar su culo, tan apretado, forzando su camino, incluso haciendo un poco de daño, pero ella da la bienvenida a la violación, abriéndose tan ampliamente, que la llena por completo, hasta que el semen unge sus entrañas.
Y luego, se hace pequeña otra vez, una especie de cosita divertida, muy indefensa, ya que está ubicada en la palma de la mano de ella. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para engatusarla y que  vuelva de nuevo a la vida? Cuando ella tenga hambre de polla.

viernes, 30 de enero de 2015

La dominación a través de la intimidación

Durante algún tiempo, has estado conversando.
Has estado conversando online durante algún tiempo. Ahora ha llegado el momento de conoceros. "¿Tienes una falda larga?" “¿Cuál es la falda más corta que tienes?” “¿Sueles salir alguna vez sin ropa interior?” “¿Sales alguna vez sin sujetador?” “¿Te rasuras?” “¿Te lo tragas?” “¿Garganta profunda?” “¿Te gusta el sexo anal?” Estas son algunas preguntas prospectivas que has oído de los dominantes. ¿Sabes cómo lo sé? Porque son las preguntas que hacen la mayoría de los dominantes antes del primer encuentro con su posible sumisa.
La mayoría de las sumisas han tenido que salir y comprar una minifalda bastante corta para la gran cita, porque no tenían una que cubriera la mitad de sus muslos o un poco más arriba. Una falda corta es algo que nunca usarías solo por el gusto de salir, pero esta noche lo harás y, además, sin ropa interior. Esta noche harás lo que te digan y no tienes ni idea ni de lo que harás.
Estás de pie ante el espejo maquillándote, todo tu cabello tiene que estar perfecto. Estás pensando en todo lo que has hablado y en lo que estás de acuerdo, cosas que son muy personales. Nunca has compartido estas cosas con nadie, pero esta vez, sí, y es diferente.
Vas con tu coche hacia un restaurante local y miras hacia abajo y tu coño es casi visible. Sin bragas, puedes sentir el sudor entre tus piernas, las palmas de tus manos están sudando, estás tan nerviosa porque esto ha sido posible por motivo de alguien, del Dominante que has estado buscando.
¿Por qué es tan importante que lleves una falda tan corta y sin bragas? Después de todo, sólo os vais a encontrar para ver si ambos tenéis complicidad. Porque tal vez, exista la posibilidad de que los dos podáis formar una relación.
Te adentras en el aparcamiento del restaurante que él ha elegido. Sales del coche y él te saluda. Tienes un nudo en el estómago. Él se presenta a sí mismo, dándote su mano y se da la vuelta y empieza a andar hacia la puerta, y tú le sigues. Una vez dentro, ambos os sentáis y ahora tu pensamiento puede oscilar sobre la manera de ponerte a sus órdenes o sobre una simple ensalada.
Le miras y sus ojos están buscando los tuyos y le preguntas cómo se siente.
“Nada. Simplemente estaba observando tu belleza,” te responde.
Estás nerviosa, interiormente te sientes nerviosa y sí, te sientes intimidada. ¿Es por culpa de este primer encuentro o porque él podría ser tu futuro Dominante?
Él habla sobre lo que espera de tí, sus reglas, su trabajo, lo ocupado que está. Pero  hace tiempo para tí. Te dirá cuándo tienes que llamar, mandarle mensajes o emails. Sus preguntas pueden ser bastante personales, sobre todo de carácter sexual. Estás pasando por un proceso de entrevista. Él pasa la mayor parte del tiempo mirándote y te preguntará lo que llevas debajo de la falda. Dices que nada,  mientras él mira por debajo y separas tus piernas un poco.
Después de la cena, ambos salís del restaurante. El Dominante te dice:
“Vamos a empezar ahora tu entrenamiento.”
Puedes permanecer en tu coche, insinuarte que le acaricies su pene, hablar o puede que quiera reservar una habitación.
La intimidación es una herramienta de gran alcance y es una estrategia que funciona, y muy bien. Tú no estás preparada o no estás pensando que podrías ser víctima en cualquier momento.
Después, es el juego de la espera. “¿Te llamará o enviará un mensaje?” “¿Le has causado buena impresión?” “¿Te estabas comportando bien?” Todas estas preguntas te las estás haciendo en tu mente.
Ahora, puedes disfrutar al vestirte, puedes tener un gusto agradable, puedes tener necesidad de mostrar tu sumisión, pero existe una manera correcta y otra incorrecta. Si fueras una mujer vainilla, ¿hubieras hecho lo mismo? Me gustaría pensar que no.
Tal vez, te guste chupar la polla o ir a un hotel en la primera cita. Si eres de esta manera y sientes que debes hacerlo, entonces, que sea así, si ello no hace que te sientas mal. La sumisión es una necesidad y, como seres humanos, estamos buscando cosas en la vida. Una de ellas sería la aceptación. La segunda, un compañero y la tercera, ser amada. Eso sí, no dejes que nadie se aproveche de ti.

martes, 27 de enero de 2015

El primer paso

Algunas veces, las cosas suceden espontáneamente, incluso antes de que tengas tiempo de preparar el terreno. Lo que quiero decir es, que usted se encuentra solo en una habitación con una chica,  una que usted sabe que es sumisa de una manera general. Pero, usted no tiene tiempo de averiguar exactamente lo que a ella le gusta. Sí, lo sé cómo dominante y se supone que es sobre algo que me gusta y es que, cuando se trata de la D/s, no hay mucho que no me guste y, en igualdad de condiciones, yo preferiría hacer algo que a ella le guste que no algo que no le guste. De esta forma, usted tiene una mejor respuesta. Por supuesto, algunas mujeres quieren hacer lo que ellas no quieren hacer. Y usted tiene que ser capaz de comprender las diferencias entre hacer que lo quiera hacer y, en absoluto, no quererlo hacer.
Pero, tú no sabes todavía bien lo que ella quiere y es incómodo sentarla y decirle: “Díme, querida, ¿estás a favor de las pinzas en los pezones? O ¿preferirías pasear atada a una correa?” Así, tratas de intuir lo que ella pudiera responder. Usted está volando por el asiento de sus pantalones o, más precisamente, por el asiento de ella. Hay mucha diversión con todo esto, pero al mismo tiempo, es una prueba severa de las habilidades de uno como dominante, tratando de juzgar lo comparativamente poco que sabes de ella y de sus reacciones sobre el tema, que es la línea más productiva a seguir.
Afortunadamente, ella me había dado una o dos señales. No sé si me dijo algo más de su timidez o de un deseo de ponerme a prueba o, simplemente, que ella pensaba que yo era un dominante que me controlaba. Pero, descubro que no podría ir mal con unos azotes a la vieja usanza sobre mis rodillas. Así que empezamos, sólo con mi mano en su trasero desnudo, y fuerte.

sábado, 24 de enero de 2015

¿Es su sumisión un regalo?

Su sumisión es un regalo, pero no de la manera que usted pudiera pensar al principio. Es un regalo que usted se hace a sí mismo.
A menudo uso la frase “regalo de sumisión” en la poesía y en la prosa lírica, porque es un cliché romántico bien recibido que evoca un sentido de gracia recatada e inocente en su devoción. Transmite pureza de corazón en la sumisa y honor en la persona que ella ha elegido para recibir su regalo.
En poesía, las metáforas y las sonrisas son una gracia salvadora cuando transmiten emociones y experiencias viscerales. Sin embargo, quiero demostrar que lo que sucede en las sesiones es aún más hermoso que un simple cliché romántico. ¿Qué sucede cuando una mujer hermosa, vibrante y eléctrica se somete a que sea mucho más profunda que la entrega de un regalo, sin importar cuán precioso sea?
Sí, una sumisa puede sentir que someterse a su dominante es como darle el precioso regalo de su voluntad, de ella, parque le dé órdenes y la use. Especialmente, porque ella no va a someterse a cualquiera, sino sólo a aquella persona especial que le ha demostrado ser digna de ese don.
Al ampliar esa línea de pensar, entonces, se deduce que el dominante digno se lo merece si la sumisión de ella es regalada con la dominación de él. Al igual que su atención y sumisión es un regalo, él la presta su atención y su cuidado. Él negocia la seguridad y su integridad por su conformidad y lealtad. Ello se convierte en una transacción.
No hay nada malo de tratar el mutuo regalo de la sumisión y la dominación como una transacción. El término intercambio de poder implica una transacción de poder personal. Se da y se toma y se devuelve como en una especie de bucle. La sumisa cede su poder a su dominante que se convierte en un prisma a través del cual ambos poderes, el de ella y el de él, se centran de nuevo en ella.
En realidad, ver la sumisión como un regalo tiene mucho sentido, teniendo en cuenta que la sumisa puede en cualquier momento retirar su consentimiento y su regalo, y su deseo y cascada de efectos cesará. Y este mecanismo es, con frecuencia, usado para probar que las sumisas tienen mucho más poder en las relaciones que lo que ellos pudieran pensar. Hablando en román paladino, si la sumisa no quiere tener una sesión, no se tiene.
Sí, me estoy centrando exclusivamente en las fuerzas de una interacción consensuada entre un dominante y una sumisa. La codependencia y el abuso doméstico pueden obligar a las mentes más estables y más fuertes a permanecer en relaciones enfermas. Una relación abusiva es a una relación D/s, tal como un violación lo es a hacer el amor.
Habiendo dicho esto, me molesta pensar que una magnífica mujer sumisa me esté haciendo un regalo, cuando ella es lo más fiel a sí misma. Ha sido criada en una sociedad que dice que las mujeres que son sumisas son débiles y están traicionando ideales antiguos, aunque todavía no lo suficiente, para dar a las mujeres la igualdad de oportunidades y el respeto que disfrutan los hombres.
Ella ha tenido que luchar contra corriente para tomar posesión de sus propios deseos. Ha soportado la duda y el dolor y, posiblemente, la vergüenza de llegar al punto donde ella pueda admitir que es sumisa. El viaje del auto descubrimiento ha sido duro para algunas y más fácil para otras, pero la gran mayoría de las sumisas han tenido que recorrer ese camino. Su sumisión es laboriosa y ella no se aventuró en este viaje para nadie más que para ella misma. Los frutos de su labor son suyos, para disfrutarlos ella misma.
Algunos dicen que ser sumisa es una estrategia de supervivencia de las mujeres para asegurarse su pareja con ella y para complacerle y añadirle valor a su vida diaria. No tengo los requisitos necesarios para argumentar a favor o en contra de esa idea, pero no puedo imaginar que soy el único que, cuando una mujer se somete a mí, ella lo está haciendo para sí misma y no como un regalo para mí o como un soborno por mi atención.
Y esta es exactamente la forma que yo lo quiero. No puedo imaginármelo de otra manera. Es muy fácil enredarse definiendo la sumisión en términos de actos que la sumisa desarrolla para su dominante y a los actos que se somete para ser realizados sobre ella por él. Pero, eso es solamente lo que se ve en la superficie. La dinámica de la relación entre un dominante y una sumisa es mucho más compleja que los actos realizados y también lo son las motivaciones que impulsan a una mujer hacia la sumisión.
La sumisión es una estrategia, una herramienta, si se quiere, para desconectar a la sumisa de su mente crítica por un tiempo, para tener un respiro cuando el zumbido de las ideas y los pensamientos y las tareas pendientes se vuelven ensordecedoras y el acto de tomar una decisión sencilla se convierte abrumador, porque ella no puede dejar de pensar en los diferentes resultados y consecuencias y no puede elegir entre ellos.
Se trata de no tener que tomar decisiones, aunque sólo sea por un rato. Es como ponerse una venda intelectual en los ojos, donde la sumisa confía que su dominante la lidere a su núcleo interior, donde ella abre y se hace vulnerable sin tener que luchar con sus propias dudas e inseguridades. Someterse, es una manera de ni siquiera ser capaz de desagradar, simplemente, porque a ella no se lo permiten.
La sumisión es una táctica para calmar la mente de la sumisa. Es un vehículo para calmar el zumbido de los pensamientos e ideas que pululan dentro de su conciencia. Eso es aquietar el momento de la atención, el momento entre los latidos del corazón que el atleta espera para dar el salto, el momento de claridad que la permita pasar sobre el puente, suspendida de la incredulidad y llegar a salvo de aquí a allí.
A través de la venda intelectual de la sumisión, su conciencia se hunde en la oscuridad de su matriz emocional y ella encuentra partes de sí misma que son más calientes, más primarias e, incluso, más femeninas. Someterse no es un acto femenino en sí mismo, sino el camino de un ser femenino para conectar con el elemento femenino interior y eso es lo que el sacarla es para muchas mujeres. Me imagino que lo mismo es, más o menos cierto para los hombres sumisos, aunque confieso que no he pensado mucho en ese lado de la moneda, pues estoy demasiado cautivado por el elemento femenino.
Cuando el dominante de una sumisa la coge por la muñeca y la susurra justo en su oído, aquí es donde todo se vuelve real. Esta es la clave para entregarse, para dejarse ir, liberar su espíritu crítico como un globo, dejando que la mano de un niño se remonte  hacia  el vacío azul. Es entonces, cuando ella se puede fundir y dejar fluir sus emociones sobre él, cubriéndolo de todo para percibir todo. Y por un tiempo, no pensar, sino  simplemente, ser, sentir y ser toda la hembra femenina que ella es.
Por más que la sumisión sea llevada a través de actos y comportamientos, en el fondo, se trata de cuán profundamente afectada ella está por él. Se trata de cómo ellos conectan y cuán fácil y completa ella pueda estar  y sentirse en presencia de él. Se trata de crear juntos un contexto emocional en el cual ella se sienta lo suficientemente segura y con el apoyo necesario para retirarse a su cuerpo y ser indiferente al mundo externo. Para perder de vista todo lo demás y centrar toda su atención hacia dentro, sobre cómo ella se ve afectada por él.
No es una fantasía dominante disparatada, se trata de que la sumisa se centre exclusivamente en su placer. No, ella disfruta de que la usen, pero su atención está sobre ella. Su punto de vista de él es través de los efectos que él tiene sobre ella. Al igual que usted no puede ver el viento, pero sí a través del susurro de las hojas de los árboles, ella experimenta su caricia a través de las ondas del estanque de su conciencia y su cuerpo.
Esto es de lo que la sumisión trata. Se trata de experimentar y sentir. Se trata de la inmersión de la sumisa en sí misma para conectar con su centro radiante interior. No se trata de olvidarse de sí misma o de sus necesidades o disminuirse a sí misma. ¡Cielo  santo, no! Se trata de celebrar lo que ella es y lo que ella es capaz con tanta fuerza y profundamente que no puede ser cargada por las cosas simples, como pensar o tomar decisiones o preocuparse hacia dónde ir desde aquí.
Se trata de ser cogida por la mano de su dominante y dejarle que la guie, a través de las experiencias y sentimientos muy profundos, a recorrer el camino por sí misma. Y, mientras él se centra en liderarla, guiarla y garantizar su seguridad, ella le recompensa y conecta con él mediante la narración de su viaje a través de sus reacciones, a través de su responsabilidad, a través de la gracia con la que ella sigue.
Él la lidera para que ella pueda seguir y centrarse en sus sentimientos y en todo lo que ella posiblemente experimente. Ella delega la responsabilidad de su cuerpo y su mente en él para que su corazón y su alma puedan tomar vuelo.
No importa cuán romántica sea la idea, la sumisión no es un regalo. Es una expresión de una capacidad de profunda belleza interior y la fuerza, el coraje y la voluntad de estar abierta y vulnerable. Es una manera de conseguir un nivel sin precedentes de conexión e intimidad con otro ser humano que no es tu opuesto, sino tu perfecto complemento.
Y es terriblemente sexy.

miércoles, 21 de enero de 2015

La expresión consciente del deseo

Algunas veces, son las palabras sencillas las que pueden usarse y definen sólo a la gente que las ha experimentado, a nadie más. ¿Te has preguntado por qué las cosas más importantes son las más difíciles de explicar?
Es la mente de ella la que gime y tiembla, y no su cuerpo, cuando está de rodillas para hacer una felación que realmente quiere. No es el gusto, ni la forma ni cualquier otra cosa. Las sensaciones no provocan que el deseo suceda. Ella había hecho muchas felaciones que eran como una prueba de su destreza. La diversión de la adición de los dientes, la búsqueda de los puntos claves, los lugares donde el cuerpo reacciona y el acto sexual de hacerle una felación a un hombre era para ella muy interesante, pero no era  sexualmente estimulante sólo por sí mismo.
Lo que estimula a la mujer es la intimidad y la vulnerabilidad. El deseo profundo que la despierta deleitándose en estrecho contacto. Su deseo de agradar, para agradar y ser disfrutado. Ese sentimiento de pasión, de juego en estado de embriaguez centrado en el cerebro. La pasión por su compañero de juego que se mueve más allá, “ja, ja, ja… no son inteligentes,” hacia un deseo de profundizar, no sólo para mostrar la habilidad o para complacer sólo físicamente a otra persona. El mero hecho de chupar y que luego adquiera expresión, sentir. El corazón se hace cargo de la estimulación física en su cerebro y el acto se convierte en la expresión del deseo.
La mujer se humedece al darle vueltas a la cabeza y no es porque ella sea una puta de la polla (mucho) o que realmente le guste darle al glande. Ella se humedece porque llega a ese lugar mental. Un sitio donde el deseo de agradar se convierte en sed. Una sed esperando ser saciada. Su corazón lleva a su cerebro a un lugar donde el mero hecho de tocar a su pareja de juego es una llamada mucho más elevada de lo que ella podía imaginar. El acto físico de la caricia no sólo ha ido más allá del placer, sino que está más allá del cálculo de los pensamientos. Es como encontrar un río de fuego y todo lo que puedes hacer es beberlo hasta que explota.
Esta bebida de fuego no es sobre el sexo oral, que sólo es para disfrutar, ni se trata de la estimulación física. Se trata de la intimidad del tacto, del calor de otro cuerpo, de la sed inmensa de estar con él y agradarle.
El acto físico se ha convertido en una expresión mental de la pasión para su pareja. Si ella no está siendo acariciada, esa sensación, su bebida de fuego, se disipa rápidamente, pues la pasión no es del cuerpo, sino del cuerpo de la mente.
Hay otras cosas que se interponen en el interior del cerebro de ella que promueve la pasión, además de las caricias íntimas primarias, pero no son exactamente de la misma clase. Hay muchos elementos diferentes y son todos iguales, aunque no inspirados por las mismas situaciones.
Las reacciones sexuales son comunes. El hecho de que la ropa interior de una mujer esté rutinariamente mojada por la razón que sea, no significa que ella esté debajo o arrodillada todo el tiempo. Sus reacciones sexuales están vinculadas con los sentimientos remitentes en su cerebro y la posibilidad con estos emisores es más increíble que cualquier otra cosa que haya encontrado en toda su vida.
¿Sabes lo que hace que ella se humedezca? El deseo y ver la expresión del deseo manifestado.
Conserva lo perverso.

martes, 20 de enero de 2015

Una mujer mejor

Él la tira hacia abajo sobre sus rodillas y levanta su falda.
“Voy a azotarte,” le dice.
“Sí, señor,” le responde. “¿Qué más hay que decir?”
“Pues, ¿tú sabes por qué voy a azotarte?”
Ella piensa. “¿Por qué usted quiere? ¿Porque usted puede?”
“Sí,” él dice. “Pero, también, porque voy a hacerte una mujer mejor”
Ella piensa sobre esto. “¿No soy buena ya?” Él está acariciando su trasero suavemente. Es tranquilizador.
“Y contra más te azote,” le dice, “llegarás a ser una mujer mejor.”
Ella sigue pensando, mientras él continua acariciando sus nalgas. Ahora, tira de sus bragas hacia abajo. Su mano la siente contra su trasero desnudo, pero también el hormigueo interior de la anticipación.
“¿Hay partes concretas que usted esté buscando mejorar, señor?” le pregunta.
Él considera cuidadosamente su tono exacto de voz. ¿Existe, aunque sólo sea débilmente, una sospecha de descaro? De repente, deja caer con fuerza su mano contra su nalga derecha. Ella chilla. Hay una breve pausa, luego, la otra nalga recibe el mismo tratamiento.
“Lo que espero,” le dice, “es que purgues, incluso, el más mínimo rastro de bravuconería, nerviosismo e insolencia.”
Él empieza a azotarla con fuerza. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. Luego, hace una pausa. “¿Ha quedado claro, señora?” Él pregunta.
“Sí, señor,” ella contesta casi sin aliento.
Él reanuda los azotes hablando de los fuertes ruido y los gemidos ocasionales. “Por el momento, he terminado y esto va a llevar un buen rato. Voy a esperar que tus modales sean perfectos y tu actitud libre de culpa.”
Él la azota más fuerte, y aún más fuerte.
“¿Lo estoy consiguiendo en tí?” él pregunta.
“Sí, señor,” responde una voz débil y temblorosa. Ella le pregunta cuánto tiempo más antes de que cambie a su cinturón para azotarla.

domingo, 18 de enero de 2015

Aniversario

Hoy hace cuatro años que empecé este blog. Mucho ha llovido desde entonces y muchos cambios en mi vida, pero de esto no es de lo que trata mi blog.
Mi blog es una especie de género híbrido, un blog de sexo anónimo. Mis escritos son de todas las formas y tamaños. Algunos son instructivos. Por lo general, aconsejan sobre qué implementos usar para azotar, hablan de sesiones y posturas, de Dominantes y sumisas, de dominación y sumisión. Incluso, dan consejos a personas con problemas. He hecho un poco de todo, diciendo lo que me gusta usar para azotar y cosas por el estilo. También he tratado de ayudar a lectores que me han escrito pidiendo mi opinión sobre problemas que tienen. La mayoría de las preguntas que me hacen es: “Cómo puedo persuadir a mi marido o pareja para que sea Dominante?” Ahora no voy a dar una respuesta, pero es un tema al que yo podría volver más adelante, ya que las respuestas no son fáciles.
El mundo de los blogs es inmenso y diverso. Algunos blogs son personales, yo diría más bien confesionales, pues el autor quiere que participes en su vida sexual, quiere que sigas el progreso de su relación con parejas sexuales. Algunos son altamente gráficos. Se puede ver con precisión cómo ella es azotada o atada (tiendo a leer sólo los que tratan de mujeres sumisas heterosexuales y, en menor extensión, los de hombres dominantes heterosexuales. Pero, por supuesto, todo el espectro de la sexualidad está representado en la blogosfera). Algunas veces, existen fotos, incluso, vídeos de la pobre chica arrodillada siendo azotada o rociada con semen o teniendo sus pezones atormentados. Creo que no es difícil decir cuándo son genuinas.
Como ustedes saben, mi blog no es así. Nunca he publicado fotos. De vez en cuando, he dado detalles más o menos gráficos de cosas que he hecho con mujeres o cosas que he pretendido hacer con chicas. He recibido quejas de que no siempre dejo claro quiénes son. ¿Cuándo es real? Comprendo por qué la gente quiere saber eso. Pero espero que comprendan por qué soy tan reacio a decirlo. Definitivamente, doy por hecho que este no es un blog confesional. No puedo trazar el curso de mis relaciones siguiendo las entradas dos veces por semana. Usted no sabe en este momento, ¿verdad querido lector o lectora? si tengo una relación con una sumisa o no. Y no voy a decirlo.
No estoy tratando de bromear. Sólo trato de identificar lo que es este blog y lo que no es. De qué se trata y para quién es. Si usted quiere la emoción de ver el trasero de una mujer consiguiendo el tratamiento completo (y no hay nada de malo en ello. A veces, me gustaría verme a mí mismo) sería mejor que se fuera a otro lugar. No es, espero, un blog que trate esencialmente sobre mí. Ni voy a dar una lista con las cien cosas que te gustaría conocer de mí, tal como hacen algunos bloggers. Nunca váis a saber si prefiero a los gatos o los perros. (No sé por qué os importa). Por supuesto, me doy cuenta que existe una sensación que tenga que ver conmigo. Como dice el dicho: “El estilo es el hombre.” Este es un blog sobre lo que pienso, lo que me interesa, sobre todo sobre la experiencia D/s. Es un discurso-meta (que hace esta presente entrada, supongo, una meta-meta-discurso).
Tal vez exagero la medida en que me mantengo al margen de este blog. De vez en cuando, la gente que me conoce revolotea dentro y fuera, pero no existe una narrativa coherente y consistente. No existe una estructura real. Sólo divago sobre lo que me viene a la cabeza y, supongo, que proseguiré divagando hasta que empiece a aburrirme. Todos los blogs son una indulgencia. Nadie me pide que le escriba y, ciertamente, nadie me paga. Lo hago porque quiero, porque me divierte. Si consigo lectores, reconozco que es bonito. No quiero ni me gusta estar hablando en una habitación vacía. Pero, creo que tampoco estoy entre una muchedumbre agradable. Algunos de mis lectores – no más de cuatro – me conocen y creo que escribo para ellos y para muchas otras personas, así como para mí. Y si otras personas quieren escucharme y leerme, eso es genial.
Bueno, lo que he escrito de mí y sobre mi blog es suficiente. Os prometo algo de carbón la próxima vez.

viernes, 16 de enero de 2015

La lucha interior: Luchar o volar

“Cuando algo nos asusta, nuestra primera reacción es correr muy rápido en la dirección opuesta. La segunda respuesta es, en realidad, mucho más difícil. Es estar en el lugar donde se ignoran todos los instintos y, en vez de correr, lo suyo es quedarse y luchar.”
Ella se encontró con esta frase y le encantó. Se sentía justo como una sumisa demuestra lo que es. Ser como una sumisa que le gusta ser presionada y tener un dominante que disfruta presionándola, incluso, más de lo que ella quiere. Este tema era una lucha perenne y constante en su cabeza. Cuando él hacía una declaración, asustaba a su sumisa y hacía que su mente decidiera salir corriendo. Pero, bajo su sumisión, ella ignora a sus instintos y sigue su liderazgo.
Desde siempre, ella sabía que le gustaba el miedo y que la presionaran sus límites. Hasta que llegó su Dominante, no supo hasta qué extremo.
El vuelo: Arrodillada en el suelo, su cara sobre una almohada y las manos atadas a su espalda. Así es como empieza su vuelo, oyendo su voz y tratando de escuchar lo que él podría optar por usar. Preguntándose cuán duro es arrancar. Preguntándose a sí misma: “¿Por qué hago esto?” Sentir su primer cachete no es tan malo. Contar cada uno, cuando cada uno es más y más fuerte. Esto le produce miedo, y le duele. Su cuerpo alejándose, ella corriendo. Al oír su voz, siente el tirón de las pinzas. De vuelta al sitio. Llora, ruega, cuenta y muerde la almohada. Este es su vuelo.
La lucha: “Soy toda suya,” se dice a sí misma. Le da lo que él necesita y ella también necesita. Cuando ella empieza a moverse, su voz y el tirón la traen de vuelta. Esto es lo que ella quiere. El dolor se convierte en placer. Su llanto es una liberación. El pedir, una alegría para el oído de ella. Permanece en esa posición, porque ella quiere. Todos los instintos idos, sintiendo sólo el miedo en vez del placer. Ella hace esto porque es lo que es y porque quiere. Ella pertenece a esto. La confianza y el cuidado que él la ha prodigado le permiten dejarse llevar. Ella está de rodillas en el suelo, la cara en la almohada y las manos atadas a su espalda. Contando cada azote, gritando y amando la lucha.
Al final, ella se siente muy afortunada por haber encontrado a alguien en quien poder confiar lo suficiente en su sumisión y no saber cómo inyectarle el miedo, pero ella también confía lo suficiente para que la lucha se acabe. Por lo tanto, podemos jugar con el miedo y el placer que produce.

martes, 13 de enero de 2015

No te equivoques...

Esta noche, eres mía. Desnudaré tu alma y despojaré tu cuerpo desnudo. Me encanta tu sabor en mis labios, pues mi hambre es insaciable. Te llevaré al borde del éxtasis total, volverás a la anticipación enloquecedora. Trazaré los contornos de tu húmedo deseo con mi lengua. Implacable hasta que me grites que te coja.
Mi dureza roza tu piel brillante y arqueas tu espalda mientras resistes…inútilmente. Fijando tus manos por encima de la mía, mi boca un camino de besos lujuriosos a través de tu cuerpo hasta que me ruegas que te penetre. Los pezones en mi boca, lamiendo, chasqueando, chupando hasta que tu corazón amenaza con golpearse en el olvido.
Estás en mi dominio y soy el Amo de un lugar sin paredes ni definición. Di mi nombre y arrastra tus uñas por mi espalda. Marca tu territorio. Mientras tiro de tu pelo y facilito tu tormento. Sondearé tus secretos más profundos y exploraré tu santuario interior. Prepara tu mente y prepárate. No hay vuelta atrás. Traspasaremos a horcajadas las puertas entre el cielo y el infierno y tus gemidos resonarán en todas partes la misma noche.
Ven a mí. Déjame mostrarte los lugares en los que nunca te has atrevido a aventurarte. Una vez que te haya llevado allí y asolado en el olvido… Nunca volverás a ser la misma. Las chicas buenas no siempre quedan bien. Estoy aquí para mostrarte por qué.

viernes, 9 de enero de 2015

¿Cuándo empieza la dominación y la sumisión?

Por lo tanto, ¿cuándo empieza?
A la vista de ello, se diría que cuando el Dominante decide tomar el control y la sumisa decide consentirlo y, hablando honestamente, yo tendería a estar de acuerdo con esta sencilla explicación.
Pero, ¿cuándo empieza la relación?
Si miramos a la última frase, podemos ver dos pistas. La decisión de asumir el control y el consenso. Para ambas partes, este proceso es válido para los dos y sigue una línea fundamental, sentirse seguros. Como persona dominante, - con independencia de la “escabroso”, pero, por el bien de este artículo, hablaré solo en un sentido atrevido. Sé que tengo una responsabilidad moral de proteger de  cualquier daño a las personas con naturaleza sumisa. Y las sumisas que tienen que ser muy conscientes de las posibles situaciones de riesgo en que pudieran encontrarse. Especialmente, si ellas fueran demasiado lejos. Esto es algo muy importante que está en la mente de todos.
En el mundo vainilla, esta idea individual de la responsabilidad moral por la seguridad se mantiene por sus propios códigos de conducta ética. En el mundo “perverso” que nos ocupa, incluso cuando se entra en una sesión, pero sobre todo, al entrar en una relación D/s, esta idea de la responsabilidad por su seguridad, nunca se deja del todo cuando se transmite a la persona que autoriza la toma de su control, el aspecto de la confianza.
La decisión de autorizar
En lo que respecta a las sumisas y al tópico de este escrito, esta decisión de autorizar procede de estar bien informado, a través de compartir, de qué esperar, como se verán todos los riesgos previsibles, los beneficios a la persona por participar en esto, cómo resolver los problemas dentro de la relación y muchas cosas más. Por esto, es por qué el acto de sumisión se conoce “como consenso informado.”
La decisión de tomar el control
Para aquellos de ustedes que han leído asiduamente mis escritos, sabrán que la confianza para mí, está en compartir.
Una breve visión de fondo: He leído mucho sobre la conducta del consumidor, que abarca temas como la antropología social, la psicología y la sociología y la conducta cognitiva. Esto ha influenciado mucho en mi forma de pensar sobre el control.
El control es un rol activo o responsabilidad hacia los demás o sobre la conducta de otra persona. Toda conducta es un intento de satisfacer las necesidades de gran alcance que están dentro de nosotros y se compone de tres elementos claves. Lo que hacemos, lo que pensamos y lo que sentimos. Y en un momento dado, toda nuestra conducta es un intento para satisfacer estas necesidades dentro de nosotros. Estas necesidades incluyen:
La necesidad de sobrevivir y reproducirse.
La necesidad de pertenecer (amor, compartir y cooperar).
La necesidad de poder.
La necesidad de libertad.
La necesidad de divertirse.
Si bien esta lista no es exhaustiva, son las necesidades que usted encontrará en cada uno. Sin embargo, el control o falta del mismo no es una necesidad. Es la manera de cómo debemos funcionar con el fin de satisfacer nuestras necesidades.
La necesidad de pertenecer - por ejemplo, estar en una relación - es cuánto estamos dispuestos a aceptar el control o la falta del mismo. Nuestras vidas son una lucha continua para obtener el control de nosotros mismos para ser capaces de satisfacer estas necesidades, aunque sin privar a quienes nos rodean de satisfacer las suyas.
Cuando satisfacemos una necesidad, incluso desde una edad temprana, almacenamos una imagen mental de nosotros mismos y cuando queremos satisfacer esa necesidad una vez más, usamos esa imagen como base para lograrlo. Lo que es importante tener en cuenta aquí, es que no hay dos personas que compartan exactamente la misma imagen-ejemplo de la necesidad de estar sometida a un dominante.
O más concretamente, la necesidad de estar controlada o tener el control ejercido sobre un aspecto de su vida que usted quiere cambiar. La realidad es que muchas de esas imágenes – necesidades – son difíciles de cambiar, pero pueden ser cambiadas. Sin embargo, forzar esto, incluso en el nombre de ser dominante o sumisa es, por lo general, contraproducente.
La única manera de lograr un cambio en estas necesidades es encontrar primero algunas fotos – necesidades –que compartes con los demás y así construir la confianza, el respeto, etc., y luego, implementar un cambio consensuado informado.
En otras palabras, la decisión de un dominante de tomar el control también trata de sentirse seguro.
Por lo tanto, ¿cuándo se inicia la dominación y la sumisión?
Cuando los dos nos sintamos seguros.
Y llegar a este punto, no tiene nada que ver con lo pervertido o el mundo vainilla, pero tiene que ver todo con el escuchar a los demás como iguales.

lunes, 5 de enero de 2015

El espacio del Dominante. Parte 2

Mientras me movía a través de los engranajes, por así decirlo, desde el flogger al cinturón y a la tawse, yo estaba prestando atención a las respuestas que estaba recibiendo. Pero, al mismo tiempo, me estaba volviendo más comprometido conmigo mismo; de ahí, el título de este post. Las mujeres sumisas me lo han dicho varias veces: “Yo sé lo que me excita cuando me azotan, pero no acabo de ver completo lo que el dominante saca de ello.” Siempre me pareció esto una pregunta extraña. Aquí, tengo a una chica guapa y desnuda, a mi merced y ella quiere, de verdad, que le azote su trasero. ¿Qué más puedo pedir? Pero, tal vez, no sea inmediatamente evidente para todos, porque lo que en otro contexto sería un acto abusivo, puede ser la fuente de un placer muy intenso, tanto para el Spanker como para ella que es azotada.
No es fácil poner en palabras lo que siento, porque las sensaciones son viscerales y atávicas. Sobre todo, es una sensación de poder, el placer embriagador de ser capaz de hacer lo que quiera con otro ser humano. Pero, ¿por qué son los azotes el medio que he elegido para hacer más que cualquier otra cosa que pudiera elegir? Supongo que es la manera más fácil de saber lo que estás consiguiendo realmente a través de alguien. Es si puedes ver u oír sus respuestas a tus acciones. Por lo tanto, mientras ella se retuerce y chilla, tengo una respuesta instantánea. Sé, sin lugar a dudas, que los golpes de cualquier implemento que estoy esgrimiendo, están teniendo un impacto en su mente, así como también en su trasero. Esto hace sentirme fuerte en el mando. Quiero ejercitar mi poder jugando con ella, probándola, burlándome de ella, dándole su placer, pero sólo bajo mis propios términos. Porque el placer que ella consigue, tiene un precio, el precio de una entrega total y el precio de aceptar tanto dolor como ella puede soportar.
Sin embargo, se podrían conseguir respuestas diferentes. Ella se retuerce y gime hasta el punto de llevarla al orgasmo y, a su vez, lo disfruto muchísimo (vea más abajo). Creo que una de las cosas que más me excita sobre los azotes es el conocimiento de que ella perversamente obtiene placer por el dolor que le he infligido. Por lo general, se supone que las mujeres no quieren este tipo de cosas. Se supone que ellas no deben disfrutar de la humillación de ser puestas a través de la rodilla de un hombre, se supone que no disfrutan de estar atadas e impotentes, no se supone que ellas obtengan placer de tener su trasero azotado hasta que pidan misericordia, hasta que los moratones se muestran. Una de las grandes satisfacciones para mí, es que las mujeres admitan o reconozcan lo mucho que les gustan los placeres prohibidos, lo mucho que disfrutan de la perversidad. Yo siempre he querido mujeres “corruptas,” para corromperlas, para que sean dueñas hasta de los placeres culpables que ellas no se atreverían a confesar a sus madres o a sus amigas o a sus parejas vainillas. Hacer que las mujeres admitan que el goce del dolor es un placer perverso en particular, y muy poderoso para mí.
(Espero que no haga falta decir que el placer que obtengo de infligir dolor no es el único placer que consigo de los azotes. También me deleito en saber que ella está consiguiendo lo que quiere y necesita. Existe el placer de dar y es una gran parte de mi gozo de la experiencia. Pero, eso es otra historia).
Por lo tanto, cuando llega el momento el final, la hora de azotarla con la fusta, estaba en una especie del espacio del dominante, totalmente centrado en mis acciones y sus reacciones. No creo que el espacio del dominante sea exactamente el mismo que el subespacio. La mujer sumisa quiere ser transportada, sacada de sí misma, puesta en otro lugar, un lugar donde ella apenas puede articular más lo que ella quiere, a pesar de que haya allí una palabra de seguridad por si la necesita. Ella ha perdido el control por completo. Pero creo que el dominante nunca puede perder el control. Él es el único que es responsable del bienestar de ella. Puedo casi imaginar, si me esfuerzo, llegar a estar muy excitado con darle unos azotes que, quiero seguir y seguir. Puedo imaginarme a mí mismo, sin tener en cuenta sus deseos, haciendo caso omiso de sus lloros y gritos. Digo que puedo imaginarme esto; pero, yo nunca lo haría, porque soy dominante adulto y responsable y me preocupo de las mujeres que azoto. Nunca les haría daño. Por lo tanto, necesito mantener el control, no sólo de la mujer, sino también de mí mismo.
No obstante, existe una especie de lugar al que llego, donde la intensidad de mi placer al azotarla es casi una experiencia espiritual. Lo que busco es el momento cuando ella piensa que ha recibido suficiente, que realmente no puede aguantar más y que la abrazaría y acariciaría su cuello y le susurraría a su oído que quiero que sea una buena chica para mí y lo que más me agradaría, sería si ella pudiera recibir un poco más en ese momento.
Otros seis azotes susurras y luego, pararía si ese fuera su límite. Y ella duda. Ella quiere agradarme, quiere ser recibir más, pero la fusta duele de verdad. Y luego, ella asiente con la cabeza. Ese es un momento mágico para mí, saber que la he llevado más allá de lo que ella pensaba que podría aguantar, que la he puesto en un lugar donde el complacerme es más importante para ella que el alivio del dolor. Un lugar donde el dolor ser convierte en placer, porque es soportado para mi placer, que es el de ella.
En ese estado, a menudo, quiero aplazar el follar a mi chica, porque creo que me sacaría del espacio del dominante. (Me resulta difícil de explicar por qué debería ser así). Yo preferiría, cuando llegue el momento de que ella ya no puede aguantar más, abrazarla y susurrarle en su oído y darle la atención que necesita. Y en esa ocasión, estoy recordando justo en este momento, lo que ella necesitaría además de los besos y las palabras que estarían por venir. Podría decirla que todo su cuerpo estaba a punto en la cresta de una ola de deseo. Así que, puse mis dedos en ella y empecé a follarla y encontré su clítoris y lo acaricié. Esto me dió tanto placer como los azotes. (Fue una buena cosa que ella estuviera todavía atada, porque se corrió con tal fuerza que, de alguna manera, se podría haber caído de la cama). Más tarde, la penetré y estuve muy contento de haberlo hecho, pues entonces, yo estaba en un espacio diferente.
Esta lectura se ha acabado. Todavía no creo que haya precisado qué es lo que experimento durante unos azotes. Creo que tengo que hacer algo más práctico en la investigación.