“Ven
al dormitorio,” él dice.
Él se
sienta en el borde de la cama. Ella permanece de pie delante de él esperando
instrucciones.
“Quítate
las ropas,” le dice.
Ella
puede decir desde su estado de ánimo que no puede ser coqueta. Se quita cada
prenda lentamente, casi con solemnidad, desabrochando, descorriendo
cremalleras, dejándolas caer al suelo.
Cuando
ella está desnuda, él dice: “Acércate.”
Ella
está de pie con sus rodillas casi tocando las de él.
“Abre
tus piernas un poco,” le dice.
Él se
sienta mirándola durante un momento, la mira a sus ojos. Él alarga una mano y
mete un dedo en su vagina. Ella sabe lo que va a encontrar. No es la primera
vez que ella se pregunta si es normal que una chica se humedezca tan rápido.
Él
gira su dedo por el interior de ella, lo saca y se lo mete en su boca y lo lame
despacio. Lo saca.
“Qué
bueno,” él dice.
Vuelve
a meter su dedo en el interior de ella, lo saca nuevamente y lo introduce en lo
boca de ella. Ésta lo chupa. Ella nunca está muy segura del todo de cómo se
siente sobre esto.
Una
vez más, él vuelve a introducir su dedo en ella. A continuación, un segundo
dedo y empieza a follarla. Ella pone una mano en el hombro de él para mantener
el equilibrio. ¡Dios! a ella le gusta esto.
Él
saca sus dedos. Por un momento, ella se siente despojada. Él los seca en el
vientre desnudo de ella.
“Es
hora de chupar mi pene,” le dice.
Ella
se pone de rodillas. Él desabrocha su
cremallera y lo saca para ella.
“Si
haces esto realmente bien, te follaré de la manera que más te gusta,” le dice.
Ella
se inclina para realizar su tarea.