viernes, 29 de mayo de 2015

"Quítame el cinturón"

“Quítame el cinturón,” le digo.
Parece como una simple orden y, sin embargo, es mucho más que eso.
Cuando le digo que me quite el cinturón, es como una yuxtaposición de poder. Le ofrezco el control durante un breve momento, a la vez que lo sigo reteniendo.
Cuando sus manos están desabrochando mi cinturón, ella está reconociendo que le he dado una opción. Pero, al mismo tiempo, aceptando que está renunciando a la libertad de elegir.
Cuando ella está tirando del cinturón a través de las trabillas, sabe exactamente lo que va a hacer con él. La estoy presagiando su propio dolor y su propia perdición. Sin embargo, sus dedos lo hacen voluntariamente.
El mismo poder que le he dado para que me quite el cinturón, será usado para recuperarlo.
Y, cuando ella dobla el cinturón por la mitad y me lo presenta, me está devolviendo ese poder.
Yo no tengo que coger su sumisión.
Porque ella me la está entregando, voluntariamente.

martes, 26 de mayo de 2015

Su deseo más profundo

Hay una cosa que ella desea más que nada. Las sensaciones de una boca suave presionando su piel, entre sus piernas, en el vértice de sus muslos, desbrozando el camino hasta el punto de abrirlos ampliamente para darle la bienvenida. Sus labios calientes sobre su clítoris, tirando de él y despertándolo de su letargo hasta que se hincha formando un montículo perfecto. Su lengua acariciándolo a lo largo de los canales formados a ambos lados, entre los labios y la lengua de esta segunda boca de ella, esta entrada hacia su oscuridad, caliente y corazón sensual.
La excitación crece dentro de ella, mientras la lengua de él explora desde más atrás, alrededor del borde del espacio místico, alargándose y deslizándose en su interior, a la vez que ella grita y agarra su cabeza entre sus piernas, sus manos tirando de sus cabellos y su pelvis elevándose para salir a su encuentro. Porque, en este preciso momento, nada la mantendrá tranquila ni quieta.
“Soy una sirena, soy una puta, soy una arpía devoradora que necesita la penetración de esa sutil y deslizante serpiente,” ella deliraba
Él sondea y rebusca a través de todos los contornos, grietas y hendeduras de su espacio interior, con mucha delicadeza y suavidad y tan diferente del empuje de una verga inflexible. Ella presiona más fuerte contra su lengua, para introducirla más adentro. Siente los dientes contra su carne y el choque de su cabeza contra los huesos de su pelvis, su piel suave, atrapada y herida entre los dos, sus piernas envueltas sobre los hombros de él para mantenerla allí.
Ella casi oye el rugido que surge de su segunda garganta, los grandes estremecimientos, el éxtasis incomparable que sigue y sigue sin consuelo.
Esta es una de las cosas que ella desea más que nada. En aras de lo cual, no hará nada, excepto sufrir cualquier degradación. Su Amo lo sabe y, en su sabiduría, la protege de ella hasta que la ha satisfecho por completo, con su entrega y buen hacer.

sábado, 23 de mayo de 2015

Ella viene a mí

En la agonía de la noche, mientras el crepúsculo contiene la respiración, a veces, vienes a mí en silencio. No sé si sueño contigo o si eres un producto de mi imaginación. No me importa. Barro tus pies y te pierdes en mis brazos. Para esos momentos, soy tu realidad, tu mundo, tu propio aire para respirar. Tu cuerpo es el lienzo, donde tejo mi carnal caligrafía, en mi anhelado tapiz y en el que envuelvo tu alma. Me pregunto a través de la oscuridad y tu luz me hace señas más cercanas. Bebo en tu espíritu delicioso para satisfacer mis propios deseos. Mis labios acarician tu piel y la sensación de besarte suavemente envía tu cuerpo al éxtasis eterno. En ese lugar, real o fantasioso, nos unimos y satisfacemos tus necesidades y deseos primarios. Mientras te domino y penetro, tu respiración deja tu cuerpo y quedas suspendida en el éxtasis de un placer completo. Nuestros espíritus danzan en los albores de los rituales más oscuros de la lujuria y, cuando el sol se acerca, desapareces tan repentinamente como apareciste.
¿Eres real o sueño contigo?
Cada noche, me  visitas y arrebatas todo mi ser y, entonces, eres muy real para mí.

martes, 19 de mayo de 2015

Un ajuste perfecto

La tienda no tiene ventanas: no puedes ver nada desde fuera. Y para poder entrar, hay que pulsar un timbre. Mientras esperan a entrar, ella tiene un fuerte deseo de huir. Al ver esto, él la coge de la mano, en parte para tranquilizarla y, en parte, para mantenerla cerca.
En el interior de la tienda, hay ropa fetiche, de goma, cuero y látex. Hay una estantería llena de palas de madera y látigos y un expositor, tipo recipiente para paraguas, lleno de canes y fustas para azotar. Hay mordazas de todas clases, de bolas rojas, azules y amarillas, mordazas como las que llevan los caballos, mordazas en forma de pene. Hay pinzas para los pezones que parecen malvadas y, tal vez, aún para partes tiernas. Esposas de todas clases están expuestas para la venta: Esposas para las muñecas, parejas pequeñas de acero para los pulgares, esposas de cuero para las muñecas y los tobillos, barras distanciadoras para mantener las piernas separadas. Y luego, están los butt plugs. Tampones de silicona, caucho, acero y cristal. Algunos tan grandes que ella se estremece con solo mirarlos.
Un vendedor joven y bien parecido, con una camiseta negra ajustada, se acerca. Ella no está segura si es gay, pero piensa que es atractivo.
“¿Puedo ayudarle?” él pregunta.
“¿Creo que tienen un servicio de asistencia personal para los butt plugs?” Dice su dominante.
“Sí, señor. Lo tenemos,” responde el vendedor.
Ella se sonroja con un color rojo brillante. El asistente los introduce en una cabina pequeña, corriendo las cortinas detrás de ellos. Hay un banco con la parte superior acolchada.
“¿Le importaría a la señora levantarse la ropa?” insinúa cortésmente el vendedor.
Ella duda. Su dominante le pone la mano en la nuca y la dirige con firmeza hacia el banco, poniéndola boca abajo sobre el mismo. Cuando ella está colocada, él levanta su falda hasta la cintura. Siguiendo las instrucciones de su Dominante, no lleva ropa interior. Ella se sonroja todavía más, cuando se imagina al hombre joven mirando su trasero desnudo. Sin duda, él está pensando, “¿qué clase de chica va por ahí sin bragas?”
“En primer lugar, voy a tomar medida,” dice el vendedor.
Él fabrica un dispositivo curioso, un tubo pequeño dividido por la mitad, las dos mitades unidas por muelles. Al final, unido al mango, hay una esfera pequeña.
Todos nuestros equipos y muestras de plugs han sido cuidadosamente limpiados y esterilizados,” él dice.
Saca un par de guantes de látex, coge un tubo de lubricante y derrame un poco en sus dedos. Suavemente, introduce un dedo en su ano. Su tacto es firme y seguro. Aún así, se siente mortificada al estirarse hacía fuera delante de un desconocido y ser invadida de esta manera. Después de sacar el dedo, él lubrica el dispositivo y lo inserta. Ella lo nota frío, pero no incómodo. El vendedor comprueba la lectura en el dial.
“Aprieta,” dice él.
Sonrojándose todavía más, ella contrae los músculos alrededor del dispositivo.
“Como yo pensaba,” dice. “Ella no es muy mayor. Necesita el plug más pequeño de la escala.”
Él sale. Su dominante acaricia su nuca. “Tranquila, mujer,” le dice.
El asistente vuelve pronto, trayendo una bandeja con tres butt plugs de silicona negra en orden ascendente de tamaño. El primero es tranquilizadoramente pequeño. Lo lubrica hacia arriba y rápidamente lo introduce en el ano de ella.
“Usted ha visto cómo se ha introducido fácilmente,” dice. “Ciertamente, ella puede aceptar un tamaño más grande.”
“Bueno, lo que su cuerpo pueda o admita,” dice su dominante.
El asesor saca el primer plug e inserta el segundo. Lo siente notablemente mayor, aunque todavía no le incomoda.
“¿Tal vez, un tamaño todavía mayor?” El vendedor pregunta.
“Definitivo,” dice su dominante.
El vendedor inserta el plug más largo de los tres. Ella gruñe mientras se lo introduce. Siente que la están dilatando, llenándola. La sensación es buena a pesar de la vergüenza de que un hombre extraño lleve a cabo un acto tan íntimo. Su dominante se apodera del plug y lo gira con suavidad. Luego, lo presiona un poco más adentro. “Este es el adecuado,” ella piensa. “Me siento muy abierta, soy consciente de su presencia.”
“Un ajuste perfecto,” dice el vendedor.
“La cosa es,” dice su dominante, “que ella necesita uno realmente grande. Si es demasiado cómodo, no hace bien su función. Idealmente, debería doler un poco al introducirlo. Por lo tanto, ella debe ser dilatada hasta el límite. Estoy entrenándola para que se adapte a un pene muy grande.”
Ella se encoge de vergüenza. Quiere que la tierra se abra.
“Ya veo,” dice el hombre joven. Él mira hacia la entrepierna de su dominante, como si fuera a preguntar: “¿Es esa polla grande en cuestión la suya, señor, o la de otro hombre?”
Su dominante ignora la pregunta implícita. “Por favor, tráigame una talla mayor y también el formato superior a ese,” le dice.
Ella se queda con el mayor de los tres plugs clavado en su ano. El vendedor vuelve pronto con dos plugs envueltos en celofán.
“¿Me permitiría el señor probarlos en ella?” le pregunta.
“No va a ser necesario,” dice su dominante con firmeza. “Los insertaré yo mismo una vez que estemos en casa.”
Ella vuelve la cabeza y mira fijamente a los plugs en la mano del vendedor. El más grande tiene un tamaño aterrador. De ninguna manera, ella se meterá tal cosa, se dice a sí misma. Absolutamente imposible. Sería partirla en dos. Incluso el más pequeño da miedo. Su dominante le envía una leve sonrisa, pero no es una expresión de tranquilidad. Más bien, esa sonrisa es una espera hasta que llegue a casa.
Con habilidad, el vendedor saca el plug de su trasero. Le alarga un pañuelo para secarse. Ella consigue con cautela ponerse de pie. Al final, su falda cae hacia abajo y se recompone modestamente. Pero, no puede mirar al vendedor por vergüenza.
“¿Algo más, señor?” pregunta el vendedor.
Esta vez, no,” dice su dominante.
Puede decirse que está ansiosa por llegar lo antes posible a su casa. Su trasero se estremece al pensarlo y ella se sonroja una vez más mientras salen de la tienda con los dos enormes plugs metidos en sus bolsillos.


viernes, 15 de mayo de 2015

La libertad de la Dominación

Muchas sumisas hablan sobre la libertad de la sumisión, la liberación de las tensiones de la vida, de tomar decisiones, de hacer las cosas bien. Hablan sobre la bienaventuranza de dejarse llevar, de entregarse, de ser ellas mismas, centrándose solo en lo que ellas son responsables.
Voy a argumentar que existe una libertad similar en la dominación. Es maravilloso estar al frente de la relación para tomar todas las decisiones, sin responder a nadie, excepto a uno mismo. Para tener ese delicioso peso de responsabilidad sobre los hombros. Todo es completamente para usted y es una sensación maravillosa y dichosa. Usted es responsable de todo. Usted gobierna, decide sin vacilación ni resistencia. Es donde puede liberar a la bestia interior y hacer lo que usted desee. Donde la dulzura del poder sólo puede ser comparada con la miel de la responsabilidad.
No hay obstáculos, no hay gravámenes. Sólo la alegría de ser uno mismo, disfrutando por completo de su propiedad, deleitándose de la responsabilidad y regocijándose en el botín de su reclamo.
Donde no hay nada, excepto esta increíble libertad de estar por completo al frente de la relación, de tu sumisa. Es maravilloso ser dominante.

lunes, 11 de mayo de 2015

Dolor

El dolor se presenta en muchos sabores. Muchos más de lo que la gente sueña. Y no me gusta el dolor.

No me gusta causar dolor, sólo por causar dolor. No me gusta causar dolor porque me haga sentirme hombre o me dé una cierta apariencia de un imaginario poder en mi vida. No me gusta causar dolor porque quiera vengarme de alguien o de algo.

Y como no provoca nada de esto, nunca voy a causarte dolor.

En verdad, el dolor es sólo un medio para un fin y causo dolor porque me hace feliz.

Y me hace feliz oír que chillas, gimes, lloras, gritas y me ruegas para que me pare. Me ruegas para que yo siga adelante, me pides que te haga sentir. Me hace feliz oír que te lamentas y gritas y gruñes con unos sonidos guturales incontrolados que no puedes detenerlos, porque entonces podrías ser el Sol.

Te causo dolor porque me excita al ver cómo tu cuerpo se mueve alejándose de mí, mientras trabajo. Me excita el verte corcoveándote, inclinándote, tirando, tensionándote y revolviéndote. Me excita mientras luchas contra mí, cuando sucumbes ante mí y te mueves no hacia fuera, sino hacia mí.

Te causo dolor porque siento la poderosa sensación de tu piel caliente y ondulante y amoratada y fundida en mis manos. Siento la poderosa sensación de tu ropa interior humedeciéndose mientras trabajo.

Te provoco dolor porque me siento como una persona, cuando te hago todas estas cosas y te doy las gracias después. Me siento completo, cuando haces todas estas cosas y te colapsas en mis brazos y lloras el dolor incesante de tu alma. Me siento completo, si haces todas y no dices nada o no haces nada, sino simplemente sonreír y alejarte.

Te causo dolor porque quiero que seas feliz.

Te causo dolor porque necesito que seas feliz.

Te causo dolor porque eso te hace feliz.

Y si no te hace nada de esto, nunca te causaré dolor, si puedo evitarlo.

viernes, 8 de mayo de 2015

Corre, corre...

Una y otra vez, y no importa cuántas vece lo oigas, el  eco de sus palabras permanece en ti y la única cosa que puedes hacer, es ir lo más rápido que puedas. Se oyen los ruidos de las cosas alrededor de tí. Pero, realmente, nada entra, a pesar de lo que fuerte que esas palabras sean.
Tu corazón parece como si fuera a salirse a través de tu pecho, tus pulmones arden con fuego, pero no puedes dejar de moverte. Todo va muy rápido. Los mundos son una mancha y un paso en falso podría terminar con todo. Hay tanta adrenalina corriendo a través de ti que ni siquiera puedes sentir cuándo la rama acaricia tu cara.
La sangre caliente gotea por sus mejillas y el único aullido del cazador captando tu aroma hace que te des cuenta que estás sangrando. El sonido era demasiado cercano y el pánico y el miedo se establecieron, se alojaron en tu cuerpo, por lo que tú tropiezas.
“Usted no va a ser azotada en su propio juego.” (No todavía).
“No se pare, siga moviéndose.” (Menos todavía).
“¡Puta carrera!”
Gritas contra tí misma por la frustración. No puedes hacer esto por mucho tiempo, te cansas rápidamente y la única esperanza de escapar es tan débil como ahora te podría parecer. Tienes que esconderte. ¿No es esto lo que asusta a los animalitos pequeños cuando no pueden correr más? Pavor al burbujear en la boca del estómago que, como usted sabe, el pararse es la peor idea posible. Pero la única que pudiera funcionar. Si puedes pararte y tomar aire durante cinco minutos, escucha los ruidos y trata de encontrar una nueva dirección. Entonces, existe la posibilidad de que usted pueda conseguir otra buena carrera entre ustedes dos. O, de lo contrario, serás cogida. Pero, ¿qué otra opción tienes ahora?
Estás confusa y sin opciones, pero antes de que puedas incluso optar entre correr más lejos o encontrar un sitio para esconderte, te estrellarás contra el suelo con toda tu fuerza. Golpeando el aire de tus pulmones, haciendo que quedes boquiabierta, desorientada y sintiéndote un poco derrotada. La lucha para un paso atrás no lleva a ninguna parte y terminas dando la vuelta, mirando a los ojos del cazador.
Lo que suceda después, ya no dependerá de tí.


martes, 5 de mayo de 2015

Sobre la denegación

La denegación del orgasmo es una de las estrategias más valuadas en el reforzamiento de la disciplina y la obediencia. He descubierto que es especialmente útil en las relaciones D/s a larga distancia, donde tú no puedes hacer todas esas cosas que las mujeres sumisas anhelan, como tirarle de los pelos, abofetear su cara, retorcerles los pezones y azotar su culo. Por lo tanto, tienes que ser un poco más ingenioso.
La negación del orgasmo es un nombre poco apropiado, porque una gran parte de las veces, no se trata de una negación completa, sino de imponer restricciones o simplemente complicaciones. Sin embargo, una negación completa es, con toda certeza, buena para ella. De acuerdo con mi experiencia, las mujeres sumisas son más orgásmicas que la mayoría de las mujeres (aunque no estoy muy seguro de que lo sean, porque son sumisas o si es al revés). Y así, la negación produce un fuerte efecto, que es todo lo que el dominante está buscando. Es buena cuando ella dice lo mucho que está sufriendo, cómo le duele y palpita su vagina, lo desesperada que se está poniendo y cómo ella no puede pensar en algo más que no sea en su necesidad de correrse. Encuentro que esto me hace ser aún más estricto al gestionar sus deseos.
Con esto, he experimentado dos cosas. En la primera, la negación es para un momento determinado. Como en: “No te puedes correr hasta el viernes a las 3,30.” Por lo tanto, ella pasa el tiempo intermedio contando las horas y minutos y contra más se acerca a ese momento, se pone más desesperada e inquieta, hasta el punto donde su necesidad domina toda su mente y piensa que ella podría volverse loca antes de llegar al tiempo límite.
La otra táctica es imponer una prohibición indefinida. “No puedes correrte hasta un nuevo aviso.” Este es un punto discutible que es el más difícil para la pobre mujer. Si ella sabe cuánto tiempo va a durar, al menos, tiene una meta. Pero si el objetivo es de varios días, ello puede parecer como un largo calvario. Si la prohibición es indefinida, existe la esperanza de que pudiera terminar en cualquier momento, pero existe la horrible perspectiva de que pudiera seguir, y seguir un futuro libre de orgasmos que dure una eternidad. Tiendo a pensar que, a los efectos de la disciplina y el control, aprender la aquiescencia es la voluntad del dominante, una prohibición indefinida es mejor. Ella necesita ser enseñada de que su rol como sumisa es la aceptación y su objetivo, la tranquilidad de saber que ella procede de la sumisión total. Centrarse en el momento de que se le levante la prohibición, no es de lo que se trata.
Me gusta variar la prohibición total de todo tipo de restricciones. Algunas de ellas no son más que meros inconvenientes. Ella sólo puede correrse a partir de cierta hora del día o en un sitio en particular (por ejemplo, “durante la próxima semana, solo te puedes correr en tu coche. ¿Eso es duro? Demasiado malo”). O ella no puede usar su vibrador o ni incluso sus manos. (Las mujeres ingeniosas y necesitadas encuentran todo tipo de maneras…). Tal vez, ella deba llevar su plug en su trasero mientras lo hace (una mujer sumisa sin un plug es como un pez fuera del agua) o tener penetrada su vagina con algún objeto mientras se masturba.
Me gusta oír sus respuestas, lo duro que es y lo que la hace sentir. Siempre le digo que estoy abierto a sus solicitudes y me gusta escuchar a las mujeres sumisas cómo piden. Por supuesto, también me gusta rechazarlas. No tienen garantías de que llegue ablandar mi duro corazón.
Creo que se trata de una verdadera experiencia de aprendizaje, no de un ejercicio inútil, porque a las mujeres, les resulta realmente duro. Nada hace que una mujer quiera correrse más que el saber que ellas no pueden. Las chicas necesitan saber que hay un objetivo detrás de ello. Tienen que darse cuenta que, esencialmente, se trata de enseñarles el respeto por el poder del Dominante y de la obediencia, la paciencia y todas las demás virtudes de la sumisión. Al mismo tiempo, necesitan aprender que las restricciones actuales impuestas no tienen ningún significado por sí mismas. Son puramente arbitrarias. ¿Cuánto tiempo dura una prohibición? Es simplemente una cuestión caprichosa del dominante (y, ¡ay! de la mujer que se queje que no es justo).
A veces, no es una cuestión de imponer prohibiciones o restricciones, sino de ordenar orgasmos obligatorios. “Te correrás a las 6 en punto de la tarde. Lo harás de nuevo a las 7 y otra vez a las 8 de la tarde. Luego, ninguno más, hasta mañana.” Esto es tan eficaz como enseñarle obediencia. También escribí recientemente en este blog sobre los orgasmos arruinados. Son los mejores para aplicarlos en persona, donde el dominante puede ejercer un control completo. Pero, sin duda, es bueno para llevar a una mujer hasta el límite. Parar, esperar, empezar de nuevo, parar otra vez y así sucesivamente. Y tal vez, hasta que la pobre mujer sea reducida a un naufragio de necesidad saturada (empapada). Aunque es más eficaz en la vida real, esto también es un buen escenario para practicar online, poniendo en marcha la webcam. La expresión de su cara cuando usted le dice: “Para,” es más gratificante.
No hace falta decir que, para hacer estas cosas sin la cámara, se necesita una confianza absoluta con su sumisa. Usted tiene que estar convencido de que ella es totalmente honesta y sincera. Si usted tiene alguna duda de que ella no realiza las cosas que le dice que haga o no hace las cosas que usted le ordena, entonces, esto no tiene sentido. Todo se rompe, no sólo la estrategia de la denegación, sino que creo que hasta la relación misma, la cual no puede sobrevivir con la ausencia de la confianza.
He conocido a un par de sumisas que me han comentado el éxito de la negación del orgasmo. Creo que hay algunas para quienes el acto de la masturbación no es sólo un placer y el alivio de una necesidad. Más bien, parece que es para reforzar el sentido de la mujer por sí misma, proporcionándole  la comodidad y la tranquilidad que necesita para sentirse segura y realizada. Si esto, de esta manera, es importante para ella, no me gustaría que se lo quitaran. Hay otras maneras de enseñar a obedecer. Pero, creo que si una mujer intentara usar este argumento, cuando no es verdad en su caso, cosa que he llegado a saber, yo tomaría rápidamente las medidas oportunas.


sábado, 2 de mayo de 2015

La pérdida de la atemporalidad

Hace años, leí una historia de mi escritora favorita, Anaïs Nin, llamada “La pérdida de la atemporalidad” (también conocida como “La historia de un barco” - que está publicada y disponible en una colección de  historias antiguas y está por casi todas las librerías). Hoy, me pasé un buen tiempo pensando en esa historia. Reflexivo y contemplativo, como con tanta frecuencia sucede cuando una persona está en apuros. Es una historia muy simple acerca de estar en un barco que da vueltas y vueltas. La vida pasa, el tiempo pasa y los años pasan sin darnos cuenta. Es demasiado simple para reducirla a un cuento con moraleja. Es una historia acerca de cómo el ritmo de la vida la establece, se accede a ella, sino que también se ve algunas veces la posición estática, la comodidad de la rutina que inspira y atrae el letargo que es a la vez hermoso y peligroso. Ello significa que hay que romper ese letargo cuando se ha llegado a estos niveles contraproducentes, al pensamiento y la acción inmediatos. La plenitud del mensaje salta a la vista, moviendo al lector y grita: “Vive tu vida. Vívela sin arrepentimiento. Vívela sin remordimiento porque es muy corta y tenemos solo unos momentos en el ámbito cósmico para hacer las cosas bien.”
Conforme pasan los años, mientras la sabiduría de la edad permanece sobre el caos y la temeridad de la juventud, a menudo, pienso en la historia con mucho cariño, a pesar de que hay una gran cantidad de la misma que puedo, con toda lógica, contra argumentar.
Lo que sé, es que usted tiene que vivir su vida, luchar por toda su felicidad, dedicarse a amarse a sí mismo al igual que aquellos a quienes aprecian cada momento que le das. Sé que esta vida es corta. El amor es la respuesta a una gran cuestión de la vida, el universo y todo (pues todavía me sigue encantando). Sé que cada risa es un regalo tanto como la joya más apreciada. El amor se puede transmitir a través de una mirada o el tacto, tanto como por los labios.
También sé y voy a citar a Anaïs Nin que supo cómo amar muy bellamente:
“El amor nunca muere de muerte natural. Se muere porque no sabemos cómo reponer su fuente. Se muere de ceguera y errores y traiciones. Se muere de enfermedades y heridas. Muere de cansancio, marchitándose y oscureciéndose.” Anaïs Nin.
Sé que hay momentos en los que hay que tomarse un tiempo para frenar el caos, establecer prioridades y hacer realmente un esfuerzo para los triunfos importantes. Sé que los sueños cuestan un poco más de lo que quieres pagar y es eso lo que los hace tan seductoramente esperanzados y aplastantemente frustrantes. Sé que la perseverancia es la clave para el éxito, pero este no es nada si gastas tu vida o pierdes todo lo que es importante para tí. Sé que casi siempre nos lamentamos de las cosas que perdemos, mientras que no estábamos buscando y nuestra mirada estaba fija en otros lugares. Pero, los sueños realizados se comparten mejor con los seres queridos. Esto también es una validación de una vida bien vivida.
A veces, la atemporalidad es exactamente lo que necesitamos y algunas veces su antítesis. Al final, la vida es nuestra para ser vivida y es exactamente lo que hacemos, para bien o para mal y siempre es demasiado corta.

viernes, 1 de mayo de 2015

El cazador

Puedes oler su miedo, ese cambio sutil en el aire mientras el significado detrás de tus palabras cae de pronto sobre ella. Ves el cambio en sus ojos, la excitación y el miedo mezclados juntos para crear esta perfecta expresión de presa. Te encanta esa mirada en ella. Le conviene ser tan miedosa. Ella se siente como el animalillo asustado que cree seriamente ser más astuta que usted. Es muy obvio que no hay manera en el infierno de que ella pueda correr más rápida que usted. Pero, ella piensa que es más inteligente que usted y, también piensa que es muy inteligente.
Usted puede decir del por qué de esa sonrisita tan socarrona que cruza su cara. Incluso, ella puede pensar que podría ganar esta lucha. Su intención es abofetear esa sonrisa tonta de su cara.
Él deja su sonrisa, deja su sonrisa satisfecha, deja que ella se convenza a sí misma de que esto podría funcionar. Esto sólo hará que sea mucho más dulce cuando usted la consiga. Cuando pueda ver esa mirada de miedo creciente, cuando, por fin, ella se da cuenta de que no puede ganarle y le hará lo que usted quiera. Esas son las únicas reglas.
“Corre lo más rápido y lejos que puedas. Si te cojo, allí no habrá palabra de seguridad. Serás mía de la manera que yo quiera,” usted le dice.
Si te escapas, si me engañas… bueno, si eso llega a suceder, entonces, podrás decidir cuál será tu premio.
“¡Corre!”

lunes, 27 de abril de 2015

Hacerlo bien

“Ven al dormitorio,” él dice.
Él se sienta en el borde de la cama. Ella permanece de pie delante de él esperando instrucciones.
“Quítate las ropas,” le dice.
Ella puede decir desde su estado de ánimo que no puede ser coqueta. Se quita cada prenda lentamente, casi con solemnidad, desabrochando, descorriendo cremalleras, dejándolas caer al suelo.
Cuando ella está desnuda, él dice: “Acércate.”
Ella está de pie con sus rodillas casi tocando las de él.
“Abre tus piernas un poco,” le dice.
Él se sienta mirándola durante un momento, la mira a sus ojos. Él alarga una mano y mete un dedo en su vagina. Ella sabe lo que va a encontrar. No es la primera vez que ella se pregunta si es normal que una chica se humedezca tan rápido.
Él gira su dedo por el interior de ella, lo saca y se lo mete en su boca y lo lame despacio. Lo saca.
“Qué bueno,” él dice.
Vuelve a meter su dedo en el interior de ella, lo saca nuevamente y lo introduce en lo boca de ella. Ésta lo chupa. Ella nunca está muy segura del todo de cómo se siente sobre esto.
Una vez más, él vuelve a introducir su dedo en ella. A continuación, un segundo dedo y empieza a follarla. Ella pone una mano en el hombro de él para mantener el equilibrio. ¡Dios! a ella le gusta esto.
Él saca sus dedos. Por un momento, ella se siente despojada. Él los seca en el vientre desnudo de ella.
“Es hora de chupar mi pene,” le dice.
Ella se pone  de rodillas. Él desabrocha su cremallera y lo saca para ella.
“Si haces esto realmente bien, te follaré de la manera que más te gusta,” le dice.
Ella se inclina para realizar su tarea.

sábado, 25 de abril de 2015

Para tí, mujer sumisa

Eres peculiar, contundente y cándida. Algunas veces, tus días son demasiado oscuros y tus noches, a veces, son demasiado largas. A menudo, viajas sobre tus propias inseguridades. Requieres atención, tiempo de pasión y deseo de ser deseada. Usas la música para hablar cuando las palabras te fallan,  a pesar de, que las palabras son tan importantes para tí como el aire que respiras. Te encanta que lo haga dureza y con todo lo que tienes e, incluso, con tus propios defectos. Eres digna de ser amada.


viernes, 24 de abril de 2015

Acto de exhibicionismo

Aquí hay una paradoja. Todavía no la he visto desnuda en sus propias carnes, pero sé que cuando lo tenga que hacer, no voy a tener problemas para que se quite sus ropas. Cuando chateamos online, ella es tímida y reacia a mostrarme algo de su cuerpo. Debería ser al revés, ¿no? Cuando la veo por la pantalla del ordenador, ella está a medio mundo de distancia. Puedo verla, pero no tocarla. Ella no se expone a ningún peligro de que al quitarse algunas prendas, la vayan a llevar a alguna parte donde ella no quiera ir.
Creo que la mayoría de las mujeres tienen un lado exhibicionista. Saben lo mucho que a los hombres les gustan mirar y conocen y disfrutan de la cantidad de poder que esto les da. Incluso las mujeres sumisas pueden sentirse de esta manera. A ellas, les gustan bromear, les gustan excitar. Y sin embargo, ella es tímida, casi virginal en la forma que se sonroja y ríe nerviosamente y se aleja si aleja si hay sólo una pizca de que yo pudiera pedirla que me mostrara algo. Tal vez, haya montones de mujeres sumisas que no son de esta manera. Tal vez, esperan impacientemente a que su dominante les vaya a hacer cosas malas. Y tal vez, en el fondo, en un lugar de su mente no accesible para mí, ella es la misma. Pero, no es obvio. Todavía, no.
No digo que en la carne no exista también la timidez. Creo que ella no es alguien que alardee de sí misma. Pues sabría que yo intentaría follarla y que no habría un punto interminable en retrasar que se mostrara por sí misma. Ya que, en la pantalla del ordenador, no hay un resultado final. Solamente existe el baile.
¿Estaría ella vacilando en la pantalla porque teme que yo no pueda estar solo buscando, sino grabando y guardando imágenes de ella sin saber para qué fin? Creo que ella confía en mí, que yo nunca haría mal uso de cualquier imagen que yo tuviera. Por lo tanto, no creo que esa sea la razón.
Creo que parte de esto es vanidad. No es tanto que yo pueda verla. Es que ella puede verse a sí misma en ese pequeño marco cuadrado de la pantalla que te dan en el chat. Ahora bien, es admitido de una manera general, que las mujeres proclives a la vanidad. Se preocupan por cómo las ven los demás, a otras mujeres y a los hombres. Ellas quieren parecer lo mejor posible.
Si usted está presente físicamente con un hombre, ciertamente, espero que le guste lo que ve. Pero, la inmediatez y la excitación de la situación son aptas para superar sus pensamientos híper críticos sobre su apariencia y, de todos modos, no puedes verte a tú mismo (a menos te avisen de un vistazo en el espejo, lo cual es bien sabido).
Mientras que en online, existe esa foto tuya todo el tiempo. ¿Está manchado tu maquillaje? ¿Es tu peinado el más adecuado? Seguramente, ese no esté mostrando las raíces. Esa luz favorece tan poco a la sombra de tu nariz. Sin duda, ¿tus ojos son un azul más intenso en la vida real? Entonces, si no fueras a quitarte algo, ¿cuánto más crítica sería usted con su apariencia? ¿Le gusta mis tetas? ¿Son demasiado grandes? ¿Demasiadas pequeñas? ¿No tienen del todo la forma correcta? ¿No son tan firmes como deberían ser? ¿Cómo solían ser? Etc.
Lo cierto es – lo sé – y creo que ella sabe demasiado y que, con el tiempo, tendré mis maneras o mi estilo. Eventualmente, el último vestigio de la modestia será desnudado. De lo que tarde en llegar, es una cuestión de tiempo. Soy muy paciente. Y es porque no quiero que ella haga las cosas bajo presión. No quiero que ella se exhiba siempre porque ella pueda pensar que me decepcionará si no lo hace o porque tenga miedo de que me enfade por su timidez. Sin importar el tiempo que haga falta, quiero llevarla al punto cuando ella esté preparada para ofrecerse por sí misma. Cuando ella quiera complacerme tanto que hará cualquier cosa que yo le pida.
Incluso más que eso. Quiero que ella desee que yo la vea desnuda. Quiero que lo anhele. Quiero que ella desee ofrecerse online, que sea tan impaciente de modo que yo le pida cosas y que me lo enseñe todo, que no haga nada mientras la miro. El mayor placer para mí, no está en verla. Está en saber que ella quiere que yo la mire. A pesar de todos sus instintos hacia la modestia, saber que quiere que yo me entregue a ella. Y entonces, habrá un placer exquisito extra para mí. Cuando oiga su petición:
“¿Por favor, señor, puedo desnudarme para usted?”
Tal vez, le responderé:
“Ahora, no, chica. Tal vez, más tarde.”


martes, 21 de abril de 2015

La seducción de la inocencia

Era una noche cálida y suave. Pesada por el aroma de los jazmines y las orquídeas. La brisa fresca revoloteaba sobre su piel desnuda, acariciándola suavemente. Un escalofrío de sensación recorrió su cuerpo y, “¡ojalá! hubiera pensado en llevarme un chal,” pensó ella.
Pero, no. Él la había dicho cómo deseaba esta ocasión trascendental. La camiseta sin mangas del vestido de seda blanco abrazaba suavemente su pecho, levantándolo y empujándolo hacia fuera. Tal como la había dicho. Sin sujetador, sus pezones estaban duros por el roce de la seda suave, haciéndola sentirse muy consciente de sí misma y estar al corriente.
Los ligueros blanco, de encaje, sosteniendo las medias blancas la hacía incómodamente consciente de su estado sin bragas y podía sentir cómo se humedecía con la simple excitación de pensar en él.
Las sandalias de tacón alto resonaban en las escaleras de piedra que la llevaban a la alcoba aislada de la terraza, donde ella se había citado con él. Cuanto más se acercaba, más preocupada se  sentía. Su respiración se aceleraba bombeando sangre con adrenalina.
Pero esta noche, ella se iba a encontrar con él por primera vez. Aceptado, habían pasado mucho tiempo intentando conocerse el uno al otro a través de incontables horas de comunicación por teléfono y mail. Pero esta noche, la fantasía se iba a hacer realidad. Mientras ella se acercaba a la terraza, de pronto, sintió el impulso de salir corriendo, asustada. Sus miedos y sus propias dudas inundaron su mente. “¿Y si él no me encuentra agradable y atractiva? ¿Y si no aparece?” pensaba ella.
Admonitoriamente, recordó que éste hombre no era aquel a quien ella había amado durante toda su vida. Prometiéndole no sólo su cuerpo, sino también su corazón y su alma. Este hombre era aquel con el ella había descubierto todo y no sólo se había comprometido, sino que aceptó a la niña interior que había dentro de ella. En el borde de la sexualidad y la feminidad y aún, en el borde de la inocencia. Atrapada por los miedos y las dudas.
Se acercó a la mesa y él se levantó para recibirla. Incapaz de mirarle a los ojos, ella bajó la mirada y balbuceó suavemente:
“Hola, señor.”
Él cogió con amabilidad su barbilla con una mano, levantó su cara y con delicadeza, le ordenó:
“Mírame.”
Al levantar ella sus ojos, se sintió hipnotizada, perdida en todo lo que había leído en su mirada profunda e hipnótica.
Y aunque, ella sabía que él había encargado la comida para los dos, no recordaba el haberla compartido con él. De repente, se encontró en sus brazos, sus cuerpos meciéndose en una música que sólo sus corazones podía oír. Mientras ella le miraba tímidamente, la besó con suavidad. Plumas, ternuras, besos de mariposas. Arrancando un suspiro de entrega de todo su ser.
La comprensión, saber que ella, de hecho, sólo tenía que entregarse por completo a él, éste profundizó los besos. Moviéndose por su propia voluntad, sus brazos alrededor del cuello de él y las manos ligeramente detrás de su cabello. Las pasiones ocultas comenzaron a emerger y se podía oler el aroma almizclado de la excitación de ella en el aire.
Gimiendo suavemente, ella se arqueó hacia él, necesitándole más cerca. De repente, y de algún modo, su vestido era un charco de seda a sus pies. Los labios de él bajaron por su cuello, succionando, lamiendo, mordiendo y provocando jadeos suaves de pasión en los labios de ella. Cuando él cogió primero un pezón y luego el otro, duro y dolorido con su boca, ella empezó a gemir de placer.
La mano de él encontró el punto interior de ella que estaba palpitando por la pasión y el deseo…
Con sus débiles piernas convertidas en gelatina, ella se encontró agarrándose para apoyarse.
De repente, él la giró, la inclinó sobre el balcón y la entró desde atrás.
El cuerpo de ella convertido en fuego, empezó a arquearse hacia él, aceptándole y abriéndose a él por completo. Ahora, era suya.
Cuando la ordenó que se corriera para él, su cuerpo, sacudido por los espasmos y lavando uno sobre otros en las ondas, sus lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.
“¿Por qué estás llorando?” la preguntó con amabilidad.
Incapaz de pronunciar una palabra, ella movía su cabeza. Cobijándola entre sus brazos, la estuvo confortando y consolándola. Y, mientras lo hacía, ella supo que había llegado a la casa que tanto había deseado en su vida.


domingo, 19 de abril de 2015

Amable

“Esto te va a doler un poco,” le dice a ella. “Tal vez, algo más que un poco.”
Hay un aliento brusco y profundo. “Voy a hacerlo de nuevo,” él dice. Esta vez, ella gime.
“Pobre chica,” dice. Él lo hace otra vez. “Duele. Sé que duele. Pero es bueno para tí.” Su voz es suave y relajada.
Él lo hace un poco más. “Buena chica,” dice. Entonces, lo vuelve a hacer. Ella retiene su respiración.
Él espera un momento, luego le dice a ella: “Esto va a ser malo esta vez.”
Ella gime. Es realmente malo, tal como ha dicho: “¿Por favor?” ella dice. ¿Es una súplica de piedad o una simple petición? Tal vez, no lo sepa ni ella misma. Esta se retuerce nuevamente.
“Oh, Dios,” ella dice entre dientes.
“Sé que es malo, mi mujercita,” le dice. “Pero no se ha terminado todavía.”
Él lo vuelve a hacer y mira cómo ella escribe en vano contra sus ataduras. Hay una película de sudor en su frente. Ella nunca ha estado tan deseable como ahora.
Una vez más, él lo vuelve a hacer y luego la besa.
“Sabes lo mucho que me gusta hacerte daño,” él dice. “Por lo tanto, ahora un poco más, aunque sea por mí.”
Él lo hace una vez más, más fuerte que nunca, aunque no tan fuerte como puede. Ella grita.
“Da las gracias,” dice. “Es un regalo para tí.”
Él se pregunta por qué está terminando en este preciso momento. ¿Podría ella haber recibido un poco más? La próxima vez no va a ser tan amable.

jueves, 16 de abril de 2015

La sumisa de carácter e independiente

Es tan fácil como difícil explicar lo que es una sumisa de carácter o Alfa, como la suelo definir o denominar. Ellas no son como usted podría esperar, la líder de un grupo de sumisas, pues no pueden serlo.
Lo que son, está en el primer plano. Están fuera. Se hacen notar. Son testarudas, de cabeza dura, independientes, pero necesitan un control firme.
No les gustan las decisiones, pero las imponen. Desafían y esperan que les den o impongan los retos. No tienen reparo en afirmar su opinión, tanto si alguien está de acuerdo como si no. Incluso, si no es el criterio de su Amo.
Pero, obedecerán. Son inteligentes, siempre con ganas de aprender, explorar, presionar sus límites en todo. Su entusiasmo por la vida no tiene fin. Tienen altas expectativas consigo mismas y demandan y se esfuerzan por vivir también de acuerdo como ellas son y sienten.
Saben lo que quieren (bueno, la mayoría) y van tras ello. No son de las que dicen “espera.” Al mismo tiempo, han aprendido también lo que no quieren y rechazan a conformarse con menos.
Son como cualquier sumisa: aman, anhelan servir, dan su lealtad y confianza a su Amo. Pero, son difíciles de manejar. Yo diría que, de alto mantenimiento en todos los aspectos.
El dominante necesita mantenerla sobre la punta de los dedos de sus pies y, a la inversa, piensan que también necesitan mantener a su Dominante sobre los dedos de sus pies.
Al igual que otras sumisas, tienen sus gustos, disgustos, fallos y puntos buenos. No son perfectas. Llegan al estilo de vida de la sumisión al igual que la mayoría de las sumisas, buscando su sitio y con una visión muy clara y definida de sus necesidades íntimas. La diferencia es que no se las pueden poner en un molde.
Ellas tienen que hacer su propio camino y necesitan un Dominante fuerte para que las controlen y las guíen.
Las sumisas Alfa están convencidas de que el respeto y la confianza se ganan, pero los buenos modales son una necesidad, al igual que su formación como sumisa. El protocolo es su honor. Se suelen someter a un solo Dominante y nunca a varios.
Por lo tanto, dejarán pasar a cualquier otro Dominante que les digan lo que hacer, que lo ignoren o, francamente, le digan “no.” Y esto es más que cierto, tanto si le han impuesto el collar como si no.
La sumisa Alfa es coqueta y exhibicionista. Suele fastidiar y es juguetona incluso en las sesiones. Se ríen y viven la vida con alegría y la siente, como una necesidad. No son celosas, pero pueden ser envidiosas. Creo que se puede decir de ellas que se toman todo con mucha profundidad.
El Dominante que pueda encontrar la clave para su comunicación, tendrá sus manos llenas, pues recibirán una sumisión total, leal, amorosa y respetuosa, entre otras cosas.
Retarán insistentemente a su Dominante y esperan a que éste sea “Dominante” y le tendrán una estima alta sobre todos los demás. Y, a cambio, ellas obedecerán, no sin cuestionarle, pero obedecerán, dado que su sumisión a Él es total y completa.
El corazón de la sumisa Alfa llevará el nombre de su Dominante protegiéndolo con amor, mitigando sus necesidades y deseos. El cuerpo de ella será reclamado para el placer de su Dominante y su alma, una vez entregada, es un tesoro hecho para él que tiene el espíritu de ella y la llama que la impulsa.

domingo, 12 de abril de 2015

El amor y el sexo

Nunca he sido capaz de distinguir emocionalmente entre el sexo y el amor. Suelo bromear diciendo que soy una chica que necesita una conexión emocional sin la cual, una persona física simplemente no me satisface. Ha habido momentos en los que, ojalá, hubiera podido separar el sexo y el amor. Pero, al final, soy el que soy y me he acostumbrado.
Cada vez que entro de nuevo en mi amante, me enamoro de ella. Tal vez, yo sea un romántico bobo, pero el ser invitado y acogido en su propio cuerpo es mágico para mí y, en sí mismo, es una expresión de amor. ¿Existe, por casualidad, un gesto de mayor aceptación?
Cada momento de la interacción entre un hombre y una mujer en una relación es sexual. La pasión puede fluir y refluir y usted no puede estar pensando en la penetración y los orgasmos, pues todavía no somos seres abstractos y andróginos cuando estamos fuera del dormitorio. Todavía seguimos siendo machos y hembras primarios. Siempre estaré al tanto de su esencia, de su forma, de cómo su cuerpo se abre para mí, de cómo ella se hace tan deliciosamente diferente a mí.
El amor y el sexo están inextricablemente ligados para mí. Mientras paseaba por la puerta de los jardines colgantes de Babilonia, me enamoré de su belleza sin fin y me reía por haber llegado, por fin, a casa. Y todavía, seguía hundiendo mis dedos en la tierra,  todavía comía las frutas carnosas y maduras que me ofrecía. Mientras los jugos corrían por mi mandíbula, yo todavía seguía enterrando mi nariz en los pliegues fragantes que se abrían para mí en cada amanecer.
Yo no necesito sexo más que amor. No necesito amor más que sexo. Los necesito por igual porque, para mí, son lo mismo.

viernes, 10 de abril de 2015

Nuevos descubrimientos

Ella siempre había pensado que no le gustaba el dolor. Estaba segura que podía y toleraría una cierta cantidad de dolor como un acto de sumisión, sólo para complacer a su pareja.
Resulta que, mientras su umbral puede estar todavía bajo, no sólo para tolerar el dolor, le gusta. Unos cuantos azotes cuidadosamente ubicados con la fusta le dan un billete de ida y vuelta al subespacio.
Incluso le gusta el hecho de que no pueda sentarse cómodamente al día siguiente o durante unos días, ya que le recuerda una sesión maravillosa.

lunes, 6 de abril de 2015

Codiciosa

Las mujeres sumisas son aptas para ser codiciosas. No creo que nunca he oído que ella se queje de haber recibido demasiados azotes, ni tampoco que nadie se acaba de morir por haber recibido interminables golpes sobre su culo. Pero, he oído a un montón de ellas lamentarse del hecho de que no consiguen los suficientes, que no han sido azotadas en una semana, en un mes o en toda una vida. O que tienen un mal concepto de los azotes o, incluso, de un mal Spanker. Por supuesto, podría visitarlas a todas de improviso y decirles que no corresponde a la sumisa decidir cuándo o cómo ella va recibir unos azotes, a ella la azotarán cuando lo necesite, etc. Yo podría decir eso, pero no creo que me estuvieran escuchando. Sus anhelos por unos azotes son demasiado profundos.
Entonces, ¿qué va a hacer una mujer si no está haciendo los suficientes méritos? En primer lugar, permítanme decir, que estoy de acuerdo con Gordon Gekko sobre esto, “la codicia es buena,” aunque sólo sea en el ámbito de la D/s. Me gusta cuando las mujeres quieren más y más. Me gusta dárselos a ellas. Pero, ¿qué debería decirle, si ella no me pertenece, si su dominante es otro hombre? Un hombre que, sean cuales sean sus indudables cualidades, esté menos comprometido en el proceso de los azotes de lo que ella está.
No sé si tengo algunos consejos prácticos. Depende de las personas implicadas. Algunas mujeres provocan. Deliberadamente, hacen cosas que no deberían con la perspectiva de un castigo. Si esto funciona para tí, eso está bien. Personalmente,  prefiero que una mujer sea buena. Muy ocasionalmente, yo podría intentar el escenario de un castigo, aunque sólo sea por diversión (“por lo tanto, el perro se come tu trabajo casero, uhmmmm…”). Pero, esto no es realmente mi estilo. Supongo que podría llegar a serlo, si conociera a una chica que realmente estuviera en este tema. Soy un Dominante muy adaptable y hay algunas cosas que por las que no puedo ser seducido. Pero, como yo digo, la ingeniería de un castigo es algo de la que tiendo a tener muy mala opinión. Es la manipulación y si hay alguna manipulación que hacer, sé quién va a estar haciéndola.
Una mujer que está tratando de provocar a su dominante para que la azote, siempre corre el riesgo de que ella termine trepando desde su condición de sumisa. No soy un purista. Me doy cuenta de la cantidad de veces que esto ocurre en cualquier relación de la D/s. Después de todo, es una calle de doble sentido. Pero, al final del día, realmente ella no quiere ser la única que esté haciendo la carrera. Ella quiere triunfar y no ser obligada.
Aún así, una cosa que nunca hace daño es la comunicación. Si necesitas más azotes, simplemente, házselo saber. Esto no es trepar. Pero, ¿qué pasa si esto no funciona? Por difícil que pueda ser, lo tienes que intentar y explicar de qué exactamente se trata de los azotes que tanto te excitan. Y cuando consigues ser azotada, no tengas miedo de hacerle saber cómo te sientes. Creo que la mayoría de los dominantes disfrutamos si tenemos una respuesta. No es suficiente azotar, al dominante le gusta saber que los azotes han conseguido el efecto deseado. Necesariamente, no quiero decir que cada mujer debería ser una llorona. Pero sufrir de una manera pasiva corre el riesgo de que él esté pensando que ello no está teniendo mucho efecto sobre usted. Si él puede ver el efecto profundo, es mucho más probable que lo vuelva a repetir.
No puedo enseñarte lo que el lenguaje corporal o los sonidos inflamarán a tu dominante. Yo sé una cosa que funciona para mí. Es cuando veo que ella está un poco miedosa, más preocupada sobre lo que ella ha conseguido por sí misma, preguntándose si esto pudiera terminar yendo demasiado lejos. Por lo general, ella se va un poco más tranquila. Eso es muy excitante para mí. No me gusta que ella acepte unos azotes con demasiada celeridad. Un ligero grado de resistencia o, al menos, vacilación, hace que mi adrenalina fluya. Pero, por supuesto, que si el dominante es un azotador reacio, en primer lugar, corres el riesgo de emitir señales equivocadas.
Estos azotes de cabriolas son un tema difícil. Se podría pensar, ¡oh! a él le gusta azotar, a ella le gusta ser azotada. Lo hace y se divierte muchísimo. Pero con el tiempo, se aprende que azotar es algo más que eso. Aun así, las cosas que realmente merecen la pena hacer, nunca son fáciles, ¿verdad?

viernes, 3 de abril de 2015

La oscuridad

Deseas la oscuridad, ¿verdad?
Mis ojos brillan en la oscuridad de la noche y, ¿te atreves a entrar en mi círculo? Buscas mi mirada y te sumerges de cabeza en el abismo conmovedor de la discordia emocional. El dolor encuentra al placer cuando seduces a mi mirada. La angustia suaviza al éxtasis cuando reclamo tus deseos más oscuros.
Ten cuidado con los deseos que anhelas, pues existe un erotismo peligroso que usurpará tu espíritu, devastará tu cuerpo y consumirá tu mente.
En mis brazos, en mis ojos, raptaré sólo la fuerza más oscura de la verdad espiritual. Soy el cuervo lobo, portador de las tormentas y el alfa de las sombras. Encuentra mis ojos y saborea mi pecado y prepárate para la consumación carnal.
Una vez que detecte el olor de la lujuria, asegúrate de comprender la oscuridad desviada que buscas en mi mundo. La luz solamente viene del interior.
Cierra los ojos.
El lobo está cerca.
La tormenta viene.
¿Puedes controlar esto?