viernes, 16 de octubre de 2015

¿Dolerá?

“¿Dolerá?, ella pregunta.
“Sí,”
“¿Mucho?”
“Sí.”
“¿Demasiado?
“Eso depende.”
“¿De qué?
“De quién decida cuándo parar.”
“¿No sería yo?”
“Me temo que no.”
“¿Qué pasaría si no yo pudiera soportarlo?”
“Entonces, tendrías que tomar una elección.”
“¿Entre qué?”
“Entre tu deseo de agradarme y tu propia comodidad.”
“Esa es una decisión difícil.”
“Esas son las únicas decisiones que merecen la pena tomar.”
“Es fácil para usted decirlo.”
“Muy fácil.”
Ella piensa.
“¿Estás preparada?” él pregunta.
“Sí,” ella dice después de un rato. “Pero, ¿va a cuidar de mí?”
“¿No lo hago siempre?”
“Tengo miedo.”
“Deberías tenerlo.”
“¿Va a hacerme daño, verdad?”
“Creo que ya acordamos eso.”
“Muy bien.”
Él admira la forma en que su barbilla se inclina hacia arriba con determinación. Las mujeres sumisas son muy valientes. Eso hace que se desee hacerles tanto más daño. Él acaricia sus lágrimas.

miércoles, 14 de octubre de 2015

¿Es cada Dominante un sádico?

¿Es cada Dominante un sádico, alguien que disfruta infligiendo dolor físico? No, por supuesto que no. Estoy seguro que hay muchos dominantes que nunca levantan su mano contra una mujer sumisa, que prefieren hacer cumplir su sumisión por otros medios. Una mano, firme pero suave, en la parte posterior del cuello puede conseguir tanto como un azote. Unas pocas palabras, pronunciadas en el tono adecuado, pueden ponerla a temblar sobre sus rodillas.
Pero, tal vez, hay una cosa como el sadismo psicológico. Un dominante no puede golpearla, pero aún así, puede querer presionar a una sumisa más de lo que al principio podría estar dispuesto a hacer. Él podría poner a prueba su voluntad contra la de ella, romper su resistencia con palabras y gestos, si no con golpes. ¿No existen dominantes cuyos instintos sádicos se excitan por la idea de no pegarle a una chica, pero, al humillarla, requieren que ella se exponga por sí misma, avergonzada para su placer?
En “La historia de O,” el amante de la heroína no la azota, pues tiene que ser golpeada y follada por otros hombres. En última instancia, él se la entrega a Sir Stephen para que le haga esas cosas crueles que él no se atreve a hacerle. Un sádico por poder.
Una mujer sumisa puede soñar en servir de rodillas, incluso como esclava y, sin embargo, nunca desea ser azotada. Eso es bastante fácil de imaginar. Así que no digo nunca que desear el dolor sea la esencia de la D/s. Todo lo que quiero decir es que, en alguna parte por debajo de la línea, la mujer sumisa quiere ser forzada a hacer cosas que ella se resiste hacer. Tanto da que la fuerza venga de la amenaza de un azote o de una presión psicológica, es una cuestión de elección.
Una cosa más. El deseo de experimentar el dolor no es necesariamente un signo de sumisión. Hay dominantes que disfrutan que les hagan daño, no sometiéndose a otro dominante, sino ordenando a su sumisa que le inflija dolor. Él (o incluso ella) querrá especificar exactamente qué clase de dolor desea para ellos, y cuán intenso debería ser. Es estar totalmente bajo su control. Detente cuando digan eso. Y la sumisa que administra los azotes o retuerce las pinzas, no hay ninguna duda de que ella está siguiendo las instrucciones de su Amo. Lo hace por el placer de él, no para el de ellas.
El deseo por el dolor puede ser una cosa muy perversa.

lunes, 12 de octubre de 2015

No digas ni una palabra

Ven aquí.
No quiero oír tu voz a menos que digas: “Sí, señor.”
Quítate el encaje antes de que yo lo rompa con mis dientes.
No me mires.
No me toques.
Porque esta noche eres mía.
Escribiré mis deseos con mi lengua sobre cada centímetro de tu piel.
Te susurraré entre los sabores de tu húmedo deseo lo que voy a hacerte.
Mis corbatas serán los accesorios para tus tobillos y tus muñecas.
Te haré lo que yo quiera, como quiera y donde quiera.
Me sumergiré en tu boca, si eres buena. Te permitiré que saborees mi gran pecado.
Elijo resistir y te voy a probar. Te tocaré y me burlaré de tí en el pináculo del climax y luego, me alejaré.
Vas a ver mis manos manipular tu deseo palpitante, pero a centímetros de distancia. No me lo vas a mendigar. No me lo vas a pedir.
Después de que yo haya recorrido tu piel bromeando con los chasquidos de mi lengua, rodeando tus pezones endurecidos y a lo largo de tu humedad desbordante, me inclinaré para mirarte. Muy cerca. Me quedaré a un palmo de tu cara, de tu piel, mientras que absorbes el aroma de mi destreza masculina.
Temblando por dominar tu hambre, tus pechos brillantes y agitados senos me necesitan, tu deseo por mí, tu anhelo.
Tendrás que gritar mi nombre y pedirme que te coja.
No.
Si haces lo que te pido, mientras del prólogo de mi apetito de la historia principal, comprenderás por qué hacer lo que te digo, es la única opción.
Te penetraré sin piedad. Penetrar y liberar tu deseo húmedo, a punto de explotar, mientras las olas de las sensaciones se estrellan a través de tu cuerpo… el clímax rodante sube y baja hasta que eres superada por el puro agotamiento de la consumación total.
Entonces es, cuando te mostraré el verdadero significado del lobo desatado.
Romperé el cabecero, destrozaré la cama y, cuando finalmente devore el último bocado del delicioso placer de tu mente, cuerpo y alma…comprenderás lo que es alimentar a la bestia.
Vas a ser follada de formas que nunca has soñado, con una fuerza de la que sólo has oído hablar y que nunca has creído posible.
Estoy a punto de demostrarte el significado de ser follada sin sentido.
No digas ni una palabra. Porque, de nuevo, no serás capaz de pronunciarla.


Inventario de mis implementos: La cane

Puede haber mujeres sumisas que no hayan probado todavía la cane. Pero no puedo creer que no hayan pensado en ello con una mezcla de miedo y fascinación. Es, ¿no es así la última arma en la armería del Dominante? Puede haber otros implementos que hagan tanto daño (aunque todavía tengo que descubrirlos), pero ninguno de los cuales tiene la mística suficiente.
¿De dónde procede el aura de la cane? En parte, se deriva de un hecho de base sólida que, propiamente esgrimido, puede impartir un impresionante nivel de dolor y es capaz de dejar moratones que, dependiendo de la susceptibilidad de la sumisa, pueden durar días e incluso semanas. La cane entrega su fuerza concentrada altamente en una zona. Es delgada, y por eso el efecto no se difunde como el de un cinturón o una tawse. Y debido a esto, el dolor es penetrante. Parece ir derecho al sitio a través de la carne hasta alcanzar el núcleo por debajo de la misma, la licitación, el palpitante corazón de la pobre y temblorosa sumisa.
Tal vez, parte de su mística derive de su historia. Tradicionalmente, la cane ha sido, junto con el látigo, el implemento elegido para fines judiciales. En algunos países sumidos en la ignorancia, está todavía en uso. Afortunadamente, en el mundo civilizado apenas hay eco de su uso en la pena legalmente aplicada. Para los hombres de mi generación, está asociado principalmente con el director de los centros de enseñanza ingleses. Un implemento colgando detrás de la puerta o, tal vez, escondido en un cajón y presentado con la debida solemnidad. “Seis de los mejores” tiene tal arraigo en las chicas que todavía tiendo a azotar en ráfagas de seis, con suerte, seguidos por seis más.
En cierto modo, la cane es más fácil de manejar que el cinturón o la tawse, que al ser flexible, no es tan controlable y que, si no eres experto, puede aterrizar en el borde y no de lleno, produciendo así el efecto cortante que puede ser más de lo que usted desea. El único problema con la cane es asegurarse de que usted azota el lugar correcto, porque si no es así, y el golpe es demasiado alto, se corre el riesgo de golpear el coxis y eso es muy desagradable.
No voy a discutir sobre la longitud ideal para una cane o de lo gruesa que debería ser o de los materiales más adecuados (aunque, yo prefiero sólo las de bambú). Cada uno elige la que la gusta. Tampoco voy a expresar una preferencia por el método. El azotar con la cane en frío tiene sus defensores. Lo sé, aunque creo que contra más calentamiento ella reciba, más golpes podrá absorber. Pero cada Dominante debe experimentar para conseguir los mejores resultados.
Tengo la sospecha que ninguna mujer siente que se ha ganado de verdad sus espuelas de sumisa hasta que ha sido objeto de la cane. Yo tiendo a tener ese punto de vista. La mano, el cinturón o lo que sea, son cosas deliciosas de usar sobre un trasero que invita a ello. Pero, siempre estoy buscando a la mujer para graduarla en la cane. Eso es cuando las cosas se ponen serias.

domingo, 11 de octubre de 2015

La palabra prohibida

Le dije a ella que hiciera algo para mí. Exactamente, ¿qué exactamente? No puedo recordarlo. No es importante. Yo no había encontrado momentos de resistencia por parte de ella en ocasiones anteriores: Miradas implorantes, vacilaciones, tentativas de ganar tiempo, etc. Pero, esto era diferente.
“No,” ella dijo.
Inmediatamente, la agarré por los pelos y abofeteé su cara. Entonces, de nuevo.
“No uses esa palabra conmigo,” le dije. “Nunca.”
Ella parecía herida, no tanto físicamente, pero sorprendida por la contundencia de mi respuesta.
“No permito esa palabra,” le dije.
“Realmente, no quería decir lo que usted ha dicho.”
“Lo sé. Es por eso por qué quiero que lo hagas. Es una prueba.”
Ella parecía dubitativa, incluso resentida. Pude ver que le debía una explicación más completa.
“Si te digo que hagas algo que no quieres hacer, tienes un número de posibles respuestas. Puedes alegar ante mí, rogarme que cambie de opinión. O puedes explicar con calma y racionalmente, por qué no sería una buena idea para tí hacer esa cosa. Por supuesto, puedes decir que lo harás si yo insisto, pero pídeme que tenga en cuenta tu falta de voluntad extrema. O respirar profundamente y simplemente hacerlo. La única cosa que nunca debes hacer es darme una negativa rotunda. Tú eres una mujer sumisa. Yo soy su Dominante. Esto significa que siempre debes estar dispuesta para hacer lo que te diga. Tú debes confíar en mí, de que nunca intentaré hacerte algo que sea perjudicial para tí, mental o físicamente, o  fuera de los límites de tus capacidades. Pero, si es algo que quiero y sé que puedes hacerlo, incluso si no te gusta. Por lo tanto, después de haber escuchado lo que tengas que decirme, tú lo harás. ¿Lo entiendes?”
Ella se tomó su tiempo para digerir esto. Luego, asintió con la cabeza. “Lo entiendo,” ella dijo.
“Entonces, haz lo que te he dicho.”
Sin dudarlo, lo hizo, aunque no pretendiera disfrutarlo.
“Qué buena eres,” le dije y la abracé.

sábado, 10 de octubre de 2015

Danza con el dolor

Cuando nos juntamos, necesito hacerte daño. Tengo que retorcerte y pellizcarte. Azotarte y abofetearte. Estirarte e inclinarte. Tirar y presionar. Mis experiencias más intensas como dominante todas han involucrado infligir dolor. El regalo de la angustia es una parte esencial de la forma en que me uno con mi sumisa.
Hace poco, me preguntaron lo que pienso de por qué necesito hacer daño como parte de mi dinámica. Es una pregunta importante que vale la pena contestar reflexivamente.
No siempre he asociado el dolor y el placer. Los últimos tiempo de mi vida, han sido fundamentales para redefinir mi punto de vista sobre el tema. El Marqués de Sade, de cuyo nombre derivamos las palabras sádico y sadismo, lo definió mejor: “Siempre es por el dolor como uno llega al placer.”
¿Por qué necesito infligir dolor? La respuesta más corta es que el placer sexual se experimenta mejor como una danza de contraste. El dolor es un placer con más contenido y significado.
Piense sobre la psicología del ser humano. Lo bueno sin lo malo no tiene sentido. La vista desde la cima de una montaña no es tan impresionante, si primero no caminas a través del valle que está a sus pies. El dolor y el placer van de la mano perfectamente. Combinados, los dos estados contrastantes se convierten en algo más profundo.
Cuando uso una correa o un flogger para infligir un estallido intenso de dolor, después me gusta seguir con menos intensidad, con bajas dosis de placer usando un implemento diferente. Ya se trate de mi mano, mi boca o mi polla no es realmente relevante. Lo que es relevante es el contraste y el alto nivel de intensidad que estas dos experiencias opuestas producen cuando se dosifican a intervalos o mezcladas entre sí. Es la manera de cómo enmarcamos los asuntos de nuestras experiencias sexuales.
Un orgasmo no es sólo un orgasmo. El paquete y el envoltorio en el que lo envuelves determinan la intensidad, la longevidad y la repetitividad de los clímax. El dolor es una herramienta entre muchas para hacer a los orgasmos más intensos. El hacer daño añade peso a la memoria de mis atenciones. Si le estoy echando cera caliente en un pezón, arañando arriba y abajo el interior se sus muslos con mis uñas o maltratando su trasero encantador con un cinturón, el dolor es un diálogo que hace nuestro intercambio de poder más rico en matices y significados.
El dolor puede ser agudo, sordo, palpitante, cosquilleante, potente, suave, juguetón, intenso, energizante, catártico y espiritual. El dolor consolida la memoria de nuestros cuerpos juntos en nuestras mutuas psiques. Tu regalo de sumisión es aún mayor cuando tienes que luchar para soportar lo que exijo de tí.
Me pediste ser dominada. Tú deberías saber que eso significa que voy a tener que bajarte antes de que vuelvas a levantarte. Tú y yo somos fuego caminante. La sensación de la arena fría contra tus pies, después de haber caminado a través de las brasas humeantes, marca toda la diferencia al crear un vínculo duradero.
Ven a bailar con el dolor. Te lideraré y me seguirás.

jueves, 8 de octubre de 2015

Insultos

A muchos dominantes, les gustan acompañar los azotes con insultos, los moratones con los azotes, pinzar los pezones, las bofetadas en la cara, todas las clases de “abuso” físico que él involucra con su sumisa. Los insultos serían los epítetos con los que la tilda mientras lo está haciendo. Es cierto que, he disfrutado llamando a una mujer sumisa puta o zorra o, en circunstancias especiales, perra caliente. Incluso, he escrito estas palabras en su cuerpo. Pero, siempre me preocupa que yo no vaya demasiado lejos. De acuerdo con mi experiencia, muchas mujeres sumisas son presa de las incertidumbres sobre lo que les están haciendo.
Ellas no están siempre seguras de que deben hacer este tipo de cosas, tanto si son azotadas o humilladas, incluso con su consentimiento. Puede ser una cosa moral (algunas sumisas son religiosas. Cuadrar ese círculo en particular no es una cosa fácil de hacer. Tema para otro artículo, tal vez). Puede ser una cosa feminista (y estoy a favor del feminismo, en caso de que usted se lo esté preguntando). O puede ser la preocupación, ¿cuándo se termina? Sólo quiero más y más. Tal vez me estoy situando en una “zona peligrosa.”
Una de las principales razones por las que las mujeres sumisas sienten incertidumbre, tiene que ver con la autoestima. Esto puede ser tanto físico como psicológico. A menudo, las mujeres necesitan mucha seguridad de que sus cuerpos son atractivos, no sólo cuando ellas llevan un vestido muy bonito con su maquillaje recién hecho, sino también cuando están de rodillas manchadas con el lápiz labial y la sombra de ojos o atadas, sintiéndose como en una posición sin gracia o torpe, o cuando están expuestas para ser inspeccionadas minuciosamente. Algunas mujeres se preocupan de que sus vaginas no sean atractivas. Esto puede llevar algún tiempo para convencer a una mujer que su coño es perfectamente “normal,” y que lo encuentras irresistiblemente atractivo.
Y algunas mujeres, tienen un verdadero problema al ser llamadas con nombres despectivos. Necesitan estar muy seguras de que cuando usted las llama puta, es básicamente un término de aprobación, incluso de alabanza. Que una puta es algo que usted admira, algo que usted desea mucho que ellas lo sean. Sólo para usted.
Para mí, una puta es simplemente una mujer que disfruta el sexo sin reserva y contra más sucio y perverso sea el sexo,  más lo disfruta ella. Pero, hay una línea que nunca trato de pasar. Quiero que la mujer que se sienta orgullosa de lo que hace conmigo. Y, por lo tanto, nunca le diría a una mujer que es una inútil o tonta del culo o un coño estúpido.
Está claro que, a algunos dominantes, les gusta degradar a sus sumisas de esta manera y si la mujer se baja a ello, eso está bien, supongo. Pero esto nunca funcionaría para mí y no me gustaría que ninguna mujer que conozca, quiera ese tipo de abuso verbal. Me preocuparía que ella no se valorase a sí misma. Pero, tal vez, estoy teniendo dificultades para separar la fantasía de la realidad que, por supuesto, es la acusación que hacemos contra la gente vainilla, cuando dicen que la D/s tiene que ver sobre los hombres que explotan a las mujeres.

martes, 6 de octubre de 2015

Cómo dominar

El trabajo de un dominante es llevar alegría a aquellas personas que se someten. Hay otras consideraciones prácticas. La disciplina, la orientación, la morbosidad y los significados que envuelven a los protocolos y los afluentes que fluyen de ese río que terminan con el sometimiento de la otra parte.
Algunas luchas internas deben ser compartidas con honestidad y las demás deben seguir siendo el peso de la persona que lidera. Esta es la esencia de la dominación. Saber cuándo hablar y cuándo escuchar. La disciplina es demasiado fácil. Saber cuándo llevarla a cabo y cómo, a menudo, es difícil.
Los hombros del dominante llevan las cargas de quien lleva el collar. Es una gran responsabilidad y no debe ser aceptada sin mucha previsión y consideración. ¿Sabe usted cuándo castigar y cuándo alabar? ¿Puede usted manejar y tranquilizar todos los miedos de su sumisa? ¿Podrá usted luchar contra los demonios de ella, a la vez que usted está luchando contra los suyos?
Si usted es un dominante nuevo, debe ser lo suficientemente fuerte para ambos. Si usted no es así, no solamente corre el riesgo de romper a la persona que se inclina, sino también de “romperse” a usted mismo. Y si usted es un dominante irreflexivo, entonces, caigan todas las maldiciones sobre usted.
Nadie debe tomarse las esperanzas y los sueños de sumisión o la sumisión a la ligera. Usted sostiene a un alma en la luz cuando domina a otra persona. Algunas veces, usted presiona a su alma hacia la oscuridad. Usted siempre es responsable de los resultados – en relación a los juegos que se realizan en las sesiones y del nivel de satisfacción que ambos reciben de esas intensas conexiones que solamente vienen de la inmersión total en el servicio dado y recibido. Sin olvidar que, muchísimas veces, esas conexiones van envueltas con una empatía muy profunda.
Pisa con cuidado, porque los caminos que andamos en la D/s suelen ser resbaladizos. Nunca dejes de prestarle toda tu atención a tu pareja. Cuando pierda los estribos, si ello sucede, discúlpate. Sé un ejemplo. Sé una roca. Sigue adelante. Sé adaptable. Gánate tu posición y no esperes nada de tu sumisa que no le hubieras pedido en su propio viaje.
Usted es el marco, el cimiento. Usted se mantiene en el nivel más alto. Aquellas mujeres sumisas que se someten son porque ven en usted la seguridad, la aventura, el cumplido y la paz. Déle a ella esas cosas, porque ese es su trabajo.
Usted sirve a quien se somete. Honre el regalo que le han dado con todo lo que es usted. Demuestre su valía.
Una carta a mí mismo, porque ella es preciosa para mí.

domingo, 4 de octubre de 2015

Dí mi nombre

Quieres oír mis palabras resonar dentro de tu alma.
Sentir latir tu corazón con fuerza.
Saber que se acelera cuando mi voz carena el aire de la noche.
Me dices que te mire a los ojos.
Las ventanas de tu alma están desnudas ante mí, en deuda con mi mirada.
Toco tu piel.
Ondas de choque vibran a través de tu carne en cada momento, mi cuerpo sobre el tuyo.
Beso tus labios.
Permanezco con calma en tu abrazo apasionado, jirones de mi deseo cayendo en cascada a tu alrededor.
Por el momento, una sola despedida es una más. Se hace eco de una eternidad sin tenerte cerca. El anhelo impregna mi espíritu. Pronto se supera con un antojo que sólo tu caricia puede saciar. Nunca supe del hambre hasta que te conocí.
Despojada de tu orgullo, de tus paredes, de tus ropas, y desnuda y ansiosa, de pie delante de mí. Todo lo que eras, ha dejado de ser. Abrumada por todo lo que somos ahora y para siempre.
La noche sin luna susurra suavemente, como testimonio de ese momento de gran alcance, cuando caes en mis brazos con una ingravidez plumosa.
Nuestras almas entran en contacto cuando nuestros cuerpos se unen, ondas de nuestras ardientes efervescencias en los vientos del sur que soplan a través de tu espíritu.
La piel reluciente y las voces que se levantan en un unísono hermoso, te asomas profundamente en tus ojos, mientras cumplimos la promesa de amor eterno.
Tú misma te pierdes, congelada para siempre en ese momento, echando tu cuerpo hacia el manto del placer culminante y con un abandono imprudente.
La oscuridad proyectando su serena sombra sobre las horas del crepúsculo, salvo el resplandor incandescente de nuestro nido de pasión.
En medio de las estrellas fugaces y el asombro mercurial de los cielos de arriba, nos robamos el corazón de la noche en esos momentos preciosos.
Al explorar cada centímetro de tu piel flexible y suave, penetré tus secretos más oscuros con embestidas primarias que catapultaron tus sentidos al olvido.
Inmersa en tus ojos, mientras yo corrompía tu deliciosa inocencia, el brillo suave del matiz del amor besaba tu corazón en ese momento.
En un lugar sin paredes y un tiempo más allá de la definición, nos fundíamos en las brasas apasionadas de nuestra noche ardiente.
El amor de un millar de sueños y un millón de deseos, esa noche en mis brazos, la sellé para siempre con un beso.

viernes, 2 de octubre de 2015

Inventario de los implementos: Las pinzas

Todas las mujeres sumisas que he conocido han tenido un gusto muy especial por el juego de los pezones. Les gusta que sus pezones sean objetos de juegos, que los pellizquen y que se los succionen. Varían en la cantidad de dolor que pueden recibir. A algunas, les gustan mucho que tiren de ellos con suavidad, y a una cuarta parte, más o menos, con los dientes. Pero, otras necesitan algo más que eso, mucho más. Ahí es donde las pinzas entran en juego.
Usted puede hacer mucho daño a una mujer con los dedos, apretando con toda la fuerza que pueda y retorciendo los pezones o arañándolos con sus uñas. Y hay algunos objetos del hogar que pueden tener un uso excelente. Las pinzas de la ropa pueden ofrecer un estímulo potente, especialmente, si se despliegan en grandes cantidades, haciendo dibujos bonitos alrededor de los pechos  antes de terminar coronando la punta de su pezón con una de ellas.
Algunas mujeres, más valientes que la mayoría, o simplemente, predispuestas a necesitar más dolor, pueden aceptar una pinza tipo bulldog en su pezón, aunque, de acuerdo con mi experiencia, no son muchas. También he conseguido algunos clips pequeños, pero perversos, que encontré en mi caja de herramientas y que eran de unas cortinas antiguas muy bonitas. Conocí a una sumisa que los consideraba como la última arma. Sus diminutos dientes de  sierra inspiran algo así como terror. Pero, en realidad, no son los peores, como un día se verá.
Tengo dos juegos de pinzas de aduanas. Una es la llamada tipo mariposa o pinza de trébol, creo que fue diseñada en Japón. Cuando presionas los lados, las mandíbulas se abren. Están equipadas con pequeñas almohadillas de goma que, al principio, parecen una caricia misericordiosa, pero que, de hecho, se adhieren a la piel, para que cuando se retiren las pinzas, el dolor sea realmente intenso al momento. De hecho, estas pinzas están diseñadas ingeniosamente para que contra más fuerte tires de ellas, se agarren con más fuerza. En última instancia, si se tira lo suficiente se saldrán, aunque la mujer sufrirá agudamente antes de llegar a ese punto.
He reservado lo mejor para el final. He conseguido un par de pinzas metálicas que tienen dientes afilados, que se agarran con fuerza y que son ajustables. Al girar un tornillo, el muelle se aprieta más y más. Existen cinco vueltas completas desde la fuerza mínima a la fuerza máxima, por lo que usted puede calcular una escala de 1 a 10 al dar media vuelta. Yo diría que cinco sea probablemente suficiente para la mayoría de las sumisas. Es bastante dolorosa para que ella deje de pensar en irrelevancias, obligándola a concentrarse en el asunto que tenga entre manos. Un seis o un siete serán un trinquete hasta su nivel de sumisión y la hace pensar sobre si pide clemencia. Es en este punto en el que probablemente se las quite y calme sus pezones doloridos con besos suaves. Pero, esto es sólo un preliminar para preguntarle si se someterá a tenerlas puestas otra vez. Si ella dice sí, le diré que ahora va a ser un 7. La oigo respirar y empiezo a estar muy excitado. Quiero hacer que le duela y contra más la vea sufrir, más quiero hacerlo.
Tiene que ser una chica muy valiente o masoquista la que me pida el 8. No es sólo tener las pinzas puestas. Están conectadas por una cadena y al tirar de esta produce una respuesta potente. Al girar las pinzas es todavía peor. Ahora empezará a respirar con dificultad y habrá una película de sudor en su frente. Estará a punto de ser insoportable. Pero cuando le quite las pinzas, ella no podrá dejar de pensar sobre lo que sentiría si se las pusiera de nuevo. Esto es muy característico de la mujer sumisa. Cuando el dolor es demasiado intenso, ella pide que la libere. Sin embargo, un momento después, ella piensa que quizás podría soportarlas un poco más.
Pero, sin embargo, nunca le he dado a una chica un 10. No es porque yo sea muy aprehensivo. Me gusta presionar a la chica para ver lo que ella es capaz de hacer. Pero, para cualquier mujer, un 10 es una puntuación en la que el placer del dolor ya no es suficiente para anular el instinto de auto conservación, la necesidad de obtener alivio en cualquiera de los términos.
Hay una chica que sabe que algún día, le voy a exigir un 10. Ella trata de no pensar en ello. Le gusta pensar que si esto se requiere de ella, no se va a encontrar deseándolo. Pero, ella no está segura. El recuerdo de esas pequeñas cosas desagradables de las cortinas que puse en sus pezones es bastante malo y, sin embargo, un 10 en las pinzas ajustables seriá aun peor.
Ya veremos.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Esperando

Ella tiene un consolador de cristal. Es una cosa muy larga, fría y elegante. Le digo que quiero una foto de ella con el consolador en su culo. Sé lo mucho que ella puede recibir. Estoy seguro que el consolador no la dilatará hasta su límite. Pero, ella todavía vacila. Creo que sé por qué. No es el temor de que esa cosa sea demasiado grande para ella. Es el sentido de la vergüenza que ella siente. Por supuesto, hay algunas cosas que me excitan más que una mujer sonrojándose.
“No hay prisas,” digo. “Soy un hombre paciente.
No le doy una fecha límite. Trabajando entre nosotros dos, necesitamos que ella consiga un estado de ánimo adecuado para hacerlo tal como se lo he dicho. Necesita comprender que nunca le pediré lo imposible, pero tampoco le voy a exigir nunca que haga las cosas fáciles. ¿Cuál sería el punto? Si no es una prueba de su obediencia, o de su nivel de puta, o su amor por los límites o cosas perversas, entonces, ¿cuál es el propósito?  Necesita ser presionada para sentir que hay una voluntad que es mucho mayor que la suya. Cuando ella sepa esto, hará lo que la pida.
Se va hacer una foto preciosa y hermosa de su trasero con un juguete tan exquisito. Yo puedo esperar. Aunque mi paciencia no es infinita.
(Más tarde). Ella es una mujer buena y obediente. Finalmente, hizo lo que le pedí. Son unas imágenes preciosas. Las ha hecho muy bien. Ahora, estoy pensando cuál debería ser su siguiente tarea. Más imágenes de la penetración, creo.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Follada

Ella gime.
Está gimiendo porque ese “¡Oh, Dios, duele!” es un tipo de forma de amar que no es claramente placer ni un motivo evidente de dejarlo y desistir. Ella ni siquiera está segura de sí misma.
“¿Es eso mucho?” Él le pide a ella que ponga sus manos en sus espaldas para cogerla por sus muñecas y usar su cuerpo contra ella misma, apalancándola para cerrar su culo de golpe con su verga, de una manera profunda y fuerte.
“No,” ella gime. Cada embestida es más rápida y abrasadora a través de su cuerpo.
“Alegría buena,” es su respuesta brillante, mientras él aumenta el tiempo, sus caderas discordantes contra el cuerpo de ella, los testículos golpeando su vagina empapada con cada embestida.
“Mentí,” ella murmuró incoherentemente, cayendo en el lugar de en medio, donde demasiado nunca es suficiente. Cuando el placer viene pulido y en abundancia al estar tan lejos, es agradable y se puede disfrutar.
Él no se detiene.
Los hombros de ella tensos, y queman a medida que tratan de mantenerlos en órbita. Las nalgas apretando involuntariamente contra su polla, que la invade brutalmente a pesar de sus mejores esfuerzos para que no se relaje. Mientras la respiración de ella es forzada a bocanadas que exhala cada vez que su cuerpo choca contra el de ella y la cara de ésta… su cara aplastada firmemente contra el colchón, frotando. Frotándola a un lado y otro, como si quisiera borrar sus características, su personalidad, a ella misma, erosionando a la niña y dejando sólo…
Otro lavado de sudor. La humedad se desliza por el interior de los muslos de ella, mientras esa noción se arraiga. Parece que él también lee mentes.
“Sólo un agujero… el de ella.” Sus palabras tienen un rastro de diversión y, sin embargo, detrás de eso, una pizca de su propio placer al tenerla inmovilizada.
Ella se está hundiendo con rapidez, cayendo rápidamente hacia abajo, “en el no importa lo que es, por favor, cógelo. Sólo quiero que la cojas.”
Él está hablando. Ella no quiere contestar, no puede. La mente de ella está flotando en su propio coño, vacío, burlándose con enjundias reflexivas. Ella puede sentir su propia angustia lamiéndola en círculos perezosos alrededor de su clítoris. Su dolor y humillación rizándose dentro para acariciar y frotar en ese punto dulce de su polla que tan a menudo encuentra. Primero, uno y luego, dos de los hinchados. Los pezones tensos, aderezados por un pellizco y chupados desde la base.
Él la está follando. Está follando la mente de ella.
Ellos están follándose en una nihilidad estimulante y él está disfrutándola. Disfrutando, no gozando y, sin embargo, disfrutándolo todo.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Pasando la prueba

La chica de los ojos marrones es de un humor extraño, está cavilando sobre algo.
“¿Qué te pasa? ¿Qué quieres?” pregunto.
Ella duda. “Quiero ser azotada,” finalmente, dice.
Alguna vez, el caballero, estoy más que dispuesto a complacerla. Tiro de ella y la pongo sobre mis rodillas y levanto su falda. Tiro hacia debajo de sus bragas, y me pongo a trabajar azotando su pequeño trasero con vigor. Ella chilla y se retuerce. Agarro su pelo y lo giro para mantenerla quieta. Ella continúa protestando. Parece que los azotes la han cogido por sorpresa. Son más fuertes de lo que ella esperaba.
Los azotes van ahora en serio, golpes fuertes y picantes que la obligan a retorcerse de uno a otro lado. Ella hace un esfuerzo decidido para evitarlos. Yo la mantengo hacia abajo forzadamente con mi mano izquierda y la azoto más fuerte que nunca con la derecha. Después de un rato, las protestas se apagan. Ella se queda en silencio y su cuerpo quieto. De vez en cuando, detengo los azotes y acaricio su trasero. Ahora, de color rosa brillante y muy caliente al tacto. Luego, los reanudo.
Al final, mi mano está dolorida. De nuevo, hago una pausa y mientras la acaricio, le explico que, aunque ella lo esté pidiendo, no es quién para decidir cuán fuerte serán los azotes o cuando terminarán. Pararé cuando yo crea que ella ha recibido lo suficiente. Le pregunto si comprende esto.
“Sí,” ella dice con una voz tan baja que apenas puedo oírla.
La digo que se desnude por completo y se ponga boca abajo en la cama. Voy a buscar el flogger. Sigo por arriba y a lo largo de su espalda, sobre su parte inferior roja y picante, por la parte posterior de sus muslos. Entonces, me pongo a azotarla con fuerza, llevando el flogger con fuerza hacia abajo a través de sus nalgas. El ruido sordo del flogger provoca que ella jadee y gima, pero ya no lo hace. Intenta escapar. Finalmente, cuando estoy satisfecho y he llegado a mi punto, pongo el flogger sobre la cama y toco entre su entrepierna. Ella está completamente mojada.
Más tarde, la chica de los ojos marrones me dice que su ex spanker la azotaba una o dos veces, pero siempre se detenía, si ella mostraba algún tipo de resistencia. Esto es peor e inútil para una chica sumisa. Si ella tiene la temeridad de pedir unos azotes, es que necesita conseguir más de lo que esperaba. Ella no llega a imponer condiciones.
“A diferencia de él, usted no para,” ella le dice. “Usted prosiguió más fuerte que nunca. Usted pasó la prueba.”

viernes, 18 de septiembre de 2015

Inventario de los implementos: El cinturón

El cinturón es simplemente un tira de cuero. Como tal, puede dar un golpe de una fuerza variable, dependiendo de cómo se ejerza y también del grosor del cuero. Sin duda, es capaz de impartir un dolor intenso, pero usado juguetonamente, puede producir un ligero picor.
Y, sin embargo, es más que eso, mucho más. Para muchas mujeres sumisas, el cinturón es un implemento de propiedades casi místicas. Porque no es simplemente un instrumento en las manos de un dominante para intentar hacer una impresión contundente sobre el trasero de la sumisa. El cinturón tiene una conexión muy personal con su dueño. Parece estar imbuido con una parte de su personalidad. Después de todo, los hombres elegimos los cinturones de acuerdo con la imagen de vestir de nosotros mismos. Si usted es una persona de estar al aire libre y que cultiva una imagen de macho, buscará uno algo pesado, incluso, puede ser hasta largo. Tal vez, hasta con una gran hebilla de estilo campestre grabada con un diseño lujoso. Si le gustan las motos, su cinturón puede ser de relieve con clavos de acero, que me imagino que pudiera hacer temblar a alguna mujer. Si usted es de ciudad y sofisticado, le gustaría algo más delgado y elegante. Cualquiera que sea su inclinación, el cinturón es ciertamente para mostrar algo de su carácter. Es mucho más personal de lo que pudiera ser una cane o una tawse.
Así que, cuando él se quita el cinturón para ella, la sumisa siente que esto es la parte más íntima de los azotes, que él está empleando algo de sí mismo para impartir dolor en su trasero. Pero todavía, hay algo más que eso. Para azotarla con su cinturón, primero, él debe quitárselo. Algunas mujeres experimentan un escalofrío especial con ese sonido suave y silbante, mientras se desliza hacía fuera, a menudo, acompañado de un tintineo metálico cuando la hebillas se libera.
He oído hablar de dominantes que usan la propia hebilla para azotar el culo desnudo. No puedo decir que yo haya hecho eso. Es probable que usted provoque una herida con sangre y eso es un límite muy alto para mí. Pero, hay otras opciones que deben tomarse sobre cómo usar el cinturón. Primero, ¿Lo usas largo o corto? ¿Lo doblas por la mitad y dejas que todo el largo entre en juego? O ¿lo  doblas alrededor de tu mano un par de vueltas, para reducir la longitud y, tal vez, sacrificar un poco la fuerza potencial, pero ganando en precisión? En mi opinión, la precisión cuenta mucho en los azotes. Quieres crear un patrón agradable, no una mescolanza de trallazos de golpes que van en todas direcciones. Y esto no es sólo una cuestión de estética. Centrar sus golpes dentro de un margen estrecho asegura que tengan el máximo efecto.
Una manera de garantizar una potencia extra, es doblar el cinturón. Esto ofrecerá una carrera descendente más pesada y con mucha más fuerza sobre el objetivo y esto es muy recomendable si quieres dar una impresión muy contundente y unas marcas que duren.
Una cosa más. Los cinturones tienen otros usos en la mente inventiva del dominante. En primer lugar, puedes atar a una mujer. No es muy eficaz para restringir las manos, pero haciendo un lazo alrededor de sus tobillos y luego subiendo la hebilla es muy fiable para inmovilizar sus pies. Y un cinturón es también muy efectivo como collar con correa en el cuello de la sumisa, enrollándolo alrededor del cuello y tirando de la correa.
Asegúrese que mientras usted esté haciendo todo esto, los pantalones no se caigan. La risa de una sumisa sería una afrenta a la dignidad del dominante.

martes, 15 de septiembre de 2015

Para hacerte mía

El viento que sopla tu pelo hacia atrás, me tira hacia a tí a través de estos cientos de kilómetros. Las mismas moléculas que te tocan en este mismo momento, mientras estás leyendo mis palabras, me tocan también a través del tiempo y el espacio.
Como una exhalación, las palabras flotan y golpean, ligeras, graciosas e inesperadamente. Se mueven a través del espacio y la distancia sin cuidado. Brillan y retozan juntas mientras nosotros dormimos, penetrando más profundamente que cualquier ser humano pueda hacerlo. Nuestra lengua es la existencia pura. De las palabras dispuestas adecuadamente, las ideas caen como gotas de agua pesada, salpicando todo de vida nueva y crecimiento.
Quiero afirmártelo con mis palabras. Llévalas a ti en una noche tranquila, dispuestas en las páginas de  tal manera que te acaricien como ninguna otra cosa. Quiero contarte historias, mientras te amo ferozmente con la pasión loca y desenfrenada que muy pocos conocen íntimamente.
Mi secreto es simple. Bailo con el viento que respiras y lo llamo que venga a mi casa. Cuando ese viento te acaricia, saboreo la gasa mágica que anima tu existencia. A cambio, diseño historias que te llenan de esperanzas y anhelos. En mis ojos, puedes ver el nacimiento de otra aventura.
Sueñas. Respiras. Esperas. Yo escucho. Oigo. Envío las palabras por tu camino. Tu corazón es mi papel. Mi mente es su pluma. En algún lugar, nuestra historia está a la espera de nacer para que pueda crecer en un cuento al que otros se aferran en la oscuridad, cuando no queda nada más que la danza de las letras.
Un día no seremos más que historias. Unas series improbables de circunstancias. Una explosión gloriosa de lujuria loca. Deseos insatisfechos chocando los unos contra los otros como trenes de carga descontrolados. Olas de esperanza corriendo hacia la orilla y reordenando la arena que pisamos, cambiando nuestro destino, juntándonos.
¿Puedes sentirme tirando de tí con cuerdas de una perversidad ordenada y exigencias audaces? ¿Sabes que yo mando en las tormentas, reyes y sueños? Puedo envolverlos a tu alrededor con más o menos suavidad, según mi voluntad. Puedo rasgar, abrir y ver a través de tí. Puedo reparar las heridas que otros te han hecho y que llevas.
Déjate fluir hacia mí a través del viento, arrastrada por este hilo de palabras. Cuando llegues, te tiraré en las páginas de la historia para que mires en las partes más profundas de tu ser. Para hacerte mía.
Cierra tus ojos y sueña. Estoy en el viento que sopla tu pelo hacia atrás, llamándote. A la espera de que vuelvas a casa y ser envuelta entre líneas, negras y blancas, a lo largo del curso de estas páginas.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Límites difíciles

Estamos hablando sobre límites muy exigentes. Ella me dijo que tenía unos pocos. En su mayoría, eran irreprochables. Yo no tendría ningún problema en respetarlos. Si algo le hubiera molestado, no lo volvería hacer. No es un placer para mí verla sufrir. Quiero hacerle cosas que ella quiera hacer, incluso si ella piensa que, tal vez, no debería hacerlas (demasiado sucia, las mujeres elegantes no las hacen), o incluso, si piensa que no quiere hacerlas, pero que, de hecho, descubre que después lo hará todo (todas las clases de desviaciones están en la mente de una sumisa).
De vez en cuando, un poco de resistencia se suma al placer del dominante para forzar sus deseos. Pero, hay que tener cuidado para averiguar la verdadera naturaleza de la resistencia. Una vez, ella dijo que tenía un límite alto porque involucraba algo de humillación. Cuando lo indagué, resultó que lo que la preocupaba era su vanidad. Ella pensaba que cuando realizara dicho acto, no se vería elegante.
“Pareceré fea,” dijo.
Por lo tanto, le contesté: “Es la vanidad lo que te hace resistirte.”
“Sí,” ella dijo, “pero las mujeres somos de esta manera, ¿no?”
Le dije que la vanidad no era una buena razón para no seguir las instrucciones.
“Pero, me sentiré incómoda si tengo que hacer algo que me haga parecer torpe y tonta,” dijo.
Me parece que, a veces, hay que insistir, hay que romper a través de la reticencia, porque el orgullo y la modestia y la vanidad están todas muy bien, pero lo que el dominante quiere, es que ella le dé todo sin vuelta atrás. Si está siempre mirándose al espejo cuando se está trabajando sobre ella, no está centrada en satisfacerle. Y eso tiene que ser tratado.
Creo que puedo decir si ella está realmente molesta o si está intentándolo. Y yo no me desanimo con facilidad. Pero, después de esta conversación, ella se había alejado un poco. Dijo que tal vez, era muy mala sumisa y que me aburriría o cansaría de ella, si no se sometía antes. Desde siempre, he oído estas cosas de las sumisas. A menudo, carecen de confianza (lo cual es por eso que ellas lo intentan y se echan para atrás). Ellas no piensan que son lo suficientemente buenas para sus dominantes.
Yo no permito ese tipo de pensamiento. Mi respuesta es: “Te he elegido. ¿Cómo te atreves a pensar que iba a elegir a alguien que no mereciera la pena?” Es pensar con mucha ligereza sobre la opinión de tu dominante. Si ella no tiene la confianza suficiente, es parte del trabajo del dominante inculcárselo, hacerla sentir que es la mejor y más adecuada. A veces, se oye hablar de los dominantes que insultan a sus sumisas, llamándolas inútiles, etc. Yo nunca haría eso. Quiero que ella se sienta bien y que es sumamente valiosa para mí.

martes, 8 de septiembre de 2015

Esta noche eres mía

Guarda tus dulces atardeceres y las cenas con velas, porque esta noche, te encontrarás con un curso intensivo de lujuria.

No quiero tus rosas ni tus dulces poemas de amor susurrados en mi oído. Si quieres gozar del buen comer y buen vino, llama a un hombre joven o a un taxi, pero no a mí. 

Si eres mía esta noche, te reivindicaré lo que deseo y, ahora mismo, mi deseo eres tú.

Si no es mi nombre el que es gritado o “Sí, Señor,” entonces, ahórrate el aliento. Lo vas a necesitar para la primera embestida que yo intente para darle rienda suelta a tu cuerpo.

Voy a saborear cada centímetro de tu sabrosa carne, trazando el contorno de mis intenciones sobre tu piel reluciente.

Voy a dejar notas de amor grabadas en tu cuerpo y un recordatorio de a quién perteneces. Por lo tanto, no trates de resistirte.

No trates de luchar contra lo inevitable. La oscuridad es mi guarida. La luna arroja un resplandor pálido en mi reino nocturno. Mi oscuridad contiene muchos placeres. De hecho, nadie los ha tomado, sólo se los he dado.

Grito en voz alta, pues tu placer excita mi furia. ¿Siempre felizmente e incluso, alguna vez?

Olvídate del cuento de hadas de esta noche.

Esta noche, de una manera que nunca olvidarás, tirones de pelo, azotes en tu culo, mordiscos en tu piel, tus pezones retorcidos, tu humedad, saboreada y engullida, sexo volátil y contundente que te dejará temblando en un charco de desenfreno, a la vez que pides más. 

Te lo advertí y fuiste avisada

Prepárate para tener Dueño esta noche.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Un inventario de mis implementos: La tawse

La clásica tawse es una tira de cuero de unos ocho centímetros de ancho. Un extremo tiene forma de mango y el otro, está cortado por la mitad hasta un tercio de su longitud. No soy capaz de precisar el motivo de la hendidura. He leído que esa raja permite el paso del aire en el momento del impacto. Aire que, de otra forma, actuaría como un cojín amortiguante y así mitigar la fuerza del golpe. Pero, no estoy del todo seguro de que esto sea técnicamente plausible y la raja pueda ser sólo una característica del diseño, cuyo propósito original se ha perdido en las brumas del tiempo.
Ciertamente, la tawse tiene una historia venerable, tradicionalmente favorecida por los maestros de escuelas escocesas de la vieja usanza, cuyo lema decía: “La letra con la sangre entra” (un dicho que recientemente he descubierto que procede directamente de la Biblia, esa fuente infinita de tantos pecados y castigos). Sea como fuere, es un implemento que aprecio. Una de las razones por las que me gusta tanto, es por el sonido que hace. Una tawse correctamente aplicada ofrece un solo picor en el lugar adecuado, pero también, un ruido fuerte y claramente definido. Es un ruido bastante diferente del que se obtiene con el cinturón, un látigo o una cane, muy centrado, una roncha clara que creo que causa un efecto excelente tanto en el Spanker como en la persona azotada. Para esta última, creo que puede inducir una sensación de que ella está siendo azotada justo un poco más fuerte de lo que realmente es el caso, aumentando así el efecto del propio golpe.  Si es muy sonoro, realmente, debe doler mucho.
Otra cosa que me gusta de la tawse, es que hace marcas muy buenas. Si quiero asegurarme que mi sumisa tenga el trasero bien marcado al día siguiente e, incluso, una semana después, yo no usaría la tawse o, al menos, me gustaría complementarla con algo más. Para hacerle realmente una marca, se necesita una cane o una fusta. Pero una tawse producirá un tono rosado más agradable, convirtiéndose en rojo si es aplicado durante un tiempo suficiente. Un cinturón o un flogger harán lo mismo, pero la tawse asegura una mancha de color más difusa que puede ser estéticamente gratificante.
El dolor que una tawse produce, obviamente depende de la fuerza con la que se aplica. Pero, también depende del espesor del cuero. En la actualidad, la mía es más fina, lo que significa que crea un sonido más agradable e incluso, un color encantador. Pero, no me parece que le duela tanto a una sumisa como ella necesite. Es perfecta para un precalentamiento, pero si no quiero decepcionarla, tengo que seguir con algo más contundente. Tal vez, para Navidad, voy a conseguir un modelo más robusto. Creo que uno no tiene que tener demasiados implementos de corrección.

jueves, 3 de septiembre de 2015

"¿Lista para saborear el sabor de mi pecado?"

El silencio de mis palabras perfora la tranquila soledad del aire de la noche, enviando escalofríos que la barren a través de su piel.
Su respiración vacilante, en picado y acelerada. Sabe que lo inevitable está cerca. Mi respiración calienta la parte posterior de su cuello y su cuerpo se estremece en un placer delicioso.
La calma, antes de la tormenta. Mis dedos se deslizan a lo largo de sus brazos, a lo largo de su espalda y acarician su mejilla suavemente.
Ella lo quiere, lo anhela.
Mis palabras cuelgan como aliento helado en un día de invierno, persistentes, mientras invaden su alma.
Mis manos copando sus pechos y paciendo en sus pezones, forzando un gemido silencio de sus labios.
Brillando y sudando, mientras  su cuerpo inmóvil se deleita en mi mirada, en mi caricia.
Ella quiere más, pero no puede.
Se ha entregado por completo a mi voluntad.
Su boca babea, mientras la rodeo para besar con delicadeza sus labios expectantes.
Una sola palabra se escapa de su boca.
“Por favor.”
Con una sonrisa malvada, la despojo de su sujetador y lo tiro sobre la mesa y presiono su cuerpo.
Tiro de su pelo y me inclino sobre ella con una sonrisa pícara.
Mientras hablo, gruño forzadamente.
“Pídemelo de nuevo y te dejaré mojada y sin sentido. Sé una mujer buena y te mostraré las estrellas hasta que tu voz deje de gritarme tan fuerte.”
Le arrancaré sus bragas y temblará con su deseo.
Gruño una vez más.
“¿Estás preparada para saborear el placer de mi pecado?”
Con un empujón, y un gemido, todo se desvanece en el camino hacia la oscuridad…

domingo, 30 de agosto de 2015

Sufrir para mí

Lo admito, yo pudiera tener una ligera vena sádica o al menos, a veces, creo que sí. Y sin embargo, no soy capaz de arrancarle las alas a una mosca y verla morir siendo tan pequeña. Si lo llegara a hacer, de hecho, cargaría con un descomunal sentido de culpabilidad por tal acto. No, no me excito ni gratifico sexualmente por el acto de infligir dolor. Así que, después de todo, quizás no tenga mucho de sádico. Sin embargo, hay algo en el sadismo que me atrae como a una polilla la llama. De hecho, si ella fuera mi sumisa, querría que sufriera por mí.
Pero, el sufrimiento en una relación D/s con una sumisa no supone necesariamente un dolor extremo y, por tanto, no hace daño. Infiere a la lucha. Así pues, es más fácil decir que quiero que luche por mí y, en esta lucha, hay sufrimiento. Pero yo no quiero contemplar solamente la lucha. Quiero sentir que ella lucha. Quiero saber la batalla interna que se libra dentro de ella y quiero sentir cada manifestación de su lucha entre las fuerzas de la entrega, versus ego, y un deseo de agradar, versus autopreservación. Ella no es el dolor y el derramamiento de sangre en el campo de batalla, sino el heroísmo, el honor y la lucha por la victoria que me parece tan atractiva. Y la sumisa, que es el campo de batalla donde se desarrolla la lucha por la victoria de su propia entrega. Y quiero saber de ella y de su lucha íntima.
Le impongo retos, no solo para el dolor o incluso para el placer, sino también para la lucha. Cada vez que se enfrentas a un reto difícil, incluso imposible, la batalla interna se balancea entre el deseo de rendirse ante el dolor abrumador o el placer, versus el deseo, o el placer frente al deseo de la victoria en una entrega absoluta a su Amo que, sin lugar a dudas, es erótica. Y cada vez que le gana a su ego, el sentido de sí misma o la propia preservación, la hace más fuerte y confiada. Por su victoria, no será menos sumisa. De hecho, la hace más sumisa. Porque en su confianza y conciencia de sí misma, siente un deseo de profundizar todavía más en las interioridades de la sumisión.
Y cuando digo que no sólo quiero verla sufrir, sino que quiero sentir su lucha, lo quiero decir literalmente. Quiero sentir físicamente la batalla emocional y táctil jugando en su interior en la medida que lucha por la supremacía de la sumisión sobre su ego. En el placer y en el dolor que quiero que esté literalmente dentro de ella, siendo una parte suya y su lucha como sea posible. Aunque, tampoco soy yo la fuente de ese desafío. ¿Qué clase de desafío? El tipo de sobrecarga sensorial que debe ser soportado y la voluntad para detenerlo debe ser superado para lograr un objetivo en nombre de su Amo.
El favorito de siempre gira alrededor físicamente, agradándome de una manera u otra, mientras se somete a alguna forma de desafío. El alivio o la liberación de ese reto, sólo se concede tras la finalización de una tarea, como el llevarla al orgasmo. Esto es aún más atractivo, porque tengo carácter y puedo soportar largos períodos de estimulación sin orgasmar. La lucha debe ser épica hasta que haya gloria en la victoria.
Un ejemplo podría ser, requerirla a que se arrodille desnuda ante mí. Las rodillas bien separadas, manteniendo un vibrador palpitando en su clítoris hinchado, mientras me complace con su boca. Por supuesto, no le estará permitido a que se corra ni a quitarse el vibrador hasta que yo consiga mi propia liberación. El Magic Wand es un enemigo implacable y poderoso con el que hay pocas posibilidades de su éxito. Pero, al mismo tiempo, no solo tengo la oportunidad de observar su lucha desesperada, sino que consigo sentirla también intensamente.
Cada convulsión, cada presión, cada gemido desesperado y grito suplicante se transmite a través de mí, mientras el vibrador trabaja incansablemente sobre su clítoris demasiado sensible. Pero, ello no es más que una mera estimulación física de su lucha, pues, la gratificación emocional de su entrega y lealtad en la batalla por perseverar contra ese vibrador, más me agrada. En esos momentos, donde ella lucha fuertemente contra obstáculos insuperables para complacer y servir y para que su sumisión se presente con más fuerza. La sensación de que va a hacer algo por mí, es el afrodisíaco más poderoso y es una de las muchas maneras con las que podemos cimentar más profundamente nuestros lazos D/s.
Repetimos esta escena una y otra vez. Los detalles son diferentes, pero la lucha, la emoción y el sentido de unidad es la misma. Si se trata de azotar su culo con el cepillo o tirar con las pinzas de sus pezones, mientras la monto, flagelar su coño o azotar su trasero, mientras me complace con su boca, el reto de su sumisión y servicio sobre su autopreservación y su ego, hace que la princesa guerrera y la asesina del dragón sea la heroína de nuestra historia. En su sumisión y entrega absoluta, se hace cada vez más potente y, por lo tanto, los frutos de su sumisión son aún mayores. Ella lucha por mí. Sufre por mí. Y, en esa batalla, muestra la disciplina de un soldado, la lealtad de un caballero y la humildad de un monje.
Y mientras tanto, tengo, no sólo la oportunidad de ser testigo de sus batallas,  consigo vivirlas y sentirlas tal como yo vivo muy dentro de ella. Sintiendo cada reacción física y emocional al placer y al dolor. Sentir la lucha de su mente y de su cuerpo con el reto de complacerme simultáneamente como Amo y luchador en las  batallas y expuesto ante ella como antagonista. Ella hace frente a todos mis desafíos, a la vez que lucha para servirme. Su deseo de agradar y servir, someterse y entregarse nunca es más evidente, presente y tangible.
Nunca nos sentiremos más activamente unidos, en el sentido de unidad y propósito común en nuestro vínculo de la D/s, que cuando sufre por mí.