viernes, 21 de octubre de 2016

¡Hola!

“Adiós” es una palabra que usamos muy a menudo para concluir algo, cerrar un ciclo, un momento. Un período de fases de nuestras vidas. Algunos adioses son temporales, otros son para siempre. Cuando el amor está involucrado, no siempre es fácil. Siempre es complicado. Siempre es difícil dejarlo ir. ¿Por qué siempre tenemos que dejarlo ir? Vivimos en un ciclo de despedidas perpetuas. 

Me gustan los “Holas.” Son un saludo y una forma sencilla de iniciar un nuevo comienzo.  Porque los “Holas” llevan a cabo una bienvenida y transforman a su debido tiempo a ese terrible Adiós. Son enemigos de ese arco que tiene que coexistir constantemente. El Hola está lleno de maravillas y tiene planes por encima de todos los planes. El Adiós ha vivido a través de esos planes y no importa qué, no importa cuán increíbles sean, cómo la vida vaya cambiando y cuánto de tu vida se haya incrustrado en esos momentos, el Adiós siempre se quiere desligar de esos momentos. Una lucha constante de Holas y Adioses, un ciclo siniestro de una montaña rusa emocional sin fin.

 ¿Qué pasa si nos deshacemos de los Adioses y, en su lugar, vivimos dentro de los Holas? Conocer el futuro es inevitable, pero no lo es. Es una variable loca con planes propios, por lo que, en su día, se convertirá en un Adiós nunca dicho, pero que ha estado viviendo, a su vez, continuamente en su lugar. 

Vete al cuerno “Adiós,” te diría adiós, pero sé que me encontrarás más pronto o más tarde. Pues vas a hacer a todos los que quiero y a todo lo que me importa, que les diga Adiós en algún momento. No me gustan las despedidas, vamos a ver más adelante lo que usted dice en su lugar y ver si no podemos mantener la ilusión por todo un día más. Le diré “Hola” a la ilusión y Adiós a las tonterías. Por eso, vuelvo.

martes, 8 de diciembre de 2015

Adiós

Empecé este blog hace casi cinco años. En unos momentos difíciles debido a la crisis y a una enfermedad grave de una persona muy cercana. En ese tiempo, he escrito miles de palabras. Mi blog ha tenido muchos amigos y me ha dado muchas satisfacciones. Como en todo lo que hago, puse mi corazón en este blog, hasta el punto de mantenerlo vivo de una manera constante. Pero, recientemente, mi vida ha cambiado. Mucho para mejor, me apresuraría a decir. No puedo decir exactamente cómo, porque eso sería inmiscuirte en mi privacidad y ésta empieza a ser de otra persona. Aparte, lo anterior ha coincidido en el tiempo con un reto profesional muy halagador que no puedo ni debo rechazar y, además, quiero darme un tiempo para vivir y disfrutar. 

Como resultado de ello, creo que ya no tengo la motivación para escribir como un Dominante que discierne. Quizás, un día lo echaré de menos y vuelva otra vez a ello. O puede ser que empiece otro blog en otro sitio con un tono completamente diferente. Justo ahora, me voy a tomar un descanso largo. Dejaré mi blog abierto en este sitio para el caso de que alguien tenga curiosidad por este estilo de vida o quiera leerlo, pero yo no voy a publicar más artículos.

Quiero darles las gracias a todos mis lectores y lectoras, especialmente a aquellas personas que han publicado comentarios o que se han tomado la molestia de ponerse en contacto conmigo. Adiós y muchas gracias por vuestro tiempo.
Ben Alí

domingo, 6 de diciembre de 2015

De nuevo, compartir

He recibido en mi correo privado algunas críticas feroces sobre mi artículo anterior “Compartir.” Soy consciente de que esto no es para todo el mundo y mi consejo es que, si algunos de ustedes tienen dudas sobre ello, no lo hagan. Se requiere un alto nivel de confianza del uno en el otro, y también, cómo no, un alto nivel de confianza en sí mismo. Creo que es esencial que nadie deba sentirse presionado en lo más mínimo en este tipo de actividades. 

Una de las preguntas que un lector me planteó y que me hizo pensar, fue: “¿Cómo se sentía el otro hombre? De alguna manera, siento que ha sido menospreciado o considerado de un estatus inferior, porque, en primer lugar, la mujer se ha entregado a él para el placer de su dominante…en cierto sentido, ¿está siendo utilizado y esto le molestaría?” Nunca me he visto en una situación igual, como la del “otro hombre.” Por lo tanto, no puedo estar seguro de cuál podría ser mi respuesta.
Estoy siendo tentado para ser un cínico. La mayoría de los hombres a los que se les ofreciera la oportunidad de tener relaciones sexuales sin condiciones añadidas con una mujer bonita, que es como se sirve en un plato, estarían poco dispuestos a mirarle la boca a un caballo regalado. Los hombres son lo que son y permiten pocas sutilezas éticas en el camino. Si un hombre quiere ofrecer a su chica y ella aparenta estar de acuerdo con ello, ¿cuál es el problema?
Pero, vamos a suponer que hay algunos hombres que pudieran ser sensibles a jugar a lo que es, después de todo, un papel subordinado. La dinámica central del encuentro se juega entre el Dominante y su sumisa. El otro hombre es el catalizador. Sus sentimientos al respecto sobre esto no son realmente importantes para ellos. Él está siendo utilizado por ellos para que estos puedan bajar a su propio escenario privado. La compensación por esto es que él pueda tener sexo. Lo consigue follándose a una mujer a la que de otra manera no tendría acceso.
Últimamente, mi punto de vista es que si el otro hombre puede contribuir a su placer y conseguir alguno para sí mismo, no hay perdedores. Y, ¿quién sabe en el curso de los acontecimientos qué conexiones interpersonales pudieran generarse? Pero, si usted  es tan protector de su propio estado y piensa que solamente consentiría copular cuando usted sea el centro de atención, casi con toda seguridad, compartir no sería de lo que se trate.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Compartir

He tenido varias conversaciones con la mujer de la melena rubia sobre el compartirla con otro hombre o incluso con otros hombres. Ella tiene mucha curiosidad sobre esto y, ciertamente, no es reacia, aunque comprensiblemente se ha puesto un poco nerviosa, ya que nunca ha intentado una cosa similar. He tenido que darle un montón de explicaciones para clarificarle mi posición al respecto. En primer lugar, ella necesitaba la seguridad de que mi deseo por entregarla no es una señal de que no me preocupe por ella. Por el contrario, le dije que si  estaba dispuesta a hacer esto por mí, si ella es lo suficientemente atrevida y de mente abierta, la admiraría aún más y la apreciaría muchísimo por ello.
“La mayoría de los hombres no son así ni se sienten de esta manera,” me dijo. “Son celosos de sus mujeres y las vigilan muchísimo.”
“Afortunadamente, no soy responsable de lo que la mayoría de los hombres sienten o piensan. Sólo sé cómo yo soy,” le repliqué.
Pero, ella teme que yo hiciera tal cosa, que la considerara una puta. Por supuesto, ella sabe que en mi libro, puta es un término de honor para una mujer que le gusta el sexo tanto como a mí.  Pero, entiendo lo que ella quiere decir. Con toda seguridad, ¿sólo las mujeres sin autoestima se involucran en el sexo en grupo? Trato de explicarle que no intentaría compartirla sin que yo estuviera seguro de que ella se auto valora a sí misma en gran medida. Y solamente me gustaría prestarla a alguien que yo considerara muy digno de ella y que la apreciara.
Ella se pregunta sobre mis motivaciones. ¿Por qué quiero hacer esto? Siempre tengo problemas para explicar esto correctamente. Es solamente la manera en que estoy conectado con ella lo que me excita. He intentado muchas veces escribir sobre esto en este blog y no creo que tenga mucho más que añadir a esto. Creo que, en última instancia, tiene algo que ver con la sensación de propiedad. Como su dominante dice en la “Historia d’O,” cuando le explica a O por qué él va a permitir a otros hombres que la utilicen. Porque, para empezar, sólo se puede prestar lo que es de uno. Sexualmente, la mujer de la melena rubia me pertenece totalmente. Si la entrego a otro hombre, es una demostración de que ella es de mi propiedad por completo y sin reservas. Así es como voy a experimentarlo, y cómo ella lo sentirá también.
Aunque ella se pregunta que, si está jugando con otro hombre, ¿yo participaría? Le digo que, hasta cierto punto, podría, pero lo más probable es que simplemente me limite sólo a observar. Entonces, ella me pregunta:
“Si usted está sólo observando, ¿no se sentiría excluido?”
Le explico que observar es algo muy activo para mí. Soy una persona muy visual. Me encanta ver películas, pinturas, fotografías y, por supuesto, a mujeres guapas en la pantalla y en la vida real. Observarla con otro hombre me daría una profunda satisfacción. Yo no tendría que tomar parte, aunque podría.
Es muy probable que ella nunca llegue a entender por qué soy así, ya que ni yo mismo lo entiendo, pero ella es feliz aceptando lo que la digo. Y, aunque al principio, ella no se fiaba, ahora está intrigada. He acordado una cita con otra pareja que también están en la D/s para dentro de un mes. Sigo hablando con el dominante sobre cuál sería el escenario y quién hará qué a quién. Es divertido anticiparse.
Habrá muchas personas que piensen que soy raro, o peor. Voy a permitir que sea un pervertido y me siento orgulloso de ello. Si esto provoca una reacción negativa en algunas personas, mala suerte. No se debe escribir un blog sobre el libertinaje si usted tiene miedo a la hostilidad, como tampoco se debe leer un blog si usted es una mojigata o un mojigato. No obstante, creo que la inmensa mayoría de mis lectores comprenderán el atractivo de este tipo de cosas, incluso si deciden que no es para ellos.


viernes, 27 de noviembre de 2015

Fantasía ocasional

Ella abre la puerta y baja las escaleras. No es la primera vez que se pregunta quién ocupa el resto de la casa. ¿Vive gente en esta casa? ¿Trabajan aquí? Ella nunca ha visto a nadie.
En la parte inferior de las escaleras, ella abre otra puerta y entra. Mezclado con el aroma de las velas y el incienso que algunas personas queman, hay un ligero olor a antiséptico  que mantiene el lugar impecablemente limpio.
Se quita la ropa y se sienta en una silla de madera con las manos en su regazo, esperando pacientemente. Bueno, tan paciente como ella puede. Desde entonces, ha estado esperando que cuando se abra la puerta, de nuevo sea él. Un hombre mayor, de pelo gris y de manera cortés. Sería muy difícil decir con exactitud lo que a ella le había atraído de él. Probablemente, fuera su aire de confianza total mientras él hacía su trabajo. Y también, la sensación de que él nunca la había visto, podía ver con el fondo de la mente de ella, comprender el caldero hirviente de deseo que la había hecho venir hasta este lugar, pues sabía mejor que ella lo que esta necesitaba.
Ella se dice a sí misma que debería dejar de pensar en él, porque puede ser que no sea el que venga. La última vez que ella estuvo aquí, se había sentado sin aliento, incapaz de soportar el suspense mientras esperaba para ver si el hombre mayor vendría por ella otra vez. Y luego, sufrió una oleada de decepción cuando la puerta se abrió para revelar otro hombre, mucho más joven. No es que este otro hombre no tuviera una cierta habilidad en lo que hacía. Y no hubo ninguna posibilidad de que ella pudiera rechazarlo. Ese era el trato, que aceptó sin vacilar para venir y del que no podía volverse atrás y eso era parte de lo que lo hizo tan excitante. El saber que ella no podía negarse, sin importar de quién se tratara, tuvo un efecto poderosamente estimulante en su imaginación.
De todos modos, sentada ahora aquí, ella deseaba fervientemente que pudiera ser el hombre mayor una vez más. Con seguridad, ¿él había disfrutado de la experiencia? ¿Es posible que él quisiera volver para encontrarla de nuevo? Pero ni la sumisa ni el dominante podrían estipular quién pudiera ser su pareja. Sólo se podía hacer una cita  a ciegas y volver a la esperanza. Incluso esto, no es algo que suceda muy a menudo. La gente que se dirige al lugar, personas sombrías y sin nombres, sólo una dirección de correo electrónico y una cuenta bancaria, vigilan cuidadosamente el uso de sus instalaciones. Nadie podría visitarla más de una vez al mes.
En los últimos dos meses, a pesar de su decepción, ella había estado esperando con desesperación a ese hombre nuevo, el hombre que la había motivado. Su cuerpo estaba dolorido por el beso de su látigo. Ella anhelaba la crueldad de su toque, la sensación sobre su cuerpo desnudo de esas manos que le habían hecho infaliblemente a ella lo que era tan perfecto, había hecho que su cuerpo se estremeciera y retorciera, la había hecho gritar y, cuando terminó, llorar de gratitud.
Ella sabe que pensar en él, sólo puede servir para que cualquier punzada de decepción sea mucho más nítida. Pero no puede dejar de recordar, cómo cuando él había entrado, no había pronunciado ni una palabra, solamente permaneció de pie delante de ella mientras ésta se sentaba. Luego, puso su mano bajo su barbilla y levantó su cara para que le mirase. Sus ojos marrones mirándola profundamente. Y luego, sin avisar, abofeteó su cara. Tres golpes punzantes y ella gritó, más por la sorpresa que por el dolor. Y la agarró por el pelo y medio la levantó de la silla, arrastrándola hacia el banco que estaba en el centro de la habitación. El banco,  acolchado en la parte superior y las correas de cuero en cada ángulo para atar las muñecas y los tobillos.
Durante la hora siguiente, ella descubrió lo que había estado esperando al venir aquí durante estos meses. Por fin, había sido justo y, de hecho, perfecto. Pero después, el hombre se marchó de la misma manera que había llegado, sin decir una palabra. Sin dejar ni una huella. Y sin embargo, ahora se siente esperanzada, sin atreverse a esperar que él vuelva otra vez.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Piercing

Una vez, le dije a una sumisa que me gustaría hacerle una marca o, en su lugar, un piercing. Hablé mucho con ella sobre esto y, ciertamente, tenía muchas ganas de saber su respuesta, lo que sentía sobre lo que sería un proceso muy íntimo, por no decir invasivo. Pero, desde el principio, no la dejé la menor duda de que la decisión la había tomado y la llevaría a cabo de acuerdo con mis deseos. Si un dominante no puede tener a su sumisa con un piercing de la manera que él quiere, ¿qué problema hay con esto?
Mi decisión era por un piercing horizontal en la capucha de su clítoris. Hice algunas indagaciones y este era el que más se ajustaba a mi fantasía desde hacía mucho tiempo y quería que lo tuviera la mujer que fuera mi sumisa. Físicamente, ella era adecuada para esto. No voy a entrar en detalles, pero algunas mujeres son de una manera y otras, de otra manera y ella es justo de la manera correcta para esto. Además, está cercana a mi fantasía.
¿Y qué es eso? Una mujer desnuda permanece quieta, con los brazos detrás de la espalda, las piernas separadas, su ingle empuja hacia adelante. El dominante lleva una cadena de plata con una pinza en el otro extremo, que se engancha al aro que está por encima de su clítoris. Él tira suavemente para ver si está seguro. Luego, se pone en marcha por la habitación llevándola por la cadena. Si en algún momento, se muestra reacia a ir hacia donde la dirige, o para hacer lo que él diga, tira de la cadena hasta tensarla, lo cual desencadena una obediencia instantánea. Finalmente, cuando él ha llegado a su punto, tal vez, ate la cadena al extremo de un radiador u otro punto fijo (lo ideal sería estar en una mazmorra con argollas de hierro incrustados en la pared, pero seamos realistas). Él ha atado las manos detrás de su espalda y, por lo tanto, está perfectamente posicionada para ser usada o abusada de la manera que él quiera.
En caso de que usted se esté preguntando si ella desea esto en gran manera (al menos, el piercing, todavía no lo habíamos hablado en detalles, lo cual la podría mentalizar). El mero hecho de pensarlo ya hacía que se humedeciera. Esto no quiere decir que no se sintiera extremadamente preocupada. Incluso, tal vez pudiera ser que ella tuviera un brote de sudor frío durante la noche al pensar en el dolor, la vergüenza o lo que fuere (por supuesto, yo estaría a su lado mientras se lo hacían y, sin dudar, haría algunas fotos). Pero, en el fondo, no percibía que ella tuviera mucho miedo.
“No tendrás más remedio que exponerte a que te lo hagan,” le dije.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Amordazada

La mujer de la melena castaña tenía puesta una mordaza de bola en su boca, de color roja con una correa negra. Al principio, la correa estaba lo suficientemente apretada. Por lo tanto, al estar con abrochada con firmeza, rellena su boca. No pasará mucho tiempo antes de que ella empiece a babear. Hablo con ella. Sé que es mi parte sádica. Ella no puede responder a ninguna de mis preguntas, solo hacer ruido murmurando. Puedo decir lo humillante que es para ella, y esto me gusta.
El babeo continúa. Eso también es humillante. Es como si ella fuera de nuevo un bebé. Sin palabras, reducida a la incoherencia, babeando por la boca. La saliva gotea por la parte inferior de la bola roja. Supongo que ella también se siente como un objeto, un juguete sexual. Tal vez, existiendo solo para jugar con ella, dado que no tiene voz propia. Cuando no podemos hablar, sentimos que nuestra identidad ha sido quitada, no tenemos sentido de nosotros mismos, ya que si no podemos expresar nuestro yo, ¿dónde está?
En realidad, la mordaza dilata la boca abierta. No es doloroso, sino un poco incómodo. No es que no pueda olvidar que la lleva puesta. Me gusta mucho ver cómo la lleva y hago que la mantenga durante mucho tiempo. Cuando, por fin, permito que se la quite, ella pone su mano en la mandíbula para frotarla con suavidad. Le hago una pregunta. No entiendo su respuesta. Le pregunto de nuevo. Nada más que una mirada. A pesar de que sea eliminado el elemento físico para hablar, ella no puede hablar. Se ha ido al subespacio en el mismo momento que se quitó la mordaza. No me esperaba esto. Estoy fascinado. No puedo esperar a volver a hacerlo.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Vanidad

 Ella estaba en su webcam.
“Quítate las ropas,” le digo.
Ella ha oído con mucha frecuencia esa expresión y no lo dudó. Cuando estuvo desnuda, le dije que se arrodillara en posición de sumisa: Las rodillas ligeramente separadas, las manos estiradas hacia adelante, la cara contra el suelo, la espalda arqueada y el culo levantado. Le dije que se mantuviera en esa posición en silencio durante cinco minutos.
Ella hizo una mueca. Yo sabía que esto no le gustaba y que, por supuesto, hizo de que yo estuviera más decidido a que lo hiciera.
“Mientras te arrodillas, le dije, piensa sobre tu sumisión y lo que significa.”
Ella se puso en posición y me senté mirando sin decir nada hasta que el tiempo se hubo terminado. Entonces, le ordené que se pusiera de nuevo sus ropas y que se sentara en el sofá.
“Ahora,” dije, “Quiero saber para lo que esa cara estaba a punto.”
“¿Qué cara?” ella dijo.
Afirmó no saber lo que yo quería decir. Le dije que yo sabía que a ella no le gustaba arrodillarse para mí de esa manera. Le dije que era bueno para ella hacer cosas que no le gustaban. Así fue como pude probar su sumisión. Si ella sólo hacía las cosas que le gustaban, era demasiado fácil.
Ella lo entendió. Entonces, ¿por qué resistirse? Lo pensó mucho y en profundidad, tratando de analizar sus sentimientos.
“Díme la verdad,” le dije. “No voy a ser transversal, no voy a juzgarte. Sólo quiero saber.” Finalmente, dijo que era el orgullo. Le pedí que se explicara.
Creo que el orgullo no era la palabra correcta. Creo que era una descripción más precisa de sus sentimientos, mientras ella pasaba a describirlos, sería la vanidad. Es bastante común entre las mujeres sumisas. Bastante común entre todo tipo de personas, supongo, incluyendo a los hombres. Lo que dijo fue que, cuando ella está desnuda como ahora y tiene que sufrir la mirada de mis ojos sobre su cuerpo, observándola con atención, teniéndola sobre su cuerpo, ella llega a temer que es menos perfecta y que voy a encontrar defectos, que descubriré que ella no es tan atractiva como yo pensaba. Ella quiere ser exactamente lo que quiero que una mujer sea y que tiene miedo de ser humana. Por lo tanto, se queda corta.
Por supuesto que me pasé mucho tiempo asegurándole que la encuentro muy guapa, muy sexy, que la quiero mucho, que no hay nada en ella que yo cambiara. Pero, aunque sé que esto es cierto, no es fácil convencerla.
También, le dije que quería que ella se arrodillara en posición sumisa no para que yo pudiera inspeccionar su cuerpo buscando imperfecciones, sino porque era una visión visible de su sumisión. Intelectualmente, ella entiende esto y, aún así, no le gusta. Es extraño, porque ella ha hecho cosas sexuales mucho más explícitas para mí ante la webcam, cosas que la exponen mucho más que esta posición. Tal vez, cosas menos dignas y, sin embargo, esta es la única en la que ella se encoge de hombros.
Poco después, cuando ella estaba sentada hacia atrás en el sofá, vestida de nuevo, le dije que pusiera su mano en sus bragas y me dijera lo que había encontrado. Ella mostró sus dedos que estaban mojados y resbaladizos. No era la primera vez que su mente estaba reaccionando de una manera y su cuerpo de otra.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Belle de Jour

Las películas sobre la D/s suelen ser decepcionantes. El film de la “Historia d’O” no logra captar por completo la atmósfera única generada en el libro. En la de “Nueve semanas y media,” es algo bastante débil. La suave D/s excita a la gente vainilla. “La Secretaria” tiene sus momentos, pero hay en ella demasiadas cosas raras (por ejemplo, las autolesiones) para que sea realmente satisfactoria. Pero, hay una película que creo que todos los dominantes y sumisas la disfrutarían.
Es el film de Luís Buñuel, “Belle de Jour.” Producida en 1967, me acaba de llegar una nueva reedición en DVD. Cuenta la historia de Séverine, una respetable mujer burguesa casada con un médico rico. Él es guapo, pero poco expresivo y su vida sexual es prácticamente inexistente. En cambio, ella fantasea. En una secuencia, su marido (ahora transformado en un tipo dominante) la ha llevado en un coche de caballos a un bosque. Allí es atada por los cocheros y azotada, mientras su esposo mira. Luego, le dice a uno de los cocheros que la viole. En otra fantasía, ella está atada con un vestido blanco y largo y le arrojan barro mientras sufre una corriente de insultos: “Vagabunda, puta, zorra, etc.”
Una amiga le habla a Séverine acerca de una amiga mutua que se ha convertido en prostituta. Su curiosidad se agita. Ella descubre la dirección de un burdel y va allí para ofrecer sus servicios. Por lo tanto, su marido no deberá verla salir. Ella dice que sólo “trabajará” por las tardes. De ahí su nombre, Belle de Jour. La madame del burdel pronto descubre que a Séverine le gusta lo bruto y es iniciada por un tipo que le abofetea la cara, la empuja en la cama y la folla con dureza.
Algunas de las escenas son divertidas. Hay un hombre asiático que tiene una caja misteriosa. Cuando la abre hay un zumbido fuerte y ruidoso y todo lo que existe en su interior fascina a Séverine, pero a nosotros, el público, nunca le dice lo que contiene la caja. (Naturalmente, esta escena me vino a la mente cuando mi artículo anterior provocó una petición de la mujer de la melena rubia para que revelase lo que había dentro de la caja que le envié. Como Buñuel, voy a molestarles, lectores o lectoras. Ustedes tendrán que adivinarlo. Todo lo que voy a decirles es que no se va producir ningún zumbido cuando la ella la abra).
El reclamo del burdel a Séverine (interpretado por la frialdad hermosa de Catherine Deneuve) es que toda opción se retira de ella. Simplemente, tiene que hacer lo que le diga cualquier cliente que requiera sus servicios. Ella ansía degradación y humillación. El cliente, después de haber pagado, la “posee” y ante la idea de tener que actuar de acuerdo con sus propias fantasías de ser abusada y profanada, Séverine es completamente sumisa. Ella no puede cambiar. En otra escena divertida, le dicen que se adapte a las exigencias del cliente, un ginecólogo rico que quiere vestirse como un criado y ser abusado por su empleadora aristocrática. Séverine no puede hacer el papel y tiene que ser sustituida por otra chica.
Buñuel era un surrealista. Él estaba interesado en sueños y fantasías al igual que Freud y los psicoanalistas. Pero, mientras que ellos querían curar a los pacientes que sufrían de perversiones “anormales” y neurosis, Buñuel quería explotar el subconsciente en interés de la creatividad. Al final de la película (aunque es una broma ambigua) Séverine no ha trabajado a través de sus fantasías sexuales para liberarse de ellas. Como una buena sumisa, ella continúa intentando y poniéndolas en práctica.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Una lección de paciencia

Le envié una caja a la mujer de la melena rubia por su cumpleaños. Tardó mucho en llegar (ella estaba muy lejos). Al final, la recibió y estaba muy emocionada.
“¿Puedo abrirla?” me preguntó.
Lo estuve pensando durante un rato. “No,” dije. “No todavía.”
Su cara cambió de color. “¿Por qué no? Oh, por favor, por favor.”
“No,” le dije inflexible. Ella había puesto cara de puchero, a pesar de que poner mala cara no está permitido. Ella me miró fijamente. Creo que no podía creer lo que estaba oyendo.
“Debes esperar todo el día de hoy,” le dije.
“Pero, ¿por qué? He estado esperando ya mucho tiempo.”
“Pues, un par de horas más no te va a hacer daño.”
Silencio. Pude sentir su resentimiento. Ella se había venido abajo, más de lo que la había visto anteriormente.
“Crees que soy malo, ¿verdad?” le dije.
Silencio. “Creo que vamos a tomar esto como un sí.”
“Me explico,” dije. “Las mujeres sumisas no siempre pueden tener lo que quieren o bien, que ellas no pueden tenerlo sólo cuando lo quieren. La paciencia es una virtud.”
Ella había oído esto antes. Pero no estoy convencido de que lo crea. ¿Qué mujer sumisa lo hace?
“Estoy haciéndote esperar porque puedo. Es una prueba de tu sumisión. Algunas veces necesitas sentir mi mano firme en tu nuca, por así decirlo,” le dije.
Ella se siente agraviada.
“La sumisión y la dominación trata sobre el poder. Tú me has dado el poder para hacer lo que me plazca. Y lo que yo quiero hacer ahora, es que esperes, a pesar de que no te gusta. Sobre todo porque no te gusta.”
“¿Por favor?” ella me rogó. Creo que piensa que soy de toque suave y que siempre se lo concederé si ella parece lo suficientemente desesperada.
Asiente con la cabeza.
“Tú confías en mí para hacer lo que es mejor para tí, ¿no?”
“Es mi creencia de que lo que es mejor para tí, es hacer lo que te diga y no protestar. No me gusta poner mala, ya lo sabes,” insistí.
Ella parecía estar a punto de llorar. Pero no me iba a conmover. Las cosas continuaron en esta línea durante mucho más tiempo, explicándole el por qué ser paciente era bueno para ella. “Las mujeres sumisas necesitan someterse,” dije. “Esto significa hacer lo que le diga. Así de simple, ¿no?”
Creo que con el tiempo, mi mensaje le llegará y ella conseguiría ser más ecuánime, una vez que pudiera comprobar que no cambiaré mi manera de pensar.
“A veces, quiero que hagas cosas sexuales para mí y algunas de ellas son cosas que tú no elegirías hacer por tí misma, pero las haces de todas las maneras y es gratificante que sean hechas, ¿no?”
Ella reconoció esto.
“Y algunas veces, hago cumplir mi voluntad en formas que no sean sexuales, como lo de hoy.”
“Sí,” ella dijo.
Pero, yo lo debería haber sabido mejor. Todo es siempre sexual entre nosotros. Justo antes de que ella cerrara la sesión con la webcam, me dijo que su coño estaba empapado. Y entonces, descubrí que mi polla estaba también humedecida. ¿Por qué ninguno de nosotros se había sorprendido?

sábado, 7 de noviembre de 2015

¿Sin límites?

Parece que aquí he avivado un avispero. No obstante, bienvenido al compromiso constructivo y no me importa la gente que esté en desacuerdo conmigo (bueno, de acuerdo. A los dominantes no les gusta esto mucho, pero se dan cuenta de que si  exponen sus opiniones por ahí, la gente tiene el derecho a oponerse). Pero, siento la necesidad de defenderme.
En primer lugar, diré que algunas veces puedo parecer prescriptivo, en especial, cuando me dejo llevar. Pero, en realidad, este blog no es un manual de cómo hacer o practicar la D/s. Es una recopilación de algunas cosas que he hecho, siento y lo que pienso al respecto. Tal vez, debiera hacer una advertencia: “No hay ningún ser humano que haya sido perjudicado por los escritos de este blog o, si alguien se ha sentido ofendido, sinceramente nunca lo intenté.” Es más, creo que si usted lee el blog en su conjunto, está bastante claro que no soy un psicópata y que no abogo por abusar de las mujeres, sin importar cuán sumisa sean. Lo que siempre he dejado claro, es que las relaciones D/s son como cualquier otro tipo de relaciones humanas. Deben basarse en el respeto humano, la comprensión, la sensibilidad, dar sin pensar en recibir y el cuidado amoroso. No se trata de que una persona disfrute a costa de la otra.
Fundamentalmente, se trata de la confianza. Ahora bien, reconozco que ésta no se puede restablecer de inmediato. Tiene que crecer y lo que, tal vez, por el tipo de relación que se está creando, sería una buena idea tener una palabra de seguridad y establecer unos límites elevados. Pero, la esencia de mi relación con una mujer sumisa siempre ha sido que ella confíe en mí de una manera totalmente implícita. Que tenga asumido que nunca voy a hacerle daño. Y porque ella confía en mí, esté dispuesta a prescindir de varios accesorios, como la palabra de seguridad.
Al hacer esto, ella piensa en el riesgo. Tiene muy claro que hay ciertas cosas que ella realmente no quiere y, al principio, siempre he aceptado que fueran límites infranqueables para ella. Pero nosotros siempre hemos ido mucho más allá de ellos. Ella sabía que yo sé cómo siente, pero también sabía que no había ninguna garantía.
Creo que es muy común descubrir que, después de mucha experiencia acumulada con la D/s, las cosas que se pensaban que estaban totalmente fuera de los límites, se vuelven tolerables o, incluso, excitantes. Una de las principales emociones tanto para el dominante como para la sumisa, es encontrar un área de actividad que, al principio, parece un tabú totalmente inaceptable y debe ser presionada lo más que se pueda para romper gradualmente las barreras erigidas por la vergüenza o el miedo.
Pongo un ejemplo. Una vez tuve una relación online con una sumisa que estaba en otro país muy lejano. En cuanto a la cuestión del consentimiento, especialmente con respecto a una relación D/s a distancia, no era obvio, dado que la mujer sumisa y yo no estábamos en el mismo espacio. Y, al contrario, ¿por qué ella necesitó enviarme una foto? De hecho, estábamos separados por unos miles de kilómetros y la tortura de sus pezones se llevaba a cabo a través de la webcam. Por lo tanto, aunque yo rechazaba su permiso para quitarse las pinzas, de hecho, podría habérselas quitado en el momento que ella quisiera. Pero, aunque en cierta manera, ella lo deseaba, por otra parte, no lo hizo. Así es como funciona la D/s. Y ella me autorizó a decir en su día que, en el momento que me rogaba el permiso para que se quitara las pinzas y yo se lo negaba, le dije que, a la vista de lo visto, ella iba a tener más límites difíciles. Ese momento fue increíblemente excitante para ella.
Una lectora me ha dicho que es posible una sumisión total sin miedo. Bueno, tal vez, el miedo sea la palabra errónea, pero no veo cómo puedes tener una sumisión total dentro de la D/s sin sentir de que estás siendo presionada, estirada y de que hay algo en juego. Si la sumisa siempre acepta con entusiasmo hacer lo que el dominante quiere, entonces, no veo dónde encaja la dominación. ¿Dónde está el intercambio de poder que es la esencia de una relación D/s? El dominante dice: “Chupa mi polla.” La sumisa se pone de rodillas con una sonrisa feliz y la chupa a sus anchas y a lo largo, con gran alegría para ella. Le sabe muy bien. Pero, esto me parece más como sexo vainilla que de la D/s. Lo que yo busco, y lo que la mujer sumisa que está conmigo responde, es algo mucho más afilado.
En cuanto, a por qué me emocioné cuando vi la foto, bueno, me sentí como que le había hecho mucho daño. Me quedé impresionado por su fortaleza y sentí una conexión muy fuerte con ella.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Sin límites

La mujer de la melena castaña era un dolor extremo. Me había dicho que quería ver lo peor que hay en mí, descubrir de lo que soy capaz. Por lo tanto, le duele, le duele mucho. Y mientras ella estaba sufriendo, gimiendo y retorciéndose, tuvimos una conversación muy interesante sobre la palabra de seguridad.
“No tengo ninguna,” dijo ella.
“Eso es verdad,” dije.
“Para ser franco, realmente, no creo en ellas.”
“Pero, ¿qué pasaría si usted empieza a llevarme hacía mis límites más extremos?”
“No has conseguido traspasar ningún límite extremo,” le dije.
 “¿Puedo quitarme ahora las pinzas, por favor?”
“No,” respondí.
Ella parecía sorprendida (e incluso con el dolor). Me afirmó que yo no estaba de acuerdo con hacer ciertas cosas. Le contesté negativamente diciéndole que no estaba de acuerdo en que hiciera cualquier cosa.
“No he aceptado nada. No es lógico que yo las haga,” dijo ella.
“Sólo me limito a señalar lo que dices.” (Entonces, le dije que tirara más fuerte de las pinzas, que hiciera que le dolieran más. A ella, se le puso la cara enrojecida).
Al ser un hombre razonable, déjame explicarme.
“Tú eres mi sumisa, ¿verdad?”
“Sí.”
“Eso significa que siempre harás lo que yo diga. Tú ha acordado no volver a decirme no.”
“De acuerdo,” ella dijo.
“La sumisa que traza una línea y dice que no, en absoluto es sumisa,” le dije.
“Lo que yo quiero es tu capitulación total.”
Ella se lamentó de que había cosas que no podía hacer.
“No,” dije.
“Hay algunas cosas que usted piensa que no puede hacer. O cosas que no quiere hacer. Pero, si yo las quiero, usted las hará. Eso es de lo que trata la sumisión. Se trata de darlas o hacerlas, no de negociarlas.”
Ella considera esto (todo el rato jadeando con el dolor y luego, me pregunta otra vez si podía quitarse las pinzas.
“No,” le respondí con firmeza.
“Bueno, está bien,” me dijo, “pero da miedo.”
“Por supuesto, que da miedo,” le dije. “Una sumisa que no es un poco miedosa, en absoluto es sumisa. ¿Tenía O palabra de seguridad? ¿Tenía ella límites duros?”
“El tema es,” dije, “volver a mi argumento (e insistir en que ella le dé otra vuelta a las pinzas), usted tiene que confiar en mí. ¿No he dicho repetidamente que, aunque voy a hacerte daño (y voy a hacerte más daño en un minuto), nunca voy a hacerte daño? No voy a obligarte a hacer nada que te haga daño, física o mentalmente. Pero esta es toda la garantía que llegarás a conseguir. Si no puedes confiar en mí, no te sometas.”
Creo que ahora ella acepta esto. Pero ha sido un poco traumatizante descubrir lo que ha expuesto por sí misma. Ella tenía un poco de buen gusto anoche y me envió una foto para que pudiera ver las marcas que las pinzas habían hecho en sus pezones. Hice una mueca y le agradecí el envío de la foto. Lo peor está por venir.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Agarrarla

Cuando la agarro por el pelo, necesariamente no estoy buscando hacerle daño de esa manera. Es más probable que sea para conseguir controlarla. Nada parece llamar su atención tan bien como sentirse cogida con firmeza por su media melena rubia. Por supuesto que si yo quiero hacerle ver algo con un énfasis especial, le daré a su pelo un retorsión, o tal vez, le tire bruscamente. Pero sobre todo, es más que suficiente mantenerlo apretado, si quiero asegurarme su complicidad.
Yo querría mantenerla todavía cogida por el pelo, mientras la guio hacia una cierta dirección, por ejemplo, para colocarla de rodillas en el borde de la cama. Y es la mejor manera de conseguir la posición correcta de su cabeza para hacerme una felación. Yo estoy de pie ante ella, mientras está de rodillas y le tiro de su pelo para hacer que su rostro se incline hacia arriba en el ángulo correcto.
Algunas veces, quiero hacerle un poco de daño. Me gusta abofetear su cara. Hacerlo con la eficacia y seguridad de que ella necesita su cara en la posición correcta y necesitas mantenerla quieta. Si ella se estremece, usted podría terminar golpeando la nariz o en algún lugar torpemente. Lo que usted quiere, es darle una bofetada en la parte carnosa de su mejilla. Así pues, si usted tiene una mano agarrando su pelo, tiene que asegurarse de que su cara permanece en el mismo nivel. Nunca la abofeteo con mucha fuerza, la justa para que le pique un poco. Algunas mujeres odian esto. Sólo lo hago porque sé que ella responde muy bien. Le gusta sentirse agarrada con fuerza por mí y sentir el escozor en su mejilla. Sólo entonces, ella estará lista para cualquier cosa.
Algunas veces tengo que poner su pelo recogido como una cola de caballo o  en trenza. Entonces, cuando la penetro desde atrás, a lo perrito (he comprobado que es la posición favorita para muchas mujeres), puedo tener su pelo agarrado como un control adicional o darle un tirón, si me apetece un poco de sexo duro.
Todo lo cual ocurre como parte de una manera de explicar del por qué siempre prefiero el pelo largo al corto.

sábado, 31 de octubre de 2015

Trepar desde abajo

Recientemente, una lectora me preguntó: “Si una mujer declinaba el orgasmo que su Dominante le ofrecía, ¿en realidad, no era culpable de trepar desde abajo hacia arriba?” Me apresuro a decir que nunca le permitiría que lo declinara, en caso de que yo insistiera que se corriera. Pero, esto no sería nada más que una invitación. Ella tendría el derecho a decir que no.
Sin embargo, creo que a este concepto de trepar desde la sumisión, se le concede más importancia de la que se merece. Después de todo, ¿un dominante no desea saber cuáles son las preferencias de su sumisa? ¿Cómo se puede controlar a una mujer sin que se sepa lo que está pasando por su cabeza? Y si ella prefiriera tener una cosa en vez de otra, eso es información útil. Esto no quiere decir que usted le conceda sus deseos. Por el contrario, puedes recibir un placer muy especial al denegarlos.
Es verdad que la mujeres sumisa, con frecuencia, demuestra ingenuidad al enmarcar sus peticiones de una manera muy especial para manipular a su dominante, desplegando una gran destreza al plantear una idea en la mente de su dominante sin aparentar que lo está haciendo. Llamar la atención con la bonita apariencia de una mujer atada con una pose estética o con lágrimas en los ojos ante la amenaza de un látigo no es una pista muy sutil. Pero, alertar al dominante con la existencia de un blog de sumisa en el que se describen ciertas prácticas  (que la sumisa puede estar ansiosa de experimentar) puede ser disfrazado como un mero medio desinteresado de aumentar el placer del dominante al leerlo. Al preguntar al dominante con una expresión de mantequilla derretida en su boca y con su mejor de voz de niña inocente, tanto como si el dominante nunca haya hecho esto o aquello a una mujer que pudiera eludir la acusación de trepar desde abajo. ¿Quién podría decir que una pregunta tan inocente no muestre ningún deseo por parte de la sumisa de someterse a una experiencia tan única? Ella sólo está tratando de estar mejor informada de la historia o gama de intereses más allá de su dominante.
El dominante aprende de la experiencia de cómo detectar tales intentos primarios o inteligentes para plantar las ideas en su cabeza. Las ve más divertidas que molestas. Me parece que esos dominantes que vuelan de rabia si su sumisa revela cualquiera de sus preferencias, sólo están poniendo al descubierto su falta de confianza en su dominio. Si yo pensara que una mujer estuviera tratando de conseguir algo que ella quisiera y por qué, me inclinaría por sacarla fuera y que me dijera con todos los detalles exactamente lo que ella deseaba para y por qué. Su vergüenza por tener que confesarlo sería placentera por sí mismo. Y cuando la verdad hubiera salido, me gustaría conseguir más placer bromeando con ella. “¿En serio? ¿Quieres que yo haga eso? ¡Qué puta más desvergonzada eres! ¿No sabes que solo las mujeres malas hacen tales cosas? ¿Eres una chica sucia? Muy bien. Pero las chicas sucias deben ser castigadas, no perdonadas. ¿Estás dispuesta a ser castigada?” Y así sucesivamente.
Si una mujer revela constantemente un deseo por actos que no le benefician a usted o que los encuentra positivamente desagradables, entonces, por supuesto, usted tiene un problema. Uno que es mucho más grave que el tema de trepar desde abajo. Usted y su sumisa tienen una incompatibilidad fundamental. Ella ha elegido el peor camino al someterse a usted y no creo que exista otra cura para ellos que la separar los caminos.