sábado, 13 de junio de 2020

Con el agua al cuello

“¿Recuerdas?” le preguntó tirando de ella hacia él con tanta fuerza que pudo sentir su aliento en su piel, mientras hablaba. “¿Recuerdas ese momento, cuando estabas jadeante, incapaz de moverte, saciada y al borde de la ruptura? Pues, lo quiero otra vez.”

Ella hizo una mueca. Por supuesto, que se acordaba. Recordaba ese dolor y el escrito. Recordaba las sensaciones rodando sobre ella, como el agua, hasta que se quedó sin aliento, envuelta en sus brazos, mientras él besaba su frente y aliviaba su piel devastada. Tiró de ella hacia él, después de haber captado una visión vacilante en sus ojos. Su corazón latía con el estribillo de su deseo. “¿Quieres esto de nuevo? ¿Lo quieres otra vez?” Le preguntaba.

Ella nunca había fingido un orgasmo en su vida. No creía en ello. Creía en el poder del placer y en su derecho a ser complacida. Pero, esto no quería decir que cada orgasmo fuera de la misma intensidad. La mayoría de sus orgasmos eran como quemaduras controladas que se ensanchan brillantes, se agrandan rápidamente y, con facilidad, se repiten. Tenía un cuerpo hecho para recibir sensaciones: cosquillas, latigazos, besos y azotes. Su piel se volvía rosa fácilmente, como si su propia sangre estuviera respondiendo a los amantes del tacto. Su sensibilidad significaba que era bastante fácil hacer que orgasmara. El truco no estaba en llevarla hasta el punto del orgasmo. Cualquier hombre, con el que ella tuviera una sesión casual, podría lograr eso. El secreto estaba en presionarla hasta el mismo borde de su límite, llevándola a ese lugar, donde la noche se ahoga, que tanto recordaba. La ruta de acceso a ese lugar residía en el arte de la dominación.

Liar su pelo en su puño. Tenerlo apretado. Tirar con fuerza. Asegurándola de su pertenencia a Él, su Dominante, y solo a Éste. Tirar de ella hacia Él para que su espalda se presione contra su pecho y ella pueda sentir su aliento, y dientes en la nuca. Envolver su mano libre alrededor de su garganta y susurrarle. Decirle todo lo que quiere de ella. Todo lo que es para Él. Todo lo que su Dominante le hará. Hay muchas veces, cuando ella es su igual, su pareja y su amiga. Esta no es una de esas veces. Ahora, en este momento, ella está para su uso, para su placer y el hambre de su Dominante. Hace que se sienta pequeña, hace que se sienta protegida. Hace que ella se sienta siempre levemente con miedo. La empuja hacia abajo con la cara sobre la almohada, sus nalgas hacia arriba, al aire. Dejándola sentir el peso de su cuerpo a medida que Él la doblega, y consume. No permite que ella libere su pelo. Sin dejar de apretar su garganta, ella le suplica: “Poséame, reclámeme y devásteme.

Él sabe el ruido que ella hace cuando es penetrada, mitad jadeo, mitad sollozo. Obliga que el sonido de su garganta se tense, mientras Él se desliza dentro de ella. ¿Y luego…?

“No se detenga, lléneme con sus dedos, juguetes, polla y lengua. Hasta que cada parte de mi cuerpo haya sido marcada como su territorio. Fuerce los orgasmos de mi cuerpo, espumosos, sostenibles, orgasmos de fuegos artificiales, que vienen y van como estrellas fugaces, cuando usted me coge. Son soportables, de la misma manera que su cinturón es soportable. Son placeres controlados que me dejan saciada y feliz, pero usted quiere romperme. Mi quebranto reside en su dominio total, mi entrega a su control absoluto sobre mi cuerpo y las ataduras de confianza y afecto que se envuelven alrededor de mi corazón. Soy suya, Señor. Soy suya. Cójame, oblígueme más allá del punto, donde el placer se hace dolor, y lánceme sobre el acantilado, y en el abismo profundo de sus labios sobre los míos. No voy a saltar. Instintivamente, retrocederé en el borde y disfrutaré de los orgasmos de la sesión y la pasión. Pero, usted quiere más. Y así, debe cogerme por la fuerza. Soy suya para clamar, suya para jugar. Suya para ahogarme…,” le rogaba ella con lágrimas en los ojos.

jueves, 11 de junio de 2020

Las sumisas son adultas y crecidas

Si las estadísticas están en lo cierto, los dominantes deberían usar el BDSM para curar el EDPT, el acrónimo de (estrés del desorden post traumático) que provocan las rabietas de sus sumisas, las fobias y sus pobres habilidades para manejar los tiempos. Aparentemente, los dominantes necesitan asumir el papel de padre o terapeuta, para corregir las secuelas de la vida de vainilla de sus sumisas y así puedan aprender a vivir como adultas responsables. ¿Necesitan cavar en la mente de sus sumisas para detectar debilidades que se arreglan con unos buenos azotes? ¡Ejem!

 

¡Venga, admitámoslo! ¡Es jodidamente absurdo!

“¿Tengo que decir que esa actitud me molesta? Cada vez que alguien infantiliza a una sumisa, muere un unicornio,” me dijo Aloez.


No sé de ustedes, pero creo que las sumisas son creciditas y adultas y los dominantes son gente falible que tienen tantas debilidades como sus parejas. ¿Quieres saber qué dominantes no lo son? Los que están más evolucionados, sanos y mejor informados que sus sumisas.


La D/s es un marco sexual para una relación entre adultos. No es un marco basado en la terapia que enseñan a las sumisas débiles cómo comportarse como adultas en la vida vainilla. Hay sumisas lo suficientemente mayores y con experiencia para haber aprendido cómo lidiar con todo esto por sí mismas. No necesitan a nadie que las guíe hacia un estilo de vida más holístico, aunque muchas hayan hecho su parte de terapia y tengan un psicólogo estúpido que joda sus psiques con el fin de curar sus complejos de abandono.

 

Su dominante es muy fuerte. Tiene un camión de carga con muchos puntos fuertes para cuando se trata de solucionar los problemas de la vida, pero ella, también. Está segura de que, si hiciera un recuento, encontraría que los dos tienen un número igual de debilidades y fortalezas. Él la castiga, lidera y saca la basura de ella para mantener o profundizar en su dinámica, pero, si él alguna vez hace lo mismo en un intento cojo por arreglar las maneras de gestionar sus amistades, el trabajo y el tiempo de actividad vainilla, sacará la fusta y no le va a gustar. Puede ser que esté convencido de que ella es una adulta capaz.

 

Ella es mejor en la gestión de sus amistades que él, al igual que éste es mejor en la gestión de sus amistades que ella. ¿Quieres saber por qué? Porque han pasado cuarenta años dentro de sus propias cabezas y han aprendido mucho sobre cómo relacionarse con la gente. Su dominante no puede manejar su carrera mejor que ella, porque le enseñaron que alguien sabía más que él acerca de su negocio. Ella pasó años en terapia aprendiendo a mantener el equilibrio. Si alguna vez, se encuentrara con esos problemas, consultará a un psiquiatra, y no a un dominante.

 

Su dominante no piensa sobre cómo ella maneja su vida de vainilla, porque respeta su competencia. Nunca ha dudado, que alguna vez haya entrado en su cabeza, lo cual podría ser una buena idea que su dominante descubriera sus defectos de carácter.

 

¿Por qué iba a querer enturbiar su dinámica con la crianza de sus hijos? Se chuparía la atracción entre ellos fuera de su relación más rápido de lo que la llevaría ponerse de nuevo su ropa interior.

 

Este artículo no tiene nada que ver con la dinámica de su dominante. Más bien, tiene que ver con la terapia.

miércoles, 10 de junio de 2020

El dolor es la cosa

Acostada en la cama junto a él, su respiración poco profunda y su cuerpo pesado, mientras se recupera del tiempo empleado bajo su fusta y cinturón, su mano y verga. Un solo pensamiento la domina: El dolor es la cosa.

Ella se ha identificado toda su vida adulta filosóficamente como “poliamorosa.” Como una persona joven, el concepto de la monogamia le parecía inevitable, estaba predestinada. Cuando, a finales de sus veinte años, descubrió el polyamor, se sintió como una diva saliendo de los fotogramas en blanco y negro de las películas y aparecía en el más allá del mundo, en Technicolor. Una pareja sola no puede satisfacer todas las necesidades de su pareja y la perspectiva de que fuera posible, era injusta.

Como teoría, esto tenía sentido para ella. Como había cultivado las relaciones románticas, ser polyamorosa era una manera de probarse a sí misma a ser fría: La chica que no podía esperar demasiado, que comprendía que los hombres tienen necesidades. Era una estrategia de marketing, tanto como un modelo de relación. Comprendió la lógica que había detrás de ella y al ser una chica pragmática, cultivaba un aire de indiferencia benigna. Esta falta de pasión fue un punto de venta y se abrazó a ella como lo haría a un par de zapatillas de rubíes.

Durante los últimos años de su matrimonio, mientras se esforzaba por aferrarse a una relación que nadie podía ver, fue rota irrevocablemente. Tuvo el hábito de salir solamente con hombres casados. Esto fue otra decisión pragmática, basada en una cierta distancia esperada. El poliamor es fácil cuando está basado en la noción de la situación adecuada con los sentimientos. Pero no en el amor. El amor, nunca. Y ciertamente, nunca en la posesión. Incluso en sus relaciones D/s, la idea del compromiso era impensable para ellos dos. Simplemente, no era algo que ella se permitiera para entretenerse. Y como resultado, su auto identificación como poliamorosa parecía ser correcta que tuviera sentido.

Entonces, él le hizo daño. En su primera cita, le mostró la importancia de la dinámica de la D/s en su vida sexual. La primera vez que la cogió, le dejó moratones. Sus dientes marcaron su cuerpo, mientras lo exploraba. Ella se sorprendió, se asustó y le impactó gratamente. Sumisión, lo sabía. Pero, recibir dolor era algo diferente, algo nuevo. En su relación anterior, la dinámica de la D/s estaba basada en el intercambio de poder, la degradación, el protocolo y el servicio. El dolor no era una parte del juego. Le gustaba salir de la sesión enrojecida, exhausta, sonriendo, pero nunca marcada. Él era diferente.

A medida que su relación se desarrollaba, el dolor se intensificaba. No sólo con los dientes, sino con el cinturón, la mano, la fusta y la cane. Recibir dolor se convirtió en un elemento crucial de su relación con él y un punto de orgullo para sí misma. Su silencio, antes de las caídas del cinturón, la fusta y la mano, le gustaba. Su grito ahogado, cuando el látigo golpeaba su espalda, la excitaba. Su capacidad para soportarlo la hizo sentirse fuerte, facultada y poseída. El flujo de energía entre ellos, cuando él se puso sobre ella, teniendo en cuenta cuál es la mejor manera para hacerle el daño siguiente, era, y es, una de la más poderosa experiencia de su vida. Ella creció para amar el dolor. No porque fuera masoquista, era más bien definida como no masoquista, sino porque se enamoró de él.

Y con ese amor, vino una emoción con la que ella estaba completamente familiarizada: La posesión. Durante 18 años, se había identificado como polyamorosa. Pero la mano de él apretando su garganta, la empujaba más allá de ese borde de la punta del cuchillo, entre la conexión fácil y hacia una sublimación que envuelve toda su existencia. La lleva hacia un lugar donde es totalmente de él. Donde los únicos pensamientos que pueda contener sean su propia mortalidad y su aliento en la nuca. Al regreso de ese espacio, a partir de los gritos de dolor y la respiración jadeante, siente una conexión tan pura entre ellos que la idea de permitir el acceso a otros a ese espacio, se siente como una impureza. El dolor que soporta por él, provoca una posesión que no es razonable, sino irracional e ilógica. Esto la forzaba a un distanciamiento frío, cuidadosamente cultivado que protegió su corazón durante tanto tiempo, como podía recordar. Ella se sentía titulada, se sentía conectada. Se sentía con dueño y era propiedad de su Amo.

Entonces, ¿a dónde va una chica poliamorosa y pragmática, cuando se siente de esta manera? Ella sólo sabía que lo amaba mucho, que le ama y lo feliz que la hacía al recibir el dolor que le provocaba. En los momentos que seguían después, cuando su respiración era superficial y su cuerpo estaba pesado, y él acariciaba su piel asolada, cuando estaba acostada y agotada en sus brazos, y mirando a los ojos sonriendo, en esos momentos, era suya. Y él, era de ella. Y eso era lo que importaba. El dolor es la cosa.

martes, 9 de junio de 2020

Los dedos en su boca

Ella siempre habría dado algo por tener sus dedos en su boca, sólo uno, o mejor, dos. Mover las puntas de ellos o trazar su longitud con su lengua. Moverlos por los alrededores de la boca de ella, chuparlos juntos. Luego, pasar su lengua entre ellos para separarlos. Un poco de presión, con ellos entre sus dientes. En realidad, es tal como le dijo ella la primera vez que estuvo interesada hace mucho, mucho tiempo. Habían pasado días flirteando y bailando, admitiendo realmente algún interés, pero cuando la señaló con su dedo, a centimetros de su cara, ella no pudo resistirse, tuvo que llevárselo a la boca.

Esta vez no fue diferente, estaban sentados en el sofá con un niño entre ellos, tenía su brazo en alto, detrás del niño y su mano descansando en el hombro de ella, justo al lado de su cara. En realidad, no podía tener sus dedos cerca de su boca, y no. Pero esta vez, se dejó llevar, la presión suave entre sus dientes lo sintió bastante mejor. Lo sintió cada vez mejor, más, hasta que ella lo mordió con mucha fuerza. Él apartó la mano y la fulminó con su mirada. Ella no sabía qué esperar, pero supo que no le gustó esa mirada.

Más tarde, después de acostar al niño, estuvieron de nuevo en el sofá, y ella se acercó. Él empezó a pasar su dedo por el cuello de ella, su mandíbula, su mejilla, muy, muy suavemente. Ella se giró hacia el trazado, pero su mano se retiraba, sólo para regresar una vez que ella se relajaba. Una vez más, sus dedos dibujaban su mejilla, luego, justo debajo de su labio, apenas rozándolo, pero, inmediatamente lo retiraba si ella giraba su cabeza o se acercaba a su boca. Le dijo que lo entendía, comprendía el mensaje, pero él no estaba interesado en que ella hablara. Sencillamente, él siguió, pero, por cierto, ella pudo expresar su punto de vista.

lunes, 8 de junio de 2020

A ella, le encanta el sexo anal

Esta fue una completa revelación para Aloez. La semana pasada fue su segundo encuentro con su Amo y descubrió que, realmente, le encantó ser penetrada por el ano. El sexo anal la acerca más al orgasmo que el sexo vaginal, y esto era ya un hecho.


Ella se tuvo que levantar temprano para llegar a casa de su Amo. Le enorgullece y le place vestirse con medias de rejilla y ligueros en la cintura, una falda negra y blanca, y un top blanco. Sin sujetador, sin bragas. El viaje fue bastante bueno, había muy poco tráfico, así que llegó a la estación de servicio. Su Amo le había indicado que llegaría en dos horas. Una visita al cuarto de baño y el butt trasero estaría instalado, y su vagina usada para excitarse, mientras hablaba con su Dominante.

 

Su Amo tenía café y croissants esperando. Ella se sentó en el taburete de la cocina mientras él servía el desayuno. Por supuesto, él no pudo resistirse a tocar sus productos, tenían un toque maravilloso, tanto con las manos como con la boca, ¿qué más querría ella?

 

Tuvo un día maravilloso con su Amo.

 

La había usado en muchos lugares de su casa, y de muchas maneras diferentes. Su Dominante la ha cuidado, protegido y la llevó a pasear por el paseo marítimo. Tristemente, el tiempo no estuvo a la altura de sus requisitos, pero tampoco importaba.

 

Su Amo la penetró dos veces por su ano. Una vez, cuando le ató las muñecas a los tobillos, le encantó. Le complació tanto a Él que todavía no la ha castigado. Pero, siempre existe la próxima vez. Nunca pensó que encontrara el sexo anal tan maravilloso y erótico. Pero, lo fue. Le dijo que cuando aclare su mente, le dirá algo más sobres sus sentires.