viernes, 17 de julio de 2015

Venga a mí

“Venga a mí. Mi mente tiene pensamientos sobre lo que voy a hacer para usted. Lo que tengo que hacer,” le dice ella.
Reduce tu respiración y cierra tus ojos. Porque estoy a punto de llevarte a esos lugares que frecuentas. A los oscuros deseos que te invitan en tus sueños y que, sin embargo, no se atreven a hablar en voz alta. Penetraré los recovecos más profundos de tu mente, de tu cuerpo y de tu alma. Haré reales esas visiones, mientras gritas mi nombre en la oscuridad que nos cubrirá a los dos. Recuerda que quieres esto. Quiero esto. Queremos esto y los dos lo ansiamos.
Tus pensamientos, al sentir mi cuerpo presionando al tuyo. Mi piel, resonando contra la tuya, llenando tu marea de deseos con pasión palpitante. Arqueando tu espalda y dejando escapar tu respiración entrecortada, y te quejas:
“Por favor, déjeme...,” le dice ella.
Tus ojos revolotean, con formas convulsas, mientras te sondeo con un propósito primario. Una vez más, mientras beso tus labios, la respiración se apodera de ti. Tu boca se entreabre, mientras tiro de tu labio inferior desviándolo sensualmente, le dice a ella.
“Mis ojos se fijan en su mirada mientras le ruego que me libere,” ella le ruega.
Con una finalidad carnal, el peso de mi poder masculino, delimitado por el tuyo, mira a tu cara para ver una liberación tranquila. Tu mirada siguiendo a mis ojos para vigilarme, mientras me deslizo en tu coño empapado.
Susurro con voz ronca.  Te miro y exploro con mi poder en tu orgásmica agonía. Tiro con fuerza de tus cabellos. Tus pulmones, eco de gritos de satisfacción climática, tensando tu cuerpo con el flujo del placer contenido, catapultándome hacia el manto orgásmico con tus gritos. Nuestros cuerpos deleitándose en la perfección de la pasión. Fundidos en el manto de la lujuria final. Flujo y latido, hasta que cedemos con un jadear exhausto. La carne presionada una contra la otra, a medida que nos fundimos el uno en el otro.
Final.
“Sí,” dice ella.
Mientras persisto sobre tus labios en el epílogo final de un beso lento, mis ojos reflejan un brillo acerado de alegría pícara.
“Una vez más, ¿de acuerdo?” te lo pido.
Silenciosamente, asientes en la desesperación loca, tus ojos parpadeando con una sonrisa curiosa. El reloj marca tañendo la muerte de otra hora. Vamos a beber del cáliz de la lujuria prohibida y mientras la noche se acerca a las horas más oscuras, nos deleitaremos en el placer de la perversión.
¡Cuán dulce es!

8 comentarios:

  1. ¡¡Ahhhhh!! Éxtasis emcumbrado en la cima de la perversion que va creciendo en mí... He sentido que me han atado y tumbado ala cama, con solo leerle.
    ...

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    1. Con el merio hecho de haber despertado la fantasía de tu perversión, ya me doy por satisfecho....

      Saludos

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  2. Ummmmm!!!!!!la pasión, la fantasías más oscuras de la mente es el mejor afrodisíaco que puede haber.
    Y cuánto más salvaje sea y más queme esa lujuria más saciado les dejará...
    Saludos

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    1. Me gusta la fuerza de tu comentario, vesta..

      Saludos

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  3. ¡Qué bien escrito está!
    Me ha encantado.
    Lidia

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  4. Aquí me viene otra pregunta.
    Es extraña.
    Todo el escrito es un cúmulo de sensaciones, de emociones, Sin embargo, no puedo evitar detenerme una y otra vez en una frase que me conmueve más. Cuando dice "Susurro con voz ronca". Se me hace tan real. Dispara algo sensible dentro de mí.
    Es curioso. Me pregunto por qué.
    rarita

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    1. Si esa frase se te hace tan real, no debería sorprenderte, pues forma parte del ese juego...

      Saludos

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