viernes, 24 de febrero de 2012

¿Cuándo una sumisa ha recibido suficiente?

Se me ha preguntado alguna vez, “¿Cuándo  sabe usted que una sumisa ha recibido lo suficiente en una sesión?”
Bueno, hay muchas variables a tener en cuenta cuando se está teniendo una sesión con una sumisa. El lenguaje corporal nunca miente. Permítame exponerle un par de ejemplos. Si tengo a una sumisa sobre mis rodillas y le estoy dando unos azotes con la mano sobre su trasero desnudo, variaré las zonas sobres las que azoto. Intentaré evitar los mismos sitios con azotes consecutivos, siempre que su cuerpo se tense, relaje, se mueva, etc.
Si la sumisa está apretando sus nalgas con fuerza, eso es una buena señal. Significa que todavía puede sentirlos. Está esperando un cachete fuerte. Mi consejo es que compruebes muy a menudo el calor radiante de su piel. Cuanto más caliente esté, más le está picando. Si la piel está fría, no hay circulación de la sangre. Y no estoy hablando de que esté fría porque haya estado sentada sobre hielo o que la habitación esté fría. Toque suavemente su piel.
Estoy constantemente chequeando las ronchas. Mirando la piel lesionada. Si veo una moratón que está de color morado, entonces, lo evito. Hay sangre bajo su piel. Si una sumisa puede estar recibiendo hasta que le haya puesto todo su culo lleno de moratones, entonces, me detengo. No tiene sentido causarle más daño. Y sí, he terminado una sesión o dos por ese motivo. Observe y sienta el lenguaje corporal. Si su sumisa está amordazada, no puede usar una palabra de seguridad. Si su cuerpo se torna fláccido, típicamente, se ha dividido en zonas o ha entrado en el subespacio. Preste atención a los sollozos. Preste atención a los estornudos.
Si tengo a una sumisa atada a una cama, silla o a algún otro objeto, la chequearé  con más frecuencia y, más aún, cuando esté sobre mis rodillas. Soy incapaz de sentir los espasmos en su cuerpo o en su piel. Ver es siempre creer. Ver sus reacciones es siempre una buena señal de dar más o menos. Pero, algunas veces, tienes que tocarlas físicamente. Tal vez susurrarle en su oído. Si se utiliza un látigo, asegúrate de no envolverla con el mismo y golpearla en alguna parte que no te guste, como su cara o los ojos. Si es posible, evita la zona de los riñones. Un azote aquí y otro allí están bien, pero no los concentres todos en el mismo sitio. Si alguno falla usa el sentido común.
Por supuesto, todo esto depende de lo que haya hablado con tu sumisa. Algunas veces, pueden ser unos azotes rápidos que duran 20 – 30 minutos o un intenso azote con una paleta que te deja chorreando de sudor. Generalmente, las sumisas pueden tener palabra de seguridad o no. Depende de la relación y la mutua confianza con su dominante. Por lo general, a menos que la sumisa sea masoquista, si llega el momento de los azotes y, por puro límite de resistencia, la sumisa no dudará en emplear un gesto o una palabra para detener los azotes. El dominante parará al momento.
Mi punto de vista es que hay que estar constantemente analizando observando y analizando la sesión, los gestos y expresiones de la sumisa, a sí mismo y al entorno. Si se está presenciando una sesión  de azotes en un lugar público no se debe molestar para no perturbar la concentración tanto de la sumisa como del dominante. Es mejor esperar hasta el final callado y quieto.
Estas son algunas de las pequeñas cosas que yo siempre busco. Si no estás ejerciendo el sentido común, entonces, deberías estar de acuerdo. Si estás actuando de una manera descarrilada, alguien podría ser herido.
Mi última reflexión es la siguiente. Siempre seré consciente de lo que esté pasando. Ni un paso adelante ni un cachete demás por el gusto de hacerlo. Sé lo que está haciendo o lo que estás recibiendo. Sé cuáles son sus límites. Si no sabes cómo captar el lenguaje corporal, sea paciente. Tómese su tiempo y observe. No sea abusivo. Si no está seguro, entonces, pregunte. Pida consejo o ayuda. La única pregunta estúpida es la que usted no hace.
Voy a inflingirte dolor, pero besaré tus lágrimas.

1 comentario:

  1. Buenas noches Señor, como siempre que vengo a su casa quedo maravillada con sus palabras.
    Un placer leerlo
    Saludos de Chile

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