domingo, 19 de febrero de 2012

Ser un Dominante

Si tú, realmente quieres ser un Dominante, harás todo lo que esté en tu poder para permitir que tu mujer sea quien realmente es, y que es una mujer llena de amor y sensualidad y pasión y que no quiere más que ser libre y estar lo suficientemente segura para mostrártelo en  toda su magnitud.
Pocos hombres merecen el título de Dominante y, parte de lo que se necesita, es un amor verdadero de las mujeres y un aprecio de su inteligencia, sensualidad y pasión por la vida y luego tener la fuerza y la confianza para sacar lo mejor de ella. Por favor, si tú la quieres, haz de su vida una sumisa tan completa y tan real como sea posible.
Ella no puede ser sumisa si tú no eres dominante
Una cosa de importancia primordial es que tu sumisa sienta que está siendo realmente controlada y está actuando bajo “tus” órdenes, y está sujeta a “tus” deseos. Si siente que tus acciones son para ella sola, se sentirá en el control de la actuación y esto es precisamente lo que ella no quiere sentir. Para que ella sea sumisa, tú debes estar al frente de ella de una manera muy real y definitiva.
Recuerda que este artículo lo estoy escribiendo para la sumisa que quiere que su sumisión sea una parte cotidiana de su vida y cuanto más ella sienta que está bajo tu control y protección, será una sumisa mucho más feliz. Sería  muy confuso para ella que su control estuviera sólo dentro del contexto de una sesión y no se transfiera al resto de su relación. Servirá de ayuda si usted piensa que su control es una parte integral de su relación en lugar de una “imposición” sobre ella. Cuanto más se vea su entusiasmo y gratitud como respuesta a sus acciones, más fácil llegará a ser para ti.
Nunca olvide que su deseo por agradar a su Amo es un elemento esencial de su sumisión. Aunque ambos sabéis que a ella le gusta tener las experiencias que le estás dando, ella debe sentir que es igualmente para tu placer, si no más que por el suyo propio. Ser sumisa es su regalo para ti, una manera de agradarte tanto como sea posible. Si ella piensa que el control de ella es solamente por “ella,” simplemente no funciona. Ella quiere ser tu sumisa, sentir que no tiene otra opción a lo que ella está sometida y esta realidad con respecto a su sumisión es tremendamente emocionante para ella.
Reconociendo sus esfuerzos para agradar
Cuando me he sentido más “protegida y cuidada”, fue cuando mi dominante me llamó “princesa” (me preguntaba si esto se remontaba a mi infancia…),” me comentó una vez una sumisa. Si hay una sola frase, la más favorita que una mujer sumisa quiere oír, es “buena chica.” Ella quiere y necesita que sus esfuerzos por agradar a su dominante sean reconocidos. Es muy difícil para los hombres comprender que agradar al  hombre al que ella ama, es el único de los grandes placeres en su vida. Es una realización emocional tan profunda que va mucho más allá de cualquier expresión sexual. Dándole su alabanza tan frecuente como sea posible, estás confirmando que la reconoces y aprecias por lo que es y por el amor que ella te da.
Dificultad para pedir
Tú, Dominante, debes tomar la iniciativa. Si ella tiene que “pedirte” que  la controles, una vez más, la pones al cargo y no le permites que se sienta sumisa. Como Amo, puedes complacerla en lo que tú quieras. Desde el permiso para actuar según tu deseo del momento. Créeme, para una sumisa, así es cuando todo se vuelve muy real y significativo para ella. No habrá ninguna duda en su mente de que tú la quieres para ti y si le gusta o no, es secundario. Solamente de esta manera, puede ella sentir que realmente te pertenece y está ahí para servirte.
Si usted va a experimentar con la asunción de la responsabilidad, yerre por el lado de más control que por el de menos. No puedo decirte cuántas mujeres se han quejado de que sus dominantes no las controlan ni las supervisan de la manera que ellas anhelan. Recuerda, tu control es una demostración de que cuidas de ella y tu disciplina es una prueba de que estás prestándole atención e insistirás que haga lo que es mejor para ella.
El deseo de la estructura
Con mucha frecuencia, la mujer sumisa anhela más “estructura” en su vida y puede haber muchas razones para esto. Si los padres de una niña actúan inconsistentemente con ella, a menudo, pueden crear el deseo de saber dónde está ella en relación con ellos y lo que se espera de ella. Sin saber nunca lo que es aceptable y lo que no puede ser una situación muy confusa para una niña. Al dar a tu sumisa unos límites y normas muy claras sobre su conducta, empiezas a crearle un entorno donde puede relajarse y estar segura, sabiendo lo que se espera de ella y cómo ella puede complacerte mejor.
Probando los límites
Establecer las normas y límites para tu sumisa es extremadamente importante puesto que es dentro de estos límites donde ella se encuentra más protegida. Como parte de su sentimiento de seguridad dentro de la relación, ella necesita – incluso inconscientemente – probar sus límites. Este es un punto extremadamente importante. Si ella incumple una regla y la dejas pasar sin llamarle la atención, no estás permitiendo que se sienta segura dentro de tu protección. No puede sentirse segura dentro de tus límites, si estos no existen o son inconcretos.
Este proceso de prueba es algo que ella, al principio, realmente sentirá la necesidad de probar con frecuencia hasta que se convenza que tú seguirás adelante. Contra más pronto hagas esto, más rápido sentirá la realidad de tu preocupación por ella.
Una mujer sumisa “quiere” un Dominante fuerte, uno que establezca las líneas maestras sobre su comportamiento, que son por su propio bien y luego que tenga la fuerza y autoridad para estar seguro que serán cumplidas. Es casi imposible para mí, enfatizar sobre lo importante de este punto. La queja más común y más grande que me dicen las mujeres sumisas es que sus Dominantes no son lo suficientemente “estrictos.” La inconsistencia por parte de ellos es vista por ellas como un signo de debilidad, y ella no puede sentirse sumisa ante un hombre débil.
Sé consistente
Recuerda que su deseo más grande es sentir que ella ha perdido el control tuyo y debe hacer tal como se la ha dicho. Si ella no lo hace exactamente como se le ha instruido, ella quiere saber que tendrá consecuencias, porque si no las hay, no siente que el control sobre ella sea real.
Si le permites que ella se salga con la suya rompiendo las normas, sentirá que tu control sobre ella no es real. Es como decir que no te preocupas por ella lo suficiente para vigilarla y ella sentirá una falta de atención por tu parte.
Algunos ejemplos de normas y límites
Los tipos de normas y reglas establecidos para tu sumisa dependen de tus deseos y visión en cuanto lo que sientes que es mejor para ella, teniendo muy cuenta sus metas por si misma.
Yo sugeriría que al principio, contra menos normas fijes para ella, mejor. De esta manera, puede tener muy claro lo que se espera de ella y también será más fácil para usted el hacerlas cumplir. Siéntate con ella y discutes las reglas que creas que ella necesita. Creo que usted encontrará fácilmente las que son y dará la bienvenida a su ayuda para llevarlas a cabo.
Las tareas del hogar son un buen punto de partida. Ordénele una de las tareas diarias y vea que son hechas, tales como, hacer la cama, todos los platos de la cocina guardados, etc. Inspeccione con frecuencia. Recuerde, ella necesitará un periodo de prueba al principio y solamente cuando se sienta segura, será disciplinada por no hacerlas, al ser capaz de hacerlas y sabiendo que no tiene otra opción – lo cual será un tremendo alivio para ella.
He aquí una cita que muestra el deseo de la sumisa por tener reglas: “Me siento muy bien con las reglas… me gusta sentir cómo el hombre tiene el control de muchas maneras. No en mi vida laboral o, que puedo hablar y tal, sino también en nuestra relación personal. Como las pequeñas cosas que voy a usar con él… o ciertos comportamientos que se supone que tengo que seguir… mis dominantes acostumbraban a tenerme de rodillas tan pronto como estábamos solos, y al subir al coche, yo tenía siempre que subirme mi falda hacia arriba, etc…” me han comentado algunas sumisas.
Azotes y disciplinas
Es muy emocionante para tu sumisa saber que ella es objeto de tu disciplina. Ella quiere normas y límites establecidos para ella y sabe que habrá consecuencias por no obedecerlas. Si no hubiera consecuencias, entonces, ella no podría sentir el control que quiere. Aceptar un spanking donde la atención se centra en corregir un comportamiento, más que  por su propio placer, es una prueba de su sumisión a ti.  Esto hace tu control sobre ella bastante real.
Hay una gran diferencia entre unos azotes dados por puro placer y uno dado como un castigo. Aunque muchos azotes de placer se dan bajo la apariencia de un castigo por mala conducta, está claro que el foco está en el erotismo y el “castigo,” es solo un pretexto.
Algunas mujeres sumisas nunca querrán unos azotes pensando que son dados como castigo. Para ellas, es una experiencia completamente placentera y no quieren que esté asociada de ninguna manera, con un “castigo”.
Sin embargo, existen algunas mujeres sumisas que “aman” ser azotadas como castigo y hay varias razones para ello. Casi todas crecieron sabiendo que los azotes se daban como un castigo y aunque ahora, como adultas los encuentran placenteros, la conexión entre los azotes y el castigo todavía permanece y pueden ser un disparador erótico muy caliente para la sumisa. Si ella comenzó a tener fantasías de azotes a una temprana edad, cuando teniendo su trasero azotado con una paleta y siendo castigada son una misma cosa, con frecuencia les rondará la idea de ser castigada por alguna razón, ya sea real o imaginaria.
Debido a la sociedad, generalmente con una visión negativa de la D/s y el s/m, muchas mujeres que anhelan un spanking o un azote con látigo, a menudo, tienen grandes conflictos sobre esto, preguntándose cómo ellas podían ser posiblemente tan “extrañas” y tan “raras.” Con frecuencia, no es una cuestión fácil de hacer, así que es mucho más fácil racionalizar el deseo por un azote conectándolo a una mala acción, con el fin de “ganar” un azote más, que tener la libertad de pedirle a su amante que le dé sólo uno.

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