viernes, 2 de marzo de 2012

Caliente y mantecoso

(Una sumisa llamada kyra  – Nick imaginario y amante de la correspondencia epistolar – me rogó  que publicara en mi blog el extracto de una conversación que mantuvimos tomando un café.)
“He tenido un pene en mi culo exactamente una vez. O, tal vez, no. Hay un cierto desacuerdo sobre el tema.”
“Sucedió (o no) hace mucho tiempo. Un señor que conozco y que yo, finalmente, había permitido que nuestra mutua atracción abrumara nuestros esfuerzos para no complicar una amistad realmente buena. Sin embargo, mi auto engañada mente trataba de mantener mi favorita ficción que “todo, pero” no equivalía a todo. Por lo tanto, cuando él (bastante razonable, dadas las circunstancias) trató de penetrar mi vagina, yo desplacé su pene con un “no” muy persuasivo. Lo que siguió, me cogió por sorpresa. Él me dio la vuelta, se puso encima y me penetró por detrás. La cuestión es por cuál orificio me penetró.”
“En ese momento, yo era muy ingenua. Realmente, no me apetecía que él lo hubiera hecho por el agujero esperado. No me dolió mucho. Su miembro, si bien era efectivo, no era demasiado grande. Pero, era seguro que no me apetecía que lo hubiera hecho por donde él suponía que lo haría. Mi hipótesis era que él había fallado el objetivo, mientras que yo no podía imaginarme que realmente quisiera follar mi culo. O, tal vez, él pensaba que esto era una forma legal de respetar mi protesta y, aun así, tener alivio. Fuera lo que fuese, me dio vergüenza decir algo al respecto hasta años más tarde. Pero, cuando se lo planteé, este negó cínicamente que hubiera sucedido. Diciendo que si él hubiera estado allí, seguramente lo habría recordado.”
Cualquiera que fuera el agujero que él hubiera violado, el resultado era incuestionable. Mis regiones inferiores se erotizaban a fondo. Cada vez que yo tenía relaciones sexuales, mi culo me dolía por la acción. No solo mi ano.  Yo quería ser tocada, masajeada, azotada y golpeada con un látigo. Tenía un montón de fantasías con un látigo de nueve colas. Conforme pasaba el tiempo y yo aprendía más sobre lo que podía hacer, soñaba con las violaciones en grupo, incluyendo follar mi culo con ferocidad y brutalidad. Yo hubiera dado cualquier cosa para que mi amante me insertara su dedo en mi culo. El deseo me hacía casi gritar, pero no me atrevía a verbalizarlo por mí misma. Yo creía que estaba lanzando demasiado pistas para responder con entusiasmo a cualquier estimulación en un radio de un kilómetro del punto mágico, pero, obviamente, mis gemidos y retorsiones no eran una señal lo suficientemente clara.
Cuando finalmente, me embarqué en mis aventuras eróticas epistolares, me di cuenta que mis corresponsables estaban entusiasmados con el sexo anal, que yo nunca había visto en mi carne y sangre semen de mis parejas. Esto corroboraba lo que había estado mostrando durante los últimos años en la enorme colección de literatura erótica que yo estaba constantemente acumulando. Reaccioné con temor, anhelo y una inmensa curiosidad, la cual me llevó a plantearme algunas preguntas muy directas.
De alguna manera, mi obsesión por tener mi culo penetrado se la transmití bastante pronto a Carmelo, que me demostró, en gran manera, su profesada lujuria por mí. La naturaleza electrónica de nuestra relación me lo puso un poco más fácil para que yo le preguntara directamente en qué basó su atracción para cogerme de esa manera. Tal como he mencionado antes, no le hablé de este blog para que no alimentara más su hambre permanente hacia mí. Por lo tanto, no quiero incluir y, por respeto a él, una gran parte de lo que me escribió. Es una lástima, puesto que parte de la misma es bastante jugosa. Él me dio una descripción muy detallada del proceso que era, a partes iguales, un manual de instrucciones y un intento de seducción. Pero, al margen de todas las otras razones que yo tenía al rechazar sus peticiones para que le entregara mi culo, estaba el miedo a su polla. Le encantaba decir que tenía mucha grasa. Y eso suena, simplemente, aterrador. Estoy segura que es muy habilidoso en lo que hace, pero no me parece muy atractivo. Larga y delgada hubiera estado bien, pero yo no veía un pene de doble ancho, en un futuro, dentro de  mi culo.
Por supuesto, también le planteé la pregunta a otro amigo, Alfonso, y tuve su permiso para presentarle a usted nuestra discusión. Además, me encanta compartir sus escritos y, solamente, desearía que hubieran más de ellos. Como siempre, sus imágenes y el uso de palabras, combinadas con la auto reflexión y el análisis, me enseñaron un montón de ventajas, tanto emocionales como intelectuales. Sus consejos me ayudaron a  prepararme algo que yacía por delante. Un poco, pero no del todo. La realidad de la sumisión es mucho mayor que cualquier análisis, que cualquier fantasía.
En mi papel de estudiante, siempre curiosa, respondiendo en medio de sus muy probadas cuestiones, le pregunté: “También me pregunto, ¿en qué consiste esa enorme excitación de los hombres por el sexo anal? ¿Es el aura de lo prohibido? ¿Es la estrechez de ese orificio? ¿La textura diferente dentro de ese conducto? ¿Hay una mayor sensación de violación y, tal vez incluso, de una violación con más fuerza de la necesaria para penetrar?”
Usted, Ben Alí, me replicó: “Últimamente, me preguntaste por el sexo anal. Creo que los factores que has preguntado, ciertamente entran en juego – hay una increíble estrechez ahí, y una sensación diferente, cuando al entrar y salir – una parece más ardiente y ligeramente mantecosa - apoderándose desde todos los lados. La viscosidad no es la misma que la del coño. Realmente, es una sensación deliciosa. Pero, también una especie de todas las cosas que hemos estado hablando antes – existe esa sensación de tabú, pero también una especie de sadismo. Pero, el sadismo que tú sabes que el cuerpo puede soportar e incluso disfrutar si se hace correctamente. Esa sensación real de hacer algo a otra persona, es un acto que requiere un grado de fuerza – tienes que apretar muy fuerte, tienes que cogerla más fuerte al principio para que funcione – no es esa sensación de los músculos del hombre trabajando a gusto, que se nota muy bien y, por último, soy normalmente reacio a admitir esto, pues la mayoría de las mujeres que disfrutan del sexo anal, hablan de él en un nivel  mayor que del coito vaginal. Como un creador de un sentimiento de unidad, en parte, porque la mujer siente que está dando más de sí misma y también le llena más. Y esa sensación de ofrecer algo que una mujer, sin duda, disfruta, crea un grado de gloria reflejada. Existe, por supuesto, el placer de dar.”
“Sé que te estás muriendo por preguntar, por qué mi Dominante no ha satisfecho mi curiosidad. Sería muy fácil retrasar su inherente sadismo, pero, de hecho, no hemos llegado a ello todavía. Hay mucho que explorar, a parte de que existe esa máxima del teatro para salir siempre con ganas de más.
Soy una gatita muy codiciosa y siempre quiero más.
Gracias, por leerme y por publicarlo. kyra”

2 comentarios:

  1. Y...una vez q ya lo tienes muy abierto, no es lo mismo, verdad Sr ? Ya no quieren poseerte analmente...o estoy errada ? No es igual la sensacion de cierta estrechez...
    No lo es, verdad ?

    sumisa Argentina

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  2. Si tu Amo no ha perdido el instinto sádico, no tiene por qué dejar de poseerte analmente, aún estando bien abierto el orificio...

    Si lo deseas, envíame tu mail para hablarte más del tema...

    Ben Alí

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