viernes, 21 de enero de 2011

Degustando el poder de la sumisa

Estaba viendo hoy algunos vídeos de un hombre ocultando a unas mujeres en unas posiciones inusuales y difíciles. Admiro en gran manera su trabajo. Es extremo y, para mis ojos, honesto. Mi conocimiento es que lo reconoce como periodismo digital.
Más allá de apreciar la creatividad y el arte, lo que realmente respeto sobre el trabajo del periodismo digital es la interacción entre él y ella. Él nunca precipita sus movimientos. Hace las cosas con una calma y manera deliberada. Apenas levanta su voz. Nunca se desnuda. Y, sin embargo, tiene esa intensidad increíble sobre él que es erótica y aterradora. Cuando una mujer está en sus manos, no hay duda del poder que tiene sobre ella. Ésta tiene miedo de su poder, pero también una innegable atracción erótica.
Esta interacción se demuestra claramente en los vídeos.
Esto me lleva a preguntarme, qué clase de mujer consentiría voluntariamente  ser tratada de tal manera, obligada a posiciones que otras pueden calificar de degradantes o humillantes, pero que para ella son sensuales y satisfactorias.
Supongo que la respuesta más fácil sería decir que ella, obviamente, tiene una baja autoestima y poco sentido de su propia dignidad. Tal vez, incluso le achacarían una historia de abusos cuando era niña. Una mujer que se sentía impotente.
Creo que ese tipo de respuesta es algo que uno oye con frecuencia de la gente que no comprende la dinámica de la D/s. A primera vista, parece que la sumisa es una alfombra pasiva que debe tener  algún tipo de problema psicológico que le ha provocado esta condición.
No puedo estar en más desacuerdo.
De acuerdo con mi experiencia, se requiere una tremenda cantidad de poder personal para que una mujer se someta al poder de un dominante. Ella debe tener confianza en su propio sentido del valor personal, así como estar lo suficientemente madura para procesar la interacción dinámica de la D/s sin causarle tensiones indebidas. Estas capacidades no se encuentran generalmente en una mujer felpudo o sin auto estima.
Además, mientras el dominante está en el control, su satisfacción se deriva de la energía que la sumisa proporciona. En pocas palabras y dicho en román paladino, hay muy poca satisfacción en hacer una sesión con un pedazo de carne pasiva. Tal cosa podría ser de interés para un hombre que tenga poco sentido del poder personal, pero todos los dominantes que he respetado y admirado, todos hablan de la misma cosa, que existe un placer derivado del poder de la mujer.
A menos que la sumisa esté bien equilibrada, sea potente y segura, simplemente, no puede desarrollarse como una mujer de calidad. Cuando yo he entrenado a una mujer, este es el aspecto que tenía que trabajar más. Muchas mujeres entran en conflicto cuando vienen a la D/s. En sus corazones, suspiran por la misma, pero la sociedad dice que someterse significa ser débil e impotente. Este conflicto debe ser reconciliado antes de que ellas puedan realmente aprender sobre la “libertad de las ataduras.”
También, los hombres dominantes con mucha fuerza tienden a buscar sumisas fuertes (o tal vez, el reverso sea verdad). En más de una ocasión, me he encontrado con mujeres que me han dicho que ellas nunca se someterían a un hombre cualquiera, sino que se someterían a mí. ¿Por qué? Lo natural llama a lo natural. El poder llama al poder. La gente busca el equilibrio.
La noción total de un poder sumiso no tiene sentido para mí, lo tiene la noción de un poder dominante. La sumisa, bien realizada como persona, es segura, tiene confianza en si misma y es poderosa. En su vida doméstica será dinámica, decisiva y con frecuencia una líder de los demás. No hay contradicciones en esto, y tiene una lógica perfecta.
¿Qué dominante quiere un trozo de carne pasiva cuando puede degustar la energía proporcionada por una mujer poderosa que se ha sometido voluntariamente, que pidió que le impusieran su collar y aboga por su “sumisión”? Y, una vez probada, nunca será capaz de volver a una interacción más mundana o vainilla. ¿Tengo razón, carola?

4 comentarios:

  1. Hay mucha discución en todo eso Ben Ali. No hay "problemas psicologicos", pero en toda vida y en todo crecimiento existe una "raiz"
    Si..., existe una libertad en las ataduras, pero para sentirla, estoy segura que alguna vez te privaron de ella de alguna forma....si no fuese así, esa palabra carecería de sentido...

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  2. Kyra, para sentir "la libertad de las ataduras" no es necesario que te hayan privado alguna vez de la libertad. El concepto que explico es independiente y se circunscribe al ámbito de la realización personal como sumisa en una relación de intercambio de poder, en la cual puedes realizar las inquietudes ocultas que la sociedad las tiene clasificada como "raras" o "extrañas."

    Ben Alí

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  3. Primer comentario: Línea final hasta tu desacuerdo.

    Existe mucha sensualidad en la armonía de la sumisión, se da quizás por la misma que lleva en sus movimientos lentos, sin premura y precisos, el miedo en ella creo es normal, porque nada hay de rutina, el poder violento puede ser precedido, un grito, un zarandeo, un golpe quizás, se sabe que llegará por la expresión del cuerpo y voz, pero el poder ejercido por alguien pausado, pensante, con voz suave, sensual en extremo y en los mismos extremos capaz de dominar no solo la mente toda su esencia es superior, caer rendida a un dominio así también lo es.

    Bueno, la segunda parte es una explicación precisa "El placer se deriva de la energía que la sumisa proporciona"

    Un saludo Caballero

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  4. Tus comentarios son terriblemente certeros y me llegan en directo porque me dan en la línea de flotación que me inspiró este artículo y otros que me has comentado...

    Feliz día...

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