sábado, 22 de enero de 2011

La lucha sexual

En las relaciones vainillas, el sexo es el campo de batalla, escenario de constantes escaramuzas. Algunas veces, es la guerra de guerrillas o de franco tiradores, el uno enfrente al otro desde las azoteas, otras veces, la guerra de trincheras, en resumidas cuentas, una campaña prolongada de desgaste. Si un acto sexual se realiza, es solamente después de largas negociaciones, cada uno intentando una ventaja antes de llegar a un acuerdo. Algunas veces, una parte es la perdedora clara y forzada a pagar reparaciones. Si las cosas van realmente mal, puede haber juicios por crímenes de guerra. Solamente si tienes suerte, podría haber un armisticio de larga duración, en el que cada parte acuerda mantener un status que incomoda y no reconstruir el stock de armas contra la reanudación del conflicto. Tal vez, se recurra a un terapeuta como una autoridad para mantener la paz, pero ellos no están armados y poco pueden hacer si los contendientes están dispuestos a reanudar las hostilidades.
En una relación D/s, las cosas son completamente diferentes. No hay lucha, porque todos los problemas han sido resueltos. Una parte “ha forzado” una entrega incondicional a la otra parte. El vencedor, seguro de su triunfo, puede ofrecer magnanimidad. El vencido acepta que la resistencia será inútil. Por supuesto, pueden existir revueltas ocasionales en pequeña escala contra la fuerza ocupante, pero aquellas son fáciles e inmediatamente sofocadas. Lamentablemente, algunas veces, la acción punitiva debe ejecutarse con el fin de desalentar a la resistencia, pero esto es un poco más y la paz se romperá de nuevo. La prosperidad florece en un entorno donde las fuentes del conflicto han sido eliminadas y la interacción sexual fluye libremente a través de todas las fronteras.
De acuerdo, ya lo sé. Esta es la teoría. De hecho, solamente si la sumisa está totalmente reducida a la condición de esclava se consigue un resultado perfecto. Y dudo que alguien sea siempre una esclava voluntaria y completa. En la práctica, la sumisa nunca es un tema sexualmente completo. Hay otras partes de su mente, otras de su vida, que tienen, al menos, un status semi independiente. El dominante no puede ayudar pero hace concesiones para ello. Él podría decidir, en vez de ocupar todo el país, que  permitirá una semi autonomía en ciertas regiones, algo así como la Francia de Vichy.
Aún así, en una relación D/s, el sexo nunca llega a ser un campo de minas, ¿verdad?


4 comentarios:

  1. No estoy segura si se envió mi comentario :(

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    1. Sigo tus comentarios con mucha atención y este artículo no lo has comentado

      Ben Alí

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  2. Lo veo como una lucha de poderes, cual de los dos domina más la situación y a la otra parte, pero es lo que te decía en otra de tus experiencias compartidas, yo lo llamo "el poder violento", todo se anticipa y en los mismos escenarios e intimidad se abre paso la rutina y el hastío se presenta, como también la insatisfacción y apatía, van cargando un cúmulo de sensaciones que poco a poco van minando a ambas partes, (eso siento).
    Cuando los roles están establecidos, pero no sólo eso, no hay conformismo, siempre se está evolucionando, creando nuevos caminos que te llevan a la plena satisfacción en ambas partes, se presenta el placer sublime, es su máxima expresión Él siempre innovando, buscando los límites de la seducción y ella en lucha constante de su interior para vencer sus miedos, para entregarse totalmente,(eso siento).

    (Ya me dirás si estoy equivocando ambas relaciones)

    Saludos Caballero

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  3. Dos palabras: roles definidos e inconformismo. Esta es la auténtica D/s y los motores que “tensionan” la relación para escalar satisfacciones y, por supuesto, siempre la autoridad del líder.

    Ben Alí

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