sábado, 23 de abril de 2011

Empieza como quieras...

Tan pronto como yo cerré la puerta detrás de nosotros, la agarré con firmeza por los pelos y la conduje al centro de la habitación.
“Ponte de rodillas,” le dije.
Ella se puso a cuatro patas.
“La cara contra el suelo, los brazos extendidos al frente, las palmas de la mano hacia abajo,” le dije.
Mientras, yo daba vueltas alrededor de ella.
“Las rodillas separadas,” dije.
Me agacho y levanto su falda por encima de la cintura. Camino a su alrededor un par de veces más y, luego, puse el pie firmemente en la parte posterior de su cuello.
“¿A quién perteneces?” le pregunto.
“A usted, señor,” dice ella.
“Pronúncialo en voz alta,” le ordeno. “Yo pertenezco a usted, señor.”
“Así está mejor.”
Puse mi pie en el suelo cerca de su cara.
“¿A quién pertenece tu boca?”
“Mi boca le pertenece a usted, señor.”
“Bésame el pie.”
 Ella vuelve la cabeza y besa la punta de mi zapato. Camino por ahí un poco más. No tengo prisa. Entonces, puse mi pie en su pecho, presionándolo.
“¿A quién pertenecen tus tetas?”
“Mis tetas le pertenecen a usted, señor.”
Una pausa mayor. Entonces, pongo mi pie en su culo, presionándolo.
“¿A quién pertenece tu culo?”
“Mi culo le pertenece, señor.”
Finalmente, puse mi pie entre sus piernas, presionando contra su entrepierna.
“¿A quién pertenece tu coño?”
“Mi coño le pertenece, señor.”
“No lo olvides” le dije.
Quito mi pie. Sé que ella se está preguntando por lo que va a venir a continuación. A los pies de la cama, hay una mesa baja y larga. Pongo un par de almohadas en ella.
“Ven y arrodíllate en la mesa, en la misma posición,” dije.
Ella se arrastra hasta la mesa, se sube en ella. Le subo su falda hacia atrás por encima de su cintura. Entonces, le bajo sus bragas hasta la mitad de sus muslos.
“Arquéate un poco,” le digo. “Presenta tu culo.”
Es una perspectiva atractiva. Poco a poco, me quito el cinturón. Lo enrollo alrededor de mi mano, agarrando el bucle.
“¿Está usted necesitando un azote duro, muchachita?” pregunto.
Tiene una pequeña duda antes de que ella conteste, en una voz tan baja que apenas puedo oírla, dice:
“Sí, señor, lo estoy.”
“Entonces, eso es lo que obtendrás,” le digo.

5 comentarios:

  1. Excitante...Estaré a la espera de la continuación...

    Dulce{Adriano}

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  2. ¿Y por qué necesitaba el azote, placer o castigo?

    Saludos.

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  3. Él lo necesitaba por placer, por su machismo, por su propio masoquismo emocional, por sus celos... Relee "La isla de los perros."

    Un saludo mañanero

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  4. Dulce, este relato no tiene segunda parte. Como sumisa que eres, dejo la decisión final al criterio de tu Amo.

    Feliz día...

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  5. Disculpe, me dice que yo relea "La isla de los perros"?.....

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