sábado, 21 de octubre de 2017

Destruirla

Le dije que quería destruirla. Dejar que mi bestia primaria saliera para poder devorar su piel lechosa, y deleitarme con los gritos que se escaparan de mi presa, que estaba debajo de mí. Por lo tanto, ella estuvo de acuerdo y se sometió a mis deseos.

La agarré con decisión, y la puse sobre la cama, atándola con firmeza. Ningún movimiento era posible. Muñecas y tobillos atados juntos. Luego, empecé a azotarla, más mordiscos y arañazos.

Los gemidos comenzaron y como el dolor aumentaba, también lo hicieron los gritos. Pronto, ella sería destruida y entregada a mi poder como un acto de amor.

A continuación, me envolví alrededor de ella. En vez de los mordiscos, le di besos y los golpes se tornaron en caricias de mascotas. Mis manos recorrieron su espalda, pero sin implementos, sólo con la suave comodidad de la palma de mi mano, calmando su piel roja y caliente. Envolviéndola en amor y consuelo.

Le dije que quería destruirla, pero nunca lo haré y, tal vez, por eso ella estaba tan mojada y tan humedecida, y tan enamorada.

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