martes, 21 de marzo de 2017

Quieres que te libere

Acostada sobre tu espalda, pellizcando tus pezones, muriendo por jugar con tu clítoris y rogándome para que te coja, haces cualquier cosa que yo quiera, sin importar lo placentero o doloroso que sea.

Empapándote las bragas, haciendo cualquier cosa, excepto tocarte tu coño, agarrando tus pechos, fuerte, muy fuerte. Humedeciéndote más y más. Entonces, cuando ya no puedes soportarlo más, me suplicas que te libere.

Rogándome que sea tu dueño, te posea, de modo que, mientras estés bajo mi cuidado, no tengas que pensar en el trabajo, en las cuentas, excepto preocuparte nada más que de las sensaciones.

Libertad, a través de la sumisión.

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