martes, 21 de marzo de 2017

Tal vez, sólo lo sea yo

Todos somos un poco extraños en nuestras propias y únicas maneras y la vida es un poco rara, y cuando encontramos a alguien, cuya rareza nos atrae, la cortejamos con flores y actos de amabilidad. Contamos historias de dominación y sumisión y aprendemos a jugar con cuerdas, cadenas, látigos y esposas. Nuestra relación crece continuamente y nada es nunca suficiente. Entonces, caemos en una perversión mutua y la llamamos amor. Pero, esto es algo más que deseos lujuriosos y emocionales. Se trata de una conexión, que es tan íntima y personal, que se siente y percibe, como que cada charla es un secreto y cada momento, muy significativo. Incluso, en aquellos coloquios, sin brillo o no significativos. Luego, hacemos algo que es tan raro que, incluso, nuestra rareza parece normal. Nos olvidamos de recordar lo maravilloso que es conectarse con alguien, como es, hacer las cosas que funcionan en contra de ello. Somos gentes verdaderamente extraña. O, tal vez, sólo lo sea yo.

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