lunes, 17 de julio de 2017

El amor nos llevó hasta allí

Ella acostumbraba a jurar que yo era el diablo encarnado. Las cosas que le haría a su piel núbil de porcelana, seguramente, harían que los ángeles de arriba se ruborizacen.  Ella se arrastraba con la necesidad de pertenecer a alguien y me permitió que la poseyera. Dejó cada parte de ella fuera para que yo la viera.

 

Con frecuencia, recordaba cuando le dije que ella era más que digna. Su pelo de medianoche caía como las olas. Mis ojos marrones brillaban en ella bajo los cortes difíciles. Muchos años mayor que ella, yo sabía cómo hacer para que esta chica me rogara y suplicara. Me decía que fui el introductor a su yo masoquista. La ungí en sangre, sudor y lágrimas. Le hablaba en mi lengua maternal. Palabras andaluzas que satisfacían sus sentidos y significaban tanto para ella en los momentos de quietud de la noche, ella se abría ante mí. Yo escribía las palabras del Infierno de Dante a través de su lienzo. Con sus dedos, su lengua. La punta de una navaja. En los momentos más difíciles, tratando que las palabras cubrieran su piel en las cuentas de su inquietud.

“El amor, que no absuelve a nadie amado de amar,   
Me agarró tan fuerte con su encanto que, 
Como ves, no me ha dejado todavía.”

 

El tono profundo de mi voz, mientras sus labios adoraban mi piel. Preparándola para mi demonio interior. Ella era mi tipo de pecado especial y yo era su filo de la muerte. Intrigada en mi deleite carnal, ella lo aceptaba todo. Incluso, cuando su mente quería rechazar a su cuerpo permitido. Atada y amordazada a tráves de las sábanas brillantes, bajo el parpadeo de la luz de las velas que bañaban su piel con un resplandor suave.

 

Ella sintío la fuerza del golpe, mientras yo usaba, por primera vez, mi cane sobre ella. Su castigo corporal a través del territorio virgen de su culo. Mi cálida mano deslizándose por su piel entre las grietas. Las marcas. Acariciando los vellones levantados, mientras tomaban forma y se formaban. Mi concentración nunca se ponía, incluso, cuando sus gritos se hacían desesperados. Yo me había metido en ese lugar oscuro dentro de su mente que ella sola había sido testigo un puñado de veces. El rattan natural que la adorna con líneas largas. Ella se mareó con el ritmo y el tiempo. Mi toque había sido electrizante. Tornillos pequeños como estrellas explotando en el cielo tintado. Pronto, ella recibió la oscuridad que emanaba esa noche.

 

“El amor nos llevó hasta allí."

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