lunes, 24 de julio de 2017

Muéstrame

A ella, le encantaba cómo la hierba recién cortada de primavera olía por la mañana. Como si pudiera sentir el verdor dentro de sus poros. Cómo esas hojas pequeñas de yerba le mordían los lados de los dedos de sus pies, mientras andaba por su camino de destrucción. Se recogía el pelo en unas coletas que fluían por su espalda, sujetas por diminutas cintas rosadas.

 

El top de su bikini rosa apenas cubría su modestia y la pequeña falda blanca volaba justo por debajo sus nalgas desnudas. Sus labios, curvados alrededor del palillo de una piruleta blanca, mientras sus dientes pastaban al duro caramelo. Decidida a tenerle, le estudió todas sus costumbres. Le encontró bajo la sombra de un sauce enorme cerca de la orilla del arroyo, junto a sus casas vecinas. Él estaba reclinado contra el tronco de un árbol con sus vaqueros cubriéndole las piernas cruzadas en los tobillos. Su sombrero de paja amarillenta se inclinaba ocultando su rostro, excepto por su dura barbilla con una leve hendidura.

 

“Oh, baby, es mejor que cuides al gran lobo malo que aparece por ahí.” Él levantó la mano y empujó el ala del sombrero para colocarlo adecuadamente sobre su cabeza. Luego, cruzó sus brazos sobre su pecho, mientras sus ojos hacían una lectura lenta del cuerpo de ella. Desde sus uñas rosas hasta la parte superior de su cabeza. Su evaluación la hizo sonrojarse y acurrucar los dedos de sus pies.

 

“¿Qué quieres decir?” Ella golpeó las pestañas y empujó la piruleta hacia dentro y tiraba hacia fuera despacio entre sus labios. La punta de su lengua girando coquetamente alrededor de la piruleta con sabor a sandía. Ella le miraba, mientras él se movía y ajustaba la entrepierna de sus vaqueros. Mantuvo los ojos sobre la boca de ella mientras la mirada de ésta recorría la extension de su pecho cubierto de sudor.


“Te cojería por esas hermosas coletas y te mostraría exactamente lo que quiero decir. Pero no creo que puedas controlarlo, babygirl. Tengo cosas que hacer.”


Él apartó el gran marco de los árboles y se puso de pie. Se elevó sobre ella. Proyectó su sombra sobre ella y besó su pie haciéndola temblar. La excitación la atravesó. Ella quería algo más que sus palabras. Quería acciones. Ella sacó la piruleta de su boca y giró el palo entre sus dedos.

 

“Muéstrame lo que quieres decir. Muestramelo, por favor,” ella le dijo.

 

Antes de que la última palabra saliera de sus labios, él había cogido una de sus trenzas. La envolvió alrededor de su muñeca y luego la sujetó firmemente en su puño. La atrajo hacia él, de tal manera, que sus pechos hinchados estaban apretados con el pecho de él. Pasó suavemente el pulgar de su otra mano por el labio inferior de ella. Lo introdujo en su boca e instintivamente, ella empezó a chuparlo.

 

“No tienes ni idea de lo que estás pidiendo, pero voy a dártelo. Ponte de rodillas.”


Quitó el dedo de sus labios y empezó a desabrocharse los pantalones. Cuando se deslizaron hasta sus muslos, él tiró de su pelo hacia abajo guiándola hacia sus rodillas. Ella le miraba mientras su mano cogía su otra coleta y la empujaba hacia adelante. Abrió su boca y empezó a lamer su verga, como si fuera un trozo de caramelo. Su humedad natural, mezclada con el sudor, tenían un sabor delicioso y prohibido para ella.

 

“Chica, abre tu boca y chupa. Muéstrame lo que has aprendido con esas piruletas que tanto te gustan.” Ella bajó su cabeza, cambiando el ángulo de su cuello para poder llevarlo profundamente dentro de su boca. Su mano izquierda se clavó alrededor de la base de su pene y su mano derecha descansaba perfectamente contra sus testículos. Al jalarle más cerca, ella empezó a mover su boca, húmeda y apretada, hacia adelante y hacia atrás a lo largo de su vástago. Su puño moviéndose como un abrazo para encontrarse con la boca de ella con cada embestida.

 

“Esto es suficiente. Levántate.” Él la levantó tirando bruscamente de su pelo y la empujó con fuerza, de nuevo, contra el árbol. Con habilidad, levantó su falda y gruñó intensamente. Sus dedos arrancaron la minúscula tanga de encaje de su cuerpo. Entonces, ella sintió la punta de sus dedos romos separar los labios húmedos de su vagina, antes de conducir su verga profundamente dentro de ella. Ésta gritó por la brusquedad de la penetración. Sus manos se movieron para formar un lazo bajo sus piernas y las levantó para envolverlas alrededor de su cintura.

 

“¡Fólleme, por favor!” Ella se retorció mientra la embestía. Cogiéndola casi con brutalidad. A través de sus ojos embozados, observó como él levantaba su mano y empujaba su dedo medio en el interior de su boca para que lo lamiera antes de sacarlo. Su mano desapareció de la vista de ella y luego, sintió esa sonda larga de dígitos en su otro agujero. Deslizándolos lentamente, mientras rugía contra su oreja por lo zorra que era. Ella seguía gimiendo para que la penetrara. La había vuelto incoherente y perdida en un aturdimiento de pura lujuria.

5 comentarios:

  1. WOW. Me ha dejado sudando todita...

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  2. Las "niñas" traviesas no merecen menos

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    1. Las niñas perversas se lo saben ganar bien.

      Saludos

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  3. Creo que ambos estaban esperando ese momento, podría decirse que desde hacía tiempo, no?
    Buena historia de un lobo feroz y una caperuza muy libertina.
    Un saludo

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