lunes, 14 de noviembre de 2016

Su momento

“Ahora, mascota, ahora.”

 

Y así lo hizo. Abrió su boca a él. Para él. Por culpa de él.

 

Ella no podía tomarla toda. No me refiero a su pene, aunque aceptar eso tampoco era una lucha pequeña. Quiero decir que, apenas podía creer las circunstancias en las que se encontraba.

 

Ahí. Finalmente, con él. Arrodillada a sus pies.

 

Por ahora, sus manos estaban firmes a ambos lados de su cuerpo. Haciéndola saber que era él quien proporcionaba el momento, las palabras y el estímulo.

 

Ella pensaba que el acto de someterse, era solamente de ella. Esta vez no se lo arrebataría. Era de ella para darlo, y era para que sufriera su propia degradación. Aunque ninguno de los dos lo verbalizaba, ambos sabían que este paso inicial, era el más necesario.

 

Y así, más que de buen agrado, con avidez y hambre, y casi infantilmente, ella abrió la boca para recibir su verga. Para que sintiera su sitio, en ese primer agujero de ella. Para reconocer su lugar como sumisa. Para aceptar su rol como puta de follar. Para mostrar su entrega y lealtad, y para demostrar que era su puta obediente desde este momento en adelante.

 

Ella miró hacia arriba, la boca llena con la verga hinchada y sus ojos buscando seguridad en los suyos, y la encontró.

 

Él levantó una mano y la colocó con suavidad en la parte trasera de la cabeza de ella.

 

“Buena chica, Ahora eres mía.”

 

Y su puta interior abrió su garganta y sintió que sus ojos empezaban a lagrimear, mientras esa mano en su cabeza asumía su autoridad, enredando los dedos en sus cabellos y empujando hacia abajo.

 

“Oh, yo era suya. Y él lo sabía,” ella pensaba.



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