sábado, 20 de mayo de 2017

La humilde felación

Ella es la conocedora final de una felación. Ella tiene un centenar de perversiones relacionadas con el sexo oral. Desde follar la cara a la garganta, y a sus tres posturas favoritas. Sentir cómo se endurece contra su lengua cada vez que su cinturón conecta con su piel. Follar no tiene precio. Podría encerar de lírica las páginas que tratan sobre la felación. Le encanta más que la vida misma. Bueno, bueno, no tanto.

 

Cuando se trata del sexo, los sentidos son para la mujer más importantes que las sensaciones. Ella es una criatura auditiva y no es lo suficientemente empática como para sacar más placer de sus sensaciones que de las de ella misma. Cada jadeo, cada respiración ahogada y cada escalofrío la llevan al límite. Aún, le queda encontrar la manera de amplificar más esa experiencia dando una mamada. Ella es una fetichista de las felaciones, tanto vainillas como de las que sean. Cuando descubre que una pareja es en esto como ella es, baila felizmente durante días.

 

¿Es posible recibir una patada fuera de control durante el sexo oral? Ella está tan segura de ello como del infierno. Dice que hay muchas maneras de cambiar la experiencia de un hombre, mientras se le hace una felación. Su vagina no es lo suficientemente talentosa como para lograr tanta variación y ser capaz de marcar su intensidad hacia arriba y hacia abajo… y arriba…y arriba… y hacia abajo es una experiencia muy deliciosa para ella cuando orgasma.

 

Al dar una mamada, se compromete cada sentido que se tiene: el gusto, el olor, la vista, el sonido y el tacto. Ella no ha encontrado una mejor manera de ser completamente absorbida en su orgasmo como cuando siente cada contracción involuntaria en su boca. Claro, ella tiene una fijación oral viciosa, pero aun así, no hay ninguna otra parte del cuerpo que pueda sentir, al romperse en un millón de sensaciones,  más a fondo que una humilde felación.

 

Los hombres son criaturas raras cuando se trata de este tema. Si quieres una constante y abrumadora gratitud de tu dominante, enamórate dándole mamadas. Su dominante jura que aprecia más su lado masoquista, pero ella apuesta su esófago magullado de que él es mucho más en el sexo oral. Le habla del mismo con muchísima frecuencia.

 

Ella decía que las mamadas se merecen todos los elogios que pudiera musitar. Si consigue dar dos felaciones al día durante el resto de su vida, moriría como una sumisa feliz.

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