lunes, 13 de febrero de 2017

El hambre interior

Soy sádico. No, no golpeo a la gente al azar para verlas  caer. No torturo a los animales y no tengo interés en hacer daño a nadie que no quiera ser dañado. Pero, no se equivoque, soy un sádico maldito. Los moratones y los verdugones me excitan más rápidamente que las tetas y el culo. Oír gemir a una sumisa durante unos azotes en una sesión, no es más gratificante que oír su gemido siendo follada. Soy sádico y no me averguenzo de ello, sin embargo, no estoy seguro de por qué soy lo que soy.

Le abro la puerta a las mujeres. Nunca he golpeado a una mujer al margen de las sesiones consensuadas. Ver a una persona cercana con dolor emocional, me haría sentirme emocionalmente muy tocado. Me gusta levantar a alguien atraves de palabras de aliento y acciones que no se limiten a decir que me importa, sino demostrarle que lo hago. Procuro hacer todo eso,  y todavía sigue mi hambre interior por hacerle daño.

Ahora bien, siempre hablaré hasta la saciedad sobre lo que me gustaría hacer antes de hacer cualquier cosa, cuando se trata de una sesión. Pero, una vez que hayamos dado el paso para encerrarnos y tener la sesión, estemos en el espacio donde podamos despellejarnos y dejar que el hambre interior se alimente y mi conducta salvaje y animal ruja fuera de mí, estoy en casa, enamorado de la libertad bárbara para infligir dolor, placer y el desatino sobre la piel desnuda de mi sumisa. Al ver que las marcas se hinchan, hace que mi hambre aumente y esté saciado, es insaciable y nunca estaré satisfecho. Siempre voy a desear más.

¿Por qué necesito hacer daño? Bueno, ahora no. Es un deseo, un hambre, una bestia interior que podría ser reprimida, pero la razón, por la cual quiero hacer daño de verdad, es porque puedo. Porque, cuando me encuentro con alguien que adora a la bestia, que quiere provocar al animal que hay dentro de mí, los arañazos son mucho más intensos. Bueno, esa es la respuesta. Quiero hacer daño para ser amado, ser necesitado y aceptado. No quiero ser amado parcialmente, quiero ser amado por completo.

Es una parte de mí, como cualquier otra parte. No sé de dónde vino esa parte o lo que significa a nivel psicológico. Sólo sé que está ahí, y la razón, por la que quiero hacer daño, es porque un hambre interior anhela que la dejen salir.

No hay mayor sensación que, cuando alguien se preocupa lo suficiente por mí, para permitir que mi hambre sea saciada y llevar mis marcas, como el testimonio más dulce de nuestra unión.

4 comentarios:

  1. Que hermosa descripción.

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  2. "Le abro la puerta a las mujeres"...es una buena frase.
    Hubo un tiempo que también me preguntaba qué era yo, qué me definía, que era lo que yo era, sentía y quería.
    Qué deseaba cuando "deseaba" sentir dolor.
    No sé si puedo entrar en la definición de masoquista, porque el dolor en si me aterra. Cualquier tipo de dolor. El mío y el de los demás.

    Pero "sentir" ser la "otra parte" de alguien...ahí es cuando me desdoblo y soy otra persona. Otra persona que en realidad soy yo.Es como verse desde arriba. Y ver a la mujer que le entrega la confianza a ese hombre para que saque de ella lo que él desee. Para crear esa amalgama a la que no sabes dar explicación pero que es real.

    Es abrir esa puerta y dejarle entrar. Y dejar que utilice el dolor para desenterrar un millón de sensaciones, cada cual las suyas. Hay miles de ellas.
    La combinación del dolor con el placer de saber que estás expuesto (por las dos partes) a un ser igual a ti. Que puede complementarte, que te da lo que necesitas, que te comprende, que no te juzga. Que está ahí sólo para sentir. Para sentir, cada uno en su nivel y en su relación, todo esas emociones, ese amor y esa unión que sólo se llega con el hambre de ser saciada, como bien dice usted.
    Es perfecto.
    Me encantó. Gracias!

    Un saludo.

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  3. Sin saberlo, has hecho una descripción muy interesante y sincera de la sumisa masoquista.

    Es entrañable este comentario. Te felicito,

    Ben Alí

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